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Milagros de Nuestra Señora
  1. "Introducción"  
  2. "El sacristán fornicario"  
  3. "El pobre caritativo"  
  4. "El romero engañado por el enemigo malo"  
  5. "El clérigo simple"
  6. "La imagen respetada por el incendio"  
  7. "Cristo y los judíos de Toledo"  
  8. "El romero naufragado"
  9. "El milagro de Teófilo" 
Loores de Nuestra Señora
  1. "Exordio"
  2. "Entierro y descenso a los infiernos"
  3. "Elección de Matías"
  4. "Loores y deprecaciones a María"
Vidas de Santos -
Santo Domingo de Silos
San Millán de la Cogolla

Vida de Santa Oria

El Sacrificio de la Misa

Introducción


Amigos e vassallos - de Dios omnipotent,
si vos me escuchássedes - por vuestro consiment,
terrédeslo en cabo - por bueno verament.
Yo maestro Gonçalvo - de Verceo nomnado,
yendo en romería - caeçí en un prado,
verde e bien sençido, - de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero - pora omne cansado.
Davan olor sovejo - las flores bien olientes,
refrescavan en omne - las carnes e las mientes;
manavan cada canto - fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, - en ivierno calientes.
Avién y grand abondo - de buenas arboledas,
milgranos e figueras, - peros e mazanedas,
e muchas otras fructas - de diversas monedas,
mas non avié ningunas - podridas nin azedas.
La verdura del prado, - la olor de las flores,
las sombras de los árbores - de temprados savores,
resfrescáronme todo - e perdí los sudores:
podrié vevir el omne - con aquellos olores.
Nunqua trobé en sieglo - logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada - nin olor tan sabroso;
descargué mi ropiella - por yazer más viçioso,
poséme a la sombra - de un árbor fermoso.
Yaziendo a la sombra - perdí todos cuidados,
odí sonos de aves, - dulces e modulados:
nunqua udieron omnes - órganos más temprados,
nin que formar pudiessen - sones más acordados.
Unas tenién la quinta, - e las otras doblavan,
otras tenién el punto, - errar no las dexavan:
al posar e al mover, - todas se esperavan,
aves torpes nin roncas - non se acostavan.
Non serié organista - nin serié vïolero,
nin giga nin salterio - nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua - nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse - con esto un dinero.
Peroque nos dissiemos - todas estas bondades,
non contamos las diezmas, - esto bien lo creades:
que avié de noblezas - tantas diversidades
que no las contarien - priores nin abbades.
El prado que vos digo - avié otra bondat:
por calor nin por frío - non perdié su beltat,
siempre estava verde - en su entegredat,
non perdié la verdura - por nulla tempestat.
Manamano que fui - en tierra acostado,
de todo el lazerio - fui luego folgado;
oblidé toda cuita - e lazerio passado:
¡Qui allí se morasse - serié bienventurado!
Los omnes e las aves, - quantos acaecién,
levavan de las flores - quantas levar querién,
mas mengua en el prado - ninguna non façién:
por una que levavan - tres e quatro nacién.
Semeja esti prado - egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand graçia, - tan grand bendiçión miso;
él que crió tal cosa - maestro fue anviso:
omne que ? morasse - nunqua perdrié el viso.
El fructo de los árbores - era dulz e sabrido,
si don Adám oviesse - de tal fructo comido,
de tan mala manera - non serié decibido,
ni tomarién tal danno - Eva nin so marido.
Sennores e amigos, - lo que dicho avemos
palavra es oscura, - esponerla queremos:
tolgamos la corteza, - al meollo entremos,
prendamos lo de dentro, - lo de fuera dessemos.
Todos quantos vevimos, - que en piedes andamos,
siquiere en presión - o en lecho yagamos,
todos somos romeos - que camino pasamos,
San Peidro lo diz esto, - por él vos lo provamos.
Quanto aquí vivimos - en ageno moramos;
la ficança durable - suso la esperamos;
la nuestra romería - estonz la acabamos,
quando a Paraíso - las álmas envïamos.
En esta romería - avemos un buen prado
en qui trova repaire - tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa, - madre del buen Criado,
del qual otro ninguno - egual non fue trobado.
Esti prado fue siempre - verde en onestat,
ca nunca ovo mácula - la su virginidat,
post partum et in partu - fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta - en su entegredat.
Las quatro fuentes claras - que del prado manavan,
los quatro evangelios, - esso significavan,
ca los evangelistas - quatro que los dictavan,
quando los escrivién, - con ella se fablavan.
Quanto escrivién ellos, - ella lo emendava,
esso era bien firme - lo que ella laudava;
parece que el riego - todo d'ella manava
quando a menos d'ella - nada non se guiava.
La sombra de los árbores, - buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire - toda la romería,
sí son las oraciones - que faz Santa María
que por los peccadores - ruega noch e día.
Quantos que son en mundo, - justos e peccadores,
coronados e legos, - reys e emperadores,
allí corremos todos, - vassallos e sennores,
todos a la su sombra - imos coger las flores.
Los árbores que facen - sombra dulz e donosa
son los santos miraclos - que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulzes - que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo - en la cuita raviosa.
Las aves que organan - entre essos fructales,
que han las dulzes vozes, - dizen cantos leales,
estos son Agustino, - Gregorio, otros tales,
quantos que escrivieron - los sos fechos reales.
Estos avién con ella - amor e atenencia,
en laudar los sos fechos - metién toda femencia;
todos fablavan d'ella, - cascuno su sentencia,
pero tenién por todo - todos una creencia.
El rosennor que canta - por fin maestría,
siquiere la calandria - que faz grand melodía,
mucho cantó mejor - el barón Isaía
e los otros prophetas, - onrrada compannía.
Cantaron los apóstolos - muedo muy natural,
confessores e mártires - facién otro tal;
las vírgenes siguieron - la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella - canto bien festival.
Por todas las eglesias, - esto es cada día,
cantan laudes ant ella - toda la clerecía:
todos li façen cort - a la Virgo María;
estos son rossennoles - de gran placentería.
Tornemos ennas flores - que componen el prado,
que lo façen fermoso, - apuesto e temprado;
las flores son los nomnes - que li da el dictado
a la Virgo María, - madre del buen Criado.
La benedicta Virgen - es estrella clamada,
estrella de los mares, - guïona deseada,
es de los marineros - en las cuitas guardada,
ca quando éssa veden - es la nave guiada.
Es clamada, y éslo - de los cielos, reína,
tiemplo de Jesu Christo, - estrella matutina,
sennora natural, - pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas - salud e medicina.
Ella es vellocino - que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia, - una grand vissïón;
ella es dicha fonda - de David el varón
con la qual confondió - al gigant tan fellón.
Ella es dicha fuent - de qui todos bevemos,
ella nos dio el cevo - de qui todos comemos;
ella es dicha puerto - a qui todos corremos,
e puerta por la qual - entrada atendemos.
Ella es dicha puerta - en sí bien encerrada,
pora nos es abierta - pora darnos la entrada;
ella es la palomba - de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira, - siempre está pagada.
Ella con grand derecho - es clamada Sïón,
ca es nuestra talaya, - nuestra defensïón:
ella es dicha trono - del reï Salomón,
reï de grand justicia, - sabio por mirazón.
Non es nomne ninguno - que bien derecho venga
que en alguna guisa - a ella non avenga;
non ha tal que raíz - en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo, - nin Sancha nin Domenga.
Es dicha vid, es uva, - almendra, malgranada,
que de granos de graçia - está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, - palma bien ajumada,
piértega en que sovo - la serpiente alzada.
El fust que Moïsés - enna mano portava
que confondió los sabios - que Faraón preciava,
el que abrió los mares - e depués los cerrava,
si non a la Gloriosa - ál non significava.
Si metiéremos mientes - en ell otro bastón
que partió la contienda - que fue por Aarón,
ál non significava, - como diz la lectión,
si non a la Gloriosa, - esto bien con razón.
Sennores e amigos, - en vano contendemos,
entramos en grand pozo, - fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes - que nos d'ella leemos
que las flores del campo, - del más grand que savemos.
Desuso lo dissiemos - que eran los fructales
en qui facién las aves - los cantos generales,
los sus sanctos miraclos, - grandes e principales,
los quales organamos - ennas fiestas caubdales.
Quiero dexar con tanto - las aves cantadores,
las sombras e las aguas, - las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales - tan plenos de dulzores
fer unos pocos viessos, - amigos e sennores.
Quiero en estos árbores - un ratiello sobir
e de los sos miraclos - algunos escrivir;
la Gloriosa me guíe - que lo pueda complir,
ca yo non me trevría - en ello a venir.
Terrélo por miráculo - que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere - a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia, - reína poderosa,
tú me guía en ello, - ca eres pïadosa.



Versión moderna
Amigos y vasallos de Dios omnipotente,
si escucharme quisierais de grado atentamente
yo os querría contar un suceso excelente:
al cabo lo veréis tal, verdaderamente.

yo, el maestro Gonzalo de Berceo hoy llamado,
yendo en romería acaecí en un prado
verde, y bien sencillo, de flores bien poblado,
lugar apetecible para el hombre cansado.

Daban color soberbio las flores bien olientes,
refrescaban al par las caras y las mentes;
manaban cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.

Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas,
y muchas otras frutas de diversas monedas,
pero no las había ni podridas ni acedas.

La verdura del prado, el olor de las flores,
las sombras de los árboles de templados sabores
refrescáronme todo, y perdí los sudores:
podría vivir el hombre con aquellos olores.

Nunca encontré en el siglo lugar tan deleitoso,
ni sombra tan templada, ni un olor tan sabroso.
Me quite mi ropilla para estar más vicioso
y me tendí a la sombra de un árbol hermoso.

A la sombra yaciendo perdí todos cuidados,
y oí sones de aves dulces y modulados:
nunca oyó ningún hombre órganos más templados
ni que formar pudiesen sones más acordados.

El prado que yo os digo tenía otra bondad:
por calor ni por frío perdía su beldad,
estaba siempre verde toda su integridad,
no ajaba su verdura ninguna tempestad.

En seguida que me hube en la tierra acostado
de todo mi lacerío me quedé liberado,
olvidé toda cuita y lacerío pasado:
¡el que allí demorase sería bien venturado!

Los hombres y las aves cuantas allí acaecían
llevaban de las flores cuantas llevar querían,
mas de ellas en el prado ninguna mengua hacían:
por una que llevaban, tres o cuatro nacían.

Igual al paraíso me parece que este prado,
por Dios con tanta gracia y bendición sembrado:
el que creó tal cosa fue maestro avisado;
no perderá su vida quien haya allí morado.

El fruto de los árboles era dulce y sabrido,
si Don Adán hubiese de tal fruto comido
de tan mala manera no fuera decebido
ni tomaran tal daño Eva ni su marido.

Amigos y señores: lo que dicho tenemos
es oscura palabra: exponerla queremos.
Quitemos la corteza, en el meollo entramos,
tomemos lo de dentro, los de fuera dejemos.
Todos cuantos vivimos y sobre pies andamos
-aunque acaso en prisión o en un lecho yazgamos-
todos somos romeros que en un camino andamos:
esto dice San Pedro, por él os lo probamos.

Mientras aquí vivimos, en ajeno moramos;
la morada durable arriba la esperamos,
y nuestra romería solamente acabamos
cuando hacia el paraíso nuestras almas enviamos.

En esta romería tenemos un buen prado
en que encuentra refugio el romero cansado:
es la Virgen Gloriosa, madre del buen criado
del cual otro ninguno igual no fue encontrado.

Este prado fue siempre verde en honestidad,
porque nunca hubo mácula en su virginidad;
post partum et in partu fue Virgen de verdad,
ilesa e incorrupta toda su integridad.
Las cuatro fuentes claras que del prado manaban
nuestros cuatro evangelios eso significaban:
que los evangelistas, los que los redactaban,
cuando los escribían con la Virgen hablaban.

Cuando escribían ellos, ella se lo enmendaba;
sólo era bien firme lo que ella alababa:
parece que este riego todo de ella manaba,
cuando sin ella nada a cabo se llevaba.

La sombra de los árboles, buena, dulce y sanía,
donde encuentra refugio toda la romería,
muestra las oraciones que hace Santa María,
que por los pecadores ruega noche y día.

Cuántos son en el mundo, justos y pecadores,
coronados y legos, reyes y emperadores,
allí corremos todos, vasallos y señores,
y todos a su sombra vamos a coger flores.

Los árboles que hacen sombra dulce y donosa
son los santos milagros que hace la Gloriosa,
que son mucho más dulce que la azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita rabiosa.

Y las aves que organan entre esos frutales,
que tienen dulces voces, dicen cantos leales,
esos son Agustín, Gregorio y otros tales,
todos los que escribieron de sus hechos reales.

Todos tenían con ella gran amistad y amor,
en alabar sus hechos ponían todo su ardor;
todos hablaban de ella, cada uno a su tenor,
pero en todo tenían todos igual fervor.

El ruiseñor que canta por fina maestría,
también la calandria, hacen gran melodía;
pero cantó mejor el barón Isaías
y los otros profetas, honrada compañía.

Cantaron los apóstoles por modo natural,
confesores y mártires hacían bien otro tal;
las vírgenes siguieron a la madre caudal;
todos ante ella cantan canto bien festival.

Por todas las iglesias -y esto es cada día-
cantan laudes ante ella toda la clerecía;
todos festejan y honran a la Virgo María:
estos son ruiseñores de gran placentería.

Volvamos a las flores que componen el prado,
que lo hacen hermoso, apuesto y tan templado:
las flores son los hombres que dan en el dictado
a la Virgo María, madre del buen criado.

Esta bendita Virgen es estrella llamada,
estrella de los mares y guía muy deseada;
es de los marineros en la cuita implorada,
porque cuando la ven la nave va guiada.

La llaman -y lo es- de los Cielos Reina,
templo de Jesucristo, estrella matutina,
señora natural y piadosa vecina,
de cuerpos y almas salud y medicina.

No existe hombre alguno que del bien no provenga
que de alguna manera con ella no se avenga;
y no hay que raíz en ella no la tenga:
ni Sancho ni Domingo, ni Sancha y Domenga.

La llaman vid, y es uva, y almendra, y es granada
que de granos de gracia está toda plasmada;
oliva, cedro, bálsamo, palma verde brotada,
pértiga en la que estuvo la sierpe levantada.

La vara que Moisés en la mano llevaba,
que confundió a los sabios que Faraón preciaba,
con la que abrió los mares y después los cerraba,
si no es a la Gloriosa ál no significaba.

Si parásemos mientes en el otro bastón
que partió la contienda y estuvo por Aarón,
ál no significaba -lo que dice la lección-
sino a la Gloriosa, y con buena razón.

Amigos y señores, en vano, contendemos,
estamos en gran pozo, fondo no encontraremos:
más serían los nombres que de ella leemos
que las flores del campo mayor que conocemos.

Ya dijimos arriba que eran los frutales
en los que nacían las aves los cantos generales
sus milagros muy santos, grandes y principales,
los cuales organamos en las fiestas caudales.

Pero quiero dejar los pájaros cantores,
las sombras y las aguas, las antedichas flores:
quiero de estos frutales, tan llenos de dulzores,
hacer algunos versos, amigos y señores.
Quiérome en estos árboles un ratito subir
-es decir, quiero algunos milagros escribir-.
La Gloriosa me guíe que lo pueda cumplir,
que sólo no podría bien airoso salir.

Tendré por un milagro más que hace la Gloriosa
el que quiera guiarme a mí en esta cosa:
Madre llena de gracia, Reina poderosa,
guíame Tú en esto, Tú que eres piadosa.

Por España quisiera en seguida empezar,
por Toledo la grande, afamado lugar:
que no sé por qué extremo comenzaré a contar,
porque son más que arenas a la orillas del mar.


El sacristán fornicario

Amigos, si quisiéssedes - un pocco esperar,
aun otro miraclo - vos querría contar,
que por Sancta María - dennó Dios demostrar,
de cuya lege quiso - con su boca mamar.
Un monge beneíto - fue en una mongía,
el logar no lo leo, - decir no lo sabría,
querié de corazón - bien a Sancta María,
facié a la su statua - el enclín cada día.
Facié a la su statua - el enclín cada día,
fincava los enojos, - dicié: «Ave María»;
el abbat de la casa - dio'l la sacristanía,
ca teniélo por cuerdo - e quito de follía.
El enemigo malo, - de Belzebud vicario,
que siempre fue e éslo - de los buenos contrario,
tanto pudió bullir - el sotil aversario
que corrompió al monge, - fízolo fornicario.
Priso un uso malo - el locco peccador,
de noche, quando era - echado el prior,
issié por la eglesia - fuera del dormitor,
corrié el entorpado - a la mala lavor.
Siquier a la exida, - siquier a la entrada,
delante del altar - li cadié la passada;
el enclín e la Ave - teniéla bien usada,
non se li oblidava - en ninguna vegada.
Corrié un río bono - de la mongía,
aviélo de passar - el monge todavía;
do se vinié el loco - de complir su follía,
cadió e enfogóse - fuera de la freiría.
Quando vino la ora - de matines cantar,
non avié sacristano - que podiesse sonar:
levantáronse todos, - quisque de su logar;
fueron a la eglesia - al fraire despertar.
Abrieron la eglesia - como mejor sopieron,
buscaron al clavero, - trobar no lo podieron;
buscando suso e yuso - atanto andidieron,
do yazié enfogado, - allá lo enfirieron.
Qué podrié seer esto - no lo podién asmar,
si's murió o'l mataron - no lo sabién judgar;
era muy grand la basca - e mayor el pesar,v ca cadié en mal precio - por esto el logar.
Mientre yazié en vanno - el cuerpo en el río,
digamos de la alma - en qual pleito se vío:
vinieron de dïablos - por ella grand gentío,
por levarla al váratro, - de deleit bien vazío.
Mientre que los dïablos - la trayén com a pella,
vidiéronla los ángeles, - descendieron a ella,
ficieron los dïablos - luego muy grand querella,
que suya era quita, - que se partiessen d'ella.
Non ovieron los ángeles - razón de vozealla,
ca ovo la fin mala - e asín sin falla;
tirar no lis podieron - valient una agalla,
ovieron a partirse - tristes de la vatalla.
Acorrió'l la Gloriosa, - reína general,
ca tenién los dïablos - mientes a todo mal;
mandólis atender, - non osaron fer ál,
moviólis pletesía - firme e muy cabdal.
Propuso la Gloriosa - palabra colorada,
«Con esta alma, foles, - -diz- non avedes nada;
mientre fue en el cuerpo - fue mi acomendada,
agora prendrié tuerto - por ir desamparada.»
De la otra partida - recudió el vozero,
un savidor dïablo, - sotil e muy puntero:
«Madre eres de Fijo, - alcalde derechero,
que no'l plaze la fuerza - nin es end plazentero.
Escripto es que el omne - allí do es fallado
o en bien o en mal, - por ello es judgado:
si esti tal decreto - por ti fuere falssado,
el pleit del Evangelio - todo es descuiado.»
«Fablas -diz la Gloriosa- - a guis de cosa nescia,
non te riepto, ca eres - una cativa bestia;
quando ixió de casa, - de mí priso licencia,
el peccado que fizo - yo'l daré penitencia.
Serié en fervos fuerza - non buena parecencia;
mas apello a Christo, - a la su audïencia,
el que es poderoso, - pleno de sapiencia,
de la su boca quiero - oír esta sentencia.»
El Reï de los Cielos, - alcalde savidor,
partió esta contienda, - non vidiestes mejor:
mandó tornar la alma - al cuerpo el Sennor,
dessent qual mereciesse, - recibrié tal onor.
Estava el convento - triste e desarrado,
por esti mal exiemplo - que lis era uviado;
resuscitó el fraire - que era ya passado,
espantáronse todos - ca era aguisado.
Fablólis el buen omne, - díssolis: «Companneros,
muerto fui e so vivo, - d'esto seet bien certeros,
¡Grado a la Gloriosa - que salva sos obreros,
que me libró de manos - de los malos guerreros!»
Contólis por su lengua - toda la ledanía,
qué dizien los dïablos - e qué Sancta María;
cómo lo quitó ella - de su podestadía,
si por ella non fuesse, - serié en negro día.
Rendieron a Dios gracias - de buena boluntat,
a la sancta reína, - madre de pïadat,
que fizo tal miraclo - por su benignidat,
por qui está más firme - toda la christiandat.
Confessóse el monge - e fizo penitencia,
mejoróse de toda - su mala contenencia,
sirvió a la Gloriosa - mientre ovo potencia,
finó quando Dios quiso - sin mala repindencia,
requiescat in pace - cum divina clemencia.
Muchos tales miraclos - e muchos más granados
fizo Sancta María - sobre sos aclamados;
non serién los millésimos - por nul omne contados,
mas de lo que sopiéremos, - seed nuestros pagados.


El pobre caritativo

Era un omne pobre - que vivié de raziones,
non avié otras rendas - nin otras furcïones
fuera quando lavrava, - esto poccas sazones:
tenié en su alzado - bien poccos pepïones.
Por ganar la Gloriosa - que él mucho amava,
partiélo con los pobres - todo quanto ganava;
en esto contendié - e en esto punnava,
por aver la su gracia - su mengua oblidava.
Quando ovo est pobre - d'est mundo a passar,
fablóli muy sabroso, - queriélo falagar,
udieron la palavra - todos los del logar.
«Tú mucho cobdiciest - la nuestra compannía,
sopist pora ganarla - bien buena maestría,
ca partiés tus almosnas, - diziés 'Ave María',
por qué lo faziés todo - yo bien lo entendía.
Sepas que es tu cosa - toda bien acabada,
ésta es en que somos - la cabera jornada;
el 'Ite missa est', - conta que es cantada,
venida es la ora - de prender la soldada.
Yo so aquí venida - por levarte comigo,
al regno de mi Fijo - que es bien tu amigo,
do se ceban los ángeles - del buen candïal trigo;
a las Sanctas Virtutes - plazerlis há contigo.»
Quando ovo la Gloriosa - el sermón acabado,
desamparó la alma - al cuerpo venturado,
prisiéronla de ángeles, - un convento onrrado,
leváronla al Cielo, - ¡Dios sea end laudado!
Los omnes que avién - la voz ante oída,
tan aína vidieron - la promesa complida;
a la Madre gloriosa - que es tan comedida,
todos li rendién gracias, - quisque de su partida.
Qui tal cosa udiesse - serié malventurado
si de Sancta María - non fuesse muy pagado,
si más no la onrrasse - serié desmesurado,
qui de ella se parte - es muy mal engannado.
Aun más adelante - queremos aguijar:
tal razón como ésta - non es de destajar,
ca éstos son los árbores - do devemos folgar,
en cuya sombra suelen - las aves organar.




El romero engañado por el enemigo malo

Sennores e amigos, - por Dios e caridat,
oíd otro miraclo, - fermoso por verdat;
Sant Ugo lo escripso, - de Grunniego abbat,
que cuntió a un monge - de su socïedat.
Un fraire de su casa, - Guiralt era clamado,
ante que fuesse monge - era non bien senado:
facié a las debeces - follía e peccado,
como omne soltero - que non es apremiado.
Víno'l en corazón - do se sedié un día
al apóstol de Espanna - de ir en romería;
aguisó su facienda, - buscó su compannía,
destajaron el término - cómo fuessen su vía.
Quando a essir ovieron - fizo una nemiga:
en logar de vigilia - yogó con su amiga.
Non tomó penitencia - como la ley prediga,
metióse al camino - con su mala hortiga.
Pocco avié andado - aún de la carrera,
avés podrié seer - la jornada tercera,
ovo un encontrado - cabo una carrera,
mostrávase por bueno, - en berdat no lo era.
El dïablo antigo - siempre fo traïdor,
es de toda nemiga - maestro sabidor;
semeja a las vezes - ángel del Crïador
e es dïablo fino, - de mal sosacador.
Transformóse el falso - en ángel verdadero,
paróseli delante - en medio un sendero:
«Bien seas tú venido - -díssoli al romero-
seméjasme cossiella - simple como cordero.
Essisti de tu casa - por venir a la mía;
quando essir quisisti - fizist una follía:
cuidas sin penitencia - complir tal romería;
non te lo gradirá - esto Sancta María.»
«¿Quién sodes vos, sennor?» - díssoli el romero;
Recudió'l: «Yo so Jácobo - fijo de Zebedeo;
sépaslo bien, amigo, - andas en devaneo,
semeja que non aves - de salvarte deseo.»
Disso Guirald: «Sennor, - pues vos ¿qué me mandades?
Complirlo quiero todo, - quequier que me digades,
ca veo lo que fizi, - grandes iniquitades,
non prisi el castigo - que diçen los abbades.»
Disso el falso Jácob: - «Esti es el judicio:
que te cortes los miembros - que facen el fornicio;
dessent que te degüelles: - farás a Dios servicio,
que de tu carne misma - li farás sacrificio.»
Crediólo el astroso, - locco e desessado,
sacó su cuchellijo - que tenié amolado;
cortó sus genitales, - el fol malventurado:
dessende degollóse, - murió descomulgado.
Quando los companneros - que con elli isieron
plegaron a Guiraldo - e tal lo vidieron,
fueron en fiera cuita - en qual nunqua sovieron;
esto cómo avino - asmar no lo pudieron.
Vidién que de ladrones - non era degollado,
ca no'l tollieran nada - ni'l avién ren robado;
non era de ninguno - omne desafïado,
non sabién de quál guisa - fuera ocasionado.
Fussieron luego todos - e fueron derramados,
teniénse d'esta muerte - que serién sospechados;
porque ellos non eran - enna cosa culpados,
que serién por ventura - presos e achacados.
El que dio el consejo - con sus atenedores,
los grandes e los chicos, - menudos e mayores,
travaron de la alma - los falsos traïdores,
levávanla al fuego, - a los malos suores.
Ellos que la levavan - non de buena manera,
víolo Sanctïago - cuyo romeo era;
issiólis a grand priessa - luego a la carrera,
paróselis delante - enna az delantera.
«Dessad -disso- maliellos - la preda que levades,
non vos yaz tan en salvo - como vos lo cuidades;
tenedla a derecho, - fuerza no li fagades,
creo que non podredes, - maguer que lo querades.»
Recudióli un dïablo, - paróseli refacio:
«Yago, ¿quiéreste fer - de todos nos escarnio?
¿A la razón derecha - quieres venir contrario?
¡Traes mala cubierta - so el escapulario!
Guirald fizo nemiga, - matóse con su mano,
deve seer judgado - por de Judas ermano;
es por todas las guisas - nuestro parroquïano;
¡Non quieras contra nos, - Yago, seer villano!»
Díssoli Sanctïago: - «¡Don traïdor palavrero!
Non vos puet vuestra parla - valer un mal dinero;
trayendo la mi voz - como falsso vozero,
disti consejo malo, - matest al mi romero.
Si tú no li dissiesses - que Sanctïago eras,
tú no li demostrasses - sennal de mis veneras,
non dannarié su cuerpo - con sus mismes tiseras,
nin yazdrié como yaze - fuera por las carreras.
Prisi muy grand superbia - de la vuestra partida,
tengo que la mi forma - es de vos escarnida,
matastes mi romeo, - con mentira sabida,
demás veo agora - la alma maltraída.
Seedme a judicio - de la Virgo María,
yo a ella me clamo - en esta pleitesía;
otra guisa de vos - yo non me quitaría,
ca veo que traedes - muy grand alevosía.»
Propusieron sus vozes - ante la Glorïosa;
fo bien de cada parte - afincada la cosa;
entendió las razones - la reína preciosa,
terminó la varaja - de manera sabrosa:
«El enganno que priso, - pro li devié tener,
elli a Sanctïago - cuidó obedecer,
ca tenié que por esso - podrié salvo seer;
más el engannador - lo devié padeçer.»
Disso: «Yo esto mando - e dólo por sentencia:
la alma sobre quien - avedes la entencia,
que torne en el cuerpo, - faga su penitencia,
desend qual mereciere, - avrá tal audïencia.»
Valió esta sentencia, - fue de Dios otorgada,
fue la alma mesquina - en el cuerpo tornada,
que pesó al dïablo, - a toda su mesnada,
a tornar fo la alma - a la vieja posada.
Levantóse el cuerpo - que yazié trastornado,
alimpiava su cara - Guirald el degollado;
estido un ratiello - como qui descordado,
como omne que duerme - e despierta irado.
La plaga que oviera - de la degolladura
abés parecié d'ella - la sobresanadura;
perdió él la dolor - e toda la cochura,
todos dizién: «Est omne - fue de buena ventura.»
Era de lo ál todo - sano e mejorado,
fuera de un filiello - que tenié travesado;
mas lo de la natura - quanto que fo cortado,
non li creció un punto, - fincó en su estado.
De todo era sano, - todo bien encorado,
pora verter su agua - fincóli el forado;
requirió su repuesto, - lo que trayé trossado,
pensó de ir su vía - alegre e pagado.
Rendió gracias a Dios - e a Sancta María,
e al sancto apóstolo - do va la romería;
cueitóse de andar, - trobó la compannía,
avién esti miraclo - por solaz cada día.
Sonó por Compostela - esta grand maravilla,
viniénlo a veer - todos los de la villa;
dicién: «Esta tal cosa, - deviemos escrivilla;
los que son por venir, - plazrális de oílla.»
Quando fo en su tierra, - la carrera complida,
e udieron la cosa - que avié contecida,
tenié grandes clamores, - era la gent movida
por veer esti Lázaro - dado de muert a vida.
Metió en su facienda - esti romeo mientes,
cómo lo quitó Dios - de maleítos dientes;
desemparó el mundo, - amigos e parientes,
metióse en Grunniego, - vistió pannos punientes.
Don Ugo, omne bueno, - de Grunniego abbat
varón religïoso, - de muy grand sanctidat,
contava est miraclo - que cuntió en verdat,
metiólo en escripto, - fizo grand onestat.
Guirad finó en orden - vida buena faciendo,
en dichos e en fechos - al Criador sirviendo,
en bien perseverando, - del mal se repindiendo,
el enemigo malo - non se fo d'él ridiendo.
De quanto que peccara, - dio a Dios buen emiendo.


El clérigo simple

Era un simple clérigo, - pobre de clerecía
dicié cutiano missa - de la Sancta María;
non sabié decir otra, - diciéla cada día,
más la sabié por uso - que por sabiduría.
Fo est missacantano - al bispo acusado,
que era idïota, - mal clérigo provado;
«Salve Sancta Parens» - sólo tenié usado,
non sabié otra missa - el torpe embargado.
Fo durament movido - el obispo a sanna,
dicié: «Nunqua de preste - oí atal hazanna.»
Disso: «Diçit al fijo - de la mala putanna
que venga ante mí, - no lo pare por manna.»
Vino ante el obispo - el preste peccador,
avié con el grand miedo - perdida la color,
non podíe de vergüenza - catar contra'l sennor,
nunqua fo el mesquino - en tan mala sudor.
Díssoli el obispo: - «Preste, dime la verdat,
si es tal como dizen - la tu necïedat.»
Díssoli el buen omne, - «Sennor, por caridat,
si disiesse que non, - dizría falsedat».
Díssoli el obispo: - «Quando non as cïencia
de cantar otra missa - nin as sen nin potencia,
viédote que non cantes, - métote en sentencia,
vivi como merezes - por otra agudencia.»
Fo el preste su vía - triste e dessarrado,
avié muy grand vergüenza, - el danno muy granado;
tornó en la Gloriosa, - ploroso e quesado,
que li diesse consejo - ca era aterrado.
La madre pïadosa - que nunqua falleció
a qui de corazón - a piedes li cadió,
el ruego del su clérigo - luego gelo udió:
no lo metió por plazo, - luego li acorrió.
La Virgo glorïosa, - madre sin dicïón,
apareció'l al obispo - luego en visïon;
díxoli fuertes dichos, - un brabiello sermón,
descubrióli en ello - todo su corazón.
Díxoli brabamientre: - «Don obispo lozano,
¿contra mí por qué fust - tan fuert e tan villano?
Yo nunqua te tollí - valía de un grano,
e tú ásme tollido - a mí un capellano.
El que a mí cantava - la missa cada día,
tú tovist que facié - yerro de eresía;
judguéstilo por bestia - e por cosa radía,
tollisteli la orden - de la capellanía.
Si tú no li mandares - decir la missa mía
como solié decirla, - grand querella avría,
e tú serás finado - hasta el trenteno día,
¡Desend verás qué vale - la sanna de María!»
Fo con estas menazas - el bispo espantado,
mandó envïar luego - por el preste vedado;
rogó'l que'l perdonasse - lo que avié errado,
ca fo él en su pleito - durament engannado.
Mandólo que cantasse - como solié cantar,
fuesse de la Gloriosa - siervo del su altar;
si algo li menguasse - en vestir o calzar,
él gelo mandarié - del suyo mismo dar.
Tornó el omne bueno - en su capellanía,
sirvió a la Gloriosa, - madre Sancta María;
finó en su oficio - de fin qual yo querría,
fue la alma a gloria - a la dulz cofradría.
Non podriemos nos tanto - escrivir nin rezar,
aun porque podiéssemos - muchos annos durar,
que los diezmos miraclos - podiéssemos contar,
los que por la Gloriosa - denna Dios demostrar.


La imagen respetada por el incendio

San Miguel de la Tumba - es un grand monesterio,
el mar lo cerca todo, - elli yaze en medio,
el logar perigloso - do sufren grand lazerio
los monges que ? viven - en essi cimiterio.
En esti monesterio - que avemos nomnado,
avié de buenos monges - buen convento provado,
altar de la Gloriosa - rico e muy onrrado,
en él rica imagen - de precio muy granado.
Estava la imagen - en su trono posada,
so fijo en sus brazos, - cosa es costumnada,
los reïs redor ella, - sedié bien compannada,
como rica reína - de Dios santificada.
Tenié rica corona - como rica reína,
de suso rica impla - en logar de cortina,
era bien entallada, - de lavor muy fina,
valié más essi pueblo - que la avié vezina.
Colgava delant ella - un buen aventadero,
en el seglar lenguaje - dízenli moscadero;
de alas de pavones - lo fizo el obrero,
luzié como estrellas, - semejant de luzero.
Cadió rayo del cielo - por los graves peccados,
encendió la eglesia - de todos quatro cabos,
quemó todos los libros - e los pannos sagrados,
por pocco que los monges - que non foron quemados.
Ardieron los armarios - e todos los frontales,
las vigas, las gateras, - los cabrios, los cumbrales,
ardieron las ampollas, - cálizes e ciriales,
sufrió Dios essa cosa - como faz otras tales.
Maguer que fue el fuego - tan fuert e tan quemant,
nin plegó a la duenna - nin plegó al ifant,
nin plegó al flabello - que colgava delant,
ni li fizo de danno - un dinero pesant.
Nin ardió la imagen - nin ardió el flabello,
nin prisieron de danno - quanto val un cabello;
solamiente el fumo - non se llegó a ello,
ni'l nució más que nuzo - yo al obispo don Tello.
Continens e contentu   - fue todo astragado
tornó todo carbones, - fo todo asolado,
mas redor de la imagen, - quanto es un estado,
non fizo mal el fuego - ca non era osado.
Esto tovieron todos - por fiera maravella,
que nin fumo nin fuego - non se llegó a ella,
que sedié el flabello - más claro que estrella,
el ninno muy fermoso, - fermosa la ponzella.
El precioso miraclo - non cadió en oblido,
fue luego bien dictado, - en escripto metido;
mientre el mundo sea - será él retraído;
algún malo por ello - fo a bien combertido.
La Virgo benedicta, - reína general,
como libró su toca - de esti fuego tal,
asín libra sus siervos - del fuego perennal,
liévalos a la Gloria - do nunqua vean mal.


Cristo y los judíos de Toledo

En Toledo la noble - que es arzobispado,
un día de grand festa - por agosto mediado,
festa de la Gloriosa, - Madre del buen Criado,
conteció un miraclo - grand e muy sennalado.
Sedié el arzobispo, - un leal coronado,
en medio de la missa - sobre'l altar sagrado,
udiéndola grand pueblo, - pueblo bien adobado,
la eglesia bien plena, - el coro bien poblado.
Las gentes muy devotas - sedién en oración,
como omnes que quieren - ganar de Dios perdón,
udieron una voz - de grand tribulación,
por ond fo perturbada - toda la processión.
Fablólis voz del cielo, - dolient e querellosa,
«Oíd -dixo- christianos - una estranna cosa,
la gent de judaísmo, - sorda e cegajosa,
nunqua contra don Christo - non fo más porfïosa.
Secundo que nos dizen - las sanctas escripturas,
fizieron en don Christo - muy grandes travesuras;
tajava essa cuita - a mí las assaduras,
mas en ellos quebraron - todas las sus locuras.
Nin se dolién del Fijo - que mal non merecié,
nin de la Madre suya - que tal cuita vidié:
pueblo tan descosido, - que tal mal comedié,
qui ál tal li fiziesse - nul tuerto non farié.
v Los que mala nazieron, - falssos e traïdores,
agora me renuevan - los antigos dolores;
en grand priesa me tienen - e en malos sudores,
en cruz está mi Fijo, - luz de los peccadores.
Otra vez crucifigan - al mi caro Fijuelo,
non entendrié ninguno - quant grand es el mi duelo,
críase en Toledo - un amargo majuelo,
non se crïó tan malo - nunqua en esti suelo».
Udieron esta voz - toda la clereçía,
e muchos de los legos - de la mozaravía;
entendieron que era - voz de Sancta María,
que façién contra ella - los judíos follía.
Fabló el arzobispo - que la missa cantava,
escuchólo el pueblo - que cerca li estava,
«Creed -disso- concejo - que la voz que fablava
prende muy grand superbia, - por en se querellava.
Sepades que judíos - fazen alguna cosa
en contra Jesu Christo, - Fijo de la Gloriosa,
por essa cuita anda - la Madre querellosa,
non es esta querella - baldrera nin mintrosa.
Conviento e concejo, - quantos aquí seedes,
meted mientes en esto - e no lo desdennedes,
si la cosa buscáredes, - batuda hallaredes,
d'esta malfetría - derecho tomaredes.
Vayamos a las casas, - esto no lo tardemos,
de los rabís mayores - ca algo hallaremos;
desemos las yantares - ca bien las cobraremos,
si non, de la Gloriosa - mal rebtados seremos».
Moviéronse los pueblos, - toda la clereçía,
fueron a muy grand priessa - pora la judería;
guïólos Jesu Christo - e la Virgo María,
fo luego escubierta - la su alevosía.
Fallaron enna casa - del raví más onrado
un grand cuerpo de cera - como omne formado,
como don Christo sovo, - sedié crucifigado,
con grandes clavos preso, - grand plaga al costado.
Quanta fonta fizieron - en el nuestro Sennor
allí la fazién toda - por nuestra desonor,
recabdáronlos luego, - mas non con grand savor,
qual fazién tal prisieron, - ¡grado al Criador!
Fueron bien recabdados - los que prender podieron,
diéronlis yantar mala - qual ellos merecieron,
? fizieron «Tu autem», - mala muerte prisieron,
depués lo entendieron - que mal seso fiçieron.
Qui a Sancta María - quisiere afontar,
como estos ganaron - assín deven ganar;
mas pensémosla nos - de servir e onrrar,
ca nos á el su ruego - en cabo a prestar.


El romero naufragado

Sennores, si quisiéssedes - mientre dura el día,
d'estos tales miraclos - aún más vos dizría;
si vos non vos quessássedes - yo non me quessaría,
ca como pozo fondo, - tal es Sancta María.
Tal es Sancta María - como el cabdal río,
que todos beven d'elli, - bestias e el gentío,
tan grand es cras como eri, - e non es más vazío,
en todo tiempo corre, - en caliente e en frío.
Siempre acorre ella - en todos los lugares,
por valles e por montes, - por tierras e por mares;
qui rogarla sopiesse - con limpios paladares,
no lo podrién torzones - prender a los ijares.
Leemos un miraclo - de la su santidat
que cuntió a un bispo, - omne de caridat,
que fo omne católico - de grand autoridat,
víolo por sus ojos, - bien sabié la verdat.
Assín como lo vío, - assín lo escribió,
non menguó d'ello nada, - nada non ennadió;
Dios li dé paraíso - ca bien lo mereció,
alguna missa disso - que tanto no'l valió.
Cruzáronse romeos - por ir en Ultramar,
saludar el Sepulcro, - la Vera Cruz orar;
metiéronse ennas naves - pora Acre passar,
si el Padre del Cielo - los quisiesse guiar.
Ovieron vientos bonos - luego de la entrada,
oraje muy sabroso, - toda la mar pagada;
avién grand alegría - la alegre mesnada:
con tal tiempo aína - avrién la mar passada.
Avién buena partida - de la mar travessada,
que la avrién aína - a l'otra part passada,
mas tóvolis su fado - una mala celada,
fo la grand alegría - en tristicia tornada.
Movióse la tempesta - una oriella brava,
desarró el maestro - que la nave guïava;
nin a sí nin a otri - nul consejo non dava,
toda su maestría - non valié una hava.
Cuntiólis otra cosa, - otra grand ocasión:
rompióselis la nave - yuso en el fondón:
vedién entrar grand agua, - rompié cada rencón,
avié a ir la cosa - toda a perdición.
Cerca la mayor nave - trayén otra pocaza,
non sé si li dizién - galea o pinaza,
que si fuessen cuitados - de oriella malvaza,
en ésa estorciessen - de la mala pelaza.
Fizo el marinero - como leal christiano,
a su sennor el bispo - tomólo por la mano;
con otros, bonos omnes - de pleito más lozano,
metiólos en la barca, - priso consejo sano.
Un de los peregrinos - cuidó seer artero,
dio salto de la nave - ca era bien ligero;
cuidó enna galea - entrar por compannero,
enfogóse en la agua, - murió mas non sennero.
Abés podrié seer - media ora complida,
quísolo Dios sofrir, - fo la nave somida;
de la turma que era - entro remanecida,
por medicina uno - non escapó a vida.
El bispo e los otros - que con elli issieron,
issieron a terreno - do más cerca podieron;
fizieron muy grand duelo - por los que perecieron,
pesávanlis porqué - con ellos non murieron.
Aviendo de los muertos - duelo grand e pesar,
estendieron los ojos, - catavan a la mar,
si verién de los muertos - algunos arribar,
ca el mar nunqua quiere - cosa muerta celar.
Catando si algunos - muertos podrién veer,
por darlis cimiterio, - so tierra los meter,
vidieron palombiellas - de so la mar nacer,
quantos fueron los muertos - tantas podrién seer.
Vidieron palombiellas - essir de so la mar,
más blancas que las nieves - contra'l cielo volar;
credién que eran almas - que querié Dios levar
al sancto paraíso, - un glorioso logar.
De derecha envidia - se querién desquizar,
porque fincaron vivos - avién un grand pesar,
ca credién bien afirmes, - non era de dubdar
que almas eran d'éssos, - los que sumió la mar.
Dicién: «¡Aï, romeos! - fuestes venturados,
que ya sodes 'per ignem - et per aquam' passados;
nos fincamos en yermo - como desamparados,
nos velamos, ca vos - dormides segurados.
Grado al Padre Sancto - e a Sancta María,
ya vestides la palma - de vuestra romería;
nos somos en tristicia - e vos en alegría,
nos cuidamos fer seso - e fiziemos follía.»
Aviendo grand quebranto - del danno que lis vino,
querién prender carrera, - entrar en su camino;
vidieron de la mar - essir un peregrino,
semejava que era - romeruelo mesquino.
Quando vino a ellos, - que fue en la ribera,
conociéronlo todos - que el que salió era;
sanctiguáronse todos: - «¿Cómo, por quál manera
fincó en el mar vivo - una ora sennera?»
Disso el peregrino: - «Oídme, ¡sí vivades!
Yo vos faré certeros - en esso que dubdades,
cómo escapé vivo - quiero que lo sepades,
dizredes 'Deo gratias' - luego que lo udades.
Quando de la grand nave - quisi fuera salir,
ca parecié por ojo - que se querié somir,
vedía que de muerte - non podía guarir:
'¡Valme Sancta María!' - empecé a decir.
Dissi esta palabra:          '¡Valme Sancta María!'
Non podí más dizir - ca vagar non avía;
fue luego ella presta - por su placentería,
si non fuesse por ella - enfogado sería.
Luego fo ella presta, - adusso un buen panno,
panno era de precio, - nunqua vid su calanno;
echómelo de suso, - disso: 'Non prendrás danno,
cuenta que te dormisti - o que yoguist en vanno.'
Nunqua tan rica obra - vío omne carnal.
obra era angélica, - ca non materïal;
tan folgado yacía - como so un tendal,
o como qui se duerme - en un verde pradal.
Feliz será la alma - e bienaventurada,
que so tan rica sombra - fuere asolazada;
nin frío nin calura - nin viento nin elada
non li fará enojo - que sea embargada.
So esti panno folgan, - alegres e pagadas,
las vírgenes gloriosas - de don Christo amadas,
que cantan a su Madre - laudes multiplicadas,
e tienen las coronas - preciosas e onrradas.
La sombra d'aquel panno - trae tal tempradura, omne con el ardor - trova so él fridura;
trova el fridoliento - temprada calentura,
¡Dios, qué rico consejo - en ora de ardura!
Tantas son sus merçedes, - tantas sus caridades,
tantas las sus virtudes, - tantas las sus vondades,
que non las contarién - obispos nin abades,
nin las podrién asmar - reïs nin podestades.»
El pesar que ovieron - de los que periglaron,
con sabor del miraclo - todo lo oblidaron;
tendieron a Dios gracias, - el «Te Deum» cantaron,
desend «Salve Regina» - dulzement la finaron.
Cumplieron los romeos - desend su romería,
plegaron al Sepulcro - con muy grand alegría;
adoraron la Cruz - del Fijo de María,
¡Nunqua en esti sieglo - vidieron tan buen día!
Contaron el miraclo - de la Madre gloriosa,
cómo livró al omne - de la mar periglosa,
dizién todos que fuera - una estranna cosa,
fizieron end escripto, - leyenda muy sabrosa.
Quantos que la udieron - esta sancta razón,
todos a la Gloriosa - dizién grant bendición,
avién pora servirla - mejor devocïón,
ca esperavan d'ella - mercet e gualardón.
La fama d'esti fecho - voló sobre los mares,
no la retovo viento, - pobló muchos solares;
metiéronla en libros - por diversos lugares,
ond es oï bendicha - de muchos paladares.
Quantos que la bendizen - a la Madre gloriosa,
¡par el Reï de Gloria - facen derecha cosa!
ca por ella issiemos - de la cárcel penosa,
en que todos yaziemos, - foya muy periglosa.
Los que por Eva fuemos - en perdición caídos,
por ella recombramos - los solares perdidos;
si por ella non fuesse - yazriémos amortidos,
mas el so sancto fructo - nos ovo redemidos.
Por el so sancto fructo - que ella concibió,
que por salud del mundo - passión e muert sufrió,
issiemos de la foya - que Adán nos abrió,
quando sobre deviedo - del mal muesso mordió.
Desend siempre contiende - de valer a cuitados,
governar los mesquinos, - revocar los errados,
por tierras e por mares - fer miraclos granados,
tales e muy mayores - de los que son contados.
Ella que es de gracia - plena e avondada,
guíe nuestra fazienda, - nuestra vida lazrada,
guárdenos en est mundo - de mala sorrostrada,
gánenos en el otro - con los sanctos posada. (Amen).


El milagro de Teófilo

De cómo Teófilo fizo carta con el diablo de su ánima
et después fue convertido e salvo

Del pleito de Teófilo - vos querría fablar,
tan precioso miraclo - non es de oblidar,
ca en esso podremos - entender e asmar
que vale la Gloriosa - qui la sabe rogar.
Non querré, si podiero, - la razón alongar
ca vos avriédes tedio, - yo podría peccar;
de la oración breve - se suele Dios pagar,
a nos éssa nos desse - el Criador usar.
Era un omne bono - de granada fazienda,
avié nomne Teófilo - como diz la leyenda,
omne era pacífico, - non amava contienda,
bien sabié a sus carnes - tenerlas so su rienda.
En el logar do era - contenié grand bailía,
de su sennor el bispo - tenié la vicaría;
de los de la eglesia - avié la mejoría,
fuera que el obispo - avié la nomnadía.
Era en sí misme - de buena contenencia,
sabié aver con todos - paz e grand abenencia;
omne era temprado, - de buena conocencia,
era muy bien condido - de sen e de cïencia.
Vistié a los desnudos, - apacié los famnientos,
acogié los romeos - que vinién fridolientos;
dava a los errados - buenos castigamientos,
que se penitenciassen - de todos fallimientos.
Non avié el obispo - embargo nin lazerio,
fuera cantar su misa - e rezar so salterio;
elli lo escusava - de todo ministerio,
contar las sus bondades - serié grand reguncerio.
Amávalo el bispo - mucho de grand manera,
porque lo escusava - de toda facendera;
los pueblos e las gentes - aviénlo por lumnera,
que él era de todos - cabdiello e carrera.
Quando vino el término - que ovo de finar,
non podió el obispo - el punto traspassar;
enfermó e murió, - fo con Dios a folgar:
déli Dios paraíso, - si se quiere rogar.
Los pueblos de la tierra, - toda la clerecía,
todos diçién: «Teófilo - aya la bispalía,
entendemos que yaze - en él la mejoría,
él conviene que aya - la adelantadía.»
Embïaron sos cartas - al metropolitano
por Dios que de Teófilo - non mudasse la mano;
ca esso tenién todos - por consejo más sano,
lo ál serié ivierno, - esto serié verano.
Embïaron por elli - los del arzobispado,
dissiéronli: «Teófilo, - prendi esti bispado,
ca todo el cabillo - en ti es otorgado,
e de todos los pueblos - eres tú postulado.»
Recudiólis Teófilo - con grand simplicidat:
«Sennores, mudat mano - por Dios e caridat,
ca non só yo tan digno - pora tal dignidat,
en fer tal electïón - serié gran ceguedat.»
Disso el arzobispo: - «Quiero que vos fabledes,
esta electïón - quiero que la tomedes.»
Díssoli don Teófilo: - «Tanto non contendredes
que a todo mi grado - a ello me levedes.»
Los de la canongía, - si lis plogo o non,
ovieron a facer - otra electïón;
el bispo que pusieron - enna ordinación
metió otro vicario - enna ministración.
Corrién los pleitos todos - al vicario novel,
serviénlo a Teófilo - mas plus servién a él;
cogió zelo Teófilo, - cempelló el donzel,
cambióse en Caín - el que fuera Avel.
En casa del obispo - non era tan privado,
como solié seer - con el otro passado;
fo en so voluntat - fierament conturbado,
aviélo la envidia - de su siesto sacado.
Teniése por maltrecho - e por ocasionado,
de grandes e de chicos - vediése desdennado;
cegó con grand despecho - e fo mal trastornado,
asmó fiera locura, - yerro grand desguisado.
Do morava Teófilo, - en essa bispalía,
avié y un judío - en essa judería;
sabié él cosa mala, - toda alevosía,
ca con la uestantigua - avié su cofradría.
Era el trufán falsso - pleno de malos vicios,
savié encantamientos - e muchos maleficios;
fazié el malo cercos - e otros artificios,
Belzebud lo guïava - en todos sus oficios.
En dar consejos malos - era muy sabidor,
matava muchas almas - el falsso traïdor;
como era basallo - de muy mal sennor
si él mal lo mandava - él faziélo peor.
Cuidávanse los omnes - que con seso quebrava,
non entendién que todo - Satanás lo guïava;
quando por aventura - en algo acertava,
por poco la gent loca - que no lo adorava.
Aviélo el dïablo - puesto en grand logar,
todos a él vinién - consejo demandar;
lo que lis él dizié, - aziégelo provar,
sabié de mala guisa - los omnes engannar.
Teniénlo por profeta - todos, chicos e grandes,
todos corrién a elli - como puercos a landes;
los que enfermos eran - levávanlos en andes,
todos dizién: «Faremos - quequier que tú nos mandes.»
Teófilo mesquino, - de Dios desamparado,
venciólo so lucura - e mueda del Peccado;
fo demandar consejo - al trufán dïablado,
cómo podrié tornar - al antigo estado.
Díssoli el judío: - «Si creerme quisieres,
rehez puedes tornar - en esso que tú quieres;
non ayas nulla dubda, - si tú firme sovieres
todo es recabdado, - si non te repindieres.»
Recudióli Teófilo - como embellinnado:
«Por esso vin a ti - por seguir tu mandado.»
Díssoli el judío: - «Seï asegurado,
cuenta que el tu pleito - todo es recabdado.
Ve folgar a tu lecho, - torna a tu posada,
cras al suenno primero, - la gente aquedada,
fúrtate de tus omnes, - de toda tu mesnada,
ven tastar a la puerta - e non fagas ál nada.»
Fo con esto Teófilo - alegre e pagado,
tovo todo so pleito - que era bien parado;
tornó a su posada - durament engannado,
mucho más li valiera - si se fuesse quedado.
Luego la otra nochi, - la gente aquedada,
furtóse de sus omnes, - issió de su posada;
fo tastar a la puerta, - ca sabié la entrada,
el trufán sovo presto, - abrióli sin soldada.
Prísolo por la mano, - la nochi bien mediada,
sacólo de la villa - a una cruzejada;
dísso'l: «Non te sanctigues - nin te temas de nada,
ca toda tu fazienda - será cras mejorada.»
Vío a poca de ora - venir muy grandes yentes
con ciriales en manos - e con cirios ardientes,
con su reï en medio, - feos, ca non luzientes:
¡Ya querrié don Teófilo - seer con sus parientes¡
Prísolo por la mano - el trufán traïdor,
levólo a la tienda - do sedié el sennor;
recibiólo el rei - asaz a grand onor,
sí fizieron los prínçipes - que'l sedién derredor.
Dísso'l luego el rei - «Don fulán, ¿qué buscades?
¿Qué present me traedes? - Quiero que lo digades,
o ¿qué omne es ésti - que vos me presentades?
Saberlo quiero luego - -esto bien lo creades.»
Díssoli el judío: - «Sennor, rey coronado,
ésti solié seer - vicario del bispado,
queriénlo todos mucho, - era omne onrrado,
tolliéronlo agora, - ond es menoscavado.
Por esso es venido - a tos pies caer,
que li fagas cobrar - lo que solié aver;
él fágate servicio - a todo so poder,
avrás en él bassallo - bueno a mi creer.»
Díssoli el dïablo: - «Non serié buen derecho
a bassallo ageno - yo buscar tal provecho;
mas deniegue a Christo - que nos faz muy despecho,
facerli é que torne - en todo so bienfecho.
Deniegue al so Christo - e a Sancta María,
fágame carta firme - a mi placentería;
ponga ? su seyello - a la postremería,
tornará en su grado - con muy grand mejoría.»
Teófilo con gana - de en precio sobir,
al placer del dïablo - ovo a consintir;
fizo con él su carta - e fízola guarnir
de su seyello misme - que no'l podié mentir.
Partióse d'él con esto, - tornó a su posada,
cerca era de gallos - quando fizo tornada;
no la entendió nadi - esta so cavalgada
fuera Dios a qual sólo - non se encubre nada.
Pero perdió la sombra, - siempre fo desombrado,
perdió la color buena, - fincó descolorado;
pero Dios se lo quiso, - non por poder del Peccado,
tornó el malastrugo - en todo su estado.
Tornó el fementido - en todo so estado,
connocióse el bispo - que avié mal errado,
que de la vicaría - lo avié demudado,
«Sennor -disso Teófilo- - séavos perdonado».
Si ante fo Teófilo - bien quisto e amado
fo depués más servido - e mucho más preciado;
Dios sennero lo sabe, - que es bien decorado,
si li vinié por Dios - o si por el Peccado.
Visco algunos días - en esta bienandança,
aviendo con el bispo - amor e grand privança,
recibiendo del pueblo - mucha buena pitança,
mas en cabo firiólo - Christo con la su lança.
Estando est vicario - en esta vicaría,
cogió muy gran jactancia - e grand vallitanía;
concibió vanagloria - e grand eufanía
entendiéngelo todos - que trayé loçanía.
El Sennor que non quiere - muerte de peccadores
mas que salven las almas, - emienden los errores,
tornó en est enfermo - de mortales dolores,
que era decebido - de malos traïdores.
Los vienes que fiziera - ennos tiempos trocidos,
el buen Sennor non quiso - que li fuessen perdidos;
reviscló los sus sesos - que yazién amortidos,
abrió luego los ojos - que tenié adormidos.
Respiró un poquiello, - tornó en so sentido,
comidió su fazienda,   - víose mal tannido;
comidió más adentro - qué avié prometido,
allí cadió Teófilo - en tierra amortido.
Disso entre sí misme: - «Mesquino, malfadado,
del otero que sovi - ¿quí me ha derribado?
La alma é perdida, - el cuerpo despreciado,
el bien que é perdido - no lo veré cobrado.
Mesquino peccador, - non veo do ribar,
non trovaré qui quiera - por mí a Dios rogar;
morré como qui yaze - en medio de la mar,
que non vede terrenno - do pueda escapar.
Mesquino ¡aï mí¡ - Nasqui en ora dura,
matéme con mis manos, - matóme mi locura;
aviéme assentado - Dios en buena mesura:
agora é perdida - toda buena ventura.
Mesquino, porque quiera - tornar enna Gloriosa,
que diz la escriptura - que es tan pïadosa,
non me querrá oír - ca es de mi sannosa,
porque la denegué, - fiz tan esquiva cosa.
Non ovo mayor culpa - Judás el traïdor
que por poccos dineros - vendió a su sennor;
yo pequé sobre todos, - mesquino peccador,
que por mí non será - ninguno rogador.
So perdido con Dios - e con Sancta María,
perdido con los sanctos - por mi alebosía;
corté todas las cimas - do los piedes tenía,
si nacido non fuesse - mucho mejor avría.
El día del judizio, - yo, falsso traïdor,
¿con quál cara verré   - ant el nuestro Sennor?
De mí fablarán todos, - mesquino peccador,
non verrá a la junta - de mí otro peor.
Vidi en ora mala - aquella vicaría,
escuché al dïablo, - busqué mi negro día;
matóme el trufán, - él de la judería,
que mató otros muchos - con mala maestría.
Yo non avía mengua - nin andava mendigo,
todos me fazién onrra - e plaziélis comigo;
mas fui demandar - mejor de pan de trigo,
yo busqué mi cuchiello: - fui mi enemigo.
Avía qué vistir, - avía qué calzar,
avía pora mí,    - avía pora dar;
fui pora mercado - día negro buscar,
devríame yo misme - con mis manos matar.
Bien sé que d'esta fiebre - non podré terminar,
non á menge nin físico - que me pueda prestar
si non Sancta María, - estrella de la mar,
mas ¿quí será osado - que la vaya rogar?
Yo mesquino fediondo - que fiedo más que can,
can que yace podrido, - non él que come pan,
non me querrá oír, - esto sélo de plan,
ca fui contra ella - torpe e muy villán.
Que a los sanctos quiera - meter por rogadores,
como del mi mal pleito - todos son sabidores,
sannosos me son mártires, - todos los confesores,
mucho más los apóstolos - que son mucho mayores.
Non quiero por los piedes - la cabeza desar,
a la Madre gloriosa - me quiero acostar;
cadré a los sos piedes - delante so altar,
atendiendo su gracia, - allí quiero finar.
Allí terré ieiunios, - faré aflictïones,
ploraré de los ojos, - rezaré oraciones,
martiriaré las carnes, - cevo de vervenzones,
ca metrá en mí mientes - en algunas sazones.
Maguer la denegué - como loco sendío,
que fui engannado - por un falso judío,
firmemientre lo creo, - enna su mercet fío,
que d'Ella nació Christus - que fue Salvador mío.
Que vaya al su tiemplo - cras de buena mannana,
venir'm á lo que veno - a la egiptïana,
que priso grand porfazo - como mala villana,
fasta que la Gloriosa - li fo entremediana.
Aunque me lo sufra - Dios por su pïadat,
que pueda entrar entro - veer la magestat,
verrá rayo o fuego - o otra tempestat,
fará danno a muchos - por la mi malveztat.
Aunque todo esto - me quiera Dios sofrir,
que me dexe en paz - mi rencura dezir,
en quál razón empieze - non puedo comedir,
nin asmo cómo pueda - la mi boca abrir.»
Desemparó su casa - e quanto que avié,
non disso a ninguno - lo que facer querié;
fue pora la eglesia - del logar do seyé,
plorando de los ojos - quanto más se podié.
Echóseli a piedes - a la Sancta Reína,
que es de peccadores - consejo e madrina:
«Sennora -disso- valas - a la alma mesquina,
a la tu merced vengo - buscarli medicina.
Sennora, só perdudo - e só desemparado,
fiz mal encartamiento - e só mal engannado,
dí non sé por quál guisa - la alma al Peccado,
agora lo entiendo - que fizi mal mercado.
Sennora benedicta, - reína coronada,
que siempre fazes preces - por la gent desbïada,
non vaya repoyado - yo de la tu posada,
si non dizrán algunos - que ya non puedes nada.
Sennora, tú que eres - puerta de paraísso,
en qui el Rey de Gloria - tantas bondades miso,
torna en mí, Sennora, - el to precioso viso,
ca so sobeja guisa - del mercado repiso.
Torna contra mí, Madre, - la tu cara preciosa,
fáceslo con derecho - si me eres sannosa;
non vaya más a mal - que es ida la cosa,
torna sobre Teófilo, - Reína glorïosa.»
Quarenta días sobo - en esta contención,
sufrié días e noches - fiera tribulación;
de ál no li membrava - si d'esto sólo non:
clamar a la Gloriosa - de firme corazón.
Plógo'l al Rey del Cielo - al quarenteno día,
contendiendo Teófilo - en su tesurería,
apareció'l de noche - Sancta Virgo María,
díssoli fuertes bierbos - com qui con fellonía.
Díssoli: «¿En qué andas, - omne de auze dura?
Sobre yelo escribes, - contiendes en locura;
harta só de tu pleito, - dasme grand amargura,
eres muy porfidioso, - enojas sin mesura.
Fazes peticïones - locas e sin color,
a nos ás denegados, - busquest otro sennor;
don renegado malo, - de Judas muy peor,
non sé por ti quí quiera - rogar al Criador.
Yo vergüenza avría - al mi Fijo rogar,
non sería osada - la razón empezar:
el que tú deneguesti - e busquesti pesar,
non nos querrá oír - nin a ti perdonar.»
«Madre -disso Teófilo- - por Dios e caridat,
non cates al mi mérito, - cata a tu bondat;
de quanto que tú dizes, - todo dizes verdat,
ca só suzio e falso, - pleno de malveztat.
Repiso só, Sennora, - válame penitencia,
éssa salva las almas, - tal es nuestra creencia,
éssa salvó a Peidro - que fizo grand fallencia,
e lavó a Longino - de muy grand vïolencia.
La sancta Magdalena, - de Lázaro ermana,
peccadriz sin mesura, - ca fue muger liviana,
esso misme te digo - de la egipcïana,
éssa sanó a ambas, - la que todo mal sana.
Davit a colpe fizo - tres peccados mortales,
todos feos e sucios - e todos principales;
fizo su penitencia - con gémitos corales,
perdonóli el Padre - de los penitenciales.
Pueblos de Ninivé - que eran condenados
fizieron penitencia, - plorando sus peccados;
los fallimentes todos - fuéronlis perdonados,
muchos serién destructos - que fueron escusados.
Esta razón, Sennora, - tuya es de veer,
faziendo penitencia - si me deve valer;
Madre, si tú quisiesses - e fuesse tu plaçer,
en mí esti judizio - non devié perecer.»
Calló elli con tanto, - fabló Sancta María,
disso: «Traes, Teófilo, - rebuelta pleitesía;
bien lieve la mi fonta, - bien la perdonaría,
mas a lo de mi Fijo - bien non me trevería.
Maguer que me neguesti, - fezisti sucio fecho,
quiérote consejar - de consejo derecho:
torna en el mi Fijo, - ca te tiene despecho,
ca se tiene de ti - que fue muy maltrecho.
Ruégalo bien de firme - con muy grant femencia,
deniega al dïablo, - confirma tu creencia;
mucho es pïadoso - e de grand conocencia,
él mata, él vivifica - ca es de tal potencia.»
«Madre -disso Teófilo- - siempre seas laudada,
Pascua fue e grand día - quando tú fuisti nada;
mucho es la mi alma - con esto confortada,
trae la tu palavra - melezina provada.
Yo no lo osaría - al tu Fijo rogar,
por mi ventura mala - busquéli grand pesar;
pero fío en Elli - como devo fiar,
e quiero mi creencia - a ti la demostrar.
Creo que un Dios es - e que es Trinidat,
Trinidat en personas, - una la deïdat;
non á ennas personas - nulla diversidat,
Padre, Fijo e Spíritu, - uno son de verdat.
Creo de Jesu Christo - enna encarnación,
que nació de ti, Madre, - por nuestra redención;
predicó el Evangelio, - dessent priso passión,
en el día tercero - fizo resurectión.
Creo bien firmemientre - la su ascensïón,
que envïó la gracia, - la de consolación;
creo la postremera - regeneracïón
quando buenos e malos - prendan el gualardón.
Madre, todo lo creo, - só ende bien certano,
quanto que Christo manda - creer a su christiano;
mas só en grand vergüenza, - en miedo sovejano,
ca fui, mi Sennora, - contra Él muy villano.
A mal omne e suçio - e mal testimoniado,
non me querrá oír, - ca non es aguisado;
Madre, tanto lo temo, - iría repoyado,
fincarié nuestro pleito - mucho empeorado.
Si bien á de seer - o me quieres prestar
tú ás en esti pleito, - Madre, a travajar;
otro procurador - non me mandes buscar,
ca porque lo buscasse - no lo podría trovar.
Tú eres pora todo - ¡grado al Criador!
por rogar al tu Fijo, - tu Padre, tu Sennor;
quequiere que tú mandes - e ovieres sabor,
todo lo fará Elli - de muy buen amor.
Lo que nunqua fezist - en otro peccador,
non sea en Teófilo, - por el Nuestro Sennor;
tórname en la gracia - de la tu sancta flor,
la Flor que tú pariste - sin tacha, sin dolor.
Sennora benedicta, - Reína principal,
aún en tu osança - quiérote dezir ál;
si non cobro la carta - que fici por mi mal,
contaré que non só - quito del mal dogal.»
Disso Sancta María: - «Don suçio, don maliello,
la carta que fecisti - el tu mal cabdiello,
e dessent la seelleste - de tu proprio seyello,
en el infierno yaze - en chico reconciello.
Non querrié el mi Fijo - por la tu pleitesía
descender al infierno, - prender tal romería,
ca es logar fediondo, - fedionda confradría,
sólo en sometérgelo - serié grand osadía.»
«Sennora benedicta - entre todas mugieres,
bien lo querrá tu Fijo - lo que tú bien quisieres;
todo te lo dará - lo que tú bien pidieres,
a mí verná la carta - si tú savor ovieres.
Doquiere que la tenga - el dïablo metida,
sólo que Él lo quiera, - luego será rendida;
Sennora, que de todos - eres salut e vida,
non puedo más rogarte - nin sé más qué te pida.»
Disso'l Sancta María - buen confuerto provado:
«Finca en paz, Teófilo, - véote bien lazrado;
iré yo si pudiero - recabdar el mandado,
¡Dios lo mande que sea - aína recabdado¡»
La Madre benedicta, - esta razón tractada,
tollióseli delante, - non pudió veer nada;
pero la voluntat - teniéla confortada,
ca es el solaz suyo - melezina provada.
Si ante fue Teófilo - de grand devocïón,
mucho fue depués ende - de mayor compunción;
tres días e tres noches - sovo en oración,
nin comió nin bebió - nin exió de lectión.
Semejavan sus ojos - dos fuentes perennales,
ferié con su cabeça - en los duros cantales;
sus punnos en sus pechos - davan colpes capdales,
dizié: «¡Válasme, Madre, - como a otros vales¡
Válasme, Madre Sancta, - óï los mis clamores,
que fazes cosas tales - e otras más mayores;
tú sabes la mi cuita, - entiendes mis dolores,
non me oblides, Madre, - solaz de peccadores.»
Mucho lazró Teófilo - en esti tridüano,
yaziendo en la tierra - orando muy cutiano;
nunqua en tantos días - lazró más nul christiano,
en cabo su lazerio - non li cayó en vano.
La Reína de Gloria, - Madre Sancta María,
visitólo de cabo - en el tercero día;
adússoli saludes, - nuevas de alegría,
quales querrié tod omne - que yaz en fermería.
«Sepas -disso-,Teófilo, - que las tus oraciones,
los tus gémitos grandes, - las tus afflictïones,
levadas son al cielo - con grandes processiones,
leváronlas los ángeles - cantando dulzes sones.
Es de la tu fazienda - el mi Fijo pagado,
el tuerto que fizisti - áslo bien emendado;
si bien perseverares - como ás empezado,
tu pleito es bien puesto, - e muy bien recabdado.
Yo fablé en tu pleito - de toda voluntat,
finqué los mis enojos - ante la magestat;
áte Dios perdonado, - fecha grand caridat,
conviene tú que seas - firme en tu bondat.»
«Madre -disso Teófilo- - de Dios, Nuestro Sennor,
por ti me viene esto, - bien só ent sabidor;
quitas de mal judizio - un alma pecador,
que yazrié en infierno - con Judas el traidor.
Pero con todo esto - que tú ás recabdado,
aún non me seguro - nin seo bien pagado,
hasta vea la carta - e cobre el dictado,
la que fiz quando ovi - al tu Fijo negado.
Madre, si yo oviesse - la cartiella cobrada,
e dentro en un fuego - la vidiesse quemada,
siquier luego muriesse - yo non daría nada,
ca mal está mi alma, - Sennora, enredada.
Madre, bien sé que eres - d'est pleito enojada,
mas si tú me falleces - non me tengo a nada;
Sennora, tú que esta - cosa ás empeçada,
fázme render la carta, - será bien recabdada.»
«Non fincará por eso - -disso la Glorïosa-
non finque por tan poco - empeçada la cosa.»
Tollióseli delante - la Reína preciosa,
fue buscar esta carta - de guisa presurosa.
Alegróse Teófilo - que yazié quebrantado,
non era maravella - ca yazié muy lazrado;
tornó en su estudio, - el que avié usado,
nunqua fue en est sieglo - confesor más penado.
Tornó en su estudio, - en fer su penitencia,
en comer, en bever - tener grand abstenencia;
tenié enna Gloriosa - toda la su creencia,
que li darié por Ella - Dios la su bienquerencia.
En la noche tercera - yazié él adormido,
ca sufrié grand martirio, - avié poco sentido;
vínoli la Gloriosa - con recabdo complido,
con su carta en mano, - queda e sin roído.
La esposa de Christo, - ponçella e parida,
echógela de suso, - dióli una ferida;
recudió don Teófilo, - tornó de muert a vida,
trovó en su regaço - la carta malmetida.
Con esto fue Teófilo - alegre e loçano,
que veyé la cartiella - tornada en su mano;
allí tovo que era - de la fiebre bien sano,
apretó bien la carta, - cumplió su tridüano.
El confessor Teófilo - ovo grand alegría,
quando tovo la carta - en su podestadía;
rendió gracias a Christo - e a Sancta María,
ca Ella adovara - toda su pleitesía.
Dizié: «Sennora buena, - siempre seas laudada,
siempre seas bendicha, - siempre glorificada;
pora los peccadores - eres buena provada,
qual nunqua nació otra - tan dulz nin tan uviada.
Siempre seas bendicha, - el tu Fructo laudado,
sancto es el tu nomne, - más el suyo medrado;
tú me saquesti, Madre, - del pozo dïablado,
do siempre sine fine - yazría enfogado.
Sennora benedicta, - Madre Sancta María,
quánto te lo gradesco - dezir no lo podría;
Madre, tú me da seso, - saber e connocía
por ond laudarte pueda, - ca mucho lo querría.
Reína poderosa - de los fechos onrrados,
que siempre te travajas - en salvar los errados,
tú me gana, Sennora, - perdón de los peccados,
que laude dignamientre - los tus bienes granados.
Madre del Rey de Gloria, - por la tu pïadat,
alimpia los mis labros - e la mi voluntat,
que pueda dignamientre - laudar la tu bondat,
ca ás sobre mí fecha - sobra grand caridat.»
Otro día mannana - que cuntió esta cosa,
que adusso la carta - la Madre glorïosa,
era día domingo, - una feria sabrosa,
en qui la gent christiana - toda anda gradosa.
Vino el pueblo todo - a la misa oír,
prender pan bendicto - la agua recebir;
queriéla el obispo - de la villa dezir,
querié el omne bono - so ofizio complir.
El confesor Teófilo, - un lazrado christiano,
fue pora la eglesia - con su carta en mano;
posóse a los piedes - del buen missacantano,
confessó su proceso - tardío e temprano.
Fizo su confessión - pura e verdadera,
cómo fizo su vida - de la edat primera,
desend cómo envidia - lo sacó de carrera,
que lo fizo cegar - de estranna manera.
Cómo fue al judío, - un trufán renegado,
cómo li dio consejo - suzio e desguisado,
cómo con el dïablo - ovo pleito tajado
e cómo fue por carta - el pleito confirmado.
Cómo por la Gloriosa - cobró aquel dictado,
el que con su seyello - oviera seellado;
non dessó de dezi - menudo nin granado,
que no lo disso todo - por qué avié pasado.
Demostróli la carta - que en punno tenié,
en que toda la fuerça - del mal pleito yazié;
sanctigóse el bispo - que tal cosa veyé,
tanto era grand cosa - que abés lo creyé.
«Ite missa est» dicha, - la missa acabada,
era toda la gent - por irse saborgada,
fizo signo el bispo - con su mano sagrada,
fincó la gent toda - como seyé posada.
«Oíd -dixo- varones - una fiera azanna,
nunqua en est sieglo - la oyestes tamanna;
veredes el dïablo - que trae mala manna,
los que non se li guardan, - tan mal que los enganna.
Esti nuestro canónigo - e nuestro compannero,
moviólo su locura, - un falso consejero,
fue buscar al dïablo - sabidor e artero,
por cobrar un officio - que toviera primero.
Sópolo engannar - el falso traïdor,
díssoli que negasse - a Christo su Sennor
e a Sancta María - que fue buena seror
e tornar lo yé luego - en toda su onor.
Otorgógelo esti - mesquino peccador,
fizo con él su carta, - esto fue lo peor;
con su seyello misme - robró essa lavor,
de tal amigo guárdenos - Dios Nuestro Sennor.
Dios que siempre desea - salut de peccadores,
que por salvar a nos - sufrió grandes dolores,
non quisso que granassen - esas tales lavores,
ca eran barvechadas - de malos lavradores.
Si la Virgo gloriosa - no'l oviesse valido,
era el azedoso - fieramientre torcido;
mas la su sancta gracia - á lo ya acorrido,
á cobrada la carta, - si non, fuera perdido.
Yo la tengo en punno, - podédesla veer,
esto non yaze en dubda, - devédeslo creer,
onde debemos todos - a Dios gracias render
e a la Sancta Virgo - que li dennó valer.»
Rendieron todos gracias, - mugieres e varones,
fizieron grandes laudes - e grandes processiones,
plorando de los ojos, - diziendo oraciones
a la Madre gloriosa, - buena todas sazones.
El «Te Deüm laudamus» - fue altament cantado,
«Tibi laus, tibi gloria» - fue bien reïterado;
dizién «Salve Regina», - cantávanla de grado
e otros cantos dulzes - de son e de dictado.
Desent mandó el bispo - fazer muy grand foguera,
veyéndolo el pueblo - que en la eglesia era;
echó aquesta carta - dentro en la calera,
ardió, tornó cenisa - pargamino e cera.
Desque el pueblo ovo - tenido su clamor,
la carta fo quemada, - ¡gracias al Criador¡
Reçibió Corpus Dómini - el sancto confessor,
veyéndolo el pueblo - que seyé derredor.
Adiesso que Teófilo, - un cuerpo martiriado,
reçibió Corpus Dómini - e fue bien confessado,
fue a ojo del pueblo - de claridat cercado,
un resplendor tan fiero - que non serié asmado.
Fue el pueblo certero - que era omne santo,
e era de grand mérito - por qui fazié Dios tanto,
e Dios que lo cubrié - de tan precioso manto
e prendió el dïablo - en ello grand quebranto.
Reluzié la su cara, - tales rayos echava,
com la de Moïsés - quando la ley portava,
o como San Andrés - quando en la cruz estava;
el Criador en esto - pocca onrra no'l dava.
Quanto esto veyeron - los pueblos e las yentes,
que ixién de su cara - tales rayos luzientes,
cantaron otras laudes, - otros cantos rezientes,
en laudar la Gloriosa - todos eran ardientes.
Aturó bien Teófilo - en su contemplaçión,
no'l movió vanagloria - nin cogió elación;
tornó a la eglesia - do vío la visïón,
nunqua fue más devoto - en ninguna sazón.
Entendió el bon omne, - Dios lo fizo certero,
que li vinié bien cerca - el día postremero;
partió quanto avié, - no li fincó dinero,
diólo todo a pobres, - fizo buen semencero.
Pidió culpa a todos - los de la vezindat,
perdonáronli todos - de buena voluntat;
besó mano al bispo, - fizo grand onestat,
finó al terçer día, - fizo'l Dios pïadat.
Tres días solos visco - desque fue comulgado,
desque el cartelario - fue cenisa tornado;
murió enna eglesia - do fuera visitado,
fue en est logar misme - el cuerpo soterrado.
Assín finó Teófilo, - el bienaventurado,
el yerro que fiziera, - Dios sea ent laudado,
bien lo emendó todo, - fizo a Dios pagado,
valiéndo'l la Gloriosa, - la que aya buen grado.
Sennores, tal miraclo - qual avemos oído,
non debemos por nada - echarlo en oblido,
si non, seremos todos - omnes de mal sentido,
que non avemos seso - natural nin complido.
Assí lo diz Sant Paulo, - el buen predicador,
que fue leal vasallo - de Dios, Nuestro Sennor,
que todas las leyendas - que son del Criador,
todas salut predigan - del omne peccador.
Nos en esto podemos - entender e asmar
quánto val penitencia - a qui la save guardar;
si non fuesse por ella, - podédeslo jurar,
que fuera don Teófilo - ido a mal logar.
Si la Madre gloriosa, - que li dennó valer,
éssa no'l entendiesse, - no lo vernié veer;
mas qui a mí quisiere - escuchar e creer,
viva en penitencia, - puede salvo seer.
Amigos, si quisiésedes - vuestras almas salvar,
si vos el mi consejo - quisiéredes tomar,
fech confessión vera - non querades tardar,
e prendet penitencia, - pensátla de guardar.
Quiéralo Jesu Christo - e la Virgo gloriosa,
sin la qual non se faze - ninguna buena cosa,
que assí mantengamos - esta vida lazrosa,
que ganemos la otra - durable e lumnosa. (Amen.)
La Madre glorïosa, - de los çielos Reína,
la que fue a Teófilo - tan prestable madrina,
Ella nos sea guarda - en esta luz mezquina
que caer non podamos - en la mala rüína. (Amen.)
Madre del tu Golzalvo - seï remembrador
que de los tos miraclos - fue enterpretador;
tú fes por él, Sennora, - prezes al Criador,
ca el tu privilegio - vale a peccador,
tú li gana la gracia - de Dios, Nuestro Sennor. (Amen.)




LOORES DE NUESTRA SEÑORA -

Exordio

A ti me encomiendo,
       Madre de pïadat,
que concebist' de Spíritu,   
       e esto es verdat,
parist' fijo precioso   
       en tu entegredat,
serviendo tu esposo  
        con toda lealtat.
En tu loor, Señora,
         querría entender,
de las tus largas faldas
         una fimbria tañer,
ca non me siento digno
         ante ti parescer,
maguer la tu feduza  
        no la puedo perder.
En tu feduza, Madre,
         de ti quiero decir
cómo vino el mundo
         Dios por ti redemir;
tú m' da bien empezar,
         tú m' da bien acomplir,
que pueda tu materia
         cuál o cómo seguir.

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Entierro y descenso a los infiernos

Tornemos a la 'storia
         e non la postpongamos;
sigamos la carrera
         como la empezamos;
adoremos la cruz
         e en Cristo creamos,
que la resurrección
         dignamente veamos.
Josef pidió el cuerpo   
       e hóbol' otorgado,
mas non el que contigo
         fue, Madre, desposado;
metiol' en un sepulcro
         que nunca fue usado:
para sí lo ficiera,
         mas fue bien empleado.
Dos cosas son que homne
         non las podrié contar:
cuánt grant tesoro siede  
        en tan poco lugar
o cuánt grant fue la cuita,
         Madre, del tu pesar;
non es estas dos cosas  
        qui las podies' contar.
La virtud d' esti muerto
         en vagar non estaba,
quebrantó los infiernos,
         lo que Él cobdiciaba;
sacó dend' sus amigos,
         siempre eso buscaba,
en tierra de tristicia
         tan grant gozo andaba.

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Elección de Matías

La compaña de Cristo,  
        triste e desarrada,
fizo contigo, Madre,
         a la ciudad tornada;
la virtut esperaban
         que lis fue otorgada;
a cual señor servieron
         hobieron tal soldada.
Un sermón fizo Peidro,   
       com' homne acordado:
que el logar de Judas  
        non fincase menguado;
cuntió como fue ante    
      de David profetado:
que recebiese otro    
      mejor el obispado.
En embargo un poco   
       sobre esto sedién:
de dos que se pagaban
         dubdan cuál tomarién;
pusiéronlo en Dios,
         mejor fer non podrién:
que cual Elli mandase
         ellos esi querrién.
Ellos bien lo ficieron,
         Él bien lo recibió;
ellos bien lo rogaron,
         e Él bien los oyó;
la suert', com' a él plogo,
         en Matías cayó;
allí cumplió cüento,
         onde Judas salió.

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Loores y deprecaciones a María

Madre, merced te pido  
        por mis atenedores;
ruégot' por mis amigos,
         que siempre los mejores;
rescibi en comienda
         parientes e señores;
en ti nos encargamos
         todos los pecadores.
Por mí, que sobre todos  
        pequé, merced te pido;
torna sobre mí, Madre,
         no m' eches en olvido,
traíme del pecado,   
       do yago embebido,
preso só en Egipto,
         los vicios m' han vendido.
Aun merced te pido:
         por el tu trovador,
qui est' romance fizo,
        fue tu entendedor,
seas contra tu fijo
         por elli rogador,
recábdali limosna
         en casa del Criador.
Ruega por la paz, Madre,
         e por el temporal,
acábdanos salud
         e cúrianos de mal,
guíanos en tal guisa
         por la vida mortal,
com' en cabo hayamos
        el regno celestial.

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