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Capítulo 3 -
Del león e del buey e de la pesquisa de Dymna e de Calila.
Dijo el rey Abendubec a su filósofo: «Esto oído lo he; dame agora enjemplo de los dos que se aman, et los departe el mentiroso, falso, mesturero, que debe ser aborrecido en los cielos, e en la tierra, et en los infiernos, et en los aires, e los trae a tal estado que querrían antes ser muertos, que es perder sus cuerpos e sus ánimas.» Dijo el filósofo: «Señor, cuando acaece a dos homes que se aman que el falso e mesturero anda entre ellos, van atrás, et depártese et corrómpese el amistanza que es entrellos; et esto semeja lo que acaeció al león et al buey.» Dijo el rey: «Cómo fue eso?»
Dijo el filósofo:
El enjemplo del león e del buey.
Dicen que en tierra de Jurgen había un rico mercadero que había tres fijos, et después que fueron de edat, metiéronse a desgastar el haber de su padre, e a malmeter, et non se entremetían de ninguna mercadería porque ganasen algo; et el padre con dolor de amor que les había, castigólos et maltrájolos, et fue esta una de las cosas que les dijo: «Fijos, sabed que el seglar demanda tres cosas, que se non pueden alcanzar sinon con otras cuatro: et las tres que demanda son estas: abondada vida, et haber alguna dinidat entre los homes, et anteponer buenas obras para el otro siglo; e las cuatro que ha menester para alcanzar estas tres son estas: ganar haber de buena parte, desí mantenerlo bien, desí facerle fruto, e despenderlo en las cosas que emienden la vida, et vivir a placer de los parientes et de los amigos, et que torne con alguna pro para el otro mundo. Et quien menosprecia alguna destas non alcanza lo que desea; ca si non ganare, non habrá haber con que viva; et si oviere haber, que lo sepa ganar, et que lo sepa mesurar et bien mantener, e sinon le feciere facer fruto, maguer que poco espienda, aína se acabará, así como el collirio del que non toman sinon el polvo, e con todo esto acábase aína e vase. E si lo ganare e le ficiere facer fruto, et desí non lo diere en los logares et en las maneras que debe, será contado por pobre e que non ha haber; et esto non le guardará de lo non perder et de lo desgastar donde non sabrá, et él non habrá ende nada: así como la tina del agua en que caen siempre las aguas, que, si non fallan salida, fínchese e hace de verter por muchas partes, et con todo esto podrécese e vase el agua que yace en ella a perdición.» Desí los fijos del mercadero castigáronse et ficieron mandamiento de su padre, et fuese el mayor dellos con mercadería a una tierra que decían Mayon; et traía consigo una carreta que tiraban dos bueyes; al uno decían Senceba et al otro Bendeba; et cayó Senceba en un silo que había en aquel logar, et sacáronle dende el mercadero et sus mancebos; et fue tan mal trecho de !a caída, que llegó a muerte, et el mercadero dejólo con uno de sus homes, et mandóle que le guardasen bien e que le pensase, e si guareciese que gelo levase. Et cuando vino el otro día de mañana, enojóse el home de estar ahí et dejó el buey; et fuese en pos de su señor fasta que le alcanzó, et díjole que el buey era muerto.
Desí salió Senceba de aquel logar, et andudo tanto fasta que llegó a un prado muy verde e muy vicioso, que por su aventura le había de acontecer de llegar ahí, que non podia errar; et dicen que en el prado un home cogía yerba, e llegóse a él un lobo, e él non lo sintió fasta que fue cerca dél: et cuando lo vio, ovo muy grant miedo dél, e salió fuyendo contra una aldea, ribera de un río; et deque llegó al río falló una puente quebrada, et acuitábalo el lobo mucho, et él dijo: «¿Cómo faré, que el lobo me aqueja, e el río es fondo, e la puente es quebrada e yo non sé nadar? Empero non fallo ninguna cosa que mayor guarda me sea que echarme en el agua.» Et viéronle los de la aldea, et corrieron a sacarle, el él iba ya por muerto, e leváronle. Et después que llegó a la aldea, arrimóse a una paret; et cuando fue tornado en su acuerdo, comenzáronle los homes a retraer de lo que le conteciera et del grand peligro de que Dios le librara. El estando así, cayó la paret e matólo, et non pudo fallecer a lo que había ventura, bien así como Senceba. Desí a poco de tiempo engordó Senceba, e tornó lozano e blanco, e había ende acerca dél un león que era rey de las bestias fieras; et en aquel tiempo estaban con él muchas dellas; et este león era muy lozano et apartado en su consejo, et tenía que le complía ser ansí, et en oyendo la voz del bramido del buey, non habiéndola nunca oída, espantóse ende, et non quiso que gelo entendiesen sus vasallos, et estovo quedo en su lugar. Et entre los otros vasallos que él había allí, había ende dos lobos cervales, et al uno decían Dymna et al otro Calila, et eran muy ardidos e agudos; et era Dymna de más noble corazón, et de mayor facienda, et el que menos se tiene por pagado del estado en que era, et el león non los había conocidos, nin eran de su privanza fasta aquella hora.
Et dijo Dymna a Calila: «Ya vees tú cómo está el león en su logar agachado, que non se mueve nin se solaza como solía facer.» Dijo Calila: «Et tú, hermano, ¿qué has que preguntar lo que non face menester, nin te tiene pro en lo preguntar? Nos estamos en muy buen estado, et somos a la puerta de nuestro rey, et tomamos lo que queremos, et non nos fallece cosa de lo que habemos menester, et non somos de la medida de los que se entremeten de fablar con los reyes, et que han de ver sus cosas. Et tú déjate desto, et sabe que el que se entremete de decir e de facer lo que non es para él, que le acaece lo que acaeció al ximio artero que se entremetió de lo que non era suyo, nin le pareció bien.» Dijo Dymna: «¿Cómo fue eso?»
La gulpeja e el atambor.
Dijo Dymna: «Dicen que una gulpeja fambrienta pasó cerca de un árbol en que estaba un atambor colgado, et movióse el viento e movió las ramas del árbol de guisa que las fizo ferir en el atambor, et sonó muy fuerte. Et la gulpeja, oyendo aquella voz, gozóse et fue contra allá fasta que llegó ende, et de que vio que su cobertura era de cuero, non dubdó que fuese lleno de carne, et que estaba finchado; et cuidóse que era de mucha carne que había e de mucha gordez, et fendiólo, e vio que era hueco, et dijo: «por aventura las más flacas cosas han mayores personas e mas altas voces.» Et fuese dende.
Et yo, señor, non te di este ejemplo sinon porque he esperanza que sea esta cosa, cuya voz te espantó, atal como el atambor, e si a ella te llegases, más ligera te semejaría que tú non cuidas. Et, señor, si fuere la tu merced, envíame a ella et está tú en tu logar fasta que yo torne a ti con lo que sopiere de su facienda. Et desto que dijo Dymna plogo al león, et díjole: «Pues vete.»
Et fuese Dymna, e pensó el león en su facienda, e dijo en su corazón. «Non fice bien en fiar me en este pora enviarlo al logar do lo envio, ca el home, si es de la casa del rey, et es por luengo tiempo desdeñado non lo mereciendo, o mezclado a tuerto, o si es conocido por cobdicioso o por malicioso, o si es muy pobre, o si ha fecho algún gran pecado e se teme de la pena, o si es envidioso e malo que a ninguno non quiere bien, o si es testiguado por atrevido, o si le han fecho perder lo que tenié del rey, o si era oficial e gelo tovieron, o si a alguno fizo falsedat e sospecharon dél, o cayó en alguna culpa, o si sus iguales fueron probados por buenos et ovieron mijoría dél en dinidat e en honra, o si es de mala fe en su ley, o si ha esperanza de haber algunt pro o daño de sus señores, e se teme ende, o si es contrario a los privados de los señores, a todos estos non debe el rey meter su facienda en sus manos nin fiar en ellos nin sigurarse. Et Dymna es discreto et sabidor, et tanto fue despreciado et desdeñado a mi puerta e olvidado, et seméjame que tenía mala voluntad, et esto fizo para engañarme e meterme en mal, et si por aventura fallare aquel animal que brama, que es más fuerte que yo o de mayor poder, e le prometiere de su algo, será con él contra mí, et descubrirle ha mi vergüenza e mi cobardez.»
Et non cesó el león de fablar consigo mesmo et de se maltraer, tanto que se levantó del logar donde estaba, et arrufábase de mala manera. Et desque vino Dymna entró a él, e díjole el león: «¿Qué viste o qué feciste?» Dijo Dymna: «Vi un buey que fizo la voz que oíste.» Dijo el león: «¿Qué fuerza ha?» Dijo Dymna: «Non ha fuerza nin valentía, ca yo me llegué a él, et estude en par dél, así como está home con su igual, e non me pudo facer nada.» Dijo el león a Dymna: «Non te engañes en eso, nin lo tengas por flaco por eso, ca el fuerte viento non quebranta las chicas pajas, mas desraiga los grandes árboles; otrosí las armadijas unas a otras non se prenden.» Dijo Dymna: «Non hayas miedo dél, nin lo tengas en corazón, et si quisieres yo te lo traeré que sea tu siervo e obediente.» Et cuando el león oyó esto alegróse e dijo: «Sabe que me place dello, e vete.» Et fuese Dymna a Senceba, et díjole atrevidamente e sin miedo: «Mi señor el león me envía a ti que te lieve, et díjome que si tú fueses a él luego obediente, que te atreguaría del pecado que has fecho en osar entrar sin su mandado en su señorío et sin lo ir a ver, et si tú te tardares et non quisieres, que me torne a él et que gelo faga saber.» Dijo Senceba: «Si tú me ficieses homenaje por él que non reciba mal nin daño, yo iré contigo.» Et él fizóle el homenaje que le demandó, et desí fuéronse amos en uno e entraron al león, et díjole: «¿Cuándo llegaste a esta tierra et qué cosa te fizo acá venir?» Et él contóle toda su facienda; et dijo el león: «Vive amigo, e facerte he honra.» E el buey gradeciógelo mucho e omillósele. Desí el león aprivóle et allególe a sí, et tomó consejo dél, et metiólo en sus poridades e en sus cosas, et duró así el buey un tiempo, et íbale todavía queriendo más et pagándose mas dél, atanto, que fue le más privado de su compaña, et el que más él amaba e preciaba.
Et cuando vio Dymna que el león se apartaba con Senceba sin él, e sin la otra compaña, pesóle et ovo ende grand envidia, et querellóse a su hermano Calila, et díjole: «Hermano, non te maravilles de mi mal seso et de mi locura, et de cómo pensé en pro del león, e trabajé en le traer el buey que me ha echado de mi dinidat.» Dijo Calila: «Pues acaesció a ti lo que acaesció al religioso.» Dijo Dymna: «¿Et cómo fue eso?»
De los mures que comían hierro.
Dijo Calila: «Dicen que en una tierra había un mercadero, e non era muy rico, e quísose ir en su camino, e tenía cient quintales de fierro, e dejólos en encomienda de un home que conocía, e fuese donde a su mercadería. E dende a tiempo tornó e demandó al home los cient quintales de fierro que le había dejado en guarda, et aquel home había ya vendido el fierro, et despendido los maravedís que le habían dado por ello, et dijo: «Yo lo puse en un rencón de mi casa, et comiéronmelo los mures.» Et dijo el mercadero: «Ya yo oí decir muchas veces que non ha cosa que más royan los mures que el fierro, e non me curo dello, pues Dios fizo merced a ti que estorciste dellos et escapaste, que non te comieron.» Et el otro pagóse de aquello que le oyó decir, et él fuese pora su posada, et aguardó un fijo que tenía aquel home a quien había dejado el fierro a guardar, e furtógelo que non lo vio ninguno, et escondióle muy bien, que era pequeño. Et el home, andando a buscar su fijo, preguntó al mercadero por él; el mercadero le dijo: «Vi un azor que se abajó, e levaba un niño en las uñas; bien pienso que era tu fijo.» Et el home dio muy grandes voces, diciendo: «¡Vistes nunca tal cosa que los azores cacen los niños? » Et dijo el mercadero: «Non he por muy grant maravilla que en la tierra que los mures comen cient quintales de fierro, que los azores cacen los niños.» Et entonces dijo el home: «Yo comí tu fierro e tósico mortal comí con ello.» Dijo el mercadero: «Yo comí tu fijo.» dijo el home: «Pues dame mi hijo, e darte he tu fierro.» Et dióle su fijo, et dióle el otro su fierro.
«Et yo non te di este enjemplo, salvo porque sepas que feciste a tu señor traición, al cual tú probaste por bueno, e non dudo que non fagas otro tanto a otri, si con él vivieres; ca el amor nin el bien non han en ti logar donde moren nin estén: que non es cosa que peor empleada sea que el amor en el home en que non ha lealtad, e el bien facer en quien non lo agradece, et el saber que quien non lo entiende, et el que descubre su poridat a quien entiende que non gela guardará. Et yo desfiuzado estó de ti et de tu natura et de tus costumbres, que nunca demuden nin cambien en bien, que sé que el árbol que amarga, maguer que le unten con miel, non se muda de su sustancia. E yo siempre me temí de tu compaña; ca de facer compaña con los buenos nasce ende al home bien et buena andanza, et facer compaña con los maloface al home ganar enemistad e venir a repentencia, que tal es el mal como el viento que, si pasa por fedor, lieva ende su parte, et si pasa por buen olor lieva ende su parte. Et yo bien sé cuánto te agravia esto que te digo, que los homes nescios siempre se agravian del buen castigo de los entendudos, et los viles de los honestos, et los desmesurados de los mesurados, et los torticieros de los derecheros.»
En este lugar se acaba la razón de Dymna et de Calila.
Et habiendo acabado el león de matar a Senceba, et después que le hobo muerto, arrepintióse e hobo mancilla en su corazón, e pensó en su facienda e en lo que fizo, después que amansó su saña, et escomenzóse a pensar sobrello, e a quejarse entre sí mismo, et dijo: «Mal fice en matar a Senceba, que era de buen seso et de buen consejo, e agudo, e por aventura que fue acusado a tuerto.» Et estaba muy triste, e arrepintiéndose de lo que ficiera; e violo Dymna, e levantóse cerca de Calila, e llegóse al león e díjole: «Pues Dios te metió en corazón que matases a tu enemigo, ¿por qué estás triste?» Dijo el león: «Prísome piedat porque maté a Senceba, que era entendudo, e honesto, e de buen amor e leal, e duélome dél.» Dijo Dymna: «Señor, non digas eso, nin hayas piedad del que temieres; que el rey enviso a las veces aborrece a algunt home, e aluéngalo de sí; desí fuérzalo su talante, et aprívalo et mete sus cosas en su mano, porque sabe que es bueno e acucioso; así como el home que fuerza su talante a tomar la melecina desaborada con esperanza de que le fará pro, et a las veces ama a algunt home et aprívalo; desí mátale e desarraígalo por miedo que le non faga daño, así como aquel que muerde la culebra en el dedo, e tájalo por miedo que non se les esparza el tósigo por el cuerpo et muera por ello.» Et cuando esto oyó el león, alegróse un poco, ca tovo a Dymna por entendudo, e púsole en mayor estado que antes estaba.
Et dijo el Rey al filósofo: «Ya oí lo que fizo Dymna, por ser una tan pequeña cosa et más vil que todas las bestias salvajes, al león e al buey, et oí en como enrizó a cada uno dellos el uno con el otro, fasta que desató su amor e su compaña; et ha en esto tantas de maravillas et fazañas que es grand avisamiento pora se home guardar de los homes traidores, e se apercibir contra los mezcladores et terrenos e de los falsos en sus falsedades e en sus engaños que facen. Et los homes entendudos non se deben asegurar en los semejantes homes, et non debe home facer nada por sus dichos que ellos digan, sin haber dello certodumbre, et desechar han aquellos que sentiere por tales.
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- versión moderna -
Capítulo 3
Del león e del buey e de la pesquisa de Dimna e de Calila
Dijo el rey a su filósofo: "Esto oído lo he; dame agora ejemplo de los dos que se aman, e los departe el mesturero, falso, mentiroso, que debe ser aborrecido como la vigambre, et los face querer mal, e los trae a aquello que querrían ser muertos antes, et han de perder sus cuerpos e sus almas". Dijo el filósofo: "Señor, cuando acaesce a dos homnes que se aman que el falso mesturero anda entre ellos, van atrás, e depártase e corrómpese el amiganza que es entre ellos. Et esto semeja lo que acaesció al león e al buey". Dijo el rey: "¿Cómo fue eso?".
Dijo el filósofo:
El enjemplo del león e del buey.
"Señor, dicen que en tierra de sus hijos que no sean Gurguen habla un rico mercader e había tres fijos. Et pródigosdespués que fueron de edad metiéronse el gastar el haber de su padre, e malbaratallo, e non se entremetían de ganar.
Et el padre, con dolor del amor que les habla, castigólos e díjoles: "Fijos, sabed que el seglar demanda tres cosas que non puede alcanzar si non con otras cuatro; e las tres que demanda son éstas: abondada vida, e alguna dignidad entre los homnes, e ante poner buenas obras para el otro siglo. Et las cuatro que ha de menester para alcanzar estas tres, son éstas: ganar haber de buena parte, e mantenello bien e facer le facer fruto, e despendello en las cosas que emiendan la vida, e vevir a placer de los parientes e de los amigos, e que torne con alguna pro para el otro mundo. E quien menosprecia alguna déstas non alcanza lo que desea; ca si non ganare non habrá haber en que viva; et si hobiere haber, e non le ficiere facer fruto, aína se debe acabar por poco que despienda; así como el conlirio de que non toman si non un poco dello, et con todo eso acábase. Et si le ficiere facer fruto e non lo diere en los lugares que debe, será contado por pobre que non ha haber; et esto non lo quitará que lo non pierda, así como la tina de agua en que caen las aguas que si non fallan salida fínchese, e hase de verter por muchas partes, et con todo esto podresce e vase el agua que está en ella a perdición".
Comienza la historia de Senceba.
Desí los fijos del mercader castigáronse e ficieron mandamiento de su padre. Et fuese el mayor dellos con su mercaduría a una tierra, e traía consigo una carreta con dos bueyes; et al uno decían Senceba e al otro Bendeba. Et cayó Senceba en un silo que había en aquel lugar. E sacáronlo, e fue tan maltrecho de la caída, que llegó a muerte. Et el mercader dejólo con uno de sus homnes, e mandóle que lo pensase bien, e si guaresciese que gelo llevase. Et el otro enojóse de lo guardar e dejolo, e fuese para do iba su amo, e díjole que el buey era muerto.
Et desí salió Senceba de aquel lugar, e andudo tanto que llegó a un plado verde e vicioso, que por su ventura le había de contescer de llegar ahí.
El que por huir de un peligro cae en otro. Et dicen que en el prado que él primeramente andaba, que un homne cogía yerbas e vino un lobo por detrás a él por le morder. E él, cuando lo sintió, comenzó a fuir. Et vido que en un río que estaba que había una puente quebrada, e dijo: "Si aquí estó, recelo del lobo, e si paso el río, lieva mucha agua e non sé nadar". Et acordó de se echar al agua, e fizo lo así. Et él yendo por el río que se quería afogar, viéronlo unos homnes de un aldea que estaba cerca e corriéronle e sacáronlo, e leváronlo al lugar. E arrimóse a una pared; et después que fue sano del peligro del agua, cayó la pared sobrél et matólo, e non pudo fallescer a la ventura, bien así como Senceba.
E a poco de tiempo engordó Senceba, e embraveció. Et cerca de aquel plado había un león, que era rey de todas las alimanias; e en aquel tiempo estaban con el león muchas dellas. Et este león era muy lozano. E cuando oía la voz de como el buey bramaba, en que non tal cosa había oído, espantábase mucho; mas non que ría que gelo sopiesen sus vasallos, et estovo quedo en su lugar. Et entre los otros vasallos que él allí, tenía, había. dos lobos cervales, et al uno decían Dimna e al otro Calila, e eran muy ardides e agudos, e era Dimna de más noble corazón e de mayor facienda, e el que menos se tenía por pagado del estado en que era; et el león non los había conoscido nin eran de la privanza fasta allí.
Dijo Dimna a Calila: "Ya vees cómo está el león en su lugar pecachado, que non se mueve nin se solaza como solía facer". Dijo Calila: "E tú, hermano, ¿qué has que preguntas lo que non has menester, nin te tiene pro en lo preguntar? Nos estamos en buen estado, e estamos a la puerta de nuestro rey, e tomamos lo que queremos, e non nos fallece nada de lo que habemos menester, e non somos de los que fablan con el rey sus fechos. E déjate desto, e sabe que el que se entremete de decir e de facer lo que non es para él, que le acaesce lo que acaesció a un simio artero que se entremetió de lo que non era suyo, nin le pertenescía". Dijo Dimna: ¿Cómo fue esto?"
La vulpeja y el tambor.
Dijo Dimna: "Dicen que una gulpeja fambrienta pasó por un árbol, et estaba un atambor colgado del árbol, e movióse el viento, et firiénronlo los ramos, e sonaba muy fuerte. Et la gulpeja oyó aquella voz, e fuese contra ella fasta que llegó a ella, et en que vio que era finchado, cuidóse que era de mucha carne, que había de mucha gordez, e fendiólo e vio que era hueco, e dijo: "Non sé; por ventura las más flacas cosas han mayores personas e más altas voces". Et fuese dende. "Et yo, señor, non te di este ejemplo si non por que he esperanza que sea esta cosa, cuya voz te espantó, atal como el atambor, e si a ella te llegases, más ligera te semejaría que tú non cuidas. Et, señor, si fuere la tu merced, envíame a ella, e está tú en tu lugar fasta que yo torne a ti con lo que sopiere de su facienda". Et desto que dijo Urrina plugo, al león, et díjole: "Pues vete". Et fuese Dimna, e pensó el león en su facienda, e dijo en su corazón: "Non fice bien en fiarme en éste, para enviarlo al lugar do lo envío; ca el home, si es de la casa del rey, et es por luengo tiempo desdeñado non lo mereciendo, e mezclado a tuerto, o si es conocido por cobdicioso o por malicioso, o si es muy pobre, o si ha fecho algún gran pecado e se teme de la pena, o si es envidioso e malo que a ninguno non quiere bien, o si es testiguado por atrevido, o si le han fecho perder lo que tenía del rey, o si era oficial e gelo tollieron, o si a alguno fizo falsedat e sospecharon dél, o cayó en alguna culpa, o si sus iguales fueron probados por buenos et hobieron mijoría dél en dinidat e en honra, o si es de mala fe en su ley, o si ha esperanza de haber algún pro a daño de sus señores, o si se teme ende, o si es contrario a los privados de los señores, a todos éstos non debe el rey meter su facienda en sus manos, nin fiar en ellos, nin sigurarse. Et Dimna es discreto et sabidor, e tanto fue despreciado et desdeñado a mi puerta, e olvidado; et seméjame que tenía mala voluntad, et esto fizo para engañarme e meterme en mal; et si, por aventura fallare aquel animal que brama, que es más fuerte que yo o de mayor poder, e éste le prometiere de su algo, será con él contra mí, et descubrir le ha mi vergüenza e mi cobardez".
Et non cesó el león de fablar consigo mismo et de se maltraer, tanto que se levantó del lugar donde estaba, et arrufábase de mala manera. Et desque vino Dimna entró a él. Dijo el león: "¿Qué viste o qué feciste?" Dijo Dimna: "Vi un buey que fizo la voz que oíste". Dijo el león: "¿Qué fuerza ha?" Dijo Dimna: "Non ha fuerza nin valentía, ca yo me allegué a él, et estude en par dél, así como está home con su igual, e non me pudo facer nada". Dijo el león a Dimna: "Non te engañe eso, nin lo tengas por flaco por eso, ca el fuerte viento non quebranta las chicas pajas, mas desraiga los grandes árboles; otrosí las armadijas unas a otras non se prenden". Dijo Dimna: "Non hayas miedo dél, nin lo tengas en corazón; et si quisieres, yo te lo traeré, que sea tu siervo e obediente". Et cuando el león oyó esto alegróse e dijo: "Sabe que me place dello, e vete". Et fuese Dimna a Senceba, et díjole atrevídaniente e sin miedo: "Mi señor el león me envía a ti que te lieve, et díjome que si tú fueses a él luego obediente, que te atreguaría del pecado que has fecho en osar entrar sin su mandado en su señorío et sin lo ir ver, et si tú te tardares et non quisieres, que me torne a él, et que gelo faga saber". Dijo Senceba: "Si tú me fecieres homenaje por él, que non reciban mal nin daño, yo iré contigo". Et él fízole el homenaje que le demandó, et desí fuéronse amos en uno, e entraron al león, et preguntó el león a Senceba buenamente, et díjole: "¿Cuándo llegaste a esta tierra et qué cosa te fizo acá venir? "Et él contóle toda su facienda. Et dijo el león: "Vive comigo, e facerte he honra". Et el buey gradeciógelo mucho et homillósele. Desí el león aprivóle e allególe a sí, et tomó consejo dél, et metiólo en sus poridades e en sus cosas. Et duró así el buey un tiempo, et íbale todavía queriendo más et pagándose más dél, atanto que fue el más privado de su compaña, et el que más él amaba e preciaba. Et cuando vio Dimna que el león se apartaba con Senceba sin él e sin la otra compaña, pesóle et hubo ende grande envidia, et querellóse a su hermano Calilia, et díjole: "Hermano, ¿non te maravillas de mi mal seso et de mi locura, et de cómo pensé en pro del león, e trabajé en le traer el buey que me ha echado de mi dinidat?" Dijo Calila: "Pues acaeció a ti lo que acaesció al religioso". Dijo Dimna: "¿Et cómo fue eso?"
Los mures que comían hierro.
Dijo Calila: "Dicen que en una tierra había un mercador pobre, e quísose ir en su camino, et había ciento quintales de fierro, et dejólos en encomienda a un homne que él conoscía, et fuese para lo que había menester, e pues que fue venido demando gelo. Et aquel homne habíalo vendido e despendido el prescio dello, et díjole: "Yo le tenía al rencón de mi casa, e comieron de los mures". Dijo el mercador: "Ya oí decir muchas veces que non es ninguna cosa que más roya el fierro que ellos, et non daría nada por esto pues tu estorciste bien dellos". Et el otro pagóse desto que le oyó decir et díjole: "Come e bebe hoy comigo". Et prometióle que tornaría a él, e salióse ende, e guisó cómo le tomó un su fijo pequeño que había e levólo para su casa e escondiólo. Desí tornóse para él, et el otro preguntóle: "¿Viste mío fijo?" Díjole: "Vi cuando fue cerca de allí un azor que arrebató un niño; quizá tu fijo era". Et el otro dio grandes voces e quejóse e dijo: "¿Vistes nunca tal, un azor arrebatar un niño?" Dijo el mercador: "En la tierra do los mures comen ciento quintales de fierro, non es maravilla que sus azores arrebaten los infantes". Et entonces dijo el homne bueno: "Yo comí tu fierro e tósigo comí e metí en mi vientre". Dijo el mercador: "Pues yo tomé tu fijo". Et díjole el homne: "Pues dame mi fijo e yo darte he lo que me diste en encomienda". E fue fecho así.
"Et yo non te di este ejemplo si non porque sepas que feciste a tu señor traición al que tú probaras por muy bueno, et non hay dubda que otro tal fagas a otri; ca el amor non ha en ti do more nin lugar do esté; ca non es cosa que peor empleada sea que el amor en quien non ha lealtad, e el bien en quien non lo agradesce, e el saber en quien non lo entiende, et la poridad, en quien non la cela. Et yo desfuciado só que tu natura se mude nin tus costumbres se cambien et sé quel árbol amarga, maguer lo unten con miel, non se muda de su sustancia. Et yo temíame de tu compaña; ca facer compaña con los buenos nasce ende bien e buena andanza, e en facer compañía con los malos face al homne venir a repentencia. Et tal es el mal como el viento, que si pasa por fedor lleva ende fedor, e si pasa por buen olor lleva ende otrosí. Et yo sé cuánto te agravia lo que te digo, ca los homnes nescios siempre se agravian de los entendidos, e los viles de los honestos, e los desmesurados de los mesurados, e los torticeros de los derecheros". Et en este lugar se acabó la razón de Calila e Dimna. Et acabó el león de matar al buey. Et pues que lo hubo muerto, repintióse e pensó de su facienda, e lo que ficiera. Et después que se amansó la saña que había, dijo: "¡Oh!, cuánto me ha mancillado Senceba en sí mismo, ca era de buen consejo e agudo, e non sé por ventura si fue acusado a tuerto".
E estovo muy triste et muy repentido e quejoso mucho por lo que ficiera. Et viólo Dimna, e levantóse de cerca de Calila e llegóse a él e díjole: "Señor, Dios te metió en poder, a ti e a los tuyos, tu enemigo; pues ¿por qué estás triste?" Dijo el león: "Prisióme piadat por que maté a Senceba, por que era entendido e honesto e de buen amor e leal, et he duelo dél". Dijo Dimna: "Non digas así, señor, nin hayas piadat del que temieres; ca el rey anviso a las veces aborrece a algunt homne e aluéngalo de sí. Desí fuérzalo su talante e aprívalo e metel sus cosas en mano por que sabe que es bueno e agucioso, así como el que fuerza su talente a tomar la melecina desaborida con esperanza que fará pro; et a las veces ama a alguno homne e aprívalo, desí mátalo e derráigalo por miedo que le non faga daño, así como aquel que le muerde la culebra en el dedo e lo taja por miedo que se non espanda el tésico en su cuerpo e muera". Et cuando esto oyó el león, creólo, e aprivólo, e púsulo en mayor dignidat.
Dijo el rey al filósofo: "Ya oí lo que fizo Dimna, por ser tan pequeño e el más vil de todas las bestias salvages, al león e al buey, e de cómo enrizó a cada uno dellos contra el otro fasta que desató su amor e su compañía, et en esto he oído a tan maravillosas e tantas fazañas que es asaz complimiento para se guardar homne e de se apercebir de los mezcladores e de los terreros, e de los falsos en las sus falsedades et sus engaños que facen. Et los homnes entendidos deben perseguir las mentiras e falsedades, e perseguir los mezcladores: a escodriñar tales cosas; desí non facer, por ningunt dicho que les ellos digan, nada si non con asosegamiento e con recabdo, e desechar a todos aquellos que conosciese por tales".
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