antologia calila e dimna [Indice]
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Calila e Dimna
  • "Capítulo 1" 
  • "Cómo el rey Sirechuel envió
    a Berzebuy a tierra de India"
     
  • "Capítulo 2" 
  • "Historia del médico Berzebuey" 
  • "Capítulo 3"  
  • - "Del león e del buey e
    de la pesquisa de Dimna e de Calila"
     
  • - "El enjemplo del león e del buey."
  • "Capítulo 4"  
  • - "La gulpeja e el atambor."  
  • - "De los mures que comían hierro."  
  • "Capítulo 5"
  • "La hestoria del mur."
  • "Capítulo 6"
  • - "De la jineta, de la liebre et del gato ayunador."
  • - "Del carpentero que dio oídos a la lisonja."
  • "Capítulo 7"
  • "El asno sin corazón y sin orejas."
  • "Capítulo 8"
  • "Del religioso que vertió la miel
    et la manteca sobre su cabeza."
  • "Capítulo 11"
  • "De las dos palomas, maslo e fembra."
  • "Capítulo 12"
  • "Del arquero e de la leona e del anxahar."
  • "Capítulo 13"
  • - "Del religioso e de su huesped."
  • - "Del cuervo e la perdiz."
  • "Capítulo 16"
  • "Del fijo del rey, e del fidalgo,
    e de sus compañeros."
  • "Capítulo 17"
  • "Del mur e del gato."
  • "Capítulo 18"
  • "De la golpeja e de la paloma e del alcaraván,
    e es capítulo del que da consejo a otri, e non lo tiene para sí."
  • Capítulo 1

    Cómo el rey de Xirben envió a Bersehumey a tierra de India.

    Dicen que en tiempo de los reyes de los gentiles, reinando el rey Nixhuen, que fue fijo de Cadet, fue un home a que dezién Bersehuey, et era físico e príncipe de los físicos del reino, e habié del rey grant dinidat e grand honra e cátreda conoscida; et como quier que era físico, era sábio e filósofo, et dio al rey de India una petición que decía que él fallara en las escripturas de los filósofos que en tierra de India había unos montes en que había tantas de yerbas e de muchas maneras, et si conocidas fuesen e cogidas, e confecionadas, sacarían dellas melecina con que resucitaría los muertos. Et rogó al rey que le diese licencia para ir buscarlas, e que le ayudase para la despensa, et que le diese sus cartas para todos los reyes de India que le ayudasen, para que él podiese recabdar esto por que iba. E al rey le plogo, et guisóle para los reyes a quien iba Bersehuey sus presentes, según que era costumbre de los reyes cuando unos a otros enviaban sus mandaderos con sus cartas por lo que habían menester. Et fuese Bersehuey por su mandado, e andudo tanto fasta que llegó a tierra de India, et desí dio aquellas cartas et aquellos presentes que traía a cada uno de aquellos reyes, et demandóles licencia para ir buscar aquello por que era venido a ellos. Et diéronle todos licencia et dejáronle ir buscar, et ficiéronle ayuda para ello. Et duró Bersehuey en catar estas plantas et yerbas que eran en aquellos montes doce meses, volviéndolas con las melecinas que eran dichas en sus escripturas, et facía esto con gran diligencia; desí melecinaba con ellas los muertos, et non veía que ninguno resucitase, et entonces dudó Bersehuey en sus escripturas, et desfiuzó dellas, et cayó en grande escándalo de su facienda, et tovo por cosa vergonzosa de así tornar a su señor el rey necio e vago e errado, et con tan mal recabdo. Et querellóse desto a los filósofos e a los físicos del rey de India, et ellos dijéronle que aquello mismo fallaban en sus escripturas, que él había fallado en las suyas, et era propiamente el entendimiento de los libros de la filosofía et el saber que puso Dios en algunos cuerpos, et que la melecina que él decía son las escripturas en que son los castigos e el saber, et que los muertos que resucitaban con aquellas yerbas son los homes nescios que non saben cuándo son melecinados con el saber, e les facen entender las cosas, e explanándolas aprenden de aquellas escripturas, que son tomadas de aquellos sabios, et luego, leyendo aprenden el saber et alumbran sus entendimientos. Et cuando esto sopo Bersehuey, buscó aquellas escripturas e fallólas en lenguaje de India, et de su letra trasladólas, trabajándose en las tornar en lenguaje de Persia, et concertólas, Desí tornóse al rey Nixhuen, su señor. Et este rey era muy acucioso en allegar el saber, et en aprobar los filósofos e amarlos mas que a otros, et punnaba en aprender el saber e amarlo mas que a muchos deleites de los que los reyes se entremetían. Et esa hora mandó Bersehuey a todo el pueblo que tomasen aquellas escripturas et que las leyesen, et que rogasen a Dios que les diese saber porque las entendiesen, e diólas a aquellos que eran mas sus privados et más acerca del rey; et la una de aquestas escripturas fue aqueste libro que dicen CALILA E DYMNA, et era el primero capítulo deste libro el capítulo de Bersehuey, et de lo que dijo de sí et de su linaje, et de cómo era movible en las cosas, tanto que él hobo de meterse en religión. Desí puso en este libro lo que trasladó de los libros de India, et unas quistiones que fizo un rey de los reyes de India, que había nombre Dicelen, a un su alguacil que decían Bundobet, e era el filósofo a que él más amaba, et de quien más fiaba, e a quien más bien fizo et el que más sabía. Et mandóle que respondiese a ellas capítulo por capítulo, respuesta verdadera et apuesta, et que le dijese enjemplos et semejanzas por tal que él viese la certidumbre de su respuesta, et que lo ayuntase en un libro entero, por tal que lo él tomase por castigo para sí mismo, et que lo alcanzaría en sus armarios, et que lo dejaría por heredat a los reyes que después dél veniesen.

    - versión moderna -

    Capítulo 1

    Cómo el rey Sirechuel envió
    a Berzebuy a tierra de India


    Dicen que en tiempo de los reyes de los gentiles, reinando el rey Sirechuel, que fue fijo de Cades, fue un homne a que decían Berzebuey, que era físico e príncipe de los físicos del regno; e había con el rey grant dignidad e honra, e cátedra conoscida. Et como quier que era físico conoscido, era sabio e filósofo, et dio al rey de India una petición, la cual decía que fallaba en escripturas de los filósofos que en tierra de India había unos montes en que había tantas yerbas de muchas maneras, e que si conoscidas fuesen e sacadas e confacionadas, que se sacarían dellas melecinas con que resucitasen los muertos; e fizo al rey que le diese licencia para ir huscarlas, et que le ayudase para la despensa, e que le diese sus cartas para todos los reyes de India, que le ayudasen por que él pudiese recabdar aquello por que iba.
    Et el rey otorgógelo e aguciólo; et envió con él sus presentes para los reyes donde iba, segunt que era costumbre de los reyes cuando unos enviaban a otros sus mandaderos con sus cartas por lo que habían menester. Et fuese Berzebuey por su mandado, et andudo tanto fasta que llegó a tierra de India. Desí dio las cartas e los presentes que traía a cada uno de aquellos reyes, et demandóles licencia para ir buscar aquello por que era venido. Et ellos diéronle todos licencia e ayuda.
    Et duró en coger estas yerbas e plantas grand tiempo, más de un año, et volviéndolas con las melecinas que decían sus libros, et faciendo esto con grand diligencia. Desí probólas en los finados, e non resucitaron ningunos; e entonces dubdó en sus escripturas, e cayó en grand escándalo, et tovo por cosa vergonzosa de tornar a su señor el rey con tan mal recabdo.
    E quejóse desto a los filósofos de los reyes de India. Et ellos dijéronle que eso mismo fallaron ellos en sus escripturas que él había fallado, e propiamente el entendimiento de los libros de la su filosofía et el saber que Dios puso en ellos son las yerbas, et que la melecina que en ellos decía son los buenos castigos e el saber, et los muertos que resucitasen con aquellas yerbas son los homnes nescios que non saben cuándo son melecinados en el saber, e les facen entender las cosas, e esplanándolas aprenden de aquellas cosas que son tomadas de los sabios, et luego, en leyendo aprenden el saber et alumbran sus entendimientos.
    Et cuando esto sopo Berzebuey buscó aquellas escripturas e fallólas en lenguaje de India e trasladólas en lenguaje de Persia, et concertólas. Desí tornóse al rey su señor. Et este rey era muy acucioso en allegar el saber, e en amar los filósofos más que a otri, e trabajábase en aprender el saber, et amábalo más que a muchos deleites en que los reyes se entremeten. Et cuando fue Berzebuey en su tierra, mandó a todo el pueblo que tomase aquellos escriptos e que los leyesen, et rogasen a Dios que les diese gracia con que los entendiesen, e dioles aquellos que eran más privados en la casa del rey. Et el uno de aquellos escriptos es aqueste libro de Calila e Dimna.
    Desí puso en este libro lo que trasladó de los libros de India, unas cuestiones que fizo un rey de India que había nombre Dicelem, et al su aguacil decían Burduben; et era filósofo a quien él más amaba. Et mandóle que respondiese a ellas capítulo por capítulo, et respuesta verdadera e apuesta, et que le diese ejemplos e semejanzas et por tal que viese la certedumbre de su respuesta, et que lo ayuntase en un libro entero, por que lo él tomase por castigo para sí, et que lo dejase después de su vida a los que dél descendiesen.
    Et era el primero capítulo del león et del buey, que es después de la estoria de Berzebuey el menge.

    Capítulo 2 -

    La hestoria, de Bersehuey, el filósofo.

    Mi padre fue de Mortedilla, et mi madre fue de los del Algabe, et de los legistas, Et una de las cosas en que primeramente Dios me comenzó a facer bien e merced, fue que yo fui el mas honrado fijo que mi padre e mi madre habían, et ellos criáronme lo mejor que podieron, gobernándome de las mejores viandas que podían, fasta que ove nueve años complidos, et desí metiéronme en mano de los maestros, et yo non cesé de aprender la gramática et de meter la mi ánima a sotileza et a buen entendimiento, atanto que vencí a mis compañeros et a mis iguales, et valí mas que ellos, et leí libros, et conocí et sope sus entendimientos. Et afirmóse el mi corazón en lo que leí de las escripturas de los filósofos, et lo que decoré de las palabras de los sabios et de las quistiones que facían unos a otros, et de las disputaciones que facían entre sí. Et mantove esto con mi entendimiento et concertélo con la opinión que yo tenía, et sope que eran acordados en los cursos del año, et de los meses et de los días et en las naturas de los cuerpos, e en los días e en los casos de las enfermedades, et en las maneras de sus melecinamientos et de su salut, et en todo aquello fiaron et certificaron et posiéronlo en escripto, et lo escondieron en los armarios del tesoro de los reyes pora ser bien guardado. Et plúgome de trabajar en saberlo, et comencé a leer sus libros fasta que los entendí e vi las naturas de los cuerpos e las causas de las malaltías e las maneras del su melecinamiento, et sope ende atanto que me metí a melecinar enfermos. Et después que me metí a lo que he dicho, di a escoger a mi ánima en estas cuatro cosas que los homes demandan en este siglo et se trabajan de las haber et las cobdician; et dixe: ¿cuál destas cuatro cosas debo demandar, según la cuantidat del mi saber, e cuál es la que me fará alcanzar lo que es menester, si las podiese haber, o deleites o fama o riqueza o gualardón del otro siglo? Et vi que demandando home juntas todas las cuatro cosas, el que demanda llega a cualquier dellas que quisiere. Et fallé que era cosa loada cerca los entendudos, e non denostada de los sabios e de las leyes e de las setas, et que non se alcanza por dineros; et fallé en las escripturas de la física que el más santo de los físicos es aquél que non quiere haber por su física sinon el gualardón del otro siglo. Et comedí en mi corazón, et fallé que todas las cosas en que los homes se trabajan son fallecederas; et yo non vi ninguno de mis antecesores que su apañar le ficiese durable en este mundo nin lo librase de la muerte et de lo que viene después della. Et fallé en los libros de la física que el mas piadoso físico e el que mas sabe es aquél que primeramente comienza a melecinar su alma de sus enfermedades; et el que es en mejor estado es aquel que con su física punna en emendar su facienda para el otro siglo, et que non toma la arte de la física por mercadería e por ganar las riquezas deste mundo. Et el que quisiere por su física haber el gualardón del otro siglo, non le mengua riqueza en este mundo, et es en aquesto atal como el labrador que siembra las legumbres por haber mieses en la tierra, et ha de aquesto cuanto quiere, et con todo aquesto non le mengua de haber. Et tove en bien de perseverar en aquesto por haber gualardón en el otro mundo et merecimiento de Dios, e non quise haber por esto el apostura deste mundo; ca serié atal como el mercadero perdidoso que vendió sus piedras por vidrio que non valía nada, e podiera haber del precio dellas riqueza para en toda su vida. Et comencé de melecinar los enfermos en esperanza del gualardón del otro siglo, así que non dejé enfermo que yo oviese esperanza de le guarecer e de sanarlo de su enfermedad con mi melecinamiento, que non feciese mi poder en guarecerlo; e al que yo por mí mesmo pude visitar, fícelo, e non lo metí en mano de otro, et al que non pude esto facer dejéle mi melecinamiento, et dejéle las melecinas que había menester, et non quise haber gualardón nin merecimiento de aquellos a quien esto fice, e non ove envidia de mis iguales, nin de los que habían más haber que yo, nin del bien que Dios les había dado. Mas era el mi mayor cuidado, a lo que más me yo inclinaba, et de lo que más me trabajaba, que punnase más que él en saber e en me trabajar en haber gualardón de Dios, et con su buen merecimiento. Et estude en esto un tiempo fasta que vencí el saber deste mundo, et contendí conmigo por el algo que veía haber a los otros, et yo non quise ál sinon contender con mi alma et defenderla de se non abrazar de las cosas, que nunca hobo ninguno que por ellas non apocase su algo, et acrecentase su lacerio. Et remembráronseme las penas que había de sofrir después que de aqueste mundo partiese por facerle olvidar aquellas cosas de que había saber. Et díjele: ¡ay alma! que non has vergüenza de facer comunidat con los perezosos, necios, en amar este mundo fallecedero; ca aquel que alguna cosa ha dél non es suyo nin finca con él, et non lo aman salvo los engañados negligentes. Conviértete desta necedat et desta locura, et métete con toda tu fuerza e con grito a adelantar algún bien para el otro siglo, et guárdate de levarlo en traspaso; et non te asegures en él, et miémbrate cómo en este cuerpo ha muchas ocasiones, e cómo es lleno de humores podridos e lijosos, e son por todos cuatro humores contrarios que sostiene la vida mezquina que ha de fallecer, así como el ídolo descoyuntado, que cuando sus miembros son compuestos o puestos cada uno en su logar, ayúntalos un priego que es engrut que los face tener unos con otros, et cuando es quebrantado el priego, cáense las junturas et desfácese todo, ¡ay, alma! non me engañes en la compañía de tus amigos et de tus bienquerientes, e non hayas desto codicia; ca la compañía de aquellos que tanta alegría muestran trae muy grant daño e muy grant dolor, et al acabamiento hanse de partir et es esto atal como la cuchar de fuste, que esiempre usada en la calentura, et en cabo quiébrase serviendo, et encima su facienda en ser quemada en el fuego; ¡ay alma! non tomes placer en ayuntarte con tus querientes e con tus amigos en ayuntar haberes ayuntándolos por haber gracia e amor dellos, ca series en esto atal como el safumerio que quema a sí e llevan los homes su buen olor; ¡ay alma! non te fies en las riquezas et en las dinidades con que se alegran los mundanos; ca estos non saben en cuán. pequeñas cosas están fasta que las pierden, et acaesce así como de los cabellos, que home ama mucho cuando los tiene en la cabeza, et péinalos et úntalos con buenos ungüentos, et cuando de la cabeza son partidos, ha asco de los ver et fuye dellos; ¡ay alma! persevera en melecinar los enfermos, et non te tire dello el afán de la física, porque los homes non lo saben; mas asma de un home que espaciase a otro de alguna cuita et lo librase de algunt mal fasta que le tornase a la paz e a la folgura en que era, si este atal debe haber gran gualardón e gran merecimiento, según Dios; pues ¿cuánto debe haber de gualardón el físico que por gualardón de Dios melecina a muchos et los saca de grant peligro con la ayuda de Dios? ¡Ay alma! non se te aluengue el otro siglo, porque te hayas a enclinar a este; ca seriés en tomar de mano lo poco et dar por ello lo mucho, atal como el mercador que había una casa llena de oro et de plata, e dijo: «si la vendiere a peso, alongárseme ha»; et vendióla a ojo por mal precio.
    Et habiendo esta contienda con mi alma, non falló carrera ninguna pora me vencer, et confesóse e conoció el menosprecio de aquellas cosas a que se acostaba. Et perseveró en melecinar los enfermos por haber el gualardón del otro siglo; et esto non me tollió de haber buena parte de las cosas deste mundo et de la privanza de los reyes, ante que fuese a India et después que me torné, aun mas de lo que yo quería. Desí estudié en la física et fallé que el físico non puede melecinar a ninguno con melecina que le segure de enfermedat en toda su vida, et non sope el guarecer como toviese pro, non seyendo home seguro al tiempo de non tornar de cabo a la enfermedat et de acrecentar en otra cosa mas fuerte. Et por ende fallé que las obras del otro siglo son cosas que libran a los homes de las enfermedades, et fallé que la enfermedat del ánima es la mayor enfermedat, et por ende desprecié la física e trabajéme de la ley, et ove ende sabor et dudé en ella, et non fallé en las escripturas de la física mejoría de ninguna ley, et fallé las leyes mucho alongadas e las letras muchas, e aquellos que las tenían habíanlas heredadas de sus padres, e otros que las tenían amidos e con miedo; et otros que querían haber por ellas este mundo e que se trabajaban de ganar con ellas en sus vidas; et otros entendudos de simples voluntades que non dudaban que tienen la verdad, et non habían dello viva razón, nin cosa con que cumplesen de razón a quien les ficiese dello quistión, et todos se enfingién que tenién derecho, et que los que contra ellos eran que yacién en yerro e en perdimento. Et vi entre ellos gran contrariedat en el criador, et en las criaturas, et en el comienzo et en la fin del mundo; et tove por bien de otorgar a los sabios e a los mayorales de cada una cosa, et leer sus comentarios, e ver qué dirían por razón de saber e departir, e conocer por ende la verdat de la mentira, et escoger e apartar la una de la otra; et conocida la verdat obligarme a ella verdadera; mente e de cierto, et non creer lo que non cumpliese nin seguir lo que non entendiese. Et fice esto, e pregunté, e pensé, et non fallé ninguno dellos que me dijese mas que alabar a sí et a su ley, e denostar el ajena; et vi manifiestamente que se inclinaban a sus sabores, et que por su sabor trabajaban et non por el derecho. Nin fallé en ninguno dellos razón que fuese verdadera nin derecha, tal que la conociese home entendudo, et non la contradijese. E desque esto vi non fallé carrera por donde siguiese a ninguno dellos; et sope que si non creyese a alguno dellos lo que yo non sopiese, que sería atal como el ladrón engañado que fablamos en un ejemplo, e es el siguiente.

    - versión moderna -

    Capítulo 2

    Historia del médico Berzebuey

    Mio padre fue de Mercecilia, e mi madre fue de las fijasdalgo de Azemosuna et de los legistas. Et una de las cosas en que Dios me fizo merced, es que fui yo el mejor de sus fijos. Et ellos criáronme lo mejor que pudieron, gobernándome de la mejores viandas que pudieron fasta que hube nueve años complidos; et desí pusieron me con los maestros. Et yo non cesé de continuar en aprender la gramática et de meter la mi cara a sotileza e a buen entendimiento, a tanto que vencí a mis compañeros et a mis iguales et valí más que ellos, e leí libros e conoscí e sope sus entendimientos, e afirmóse en el mi corazón lo que leí de las escripturas de los filósofos. Et decoré las palabras de los sabios, e las cuestiones que facían unos a otros, e las disputaciones que facían entre sí.
    E mantove esto con mi entendimiento e concertélo con la opinión que yo tenía, et sope que eran acordados en los cursos del año e de los meses e de los días, e en las naturas de los cuerpos e en las cosas de las enfermedades e en las maneras de sus melecinamientos e de su salud. Et pusiéronlo por escripto e plúgome de lo saber. Et comencé a leer sus libros fasta que los entendí; et vi las maneras de los cuerpos, las cosas de las maletías e las maneras del melecinamiento. Et sope en ello a tanto que me metí a melecinar enfermos. Et después que lo comencé, di a mi alma a escoger en estas cuatro cosas que los homnes demandan en este siglo e se trabajan de las haber e las cobdician. Et dije: "¿Cuál destas cuatro cosas debo demandar segunt la cuantidad del mi saber, e cuál es la que me fará alcanzar lo que he menester, et si lo pudiere haber, deleites o fama o riqueza o galardón del otro siglo?" Et vi que demandando ayuntado todas cuatro cosas, el que demanda llega a cualquier dellas que quisiere. Et fallé que la melecina era cosa loada cerca de los entendidos, e non denostada de los sabios e de las leyes e de las setas. Et fallé que el más santo de los físicos es aquel que non quiere haber por su física salvo el galardón del otro siglo. Et comedí en mi corazón, et fallé que todas las cosas en que los homnes se trabajan son fallecederas. Et yo non vi a ninguno de, mis antecesores que su allegar lo ficiese durable en este mundo, nin que lo librase de la muerte e de lo que aviene después della. Et fallé en los libros de la física quel más piadoso físico es aquel que primeramente comienza a melecinar su alma e sus enfermedades; et el que es en mejor estado es aquel que con su física trabaja en enmendar su estado para el otro siglo, et que non torna el arte de la física por mercaduría et por ganar la riqueza deste mundo.
    Et el que quiere por su física haber el galardón en el otro siglo, non le menguaba riqueza en este mundo. Et es en aquesto atal como el labrador que siembra las legumbres en la tierra por haber mieses et ha de aquesto cuanto quiere. Con todo aquesto non le mengua y de haber algunas yerbas de que se ayude e se aproveche. Et tove por bien de perseverar en esto por haber galardón en el otro siglo, e merescimiento de Dios. Et non quise por esto haber el apostura deste mundo; que sería tal como el mercador perdidoso que vendió sus piedras preciosas por vedrio que non valía nada, e pudiera haber del precio dellas grand riqueza para en toda su vida.
    Et comencé a melecinar los enfermos so esperanza del galardón del otro siglo; así que non dejé enfermo que yo hobiese esperanza de lo guarescer e de lo sanar de su enfermedad con mi melecinamiento, que non metiese mi poder en lo guarescer. Et al que yo por mí mesmo pude sanar, fícelo e non le metí en mano de otri; et al que non pude esto facer dejé e su melecinamiento e dejéle las melecinas que había menester, et non quise haber galardón nin merescimiento de aquellos a quien esto fice. Et non había envidia de mis iguales nin de los que habían más haber que yo, nin del bien que Dios les había dado. Mas era el mío mayor cuidado e a lo que más me inclinaba e de lo que más me trabajaba, que pugnase más quél en saber, e en me trabajar en haber galardón de Dios.
    Et estude en esto un tiempo fasta que vencí al saber deste mundo, et contendí comigo por el algo que veía haber a los otros. Et yo non quise al salvo contender con mi alma e defenderla de non se apartar de las cosas que nunca hubo ninguno que por ellas non apocase su algo e que non acresciese su lacerio. Et remembraron me las penas que había de sofrir después que deste mundo partiese por la facer olvidar aquellas cosas de que había sabor. Et díjele: "¡Ay alma!, que non has vergüenza de facer comunidad con los perezosos, nescios, en amar este mundo fallescedero; ca aquel que alguna cosa ha dél non es suyo nin finca con él, et non lo aman salvo los engañados negligentes.
    Conviértete desta nescedat e desta locura, et métete con toda tu fuerza a facer algún bien para el otro siglo, et guárdate de lo llevar en traspaso, e non te asegures en él.
    Et miémbrate en cómo en este cuerpo ha muchas ocasiones et cómo es lleno de malas cosas lijosas; e son, por todas, cuatro humores que sostienen la vida mezquina que ha de fallescer, así como el ídolo descoyuntado que cuando sus miembros son compuestos e puestos cada uno en su lugar, ayuntan los con engrudo, que los face tener unos con otros, e cuando es quebrantado el plego cáensele las juntaduras e desfácese todo: ¡ay alma!, non te engañes en la compañía de tus amigos e de tus bien querientes e non hayas desto grand cobdicia; pues que a la fin la tu compañía se ha de partir. Et esto es atal como la cuchara de palo que es siempre usada en la calentura e en cabo quiébrase sirviendo e encímase su facienda a ser quemada en fuego.
    ¡Ay alma!, no tomes placer en ser ayuntada con tus querientes e con tus amados en ayuntar haberes, ayuntándolos por haber amor et gracia de ellos, que serías en esto atal como el safumerio que quema a sí e han folgura los homnes con su olor. ¡Ay alma!, non te fíes en las riquezas e en las dignidades en que se alegran los mundanos; ca éstos non saben en cuán pequeñas cosas están fasta que las pierden. Et acaesce así como a los cabellos, que cuando los homne tiene en la cabeza péinalos e úntalos con las mejores unturas que puede, et después que son fuera de la cabeza, halos homne asco de ver.
    ¡Ay alma!, persevera en melecinar los enfermos e non te tire dello el afán de la física porque los homnes non lo saben. Mas asma de un homne que librase a otro de algunt mal o lo escapase de alguna cuita fasta que lo tornase a la paz e a la forgura en que era, si este atal debe haber galardón segund Dios: pues ¿cuánto debe haber de galardón el físico que por galardón de Dios melecina muchos e los saca de grant peligro con la ayuda de Dios? ¡Ay alma!, non se te aluengue el otro siglo por que hayas a enclinar a éste; ca serías en tomar lo poco e dar por él lo mucho, así como el mercador que había una casa llena de oro e de plata, et dijo en sí: "Si la vendiere a peso alongarse me ha", e vendióla a ojo por mal precio.
    Et habiendo esta contienda con mi alma, non falló carrera ninguna para me vencer, e confesóse e conosció el menosprecio de aquellas cosas a que se acostaba, e perseveró en bien por ganar el otro siglo. Et non me estorbó esto de haber buena parte de este mundo e de la privanza de los reyes ante que fuese a India; e después que torné hube más de lo que quería. Et estudié en la física, et fallé que el físico non puede melecinar a ninguno con melecina que le segure de enfermedat toda su vida; e non sope cómo el guarescer toviese pro, non seyendo el homne seguro de non tornar a la enfermedat, le de acrescentar en otra cosa más fuerte.
    Et por ende fallé que las obras del otro siglo son las cosas que libran a los hornes de sus enfermedades. Et fallé que la enfermedad del ánima es la mayor enfermedad. Et por eso desprecié la física e trabajéme de la ley, et hube ende sabor; e dubdé en la física e non fallé en sus escrituras mejoría de ninguna ley. Et fallé las leyes mucho alongadas, et las setas muchas, e aquellos que las tenían habíanlas heredado de sus padres, et otros que las tenían habidas por fuerza, e otros que querían haber por ellas este mundo e que se trabajaban a ganar con ellas en sus vidas, et otros entendidos de simples voluntades que non dubdan que tienen la verdat, et non tienen buena razón a quien les ficiese cuestión sobre ello. Et todos se enfingíen que teníen derecho et que los que contra ellos eran que yacían en yerro e en perdimiento. Et vi entre ellos gran contrariedad en el criador et en las criaturas, e en el comienzo en la fin del mundo.
    Et tove por bien de otorgar a los sabios de cada una ley, sus comenzamientos e ver qué dirían, por razón de saber departir la verdat de la mentira, e escoger e amparar la una de la otra; et, conoscida la verdat, obligarme a ella verdaderamente, e non creer lo que non cumpliese e nin seguir lo que non entendiese. Et fize esto, et pregunté e pensé e non fallé ninguno dellos que me diese más que alabar a sí e a su ley e denostar al agena. Et vi manifiestamente que se enclinaban a sus sabores, e que por su sabor trabajaban et non por derecho; et nin fallé en ninguno dellos razón que fuese verdadera nin derecha, nin tal que la creyese homne entendido e non la contradijese con razón. Et después que esto vi non fallé carrera por donde siguiese a ninguno dellos; et sope que sí yo creyese a alguno dellos lo que non sopiese, que sería atal como el ladrón engañado que fabla en un ejemplo

    Capítulo 3 -

    Del león e del buey e de la pesquisa de Dymna e de Calila.

    Dijo el rey Abendubec a su filósofo: «Esto oído lo he; dame agora enjemplo de los dos que se aman, et los departe el mentiroso, falso, mesturero, que debe ser aborrecido en los cielos, e en la tierra, et en los infiernos, et en los aires, e los trae a tal estado que querrían antes ser muertos, que es perder sus cuerpos e sus ánimas.» Dijo el filósofo: «Señor, cuando acaece a dos homes que se aman que el falso e mesturero anda entre ellos, van atrás, et depártese et corrómpese el amistanza que es entrellos; et esto semeja lo que acaeció al león et al buey.» Dijo el rey: «Cómo fue eso?» Dijo el filósofo:

    El enjemplo del león e del buey.

    Dicen que en tierra de Jurgen había un rico mercadero que había tres fijos, et después que fueron de edat, metiéronse a desgastar el haber de su padre, e a malmeter, et non se entremetían de ninguna mercadería porque ganasen algo; et el padre con dolor de amor que les había, castigólos et maltrájolos, et fue esta una de las cosas que les dijo: «Fijos, sabed que el seglar demanda tres cosas, que se non pueden alcanzar sinon con otras cuatro: et las tres que demanda son estas: abondada vida, et haber alguna dinidat entre los homes, et anteponer buenas obras para el otro siglo; e las cuatro que ha menester para alcanzar estas tres son estas: ganar haber de buena parte, desí mantenerlo bien, desí facerle fruto, e despenderlo en las cosas que emienden la vida, et vivir a placer de los parientes et de los amigos, et que torne con alguna pro para el otro mundo. Et quien menosprecia alguna destas non alcanza lo que desea; ca si non ganare, non habrá haber con que viva; et si oviere haber, que lo sepa ganar, et que lo sepa mesurar et bien mantener, e sinon le feciere facer fruto, maguer que poco espienda, aína se acabará, así como el collirio del que non toman sinon el polvo, e con todo esto acábase aína e vase. E si lo ganare e le ficiere facer fruto, et desí non lo diere en los logares et en las maneras que debe, será contado por pobre e que non ha haber; et esto non le guardará de lo non perder et de lo desgastar donde non sabrá, et él non habrá ende nada: así como la tina del agua en que caen siempre las aguas, que, si non fallan salida, fínchese e hace de verter por muchas partes, et con todo esto podrécese e vase el agua que yace en ella a perdición.» Desí los fijos del mercadero castigáronse et ficieron mandamiento de su padre, et fuese el mayor dellos con mercadería a una tierra que decían Mayon; et traía consigo una carreta que tiraban dos bueyes; al uno decían Senceba et al otro Bendeba; et cayó Senceba en un silo que había en aquel logar, et sacáronle dende el mercadero et sus mancebos; et fue tan mal trecho de !a caída, que llegó a muerte, et el mercadero dejólo con uno de sus homes, et mandóle que le guardasen bien e que le pensase, e si guareciese que gelo levase. Et cuando vino el otro día de mañana, enojóse el home de estar ahí et dejó el buey; et fuese en pos de su señor fasta que le alcanzó, et díjole que el buey era muerto.
    Desí salió Senceba de aquel logar, et andudo tanto fasta que llegó a un prado muy verde e muy vicioso, que por su aventura le había de acontecer de llegar ahí, que non podia errar; et dicen que en el prado un home cogía yerba, e llegóse a él un lobo, e él non lo sintió fasta que fue cerca dél: et cuando lo vio, ovo muy grant miedo dél, e salió fuyendo contra una aldea, ribera de un río; et deque llegó al río falló una puente quebrada, et acuitábalo el lobo mucho, et él dijo: «¿Cómo faré, que el lobo me aqueja, e el río es fondo, e la puente es quebrada e yo non sé nadar? Empero non fallo ninguna cosa que mayor guarda me sea que echarme en el agua.» Et viéronle los de la aldea, et corrieron a sacarle, el él iba ya por muerto, e leváronle. Et después que llegó a la aldea, arrimóse a una paret; et cuando fue tornado en su acuerdo, comenzáronle los homes a retraer de lo que le conteciera et del grand peligro de que Dios le librara. El estando así, cayó la paret e matólo, et non pudo fallecer a lo que había ventura, bien así como Senceba. Desí a poco de tiempo engordó Senceba, e tornó lozano e blanco, e había ende acerca dél un león que era rey de las bestias fieras; et en aquel tiempo estaban con él muchas dellas; et este león era muy lozano et apartado en su consejo, et tenía que le complía ser ansí, et en oyendo la voz del bramido del buey, non habiéndola nunca oída, espantóse ende, et non quiso que gelo entendiesen sus vasallos, et estovo quedo en su lugar. Et entre los otros vasallos que él había allí, había ende dos lobos cervales, et al uno decían Dymna et al otro Calila, et eran muy ardidos e agudos; et era Dymna de más noble corazón, et de mayor facienda, et el que menos se tiene por pagado del estado en que era, et el león non los había conocidos, nin eran de su privanza fasta aquella hora.
    Et dijo Dymna a Calila: «Ya vees tú cómo está el león en su logar agachado, que non se mueve nin se solaza como solía facer.» Dijo Calila: «Et tú, hermano, ¿qué has que preguntar lo que non face menester, nin te tiene pro en lo preguntar? Nos estamos en muy buen estado, et somos a la puerta de nuestro rey, et tomamos lo que queremos, et non nos fallece cosa de lo que habemos menester, et non somos de la medida de los que se entremeten de fablar con los reyes, et que han de ver sus cosas. Et tú déjate desto, et sabe que el que se entremete de decir e de facer lo que non es para él, que le acaece lo que acaeció al ximio artero que se entremetió de lo que non era suyo, nin le pareció bien.» Dijo Dymna: «¿Cómo fue eso?»

    La gulpeja e el atambor.

    Dijo Dymna: «Dicen que una gulpeja fambrienta pasó cerca de un árbol en que estaba un atambor colgado, et movióse el viento e movió las ramas del árbol de guisa que las fizo ferir en el atambor, et sonó muy fuerte. Et la gulpeja, oyendo aquella voz, gozóse et fue contra allá fasta que llegó ende, et de que vio que su cobertura era de cuero, non dubdó que fuese lleno de carne, et que estaba finchado; et cuidóse que era de mucha carne que había e de mucha gordez, et fendiólo, e vio que era hueco, et dijo: «por aventura las más flacas cosas han mayores personas e mas altas voces.» Et fuese dende.
    Et yo, señor, non te di este ejemplo sinon porque he esperanza que sea esta cosa, cuya voz te espantó, atal como el atambor, e si a ella te llegases, más ligera te semejaría que tú non cuidas. Et, señor, si fuere la tu merced, envíame a ella et está tú en tu logar fasta que yo torne a ti con lo que sopiere de su facienda. Et desto que dijo Dymna plogo al león, et díjole: «Pues vete.»
    Et fuese Dymna, e pensó el león en su facienda, e dijo en su corazón. «Non fice bien en fiar me en este pora enviarlo al logar do lo envio, ca el home, si es de la casa del rey, et es por luengo tiempo desdeñado non lo mereciendo, o mezclado a tuerto, o si es conocido por cobdicioso o por malicioso, o si es muy pobre, o si ha fecho algún gran pecado e se teme de la pena, o si es envidioso e malo que a ninguno non quiere bien, o si es testiguado por atrevido, o si le han fecho perder lo que tenié del rey, o si era oficial e gelo tovieron, o si a alguno fizo falsedat e sospecharon dél, o cayó en alguna culpa, o si sus iguales fueron probados por buenos et ovieron mijoría dél en dinidat e en honra, o si es de mala fe en su ley, o si ha esperanza de haber algunt pro o daño de sus señores, e se teme ende, o si es contrario a los privados de los señores, a todos estos non debe el rey meter su facienda en sus manos nin fiar en ellos nin sigurarse. Et Dymna es discreto et sabidor, et tanto fue despreciado et desdeñado a mi puerta e olvidado, et seméjame que tenía mala voluntad, et esto fizo para engañarme e meterme en mal, et si por aventura fallare aquel animal que brama, que es más fuerte que yo o de mayor poder, e le prometiere de su algo, será con él contra mí, et descubrirle ha mi vergüenza e mi cobardez.»
    Et non cesó el león de fablar consigo mesmo et de se maltraer, tanto que se levantó del logar donde estaba, et arrufábase de mala manera. Et desque vino Dymna entró a él, e díjole el león: «¿Qué viste o qué feciste?» Dijo Dymna: «Vi un buey que fizo la voz que oíste.» Dijo el león: «¿Qué fuerza ha?» Dijo Dymna: «Non ha fuerza nin valentía, ca yo me llegué a él, et estude en par dél, así como está home con su igual, e non me pudo facer nada.» Dijo el león a Dymna: «Non te engañes en eso, nin lo tengas por flaco por eso, ca el fuerte viento non quebranta las chicas pajas, mas desraiga los grandes árboles; otrosí las armadijas unas a otras non se prenden.» Dijo Dymna: «Non hayas miedo dél, nin lo tengas en corazón, et si quisieres yo te lo traeré que sea tu siervo e obediente.» Et cuando el león oyó esto alegróse e dijo: «Sabe que me place dello, e vete.» Et fuese Dymna a Senceba, et díjole atrevidamente e sin miedo: «Mi señor el león me envía a ti que te lieve, et díjome que si tú fueses a él luego obediente, que te atreguaría del pecado que has fecho en osar entrar sin su mandado en su señorío et sin lo ir a ver, et si tú te tardares et non quisieres, que me torne a él et que gelo faga saber.» Dijo Senceba: «Si tú me ficieses homenaje por él que non reciba mal nin daño, yo iré contigo.» Et él fizóle el homenaje que le demandó, et desí fuéronse amos en uno e entraron al león, et díjole: «¿Cuándo llegaste a esta tierra et qué cosa te fizo acá venir?» Et él contóle toda su facienda; et dijo el león: «Vive amigo, e facerte he honra.» E el buey gradeciógelo mucho e omillósele. Desí el león aprivóle et allególe a sí, et tomó consejo dél, et metiólo en sus poridades e en sus cosas, et duró así el buey un tiempo, et íbale todavía queriendo más et pagándose mas dél, atanto, que fue le más privado de su compaña, et el que más él amaba e preciaba.
    Et cuando vio Dymna que el león se apartaba con Senceba sin él, e sin la otra compaña, pesóle et ovo ende grand envidia, et querellóse a su hermano Calila, et díjole: «Hermano, non te maravilles de mi mal seso et de mi locura, et de cómo pensé en pro del león, e trabajé en le traer el buey que me ha echado de mi dinidat.» Dijo Calila: «Pues acaesció a ti lo que acaesció al religioso.» Dijo Dymna: «¿Et cómo fue eso?»

    De los mures que comían hierro.

    Dijo Calila: «Dicen que en una tierra había un mercadero, e non era muy rico, e quísose ir en su camino, e tenía cient quintales de fierro, e dejólos en encomienda de un home que conocía, e fuese donde a su mercadería. E dende a tiempo tornó e demandó al home los cient quintales de fierro que le había dejado en guarda, et aquel home había ya vendido el fierro, et despendido los maravedís que le habían dado por ello, et dijo: «Yo lo puse en un rencón de mi casa, et comiéronmelo los mures.» Et dijo el mercadero: «Ya yo oí decir muchas veces que non ha cosa que más royan los mures que el fierro, e non me curo dello, pues Dios fizo merced a ti que estorciste dellos et escapaste, que non te comieron.» Et el otro pagóse de aquello que le oyó decir, et él fuese pora su posada, et aguardó un fijo que tenía aquel home a quien había dejado el fierro a guardar, e furtógelo que non lo vio ninguno, et escondióle muy bien, que era pequeño. Et el home, andando a buscar su fijo, preguntó al mercadero por él; el mercadero le dijo: «Vi un azor que se abajó, e levaba un niño en las uñas; bien pienso que era tu fijo.» Et el home dio muy grandes voces, diciendo: «¡Vistes nunca tal cosa que los azores cacen los niños? » Et dijo el mercadero: «Non he por muy grant maravilla que en la tierra que los mures comen cient quintales de fierro, que los azores cacen los niños.» Et entonces dijo el home: «Yo comí tu fierro e tósico mortal comí con ello.» Dijo el mercadero: «Yo comí tu fijo.» dijo el home: «Pues dame mi hijo, e darte he tu fierro.» Et dióle su fijo, et dióle el otro su fierro.
    «Et yo non te di este enjemplo, salvo porque sepas que feciste a tu señor traición, al cual tú probaste por bueno, e non dudo que non fagas otro tanto a otri, si con él vivieres; ca el amor nin el bien non han en ti logar donde moren nin estén: que non es cosa que peor empleada sea que el amor en el home en que non ha lealtad, e el bien facer en quien non lo agradece, et el saber que quien non lo entiende, et el que descubre su poridat a quien entiende que non gela guardará. Et yo desfiuzado estó de ti et de tu natura et de tus costumbres, que nunca demuden nin cambien en bien, que sé que el árbol que amarga, maguer que le unten con miel, non se muda de su sustancia. E yo siempre me temí de tu compaña; ca de facer compaña con los buenos nasce ende al home bien et buena andanza, et facer compaña con los maloface al home ganar enemistad e venir a repentencia, que tal es el mal como el viento que, si pasa por fedor, lieva ende su parte, et si pasa por buen olor lieva ende su parte. Et yo bien sé cuánto te agravia esto que te digo, que los homes nescios siempre se agravian del buen castigo de los entendudos, et los viles de los honestos, et los desmesurados de los mesurados, et los torticieros de los derecheros.»
    En este lugar se acaba la razón de Dymna et de Calila.
    Et habiendo acabado el león de matar a Senceba, et después que le hobo muerto, arrepintióse e hobo mancilla en su corazón, e pensó en su facienda e en lo que fizo, después que amansó su saña, et escomenzóse a pensar sobrello, e a quejarse entre sí mismo, et dijo: «Mal fice en matar a Senceba, que era de buen seso et de buen consejo, e agudo, e por aventura que fue acusado a tuerto.» Et estaba muy triste, e arrepintiéndose de lo que ficiera; e violo Dymna, e levantóse cerca de Calila, e llegóse al león e díjole: «Pues Dios te metió en corazón que matases a tu enemigo, ¿por qué estás triste?» Dijo el león: «Prísome piedat porque maté a Senceba, que era entendudo, e honesto, e de buen amor e leal, e duélome dél.» Dijo Dymna: «Señor, non digas eso, nin hayas piedad del que temieres; que el rey enviso a las veces aborrece a algunt home, e aluéngalo de sí; desí fuérzalo su talante, et aprívalo et mete sus cosas en su mano, porque sabe que es bueno e acucioso; así como el home que fuerza su talante a tomar la melecina desaborada con esperanza de que le fará pro, et a las veces ama a algunt home et aprívalo; desí mátale e desarraígalo por miedo que le non faga daño, así como aquel que muerde la culebra en el dedo, e tájalo por miedo que non se les esparza el tósigo por el cuerpo et muera por ello.» Et cuando esto oyó el león, alegróse un poco, ca tovo a Dymna por entendudo, e púsole en mayor estado que antes estaba.
    Et dijo el Rey al filósofo: «Ya oí lo que fizo Dymna, por ser una tan pequeña cosa et más vil que todas las bestias salvajes, al león e al buey, et oí en como enrizó a cada uno dellos el uno con el otro, fasta que desató su amor e su compaña; et ha en esto tantas de maravillas et fazañas que es grand avisamiento pora se home guardar de los homes traidores, e se apercibir contra los mezcladores et terrenos e de los falsos en sus falsedades e en sus engaños que facen. Et los homes entendudos non se deben asegurar en los semejantes homes, et non debe home facer nada por sus dichos que ellos digan, sin haber dello certodumbre, et desechar han aquellos que sentiere por tales.

    - versión moderna -

    Capítulo 3

    Del león e del buey e
    de la pesquisa de Dimna e de Calila


    Dijo el rey a su filósofo: "Esto oído lo he; dame agora ejemplo de los dos que se aman, e los departe el mesturero, falso, mentiroso, que debe ser aborrecido como la vigambre, et los face querer mal, e los trae a aquello que querrían ser muertos antes, et han de perder sus cuerpos e sus almas". Dijo el filósofo: "Señor, cuando acaesce a dos homnes que se aman que el falso mesturero anda entre ellos, van atrás, e depártase e corrómpese el amiganza que es entre ellos. Et esto semeja lo que acaesció al león e al buey". Dijo el rey: "¿Cómo fue eso?". Dijo el filósofo:

    El enjemplo del león e del buey.

    "Señor, dicen que en tierra de sus hijos que no sean Gurguen habla un rico mercader e había tres fijos. Et pródigosdespués que fueron de edad metiéronse el gastar el haber de su padre, e malbaratallo, e non se entremetían de ganar.
    Et el padre, con dolor del amor que les habla, castigólos e díjoles: "Fijos, sabed que el seglar demanda tres cosas que non puede alcanzar si non con otras cuatro; e las tres que demanda son éstas: abondada vida, e alguna dignidad entre los homnes, e ante poner buenas obras para el otro siglo. Et las cuatro que ha de menester para alcanzar estas tres, son éstas: ganar haber de buena parte, e mantenello bien e facer le facer fruto, e despendello en las cosas que emiendan la vida, e vevir a placer de los parientes e de los amigos, e que torne con alguna pro para el otro mundo. E quien menosprecia alguna déstas non alcanza lo que desea; ca si non ganare non habrá haber en que viva; et si hobiere haber, e non le ficiere facer fruto, aína se debe acabar por poco que despienda; así como el conlirio de que non toman si non un poco dello, et con todo eso acábase. Et si le ficiere facer fruto e non lo diere en los lugares que debe, será contado por pobre que non ha haber; et esto non lo quitará que lo non pierda, así como la tina de agua en que caen las aguas que si non fallan salida fínchese, e hase de verter por muchas partes, et con todo esto podresce e vase el agua que está en ella a perdición".
    Comienza la historia de Senceba.
    Desí los fijos del mercader castigáronse e ficieron mandamiento de su padre. Et fuese el mayor dellos con su mercaduría a una tierra, e traía consigo una carreta con dos bueyes; et al uno decían Senceba e al otro Bendeba. Et cayó Senceba en un silo que había en aquel lugar. E sacáronlo, e fue tan maltrecho de la caída, que llegó a muerte. Et el mercader dejólo con uno de sus homnes, e mandóle que lo pensase bien, e si guaresciese que gelo llevase. Et el otro enojóse de lo guardar e dejolo, e fuese para do iba su amo, e díjole que el buey era muerto.
    Et desí salió Senceba de aquel lugar, e andudo tanto que llegó a un plado verde e vicioso, que por su ventura le había de contescer de llegar ahí.
    El que por huir de un peligro cae en otro. Et dicen que en el prado que él primeramente andaba, que un homne cogía yerbas e vino un lobo por detrás a él por le morder. E él, cuando lo sintió, comenzó a fuir. Et vido que en un río que estaba que había una puente quebrada, e dijo: "Si aquí estó, recelo del lobo, e si paso el río, lieva mucha agua e non sé nadar". Et acordó de se echar al agua, e fizo lo así. Et él yendo por el río que se quería afogar, viéronlo unos homnes de un aldea que estaba cerca e corriéronle e sacáronlo, e leváronlo al lugar. E arrimóse a una pared; et después que fue sano del peligro del agua, cayó la pared sobrél et matólo, e non pudo fallescer a la ventura, bien así como Senceba.
    E a poco de tiempo engordó Senceba, e embraveció. Et cerca de aquel plado había un león, que era rey de todas las alimanias; e en aquel tiempo estaban con el león muchas dellas. Et este león era muy lozano. E cuando oía la voz de como el buey bramaba, en que non tal cosa había oído, espantábase mucho; mas non que ría que gelo sopiesen sus vasallos, et estovo quedo en su lugar. Et entre los otros vasallos que él allí, tenía, había. dos lobos cervales, et al uno decían Dimna e al otro Calila, e eran muy ardides e agudos, e era Dimna de más noble corazón e de mayor facienda, e el que menos se tenía por pagado del estado en que era; et el león non los había conoscido nin eran de la privanza fasta allí.
    Dijo Dimna a Calila: "Ya vees cómo está el león en su lugar pecachado, que non se mueve nin se solaza como solía facer". Dijo Calila: "E tú, hermano, ¿qué has que preguntas lo que non has menester, nin te tiene pro en lo preguntar? Nos estamos en buen estado, e estamos a la puerta de nuestro rey, e tomamos lo que queremos, e non nos fallece nada de lo que habemos menester, e non somos de los que fablan con el rey sus fechos. E déjate desto, e sabe que el que se entremete de decir e de facer lo que non es para él, que le acaesce lo que acaesció a un simio artero que se entremetió de lo que non era suyo, nin le pertenescía". Dijo Dimna: ¿Cómo fue esto?"

    La vulpeja y el tambor.

    Dijo Dimna: "Dicen que una gulpeja fambrienta pasó por un árbol, et estaba un atambor colgado del árbol, e movióse el viento, et firiénronlo los ramos, e sonaba muy fuerte. Et la gulpeja oyó aquella voz, e fuese contra ella fasta que llegó a ella, et en que vio que era finchado, cuidóse que era de mucha carne, que había de mucha gordez, e fendiólo e vio que era hueco, e dijo: "Non sé; por ventura las más flacas cosas han mayores personas e más altas voces". Et fuese dende. "Et yo, señor, non te di este ejemplo si non por que he esperanza que sea esta cosa, cuya voz te espantó, atal como el atambor, e si a ella te llegases, más ligera te semejaría que tú non cuidas. Et, señor, si fuere la tu merced, envíame a ella, e está tú en tu lugar fasta que yo torne a ti con lo que sopiere de su facienda". Et desto que dijo Urrina plugo, al león, et díjole: "Pues vete". Et fuese Dimna, e pensó el león en su facienda, e dijo en su corazón: "Non fice bien en fiarme en éste, para enviarlo al lugar do lo envío; ca el home, si es de la casa del rey, et es por luengo tiempo desdeñado non lo mereciendo, e mezclado a tuerto, o si es conocido por cobdicioso o por malicioso, o si es muy pobre, o si ha fecho algún gran pecado e se teme de la pena, o si es envidioso e malo que a ninguno non quiere bien, o si es testiguado por atrevido, o si le han fecho perder lo que tenía del rey, o si era oficial e gelo tollieron, o si a alguno fizo falsedat e sospecharon dél, o cayó en alguna culpa, o si sus iguales fueron probados por buenos et hobieron mijoría dél en dinidat e en honra, o si es de mala fe en su ley, o si ha esperanza de haber algún pro a daño de sus señores, o si se teme ende, o si es contrario a los privados de los señores, a todos éstos non debe el rey meter su facienda en sus manos, nin fiar en ellos, nin sigurarse. Et Dimna es discreto et sabidor, e tanto fue despreciado et desdeñado a mi puerta, e olvidado; et seméjame que tenía mala voluntad, et esto fizo para engañarme e meterme en mal; et si, por aventura fallare aquel animal que brama, que es más fuerte que yo o de mayor poder, e éste le prometiere de su algo, será con él contra mí, et descubrir le ha mi vergüenza e mi cobardez".
    Et non cesó el león de fablar consigo mismo et de se maltraer, tanto que se levantó del lugar donde estaba, et arrufábase de mala manera. Et desque vino Dimna entró a él. Dijo el león: "¿Qué viste o qué feciste?" Dijo Dimna: "Vi un buey que fizo la voz que oíste". Dijo el león: "¿Qué fuerza ha?" Dijo Dimna: "Non ha fuerza nin valentía, ca yo me allegué a él, et estude en par dél, así como está home con su igual, e non me pudo facer nada". Dijo el león a Dimna: "Non te engañe eso, nin lo tengas por flaco por eso, ca el fuerte viento non quebranta las chicas pajas, mas desraiga los grandes árboles; otrosí las armadijas unas a otras non se prenden". Dijo Dimna: "Non hayas miedo dél, nin lo tengas en corazón; et si quisieres, yo te lo traeré, que sea tu siervo e obediente". Et cuando el león oyó esto alegróse e dijo: "Sabe que me place dello, e vete". Et fuese Dimna a Senceba, et díjole atrevídaniente e sin miedo: "Mi señor el león me envía a ti que te lieve, et díjome que si tú fueses a él luego obediente, que te atreguaría del pecado que has fecho en osar entrar sin su mandado en su señorío et sin lo ir ver, et si tú te tardares et non quisieres, que me torne a él, et que gelo faga saber". Dijo Senceba: "Si tú me fecieres homenaje por él, que non reciban mal nin daño, yo iré contigo". Et él fízole el homenaje que le demandó, et desí fuéronse amos en uno, e entraron al león, et preguntó el león a Senceba buenamente, et díjole: "¿Cuándo llegaste a esta tierra et qué cosa te fizo acá venir? "Et él contóle toda su facienda. Et dijo el león: "Vive comigo, e facerte he honra". Et el buey gradeciógelo mucho et homillósele. Desí el león aprivóle e allególe a sí, et tomó consejo dél, et metiólo en sus poridades e en sus cosas. Et duró así el buey un tiempo, et íbale todavía queriendo más et pagándose más dél, atanto que fue el más privado de su compaña, et el que más él amaba e preciaba. Et cuando vio Dimna que el león se apartaba con Senceba sin él e sin la otra compaña, pesóle et hubo ende grande envidia, et querellóse a su hermano Calilia, et díjole: "Hermano, ¿non te maravillas de mi mal seso et de mi locura, et de cómo pensé en pro del león, e trabajé en le traer el buey que me ha echado de mi dinidat?" Dijo Calila: "Pues acaeció a ti lo que acaesció al religioso". Dijo Dimna: "¿Et cómo fue eso?"

    Los mures que comían hierro.

    Dijo Calila: "Dicen que en una tierra había un mercador pobre, e quísose ir en su camino, et había ciento quintales de fierro, et dejólos en encomienda a un homne que él conoscía, et fuese para lo que había menester, e pues que fue venido demando gelo. Et aquel homne habíalo vendido e despendido el prescio dello, et díjole: "Yo le tenía al rencón de mi casa, e comieron de los mures". Dijo el mercador: "Ya oí decir muchas veces que non es ninguna cosa que más roya el fierro que ellos, et non daría nada por esto pues tu estorciste bien dellos". Et el otro pagóse desto que le oyó decir et díjole: "Come e bebe hoy comigo". Et prometióle que tornaría a él, e salióse ende, e guisó cómo le tomó un su fijo pequeño que había e levólo para su casa e escondiólo. Desí tornóse para él, et el otro preguntóle: "¿Viste mío fijo?" Díjole: "Vi cuando fue cerca de allí un azor que arrebató un niño; quizá tu fijo era". Et el otro dio grandes voces e quejóse e dijo: "¿Vistes nunca tal, un azor arrebatar un niño?" Dijo el mercador: "En la tierra do los mures comen ciento quintales de fierro, non es maravilla que sus azores arrebaten los infantes". Et entonces dijo el homne bueno: "Yo comí tu fierro e tósigo comí e metí en mi vientre". Dijo el mercador: "Pues yo tomé tu fijo". Et díjole el homne: "Pues dame mi fijo e yo darte he lo que me diste en encomienda". E fue fecho así.
    "Et yo non te di este ejemplo si non porque sepas que feciste a tu señor traición al que tú probaras por muy bueno, et non hay dubda que otro tal fagas a otri; ca el amor non ha en ti do more nin lugar do esté; ca non es cosa que peor empleada sea que el amor en quien non ha lealtad, e el bien en quien non lo agradesce, e el saber en quien non lo entiende, et la poridad, en quien non la cela. Et yo desfuciado só que tu natura se mude nin tus costumbres se cambien et sé quel árbol amarga, maguer lo unten con miel, non se muda de su sustancia. Et yo temíame de tu compaña; ca facer compaña con los buenos nasce ende bien e buena andanza, e en facer compañía con los malos face al homne venir a repentencia. Et tal es el mal como el viento, que si pasa por fedor lleva ende fedor, e si pasa por buen olor lleva ende otrosí. Et yo sé cuánto te agravia lo que te digo, ca los homnes nescios siempre se agravian de los entendidos, e los viles de los honestos, e los desmesurados de los mesurados, e los torticeros de los derecheros". Et en este lugar se acabó la razón de Calila e Dimna. Et acabó el león de matar al buey. Et pues que lo hubo muerto, repintióse e pensó de su facienda, e lo que ficiera. Et después que se amansó la saña que había, dijo: "¡Oh!, cuánto me ha mancillado Senceba en sí mismo, ca era de buen consejo e agudo, e non sé por ventura si fue acusado a tuerto".
    E estovo muy triste et muy repentido e quejoso mucho por lo que ficiera. Et viólo Dimna, e levantóse de cerca de Calila e llegóse a él e díjole: "Señor, Dios te metió en poder, a ti e a los tuyos, tu enemigo; pues ¿por qué estás triste?" Dijo el león: "Prisióme piadat por que maté a Senceba, por que era entendido e honesto e de buen amor e leal, et he duelo dél". Dijo Dimna: "Non digas así, señor, nin hayas piadat del que temieres; ca el rey anviso a las veces aborrece a algunt homne e aluéngalo de sí. Desí fuérzalo su talante e aprívalo e metel sus cosas en mano por que sabe que es bueno e agucioso, así como el que fuerza su talente a tomar la melecina desaborida con esperanza que fará pro; et a las veces ama a alguno homne e aprívalo, desí mátalo e derráigalo por miedo que le non faga daño, así como aquel que le muerde la culebra en el dedo e lo taja por miedo que se non espanda el tésico en su cuerpo e muera". Et cuando esto oyó el león, creólo, e aprivólo, e púsulo en mayor dignidat.
    Dijo el rey al filósofo: "Ya oí lo que fizo Dimna, por ser tan pequeño e el más vil de todas las bestias salvages, al león e al buey, e de cómo enrizó a cada uno dellos contra el otro fasta que desató su amor e su compañía, et en esto he oído a tan maravillosas e tantas fazañas que es asaz complimiento para se guardar homne e de se apercebir de los mezcladores e de los terreros, e de los falsos en las sus falsedades et sus engaños que facen. Et los homnes entendidos deben perseguir las mentiras e falsedades, e perseguir los mezcladores: a escodriñar tales cosas; desí non facer, por ningunt dicho que les ellos digan, nada si non con asosegamiento e con recabdo, e desechar a todos aquellos que conosciese por tales".

    Capítulo 4 -

    Del azorero e los papagayos.

    Dijo Dymna: «Dicen que había en una cibdat un rico home que le decían Morsuben, et era noble et de gran fecho, et tenía una mujer muy fermosa, et entenduda, et buena et leal; et este rico home había un serviente azorero que amaba a su mujer de mal parte, et habíale demandado su amor muchas veces, e ella non curaba dél, et amenazólo muy mal et él con despecho que había della andaba pensando en su corazón como la feciese pesar. Et un día, andando a caza, tomó dos papagayos nuevos, e apartólos el uno del otro, et mostró al uno dellos decir:«yo vi a mi señora yacer con el portero en el lecho» ; et enseñó al otro a decir: «pues yo non quiero decir nada» ; et aprendieron esto los pollos en lenguaje de Balaj, que non entendían los de aquella tierra. Et acaesció un día que seyendo su señor con su mujer, que gelos trajo delante, e él pagóse dellos e de cómo cantaban; pero non sabía qué se decían, et mandó a su mujer que gelos guardase bien, e ella fizólo así, et pensaba bien dellos, et túvolos así un tiempo. E acaesció que unos homes de Balaj hobieron de llegar a aquella casa de aquel rico home, e él convidólos a comer, e después que hobieron comido, por les facer más honra, fizoles traer aquellos pájaros delante para que cantasen, e ellos como los oyeron cantar, catáronse unos a otros e abajaron sus cabezas con vergüenza que hobieron, et dijeron al señor de la casa si entendía él lo que decían los pájaros. Dijo él: «Non; mas págome de sus cantos.» Dijéronle: «Pues non te ensañes si te lo decimos, ca dice el uno en nuetro lenguaje: «El portero yace con mi señora en el lecho de mi señor» ; et el otro dice: «yo non digo nada» ; e nos habemos por ley de non comer en casa de home que su mujer le faga tuerto.» Entonces llamó al azorero a voces de otra casa donde estaba, e dijo luego el azorero: «Verdad es, et yo só ende testigo que lo oí asaz veces et non lo osé decir.» Et cuando esto oyó el señor de la casa firió malamente a su mujer, e acusóla ante el juez por la matar. Et ella enviol' rogar que pesquisase bien lo que le dijeran, et que rogase aquellos sus huéspedes que preguntasen a los papagayos si sabían más fablar de aquel lenguaje de Balaj de aquello que decían, ca fallarán que esto ha fecho tu azorero, porque me pidió el mío amor et yo non quise. El marido gelo rogó, et ellos ficiéronlo así, e preguntaron a los papagayos si sabían más de aquello que decían, e conocieron que non sabían más de aquellas dos palabras. Et entonce entendieron todos que el azorero había fecho aquello con mala arte, et el señor envió por él, e él entró adonde ellos estaban, et traía un azor en la mano. Et díjole la mujer: «¡Mal sea de ti! Di tú ¿me viste facer esto que me apones?» Dijo él: «Sí.» Et cuando esto hobo dicho, saltóle el azor al rostro et sacóle los ojos con las uñas. E dijo la mujer: «¡Bendito sea el nombre de Dios, que tan aína fizo su miraglo! Ve, traidor, la justicia de Dios que aína te avino et te comprendió, porque testimoniaste falso contra mí de lo que non sabías nin acaesció.» Dijo Dymna: «Et yo non vos di este enjemplo, salvo porque vos guardedes de facer como fizo el azorero; ca el que anda con falsedad e artería, Dios le justicia en este mundo et en el otro.»
    Et fue escrito por orden del alcall cuanto dijo Dymna e todo lo otro que y pasó, e enviaron a Dymna a la cárcel, e fuéronse los mayores de la mesnada a la posada del rey, e leyeron ante él todo lo que se razonó, et tovieron a Dymna en la cárcel siete días, que cada le demandaban, et non le rescebían ninguna excusación de su pecado, et nunca le pudieron vencer nin facer que manifestase. Et cuando fueron mostrados los escritos de todo ello a la madre del león, dijo a su fijo: «Si este dejas a vida, habiéndote fecho tan grant pecado, atreverse han a ti tus mesnadas, e ninguno se temerá de tu justicia por grant pecado que faga, e ensancharse ha tu facienda por guisa que non lo podrás emendar nin mejorar cuando querrás.» Entonces mandó llamar al león pardo, e vino e testimonió de todo cuanto oyera decir a Dymna et a Calila; e después que el león oyó todo aquello, entendió verdaderamente que Dymna le había metido en matar a Senceba con falsía, e quel' feciera andar a ciegas, et mandó que lo matasen con fambre et con set, et murió mala muerte en la cárcel.
    Desí dijo el filósofo al Rey: «Paren mientes los entendudos en esto e en otro atal, e sepan que el que quisiere pro de sí con daño de otro e tuerto o por engaño, o por falsedad, no estorcerá de la mala andanza, et fará mala cima, e habrá pena por su pecado de todo en todo.»

    - versión moderna -

    Capítulo 4

    Los papagallos acusadores.

    Dijo Dimna: "Dicen que había en una villa un rico homne quel decían Morzubem, et era noble e de gran fecho, et había una muger muy fermosa e buena e leal. Este rico homne había un sirviente azorero, e amaba a su señora, e había le demandado su amor muchas veces, et ella non tornaba cabeza por él, e amenazóla muy mal. Et cuando fue desfuciado della, pensó de buscarle mal con el marido.
    El salió un día a cazar e priso dos pollos de papagallos. Et apartólos el uno del otro, et enseñó al uno decir: "Yo vi al portero yacer con mi señora en el lecho", et enseñó al otro decir: "Pues yo non quiero decir nada". Et aprendieron esto los pollos en lenguaje de Balaf, que non sabían los de aquella tierra. E tomólos e diólos a su señor, e cantaban antél, e placíale con ellos, e non sabía qué decían.
    Et un día vinieron le huéspedes de tierra de Balaf; et después que hobieron comido mandó traer las aves antellos por les facer placer, e cantaron. Cuando ellos oyeron lo que los pollos cantaban, catáronse unos a otros e abajaron las cabezas de vergüenza que hobieron; díjol el uno dellos: "¿Sabes que dice el uno destos papagallos? Non te ensañes contra nos si te lo dijéramos, ca fablan en lenguaje de Balaf" Dijo él: "Non me ensañaré, ca ante me placerá". Sabed que dice: "El portero yace con mi señora en el lecho de mi señor"; et el otro dice: "Pues yo non quiero decir nada". Et nos habemos por ley de non comer en casa de homne que su muger sea mala".
    Cuando esto hobieron dicho, dijo el siervo que estaba y cerca: "Verdad es, et yo so ende testigo, que lo vi muchas veces e non lo osé decir". Et el señor de casa, cuando esto vido, mandó matar a su muger.
    Et ella enviól rogar que pesquisase bien lo que le dijeran, et dijo: "Demanden et pregunten a los papagallos si saben más deste lenguaje de Balaf, et fallarán que esto ha fecho tu azorero; ca él me pidió mío amor e yo non quise". Et ellos ficieron lo así et vieron que non sabían más fablar, et entendieron quel azorero los enseñara. Et cuando esto vieron entendieron que la mujer era sin culpa e el azorero era mintroso, et mandaron lo llamar. E él entró muy atrevido e traía en la mano un azor. Et díjole la muger: "Di tú, ¿me viste facer esto que dices?" Dijo él: "Sí". Cuando esto hubo dicho saltóle el azor al rostro e sacóle los ojos con las uñas.
    Dijo la muger: "Vees, traidor, las justicia de Dios, que aína te avino e te compreendió, porque testimoniaste falso contra mí de lo que non sabías nin acaesció".
    Dijo Dimna: "Di vos este ejemplo por que vos guardedes de facer como fizo el azorero; ca el que tal face, justícialo Dios en este mundo e en el otro". Et el alcall fizo escrebir todo lo que dijera Dimna e todo lo otro que y pasó; e enviáronlo a la cárcel et fuéronse los mayores de la mesnada a la casa del rey e leyeron antél todo lo que se razonó.
    E tovieron a Dimna en la cárcel siete días; e cada día le demandaban e non le rescebían ninguna escusación de su pecado et nunca lo pudieron vencer nin facer que manifestase.
    Desí la madre del león cuando le mostraron el escripto entró al león e díjole: "Si dejas a Dimna vivo, faciendo tal traición, atrever se han a ti tus mesnadas e ninguno non se temerá de tu justicia por grant pecado que faga".
    Et fizo ella venir al león pardo, e testimonió de Dimna lo que le oyó decir e lo que le respondió Calila. E pues que gelo hubo dicho muchas veces al león, entendió él que Dimna lo había metido a ello, e quel ficiera andar a ciegas, e mandó que lo matasen con fambre e con sed, e murió mala muerte en la cárcel.
    Desí dijo el sabio: "Paren mientes los entendidos en esto et en otro tal, et sepan quel que quiere pro de sí a daño de otri, a tuerto por engaño o por falsedat, non estorcerá de mala andanza et fará mala cima, et rescebirá galardón de lo que ficiere, en este mundo et en el otro". Aquí se acaba el capítulo de la pesquisa de Dimna.

    Capítulo 5 -

    La hestoria del mur.

    Desí comenzó el mur a contar, e dijo: «Do yo nascí fue en cas de un religioso que non había mujer nin fijos, et traíanle cada día en un canastiello de comer, et comía dello una vez en el día, e lo que le sobraba colgábalo en un canas, tiello que tenía en casa, et yo acechábalo fasta que salía de casa, et desí veníame para el canastiello, e non dejaba cosa de que non comiese, e lo otro echábalo a los otros mures. Et punnó el religioso muchas veces de colgar el canastiello do yo non lo alcanzase, e non pudo. Et acaesció que posó con él una noche un huéspet, et cena. ron amos, et estando amos así fablando, dijo el religioso al huéspet: «¿De qué eres e do quieres. ir agora?» Et este huéspet había tierra andado a muchas tierras e había visto maravillas, et comenzóle a contar; et estando así el religioso comenzó a sonar sus palmas por me facer fuir del canastiello, et ensañóse el huéspet por ello, e dijo al religioso: «Yo departo contigo e tú menosprecias. mis fablas, e suenas tus palmas; pues ¿por qué me rogaste que departiese contigo?» Et dijo el religioso: «Ciertamente grant placer hobe con tus. fablas, mas facíalo por unos mures que ha en ésta, que me facen grant pesar, que me non dejan cosa que sea en este canastiello, que me le non coman.» Dijo el huéspet: «¿Es un mur o muchos?» Dijo el religioso: «Los mures de esta casa muchos son, mas ha y uno que me ha fecho e face muchos daños e non le puedo facer ningunt arte.» Dijo el huéspet: «Por alguna cosa face este mur lo que face, et miémbrome agora de lo que dijo un home a una mujer que comió sinsamo mondado por sin mondar.» Dijo el religioso: «¿Cómo fue eso?» Dijo el huéspet: «Posé una vez con un home en una cibdat e cenábamos amos, et feciéronme una cama, e fuese el home a yacer con su mujer. Et había entre nos un seto de cañas, et oí decir al home que dijo a su mujer: «Yo quiero cras convidar una compaña que yante co, migo.» Et dijo la mujer: «¿Cómo lo farás, que non ha en esta casa que les cumpla, et tú eres un home tal que non guardas nin condesas?» Dijo el marido: «Non te repientas por cosa que demos a comer nin despendamos, que el apañar e él condesar por aventura facen tal cima como la cima del lobo.» Dijo la mujer: «¿Cómo fue eso?»

    - versión moderna -

    Capítulo 5

    El mur cuenta una historia
    Dijo el mur en comenzando a contar la primera historia: "Do yo nascí fue en casa de un religioso que non había muger nin fijos. Et traíanle cada día un canastillo de comeres, e comía dello una vez, e dejaba lo que fincaba, e colgábalo de una soga en un canastillo. Et yo acechábalo fasta que salía: desí veníame para el canastillo, e non dejaba y cosa de que non comiese e que non echase a los otros mures. E punó el religioso muchas veces de lo colgar en lugar que lo yo non pudiese alcanzar, e non podía.
    Desí posó con él un huésped una noche, e cenaron amos, e estando fablando dijo el religioso al huésped: "¿De qué tierra eres e a do quieres ir agora?"
    E éste su huésped había andado a muchas partes, e había visto maravillas, e comenzol a contar; e el religioso en este comedio sonaba sus palmas a las veces por me facer fuir del canastillo. Ensañóse el huésped por ende, e díjole: "¿Escarnio facedes de mí, que me demandades que vos cuente nuevas, e vos faciéndose esto?" "Et escusósele el religioso e díjole: "Gran sabor he de oír tus nuevas; mas fágolo por espantar unos mures que ha en esta casa, que me facen grand enojo, e nunca dejan cosa en el canastillo que me lo non coman e me lo royan".
    Dijo el huésped: "¿Un mur es, o muchos?" Dijo el religioso: "Los mures de casa muchos son, mas hay uno que me ha fecho grand daño e non lo puedo facer ningund arte". Dijo el huésped: "Por alguna cosa face este mur lo que face, et miémbrome agora a lo que dijo un home: "Por alguna cosa cambió esta muger el sínsamo descortezado por el por descortezar". Dijo el religioso: "¿Cómo fue eso?

    Capítulo 6 -

    De la jineta, de la liebre et del gato ayunador.

    Dijo el cuervo: «Había yo una jineta por vecina en una cueva cerca del árbol do tenía yo mío nido, et víamonos muchas veces et fuimos vecinos gran tiempo; e desí perdíla e non sope dónde se fuera, e cuidé que era muerta. Et vino una liebre a la cueva de la jineta non sabiendo qué se ficiera, et moró y la liebre un tiempo. Et después tornóse la jineta a su logar, et falló y la liebre e díjole: «Este logar mío es; pues múdate ende.» Dijo la liebre: «Yo só tenedora del logar, e tú le demandas; prueba tu derecho contra mí, e entonce dejártelo he.» Dijo la jineta: «El logar es mío, et desto he pruebas.» Dijo la liebre: «Para esto alcall habemos menester.» Dijo la jineta: «Cerca está el alcall de nos.» Dijo la liebre: «¿Do es?» Dijo la jineta: «Aquí cerca de nos, ribera del río, hay un gato religioso; vayámonos para él, que es home bueno et de buena vida, que todo el día está en oración e non face mal a ninguna bestia, nin come afueras yerbas.» Dijo la liebre: «Pláceme.» E fuéronse la liebre e la jineta para allá, e yo seguílos para ver a qué tornaría su facienda, et cómo los judgaría el alcall. Et cuando el gato vio asomar de alueñe a la liebre et a la jineta, paróse en pie a orar, et maravillóse la liebre de lo que vido, de su bondat et de su humildat, et llegáronse a él, maguer non mucho, de guisa que les non podiese facer mal, e contáronle su pleito.» Díjoles el gato: «Yo só muy viejo, e non oyo bien; allegadvos a mí de guisa que vos oya.» Et llegáronse a él e contáronle otra vez su pleito. Et dijo el gato: «Entendido he lo que me dejistes, et quiérovos ante consejar lealmente, e mándovos que non demandedes nin defendades salvo verdat; ca el que verdat demanda barata bien et es bien andante en su facienda, maguer el juicio que sea contra él. Et el home bueno non ha de este mundo ninguna cosa, ni ningund poder, ni ningund amigo, nin lieva otra cosa salvo las buenas obras que habrá fechas, et non más. E otrosí el home entendido se debe trabajar de buscar la cosa que ha de turar, et lo que le torne en pro del otro mundo, e debe despreciar todo lo ál; ca el home de buen seso por tal tiene el haber como caedizo que cae en el ojo, et por tales tiene las mugeres como las víboras e por tales tiene los homes en los querer bien e non mal, como a sí mismo. Et non cesó el gato de los castigar e predicar, llegándose a ellos con buenas palabras, fasta que saltó en ellos e los mató. Et otro tal es el buho; ca ha y en él todas las malas tachas e maneras que en ave puede haber; et lo más que reina en ellos es traición e falsedat; et así non consintades que mande nin regne sobre vos. Et tanto predicó el cuervo a las aves, que se dejaron de aquel consejo que habían acordado, et despusieron al buho de elección. Entonce dijo el buho al cuervo: «¿Cómo te has homiciado conmigo tan mal, et non sé por qué razón, de guisa que nunca habrá entre ti e mí amor nin paz nin sosiego? Et sepas que el azadón corta el árbol, e nasce, et el espada taja la carne e quebranta el hueso e sos bresana e suéldase; mas la llaga de la lengua nunca sana. Et todo mal se puede amatar, ca el agua mata el fuego, et al tósigo válele el atriaca, e al dolorido válele el conorte, et al enamorado válele el departimiento, e la enemistad siempre arde en el corazón. Et tal enemistad es puesta entre vos los cuervos e nos, que nunca habrá fin mientras el mundo turare. Et fuese luego dende muy sañudo e homiciado, et non pasó mucho que luego non se arrepintió el cuervo por lo que le dijiera, et dijo: «Loco fui en decir lo que dije, ca non era yo el ave que más debía trabajarse en lo que tocaba al rey de las aves, e por ventura bien creo que otras aves vieron lo que yo vi, et sopieron lo que yo sope de la facienda del buho et sus malas propiedades, et dejáronse de lo mostrar con cor dura e con miedo de lo que me yo non temí, et parando mientes en lo que yo non paré; ca el home entendudo, maguer que se fie por su fuerza e por su valentía e por su seso, non debe ganar enemigos; así como el home, maguer tenga la triaca et las melecinas, non debe beber la vedegambre a fiucia dellas, ca la bondat es dicha de los que bien facen et non de los que bien dicen; et el que face el fecho, si le menguare el dicho, mostrarseña su bondad a la prueba; et el que dice, maguer que bien diga, non le es loa si non face atán buenas obras como dice. Et yo fui loco o necio en atreverme a fablar en tan grant cosa sin aconsejarme con alguno, et yo sé que el que demanda consejo a los homes entendidos e sesudos, su fecho vendrá a bien et non puede nunca errar. ¡Ay! ¡Cómo podiera yo excusar este dolor e esta tristura e miedo e peligro en que agora estó!
    »Aquesta es, señor, la razón por qué se levantó la enemistad entre nos y los buhos, et fue por accidente; mas ya atanto dura que se torna en natura.» Dijo él rey: «Entendido he esto todo que me has dicho; mas piensa en lo que agora estamos, que nos es menester haber buen acuerdo.» Dijo el cuervo: «Ya vos he dicho como aborrezco la lid; pero fío en Dios que guisaré e asmaré cómo hayamos algún reposo e folgura deste peligro en que estamos, que a las veces el artero recabda sin lid más que el valiente lidiando, así como ficieron los tres homes que al religioso le levaron su gamo.» Dijo el rey: «¿Cómo fue eso?»

    Del carpentero que dio oídos a la lisonja.

    Dijo el buho: «Dicen que un carpentero tenía una mujer a quien mucho amaba, et ella enamoróse de un mancebo fasta tanto que complió su amor con ella; et a tanto llegó la cosa, que se hobo de saber, e los parientes del carpentero dijérongelo muchas veces, et él dijo que ternía tal mañera como él lo sopiese de cierto.» Et dijo a su mujer: «Yo quiero ir a tal aldea alueñe de aquí, a labrar a casa de un rico home, e tengo de estar allá algunos días, e tú guísame conducho que lieve.» Et a la mujer plúgole mucho dello et adereszógelo. Et desque hobo tomado sus ferramientas e lo que hobo menester, díjole: «Mujer, cierra bien tu puerta e guarda tu casa fasta que yo venga.» Et fuese ante ella, et ella parando mientes fasta que lo vio ir bien lejos. Desí tornó él por un corral que tenía e entró en su casa, que non lo vio ninguno, e metióse so el lecho en que solían yacer él e su mujer cuando dormían. Desí ella envió a decir a su enamorado como su marido el carpentero era ido fuera de la villa a facer su labor, et que viniese esa noche. E luego vino esa noche, et cenaron muy bien e fuéronse a dormir, et el marido dormióse, que non vio como habían cenado nin como se echaron en la cama. Et él como estaba así dormido sacó el pié de so el lecho, e su mujer violo e fue muy espantada, et queriendo usar de sus artes, dijo a su enamorado en poridat: «Pregúntame a voces ¿a cuál quieres más, a mí o a tu marido? et yo callaré, et tú dímelo muchas veces fasta que te lo diga.» Et el enamorado preguntógelo muchas veces, et ella respondió e dijo: «Amigo, ¿quién te metió en demandar tal demanda como esa, ca quizá te diré cosa con que te pesará?» Et él díjole: «Por el grant amor que entre mí e ti ha, que me lo digas.» Et en esto despertó el carpentero et él oyó la pregunta, et callaba por saber lo que dirían, et dijo ella: «Nos todas las mujeres non amamos a los enamorados sinon por complir nuestras voluntades, nin catamos a sus linajes, nin a ninguna de sus cosas. Et después que nuestros sabores son complidos, non los presciamos más que a otros homes; mas el marido tenémosle en logar de padre, e de fijo e de hermano, e aun mejor, et Dios confonda la mujer que non ama más la vida de su marido que la suya mesma.» Et cuando oyó esto decir el carpentero a su mujer, hóbole piedat, e creyó que le amaba mucho, et non se partió de aquel lugar fasta que amaneció e se fue el enamorado. Et cuando lo vio ido sobió en el lecho, et falló que estaba su mujer dormiendo, et non la osaba despertar, e estábala faciendo aire. Et despertó ella, et díjole el marido: «Guárdete Dios, amiga, et descansa, que velaste esta noche mucho, et hobiste grant afán, e si non porque te quería guardar de pesar, matara yo a aquel traidor de tu enamorado et quitárame de ti por lo que feciste.» Et vos guardadvos de lo que el cuervo dice, et sabet que muchos homes hay engañosos que non pueden nucir a sus amigos de lueñe, e punnan de los engañar de cerca. Et tanto vos digo yo de mí, que nunca tamaño miedo ove de los cuervos como agora, después que vi este cuervo entre nos, e vos oí dél decir lo que decides.»
    Et con todo esto el rey de los buhos non tornaba cabeza, nin los otros sus privados, a lo que el buho consejero decía; e mandóle el rey levar a su posada e facerle honra e pensarle bien. Et desí mandóle dar todo lo que había menester fasta que guareciese de sus llagas. Dijo el hubo que consejara su muerte: «Si a este cuervo non mataren, teneldo por muy grant enemigo mortal, e guardatvos dél; ca él es sesudo e artero e engañoso, et creo que él non quiere morar connusco sinon por buscar su pro e nuestro dapno; ca por traidor es contado el cuervo naturalmente, et demás que es nuestro enemigo capital.»
    Et en todo esto non tornaba cabeza el rey por cuanto aquél decía; mas facía mayor honra et bien al cuervo que de antes. Estonces comenzó el cuervo a meter hemencia de facer e decir cosas que pluguiesen a los buhos, porque le amasen e fiasen más dél. Dijo un día el cuervo a los buhos estando ende el buho que consejaba su muerte: «Diga alguno de vos de mi parte al rey que los cuervos se han homiciado comigo de mala manera, et que yo non folgaré fasta que alcance mi derecho dellos. Et yo he pensado mucho en esto, et veo que lo non podré facer nin podré con ellos, seyendo yo un cuervo solo. Mas dicen algunos que el que de buena voluntad se quema en el fuego, face a Dios grant sacrificio, et nunca rogará a Dios por cosa que la non haya; et si lo el rey por bien toviere, mándeme quemar; desí rogaré a Dios que me torne en buho por razón que me vengue de mis enemigos, e porque farte mi voluntad e cumpla mi saña cuando fuere tornado buho.» Dijo el buho que consejaba su muerte: «Non me semejas en el bien que muestras, et en el mal que encubres, sinon a la manzana que está fermosa de fuera, et cuando la parten fállanla podrida, o como al vino que tiene buen olor e buen color, et yace en él tósigo mortal, et cuando lo bebe el home mátalo; et bien me pienso que si te nos quemásemos que te tornarías a tu sustancia e a tu natura, así como acaesció a la rata cuando la dijeron que se casase con quien quisiese, con el sol o con las nubes, o con el viento, o con el monte, et non quiso a ninguno dellos por marido, et después tornóse a su natura.» Dijo el cuervo: «¿Cómo fue eso?»

    - versión moderna -

    Capítulo 6 -
    La gineta, la liebre y el gato.

    "Dijo el cuervo: "Yo había una gineta por vecina en una cueva cerca de un árbol do había mi nido, e religioso veíamonos muchas veces, e fuemos vecinos grand tiempo. Desí perdíla, e non sope dónde se fuera, e cuidé que era muerta. E vino una liebre a la cueva de la gineta, non sabiendo qué se ficiera, et moró ahí la liebre un tiempo. Et después tornóse la gineta a su lugar e falló y la liebre, e dijo: "Este lugar mío es, pues múdate ende". Dijo la liebre: "Yo só tenedor del lugar; prueba lo que dices e demándame por derecho". Dijo la gineta: "El logar es mío, e desto he pruebas". Dijo la liebre: "Menester habemos alcalld". Dijo la gineta: "Cerca está el alcalld de nos. "Dijo la liebre: "¿Dó es?" Dijo la gineta: "Aquí cerca deste río hay un gato religioso. Vayamos nos para él, que es homne que face oración e non face mal a ninguna bestia nin come ál fueras yerba". Dijo la liebre: "Pláceme". "E fuese la liebre con la gineta, e seguílos yo por ver qué les judgaría. Cuando el gato vido la liebre e la gineta asomar de alueñe, paróse en pie a orar; e maravillóse la liebre de lo que vido de su bondad e de su homildad, e llegáronse cerca dél, et non mucho de guisa que les non pudiese facer mal.
    Díjoles el gato: "Yo soy muy viejo e non oyo bien. Llegad vos a mí e oiré lo que decides, que non oyo, nin veo bien". Llegáronse a él e dijeron otra vez su razón. Dijo el gato: "Entendido he lo que dejistes, e quiero vos consejar lealmente ante; et mando vos que non demandés si non verdat, ca el que demanda verdat barata bien e va adelante, maguer que sea juicio contra él. Et el homne bueno non ha deste mundo ninguna cosa nin ningund poder nin ningund amigo, si non las buenas obras e non más. Et el homne entendido debe demandar la cosa que ha de turar e que le torne en pro del otro mundo. E que desprecie todo lo ál, ca el homne de buen seso por tal ha el haber como el caedizo que cae en el ojo, et las mugeres ajenas como las víboras, et lo que quiere para sí, quiere para los otros homnes. E non cesó de les pedricar e de se llegar a ellos e asolazarse con ellos, fasta que saltó en ellos ambos e los mató.
    "Et los búhos han en sí todas tachas malas, e lo más que reina en ellos es traición e falsedad; pues non querades facer lo reinar". Las aves dejáronse de aquel consejo que habían acordado, e oyeron e rescibieron lo que les dijo el cuervo, e non ficieron rey al búho que era elegido para lo ser. Dijo el búho al cuervo: "¡Cómo te has homiciado comigo muy mal, e non sé por qué razón! E sepas quel azadón corta el árbol, e renasce; e el espada taja la carne e quebranta el hueso, e sobresana e suéldase; et la llaga de la lengua nunca sana. E todo mal se puede amatar, ca el agua mata el fuego, et al tósigo válele el atriaca, e al dolorido válele el conorte, e al enamorado válele el departimiento, e la enemistad siempre arde en el corazón. Et tal enemistad es puesta entre vos los cuervos e nos, que nunca haberá fin mientra el mundo durare".
    "Et fuese el búho muy sañudo. Desí repintióse el cuervo por lo que le dijera además, e dijo: "Loco fuí en decir lo que dije, et non era yo el ave que más debía trabajarse en pleito del rey de las aves. Et por aventura otras aves vieron lo que yo vi, e sopieron lo que yo sope, e dejáronse de lo mostrar con miedo de lo que yo non temí, e parando mientes en lo que yo non paré, ca el homne entendido, maguer que se fíe por su fuerza e por su valentía e por su seso, non debe ganar enemistad afeuciándose en su seso e en su fuerza, así como el homne, maguer tenga la triaca e las melecinas, non debe beber la vedegambre a fucia dellas, ca la bondad es dicha de los que bien facen, e non de los que bien dicen; ca el que face el fecho, si le menguare el dicho, mostrar se ha su bondad a la prueba, e el que dice, maguer que bien diga, non gelo alaban si non le cumple con el fecho. Et yo fuí loco en atreverme a fablar en tan alta cosa non me consejando con ninguno, et yo sé que el que demanda consejo a los sesudos e a los homnes que sabe que lo desengañarán, fállase ende bien, e non puede errar, e loa su cima de su facienda. ¡Ay! ¿Cómo pudiera yo escusar esto que hoy gané, e esta tristeza en que só entrado?"
    "Et aquesta, señor, es la razón por que se levantó enemistad entre nos e los búhos". Dijo el rey: "Ya entendí esto, mas piensa en lo que nos es menester agora del acuerdo en que somos". Dijo el cuervo: "Ya sabes mi acuerdo en la lid cuál es e cómo la aborrezco; mas cuido que por arte podremos haber folgura desta laceria en que somos, ca mucho aína puede homne haber por arte lo que non puede haber por fuerza, así como ficieron los tres homnes que engañaron al religioso cuando le llevaron el ciervo que traía. Dijo el rey: "¿E cómo fue eso?"

    El carpintero engañado

    Dijo el búho: "Dicen que un carpintero había una muger que amaba mucho, et enamoróse della un homne, et atanto llegó la cosa que se hubo de saber, e fuele fecho saber al marido e él quísolo probar. Dijo a su muger: "Yo quiero ir a tal aldea alejos de aquí, a labrar con un rico homne, e estaré allá algunos días, et guísame conducho que lleve". E ella plúgole e adereszógelo. E cuando anocheció díjole: "Cierra bien tu puerta e guarda bien tu casa fasta que yo venga. "E sallió ante ella; e ella parando mientes fasta que lo vio ir bien lejos. Desí tornó él por otra parte e entró en casa, e metióse so el lecho en que yacían él e ella.
    Et luego ella envió por su amigo e díjole: "El carpintero es ido a tal lugar, e tardará allá muchos días". Et vino el amigo, e dióle ella a comer e a beber, desí yógose con ella. E habíase estonces adormido el marido so el lecho, e non sopo cuándo entró el amigo. Et él, como estaba así dormiendo, sacó el pie de so el lecho, e vídolo la muger e temióse, e dijo a su amigo en poridat: "Pregúntame a voces e dime: ¿A cuál quieres más, a mí o a tu marido? E yo non te querré responder, e tú dirásmelo muchas veces fasta que te lo diga". Et el amigo fizo así, e ella díjole: "Amigo, ¿quién te metió en demandar tal demanda? Ca quizá diré cosa con que te pesará". E él díjole: "Por el amor que ha entre mí e ti que me lo digas". E todo esto oyendo el carpintero e callaba por oír lo que decían. E dijo ella: "Nos todas las mugeres non amamos a los amigos si non por complir nuestras voluntades, nin catamos a sus linages nin a ningunas de sus costumbres, nin por otra cosa ninguna. Et desque complimos nuestra voluntad non los presciamos más que a otros homnes; mas al marido tenémoslo en lugar de padre e de fijos e de hermano, e mejor aún; et mala ventura haya la muger que non ama más la vida de su marido que su vida misma.
    E desque esto oyó decir el marido a su muger, hubo piedat, e creó que lo amaba de todo en todo, e non se quitó de aquel lugar fasta que amanesció e se fue el amigo. E sallió él de so el lecho e falló a su muger adormida; e asentóse cerca della e comenzóla de aventar. E removióse ella por despertar, e él díjole: "Por Dios, amiga. Dormid, ca mucho velaste esta noche, e mucho lazraste. Et por buena fe, si non que me temí de te facer pesar, yo matara aquel homne por lo que te fizo". Et vos guardad vos de creer lo que el cuervo dice, e sabed que muchos enemigos hay que non pueden nocir a sus enemigos de alueñe, et acércanse a ellos e vénganse dellos. Et digo vos yo de mí que nunca tamaño miedo hube de los cuervos como desque vi este cuervo e vos oí decir dél lo que decides". E con todo esto non tornaba cabeza el rey de los búhos, nin los otros sus privados, por lo que le decía. Et mandólo el rey levar a su posada e honrarlo fasta que guaresciese de sus llagas. Dijo el privado que consejaba su muerte: "Pues non lo queredes matar, tenedlo en cuenta de enemigo temido, e guardat vos dél; ca es sesudo e artero e engañoso, e creo que él non quiere morar con nusco si non por buscar su pro e nuestro daño".
    Et el rey en esto non tornó cabeza por lo que éste decía, e mandó facer al cuervo mayor honra e mayor bien que ante. E comenzó el cuervo a fablar cada día con los búhos, e decir les cosas con que lo amaban e fiaban más por él. Desí dijo un día a una compaña de los búhos, estando y el que consejaba su muerte: "Diga alguno de vos de mi parte al rey que los cuervos se han homiciado comigo de mala manera, e yo non folgaré fasta que alcance mi derecho dellos. Et yo pensé en esto, e veo que lo non podré facer nin podré con ellos, seyendo yo un cuervo solo. Mas dicen algunos que el que de buena voluntad se quema en el fuego, face a Dios grand sacreficio, e nunca rogará a Dios por cosa que lo non oya. Et si lo el rey por bien toviere, mande me quemar; desí rogaré a Dios que me mude en búho, por tal que me vengue de mis enemigos, e faré mi voluntad e compliré mi saña cuando me mudare en forma de búho". Dijo el búho que consejaba su muerte: "Non me semejas en el bien que muestras e en el mal que encubres, si non al vino de buen olor e de buen color, e yace en él el tósigo mortal, e cuando lo bebe el homne mátalo. ¿E tú dices que si te quemásemos que se cambiaría tu natura? Non puede ser; ca tú tornarías a tu sustancia e a tu raíz, así como fizo la rata, cuando le dijeron que se casase con quien quisiese, con el sol o con las nubes o con el viento o con el monte, e dejólo todo e casó con un ratón". Dijo el cuervo: "¿Cómo fue eso?"

    Capítulo 7 -

    Del lobo cerval e del león.
    Dijo el ximio: «Dicen que un león moraba en una cueva e vivían y con él un lobo cerval e un cuervo e un lobo que comía su relieve; et el león ensarneció atanto, que fue muy flaco e muy atribulado, de guisa que non podía venar.» Dijo el cerval al león: «Señor, tu estado es mudado, e non puedes ya venar, et esto ¿por qué es?» Dijo el león: «Por esta sarna que vees, e non ha otra melecina con que pueda sanar sinon corazón e orejas de asno.» Dijo el cerval: «Yo sé un logar do está un asno de un recuero que anda en un prado cuando le descargan, e fío por Dios que le engañaré e te le traeré, e dél podrás tomar sus orejas e su corazón con que guarescas.» Dijo el león: «Si eso puedes recabar, grant placer facerme has, ca mi melecina et mi salut es eso.» Et fuese el lobo cerval donde estaba el asno, e llegóse a él e díjole. «¿De qué tienes, amigo, estas mataduras?» Dijo el asno: «El traidor falso de mi amo me lo face, que me mengua la cebada e me cresce en la laceria continuamente.» Dijo el cerval: «Si tú quisieres, yo te mostraré un logar vicioso e apartado do nunca anda home, e do hay mucha yerba e agua, et hay unas asnas las más fermosas que home vio, e han menester maslo, e non lo pueden haber.» Dijo el asno: «Pues vayamos pora allá, que se me tarda ya, ca si por ál yo non lo ficiese sinon por la cobdicia del su amor et por atender a tu ruego, esto solo me faría ir contigo.» Et fuéronse amos a do estaba el león, et adelantóse el cerval e fízogelo saber al león como le traía el asno. E desque llegó el asno, el león saltó en él por le matar; mas non lo pudo tener con la flaqueza que había, e saliósele de entre las manos et fuese et tornóse a su logar. Et dijo el lobo cerval al león: «Si a sabiendas lo dejaste, ¿por qué me feciste trabajar en lo buscar e te lo traer? Et si lo feciste con flaqueza esto, aún es peor.» Et pensó el león e dijo: «Si digo que a sabiendas lo fice, tenerme han por nescio; et si dijese que non le pude tener. tenerme han por flaco», y dijo: «Si tú me tornases otra vez el asno, yo te lo diría esto que me preguntas.» Dijo el cerval: «Si el asno non es nescio, non debe de volver acá; pero tornaré a él a ver si le podré otra vez engañar.» Et fuese el lobo cerval al asno, et cuando el asno le vio venir, fuese a él y le dijo: «¿Qué fue la traición que me quisiste facer?» Et respondióle el cerval: «Antes quísete bien facer, et non fuiste para ello. Et ¿por qué te veniste así fuyendo? Que aquel que saltó en ti era una de las asnas que te dije, que nunca tan fermosa la vieras; et si quedo estovieras, ella se te metiera debajo.» Et cuando el asno oyó decir de las asnas, moviósele el sabor e vencióle el seso, e fuese con el cerval. Et cuando le león le vio, saltó en él e matóle; e después que le hobo muerto, dijo: «Quiérome ir a bañar, et en tornando comeré las orejas e el corazón del asno, e de lo ál faré sacrificio, que así me lo mandaron los físicos. Pues guarda tú el asno mientras que yo vo, et luego me verné para ti.» Et demientra que el león se fue, tomó el cerval las orejas e el corazón del asno et comiógelo, a fiucia que cuando el león esto viese, que non comería nada de lo que fincaba, porque lo tenía por agüero. Et desque fue tornado el león demandó luego el corazón e las orejas del asno muy de recio al cerval, et el cerval le dijo: «Señor, el asno non tenía corazón nin orejas.» Dijo el león: «Nunca mayor maravila vi que esta que dices.» Dijo el cerval: «Bien debes de pensar que el asno non tenía corazón nin orejas; que si lo toviera, non tornara acá la segunda vez, habiéndole tú fecho lo que le feciste.»
    Et yo non te di este enjemplo, sinon porque sepas que non só yo atal como el asno; mas tú engañásteme con tus buenas palabras, e yo fícete otro tal, acorriéndome a mi juicio. Dijo el galápago: «Verdat dices, ca el home sesudo es de pocas palabras et de grant fecho, et conosce las obras antes que se meta a ellas, et estuerce de las cuitas por su seso et por su arte, así como el home que estropieza en tierra e cae, et con su fuerza misma levántase, et tú ficiste otro tal.»
    Este es el enjemplo del home que busca la cosa, et desque la ha recabdado, dale de mano, et déjala perder.

    - versión moderna -

    CAPITULO 7 -

    El asno sin corazón y sin orejas.

    Dijo el simio: "Dicen que un león criaba en un lugar, e estaba en él un lobo cerval que comía su relieve. Et ensarneció el león tanto que fue muy flaco e muy atribulado, e non podía venar. Et dijo el lobo cerval: "Señor, tu estado es ya mudado, et non puedes ya venar. Esto, ¿por qué es?" Dijo el león: "Por esta sarna que vees, e non ha otra melecina si non orejas e corazón de asno". Dijo el lobo cerval: "Yo sé un lugar do hay un asno de un curador que trae sobre él los lienzos a un plado aquí cerca de nos, et desque lo descarga déjale en el plado, et fío por Dios que lo traeré, e tomarás sus orejas e su corazón". Dijo el león: "Fazlo si pudieres, ca mi melecina e mi salud es eso". Et fuese el lobo cerval, e llegó al asno e díjole: "¿De qué estás tan magro, e de qué tienes estas mataduras en las cuestas?" Dijo el asno: "Este curador falso me lo face, que se sirve de mí continuamente, e me mengua la cebada". "Dijo el lobo cerval: "Yo te enseñaré un lugar muy vicioso e muy apartado do nunca andovo homne, et hay unas asnas las más fermosas que nunca homne vido, e han menester maslos". Dijo el asno: "Pues vayamos allá, que si por ál yo non lo ficiere si non por la cobdicia del tu amor, esto me faría allá ir contigo". Et fueron se amos al león, et adelantóse el cerval e fízogelo saber, et saltó el león en el asno detrás por lo tener. Mas non lo pudo tener con la flaqueza que había, e salióse el asno de entre las manos e fuese e tornóse a su lugar.
    Dijo el lobo cerval al león: "Si a sabiendas dejaste el asno, ¿por qué me feciste trabajar en lo buscar? Et si la flaqueza te lo fizo dejar, que lo non pudiste tener, esto es aún peor". Et sopo el león que si dijese que a sabiendas lo dejara que sería tenido por nescio, et si dijese que lo non pudiera tener que lo ternían por flaco e por cansado, et dijo al lobo: "Si me tú tornares acá el asno, decir te he esto que me preguntas". Dijo el lobo: "Tengo que el asno está escarmentado e non querrá venir otra vez, en pero iré a él de cabo, si lo pudiere engañar para lo traer acá". "Et fuese para el asno. Et el asno cuando lo vido díjole: "¿Qué fue la traición que me quesiste facer?" Dijo el lobo cerval: "Quísete bien facer, e non fueste para ello. Et lo que saltó en ti non era si non una de las asnas que te dije. Et como vido asno non sopo en qué manera jugar contigo; et si tú quedo estovieras un poco, diuso se te metiera". Cuan el asno oyó decir de las asnas moviósele su sabor, e fuese con el lobo cerval al león, et saltó el león en él e prísolo e matólo. Desí dijo el león al lobo cerval: "Yo quiero me bañar, desí comeré las orejas e el corazón, e de lo ál faré sacreficio, que así me dijeron los físicos; pues guarda tú el asno e desí venir me he para ti". "Et después que se fue el león, tomó el lobo cerval las orejas e el corazón del asno e comió lo, a fucia que cuando el león esto viese, que non comería nada de lo que fincaba, por que lo temía por agüero. Et desque fue tornado el león díjole: "¿Dó es el corazón e las orejas del asno?" Dijo el cerval: "¿Non entendiste tú que el asno non tenía corazón nin orejas?" Dijo él: "Nunca mayor maravilla vi que esta que tú dices". Dijo el lobo cerval: "Señor, non te maravilles, mas piensa que si el corazón e las orejas hobiera, non tornara a ti la segunda vez, habiendo le fecho lo que le feciste".
    "Et yo dije este ejemplo por que sepas que non só yo tal como el asno; mas engañaste me con tu traición por me matar e yo fícete otro tal, et estorcí por mi seso de la locura en que era caído". Dijo el galápago: "Verdad dices, ca el sesudo es de poca palabra e de grant fecho, e conosce las obras antes que se meta a ellas, e estuerce de las cuitas por su seso e por su arte, así como el homne que cae en tierra con su fuerza, e con ella mesma se levanta".
    Este es el ejemplo del homne que busca la cosa, e desque la ha recabdado, dale de mano e déjala perder".

    Capítulo 8 -

    Del religioso que vertió la miel
    et la manteca sobre su cabeza.


    Dijo la mujer: «Dicen que un religioso había cada día limosna de casa de un mercader rico, pan e manteca e miel et otras cosas, et comía el pan e lo ál condesaba, et ponía la miel e la manteca en una jarra, fasta que la finchó, et tenía la jarra colgada a la cabecera de su cama. Et vino tiempo que encareció la miel e le manteca, et el religioso fabló un día consigo mismo, estando asentado en su cama, et dijo así: Venderé cuanto está en esta jarra por tantos maravedís, e compraré con ellos diez cabras, et empreñarse han, e parirán a cabo de cinco meses; et fizo cuenta de esta guisa, et falló que en cinco años montarían bien cuatrocientas cabras. Desí dijo: «Venderlas he todas, et con el precio dellas compraré cien vacas, por cada cuatro cabezas una vaca, e haberé simiente e sembraré con los bueyes, et aprovechar me he de los becerros et de las fembras e de la leche e manteca, e de las mieses habré grant haber, et labraré muy nobles casas, e compraré siervos e siervas, et esto fecho casarme he con una mujer muy rica, e fermosa, e de grant logar, e empreñarla he de fijo varón, e nacerá complido de sus miembros, et criarlo he como a fijo de rey, e castigarlo he con esta vara, si non quisiere ser bueno e obediente.» E él diciendo esto, alzó la vara que tenía en la mano, et ferió en la olla que estaba colgada encima dél, e quebróla, e cayóle la miel e la manteca sobre su cabeza. Et tú, home bueno, non quieras desear e asmar lo que non sabes si ha de ser. «Et desí parió la mujer un fijo complido de sus miembros, e gozáronse con él. Et acaesció que fue la madre al mercado a mercar ciertas cosas pora su casa, et dijo al marido: «Guarda la casa e este niño fasta que yo venga.» E díjole que le placía; e fuese la mujer e quedó el marido en casa; e por alguna cosa que hobo menester, que non podía excusar, fuese dende, et non dejó quien guardase el niño, sinon un can que había criado en su casa. Et el marido estovo y un poco, et antojósele de ir. Et había en aquella casa una cueva, en que había un culebro, e salió el culebro de la cueva, e fuese pora donde estaba el niño para le matar, e el can violo, e saltó en el culebro e matólo. Et cuando el religioso vino para su posada, salióle el can a recebir, untado todo en sangre del culebro que había muerto, demostrándole el servicio que le había fecho; et cuando el religioso le vio así, perdió el seso, pensando que había muerto a su fijo, et fuese para el can, e tomóle e dióle tantos de golpes, fasta que le mató. Et desque entró dentro e vio al niño vivo e sano, e al culebro todo despedadazado, entendió cómo acaeciera, e comenzó a mesarse, e a carpirse, e a decir: ¡mandase Dios que este niño non fuese nacido, e yo non feciera este pecado e esta alevosía! E entró su mujer en esto, e fallólo llorando, et díjole: ¿Por qué lloras? e ¿quién despedazó así este culebro? et ¿cómo está así este can muerto? Et el religioso fízogelo entender, et dijo la mujer: «Este es el fruto de la cosa fecha rabinosamente e con apresuramiento, e del que non comide la cosa antes que la faga, et que sea bien cierto della, que arrepentirse ha cuando ya non sea tiempo.»

    - versión moderna -

    El religioso que vertió la miel
    y manteca sobre su cabeza


    Dijo la muger: "Dicen que un religioso había cada día limosna de casa de un mercador rico, pan e miel e manteca e otras cosas de comer. Et comía el pan e los otros comeres, e guardaba la miel e la manteca en una jarra, e colgóla a la cabecera de su cama, fasta que se finchó la jarra. Et acaesció que encaresció la miel e la manteca, et estando una vegada asentado en su cama, comenzó a fablar entre sí et dijo así: "Venderé lo que está en esta jarra por tantos maravedís, e compraré por ellos diez cabras, e empreñar se han, e parirán a cabo de cinco meses". Et fizo cuenta desta guisa, e falló que fasta cinco años montaban bien cuatrocientas cabras. Desí dijo: "Vender las he e compraré por lo que valieren cient vacas, por cada cuatro cabras una vaca, et habré simiente, e sembraré con los bueyes, et aprovechar me he de los becerros e de las fembras e de la leche, et antes de los cinco años pasados habré dellas e de la leche e de las mieses algo grande, et labraré muy nobles casas, e compraré esclavos e esclavas; et esto fecho, casarme he con una muger muy fermosa e de grant linaje e noble, e empreñar se ha de un fijo varón complido de sus miembros, e poner lo he muy buen nombre, e enseñar le he buenas costumbres, e castigar lo he de los castigos de los reyes e de los sabios, et si el castigo e el enseñamiento non rescibiere, ferir lo he con esta vara que tengo en la mano muy mal". Et alzó la mano e la vara, en diciendo esto, e dio con ella en la jarra que tenía a la cabecera de la cama, e quebróse, e derramóse, la miel e la manteca sobre su cabeza.
    Et tú, homne bueno, non quieras fablar nin asmar lo que non sabes que será". Desí parió la muger un fijo complido de sus miembros, e fueron muy gozosos con él. Et acaesció un día que se fue la madre a recabdar lo que había menester, e dijo al marido: "Guarda tu fijo fasta que yo torne", e fuese ella. Et estovo él y un poco, e antojóse le de ir a alguna cosa que hubo menester, que non podía escusar, e fuese dende, e non dejó quien guardase el niño, si non un can que había criado en su casa. Et el can guardó lo cuanto pudo, ca era bien nodrido. Et había en la casa una cueva de un culebro muy grande negro. Et salió e veno para matar al niño. Et el can cuando lo vido saltó en él e matólo, e ensangrentó se todo dél.
    Et tornóse el religioso de su mandado. Et en llegando a la puerta, salió lo a recibir el can con grant gozo, mostrando le lo que ficiera. Et él, cuando vido el can todo ensangrentado, perdió el seso pensando que había muerto a su fijo, et non se sufrió fasta que lo viese, et dio tal golpe al can fasta que lo mató e lo aquedó, e non lo debiera facer. Et después entró e falló al niño vivo e sano, e al culebro muerto e despedazado, e entendió cómo acaeciera, et comenzóse a mesar e a llorar e a carpirse e a decir: "Mandase Dios que este niño non fuese nascido, e yo non hobiese fecho este pecado e esta traición". Et estando en esto entró su muger et falló lo llorando. Et díjole: "¿Por qué lloras et qué es este culebro que veo despedazado e este can muerto?" Et él fizo gelo saber todo como acaesciera, et dijo la muger: "Éste es el fruto del apresuramiento, e del que non comide la cosa antes que la faga, e que sea bien cierto della: arrepentir se cuando non le tiene pro".

    Capítulo 11 -

    De las dos palomas, maslo e fembra.

    Dijo Beled: «Dicen que dos palomas, maslo et fembra, trajeron de los campos e de las eras trigo e cebada fasta que fincheron dello un nido; et dijo el maslo a la fembra: «Agora mientra que fallaremos en los campos que comer, non comamos de lo que tenemos en nuestro nido, et cuando veniere el invierno, que non fallaremos cosa en los campos, comerciemos desto que habemos apañado.» E tóvolo la fembra por bien e otorgóselo e dijo: dices bien, fagámoslo así. E cuando posieron el trigo en el nido estaba reliento, et el maslo fuese dende un tiempo, que non tornó fasta que era cerca del invierno, et por la sequedat del sol e por el viento secóse el trigo e menguó. Et cuando el maslo vio que el trigo estaba menguado cuidó que lo comiera la fembra et díjole: «¿Non sabes que nos aprometimos cuando nos partimos que non comiésemos del trigo deste nido fasta que falleciese lo de los campos e de las eras?» Et dijo ella: «Verdat dices et así es. ¡Pues cómo veo agora que has comido dello, e non lo puedes negar, que bien menguado está?» Ella dijo et juró que non había comido dello cosa, salvo que había menguado con la diversidat del tiempo que era caliente e seco; e el maslo non lo quiso creer, mas comenzóla a picar e a ferir con su pico e con sus alas fasta que la mató. Et después que vino el invierno e las humidades, el trigo tornó a relentar en tal manera que creció, e finchóse el nido, como de primero. Et cuando el maslo lo vio, arrepentióse e vio que había fecho mal en matar a su mujer por tal razón, e echóse a par della, nin comió nin bebió fasta que morió. Et el home sabio non debe ser apresurado en su justicia, cuanto más el home que sabe que se arrepentirá; et tú, señor, non busques lo que non fallarás, e olvida esto en que estás, et sey cagado de lo que te acaesció, e non seas atal como el ximio de las lentejas.»
    Dijo el rey: «¿Cómo fue eso?»

    - versión moderna -

    Capítulo 11

    Las dos palomas.

    Et dijo Belet: "Dicen que dos palomas, maslo e fembra, trajeron de los campos e de las eras trigo e cebada a su nido fasta que lo fincheron". Dijo el maslo a la fembra: "Agora, mientra falláremos en el campo qué comer, non comamos desto nada. Et cuando veniere el invierno e non falláremos ninguna cosa en los campos, tornarnos hemos a lo que tenemos, e comer lo hemos". E a la fembra plúgole dello et ficieron uno a otro tal pleito entre sí. Et cuando cogieron el trigo e la cebada, estaba liento, et finchóse con ello el nido. Desí fuese el marido de aquel lugar a otro, et tardó allá todo el invierno, fasta el verano, por que fallaba bien de comer allá; et después tornáronse cada uno de su parte al nido en el tiempo del verano, seyendo el trigo e la cebada seco e menguado. Et desque lo vido el macho que estaba menguado, cuidó que lo había comido su muger et díjole: "¿Non nos partimos amos con postura que non comiésemos de lo que había en el nido fasta que nos fallesciesen los campos? Et veo que te lo has comido". Dijo la fembra,: "Non comí dello nada, nin me llegué a ello, mas cuando lo ahí pusimos estaba liento, et agora por la diversidad del tiempo está seco". Et él non la quiso creer et conmenzóla de picar e de ferir, fasta que la mató. Et después que veno el tiempo del invierno e las aguas, e relentesció el trigo e la cebada, e finchóse el nido así como estaba de antes; et cuando el marido lo vido lleno, arrepentióse por lo que ficiera en matar a su muger, et echáse cerca della e non comió nin bebió fasta que murió. Et quien es sabio non se debe apresurar a facer la justicia o la pena, mayormente en la cosa que se puede arrepentir. Et tú, señor, non busques la cosa que non podrás fallar, pues olvida esto en que estás et sey pagado con lo que te fincó, e non seas tal como el simio con las lantejas". Et dijo el rey: "¿Cómo fue eso?"



    Capítulo 12 -

    Del arquero e de la leona e del anxahar.

    Dijo el Rey al filósofo. «Ya oí este enjemplo; dame agora enjemplo del que se deja facer mal por lo que ha pasado e sentido, e por el castigo que recibió en sí por non facer mal a ninguno, et como se mejora la facienda del rey.» Dijo el filósofo: «Señor, non se entremeten de facer daño a las gentes sinon los homes necios e los torpes, porque non piensan en las cimas de las cosas, et acaésceles por ende atanto de mal que se non puede decir; et si alguno dellos estuerce por muerte que le acaezca, antes que le venga el mal, va a la pena del otro siglo, et el nescio non se castiga sinon con el daño que rescibe en sí, et con esto se refrena de mal facer a ninguno; et este semeja al enjemplo de la leona e del anxahar.» Dijo el Rey: «¿Cómo fue eso?» Dijo el filósofo: «Dicen que una leona vevía en un soto ribera del mar, et criaba dos leoncillos, et en saliendo un día a buscar que comiesen, dejó sus fijos en el soto, et pasó por y un ballestero et viólos, et armó su ballesta e matólos e desollólos, e echó sus pieles a cuestas, e fuese pora su posada. Et cuando la leona tornó e vio sus fijos desollados, pesóle de muerte, e ovo tamaño dolor que se echó en tierra, e comenzó a dar grandes voces. Et tenía cerca de sí un su vecino que le decían anxahar, e oyóle dar voces e alaridos, e salió a ella e díjole: «¿Por qué lloras o qué te acaesció?» Dijo la leona: «Pasó por aquí un arquero, et vio míos fijos, e matólos, e dejómelos desollados e muertos e levó los cueros consigo.» Dijo el anxahar: «Non te quejes nin hayas tamaño dolor, et faz derecho de ti mesma, que cuanto el arquero fizo en tus fijos, fecho has tú otro tal a los otros, que han pesar della sus madres e sus amigos, bien así como tú has de los tuyos; que dicen en el proverbio: «cual federes tal habrás»; et cada uno ha de haber de su fruto, quier de pena, quier de gualardón.» Dijo la leona: «Depárteme eso que has dicho.» E dijo el anxahar: «Tú ¿de qué te mantienes o de qué vives?» Dijo la leona: «Con la carne de las bestias salvajes.» Dijo el anxahar: «Seméjante que esas bestias que tú matabas e comías ¿había alguna dellas padres o madres?» «Sí.» dijo ella. «Pues ¿por qué non oías dar tamañas voces e tamaños gritos a aquellos padres e a aquellas madres como fago a ti? Et sepas que non te acaesció esto salvo porque pensaste mal en las cimas de las cosas, et fuiste negligente e desacordada.» Et cuando la leona oyó lo que le decía el anxahar, sopo que le decía verdat, et aquello que le había acaecido non era salvo en pena de lo que ella feciera, et dejó el venar, et quitóse de comer carne, e comió fruta e fizo vida de religioso. Et cuando esto vio el anxahar, et falló que la leona había fecho grant estragamien to en la fruta del monte, fuese pora ella e díjole: «Creo que los árboles otro año non levarán fruta por tu cabsa, porque seyendo comedora de carne comes fruta; et si así ha de pasar, ¡guay de las frutas e de los árboles e de las bestias salvajes que las comen! que priado perecerán.» Et cuando la leona oyó lo que decía el anxahar, dejóse de comer fruta et metióse a comer yerba, e a facer vida de religioso. Et yo, señor, dijo el filósofo, non te di este enjemplo, salvo porque sepas que el nescio non se deja de facer mal fasta que le acaesce algunt daño, et así siente que tamaño dapno fizo a otri así como la leona, que nunca se dejó de facer nin de matar a las bestias salvajes fasta que le dio Dios mal quebranto en sus fijos, e con aquello fizo despues vida de religiosa.

    - versión moderna -

    Capítulo 12

    Del arquero e de la leona e del axara.

    Dijo el rey al filósofo: ¿Ya oí este ejemplo dame ejemplo del que se deja de facer mal por lo que ha pasado e sentido, e por el castigo que recibió en sí por non facer mal a ninguno". Dijo el filósofo al rey: "Señor, non se entremete de facer daño a las gentes sinon los homes necios e los torpes, porque non piensan en las cimas de las cosas, et acaéceles por ende a tanto de mal que se non puede decir; et si alguno dellos estuerce por muerte que le acaesca ante que le venga el mal, va a la pena del otro mundo, et el necio non se castiga si non con el daño que rescibe en sí, et con esto se refrena de mal facer a ninguno; et esto semeja al ejemplo del arquero e de la leona e del anxara". Dijo el rey: "¿Cómo fue eso?"
    Dijo el filósofo: "Dicen que una leona vevía en un soto ribera del mar, et criaba dos leoncillos, et en saliendo un día a buscar que comiesen, dejó sus fijos en el soto, et pasó por ahí un ballestero et viólos et armó su ballesta et matólos e desollólos, e echó sus pieles a cuestas, e fuese para su posada. Et cuando la leona tornó e vio sus fijos desollados, pesóle de muerte, e hubo tamaño dolor que se echó en tierra e comenzó a dar grandes voces. Et tenía cerca de sí un su vecino que le decían anxahar, e oyóle dar voces e alaridos, e salió a ella e díjole: "¿Por qué lloras o qué te acaeció?"
    Dijo la leona: "Pasó por aquí un arquero et vio míos fijos, e matólos, e dejómelos desollados e muertos e levó los cueros consigo". Dijo el anxahar: "Non te quejes nin hayas tamaño dolor, et faz derecho de ti mesma, que cuanto el arquero fizo en tus fijos, fecho has tú otro tal a los otros, que han pesar dello sus madres e sus amigos, bien así como tú has de los tuyos, que dicen en el proverbio: "Cual fecieres tal habrás"; et cada uno ha de haber de su fruto, quier de pena, quier de galardón". Dijo la leona: "Depárteme eso que has dicho". Dijo el anxahar: "¿Tú de qué te mantienes o de qué vives?" Dijo la leona: "Con la carne de las bestias salvajes". Dijo el anxahar: "¿Seméjate que esas bestias que tú matabas e comías habían alguna dellas padres o madres?" "Sí", dijo ella. Dijo el anxahar: "Pues ¿por qué non oía yo dar tamañas voces e tamaños gritos a aquellos padres e a aquellas madres como fago a ti? Et sepas que non te acaeció esto salvo porque pensaste mal en las cimas de las cosas, et fuiste negligente e desacordada". Et cuando la leona oyó lo que le decía el anxahar, sopo que le decía verdat, et aquello que le había acaecido non era salvo en pena de lo que ella ficiera; et dejó el venar et quitóse de comer carne, e comió fruta e fizo vida de religioso. Et cuando esto vio el anxahar et falló que la leona había fecho gran estragamiento en la fruta del monte fuese para ella e díjole: "Creo que los árboles otro año non levarán fruta por tu causa, porque siendo comedera de carne comes fruta; et si así ha de pasar, ¡guay de las frutas e de los árboles e de las bestias salvajes que las comen!, que priado perecerán". Et cuando la leona oyó lo que decía el anxahar, dejóse de comer fruta et metióse a comer yerba e a facer vida de religioso.
    "Et yo, señor, dijo el filósofo, non te di este ejemplo, salvo porque sepas que el necio non se deja de facer mal fasta que le acaece algún daño, et así siente que tamaño daño fizo a otro, así como la leona que nunca se dejó de facer nin de matar a las bestias salvajes fasta que le dio Dios mal quebranto en sus fijos, e con aquello fizo después vida de religiosa".


    Capítulo 13 -

    Del religioso e de su huesped.

    Dijo el Rey al filósofo: «Ya oí este enjemplo; pues dame agora enjemplo del que deja de facer lo que le está bien, e face ál, e non lo sabe nin lo puede aprender, e desí torna a lo que suele facer e non lo puede cobrar, et finca turbado.»
    Dijo el filósofo: «Señor, dicen que en una tierra había un religioso, e demandóle un home posada, e diógela, e mandóle traer dátiles e manteca, que son cosas extrañas para en aquella tierra, et comieron amos en uno, et en comiendo dijo el huesped al religioso: ¡qué tan dulces e tan sabrosos son estos dátiles! Mandase Dios que en la tierra donde yo só naciese tal fruta, como quier que ha y otras buenas frutas que cumplen asaz, con que se pueden excusar los dátiles.» Dijo el religioso: «Non es buena andanza del que ha menester lo que non puede haber, e procura por ello, et tú bien andante eres, pues te tienes por pagado dello. «Et este religioso fablaba hebraico, et pagóse el huesped de aquel lenguaje, e estado en esto algunos días por lo aprender.» Dijo el religioso: «Con gran derecho debes tú caer en lo que cayó el cuervo, porque quieres aprender hebraico.» Dijo el huesped: «¿E cómo fue eso?»

    Del cuervo e la perdiz.

    Dijo el religioso: «Dicen que un cuervo vio andar una perdiz, e pagóse mucho de su andamiento, et ovo esperanza de lo aprender, e non pudo; e cuando se fue, que non pudo aprender, quiso tornar a su andar, que era de primero, e non pudo, que se le había olvidado. Et así con grant derecho te podrá acaescer otro tal por querer aprender lo que non es pora ti; que dicen que loco es el que se entremete de facer lo que non le está bien, e mudarse de la medida a otra que non le cuadra; ca a las veces acaesce mucho mal a los homes en mudarse de la medida alta a la baja, et así se derraman sus cosas et sus estados.»

    - versión moderna -

    Capítulo 13

    Del religioso e de su huésped

    Dijo el rey al filósofo: ¿Ya oí este ejemplo; pues dame ejemplo del que deja de facer lo que le está bien, e face ál, e non lo sabe nin lo puede aprender, e desí torna a lo que suele facer e non lo puede cobrar, et finca turbado". Dijo el filósofo: "Señor, dicen que en una tierra había un religioso, e demandóle un home posada e diógela, e mandóle traer dátiles e manteca, que son cosas extrañas para en aquella tierra, et comieron amos en uno, et en comiendo dijo el huésped al religioso: "¡Qué tan dulces e tan sabrosos son estos dátiles! ¡Mandase Dios que en la tierra donde yo soy naciese tal fruta, como quier que hay otras buenas frutas que cumplen asaz, con que se pueden escusar los dátiles!" Dijo el religioso: "Non es buena andanza del que ha menester lo que non puede haber, e procura por ello, et tú bien andante eres, pues te tienes por pagado dello". Et este religioso fablaba hebraico, et pagóse el huésped de aquel lenguaje, e estudo en esto algunos días por lo aprender. Dijo el religioso: "Con gran derecho debes tú caer en lo que cayó el cuervo, por que quieres aprender hebraico". Dijo el huésped: "¿E cómo fue eso?"

    El cuervo y la perdiz

    Dijo el religioso: "Dicen que un cuervo vio andar una perdiz, e pagóse mucho de su andamiento, et hubo esperanza de lo aprender, e non pudo; e cuando se fue, que non pudo aprender, quiso tornar a su andar que era de primero e non pudo, que se le había olvidado.
    "Et así con gran derecho te podrá acaecer otro tal por querer aprender lo que non es para ti; que dicen que loco es el que se entremete, de facer lo que non le está bien, e mudarse de la medida a otra que non le está bien; que a las veces acaece mucho mal a los homes en mudarse de la medida alta a la baja et así se derraman sus cosas et sus estados".



    Capítulo 16 -

    Del fijo del rey, e del fidalgo,
    e de sus compañeros.


    Dijo el Rey al filósofo: «Entendudo he todos tus enjemplos; pero oíte decir que non es cosa que más aína faga al home ser bienandante e rico, e abondado e venir a buen estado como el buen seso; et si así es, ¿por qué vemos al necio haber tanta de honra e de riqueza, e de bien, e cuanto codicia, e mucho más que non puede haber el cuerdo que es de buen entendimiento? Et vemos otrosí que el que más sabe traer su facienda con seso, más tribulaciones ha en este mundo que non los negligentes e los que non se albedrían e los que son antojadizos e de flaco seso.» Dijo el filósofo: «Señor, así como el home non vee sinon con sus ojos nin oye sinon con sus orejas, así el saber non se acaba sinon con el sofrimiento e con seso e con certedumbre; empero a todo esto empece la ventura que es prometida a cada uno, et el juicio divino, que son las cosas que avivan al home o le matan; así que algunos son a quien Dios da buena andanza en su riqueza, e recabdan lo que quieren sin ningún al bedrío e sin ninguna obra; et algunos son que se les acaba su buena andanza e los guía Dios a ser envisos et los endereza e los enseña e les face merced, de guisa que conocen bien las cosas e las saben bien traer; et esles esto movido de la ventura que Dios les dio e prometió por juicio; empero non haya ninguna esperanza que ninguna buena manera nin ninguna bondat que home en sí ha dure sin seso e sin sofrimiento e sin buen acuerdo con que mantengan su facienda; ca non es ninguno que por seso nin por arte se pueda desviar de lo que Dios prometió e juzgó ante. Et esto semeja al enjemplo del rey que fizo escribir sobre la puerta de una su cibdat que decían Matrofil que el buen entendimiento e valor e la femencia e el arte en este mundo todo es en poder de la ventura.» Dijo el Rey: «¿Cómo fue eso?»
    Dijo el filósofo: «Señor, así acaesció que cuatro mancebos se ayuntaron por un camino, et el uno era fijo del rey e era heredero del reino, e echólo su hermano del reino después de la muerte de su padre, e fuese ascondidamente por guarecer con cuita e con miedo de muerte o de presión; et el segundo era fijo de mercador; et el tercero era fijodalgo, et el cuarto era fijo de labrador. Et falláronse todos cuatro en un camino, et andudieron tanto fasta que les menguó la despensa e fueron muy lazrados e fambrientos, et non tenían cosa ninguna sinon los paños con que eran vestidos; et andodieron ansí por el camino fablando unos con otros, fasta que hobo de caer contienda entre ellos sobre las cosas deste mundo como andan, e sobre si en cual quiera estado puede home haber riqueza e gozo.» Et dijo el fijo del rey: «Los fechos deste mundo todos son en el poderío de Dios, e en la ventura que prometió a cada uno; et cuanto le es por él prometido le ha de venir de todo en todo e sin falla, onde ser home bien sofrido a la ventura et atenderla es muy buen seso.» Dijo el fijo del mercadero: «Non cuido yo que ha cosa en el mundo de que home pueda haber grand algo como en ser entremetiente e agudo, e acucioso en las cosas e haber buen entendimiento e sabiduría en comorar e vender.» Dijo el fijodalgo: «Por ser el home fermoso e aguisado e haber buenas maneras e apostura, a quien Dios la quiere dar razón es que haya por ende bien, et non es cosa que mayor ayuda le faga para su vida que esto.» Dijo el fijo del labrador: «Non sé ninguno que pueda haber que coma para un día si non labrare e trabajare.» Et en contendiendo así sobre esto llegaron a la cibdat adonde iban, e asentáronse todos a la puerta, que non tenían cosa de este mundo que dependiesen sinon los vestidos que vestían. Desí comenzáronse de arrufar unos con otros por lo que se alabara que podía facer cada uno, et dijeron al fijo del labrador: «Ve, mezquino, e gana que comamos hoy con tu laceria.» Et fuese e entró a la cibdat e preguntó a unos homes que estaban fablando e díjoles: «Yo só home extraño en esta cibdat, e non he cosa que comer yo e tres compañeros que tengo; ruégovos que me digáis qué obra podré facer con mis manos de mañana fasta la noche que comiésemos ellos e yo.» Et dijéronle: «La leña es muy cara en esta cibdat, et el monte es una legua de aquí; et por este camino van allá los leñadores; vete, e a cuestas puedes traer un faz de que te darán un maravedí con que puedas comprar vianda que comas tú e tus compañeros.» E él fuese al monte, et fizo un grand faz de leña e trájolo a cuestas fasta la cibdat, e vendióla por un maravedí, e dél compró vianda para comer él e sus compañeros ese día. Et otro día dijeron: «Echemos suertes, et al que cayere la suerte fagamos le averiguar su dicho.» Et cayó la suerte al fijodalgo que era fermoso e apuesto, et dijéronle: «Levántate e faznos algo con tu fermosura e bondat e averigua lo que dejiste.» Et el fidalgo fuese a la puerta de la cibdat, et dijo en su corazón: «Yo non sé facer cosa, nin sé qué faga por que dé a mis compañeros que coman, et serme hía grand vergüenza de me tornar a ellos así vacío.» E queríase ir de aquella cibdat e dejarlos desesperadamente. Et estando en aquel pensamiento, arrimóse a un árbol que estaba a par de la carrera, et pasaba por ahí mucha gente, et pasó por ahí una dueña fijadalgo caballera en su mula, e sus mujeres en pos ella et sus criados; et miró al fijodalgo cómo estaba así arrimado al árbol muy penoso, et vido cómo era extranjero e bien fecho e apuesto e fermoso, e ovo grant cuita dél por le ver así tan triste. Et luego que llegó a su posada, dijo a una mujer de aquellas que venían con ella: «Vete, e al escudero que vistes fuera de la villa arrimado a un árbol, llámale e dile que le ruego yo que venga acá.» Et la mujer fuese a él e fallóle que estaba dormiendo con el grand cuidado que tenía, et despertólo et díjole: «Señor, mi señora fulana me envía a ti, et te ruega que vayas fasta allá a su posada a la ver.» Et dijo el fidalgo: «Maravíllome de tu señora en me enviar a llamar, que non sabe quién só yo nin me conoce.» Dijo la dueña: «Non cures; vete allá, que ella te vido hoy estar así al pie deste árbol muy triste, et creo que te quiere preguntar algo de tu facienda; que es mujer muy buena e piadosa e dadivosa.» E levantóse el escudero e fuese con la dueña fasta la posada de la señora, et la dueña le llamó aparte e le rogó mucho que le dijese algo de su facienda e su nombre e su linaje, e él díjogele en qué guisa eran venidos él e sus compañeros a aquella cibdat, e cómo eran extraños e non conocían a ninguno. E la dueña mandó dar posada a él e a sus compañeros et todo cuanto habían menester, et después dio cient maravedís al fijodalgo, e con aquello estovieron así algunos días a su placer fasta que fueron comidos los dineros. Desí dijeron al fijo del mercadero: «Vete e averigua lo que dejiste, e ayúdate de tu agudeza e de tu sabiduría e gana algo que comamos mientra que estamos en esta cibdat.» Et dijo él: «Facerlo he, Dios queriendo.» Et fuese el mancebo e demandó por el logar dónde mercadeaban los de la cibdat, e mostrárongelo que era puerto de mar, e fuese a aquel lugar e vido venir una nave, e juntáronse los mercaderos de la cibdat pora comprar de los señores de la nave la mercadería que en ella venía, et él llegóse con ellos e estovieron con el señor de la nave et dábanle cierto precio por toda la mercadería de la nave, e non se igualaron con él. Et dijeron los mercaderos: «Vayámonos e non curemos hoy de comprar cosa desta mercadería, et mañana tornaremos a ella et quizá nos la dará por lo que le dábamos, et hoy non fable ninguno en cosa dello.» Et feciéronlo así e fuéronse. E cuando el fijo del mercadero los vido idos, fuese al dueño de la nave e estovo con él, e compróle todo cuanto estaba en la nave por el precio que los mercaderos daban, e él diógelo pensando que los mercaderos non tornarían más a él. Et cuando los mercaderos de la cibdat lo sopieron, que aquel mancebo había comprado toda la mercadería de la nave, toviéronse por nescios, et rogáronle que lo traspasase en ellos et que le darían mill maravedís de ganancía; e él fízolo así, e fuese con los dineros pora sus compañeros, e con ellos mejoraron su estado e su facienda. Et dende a pocos días dijeron al fijo del rey: «¿Fasta cuándo atenderás tu ventura, e cuándo ganarás con ella de qué vivamos?» Díjoles él: «Por buena fe non sé qué faga, nin puedo cosa ganar nin espero ál fueras a la ventura, e non dudo que cuando Dios me juzgó, me dio en parte lo que me ha de venir sin falla. E salió dende fasta que llegó a la puerta de la cibdat.
    Et acaesció que en aquella cibdat morió esa mañana el rey de aquel regno, e non dejó sinon un fijo que regnó en pos dél, ca todos sus parientes eran muertos e finados fueras de aquel fijo. Et pasaron el cuerpo del rey difunto que levaban a enterrar por donde él estaba, todos faciendo muy grand duelo, así los menudos como los grandes; et él asentóse en un poyo e non fizo semblante ninguno, et quedóse como era de antes. Et desconocióle un duque de los que iban con el cuerpo, et díjole: «¿Tú quién eres et de dónde veniste et cómo estoviste quedo e non feciste reverencia al cuerpo del rey cuando por aquí pasó?» El mancebo non le respondió, et el duque ensañóse por ello, e denostóle, e tomólo del brazo e derribólo del poyo en bajo e echólo de la cibdat. Et desque fue pasado el llanto tornóse el mancebo a sobir en el poyo otra vez, e tornáronse los otros después que hobieron enterrado al rey, e él estaba asentado en el mismo logar que antes. Et vídolo aquel duque, e vénose para él e ovo dél tanta malenconía que le mandó prender e echarlo en la cárcel. Et otro día alzaron al fijo del rey por rey e coronáronle, e estando en el palacio asentados todos los ricos-homes con el rey, dijo el duque: «Ayer cuando levábamos el cuerpo del rey tu padre a enterrar, un mancebo extranjero vi asentado en un poyo, e non fizo semblante ninguno nin reverencia al cuerpo del rey, e de despecho que ove dél, pensando que es algún escarnidor, fícele echar preso. Et el rey nuevo oyó aquello e mandó traer aquel mancebo ante sí, e trajéronle, et el rey le preguntó de dónde era e de qué gentes, et él respondió: «Yo só fulano, fijo de tal rey, et yo era heredero del regno, e alzóseme con la tierra un mi hermano et echóme del regno, e yo por miedo de ser preso o muerto víneme fuyendo para tu padre que me amparase, e diese ayuda pora cobrar mi regno. E cuando vi que era muerto, e vi levar su cuerpo a enterrar, desesperé e salí de mi seso, que se me fizo su muerte muy fuerte cosa, e pensé como me fallecía lo que cuidaba, et vencióme el cuidado e la tristeza, et estóveme quedo en mi logar maravillándome de las cosas que guisaba la fortuna. Et cuando esto hobo dicho, conocióle el rey e cuantos eran en la corte, e muchos mercaderos de aquella cibdat que se acertaron ende, et fecieron dello testimonio al rey, et el rey prometióle su ayuda en cuanto podiese, porque aquella esperanza que tenía de su padre para cobrar su regno que él gela faría de grado. Et luego mandóle dar posada e bestias, e paños nobles, e muchas viandas, e todas las cosas que hobo menester según que a rey pertenecían. Et era costumbre en aquel regno que cuando facían rey de nuevo, que le traían en un elefante cabalgando por la villa, e todos los de su corte con él muy bien vestidos, et facían aquella fiesta siete días arreo. Et mandó el rey guisar otro elefante por la manera que el suyo, en que trajesen aquel infante que fuera echado de su regno, et que le trajesen por la forma que a él traían, et dijo a los suyos: «Este infante debe de ser rey en su tierra, así como yo en la mía.» Et los de la cibdat feciéronlo ansí, et después e pasadas las fiestas, este rey casó al infante con una su fija, et envió por sus compañeros, e fízolos grandes mercedes. Et después mandó el rey dar gran gente al infante e muy grand tesoro, e leyó su mujer consigo, e fue a tomar su regno. Et cuando su hermano sopo que venía con tamaño poder e esfuerzo, fuéle a recebir et desmamparóle el regno, e el hermano perdonóle e dióle tierra en que viviese, et todos los del regno le recibieron por rey e señor et a su mujer por reina. Et este rey fizo escribir sobre la puerta de la cibdat: el lacerio de un home que faga por sus manos en un día, fácele ganar que coma él e tres compañeros por un día; el buen enseñamiento e buen linaje e fermosura fácele ganar amor de los homes e fácele perder soledat, maguer sea en extraño lugar fuera de su tierra, e fácele ganar en un día cien maravedís. Et la invisidat e el seso et la sabiduría facen ganar al home en un día mill maravedís. Et el encomendarse a Dios e meter su facienda en sus manos e atender su juicio face al rey que perdió su regno cobrarlo e tornarlo en mejor estado que nunca fue; ca todas las cosas deste mundo en el juicio de Dios son e por la ventura; así que ninguna cosa que Dios creó non ha poder de mudarse un daso nin puede facerse cosa sin la voluntad de Dios, et por lo que de él le es prometido e juzgado; e todas las cosas en su poderío son, e él las mantiene; así que home non sabe como las él ordena e las firma. Et desí llamó a sus compañeros que estaban con él, et díjoles: «Dios nos fizo ayuntar en uno el día que nos fallamos en el camino, et nos puso en los corazones de tomar cada uno de nos su opinión, et después nos dio carrera por do cada uno de nos averiguase su dicho: que yo temía que era muy fuerte cosa de ganar algo, que non podía nin sabia facer cosa, que era forzado de mi hermano e fuído con miedo de muerte; así que non sope qué facer sinon acomendarme a Dios e a su merced, et dejar mis fechos en su mano e tenerme por pagado de su juicio, et él me echó en aquesta cibdat et non a sabiendas de mí. Desí fízome ir al su rey et mostróme a razonar con él, et ayudóme a le decir aquello porque él ovo merced de mí, et trabó en lo que le dije, non pensando en ello nin sabiendo en qué fenescería mi facienda, et fue cosa que me metió Dios en corazón e me lo fizo decir; así que gané amor con aquel rey con que nunca fablara, et guisóme por la aventura de que ove de ser rey en mi tierra, e vencí mis enemigos sin poder e sin fuerza que yo oviese; mas fue por el juicio de Dios que se hobo de cumplir. Onde sea él loado por estas cosas que son todas en su poder, que ninguno por arte nin por fuerza non puede contrastar lo que ha de ser por su mandado, nin criar lo que non ha de ser.» Desí mandó el rey ayuntar todos sus ricos-homes e sus caballeros e sus alcaldes e sus perlados e sus religiosos, por les facer un sermón, e fízogelo muy breve e complido, e bien departido, e pedricóles e acucióles a facer buenas obras con que llegasen a Dios et non le fuesen desobedientes. Entonce levantóse un rico-home que facié vida de religioso, de aquellos que el rey mandara allí venir, et dijo: «Señor, fablaste con bueno e sano entendimiento e con seso e con acuerdo, et sabemos que cuanto dices es verdat; ca Dios quiso que ganásemos nos contigo lo que mereces con el seso e con el acuerdo que te Dios dio, et porque tú, esperando su merced e fiando por él, fuiste paciente, non te quiso fallecer; ca cuando Dios quiere dar mejoría al home en buen entendimiento e en sofrimiento e buen seso, et le da por natura de ser piadoso e mesurado a sus pueblos, derecho es que reine en la tierra; et el mejor andante home deste mundo e del otro es aquel a quien Dios quiere dar seso e acuerdo e saber, et tal eres tú, e hanos fecho Dios merced de te nos dar por rey en vez del que habíamos; por onde rogamos a Dios que te faga ser piadoso sobre tus pueblos et bienaventurado a su servicio.» Desí levantóse otro religioso, et loó a Dios e gradecióle e dijo: «Yo había ante que entrase en religión dos maravedís, et metióme Dios en corazón de amar el otro siglo et facer buenas obras, et dije en mío corazón: non es ninguna cosa que de mejor merecimiento sea, según Dios, que comprar una alma e franquearla por su amor. Et fuime al mercado et fallé un pajarero que tenía dos palomas e queríalas vender, e azomejélas e dábale por ellas un maravedí, e non me las quiso dar menos de dos maravedís, et yo porque non tenía más de aquellos dos maravedís, fízome fuerte cosa de comprarlas por cuanto había pedido, et compré la una por un maravedí, et prísome piedad de la otra, et dije en mi corazón: quizá son parejas fembra e maslo, e si las partiere la una de la otra, morirán de pesar que averán e de deseo, o por ventura si la dejare en mano de pajarero comprarlaha otro e franquearla ha, et comprélas amas. Desí dije: ¿cómo faré dellas? Ca si las diere de mano por el poblado cerca de los homes, he miedo que non podrán volar porque son enflaquecidas e magras de la pena que han recebida en el atar, e non só seguro que las non cace alguno otra vez, e non les terná pro el bien que les quiero facer. Et levélas a un logar do había buen pasto lueñe de las casas, e diles de mano, et fuéronse volando, et yo catándolas fasta que se alongaron de mí, et posaron en tierra, e yo iba en pos dellas con miedo que las non pusiese alguno, et cuando era cerca dellas volaban, et siguiéndolas yo en esta guisa volaron tanto que se posaron en un ramo de un árbol, et seguílas fasta que fui acerca dellas, et asentáronse en tierra e comenzaron a picar e a ferir a raíz del árbol, e yo comencé a cabar en aquel logar do ellas picaban, et fallé una jarra llena de maravedís. Et cuando la hobe descobierta, e hobe fallado lo que en ella yacía, entendí que lo non fecieran sinon por me gualardonar lo que les yo ficiera. Et entonces rogué a Dios que las feciese fablar, de guisa que me podiese razonar con ellas, et él fízolo, et yo díjeles: «Pues que así sabedes lo que es so la tierra, ¿cómo caistes en la red del pajarero?» Et ellas dijéronme: «Home bueno, ¿non sabes tú que la ventura vence todas las cosas, e que ninguno no puede pasar el juicio de Dios? Cuando viste que acaesció de nos e de ti fasta que llegaste a la raíz de este árbol, non fue sinon por la ventura que fue prometida a nos e a ti; onde la más bienaventurada criatura es aquella a quien Dios prometió bien en su juicio, et la más malaventurada es aquella a quien prometió el contrario.»

    - versión moderna -

    Capítulo 16

    Del hijo del rey e del fidalgo e de sus compañeros.

    Dijo el rey al filósofo: "Ya oí todos tus ejemplos; pero oí te decir que non ha cosa que más faga al homne ser bien andante e rico e abondado e en buen estado, que buen seso. Et si así es, ¿por qué veemos el nescio haber tanta de honra e riqueza, e cuanto cobdicia, cuanto non puede haber el cuerdo e el entendido e sabio e de buena mantenencia? Et veemos muchas veces que viene mucha rencura e mucha mengua e ocasiones e tribulaciones en este mundo a los sabios e cuerdos e de buen entendimiento, e más que a los negligentes e a los que non se albedrían e a los de flaco seso e a los aliviados". Dijo el filósofo: "Señor, así como el homne non vee si non con sus ojos, nin oye si non con sus orejas, así el saber non se acaba si non con sofrimiento e con seso e con certedumbre; empero a todo esto vence la ventura que es prometida a cada uno. Así que algunos son a que Dios da buena andancia en su riqueza, et recabdan lo que quieren sin su albedrío e sin ninguna obra, et algunos son que se les acaba su buena andancia, que los guía Dios a ser envisos et los enderesca et los enseña de guisa que conoscen bien las cosas e las saben bien traer, et es les esto movido de la ventura que Dios dio e prometió por juicio; empero non haya ninguno esperanza en ninguna buena manera, nin en ninguna buena, bondad que homne haya, que dure sin seso e sin sufrimiento e sin buen acuerdo con que mantenga su facienda. Et ninguno non puede por arte nin por seso desviarlo que Dios le judgó e prometió de antes. Et esto paresce en el ejemplo del fijo del rey que fizo escribir sobre la puerta de su cibdat que decían Matrofil, que el buen entendimiento e la valor o la femencia e la arte en este mundo, todas son en poder de la ventura". Dijo el rey: "¿Cómo fue eso?"
    Dijo el filósofo: "Así fue que cuatro mancebos se ayuntaron en un camino: el uno era fijo de rey, e había de ser rey después que muriese su padre, et otro su hermano forzólo e echólo fuera del regno después de la muerte del padre; et él fuese escondidamente con cuita por guarir, con miedo que lo prendiese su hermano e lo matase; et el segundo mancebo era fijodalgo; et el tercero era fijo de un mercador; e el cuarto, fijo de labrador. Et falláronse todos cuatro en un camino, et andovieron tanto fasta que les menguó la despensa, e fueron muy lazrados et fambrientos, e non tenían cosa ninguna si non los paños que tenían vestidos. Et andando por el camino, fablando unos con otros, hubo de caer entre ellos contienda sobre las cosas deste mundo cómo andan, e en cuál guisa puede homne haber riqueza e gozo e alegría.
    Dijo el fijo del rey: "Los fechos deste mundo todos son en el poderío de Dios et en la ventura que ha prometido a cada uno; et cuanto le es por él prometido, todo le ha de venir de todo en todo; onde ser el homne sofrido a la ventura e a entenderla es muy buen seso". Dijo el fijodalgo: "A quien Dios quiere dar beldat e fermosura e apostura en todos sus miembros e buenas mañas, puede haber mucho bien por ello, et non ha cosa que más le ayude a haber algo que esto". Dijo el fijo del mercador: "Non cuido yo que ha cosa en el mundo de que homne pueda haber grande algo, como en haber buen entendimiento e sabiduría e acucia, e comprar e vender". Et dijo el fijo del labrador: "Yo non cuido que homne pueda haber de comer para un día si non labrare e trabajare". Et en contendiendo así sobre esto llegaron a la cibdat a que iban, et asentaron todos cerca de la cibdat, de fuera, que non tenían cosa deste mundo si non los vestidos que vestían. Desí comenzaron se de arrufar uno contra otro por lo que se alabara, que debía facer cada uno dellos lo que dijera, Et dijeron al fijo del labrador: "Mezquino, vete e trabaja como dices, e gana, que comamos un día".
    Et fuese el fijo del labrador e entró en la cibdat et preguntó a unos homnes que estaban fablando, e díjoles: "Yo só homne estraño en esta cibdat, e tengo otros tres compañeros, e non tenemos ninguna cosa que comer. Decidme cuál obra faría por mis manos de la mañana fasta la noche, para ganar que comiésemos cuatro homnes". Dijéronle: "La leña es muy cara en esta cibdat, e el monte es a una legua de aquí en tal lugar, e van allá los leñadores. Pues ve allá, faz leña con ellos e venderás cuanta pudieres traer, por un maravedí, et esto te cumplirá a ti e a otros tres". Et fuese el fijo del labrador, e fizo leña, e trájola a cuestas cuanta le valió un maravedí, e hubo vianda cuanta cumplió a él e a sus compañeros aquel día.
    Et cuando fue otro día de mañana dijeron: "Echemos suertes, e al que cayere la suerte vaya a averiguar su dicho". Et echaron suertes e cayó la suerte al fijodalgo, que era muy fermoso e muy apuesto. Et dijéronle: "Liévate, e faz nos algo con tu fermosura e con tu beldat, e faz veridad lo que dejiste". Et fuese el fijodalgo e llegó a la puerta de la cibdat. Desí pensó en su corazón e dijo: "Yo non sé facer nada nin sé qué faga por que dé a mis compañeros que coman, et habré vergüenza de tornar a ellos. Et pensó de se ir e dejar los; et arrimóse a un árbol que estaba en medio de la cibdat, et comenzó de catar a los que pasaban por ahí. Et pasó por ahí una dueña fijadalgo, caballera en su mula, e sus mugeres empós della e sus criados. Et vido lo ahí ser, e desconosciólo e entendió que era homne estraño, e vido lo tan fermoso e tan apuesto, e así tan cuidoso, e hubo compasión dél. Et desque llegó a su posada envió una su muger a él, et la muger fue a él, e fallólo adormecido del cuidado que tenía. E despertólo e díjole: "Mi señora, doña Fulana, muger de don Fulano, me envía a ti, et ruégate que la vayas ver a su posada". Et dijo él: "¿Qué me quiere tu señora, o para qué me manda llamar, ca nin sabe quién me so nin me conosce?" Dijo la muger: "Cuida de ti una cosa, e quiere peguntar por tu facienda, e por saber tu estado, e por te facer lo que debe tal dueña a tal como tú". Et levantóse el mancebo e fuese con ella a la posada de la dueña. Et esta dueña era muy noble; et desque fue entrado preguntóle ella e rogóle que le dijese su facienda e su nombre. Et él recontó, le en qué manera veniera a aquella cibdat, él e sus compañeros, e que eran estraños, e que non conoscían a ninguno. Et mandóle aquella dueña dar posada para él e para sus compañeros, e mandóles dar que despendiesen él e ellos cient maravedís. Et estovieron así algunos días a su placer, fasta que fueron comidos los dineros.
    Desí dijeron al fijo del mercador: "Averigua lo que dejiste, e ayúdate de tu agudez e de tu sabiduría, e gana que comamos". Et dijo él: "Facer lo he si Dios me ayudare". Et fuese el mancebo e demandó por el lugar do mercaban los de aquella cibdat. Et vido arribar una nave, e ayuntáronse unos mercadores de la cibdat por comprar de los señores de la nave cuanto ahí traían, et comenzaron los precios dello, e iba él empós dellos. Desí asentáronse a parte, e consejáronse e dijeron unos a otros: "Vayamos nos ahí e non compremos cosa alguna, e ellos vernán a facer nos mercado de cuantas mercadorías hayan, e haber las hemos rafez de buen mercado". Et desque fueron idos, fuese el fijo del mercador para la nave, e igualóse con los dueños de las mercadorías, e prometióles cuanto los otros les daban por ellas e gelas non quisieran dar. Et cuando los mercadores lo sopieron, venieron se luego para la nao e fallaron que la había comprado aquel mancebo; et dieron le mill maravedís de ganancia, et tornóse con ellos para sus compañeros. Et mejoraron su estado, e tovieron que comer, e moraron allí.
    Et después dende a días venieron al fijo del rey et dijeron le: "¿Fasta cuándo atenderás tú la ventura e cuándo ganarás por ella que comamos?" Et díjoles él: "Por buena fe non sé qué faga, nin puedo nada ganar, nin espero ál, salvo la ventura que me ha de venir de lo que Dios me judgó e me dio en parte, et non dubdo que me verná de todo en todo". Et salió de allí, et andovo fasta que llegó a la puerta de la cibdat. Et acaesció que murió ese día el rey desa cibdat, et non dejó si non un fijo que había de heredar el reino después dél, ca todos sus parientes eran muertos e finados fueras aquel, et aquel fijo había de heredar. En pasando por allí, llevando el cuerpo a enterrar, estaba aquel mancebo asentado en los poyos de la puerta de la cibdat, et non se movía por aquel duelo nin mostró pesar. Et desconosciéronlo, et preguntó le un duque e díjole: "¿Quién eres e por qué te sentaste aquí e non te moviste por el duelo del rey cuando pasó por aquí?" Et el mancebo non le respondió; e ensañóse el duque, et denostó lo e echó lo fuera de la cibdat.
    Et desque fue pasado el llanto tornóse el mancebo e asentóse en su lugar, et tornáronse los otros después que hobieron enterrado al rey, et él estaba asentado en su lugar. Et vido lo aquel duque, et vénose para él e díjole: "¿Non te defendí, que non estuvieses en aquel lugar?" Et fízolo prender, et mandólo levar a la prisión. Et cuando fue otro día alzaron por rey al fijo del rey que finó; et comenzó cada uno de los ricos homnes e de los fijosdalgo a bendecir al rey e a decir cada uno la mejor razón que sabía. Et fabló ahí aquel duque, et díjole: "Señor, quiero te decir lo que me acontesció ayer, cuando levábamos el cuerpo del rey: vi a un mancebo asentado en un poyo, cerca de la puerta de la cibdat, et él parescióme homne estraño en su gesto e en sus vestidos, e fabléle e non me respondió, e echélo dende. Et después que tornamos, fallélo en aquel lugar, e preguntélo por qué lo ficiera, e non me respondió, e tove que era esculca, e fícelo prender e poner en la prisión".
    Cuando esto oyó el rey envió por el mancebo, e mandó lo soltar de la prisión, et que gelo trojiesen; et trojieron gelo. Et el rey preguntóle quién era e de qué tierra; et díjole: "Yo só Fulano, fijo del rey deMarmia, e yo era heredero del rey; et desque él fue finado, echóme mi hermano del reino. Et con miedo de muerte tove de fuir e venir me para vuestro padre, en esperanza que me ayudaría e me ampararía. Et cuando vine e lo vide ayer llevar a enterrar, pesóme tanto, de guisa que desesperé e perdí el seso e el entendimiento. Et asentéme allí cerca de la puerta de la cibdat cuidoso e maravillándome de las cosas que guisa la ventura". Cuando esto hubo dicho, conosció lo el rey e los otros nobles homnes que el mesmo era, e dijeron lo todos al rey. Et el rey rescibiólo bien, et prometióle grande algo, et que él guisaría en cuanto pudiese como aquella esperanza que había para cobrar su reino, que él lo faría. Et mandóle dar posadas e bestias e haber.
    Et era la costumbre de aquella tierra que cuando alzaban rey de nuevo traían lo por la cibdat cabalgando en un elefante, dende a siete días; et cabalgaban con él sus caballeros e sus ricos homnes, lo mejor guisados que ellos podiesen, et con muchas maneras de juglares et facían grant fiesta, et era llamado por nombre del rey. Et después que aquel rey nuevo hubo pasado los siete días, e quisieron lo traer en el elefante como acostumbraban facer a los otros reyes, mandó el rey guisar un elefante para aquel infante que era echado de su reino, et que lo trojiesen en él, así como a él; et dijo a los suyos: "Este infante es rey en su tierra, así como yo en ésta, et ficieron lo así como a mí".
    Et andovieron con él por aquella cibdat en aquella fiesta. Et desque el rey fue tornado a su alcázar mandó facer grant hospedadgo al infante, e que le diesen cuanto había menester, fasta que él catase por su facienda. Et el infante buscó a sus compañeros e trájolos a su posada e fízoles mucha honra. Et el rey pagóse todavía del infante, et casólo con su fija, et desque fue casado, honrólo et dióle algo, a él e a sus compañeros, a cada uno en su estado. Et a poco de tiempo el rey mandóle dar a su yerno muchos caballeros e grant haber, para que lo levasen, a él e a su muger, a su regno; et escogió el rey para esto los mejores de su reino, e los más esforzados e mejores e más sabidores en lidiar. Et tornóse el infante para su tierra; et cuando lo sopo el hermano que venía con tanta honra e con tan grant poderío, saliólo a rescebir e pidió le merced e tregua, e desamparó le su regno. Et pusieron entre amos sus pleitos, e prometieron su fe en uno, e prometióle el hermano ciertas parias; et regnó el infante en paz en aquella tierra. Et mandó escrebir a la puerta de la cibdat estas palabras: "Lacerio de un homne que fará por sus manos en un día, puede ganar a él e a tres compañeros de comer e de beber; et complimiento en el homne de beldat e de buen enseñamiento e grant linaje face le ganar amor de los homnes, e fácele perder soledat, maguer sea estraño e fuera de su tierra, et fácele ganar en un día cient maravedís; et el seso e la apostura e la sabiduría et el entendimiento en mercaduría fácele ganar en un día veinte maravedís; et el encomendar se homne a Dios, e meter su facienda en su mano e atender su juicio, face al rey que perdió su reino cobrarlo, e tornar en mejor estado que era. Et todas las cosas son por el juicio de Dios et por ventura así; ca non ha cosa de cuantas Dios crió que se pueda mudar un paso, nin cuidar facer alguna cosa si non por el mandado de Dios et por lo que ha prometido e judgado. Et todas las cosas son en su poder, e él las mantiene, et él se torna; que ninguno non sabe cómo las ordena ni cómo las confirma".
    Desí mandó llamar a sus compañeros, aquellos con quien andovo el camino, et díjoles: "Desque fuemos llegados en un camino e fecimos compañía siempre fuemos en encomienda de Dios, et cuanto cada uno de nos dijo e fizo por averiguar su fecho, fízolo por Dios e por que le era prometido; ca si non fuse por la aventura de Dios e por su juicio, non dijérades lo que dejistes, nin acordara Dios a ninguno de vos a facer lo que dijera, nin averiguar lo que se alabara a sus compañeros. Et yo tenía por muy grant cosa de ganar algo; ca non podía nin sabía, ca era forzado de mi hermano e era fuído con miedo de muerte, así que non sope ál que facer, si non de me amparar al poderío de Dios, e tener me por pagado de su juicio, et que él me acarreó de ir a aquella cibdat, non a sabiendas de mí. Desí fízome ir al su rey, et mostróme razonar con él, et membróme a le decir por qué me hubo merced, e creó lo que le dije, non pensando en ello nin sabiendo en qué fenescería mi facienda; mas fue e cosa que me puso Dios en corazón, e me Él fizo decir, de guisa que gané amor de aquel rey con quien nunca había fablado. Et guisóle por la ventura de Dios que hobe de ser rey en mi tierra, e vencí a mis enemigos, sin poder que yo hobiese e sin fuerza, mas fue por el juicio de Dios que se hubo de complir. Pues loado sea Dios, en cuya mano son todas las cosas; ca ninguno non puede por su fuerza nin por su arte contrastar lo que ha de ser por su mandado".
    Desí mandó el rey llegar los grandes homnes de su regno e sus cabdillos e alcalles e religiosos, por facerles sermón. Et fizo su sermón breve e bien departido con grant sabiduría, et predicóles e acucióles a facer buenas obras con quo se llegasen a Dios e le non fuesen desobedientes. Et levantóse un homne bueno religioso de los que el rey mandara y venir, et díjole: "Señor, has fablado con buen entendimiento e con seso e con acuerdo, et sabemos que cuanto dices todo es verdat, ca Dios guisó, e guisó que regnases en nos, et tú que los merescías con seso e con el acuerdo que Dios te dio, et por tú esperar su merced e fiar en él; ca cuando Dios quiere dar mejoría al homne en buen entendimiento e sofrimiento e buen seso, e le da por naturaleza de ser piadoso e mesurado a sus pueblos, derecho es de reinar. Et el mejor andante homne deste mundo e del otro es aquel a quien Dios quiere facer merced en le dar seso e acuerdo e saber. Et ha nos Dios fecho merced en que te nos dio por rey, en vez de que murió; por ende rogamos a Dios que te faga piadoso sobre tus pueblos e bien aventurado a su servicio.
    Las palomas y el tesoroDesí levantóse otro religioso e loó a Dios e agradesciólo. Desí dijo: "Yo había, ante que entrase en la orden de religión, dos maravedís. Et metióme Dios en corazón de amar el otro siglo, e facer las buenas obras. Et dije en mi corazón: "Non es ninguna cosa que de mejor merescimiento sea, segunt Dios, que comprar un alma e franquear la por el amor de Dios". Et fui al mercado, e fallé un pajarero que tenía dos palomas e querría las vender, et azomélas, e daba le por ellas un maravedí e non me las quiso dar si non por dos maravedís, et yo non tenía más, et fízose me muy grave de comprar las por cuanto tenía, et compré la una por un maravedí. Et hobe piedat dellas, et dije: "Por aventura son parejas, maslo e fembra; et si las partiere una de otra morrán más, con pesar que habrán la una de la otra, et si las dejare al pajarero comprar las ha otro para comer e matar las ha". Et comprélas et tomé las por dos maravedís. "Et dije: "¿Cómo faré dellas? Ca si las diere de mano por lo poblado cerca de los homnes, he miedo que non podrán volar, por que son flacas e magras de la premia que han rescibido e del atar, et non só seguro que las non cace alguno otra vez, et non les terná pro el bien que les yo quiero facer". Desí levé las a un campo a un lugar do había buen pasto, e lueñe de los homnes, e dejélas ir, et comenzaron a volar, catando las yo. Et cuando las palomas se alongaron de mí, posaron en tierra et fueme para ellas, et con miedo que las non tomase alguno. Et cuando fuí cerca dellas volaron e posaron en un ramo de un árbol, e seguílas fasta que fue cerca dellas, et asentáronse en tierra et comenzaron, de picar e de ferir a la raíz de aquel árbol.
    "Et llegué al árbol por ver qué facían, e cabé con una vara en aquel lugar do ellas picaban, e fallé y una jarra llena de maravedís, e descobríla e vi lo que había, e entendí que non lo habían fecho si non por me galardonar lo que les ficiera. Et rogué a Dios que les ficiese fablar, de guisa que fablase con ellas, e fablaron, et díjeles: "Vos, aves, que así sabedes lo que es so tierra, ¿cómo caíste en la red del pajarero?" Et ellas dijéronme: "Homne bueno, ¿non sabes que la aventura del juicio de Dios vence toda cosa e que ninguno non le puede contrastar? Et cuanto viste que acaesció de nos e de ti fasta que llegaste a la raíz deste árbol non fue si non por la aventura que nos fue prometida. Pues la más bien aventurada criatura es aquella a quien Dios promete en su juicio bien, et la más mala aventurada es aquella a quien Dios promete lo contrario".

    Capítulo 17 -

    Del mur e del gato.

    Dijo el zarapico: «Dicen que un religioso había una su choza en el campo, et eran los mures muy pagados de aquella su choza e de comer sus comeres. Et ganó el religioso un gato pora folgar de los mures, et atólo en la choza pora los matar. Et entre aquellos mures había un mur muy grande et muy fuerte e atrevido, et cuando vio que et religioso ataba el gato en la choza, entendió que non le faría mal morar con el gato. Et llamóle et díjole: «Esto sé yo bien, que el religioso non le tiene y sinon pora matar a mí e a mis compañeros, e yo amo tu solaz e tu compañía, et quiérote haber amor por ser seguro de tus artes, et mora e aquí placer de ti, et prométote de te non encobrir mío bien en consejo nin en pro que te pueda facer.» Dijo el gato: «Bien entendí lo que dejistes, et fágote tal pleito que te non busque mal, pues tú has sabor de mi amor; empero non te quiero prometer lo que te non podría complir, ca sabes que el religioso me ha dado en fialdat su choza, e me tiene e me gobierna pora matar a ti e a tus compañeros. Et yo non seré traidor nin iré contra lo que él cree de mí; onde has menester que busques por donde salgas a los campos o a las otras casas que son acerca de aquí, si quisieres que sea yo tu amigo, e que te guardes, yo seyendo presente o fuera del logar; ca si esto así non faces non te guardaré pleito nin homenaje que haya puesto contigo, ca non podrié ser que yo non sirva lealmente a mi señor en aquello que me puso por guardar.» Dijo el mur: «Yo te comencé a rogar e pedir merced, et tú debes recebir mi ruego, et non quieras que yo vaya sin tu amor.» Dijo el gato: «Derecho es e aguisado de recebir yo tus ruegos, e faz lo que quisieres; mas ¿en cuál manera podré yo amar a vos todos los mures, desamando mío señor et queriéndole mal? ca si yo non le fuere leal en matar a vos todos, si podiere, témome que matará él a mí o me fará algún escarnio; onde te apercibo de mí, e te aconsejo que te mudes desta casa salvo e seguro do tú quisieres, et dote plazo de cuatro días, que busques logar en que te acojas. Et yo irte he a ver e a requerir e mostrar mi amor más que tu non podiste.» Dijo el mur: «Fuerte cosa es dejar home su logar; mas estarme he yo en mi forado e guardarme he de ti cuanto podiere.» Cuando fue otro día, salió el mur de su forado a buscar su vito, et vídolo el gato, et non se le mostró por enemigo, ca quiso guardar los cuatro dias que cosiera con él, et fue el mur engañado en esto. Et salió muchas veces e echósele el gato en celada, de guisa que andando el mur por casa, saltó en él el gato et matólo.
    Et yo non te di este enjemplo, sino porque sepas que el home entendudo non debe refertar la palabra del predicador; ca dicen que tal es la palabra del consejero leal en cuanto la ha por dura el consejado, como la melecina amarga que tuelle del cuerpo la grand enfermedad. Et guarda non seas engañado en el amor que te muestra el maslo; et si le tú matares, viviremos en folgura et habrás mejor marido e con mayor placer.» Cuando oyó la fembra lo que decía el zarapico, ovo muy grand deseo del maslo que le prometié, et dijo: «Entendido te he, et non te sospecho en cosa, e lo que tengo en corazón de amor contra ti me muestra el amor que me tú has, e yo sé bien que tú non me consejaras tan desabrida cosa e tan esquiva sinon con amor que me has. Et si fuere esto que me tú consejas cosa atal en que tovieses mayor pro de ti solo sin mí, debíalo yo luego por ti facer et seguir tu voluntat, cuanto más seyendo cosa en que haberé yo pro. ¿Mas en qué guisa podré yo matar al maslo, ca non podré con él?» Dijo el zarapico: «Yo te mostraré una arte tal, que si la federes, recabdarás lo que quisieres, ca yo sé en tal logar un piélago do ha muchos peces, et andan y muchos pescados. Cuando pescares algún grand pez toma una estaca et espétale por ella fasta la boca; et tú vete a aquel logar et toma uno de aquellos peces que vieres que pueda el maslo tragar, et cuando le tragare travesársele ha la estaca en la garganta, e morrá. Et fizo la fembra cuanto le consejó el zarapico, de guisa que mató su maslo en esta manera, Et fincaron la fembra e el zarapico en uno algunos días, e él mostrándole grand amor et gran honra. Desí pidió la garza al zarapico el marido que le prometiera, et fuese a un árbol que era y cerca de aquel piélago, e falló y un lobo cerval que buscaba que comiese, e llamóle, e díjole: «Anda acá comigo e ponte en esta cueva e darte he qué comas.» E tomó el zarapico e trajo por y a la garza, e el lobo, como estaba escondido, saltó en ella e matóla, e comióla. Aqueste es el enjemplo de los dos aparceros que fía el uno del otro.

    - versión moderna -

    Capítulo 16

    El ratón y el gato.

    Dijo el zarapico: "Dicen que en una tierra había un religioso en una choza, e eran los homnes muy pagados de aquella choza e de le dar de sus comeres. E habían y muchos mures que le venían a comer su vito, e hubo el religioso un gato, e atólo en la choza por amortarlos e por matarlos dende. Et entre aquellos mures había un mur que era muy grande e muy fuerte, e más atrevido que todos, et cuando vido al religioso atar el gato en la choza, sopo que faría y él mal de morar con el gato, et llamólo e díjole: "Yo sé bien que el religioso non te tiene si non por matar a mí e a mis compañeros, et yo amo tu compañía e tu solaz e quiero haber tu amor por ser seguro de ti e de tu artería. Et moraré aquí con placer de ti, et prométote que te non encubra mi buen consejo nin el pro que te pueda facer". Dijo el gato: "Bien entiendo lo que dices, et por que tú hobiste sabor de mi amistad, yo te fago tal pleito que te yo non busque mal; empero non te quiero prometer lo que te non podré tener, ca el religioso me fizo fiel de su choza, e me compró por desmanar el daño que le facías, tú e tus compañeros, et yo nunca le seré traidor, contra lo que cree de mí. Onde es menester que busques por donde salgas a los campos o a otra morada de las que son aquí enderredor, si tú quisieres que sea yo tu amigo, ca ser lo he en otro lugar. Et si así non lo ficieres, non habrás de mí homenage nin seguranza, ca yo non podré estar que lealmente non sirva a mi señor en lo que me puso por guardar". Dijo el mur: "Yo te comencé a rogar e pedir por merced, e tú debes rescebir mi ruego, et non quieras que vaya sin tu amor".
    Dijo el gato: "Derecho es que yo resciba tu ruego, e facer lo que tú quisieres; mas ¿en cuál guisa lo faré? Ca vos todos los mures vos ayuntades contra mi señor, et él es muy sañudo contra todos vosotros; et si yo non le fuere leal en vos matar, temo que me matará. Onde te apercibo, e te aconsejo que te mudes desta casa, salvo e seguro para donde quisieres, et dote plazo de tres días a que busques buen lugar en que te acojas e donde mores. E yo ir te ver e requerir, e mostrar te he mi amor más que tú me pediste". Dijo el mur: "Fuerte cosa es dejar el homne su lugar; mas estarme he yo en mi forado, e guardar me he de ti cuanto pudiere". Et cuando fue otro día salió el mur del forado para buscar su vianda, e vido lo el gato, e non se le movió por non le falsar el plazo que le diera, et fue en esto el mur engañado, et salió muchas veces. Et cuando el tercero día fue pasado, estando el gato en celada, salió el mur a andar por la casa, e saltó el gato en él e matólo. Et yo non te di este ejemplo si non por que sepas que el homne entendido non debe refertar la palabra de su amigo leal, nin tener por dura la palabra del castigador; ca dicen que tal es la palabra del leal amigo, en cuanto la ha por dura el consejado, como la melecina amarga que tuelle al cuerpo la mala enfermedat. Et tú guárdate e non seas engañada en el amor que te muestra tu marido; ca si lo matares verás luego la folgura manifiestamente e habrías mejor marido con que mejor placer hobieses". Et cuando oyó la fembra lo que le dijo el zarapico, hubo muy grant pavor; empero prísole gana del marido nuevo que le prometiera, et dijo: "Entendido he lo que tú dejiste, et non te sospecho en nada, e lo que tengo en corazón de amor contra ti me muestra el amor que tú me has, ca yo sé bien que tú non me aconsejarías tan desabridamente e tan esquiva si non con amor e con lealtad que me has. Et si fuese esto que me consejas cosa tal de que hobieses mayor pro de ti solo sin mí, debíalo facer por tu amor e seguirme en tu voluntad, cuanto más seyendo cosa en que yo he parte. Mas ¿con qué guisa podré yo matar a mi marido e con qué podré con él?"
    Dijo el zarapico: "Yo te mostraré una arte tal, que si la ficieres recabdarás lo que quisieres". E dijo la fembra: "¿Cuál es?" Dijo el zarapico: "Yo sé en Fulán lugar un piélago do hay muchos peces, e andan ahí muchos pescadores. Et cuando pescan algunt pece grande toman una estaca e espetan lo en ella desde la cabeza fasta la cola. Et tú vete a aquel lugar, e toma uno de aquellos peces que así vieres, e tráelo al marido e dágelo a tragar, et cuando lo tragare, atravesar se le ha el estaca en la garganta e morrá". Et fizo la fembra cuanto le aconsejó el zarapico, e voló et fuese allí donde los pescadores andaban, e tomó un pece de aquellos espetados, e adujo gelo et puso lo cerca del maslo su marido. Et él tragólo, et rompióle el palo la garganta, e murió. Et fincaron el zarapico e la fembra en uno algunos días, et él mostrábale grande amor e facíale grande honra. Desí demandó ella al zarapico el marido que le prometiera, et él voló e fuese a un árbol que era y cerca, et falló un lobo cerval que buscaba qué comiese, et llamólo e díjole: "Cuitado, ¿qué has e qué es lo que quieres?" Dijo el lobo: "Busco de comer". Dijo el zarapico: "Yo he una amiga de las garzas, la más gorda que ser puede, e quiero la engañar de guisa que te la traiga a la cueva, ca es de Fulán lugar. Pues vete a aquella cueva e estáte y en celada, et cuando llegare la garza allá, salta en ella e mátala". Et fizo así el lobo cerval, e fuese para la cueva e metióse en celada.
    Et tornóse el zarapico a la fembra e díjole: "Fue a un garzo que es mucho mi amigo en Fulán lugar, et díjele de ti cuánt fermosa eres, e cuánt enseñada, e cuánt complida, e del amor que has comigo, e del lugar en que somos, e de cómo has menester marido; et rogóme que te llevase a él, que te quería ver. E vayamos para él". Et ella acordóse con él, e volaron amos e llegaron a aquel lugar. E dijo el zarapico a la fembra: "En aquella cueva yace, et si agora non es ahí, luego verná". Et ella, con deseo del marido, fuese luego para aquel lugar. Et el lobo que yacía en celada saltó en ella detrás de una peña do estaba, et levóla en la boca e matóla.
    Et este es el ejemplo del que se fía por el aparcero falso, que se non debe fiar, cómo peresce".

    Capítulo 18 -

    De la golpeja e de la paloma e del alcaraván,
    e es capítulo del que da consejo a otri, e non lo tiene para sí.


    Dijo el Rey al filósofo: «Ya oí este enjemplo de los dos aparceros que se fían el uno del otro; mas dame agora enjemplo del que da a otri consejo e non lo tiene pora sí.» Dijo el filósofo: «Este enjemplo es tal como el de la paloma e la gulpeja e del alcaraván.» Dijo el Rey: «¿Cómo fue eso?»
    Dijo el filósofo: «Dicen que una paloma sacaba palominos de un su nido que había en una palma muy alta, et la paloma por mudar su nido allí había grant trabajo; tanto era de alta. Et cuando ponía sus huevos sacábalos, et desque lo tenía sacados, veníase una gulpeja a ella que la solía requerir, a la sazón que salían e que andaban ya sus palominos, e parábase a la raíz de la palma e daba voces amenazándola que subiría a ella, si le non echaba los palominos. Et ella echábagelos con grant miedo que había por amor de vevir, ca le decía que si non gelos echase, que sobiría e que comería a ellos e a ella. Et estando ella así un día, e sus palominos eguados, asomó un alcaravan, e posó en la palma, e vido la paloma estar muy triste e muy cuitada. Et díjole: «¿Por qué estás demudada?» Dijo ella: «Háme deparado mi ventura una gulpeja et sol que sabe que mis palominos son criados viéneme amenaszar e a dar voces a la raíz desta palma, et yo con miedo échogelos.» Et dijo el alcaraván: «Cuando veniere a facer lo que dices dile tú: non te echaré mis fijos sinon que subas por ellos, e que los comas, e si non yo non te echaré ninguno.» Et desque le hobo aconsejado el alcaraván esta arte, voló e asentó ribera de un río, et la gulpeja vino a la paloma como sabía facer, et paróse a raíz de la palma e dio voces e gritos, amenazándola como de costumbre, et la paloma respondióle e díjole lo que el alcaraván le enseñara. Et díjole la gulpeja: «¿Quién fue el que te dijo esto?» Dijo la paloma: «El alcaravan me lo dijo que está a la ribera del río.» Et la raposa fue a buscarlo, et fallólo parado en pies, et díjole: «Dios te salve, amigo. ¿Qué faces aquí? ¿Sabes por qué te vine a buscar? Porque me dijeron que sabes muchos bienes pora se guardar home de los accidentes de los aires del cielo, et vine a ti por decoger algunt bien de ti.» Et dijo el alcaravan: «¿Et qué quieres saber de mí?» Dijo la gulpeja: «Cuando has frío a los pies ¿qué es lo que faces?» Dijo el alcaraván: «Alzo el un pié et métole así a carona de mi vientre, et cuando aquel es caliente alzo el otro et quito aquel, et súfrome desta guisa.» Et díjole: «Cuando el viento te da del diestro, ¿qué faces et dónde pones la cabeza? Dijo el alcaraván: «Póngola al siniestro.» «¿Et cuando te da del siniestro?» Dijo: «Póngola al diestro.» Dijo la gulpeja: «Cuando te da el viento de todas partes, ¿dónde la pones?» Dijo el alcaraván: «Póngola so mi ala.» Dijo ella: «¿Et cómo la puedes poner so tu ala, ca non paresce que se podrá facer?» Dijo él: Por Dios, muy bien.» Dijo la gulpeja: «Pues demuéstrame cómo faces, ca en verdat grant mejoría habedes en esto las aves sobre nos, ca sabedes en una hora lo que nos non sabemos en un año, et aun metedes vuestras cabezas so vuestras alas por viento e por frío. Pues muéstrame cómo faces. «Et metió el alcaraván su cabeza so su ala, et dio salto en él la gulpeja, e matólo. E díjole: «Enemigo de Dios, mostraste carrera como te matasen, ca diste consejo a la paloma para que estorciera de la cuita en que estaba.»
    En esto calló el Rey, et dijo el filósofo: «Señor, hayas poder sobre los mares, et déte Dios mucho bien con alegría, et goce tu pueblo contigo et hayas buena ventura, ca en ti es acabado el saber e el seso e el sufrimiento e la mesura e el tu perfecto entedimiento. Ca en tu consejo non ha fallo, nin en tu dicho yerro nin tacha, et has ayuntado en ti esfuerzo e mansedumbre; así que en la lid non eres fallado cobarde, nin en las priesas non eres aquejado. Et yo te he departido e glosado e explanado las cosas, et te he dado respuesta de cuanto me preguntaste, et por ti loé mi consejo e mi saber en complir lo que debía e el derecho que debo con buena memoria de ti, trabajando mío entendimiento, en el consejo e en el castigo leal e en el sermón que te dije.
    Aquí se acaba el libro de Calila e Dymna, et fue sacado de arábigo en latín, e romanzado per mandato del infante don Alfonso, fijo del muy noble rey don Fernando, en la era de mill e docientos e noventa e nueve años.
    El libro es acabado.
    Dios sea siempre loado.

    - versión moderna -

    Capítulo 18
    De la golpeja e de la paloma e del alcaraván;
    e es el capítulo del que da consejo a otro e non lo tiene para sí

    Dijo el rey al filósofo: "Ya entendí este ejemplo. Dame agora ejemplo del homne que da consejo a otro e non lo da a sí mesmo". Dijo el filósofo: "Este ejemplo es tal como el de la paloma e de la gulpeja e del alcaraván". Dijo el rey: "¿E cómo fue eso?" Dijo el filósofo: "Dicen que una paloma sacaba palomillos de un su nido que había en una palma muy alta, et la paloma, para mudar su nido allí, había grant trabajo; tanto era de alto. Et cuando ponía sus huevos sacábalos, e desque los tenía sacados veníase una gulpeja a ella, que la solía requerir a la sazón que salían e que andaban ya sus palominos e parábase a la raíz de la palma, e daba voces amenazando la que subiría a ella si le non echaba los palominos. Et ella echaba gelos con grant miedo que había, por amor de vevir; ca le decía que si non gelos echase que sobiría e que comería a ellos e a ella.
    Et estando ella así un día e sus palominos, eguados, asomó un alcaraván e posó en la palma, e vido la paloma estar muy triste e muy cuitada, et díjole: "¿Por qué estás demudada?" Dijo ella: "Ha me deparado mi ventura una gulpeja, et sol que sabe que mis palominos son criados, viéneme amenazar e a dar voces a la raíz desta palma, e yo con miedo echo gelos". Et dijo el alcaraván: "Cuando veniere a facer lo que dices, dile tú: "Non te echaré mis fijos, si non que subas por ellos e que los comas, e si non yo te echaré ninguno". Et desque le hubo aconsejado el alcaraván esta arte, voló e asentó ribera de un río. Et la gulpeja veno a la paloma como solía facer, et paróse a raíz de la palma e dio voces e gritos, e amenazaba como solía facer. Et la paloma respondióle e díjole lo que el alcaraván le enseñara. Et díjole la gulpeja: "¿Quién fue el que te dijo esto?" Dijo la paloma: "El alcaraván me lo dijo, que está a la ribera del río". Et la raposa fue a buscar lo et fallólo parado en pies, et díjole: "Dios te salve, amigo. ¿Qué faces aquí? ¿Sabes por qué te vine a buscar? Porque me dijeron que sabes muchos bienes para se guardar home de los acidentes de los aires del cielo, et vine a ti por decoger algunt bien de ti". Et dijo el alcaraván: "¿Et qué quieres saber de mí?" Dijo la gulpeja: "Cuando has frío a los pies, ¿qué es lo que faces?" Dijo el alcaraván: "Alzo el un pie e métolo así a carona de mi vientre; et cuando aquél es caliente, alzo el otro e quito aquél, et súfrome desta guisa". Et díjole: "Cuando el viento te da del diestro, ¿qué faces e dónde pones la cabeza?" Dijo el alcaraván: "Póngola al siniestro". "¿Et cuando te da del siniestro?" Dijo: "Póngola al diestro". Dijo la gulpeja: "Et cuando te da el viento de todas partes, ¿dónde la pones?" Dijo el alcaraván: "Póngola so mi ala". Dijo ella: "¿Et cómo la puedes poner so tu ala, ca non me paresce que se podrá facer?" Dijo él: "Por Dios, muy bien". Dijo la gulpeja: "Pues demuéstrame cómo faces, ca en verdad grant mejoría habedes las aves sobre nos, ca sabedes en una hora lo que nos non sabemos en un año, et aun metedes vuestras cabezas so vuestras alas por viento e por frío. Pues muestra me cómo facer". Et metió el alcaraván su cabeza so su ala, et dio salto en él la gulpeja e matólo. Et díjole: "Enemigo de Dios; mostraste carrera como te matasen, et diste consejo a la paloma para que estorciese de la cuita en que estaba". En este calló el rey. Et dijo el filósofo: "Señor, hayas poder sobre las mares, e déte Dios, mucho bien con alegría, e goce tu pueblo contigo, et hayas buena ventura; ca en ti es acabado el saber e el seso e el sufrimiento e la mesura e el tu perfecto entendimiento. Ca en tu consejo non ha falla, nin en tu dicho yerro nin tacha, et has ayuntado en ti fuerza e mansedumbre; así que en la fid non eres fallado cobarde nin en las priesas non eres aquejado. Et yo te he departido e glosado e esplanado las cosas, et te he dado respuesta de cuanto me preguntastes, et por ti loé mi consejo e mi saber en complir lo que debía, e el derecho que debo con buena memoria de ti, trabajando mío entendimiento en el consejo e en el castigo leal e en el sermón que te dije". Aquí se acaba el libro de Calila e Dimna, et fue sacado del arábigo en latín e romanzado por mandado, del infant don Alfn, fijo del muy noble rey don Fernando, en la era de mil e docientos e noventa e nueve años.
    El libro es acabado.
    Dios sea siempre loado.




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