![]() |
![]() |
[Indice] [Edad Media] [Renacimiento] [Barroco] [Siglo XVIII] [Siglo XIX] [Siglo XX (1)] [Siglo XX (2)] [Hispanoamericana] [Diccionarios] [Comentarios] [Libros] [Juegos] [Comics] [Recursos] [Español para extranjeros] [Cajón de sastre] [Enlaces] [Música] [Cine] [Tablón] [ Cantautores] |
![]() |
| SAINETES
|
|
El deseo de seguidillasEstrenado en Madrid por la compañía de Juan Ponce el 7 de octubre 1769 con la comedia de Calderón ¿Cuál es mayor perfección, hermosura o discreción?, este sainete agradó indudablemente al público, pues fue representado con mucha regularidad en los años sucesivos (por lo menos hasta 1786), siempre en la misma época del año, es decir durante las ferias de otoño, por ser éste el marco temporal de la acción. Es muy significativa la abundancia de detalles sacados de la realidad que vivía diariamente el pueblo madrileño, evocándose por ejemplo de manera muy concreta el oficio de Manolillo -Chinica- (vv. 321 y siguientes) o los problemas económicos de Lorenza y Sebastián -Joaquina y Espejo- (vv. 238-241); cabe subrayar además que por su defensa de las tradiciones auténticamente españolas que se conservaban entre la gente de los barrios populares (Lavapiés en este caso), y por la consiguiente justificación del «majismo» encarnado por don Pedro -Simón-, se enmarca el sainete dentro de la polémica que había desatado contra Ramón de la Cruz el éxito de sus zarzuelas: la misma compañía había estrenado en mayo ¿Cuál es tu enemigo? y a finales de noviembre había de dar a la escena el más famoso de los sainetes de D. Ramón, Manolo. El texto que se reproduce aquí es la versión que incluyó Cotarelo en el tomo II de su colección de Sainetes de don Ramón de la Cruz, en su mayoría inéditos1; se han dejado los nombres de los actores en lugar del de los personajes, como solía hacerlo Ramón de la Cruz cuando el texto no estaba destinado a la impresión. |
| El teatro representa calle pública. Salen por un lado PONCE y GALVÁN, de militar, y por el otro MERINO y SIMÓN, de capa y peluquín y chupa, a lo majo usía. PONCE ¡Qué lástima que las ferias se hayan acabado! GALVÁN Es cierto; que mejores quince días no los hay en este pueblo. PONCE Hombre hay que se va a pasear hacia allá en amaneciendo, y hasta las diez de la noche suele durar el paseo. (Sale MERINO.) MERINO Conque ello ¿hasta el Lavapiés no hemos de parar, don Pedro? SIMÓN Y por mi gusto me había de quedar allí de asiento. MERINO Tenéis vocación de tuno, amigo. SIMÓN Yo lo confieso; pero, como dijo el otro, Dios me entiende y yo me entiendo. MERINO Y ¿por dónde hemos de echar, que es un barrio en que no creo que he estado en toda mi vida? SIMÓN Gire usted todo derecho, bajaremos por la calle del olivar. PONCE Caballeros, ¿de capita tan temprano? MERINO Señores, ¿a dónde bueno por aquí? PONCE Hacia la comedia un rato, que aún no está el tiempo para apetecer el sol. GALVÁN Y ¿cómo en el día primero de la temporada faltan dos tan firmes mosqueteros de nuestra tertulia? MERINO Yo tenía ese pensamiento, o ya fuese por costumbre, o fuese por el deseo de ver qué tal nos hacían la primer comedia; pero pasó por casa el amigo y me hizo dos argumentos tan graciosos y eficaces, que al fin no he podido menos de seguirle al Lavapiés. PONCE ¿Sarao de candilejo hay armado? SIMÓN No le hay armado, mas le armaremos, si Dios quiere. PONCE ¡Que tengáis ese gusto tan perverso, tan vil y tan chabacano! MERINO No seáis bobo, don Pedro; vámonos a la comedia a ver qué nos dan de nuevo. GALVÁN Puede ser que la Mayora cante algo. PONCE O quizá tendremos algún baile. MERINO Vamos, hombre. SIMÓN Dígole a usted que no quiero; que estoy de arias y cabriolas atestado hasta los sesos, y me he empeñado en oír a una muchacha de trueno cantar unas seguidillas manchegas con el pandero, y verlas bailar con toda el alma y con todo el cuerpo. PONCE Cosas vuestras. SIMÓN Cosas mías serán; pero yo me acuerdo de que he nacido en España, y de cuando en cuando quiero ir a mi tierra. MERINO Pues ¿dónde estáis? SIMÓN No lo sé de cierto; sólo sé que cuando voy a los arrabales nuestros, veo bayeta y rodetes, paño pardo con remiendos, mujeres que laven, críen y cuiden de su puchero; hombres que vengan cansados del trabajo, que hablen recio, y de cada suspiro echen una casa al suelo. MERINO ¡Bravo gusto! SIMÓN Y, sobre todo, yo discurro, cuando veo aquellas mujeres bravas y diligentes, aquellos hombres tan mal afeitados y aquellos chicos en cueros, que así como a las montañas de Asturias se recogieron los últimos godos, por temer de los sarracenos el mayor poder, así se albergan a los extremos de Madrid las pocas barbas que nos han quedado, huyendo la inundación de velleras, modistas y peluqueros, que han arrasado el bigote de la patria a sangre y fuego. MERINO ¡Hombre!: tenéis unas cosas, que no parecéis, por cierto, hombre de bien ni de gusto. SIMÓN A mí me gusta lo bueno, y he asistido a las zarzuelas, los bailes y los conciertos puntual; pero como son extraordinario alimento los faisanes para mí, me he saciado, y apetezco mi antigua olla de cascos y de carne de pescuezo. MERINO Pues no lo digáis delante de muchos, y buen provecho . SIMÓN Delante de todo el mundo. ¿Pues qué? ¿es acaso defecto de honor ni de religión el decir que los festejos de mi tierra me divierten? Amigo, lo que yo veo (y a un ladito adulaciones), que los mismos extranjeros y paisanos que nos culpan y hacen ascos, en oyendo unas buenas seguidillas se levantan del asiento, y al ver bailar el fandango, les da convulsión de nervios. GALVÁN En eso no hay la menor dificultad. PONCE Pero hablemos claro: ¿hay partido ajustado, o tenéis conocimiento por allá en alguna casa donde la tarde pasemos? SIMÓN Tengo yo allí una Lorenza, un tío Sebastián, yesero, y un Manolillo, tallista, que se apostarán a textos y erudición picaresca con Torres y con Quevedo. GALVÁN Pues eso no es de perder. MERINO Vámonos allá, y dejemos por hoy la comedia. SIMÓN Ved que allí quizá no tendremos canapés, turés ni batas, ni sacarán el refresco en vasos de talco, ni oiréis arias de instrumentos obligados. GALVÁN y PONCE Pues ¿qué habrá? SIMÓN Un gabinete tan negro como colgado del humo natural; unos asientos sin respaldo; si pedís de beber, un jarro viejo; si queréis bailar, guitarra, castañuelas y pandero, y si os gusta alguna moza y la empezáis con requiebros, os responderá: «¡Pues!... ¡Vaya!... ¡Toma!... ¡Ya me lo dijeron!... ¡Hola! ¿qué me cuenta usía?... Póngase usía más lejos, que hace calor y se chafa con la jerga el terciopelo... ¡Que si quiés...! ¡Afuera, chucho!» y si se ven en aprieto resolverán la cuestión con un respingo y un cuerno. LOS TRES Vamos allá. SIMÓN Sin embargo, ¿veis sólo este triste peso gordo? Pues distribuido en una vela de sebo, cuerdas para la guitarra, en vino, sardinas, huevos duros, pan y uvas jaenes, nos ha de dar un festejo y una merienda a la ley; nos ha de sobrar dinero, y nos han de preguntar al salir cuándo volvemos. PONCE No creí que eras tan tuno ni bromista. SIMÓN Más de ciento sé yo que lo disimulan, y pueden ser mis maestros. LOS TRES Vamos a aburrir la tarde. SIMÓN A la vuelta nos veremos. (Casa pobre, y salen, como de casa, las señoras JOAQUINA y MAYORA, y por el otro lado la CORTINAS, con un pandero muy encintado; y así éstas como los demás que saldrán después, de rodetes o cofias y de majas, sin plata y oro.) CORTINAS Tía Lorenza, ¿está usté en casa. JOAQUINA ¿Qué traes? CORTINAS Vea usted qué pandero me feriaron ayer tarde. JOAQUINA ¡Valientes ferias, por cierto! CORTINAS Tal cual son, yo las estimo y me alabaré, a lo menos, de que me las dio, digamos, un hombre de fundamento. JOAQUINA ¿Qué fundamento de hombre será el de quien da un pellejo sobre cuatro palitroques y un cascabelito dentro? MAYORA ¡Mire usted que media libra de pernil para el puchero! CORTINAS Veamos las ferias de ustedes, ya que hacen tanto desprecio de las mías. MAYORA Unos vasos tiene mi tía allá dentro, que, arrojados en la calle cualquiera dará por ellos un peso gordo. Esos sí son prendas de caballeros de pelo proprio y galones, que honran con sólo el resuello, y quedan como quien son; pero un pito y un pandero son ferias que sólo toma la gente de poco pelo. CORTINAS ¡Anda, fuera vanidá; y se quitaba los piejos! (Sale ESPEJO.) ESPEJO ¡Por siempre sea alabado el que mata los gallegos! JOAQUINA ¿Cómo vienes tan temprano, Sebastián? ESPEJO Ya no hay más yeso que llevar por esta tarde . Daca la capa, que quiero ir un rato a la comedia a ver si le han puesto a Espejo buen papel en el sainete. (Sale CALLEJO.) CALLEJO ¿Tiene usted mucho dinero, tío Sebastián? ESPEJO ¿Qué se ofrece, Alonsillo? CALLEJO Es que no tengo para ir esta tarde un rato al patio del coliseo del Príncipe. ESPEJO ¿Oyes? ¿Y sabes si nos echan algo bueno? CALLEJO [Sí, Antonio, que la comedia es de Calderón. ESPEJO Apuesto que es mejor que cuantas hacen los poetas de estos tiempos.] ESPEJO Y ¿tiene tramoyas? CALLEJO No; pero hay un sainete nuevo, tonadillas, seguidillas y ¡qué sé yo! ESPEJO Me alegro. Pues, hombre, vamos allá: daca la capa. JOAQUINA No quiero; porque con una peseta que vas a gastar tenemos mañana para comer; y unos probes jornaleros no se han de divertir más que los días de fiesta. ESPEJO Eso no es de tu cuenta. La capa. (Sale CHINICA.) CHINICA Buenas tardes, caballeros. ¿Qué haces aquí tú, Marica, y la puerta abierta? CORTINAS Vengo ahora mesmo. CHINICA ¿A qué? CORTINAS A enseñar a la vecina el pandero. CHINICA ¡Malhaya quien te le ha dado, que he sido yo, y más sabiendo tu poco juicio, y con él has de acabar de perderlo! ¿Dónde está tu madre? CORTINAS Al río. CHINICA ¿Me has remendado el coleto? CORTINAS No, que he estado todo el día encintando mi pandero. CHINICA ¡Y que me haya dado Dios este genio tan abierto para ragalarte a ti, con la experiencia que tengo de lo mal que me lo pagas! ESPEJO Daca la capa. JOAQUINA Es empeño que no has de ir a la comedia. ESPEJO ¿Cuánto ha que no te solfeo, Lorenza? |
JOAQUINA Ya ha algunos días; aguarda a ver si me acuerdo. MAYORA Yo me acuerdo, tía; desde el día de San Lorenzo. ESPEJO Es verdad; la capa, o voy por la varita allá dentro. CALLEJO Tome usted la mía, o yo la dejaré aquí, y iremos los dos a lo melitar, o si no, vamos en cuerpo a la taberna, que allí no hay gente de cumplimiento. CHINICA Vamos de aquí, con licencia de los señores, que tengo que decirte... (Salen SIMÓN y los suyos.) SIMÓN ¡Tía Lorenza! JOAQUINA ¡Oh, señores, caballeros! MAYORA Sean ustedes bien venidos. ESPEJO ¡Vaya, vaya! ¿Qué buen viento los arroja acá esta tarde? SIMÓN Venimos con un empeño con usted, tío Sebastián. ESPEJO Ya sabe usted que deseo servirle, como yo pueda. Mande usted, señor don Pedro. SIMÓN Pues es necesario armar un ratico de bureo para divertir la tarde; porque venimos hambrientos de seguidillas. JOAQUINA Por mí ya sabe usted que es el dueño de la casa y las presonas. MERINO Querida, ¡qué lindo pelo tiene usted! MAYORA Pues todo es mío. MERINO No se puede creer sin verlo. MAYORA Sáquese usted bien los ojos hacia fuera, y véalo. MERINO ¡Fuego de Dios, y qué gentecilla! MAYORA ¡Qué traza de bollo tierno sin sal tiene el tal señor! PONCE Aunque es atrevimiento, ¿es la señora mujer? CHINICA Yo no lo sé; pero creo que las faldas dan más señas de mujer que de camello. PONCE Yo pregunto mujer propria. CORTINAS No, señor; tengo mal genio yo para apropiarme a nadie. PONCE Y ¿por qué? CHINICA También es eso querer saber mucho; ella se entenderá, y yo la entiendo. SIMÓN ¿Y Manolillo, el tallista? CHINICA Aquí estoy, señor don Pedro; ¿no me ha visto su merced? SIMÓN No, amigo; ¡cuánto me alegro! ¿Se trabaja mucho ahora? CHINICA No, señor; lo más que hacemos al año son cornucopias para los hombres, y espejos para las mujeres. SIMÓN Vaya, que todo vale dinero. ¿Y la guitarra? CHINICA Encordada a la ley, y aquí la tengo en casa de ésta, que es ahora archivo de mis secretos, y yo lo soy de los suyos. CORTINAS Si no vea usté qué estrumento me ha feriado. CHINICA Calla, tonta, que se abichorna un sujeto de escuchar sus alabanzas: estímalo tú, y callemos; que en un lance así, cualquiera sabe gastar el dinero. SIMÓN Pues marcha por la guitarra; y usted avise al momento a las vecinas y alguno que traiga qué merendemos. CALLEJO ¡Esa es una gran palabra! JOAQUINA ¿Para qué son cumplimientos? No, señor. SIMÓN Aquí está un duro. JOAQUINA Nosotras le ablandaremos. SIMÓN ¿Qué ha de ser? JOAQUINA Lo que usted quiera. SIMÓN ¿Creerá usted que aún me acuerdo de aquel gazpacho de marras? JOAQUINA ¿Sí? Pues verá usted qué presto le dispongo. SIMÓN ¡Qué gazpacho! Aún me saben bien los dedos a él, cuando me los chupo. ESPEJO Y vaya sin cumplimiento; ¿lo beben ustedes blanco o tinto? MERINO Acá bebemos de todo. ESPEJO Esa es la causa de andar tantos escupiendo. JOAQUINA Voy a disponerlo todo. (Vase.) MAYORA Tomen ustedes asiento entre tanto. (Sale CHINICA.) CHINICA Aquí estoy yo; pero ¿sabe usted qué pienso? ¿Qué milagro es que falten ustedes del coliseo esta tarde? MERINO Estar ahítos de bailes y cantos serios, y querer oír y bailar seguidillas. ESPEJO Pues, don Pedro, con perdón de usted, yo juzgo que los bailes extranjeros y las arias italianas de moda son mucho cuento. CHINICA ¡Vaya, hombre! Haga usté cuenta que, para mí, todo aquello me parece que no es más que un fandango por lo serio. GALVÁN Sin embargo, allí se baila con arte y conocimiento. CALLEJO Hombre, hay por acá en el barrio, que, en bebiendo de lo negro un cuartillo más, no da un paso sin contratiempo. MERINO ¿Y las arias? MAYORA No me gustan, porque yo no las entiendo una palabra. ESPEJO Yo sí, y me quedo boquiabierto. CHINICA Yo no, porque no me río. CALLEJO Para mí todo es muy bueno, y me divierte. CORTINAS A mí nada me divierte no saliendo el de los botones gordos el caga-la-olla, el viejo, y no habiendo tonadilla para rematar el cuento. MERINO Alternado uno con otro, todo es gran cosa. SIMÓN Dejemos la conversación, y vamos a nuestro asiento. CHINICA Cantemos algo. CORTINAS Canta tú, Manolo, porque oigan el estrumento y acudan alguna cosa. CHINICA Yo canto como un becerro; pero una seguidillas las vomitaré. TODOS ¡Silencio! CHINICA «La cartilla he estudiado letra por letra, y sólo he deprendido Pe a pa, Pepa. ¡Come pimientos, te pondrás colorada como un madreño!» MERINO ¿Dónde nos habéis metido? SIMÓN ¡Poco a poco, caballeros, que esto es empezar! MERINO ¿Por dónde, si así empieza, acabaremos? ESPEJO ¿Estás ronco, Manolillo? CHINICA ¿Quién? ¿Yo ronco? No por cierto; antes tengo ahora una voz como una trompa. MERINO De cuerno. ESPEJO Sobrina; canta tú algunas. CORTINAS ¿Quieres que te acompañemos? CHINICA Canta un dúo con tu tío, nos darás un rato bueno. MAYORA En ese caso, mejor cantaré sola. TODOS ¡Silencio! (Seguidillas majas la MAYORA.) SIMÓN Y ahora, ¿qué dicen ustedes? LOS TRES ¡Amigo, esto es mucho cuento! (Sale JOAQUINA.) JOAQUINA Ya está aquí la gente. (Salen los MAJOS y MAJAS que quisieren.) MAJOS ¡Dios bendiga todo lo g&ulm;eno! PONCE Amigo, ¡valiente flota! JOAQUINA Pues no hay que perder el tiempo; que aquí se viene a bailar. MERINO Pues que bailen. CORTINAS Los primeros que han de bailar son usías. JOAQUINA Y si no, toco a despejo. (Vase.) MAYORA Eso es, que para hacer bulra, con nosotras mismas semos bastantes. SIMÓN Dice muy bien. CHINICA Chica, enarbola el pandero, y brinque más el que pueda. TODOS ¡Que viva el señor don Pedro! (Bailan al son del pandero o panderos entre ocho.) CHINICA «Unos gustan de cascos y otros de lomo; pero al fin y a la postre, carnero es todo. Naide se asombre; porque esto de los gustos va en opiniones». TODOS ¡Prosiga! (Sale JOAQUINA.) JOAQUINA Vengan ustedes, que ya está el gazpacho hecho, en casa de esta vecina, que ha comprado platos nuevos y cucharas en la feria, y también allí podremos bailar, que es mejor la sala. CORTINAS Tanta dicha no merezco, mujer. ESPEJO Señores, lo mismo que en mi casa, y en viniendo su madre verán ustedes una moza de talento. CHINICA Y que ni el mayor doctor dará mejores remedios que ella para las lombrices, los sabañones y el muermo. PONCE y MERINO Vamos donde ustedes manden. CORTINAS Pues si habemos de ir ¿qué hacemos? ESPEJO Aguárdate, que es preciso mostrar agradecimientos debidos, por tantas honras, a quien hoy se las debemos. CHINICA Y todo el año. CORTINAS Por mí, todo lo más en que puedo servirles es en cantar una tonadilla. CALLEJO Bueno; que no estamos obligados a más de lo que podemos. ESPEJO Y así como el maldecir es vil pensión de los necios, es carácter de los sabios el disimular defectos, TODOS cuya piedad imporamos para indulto de los nuestros. |
![]() |
Hecho con / Made with Mac |