antologia Mio Cid [Indice]
[Edad Media] [Renacimiento] [Barroco] [Siglo XVIII]
[Siglo XIX] [Siglo XX (1)] [Siglo XX (2)] [Hispanoamericana] [Diccionarios]
[Comentarios] [Libros] [Juegos] [Comics] [Recursos]
[Español para extranjeros] [Cajón de sastre] [Enlaces] [Música] [Cine]
[Tablón] [ Cantautores]

Cantar del destierro - 1 -
  • "De los sos ojos | tan fuerte mientre lorando" 
  • "Alli pienssan de aguijar, | alli sueltan las riendas." 
  • "Conbidar le ien de grado| mas ninguno non osava;" 
  • Martin Antolinez | el burgales complido"  
  • "Martin Antolinez | non lo detar[da]va,"
  • "Estas palabras dichas, | la tienda es cogida," 
  • "Spidios el caboso | de cuer e de veluntad." 
  • "Grand yantar le fazen | al buen Campeador." 
  • "Cantar del destierro - 2 -"
  • "Cantar de las bodas" "Cantar de la afrenta de Corpes"


    I           Cantar del destierro 1

    ( Aquí falta la primera hoja del manuscrito.)

    1
    De los sos ojos | tan fuerte mientre lorando
    tornava la cabeça | y estava los catando.
    Vio puertas abiertas | e uços sin cañados,
    alcandaras vazias | sin pielles e sin mantos

    5
    e sin falcones e sin adtores mudados.
    Sospiro mio Çid | ca mucho avie grandes cuidados.
    Ffablo mio Çid | bien e tan mesurado:
    «¡Grado a ti, señor, | padre que estas en alto!
    ¡Esto me an buelto | mios enemigos malos!»

    Versión moderna -

    1-10 - El Cid sale de su pueblo (Vivar) para ir al destierro.

    1
    En silencio intensamente llorando,
    volvía la cabeza, los estaba mirando.
    Vio puertas abiertas, batientes sin candados,
    perchas vacías, sin túnicas de piel ni mantos,

    5
    sin halcones y sin azores mudados.
    Suspiró mío Cid, por los pesares abrumado,
    habló mío Cid bien y muy mesurado:
    - ¡Gracias a ti, Señor, Padre que estás en lo alto!
    ¡Esto han tramado contra mí mis enemigos malvados! -


    10
    Alli pienssan de aguijar, | alli sueltan las riendas.
    A la exida de Bivar | ovieron la corneja diestra
    y entrando a Burgos | ovieron la siniestra.
    Meçio mio Çid los ombros | y engrameo la tiesta:
    «¡Albriçia, Albar Ffañez, | ca echados somos de tierra!»

    15
    Mio Çid Ruy Diaz | por Burgos entrava,
    en su compaña | .lx. pendones levava.
    Exien lo ver | mugieres e varones,
    burgeses e burgesas | por las finiestras son,
    plorando de los ojos | tanto avien el dolor.
    De las sus bocas | todos dizian una razon:

    20
    «¡Dios, que buen vassalo! | ¡Si oviesse buen señor!

    10-20 - Agüeros en el camino de Burgos y acogida en Burgos ("llorando").

    10 Allí empiezan a espolear, allí sueltan las riendas.
    A la salida de Vivar una corneja les salió por la derecha
    y entrando en Burgos les salió por la izquierda.
    Se encogió mio Cid de hombros y agitó la cabeza:
    -¡Alegría, Álvar Fáñez, que nos echan de la tierra!

    15
    Mio Cid Ruy Díaz en Burgos entró,
    en su compañía hay sesenta pendones.
    Salían a verlo mujeres y varones,
    burgueses y burguesas están en los miradores,
    llorando en silencio, tal era su dolor,
    por las bocas de todos salía una expresión:

    20
    -¡Dios, qué buen vasallo si tuviese buen señor!-



    Conbidar le ien de grado| mas ninguno non osava;

    el rey don Alfonsso | tanto avie la grand saña,
    antes de la noche | en Burgos del entro su carta
    con grand recabdo | e fuerte mientre sellada,

    25
    que a mio Çid Ruy Diaz | que nadi nol diesse(n) posada,
    e aquel que gela diesse | sopiesse - vera palabra -
    que perderie los averes | e mas los ojos de la cara
    e aun demas | los cuerpos e las almas.
    Grande duelo avien | las yentes christianas;

    30
    asconden se de mio Çid | ca nol osan dezir nada.
    El Campeador | adeliño a su posada;
    asi commo lego a la puerta | falola bien çerrada
    por miedo del rey Alfonsso | que assi lo avien parado
    que si non la quebrantas por fuerça | que non gela abriese nadi.

    35
    Los de mio Çid | a altas vozes laman,
    los de dentro | non les querien tornar palabra.
    Aguijo mio Çid, | a la puerta se legava,
    saco el pie del estribera, | una feridal dava;
    non se abre la puerta | ca bien era çerrada.

    40
    Una niña de nuef años| a ojo se parava:
    «¡Ya Campeador | en buen ora çinxiestes espada!
    El rey lo ha vedado, | anoch del entro su carta
    con grant recabdo | e fuerte mientre sellada.
    Non vos osariemos abrir | nin coger por nada;

    45
    si non, perderiemos | los averes e las casas
    e demas | los ojos de las caras.
    Çid, en el nuestro mal | vos non ganades nada;
    mas ¡el Criador vos vala | con todas sus vertudes santas!»
    Esto la niña dixo | e tornos pora su casa.

    50
    Ya lo vee el Çid | que del rey non avie graçia.
    Partios de la puerta, | por Burgos aguijava,
    lego a Santa Maria, | luego descavalga,
    finco los inojos, | de coraçon rogava.
    La oraçion fecha | luego cavalgava;

    55
    salio por la puerta | e (en) Arlançon p[a]sava.
    Cabo essa villa | en la glera posava,
    fincava la tienda | e luego descavalgava.
    Mio Çid Ruy Diaz | el que en buen ora çinxo espada
    poso en la glera | quando nol coge nadi en casa,

    60
    derredor del | una buena conpaña.
    Assi poso mio Çid | commo si fuesse en montaña.
    Vedada l'an compra | dentro en Burgos la casa
    de todas cosas | quantas son de vianda;
    non le osarien vender | al menos dinarada.

    21-64 - Una niña informa el Cid de la orden real; el Cid acampa en la orilla del río.

    Le convidarían de grado, pero ninguno osaba:
    el rey Alfonso le tenía tal saña.
    Anteanoche llegó a Burgos su carta
    con grandes precauciones y solemnemente sellada:

    25
    que a mio Cid Ruy Díaz nadie le diese posada
    y que aquel que se la diese supiese una seria amenaza,
    que perdería sus bienes y además los ojos de la cara,
    y aun además el cuerpo y el alma.
    Un gran pesar tenía la gente cristiana,

    30
    se esconden de mio Cid, pues no osan decirle nada.
    El Campeador se dirigió a su posada,
    en cuanto llegó a la puerta, se la encontró bien cerrada,
    por miedo del rey Alfonso así estaba preparada:
    a no ser que la quebrase por la fuerza, no se la abriría nadie.

    35
    Los de mio Cid con grandes gritos llaman,
    los de dentro no les querían contestar palabra.
    Espoleó mio Cid, a la puerta se acercaba,
    sacó el pie del estribo y le dio una patada;
    no se abre la puerta, pues estaba bien cerrada.

    40
    Una niña de nueve años a la vista se paraba:
    -¡Campeador, en buena hora ceñisteis espada!
    El rey lo ha prohibido, anoche llegó su carta
    con grandes precauciones y solemnemente sellada.
    No nos atreveríamos a abriros ni a acogeros por nada;

    45
    si no perderíamos los bienes y las casas,
    y además los ojos de la cara.
    Cid, con nuestro mal vos no ganáis nada,
    pero el Creador os ayude con todas sus virtudes santas.-
    Esto dijo la niña y se volvió a su casa.

    50
    Ya lo ve el Cid, que no tiene del rey la gracia;
    se alejó de la puerta, por Burgos espoleaba,
    llegó a Santa María, entonces descabalga,
    se puso de rodillas, de corazón le rezaba.
    Acabada la oración, al punto cabalgaba,

    55
    salió por la puerta y el Arlanzón cruzaba;
    junto a la ciudad en la glera acampaba,
    plantaba la tienda y luego descabalgaba.
    Mio Cid Ruy Díaz, el que en buena hora ciñó la espada,
    acampó en la glera, pues nadie lo acoge en su casa,

    60
    pero a su alrededor hay una buena mesnada;
    así acampó mio Cid como si estuviese en la montaña.
    Dentro de Burgos le han prohibido comprar nada
    de cualquier cosa que sea de vituallas;
    no osarían venderle la porción más barata.



    65

    Martin Antolinez | el burgales complido
    a mio Çid e a los suyos | abastales de pan e de vino;
    non lo conpra, ca el selo avie consigo;
    de todo conducho | bien los ovo bastidos.
    Pagos mio Çid | el Campeador [conplido]
    e todos los otros | que van a so çervicio.

    70
    Fablo Martin Antolinez, | odredes la que a dicho:
    «¡Ya Canpeador | en buen ora fuestes naçido!
    Esta noch y[a]gamos | e vay[a]mos nos al matino,
    ca acusado sere | de lo que vos he servido;
    en ira del rey Alfonsso | yo sere metido.

    75
    Si con vusco | escapo sano o bivo
    aun çerca o tarde | el rey querer me ha por amigo;
    si non, quanto dexo | ¡no lo preçio un figo!»
    Fablo mio Çid | el que en buen ora çinxo espada:
    «¡Martin Antolinez | sodes ardida lança!

    80
    Si yo bivo| doblar vos he la soldada.
    Espeso e el oro | e toda la plata;
    bien lo vedes | que yo no trayo [nada],
    e huebos me serie | pora toda mi compaña;
    fer lo he amidos, | de grado non avrie nada.

    85
    Con vuestro consego | bastir quiero dos archas;
    incamos las d'arena | ca bien seran pesadas,
    cubiertas de guadalmeçi | e bien enclaveadas.
    Los guadameçis vermejos | e los clavos bien dorados.
    Por Rachel e Vidas | vayades me privado;

    90
    quando en Burgos me vedaron compra | y el rey me a airado,
    non puedo traer el aver | ca mucho es pesado,
    enpeñar gelo he | por lo que fuere guisado.
    De noche lo lieven | que non lo vean christianos;
    95
    vealo el Criador | con todos los sos santos,
    yo mas non puedo | e amidos lo fago.

    65-95 - Martín Antolínez se incorpora al bando del Cid y le trae provisiones. Ardid para conseguir un préstamo.

    65
    Martín Antolínez, el burgalés cumplido,
    a mio Cid y a los suyos les abastece de pan y de vino;
    no lo compra, pues él lo tenía consigo,
    de todas las provisiones bien los hubo abastecido.
    Se satisfizo mio Cid y todos los otros que van a su servicio.

    70
    Habló Martín Antolínez, vais a oír lo que ha dicho:
    -¡Campeador, en buena hora habéis nacido!
    Acostémonos esta noche y vayámonos recién amanecido,
    pues seré acusado por lo que os he servido,
    en la ira del rey Alfonso yo habré incurrido.

    75
    Si con vos escapo sano y vivo,
    tarde o temprano el rey me querrá como amigo;
    si no, cuanto dejo me importa un pepino.-
    Habló mio Cid, el que en buena hora ciñó espada:
    -¡Martín Antolínez, sois una aguerrida lanza,

    80
    si yo vivo, os duplicaré la soldada!
    He gastado el oro y toda la plata,
    bien lo veis que yo no traigo nada
    y buena falta me haría para toda mi mesnada.
    Lo he de hacer por las malas, por las buenas no obtendría nada:

    85
    de acuerdo con vos, quiero preparar dos arcas,
    llenémoslas de arena, que serán muy pesadas,
    forradas de guadamecí y bien claveteadas,
    el guadamecí bermejo y los clavos bien dorados.
    Por Rachel y Vidas idme de inmediato.

    90
    cuando en Burgos me han prohibido comprar y el rey me ha expatriado,
    no puedo traer este dinero pues es muy pesado,
    se lo empeñaré por lo que sea apropiado,
    que lo lleven de noche, para que no lo vea cristiano.
    Véalo el Criador junto a todos sus santos,

    95
    yo más no puedo y por las malas lo hago.-


    Martin Antolinez | non lo detar[da]va,

    por Rachel e Vidas | a priessa demandava.
    Passo por Burgos, | al castiello entrava,
    por Rachel e Vidas | a priessa demandava.

    100
    Rachel e Vidas | en uno estavan amos
    en cuenta de sus averes, | de los que avien ganados.
    Lego Martin Antolinez | a guisa de menbrado:
    «¿O sodes, Rachel e Vidas, | los mios amigos caros?
    En poridad | f(l)ablar querria con amos.»

    105
    Non lo detardan, | todos tres se apartaron:
    «Rachel e Vidas: | amos me dat las manos
    que non me descubrades | a moros nin a christianos;
    por siempre vos fare ricos, | que non seades menguados.
    El Campeador | por las parias fue entrado,

    110
    grandes averes priso | e mucho sobejanos;
    retovo dellos | quanto que fue algo,
    por en vino a aquesto | por que fue acusado.
    Tiene dos arcas | lennas de oro esmerado.
    Ya lo vedes | que el rey le a airado.

    115 Dexado ha heredades | e casas e palaçios;
    aquelas non las puede levar, | si non, ser ien ventadas;
    el Campeador dexar las ha | en vuestra mano,
    e prestalde de aver | lo que sea guisado.
    Prended las archas | e meted las en vuestro salvo;

    120
    con grand jura | meted i las fes amos
    que non las catedes | en todo aqueste año.»
    Rachel e Vidas | seyen se consejando:
    «Nos huebos avemos | en todo de ganar algo.
    Bien lo sabemos | que el algo gaño,

    125
    quando a tierra de moros entro | que grant aver saco;
    non duerme sin sospecha | qui aver trae monedado.
    Estas archas | prendamos las amas,
    en logar las metamos | que non sean ventadas.
    Mas dezid nos del Çid: | ¿de que sera pagado,

    130
    o que ganançia nos dara | por todo aqueste año?»
    Respuso Martin Antolinez | a guisa de menbrado:
    «Mio Çid querra lo que ssea aguisado,
    pedir vos a poco | por dexar so aver en salvo;
    acogen sele omnes | de todas partes menguados;

    135
    a menester | seis çientos marcos.»
    Dixo Rachel e Vidas: | «Dar gelos [hemos] de grado.»
    «Ya vedes que entra la noch, | el Cid es presurado;
    huebos avemos | que nos dedes los marchos.»
    Dixo Rachel e Vidas: | «Non se faze assi el mercado.

    140
    si non primero prendiendo | e despues dando.»
    Dixo Martin Antolinez: | «Yo desso me pago.
    Amos tred | al Campeador contado,
    e nos vos ayudaremos | que assi es aguisado
    por aduzir las archas | e meter las en vuestro salvo,

    145
    que non lo sepan | moros nin christianos.»
    Dixo Rachel e Vidas: | «Nos desto nos pagamos;
    las archas aduchas, | prendet seyes çientos marcos.»
    Martin Antalinez | cavalgo privado
    con Rachel e Vidas | de voluntad e de grado.

    150
    Non viene a la pueent | ca por el agua a passado
    que gelo non venta(n)ssen | de Burgos omne nado.
    Afevos los a la tienda | del Campeador contado:
    assi commo entraron | al Çid besaron le las manos,
    sonrrisos mio Çid, | estavalos fablando:

    155
    «¡Ya don Rachel e Vidas | avedes me olbidado!
    Ya me exco de tierra | ca del rey so airado;
    a lo quem semeja | de lo mio avredes algo,
    mientras que vivades | non seredes menguados.»
    Don Rachel e Vidas | a mio Çid besaron le las manos.

    160
    Martin Antolinez | el pleito a parado
    que sobre aquelas archas | dar le ien .vi. çientos marcos
    e bien gelas guardarien | fasta cabo del año;
    ca assil dieran la fe | e gelo avien jurado
    que si antes las catassen | que fuessen perjurados,

    165
    non les diesse mio Çid | de la ganançia un dinero malo.
    Dixo Martin Antolinez: | «Cargen las archas privado.
    Levaldas, Rachel e Vidas, | poned las en vuestro salvo;
    yo ire con vus[c]o | que adugamos los marcos,
    ca a mover a mio Çid | ante que cante el gallo.»

    170
    Al cargar de las archas | veriedes gozo tanto:
    non las podien poner en somo | mager eran esforçados.
    Gradan se Rachel e Vidas | con averes monedados,
    ca mientra que visquiessen | refechos eran amos.
    Rachel a mio Çid | la manol ba besar:

    175
    «¡Ya Campeador | en buen ora çinxiestes espada!
    De Castiella vos ides | pora las yentes estrañas;
    assi es vuestra ventura, | grandes son vuestras ganançias,
    una piel vermeja | morisca e ondrada
    Çid, beso vuestra mano | en don que la yo aya.»

    180
    «Plazme», dixo el Çid, | «D'aqui sea mandada;
    si vos la aduxier d'alla; | si non, contalda sobre las arcas.»
    En medio del palaçio | tendieron un almofalla,
    sobr'ella una savana | de rançal e muy blanca;
    a tod el primer colpe | .iii.ccc marcos de plata echa[va]n,

    185
    notolos don Martino, | sin peso los tomava;
    los otros .ccc. | en oro gelos pagavan.
    Cinco escuderos tiene don Martino, | a todos los cargava.
    Quando esto ovo fecho | odredes lo que fablava:
    «Ya don Rachel e Vidas | en vuestras manos son las arcas;

    190
    yo, que esto vos gane, | bien mereçia calças.»
    Entre Rachel e Vidas | aparte ixieron amos:
    «Demos le buen don | ca el no' lo ha buscado.
    Martin Antolinez | un burgales contado
    vos lo mereçedes, | darvos queremos buen dado

    195
    de que fagades calças | e rica piel e buen manto;
    damos vos en don | a vos .xxx. marchos.
    Mereçer no' lo hedes, | ca esto es aguisado,
    atorgar nos hedes | esto que avemos parado.»
    Gradeçiolo don Martino | e reçibio los marchos;

    200
    grado exir de la posada | y espidios de amos.
    Exido es de Burgos | e Arlançon a passado,
    vino pora la tienda | del que en buen ora nasco;
    reçibiolo el Çid | abiertos amos los braços:
    «¿Venides, Martin Antolinez, | el mio fiel vassalo?
    205
    ¡Aun vea el dia | que de mi ayades algo!»
    «Vengo, Campeador, | con todo buen recabdo;
    vos .vi. çientos | e yo .xxx. he ganados.
    Mandad coger la tienda | e vayamos privado,
    en San Pero de Cardeña | i nos cante el gallo;

    210
    veremos vuestra mugier | menbrada fija dalgo;
    mesuraremos la posada | e quitaremos el reinado,
    mucho es huebos | ca çerca viene el plazo.»

    97-212 - Negociaciones con los prestamistas y consecución del préstamo.

    Martín Antolínez no lo demoraba,
    por Rachel y Vidas deprisa preguntaba.
    Cruzó por Burgos, al castillo entraba,
    por Rachel y Vidas deprisa preguntaba.

    100
    Rachel y Vidas juntos estaban ambos,
    contando su dinero, el que habían ganado.
    Llegó Martín Antolínez como hombre avisado:
    -¿Donde estáis, Rachel y Vidas, mis amigos apreciados?
    En secreto querría hablar con ambos.

    105
    No lo demoran, los tres se apartaron.
    -Rachel y Vidas, dadme los dos las manos,
    que no me descubráis a moros ni a cristianos,
    para siempre os haré ricos, que no estéis necesitados.
    El Campeador por los tributos hubo entrado,

    110
    se apropió muchos bienes y muy extraordinarios;
    retuvo de ellos cuanto valía algo,
    de ahí vino esto por lo que ha sido acusado.
    Tiene dos arcas llenas de oro afinado,
    ya lo veis, que el rey lo ha expatriado,

    115
    ha dejado sus heredades, sus casas y sus palacios:
    aquéllas no se las puede llevar, si no, sería rastreado;
    el Campeador las dejará en vuestras manos
    y prestadle el dinero que sea apropiado.
    Tomad las arcas y ponedlas a salvo,

    120
    con firme juramento dadme palabra ambos
    de no inspeccionarlas en todo este año.-
    Rachel y Vidas estaban deliberando:
    -Tenemos necesidad en esto de ganar algo;
    de sobras sabemos que él ganó algo

    125
    cuando entró a tierra de moros, pues una gran suma ha sacado.
    No duerme sin temor quien lleva dinero en metálico.
    Estas arcas tomémoslas ambos,
    guardémoslas en lugar que no sea rastreado.
    Pero decidnos del Cid, ¿con cuánto se dará por pagado

    130
    y que intereses nos dará por todo este año?
    Respondió Martín Antolínez, como hombre avisado:
    -Mio Cid querrá lo que sea apropiado,
    os pedirá poco por dejar su dinero a salvo;
    se le acogen de todas partes hombres necesitados,

    135 necesita seiscientos marcos.-
    Dijeron Rachel y Vidas: ‹Se los daremos de buen grado.
    -Ya veis que entra la noche, el Cid va apresurado,
    nos hace falta que nos deis los marcos.
    Dijeron Rachel y Vidas: ‹No se hace así el mercado,

    140
    sino cogiendo primero y después dando.
    Dijo Martín Antolínez: - Eso es de mi agrado,
    id los dos al Campeador renombrado
    y nosotros os ayudaremos, que eso es lo apropiado,
    para traer las arcas y ponerlas con vosotros a salvo,

    145
    que no lo sepan moros ni cristianos.
    Dijeron Rachel y Vidas: -Esto es de nuestro agrado;
    una vez traídas las arcas, tomad los seiscientos marcos.
    Martín Antolínez cabalgó apresurado
    con Rachel y Vidas, de muy buen grado.

    150
    No va por el puente, pues por el agua ha pasado,
    que no lo perciba de Burgos ningún ciudadano.
    Helos aquí en la tienda del Campeador renombrado,
    en cuanto entraron, al Cid le besaron las manos.
    Se sonrió mio Cid mientras les está hablando:

    155
    ¡Don Rachel y don Vidas, me tenéis olvidado!
    Ya me salgo de la tierra, pues el rey me ha expatriado,
    por lo que me parece, de lo mío tendréis algo,
    mientras viváis no estaréis necesitados,
    Don Rachel y don Vidas al Cid le besaron las manos.

    160
    Martín Antolínez el negocio ha cerrado
    de que por aquellas arcas le darían seiscientos marcos
    y se las guardarían bien hasta pasado un año,
    pues así le dieron su palabra y se lo habían jurado,
    y si antes las inspeccionasen, que por perjurio sean juzgados

    165
    y no les diese mio Cid de los intereses ni un cuarto.
    Dijo Martín Antolínez: -Que carguen las arcas de inmediato,
    llevadlas, Rachel y Vidas, ponedlas con vosotros a salvo;
    yo iré con vosotros para que traigamos los marcos,
    pues el Cid ha de partir antes de que cante el gallo.-

    170
    Al cargar las arcas veríais un gozo tan alto,
    aunque eran forzudos no podían cargarlas en alto;
    se alegran Rachel y Vidas con el dinero en metálico,
    pues mientras viviesen muy ricos serían ambos.
    Rachel a mio Cid le va a besar la mano:

    175
    ¡Campeador, en buena hora ceñisteis espada!
    Os vais de Castilla rumbo a la gente extraña,
    así es vuestra ventura, grandes son vuestras ganancias;
    una túnica de piel roja, morisca y preciada,
    Cid, os beso las manos, que en regalo me sea dada.

    180
    De acuerdo -dijo el Cid-, quede desde aquí encargada
    y si no os la trajese de allí, sumadla a lo de las arcas.
    Tendieron una alfombra en medio de la sala,
    sobre ella una sábana de hilo fino y muy blanca.
    De un solo golpe echaron trescientos marcos de plata,

    185
    los vio don Martín, sin peso los tomaba;
    los otros trescientos en oro se los pagaban.
    Cinco escuderos tenía don Martín, a todos los cargaba;
    cuando esto hubo hecho, oíd cómo hablaba:
    - Don Rachel y don Vidas, en vuestras manos están las arcas;

    190
    yo que os proporcioné esto bien me merezco unas calzas.
    Juntos Rachel y Vidas aparte salieron ambos:
    -Démosle un buen regalo, pues él nos lo ha buscado.
    Martín Antolínez, burgalés renombrado,

    195
    para que os hagáis calzas, rica túnica y buen manto,
    os damos de propina a vos treinta marcos.
    Los mereceréis, pues es lo apropiado;
    seréis el fiador de lo que hemos acordado.
    Lo agradeció don Martín y recibió los marcos;

    200
    fue a salir de la casa y se despidió de ambos.
    Ha salido de Burgos y el Arlanzón ha cruzado,
    se vino a la tienda del que nació con buen hado.
    El Cid lo recibió, abiertos ambos brazos:
    - ¡Ya llegáis, Martín Antolínez, mi fiel vasallo!

    205
    Ojalá vea el día en que de mí recibáis algo.
    - Vengo, Campeador, con mucho cuidado;
    vos seiscientos y yo treinta he ganado.
    Mandad recoger la tienda y vayámonos apresurados,
    en San Pedro de Cardeña, allí nos cante el gallo;

    210
    veremos a vuestra mujer, discreta hijadalgo.
    Abreviaremos la estancia y dejaremos el reinado;
    buena falta nos hace, pues se echa encima el plazo.-


    Estas palabras dichas, | la tienda es cogida,
    Mio Çid e sus conpañas | cavalgan tan aina.

    215
    La cara del cavallo | torno a Santa Maria,
    alço su mano diestra, | la cara se santigua:
    «¡A ti lo gradesco, Dios, | que çielo e tierra guias!
    ¡Valan me tus vertudes | gloriosa Santa Maria!
    D'aqui quito Castiella | pues que el rey he en ira;

    220
    non se si entrare i mas | en todos los mios dias.
    ¡Vuestra vertud me vala | Gloriosa, en mi exida,
    e me ayude e(l) me acorra | de noch e de dia!
    Si vos assi lo fizieredes | e la ventura me fuere complida
    mando al vuestro altar | buenas donas e ricas;

    225
    esto e yo en debdo | que faga i cantar mill missas.»

    213-225 Promesa del Cid a Santa María.

    Mio Cid y sus mesnadas cabalgan muy deprisa;

    215
    el rostro del caballo volvió hacia Santa María,
    alzó la mano derecha, la cara se santigua:
    - ¡A ti te lo agradezco, Dios, que cielo y tierra guías;
    protéjanme tus virtudes, gloriosa Santa María!
    Desde aquí dejo Castilla, pues al rey tengo en ira,

    220
    no se si volveré a entrar en toda mi vida.
    ¡Vuestro poder me proteja, Gloriosa, en mi salida,
    y me ayude y socorra de noche y de día!
    Si vos así lo hicierais y la suerte me fuese propicia,
    mandaré a vuestro altar dádivas buenas y ricas;
    225
    de esto hago yo voto: que haré ahí cantar mil misas.


    Spidios el caboso | de cuer e de veluntad.
    Sueltan las riendas | e pienssan de aguijar.
    Dixo Martin Antolinez: | «Vere a la mugier a todo mio solaz,
    castigar los he | commo abran a far.

    230
    Si el rey melo quisiere tomar | ¡a mi non m'inchal!
    Antes sere con vusco | que el sol quiera rayar.»
    Tornavas Martin Antolinez a Burgos | e mio Çid aguij[o]
    pora San Pero de Cardeña | quanto pudo a espol[on]
    con estos cavalleros | quel sirven a so sabor.
    235
    A priessa cantan los gallos | e quieren quebrar albores
    quando lego a San Pero | el buen Campeador.
    El abbat don Sancho | christiano del Criador
    rezava los matines | abuelta de los albores;
    i estava doña Ximena | con çinco dueñas de pro

    240
    rogando a San Pero | e al Criador:
    «¡Tu que a todos guias | val a mio Çid el Campeador!»
    Lamavan a la puerta, | i sopieron el mandado;
    ¡Dios, que alegre fue | el abbat don Sancho!
    Con lumbres e con candelas | al corral dieron salto,

    245
    con tan grant gozo reçiben | al que en buen ora nasco:
    «¡Gradesco lo a Dios, mio Çid!» | dixo el abbat don Sancho;
    «Pues que aqui vos veo | prendet de mi ospedado.»
    Dixo el Çid: «Graçias, don abbat, | e so vuestro pagado.
    Yo adobare conducho | pora mi e pora mis vassallos;

    250
    mas por que me vo de tierra | dovos .l. marchos,
    si yo algun dia visquier | servos han doblados.
    Non quiero fazer en el monesterio | un dinero de daño;
    evades aqui pora doña Ximena | dovos .c. marchos,
    a ella e a sus fijas e a sus dueñas | sirvades las est año.

    255
    Dues fijas dexo niñas | e prendet las en los braços,
    aquellas vos acomiendo a vos, | abbat don Sancho;
    dellas e de mi mugier | fagades todo recabdo.
    Si essa despenssa vos falleçiere | o vos menguare algo,
    bien las abastad, | yo assi vos lo mando;

    260
    por un marcho que despendades | al monesterio dare yo quatro».
    Otorgado gelo avie | el abbat de grado.
    Afevos doña Ximena | con sus fijas do va legando,
    señas dueñas las traen | e aduzen las adelant.
    Ant'el Campeador | doña Ximena finco los inojos amos,

    265
    lorava de los ojos, | quisol besar las manos:
    «¡Merçed, Campeador, | en ora buena fuestes nado!
    Por malos mestureros | de tierra sodes echado.
    ¡Merçed, ya Çid, | barba tan complida!
    Fem ante vos | yo e vuestras fijas
    - iffantes son | e de dias chicas -

    270
    con aquestas mis dueñas | de quien so yo servida.
    Yo lo veo | que estades vos en ida
    e nos de vos | partir nos hemos en vida:
    ¡Da(n)d nos consejo | por amor de Santa Maria!»
    Enclino las manos | [el de] la barba velida,

    275
    a las sus fijas | en braço' las prendia,
    legolas al coraçon | ca mucho las queria.
    Lora de los ojos, | tan fuerte mientre sospira:
    «¡Ya doña Ximena | la mi mugier tan complida,
    commo a la mi alma | yo tanto vos queria!

    280
    Ya lo vedes | que partir nos emos en vida,
    yo ire | e vos fincaredes remanida.
    ¡Plega a Dios | e a Santa Maria
    que aun con mis manos | case estas mis fijas,
    o que de ventura | e algunos dias vida
    e vos, mugier ondrada, | de mi seades servida!»

    226-284 - Salida para Cardeña, acogida jubilosa del Abad y de doña Jimena y sus hijas.

    Se despidió el intachable con afecto y con piedad.
    Sueltan las riendas y empiezan a espolear.
    Dijo Martín Antolínez, de Burgos natural:
    -Veré a mi mujer a mi entero solaz;
    le explicaré cómo han de actuar.

    230
    Si el rey me lo quiere expropiar, a mí lo mismo me da.
    Antes estaré con vos de que el sol vaya a apuntar.
    Martín Antolínez se volvía a Burgos y mio Cid a aguijar,
    hacia San Pedro de Cardeña, a todo espolear.

    235
    Deprisa cantan los gallos y van a romper albores,
    cuando llegó a San Pedro el buen Campeador
    con estos caballeros que le sirven a satisfacción.
    El abad don Sancho, cristiano del Señor,
    rezaba los maitines al tiempo del albor;
    allí estaba doña Jimena con cinco damas de pro,

    240
    rogándoles a San Pedro y al Criador:
    - Tú, que a todos guías, protege a mio Cid el Campeador.
    Llamaban a la puerta, allí supieron el recado.
    ¡Dios, que alegre se puso el abad don Sancho!
    Con antorchas y candelas salieron al patio,

    245
    con tanto gozo reciben al que nació con buen hado.
    -A Dios doy gracias, mio Cid, ‹dijo el abad don Sancho
    ,
    pues que aquí os veo, sed de mí hospedado.
    Dijo el Cid: - Gracias, abad, lo acepto con agrado,
    yo dispondré la comida para mí y para mis vasallos;

    250
    pero, por irme de la tierra, os doy cincuenta marcos.
    Si vivo algún tiempo, os serán duplicados,
    no quiero hacerle al monasterio un céntimo de gasto.
    Aquí tenéis, para doña Jimena os doy cien marcos;
    a ella, a sus hijas y damas atendedlas este año.

    255
    Dos hijas dejo niñas, cobijadlas en brazos;
    a ellas os las encomiendo a vos, abad don Sancho,
    de ellas y de mi mujer ocupaos con cuidado.
    Si esa provisión se acaba o tenéis que gastar algo,
    abastecedlas bien, yo así os lo encargo;

    260
    por un marco que gastéis, al monasterio le daré yo cuatro.
    Se lo ha concedido el abad con agrado.
    He aquí a doña Jimena, con sus hijas va llegando,
    sendas damas las traen y las conducen delante.
    Ante el Campeador doña Jimena de rodillas se ha postrado,
    265
    lloraba en silencio, le fue a besar las manos:
    -¡Gracia os pido, Campeador, que nacisteis con buen hado!
    Por viles calumniadores del reino sois expulsado.
    ¡Por favor, Cid, barba tan cumplida!
    Heme ante vos yo con vuestras hijas,
    pequeñas son y, por edad, niñas,

    270
    con estas damas mías, por quienes soy servida.
    Bien lo veo, que preparáis la salida
    y nosotras de vos nos separaremos en vida:
    ¡dadnos consejo, por amor de Santa María!
    Bajó sus manos el de la barba bellida,

    275
    a sus hijas en brazos las cogía,
    las acercó al corazón, pues mucho las quería;
    llora en silencio, muy fuertemente suspira:
    -¡Doña Jimena, mi mujer tan cumplida,
    como a mi alma yo tanto os quería!

    280
    Ya lo veis, que no separaremos en vida
    yo me iré y vos os quedaréis aquí establecida.
    ¡A Dios le plazca y a Santa María
    que llegue con mis manos a casar a mis hijas
    o que me dé fortuna y algún tiempo de vida,
    y así vos, mujer honrada, de mí seáis atendida!



    285
    Grand yantar le fazen | al buen Campeador.
    Tañen las campanas | en San Pero a clamor.
    Por Castiella | oyendo van los pregones
    commo se va de tierra | mio Çid el Campeador;
    unos dexan casas | e otros onores,

    290
    en aques dia | a la puent de Arlançon
    çiento quinze cavalleros | todos juntados son;
    todos demandan | por mio Çid el Campeador.
    Martin Antolinez | con ellos cojo;
    vansse pora San Pero | do esta el que en buen punto naçio.

    295
    Quando lo sopo | mio Çid el de Bivar
    quel creçe compaña | por que mas valdra,
    a priessa cavalga, | reçebir los sal(i)e,
    tornos a sonrisar, | legan le todos, le manol ban besar.
    Fablo mio Çid | de toda voluntad:

    300
    «Yo ruego a Dios | e al Padre spirital,
    vos, que por mi dexades | casas y heredades,
    enantes que yo muera | algun bien vos pueda far,
    lo que perdedes | doblado vos lo cobrar.»
    Plogo a mio Çid | por que creçio en la yantar,

    305
    plogo a los otros omnes todos | quantos con el estan.
    Los .vi. dias de plazo | passados los an,
    tres an por troçir | sepades que non mas.
    Mando el rey | a mio Çid (a) aguardar,
    que si despues del plazo | en su tierral pudies tomar

    310
    por oro nin por plata | non podrie escapar.
    El dia es exido, | la noch querie entrar,
    a sus cavalleros | mandolos todos juntar:
    «¡Oid, varones, | non vos caya en pesar!
    Poco aver trayo, | dar vos quiero vuestra part.

    315
    Sed membrados | commo lo devedes far;
    a la mañana | quando los gallos cantaran
    non vos tardedes, | mandedes ensellar;
    en San Pero a matines | tandra el buen abbat,
    la missa nos dira, | esta sera de Santa Trinidad;

    320
    la missa dicha, | penssemos de cavalgar,
    ca el plazo viene açerca, | mucho avemos de andar.»
    Cuemo lo mando mio Çid | assi lo an todos ha far.
    Passando va la noch, | viniendo la man;
    a los mediados gallos | pienssan de [ensellar].

    325
    Tañen a matines | a una priessa tan grand;
    mio Çid e su mugier | a la eglesia van.
    Echos doña Ximena | en los grados delant'el altar
    rogando al Criador | quanto ella mejor sabe
    que a mio Çid el Campeador | que Dios le curias de mal:

    330
    «¡Ya Señor glorioso, | Padre que en çielo estas!
    Fezist çielo e tierra, | el terçero el mar
    fezist estrelas e luna | y el sol pora escalentar;
    prisist encarnaçion | en Santa Maria madre,
    en Belleem apareçist | commo fue tu veluntad;

    335
    pastores te glorifficaron, | ovieron [t]e a laudare,
    tres reyes de Arabia | te vinieron adorar
    - Melchior | e Gaspar e Baltasar -
    oro e tus e mirra | te offreçieron commo fue tu veluntad;
    [salvest] a Jonas | quando cayo en la mar,

    340
    salvest a Daniel | con los leones en la mala carçel,
    salvest dentro en Roma | al señor San Sabastian,
    salvest a Santa Susanna | del falso criminal;
    por tierra andidiste .xxxii. años, | Señor spirital,
    mostrando los miraclos | por en avemos que fablar:

    345
    del agua fezist vino | e de la piedra pan,
    resuçitest a Lazaro | ca fue tu voluntad;
    a los judios te dexeste prender; | do dizen monte Calvarie
    pusieron te en cruz | por nombre en Golgota,
    dos ladrones contigo, | estos de señas partes,

    350
    el uno es en paraiso | ca el otro non entro ala;
    estando en la cruz | vertud fezist muy grant:
    Longinos era çiego | que nunquas vio alguandre,
    diot con la lança en el costado | dont ixio la sangre,
    corrio la sangre por el astil ayuso, | las manos se ovo de untar,
    355
    alçolas arriba, | legolas a la faz,
    abrio sus ojos, | cato a todas partes,
    en ti crovo al ora | por end es salvo de mal;
    en el monumento | resuçitest,
    fust a los infiernos | commo fue tu voluntad,

    360
    quebrantaste las puertas | e saqueste los santos padres.
    Tu eres rey de los reyes | e de tod el mundo padre,
    a ti adoro e creo | de toda voluntad,
    e ruego a San Peydro | que me ayude a rogar
    por mio Çid el Campeador | que Dios le curie de mal,

    365
    ¡quando oy nos partimos | en vida nos faz juntar!»
    La oraçion fecha, | la missa acabada la an,
    salieron de la eglesia, | ya quieren cavalgar.
    El Çid a doña Ximena | iva la abraçar,
    doña Ximena al Çid | la manol va besar,

    370
    lorando de los oios | que non sabe que se far.
    Y el a las niñas | torno las a catar:
    «A Dios vos acomiendo, fijas, | e a la mugier e al Padre spirital;
    agora nos partimos, | Dios sabe el ajuntar.»
    Lorando de los ojos | que non viestes atal,

    375 asis parten unos d'otros | commo la uña de la carne.
    Mio Çid con los sos vassallos | pensso de cavalgar;
    a todos esperando | la cabeça tornando va.
    A tan grand sabor | fabio Minaya Albar Fañez:
    «Çid ¿do son vuestros esfuerços? | En buen ora nasquiestes de madre!

    380
    Pensemos de ir nuestra via, | esto sea de vagar.
    Aun todos estos duelos | en gozo se tornaran;
    Dios que nos dio las almas | consejo nos dara.»
    Al abbat don Sancho | tornan de castigar
    commo sirva a doña Ximena | e a la[s] fijas que ha,

    385
    e a todas sus dueñas | que con ellas estan;
    bien sepa el abbat | que buen galardon dello prendra.
    Tornado es don Sancho | e fabio Albar Fañez:
    «Si vieredes yentes venir| por connusco ir, abbat,
    dezildes que prendan el rastro | e pienssen de andar,

    390
    ca en yermo o en poblado | poder nos han alcançar.»
    Soltaron las riendas, | pienssan de andar;
    çerca viene el plazo | por el reino quitar.
    Vino mio Çid yazer | a Spinaz de Can;
    grandes yentes sele acogen | essa noch de todas partes.

    395
    Otro dia mañana | pienssa de cavalgar.
    Ixiendos va de tierra | el Campeador leal;
    de siniestro Sant Estevan | - una buena çipdad -
    de diestro Alilon las torres | que moros las han,
    passo por Alcobiella | que de Castiella fin es ya,

    400
    la Calçada de Quinea | iva la traspassar,
    sobre Navas de Palos el Duero va pasar,
    a la Figeruela | mio Çid iva posar.
    Vanssele acogiendo | yentes de todas partes.
    I se echava mio Çid | despues que fue çenado.

    285-404 - Numerosos caballeros se junta al bando del Cid. Oración de doña Jimena. Salida de Cardeña y llegada al Duero (frontera de los territorios reconquistados).

    285
    Gran comida le hacen al buen Campeador.
    Tañen las campanas de San Pedro con clamor.
    Por Castilla se van oyendo los pregones,
    cómo se va de la tierra mio Cid el Campeador;
    unos dejan sus casas y otros sus posesiones.

    290
    En ese día, en el puente del Arlanzón
    ciento quince caballeros se juntan en unión,
    todos preguntas por mio Cid el Campeador.
    Martín Antolínez con ellos se reunió,
    se van hacia San Pedro, donde está el que en buen momento nació.

    295
    Cuando lo supo mio Cid el de Vivar,
    que le crece la mesnada, por lo que valdrá más,
    deprisa cabalga, a recibirlos sale;
    cuando los tuvo a la vista, se empezó a alegrar.
    Todos se le acercan, la mano le van a besar.
    Habló mio Cid con buena voluntad:

    300
    Yo se lo ruego a Dios, al Padre espiritual,
    que a los que por mí dejáis casas y heredades,
    antes de que yo muera, algún bien os pueda dar,
    lo que perdéis, doblado recuperar. -
    Se alegró mio Cid, porque su tropa va a más,

    305
    se alegraron los otros hombres, todos los que con él están.
    Seis días del plazo han agotado ya,
    por pasar quedan tres, sabed que ni uno más.
    Mandó el rey a mio Cid vigilar,
    que si después del plazo en su tierra lo pudiese agarrar,

    310
    por mucho que pagase no se podría escapar.
    El día ya ha pasado, la noche empieza a entrar,
    a todos sus caballeros los mandó juntar:
    - Oíd, varones, no os parezca mal;
    poco dinero traigo, os quiero dar una parte.

    315
    Acordaos bien de cómo habéis de actuar:
    por la mañana, de los gallos al cantar,
    no os retraséis, encargaos de ensillar;
    en San Pedro a maitines tañerá el buen abad,
    nos dirá la misa, la de la Santísima Trinidad.

    320
    Acabada la misa, pongámonos a cabalgar,
    pues el plazo se acerca, mucho hay que cabalgar.
    Como lo mandó el Cid, así todos lo harán.
    Se va pasando la noche, la mañana viene ya;
    tras los segundos gallos, comienzan a ensillar.

    325
    Tañen a maitines, con una prisa muy grande,
    mio Cid y su mujer a la iglesia van.
    Se echó doña Jimena en las gradas ante el altar,
    rogándole al Creador lo mejor que ella sabe,
    que a mio Cid el Campeador Dios lo librase de mal:

    330
    ¡Señor Glorioso, Padre que en el cielo estás!
    Hiciste el cielo y la tierra, lo tercero el mar;
    hiciste estrellas y luna, y el sol para calentar;
    realizaste tu encarnación en Santa María, tu madre,
    en Belén naciste, como fue tu voluntad,

    335
    los pastores te glorificaron, te fueron a alabar,
    tres reyes de Arabia te vinieron a adorar, Melchor, Gaspar y Baltasar
    oro, incienso y mirra te ofrecieron, como fue tu voluntad;
    salvaste a Jonás cuando se cayó en el mar,

    340
    salvaste a Daniel de los leones en la horrible cárcel,
    salvaste dentro de Roma al noble San Sebastián,
    salvaste a Santa Susana de la acusación falaz;
    por tierra anduviste treinta y dos años, Señor espiritual,
    mostrándonos milagros, de ahí tenemos de qué hablar:

    345
    del agua hiciste vino y de la piedra, pan,
    resucitaste a Lázaro, pues fue tu voluntad,
    por los judíos te dejaste prender, en el monte dicho Calvario
    te pusieron en una cruz, en el llamado Golgotá,
    a dos ladrones contigo, uno de cada parte,

    350
    el uno fue al paraíso, pero el otro no entró allá;
    estando en la cruz obraste un prodigio grande:
    Longinos era ciego, que no vio nunca jamás,
    te dio con la lanza en el costado, del que salió la sangre,
    corrió por el astil abajo, las manos se fue a manchar,

    355
    las alzó hacia arriba, se las llevó a la faz,
    abrió los ojos, miró a todas partes,
    en ti creyó entonces, por eso se salvó del mal;
    en el sepulcro resucitaste [................]
    y fuiste a los infiernos, como fue tu voluntad,

    360
    rompiste las puertas y sacaste a los santos padres.
    Tú eres el rey de reyes y de todo el mundo padre,
    a ti adoro y en ti creo con toda mi voluntad,
    y le ruego a San Pedro que me ayude a rogar
    por mio Cid el Campeador, que Dios le libre de mal;

    365
    ¡siendo que hoy nos separamos, haznos en vida juntar!
    Hecha la oración, la misa acabada está,
    salieron de la iglesia, se aprestan a cabalgar.
    El Cid a doña Jimena la iba a abrazar,
    doña Jimena al Cid la mano le va a besar,

    370
    llorando en silencio, sin saber cómo obrar,
    y él a las niñas las volvió a mirar:
    -A Dios os encomiendo, hijas, al Padre espiritual,
    ahora nos separamos, Dios sabe cuándo la reunión será.
    Llorando en silencio, como no habéis visto igual,

    375
    así se apartan unos de otros como la uña de la carne.
    Mio Cid con sus vasallos empezó a cabalgar,
    esperándolos a todos, la cabeza volviendo va;
    muy a punto habló Minaya Álvar Fáñez:
    - Cid, ¿dónde está vuestro esfuerzo? ¡en buena hora nacisteis de madre!

    380
    Pensemos en andar camino, dejemos esto en paz.
    Aun todos estos pesares en gozo se volverán.
    Dios, que nos dio las almas, remedio nos dará.
    Al abad don Sancho le vuelven a indicar
    cómo servir a doña Jimena y a las hijas que tiene allá

    385
    y a todas las damas que con ellas están;
    que el abad tenga por cierto que buena recompensa tendrá.
    Ya se ha vuelto don Sancho y habló Álvar Fáñez:
    -Si vieseis venir gente para ir con nosotros, abad,
    decidles que sigan el rastro y se pongan a andar,

    390
    que en yermo o en poblado nos podrán alcanzar.
    Soltaron las riendas, se pusieron a andar,
    cercano está el plazo para el reino dejar.
    Vino mio Cid a instalarse en Espinazo de Can,

    395
    mucha gente se le acoge esa noche de todas partes.
    A la mañana siguiente se pone a cabalgar,
    ya se sale de la tierra el Campeador leal;
    a la izquierda San Esteban, una buena ciudad,
    a la izquierda Alilón, la de las torres, que de moros es lugar.
    Pasó por Alcubilla, que de Castilla el fin es ya;

    400
    la calzada de Quinea la fue a atravesar,
    junto a Navapalos el Duero va a pasar,
    en la Higueruela mio Cid fue a acampar;
    se le va acogiendo gente de todas partes.
    Allí se echaba mio Cid después de que cenó,




    [Indice]
    [Edad Media] [Renacimiento] [Barroco] [Siglo XVIII]
    [Siglo XIX] [Siglo XX (1)] [Siglo XX (2)] [Hispanoamericana] [Diccionarios]
    [Comentarios] [Libros] [Juegos] [Comics] [Recursos]
    [Español para extranjeros] [Cajón de sastre] [Enlaces] [Música] [Cine]
    [Tablón] [ Cantautores]

    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac