Ramon de la Cruz




SAINETES
  • "El deseo de seguidillas" 
  • "Los bandos de Lavapiés" 
  • "Donde las dan las toman" 
  • "El petimetre" 
  • "El Rastro por la mañana" 
  • "El fandango del candil" 
  • "Una señora, BEATA, o falsa devota" 
  • "Manolo" 


  • El deseo de seguidillas

    Estrenado en Madrid por la compañía de Juan Ponce el 7 de octubre 1769 con la comedia de Calderón ¿Cuál es mayor perfección, hermosura o discreción?, este sainete agradó indudablemente al público, pues fue representado con mucha regularidad en los años sucesivos (por lo menos hasta 1786), siempre en la misma época del año, es decir durante las ferias de otoño, por ser éste el marco temporal de la acción. Es muy significativa la abundancia de detalles sacados de la realidad que vivía diariamente el pueblo madrileño, evocándose por ejemplo de manera muy concreta el oficio de Manolillo -Chinica- (vv. 321 y siguientes) o los problemas económicos de Lorenza y Sebastián -Joaquina y Espejo- (vv. 238-241); cabe subrayar además que por su defensa de las tradiciones auténticamente españolas que se conservaban entre la gente de los barrios populares (Lavapiés en este caso), y por la consiguiente justificación del «majismo» encarnado por don Pedro -Simón-, se enmarca el sainete dentro de la polémica que había desatado contra Ramón de la Cruz el éxito de sus zarzuelas: la misma compañía había estrenado en mayo ¿Cuál es tu enemigo? y a finales de noviembre había de dar a la escena el más famoso de los sainetes de D. Ramón, Manolo. El texto que se reproduce aquí es la versión que incluyó Cotarelo en el tomo II de su colección de Sainetes de don Ramón de la Cruz, en su mayoría inéditos1; se han dejado los nombres de los actores en lugar del de los personajes, como solía hacerlo Ramón de la Cruz cuando el texto no estaba destinado a la impresión.



    El teatro representa calle pública. Salen por un lado PONCE y GALVÁN, de militar, y por el otro MERINO y SIMÓN, de capa y peluquín y chupa, a lo majo usía.

      PONCE
    ¡Qué lástima que las ferias
    se hayan acabado!

    GALVÁN
    Es cierto;
    que mejores quince días
    no los hay en este pueblo.

    PONCE
    Hombre hay que se va a pasear
    hacia allá en amaneciendo,
    y hasta las diez de la noche
    suele durar el paseo.

     (Sale MERINO.)

      MERINO
    Conque ello ¿hasta el Lavapiés
    no hemos de parar, don Pedro?

    SIMÓN
    Y por mi gusto me había
    de quedar allí de asiento.

    MERINO
    Tenéis vocación de tuno,
    amigo.

    SIMÓN
    Yo lo confieso;
    pero, como dijo el otro,
    Dios me entiende y yo me entiendo.

    MERINO
    Y ¿por dónde hemos de echar,
    que es un barrio en que no creo
    que he estado en toda mi vida?

    SIMÓN
    Gire usted todo derecho,
    bajaremos por la calle
    del olivar.

    PONCE
    Caballeros,
    ¿de capita tan temprano?

    MERINO
    Señores, ¿a dónde bueno
    por aquí?

    PONCE
    Hacia la comedia
    un rato, que aún no está el tiempo
    para apetecer el sol.

    GALVÁN
    Y ¿cómo en el día primero
    de la temporada faltan
    dos tan firmes mosqueteros
    de nuestra tertulia?

    MERINO
    Yo
    tenía ese pensamiento,
    o ya fuese por costumbre,
    o fuese por el deseo
    de ver qué tal nos hacían
    la primer comedia; pero
    pasó por casa el amigo
    y me hizo dos argumentos
    tan graciosos y eficaces,
    que al fin no he podido menos
    de seguirle al Lavapiés.

    PONCE
    ¿Sarao de candilejo
    hay armado?

    SIMÓN
    No le hay
    armado, mas le armaremos,
    si Dios quiere.

    PONCE
    ¡Que tengáis
    ese gusto tan perverso,
    tan vil y tan chabacano!

    MERINO
    No seáis bobo, don Pedro;
    vámonos a la comedia
    a ver qué nos dan de nuevo.

    GALVÁN
    Puede ser que la Mayora
    cante algo.

    PONCE
    O quizá tendremos
    algún baile.

    MERINO
    Vamos, hombre.

    SIMÓN
    Dígole a usted que no quiero;
    que estoy de arias y cabriolas
    atestado hasta los sesos,
    y me he empeñado en oír
    a una muchacha de trueno
    cantar unas seguidillas
    manchegas con el pandero,
    y verlas bailar con toda
    el alma y con todo el cuerpo.

    PONCE
    Cosas vuestras.

    SIMÓN
    Cosas mías
    serán; pero yo me acuerdo
    de que he nacido en España,
    y de cuando en cuando quiero
    ir a mi tierra.

    MERINO
    Pues ¿dónde
    estáis?

    SIMÓN
    No lo sé de cierto;
    sólo sé que cuando voy
    a los arrabales nuestros,
    veo bayeta y rodetes,
    paño pardo con remiendos,
    mujeres que laven, críen
    y cuiden de su puchero;
    hombres que vengan cansados
    del trabajo, que hablen recio,
    y de cada suspiro
    echen una casa al suelo.

    MERINO
    ¡Bravo gusto!

    SIMÓN
    Y, sobre todo,
    yo discurro, cuando veo
    aquellas mujeres bravas
    y diligentes, aquellos
    hombres tan mal afeitados
    y aquellos chicos en cueros,
    que así como a las montañas
    de Asturias se recogieron
    los últimos godos, por
    temer de los sarracenos
    el mayor poder, así
    se albergan a los extremos
    de Madrid las pocas barbas
    que nos han quedado, huyendo
    la inundación de velleras,
    modistas y peluqueros,
    que han arrasado el bigote
    de la patria a sangre y fuego.

    MERINO
    ¡Hombre!: tenéis unas cosas,
    que no parecéis, por cierto,
    hombre de bien ni de gusto.

    SIMÓN
    A mí me gusta lo bueno,
    y he asistido a las zarzuelas,
    los bailes y los conciertos
    puntual; pero como son
    extraordinario alimento
    los faisanes para mí,
    me he saciado, y apetezco
    mi antigua olla de cascos
    y de carne de pescuezo.

    MERINO
    Pues no lo digáis delante
    de muchos, y buen provecho
    . SIMÓN
    Delante de todo el mundo.
    ¿Pues qué? ¿es acaso defecto
    de honor ni de religión
    el decir que los festejos
    de mi tierra me divierten?
    Amigo, lo que yo veo
    (y a un ladito adulaciones),
    que los mismos extranjeros
    y paisanos que nos culpan
    y hacen ascos, en oyendo
    unas buenas seguidillas
    se levantan del asiento,
    y al ver bailar el fandango,
    les da convulsión de nervios.

    GALVÁN
    En eso no hay la menor
    dificultad.

    PONCE
    Pero hablemos
    claro: ¿hay partido ajustado,
    o tenéis conocimiento
    por allá en alguna casa
    donde la tarde pasemos?

    SIMÓN
    Tengo yo allí una Lorenza,
    un tío Sebastián, yesero,
    y un Manolillo, tallista,
    que se apostarán a textos
    y erudición picaresca
    con Torres y con Quevedo.
    GALVÁN
    Pues eso no es de perder.

    MERINO
    Vámonos allá, y dejemos
    por hoy la comedia.

    SIMÓN
    Ved
    que allí quizá no tendremos
    canapés, turés ni batas,
    ni sacarán el refresco
    en vasos de talco, ni
    oiréis arias de instrumentos
    obligados.

    GALVÁN y PONCE
    Pues ¿qué habrá?

    SIMÓN
    Un gabinete tan negro
    como colgado del humo
    natural; unos asientos
    sin respaldo; si pedís
    de beber, un jarro viejo;
    si queréis bailar, guitarra,
    castañuelas y pandero,
    y si os gusta alguna moza
    y la empezáis con requiebros,
    os responderá: «¡Pues!... ¡Vaya!...
    ¡Toma!... ¡Ya me lo dijeron!...
    ¡Hola! ¿qué me cuenta usía?...
    Póngase usía más lejos,
    que hace calor y se chafa
    con la jerga el terciopelo...
    ¡Que si quiés...! ¡Afuera, chucho!»
    y si se ven en aprieto
    resolverán la cuestión
    con un respingo y un cuerno.

    LOS TRES
    Vamos allá.

    SIMÓN
    Sin embargo,
    ¿veis sólo este triste peso
    gordo? Pues distribuido
    en una vela de sebo,
    cuerdas para la guitarra,
    en vino, sardinas, huevos
    duros, pan y uvas jaenes,
    nos ha de dar un festejo
    y una merienda a la ley;
    nos ha de sobrar dinero,
    y nos han de preguntar
    al salir cuándo volvemos.

    PONCE
    No creí que eras tan tuno
    ni bromista.

    SIMÓN
    Más de ciento
    sé yo que lo disimulan,
    y pueden ser mis maestros.

    LOS TRES
    Vamos a aburrir la tarde.

    SIMÓN
    A la vuelta nos veremos.

    (Casa pobre, y salen, como de casa, las señoras JOAQUINA y MAYORA, y por el otro lado la CORTINAS, con un pandero muy encintado; y así éstas como los demás que saldrán después, de rodetes o cofias y de majas, sin plata y oro.)

      CORTINAS
    Tía Lorenza, ¿está usté en casa.

    JOAQUINA
    ¿Qué traes?

    CORTINAS
    Vea usted qué pandero
    me feriaron ayer tarde.

    JOAQUINA
    ¡Valientes ferias, por cierto!

    CORTINAS
    Tal cual son, yo las estimo
    y me alabaré, a lo menos,
    de que me las dio, digamos,
    un hombre de fundamento.

    JOAQUINA
    ¿Qué fundamento de hombre
    será el de quien da un pellejo
    sobre cuatro palitroques
    y un cascabelito dentro?

    MAYORA
    ¡Mire usted que media libra
    de pernil para el puchero!

    CORTINAS
    Veamos las ferias de ustedes,
    ya que hacen tanto desprecio
    de las mías.

    MAYORA
    Unos vasos
    tiene mi tía allá dentro,
    que, arrojados en la calle
    cualquiera dará por ellos
    un peso gordo. Esos sí
    son prendas de caballeros
    de pelo proprio y galones,
    que honran con sólo el resuello,
    y quedan como quien son;
    pero un pito y un pandero
    son ferias que sólo toma
    la gente de poco pelo.

    CORTINAS
    ¡Anda, fuera vanidá;
    y se quitaba los piejos!

    (Sale ESPEJO.)

      ESPEJO
    ¡Por siempre sea alabado
    el que mata los gallegos!

    JOAQUINA
    ¿Cómo vienes tan temprano,
    Sebastián?

    ESPEJO
    Ya no hay más yeso
    que llevar por esta tarde
    . Daca la capa, que quiero
    ir un rato a la comedia
    a ver si le han puesto a Espejo
    buen papel en el sainete.

    (Sale CALLEJO.)

      CALLEJO
    ¿Tiene usted mucho dinero,
    tío Sebastián?

    ESPEJO
    ¿Qué se ofrece,
    Alonsillo?

    CALLEJO
    Es que no tengo
    para ir esta tarde un rato al patio del coliseo
    del Príncipe.

    ESPEJO
    ¿Oyes? ¿Y sabes
    si nos echan algo bueno?

    CALLEJO
    [Sí, Antonio, que la comedia
    es de Calderón.
    ESPEJO
    Apuesto
    que es mejor que cuantas hacen
    los poetas de estos tiempos.]

    ESPEJO
    Y ¿tiene tramoyas?

    CALLEJO
    No;
    pero hay un sainete nuevo,
    tonadillas, seguidillas
    y ¡qué sé yo!
    ESPEJO
    Me alegro.
    Pues, hombre, vamos allá:
    daca la capa.

    JOAQUINA
    No quiero;
    porque con una peseta
    que vas a gastar tenemos
    mañana para comer;
    y unos probes jornaleros
    no se han de divertir más
    que los días de fiesta.

    ESPEJO
    Eso
    no es de tu cuenta. La capa.

    (Sale CHINICA.)

      CHINICA
    Buenas tardes, caballeros.
    ¿Qué haces aquí tú, Marica,
    y la puerta abierta?

    CORTINAS
    Vengo
    ahora mesmo.

    CHINICA
    ¿A qué?

    CORTINAS
    A enseñar
    a la vecina el pandero.

    CHINICA
    ¡Malhaya quien te le ha dado,
    que he sido yo, y más sabiendo
    tu poco juicio, y con él
    has de acabar de perderlo!
    ¿Dónde está tu madre?

    CORTINAS
    Al río.

    CHINICA
    ¿Me has remendado el coleto?

    CORTINAS
    No, que he estado todo el día
    encintando mi pandero.

    CHINICA
    ¡Y que me haya dado Dios
    este genio tan abierto
    para ragalarte a ti,
    con la experiencia que tengo
    de lo mal que me lo pagas!

    ESPEJO
    Daca la capa.

    JOAQUINA
    Es empeño
    que no has de ir a la comedia.

    ESPEJO
    ¿Cuánto ha que no te solfeo,
    Lorenza?

    JOAQUINA
    Ya ha algunos días;
    aguarda a ver si me acuerdo.

    MAYORA
    Yo me acuerdo, tía; desde
    el día de San Lorenzo.

    ESPEJO
    Es verdad; la capa, o voy
    por la varita allá dentro.

    CALLEJO
    Tome usted la mía, o yo
    la dejaré aquí, y iremos
    los dos a lo melitar,
    o si no, vamos en cuerpo
    a la taberna, que allí
    no hay gente de cumplimiento.

    CHINICA
    Vamos de aquí, con licencia
    de los señores, que tengo
    que decirte...

     (Salen SIMÓN y los suyos.)

      SIMÓN
    ¡Tía Lorenza!

    JOAQUINA
    ¡Oh, señores, caballeros!

    MAYORA
    Sean ustedes bien venidos.

    ESPEJO
    ¡Vaya, vaya! ¿Qué buen viento
    los arroja acá esta tarde?

    SIMÓN
    Venimos con un empeño
    con usted, tío Sebastián.

    ESPEJO
    Ya sabe usted que deseo
    servirle, como yo pueda.
    Mande usted, señor don Pedro.

    SIMÓN
    Pues es necesario armar
    un ratico de bureo
    para divertir la tarde;
    porque venimos hambrientos
    de seguidillas.

    JOAQUINA
    Por mí
    ya sabe usted que es el dueño
    de la casa y las presonas.

    MERINO
    Querida, ¡qué lindo pelo
    tiene usted!

    MAYORA
    Pues todo es mío.

    MERINO
    No se puede creer sin verlo.

    MAYORA
    Sáquese usted bien los ojos
    hacia fuera, y véalo.

    MERINO
    ¡Fuego
    de Dios, y qué gentecilla!

    MAYORA
    ¡Qué traza de bollo tierno
    sin sal tiene el tal señor!

    PONCE
    Aunque es atrevimiento,
    ¿es la señora mujer?

    CHINICA
    Yo no lo sé; pero creo
    que las faldas dan más señas
    de mujer que de camello.

    PONCE
    Yo pregunto mujer propria.

    CORTINAS
    No, señor; tengo mal genio
    yo para apropiarme a nadie.

    PONCE
    Y ¿por qué?

    CHINICA
    También es eso
    querer saber mucho; ella
    se entenderá, y yo la entiendo.

    SIMÓN
    ¿Y Manolillo, el tallista?

    CHINICA
    Aquí estoy, señor don Pedro;

    ¿no me ha visto su merced?

    SIMÓN
    No, amigo; ¡cuánto me alegro!
    ¿Se trabaja mucho ahora?

    CHINICA
    No, señor; lo más que hacemos
    al año son cornucopias
    para los hombres, y espejos
    para las mujeres.

    SIMÓN
    Vaya,
    que todo vale dinero.
    ¿Y la guitarra?

    CHINICA
    Encordada
    a la ley, y aquí la tengo
    en casa de ésta, que es ahora
    archivo de mis secretos,
    y yo lo soy de los suyos.

    CORTINAS
    Si no vea usté qué estrumento
    me ha feriado.

    CHINICA
    Calla, tonta,
    que se abichorna un sujeto
    de escuchar sus alabanzas:
    estímalo tú, y callemos;
    que en un lance así, cualquiera
    sabe gastar el dinero.

    SIMÓN
    Pues marcha por la guitarra;
    y usted avise al momento
    a las vecinas y alguno
    que traiga qué merendemos.

    CALLEJO
    ¡Esa es una gran palabra!

    JOAQUINA
    ¿Para qué son cumplimientos?
    No, señor.

    SIMÓN
    Aquí está un duro.

    JOAQUINA
    Nosotras le ablandaremos.

    SIMÓN
    ¿Qué ha de ser?

    JOAQUINA
    Lo que usted quiera.

    SIMÓN
    ¿Creerá usted que aún me acuerdo
    de aquel gazpacho de marras?

    JOAQUINA
    ¿Sí? Pues verá usted qué presto
    le dispongo.

    SIMÓN
    ¡Qué gazpacho!
    Aún me saben bien los dedos
    a él, cuando me los chupo.

    ESPEJO
    Y vaya sin cumplimiento;
    ¿lo beben ustedes blanco
    o tinto?

    MERINO
    Acá bebemos
    de todo.

    ESPEJO
    Esa es la causa
    de andar tantos escupiendo.

    JOAQUINA
    Voy a disponerlo todo.

     (Vase.) 

    MAYORA
    Tomen ustedes asiento
    entre tanto.

     (Sale CHINICA.)

      CHINICA
    Aquí estoy yo;
    pero ¿sabe usted qué pienso?
    ¿Qué milagro es que falten
    ustedes del coliseo
    esta tarde?

    MERINO
    Estar ahítos
    de bailes y cantos serios,
    y querer oír y bailar
    seguidillas.

    ESPEJO
    Pues, don Pedro,
    con perdón de usted, yo juzgo
    que los bailes extranjeros
    y las arias italianas
    de moda son mucho cuento.

    CHINICA
    ¡Vaya, hombre! Haga usté cuenta
    que, para mí, todo aquello
    me parece que no es más
    que un fandango por lo serio.

    GALVÁN
    Sin embargo, allí se baila
    con arte y conocimiento.

    CALLEJO
    Hombre, hay por acá en el barrio,
    que, en bebiendo de lo negro
    un cuartillo más, no da
    un paso sin contratiempo.

    MERINO
    ¿Y las arias?

    MAYORA
    No me gustan,
    porque yo no las entiendo
    una palabra.

    ESPEJO
    Yo sí,
    y me quedo boquiabierto.

    CHINICA
    Yo no, porque no me río.

    CALLEJO
    Para mí todo es muy bueno,
    y me divierte.

    CORTINAS
    A mí nada
    me divierte no saliendo
    el de los botones gordos
    el caga-la-olla, el viejo,
    y no habiendo tonadilla
    para rematar el cuento.

    MERINO
    Alternado uno con otro,
    todo es gran cosa.

    SIMÓN
    Dejemos
    la conversación, y vamos
    a nuestro asiento.

    CHINICA
    Cantemos
    algo.

    CORTINAS
    Canta tú, Manolo,
    porque oigan el estrumento
    y acudan alguna cosa.

    CHINICA
    Yo canto como un becerro;
    pero una seguidillas
    las vomitaré.

    TODOS
    ¡Silencio!

    CHINICA
    «La cartilla he estudiado
        letra por letra,
    y sólo he deprendido
        Pe a pa, Pepa.
        ¡Come pimientos,
    te pondrás colorada
        como un madreño

    MERINO
    ¿Dónde nos habéis metido?

    SIMÓN
    ¡Poco a poco, caballeros,
    que esto es empezar!

    MERINO
    ¿Por dónde,
    si así empieza, acabaremos?

    ESPEJO
    ¿Estás ronco, Manolillo?

    CHINICA
    ¿Quién? ¿Yo ronco? No por cierto;
    antes tengo ahora una voz
    como una trompa.

    MERINO
    De cuerno.

    ESPEJO
    Sobrina; canta tú algunas.

    CORTINAS
    ¿Quieres que te acompañemos?

    CHINICA
    Canta un dúo con tu tío,
    nos darás un rato bueno.

    MAYORA
    En ese caso, mejor
    cantaré sola.

    TODOS
    ¡Silencio!

    (Seguidillas majas la MAYORA.)

      SIMÓN
    Y ahora, ¿qué dicen ustedes?

    LOS TRES
    ¡Amigo, esto es mucho cuento!

    (Sale JOAQUINA.)

      JOAQUINA
    Ya está aquí la gente.

    (Salen los MAJOS y MAJAS que quisieren.)

      MAJOS
    ¡Dios
    bendiga todo lo g&ulm;eno!

    PONCE
    Amigo, ¡valiente flota!

    JOAQUINA
    Pues no hay que perder el tiempo;
    que aquí se viene a bailar.

    MERINO
    Pues que bailen.

    CORTINAS
    Los primeros
    que han de bailar son usías.

    JOAQUINA
    Y si no, toco a despejo.

     (Vase.)  

    MAYORA
    Eso es, que para hacer bulra,
    con nosotras mismas semos
    bastantes.

    SIMÓN
    Dice muy bien.

    CHINICA
    Chica, enarbola el pandero,
    y brinque más el que pueda.

    TODOS
    ¡Que viva el señor don Pedro!

    (Bailan al son del pandero o panderos entre ocho.)

      CHINICA
    «Unos gustan de cascos
        y otros de lomo;
    pero al fin y a la postre,
    carnero es todo.
        Naide se asombre;
    porque esto de los gustos
    va en opiniones».

    TODOS
    ¡Prosiga!

     (Sale JOAQUINA.)

      JOAQUINA
    Vengan ustedes,
    que ya está el gazpacho hecho,
    en casa de esta vecina,
    que ha comprado platos nuevos
    y cucharas en la feria,
    y también allí podremos
    bailar, que es mejor la sala.

    CORTINAS
    Tanta dicha no merezco,
    mujer.

    ESPEJO
    Señores, lo mismo
    que en mi casa, y en viniendo
    su madre verán ustedes
    una moza de talento.

    CHINICA
    Y que ni el mayor doctor
    dará mejores remedios
    que ella para las lombrices,
    los sabañones y el muermo.

    PONCE y MERINO
    Vamos donde ustedes manden.

    CORTINAS
    Pues si habemos de ir ¿qué hacemos?

    ESPEJO
    Aguárdate, que es preciso
    mostrar agradecimientos
    debidos, por tantas honras,
    a quien hoy se las debemos.

    CHINICA
    Y todo el año.

    CORTINAS
    Por mí,
    todo lo más en que puedo
    servirles es en cantar
    una tonadilla.

    CALLEJO
    Bueno;
    que no estamos obligados
    a más de lo que podemos.

    ESPEJO
    Y así como el maldecir
    es vil pensión de los necios,
    es carácter de los sabios
    el disimular defectos,

    TODOS
    cuya piedad imporamos
    para indulto de los nuestros.




    Los bandos de Lavapiés


    PERSONAJES

      EL ZURDILLO,   majo ordinario del Barquillo.
    CANILLEJAS,   majo ordinario del Barquillo.
    EL ZANCUDO,   majo ordinario del Barquillo.
    MARRAJO,   majo ordinario del Barquillo.
    LA PELUNDRIS,    maja ordinaria del Barquillo.
    GANGOSA,    maja ordinaria del Barquillo.
    TIÑOSA,    maja ordinaria del Barquillo.
    ZUNGA,    maja ordinaria del Barquillo.
    TÍO MANDINGA,   majo ordinario, padre de LA ZAINA
    LA ZAINA,   maja.
    CACHIVACHE,   majo ordinario de Lavapiés.
    PERDULARIO,   majo ordinario de Lavapiés.

    Comparsa de hombres, mujeres y muchachos que no hablan.

      La escena empieza en el barrio del Barquillo y acaba en el de Lavapiés.  Calle. Con las voces primeras cae atado de pies y manos el ZURDILLO, de majo del Barquillo, ensangrentado el rostro.

      PERDULARIO

     (Dentro.) 
    Ya que su gran desvergüenza
    ha llevado pan de perro,
    volvamos a Lavapiés
    muy alegres.

    ZURDILLO
    ¡Piedad, cielos!

    PERDULARIO
     (Dentro.) 
    Este castigo merece
    quien socarrón y embustero
    se anda a caza de gangas
    como a caza de conejos.

    ZURDILLO
    ¡Oh pena! ¡Pesia mi padre,
    que para mirarme en esto
    me parió, pues más quisiera
    haber nacido camello!

    PELUNDRIS
     (Dentro.) 
    No habéis de salir.

    CANILLEJAS
     (Dentro.) 
    Dejadme,
    que quiero ver qué es aquello.

    PELUNDRIS
     (Dentro.) 
    Pues yo contigo saldré,
    porque también quiero verlo.

    CANILLEJAS
    Un bruto...

    ZURDILLO
    No has dicho mal;
    que por serlo así me veo.

    CANILLEJAS
    Tendido en el suelo está,
    (Salen la PELUNDRIS, con un candil, y CANILLEJAS, con un garrote, de majos del Barquillo.)
     pero distinguir no puedo
    si es tinaja racional
    o si es viviente pellejo.
    ¿Quién eres?

    ZURDILLO
    ¡Soy el demonio!

    CANILLEJAS
    Pues, hijo, vete al infierno.

    ZURDILLO
    ¡Que no pueda levantarme!

    CANILLEJAS
    Es difícil, pues yo creo,
    desde que cayó el demonio,
    que a levantarse no ha vuelto.

    ZURDILLO
    ¡Válgame Dios!

    PELUNDRIS
    ¡A Dios llama!
    ¡Demonio es de buen ejemplo!
    ¿Quién eres?

    ZURDILLO
    Soy el furor,
    la ira, la rabia, el veneno
    del invencible Barquillo;
    que aunque ultrajado me veo,
    soy el valiente Zurdillo,
    conocido por mis hechos.

    CANILLEJAS
    ¡Los valientes y el buen vino
    siempre se acabaron presto!

    PELUNDRIS
    Zurdillo, ¿tú de esta suerte
    tirado por esos suelos
    cuando has sido de este barrio
    el baladrón más soberbio?

    ZURDILLO
    Es que quise a una mujer
    y ella causó mi despeño;
    que los hombres que os trataron
    luego de costillas dieron.

    CANILLEJAS
    Quitémosle los cordeles.

    ZURDILLO
    ¡Sí, porque son triste agüero,
    que dan a entender que otros
    me pondrán en el pescuezo!

    PELUNDRIS
    Refiérenos tus desgracias.

    ZURDILLO
    Es preciso para hacerlo
    que alborotemos el barrio
    y concurran a este puesto
    hombres, mujeres y niños,
    para que todos sabiendo
    que a todos toca el agravio,
    todos se venguen sangrientos.

    CANILLEJAS
    ¿A todos toca el agravio?

    ZURDILLO
    A todos, si es que tenemos
    vergüenza.

    CANILLEJAS
    Yo no lo sé,
    pero lo preguntaremos.

    PELUNDRIS
    ¿Aqueso dudas, canalla?
    Vergüenza y mucha tenemos,
    pues que jamás la gastamos
    porque no falte a su tiempo.

    CANILLEJAS
    Pues siendo así, a convocar
    a todos seré el primero
    y el primero que en defensa
    del Barquillo cruel y fiero,
    como si fuera un Herodes,
    he de tocar a degüello.

    PELUNDRIS
    Yo, valerosa y altiva,
    tomando parte en el cuento,
    en corrales, conventillos,
    en tabernas y los puestos,
    convocaré las matronas,
    para mostrar que el tremendo
    barrio del Barquillo siempre
    sabe volver por sus fueros.

    ZURDILLO
    Pues llamadlos. ¡Dura suerte!

    CANILLEJAS
    No te apures, majadero,
    porque tomar pesadumbres
    a ninguno hace provecho.

    PELUNDRIS
    Nobles, heroicas matronas,
    que en este grande himisferio,
    ya morcillas rellenando,
    ya tarángana friyendo,
    abastecéis a Madrid,
    suspended por un momento
    las haciendas en que estáis,
    sean de honra o de provecho,
    y venid a este lugar
    a enderezar un entuerto.
    Noble Gangosa..., gallarda
    Tiñosilla, Zunga, extremo
    del valor, y en fin toítas
    las que habitáis en su centro.

    CANILLEJAS
    Grandes, invencibles héroes,
    que en los ejércitos diestros
    de borrachera, rapiña,
    gatería y vituperio,
    fatigáis las faltriqueras,
    las tabernas y los juegos,
    venid a escuchar el modo
    de vengar nuestro desprecio.
    Envidiable Pelachón,
    Marrajo temido y fiero,
    inimitable Zancudo,
    y demás que sois modelo
    de virtudes, venid todos
    para que escuchéis mis ecos...

    LOS DOS
    ¿No venís?

    (Salen por ambos lados las nombradas y nombrados, pobremente vestidos.)

      TODOS
    ¿Cómo faltar
    podían nuestros alientos?

    ZUNGA
    Morcilla, aceite y cazuelas,
    todo abandonado dejo
    para ver lo que nos quieres;
    porque en lances como éstos,
    aunque una pierda su hacienda,
    la honra ha de ser lo primero.

    MARRAJO
    Aunque pierda mi taberna
    de tanto honor y respeto,
    donde mil hombres de bien
    desuellan lobos tremendos,
    más importa nuestro punto
    en casos de tal empeño.

    GANGOSA
    Mis livianos y mis bofes
    y todo el caudal que tengo,
    que no es malo, soy capaz
    de derrocharlo y perderlo.

    TODOS
    Sepamos a qué nos llamas.

    ZURDILLO
    Escuchadlo sin rodeos.
    Ya sabéis, soy el Zurdillo,
    que por mis valientes hechos
    he ido a los cuatro presillos
    sólo a visitar sus templos.
    Que las espaldas también
    me visitó el regimiento,
    tratándome a la baqueta
    por ser ligero de dedos.
    Que en Madril en un borrico
    he dado muchos paseos,
    y otras muchas aventuras
    que se dejan al silencio.
    Y cuando libre de todo,
    discurrí hallar el sosiego,
    ese demonio de Zaina,
    hija de Mandinga el viejo,
    el héroe de Lavapiés,
    que allá en sus años primeros,
    si no me igualó en virtudes,
    me excedió en merecimientos;
    esta hija de aquel macho,
    me fué introduciendo un fuego
    que no sé cómo se llama
    aunque sé cómo lo siento.
    Fue el caso que cierto día
    vi que entró en casa de Pedro,
    el tabernero, y con ella
    Perdulario el zapatero,
    detrás de ellos entré yo;
    piden de beber, bebieron;
    piden pan, piden sardinas,
    y para postre pimientos;
    y al pagar el Perdulario
    dijo: «No tengo dinero;
    Zaina, deja tu mantilla
    en prendas del gasto hecho».
    Yo, porque la Zaina ya
    zainamente me había muerto,
    me llegué y con majestad
    dije: «Donde hay caballeros
    como yo, no se consiente
    con las damas tal desprecio».
    Y echando mano a la bolsa,
    pagué dos reales y medio
    que importó todo. Desde este
    lance fuime introduciendo
    en el amor de la Zaina
    con tal fuerza y tal esmero,
    que ella me quiere a mí más,
    aunque yo mucho la quiero.
    Esta noche fui a hablarla,
    cuando asaltado me veo
    de más de treinta personas
    entre grandes y pequeños.
    Púseme luego en defensa
    con valor y con arresto...
    ¡y fueron tantos los palos
    y patadas que me dieron,
    que en un cuerpo tan ruin
    yo no sé cómo cupieron!
    Me ataron luego las manos,
    llenándome de empruperios,
    como a todo nuestro barrio,
    diciendo era sacrilegio
    que nenguno de nosotros
    tratase de galanteos
    en Lavapiés, cuando hay tanta
    diferencia en los sujetos;
    y a moquetes y a empellones,
    para más desprecio nuestro,
    me trajeron hasta aquí,
    donde sin honra me veo,
    como para restaurarla
    no me deis el favor vuestro.
    Ésta es mi fuerte congoja,
    éste mi duro tormento,
    ésta mi cruel fatiga,
    éste mi gran sentimiento.
    A todos toca el agravio;
    todos vengarle debemos,
    y en Lavapiés con su sangre
    hoy nuestras manos lavemos;
    para cuya gran empresa
    hemos de emplear soberbios
    todos los cinco sentidos,
    aire, agua, tierra y fuego.

    TODOS
    ¡Muera Lavapiés!

    ZURDILLO
    No puede
    Lavapiés morir, jumentos.

    TODOS
    ¡Mueran los que están en él!

    ZANCUDO
    Aquese ya es otro cuento.

    CANILLEJAS
    ¡Pasémoslos a cuchillo!

    ZURDILLO
    No, mejor es a degüello.

    HOMBRES
    ¡Afrentado nuestro barrio!...

    MUJERES
    ¡Tratarnos con tal desprecio!...

    TODOS
    ¡Duele mucho!

    ZURDILLO
    ¡Más me duelen
    los palos que a mí me dieron!

    ZANCUDO
    Pues toma tú la venganza,
    que todos te ayudaremos.

    GANGOSA
    Y nosotras, pues verás
    acabar con esos perros.

    ZURDILLO
    ¡Mujeres hay que podrán
    acabar el universo!

    CANILLEJAS
    Por general te nombramos
    para que marchemos luego
    a destruir Lavapiés.

    ZURDILLO
    ¡Él con bastantes lo ha hecho!

    TODOS
    Vamos al punto.

    ZURDILLO
    Y decid:
    ¿ofrecéis estar sujetos
    a mis órdenes?

    TODOS
    No hay duda.

    ZURDILLO
    ¿Y me dais poder abierto,
    especial, bastante, amplio
    para acabar este pleito?

    TODOS
    Sí te damos.

    ZURDILLO
    Está bien.
    Pues armaos luego al momento
    de furor, ira y venganza.

    MARRAJO
    ¡De cólera estamos ciegos!

    ZURDILLO
    Pues así veréis mejor
    a vuestros pies los trofeos.

    TODOS
    Está bien.

    ZURDILLO
    Pues yo diré...

    TODOS
    Todos contigo diremos...

    ZURDILLO
    Feliz quien vino a ser glorioso empleo
    de su venganza y del aplauso vuestro.

     (Vase.) 
    TODOS
    Feliz quien vino a ser glorioso empleo
    de su venganza y del aplauso nuestro.

     (Vanse.) 
    (Casa pobre. Salen cantando y bailando CACHIVACHE, con guitarra, y la GANGOSA con los hombres y mujeres que puedan; y detrás el TÍO MANDINGA y la ZAINA llorando.)

      CACHIVACHE
     (Cantan.) 
    «Al pasar por un convento
    hallé la puerta cerrada.

    TODOS
    Que tira que tira, que sala que sala.

    CACHIVACHE
    Yo tiré de un cordelito
    y respondió una campana.

    TODOS
    Que tira que tira, que sala que sala,
    que aferra velacho, que caza la gavia».

    MANDINGA
     (Declamando.) 
    ¿Di, chiquilla desgraciada,
    criatura de poco seso,
    pues cómo ensuciar querías
    el solar de tus abuelos?
    ¡Tú con el Zurdillo hablar!
    ¿Tú gastabas chicoleos,
    siendo acérrimo enemigo
    de Lavapiés y teniendo
    a su barrio declarado
    guerra siempre a sangre y fuego?

    ZAINA
    Pues yo le he jurado paces
    y quebrantarlas no puedo,
    y a pesar de todo el mundo...

    MANDINGA
    ¿Qué, muchacha?

    ZAINA
    Le quiero
    y él me quiere y me requiere.

    MANDINGA
    Pues yo vengarme prometo,
    matando a ese monicaco
    antes que me infame.

     (Sale PERDULARIO.)
      PERDULARIO
    Presto
    confesémonos a voces
    y hagamos los testamentos,
    porque vamos a morir.

    MANDINGA
    Perdulario, ¿pues qué es esto?

    PERDULARIO
    No más que todo el Barquillo
    viene a Lavapiés, diciendo
    que a todos han de matarnos;
    y el Zurdillo como un perro
    viene mandando la gente.

    TODOS
    ¡Ay, tristes y sin consuelo!

    MANDINGA
    ¡Esta infame tiene culpa;
    matémosla!

    PERDULARIO
    No convengo.

    MUJERES
    ¡Arañémosla!

    ZAINA
    ¡Aspacito;
    porque si me desenvuelvo,v no me ha de quedar nenguna
    que no traiga al retortero!

    MANDINGA
    ¡Por el alma de tu tío,
    el que ahorcaron en Pozuelo,
    que tú me la pagarás!

    CACHIVACHE
    Formemos todos concejo
    de guerra, y veamos el modo
    de salir de aqueste aprieto.

    PERDULARIO
    No hay más concejo que todos
    animosos y resueltos
    salgamos a resistirlos;
    y si nos cascasen ellos,
    pedirles misericordia
    rendidos.

    ¿Tú dices eso?
    ¿Lavapiés se ha de humillar
    al Barquillo? ¡Santos cielos!
    ¡Primero morir!

    PERDULARIO
    Eso es
    lo último que hacer debemos.

    VOCES
     (Dentro.) 
    ¡Mueran todos!

    PERDULARIO
    ¡Ya se acercan!

    GANGOSA
    Pues desechemos el miedo,
    y las primeras nosotras
    a la defensa saldremos
    porque viva Lavapiés.

    MANDINGA
    Ése es el mejor acuerdo:
    cada uno tome las armas
    que pueda y vamos corriendo.

    ZAINA
    ¡Ya lo veréis con Zurdillo!

    PERDULARIO
    Con Zurdillo lo veremos,
    que ha de morir.

    ZAINA
    Puede ser
    que él os deje a todos muertos.

    TODOS
    ¡Viva el grande Lavapiés!

    ZAINA
    ¡Viva el Zurdillo mi dueño!

     (Vanse.) 
     (Calle. A la izquierda una puerta y ventana encima. Salen LOS DEL BARQUILLO con palos y navajas.)

      ZURDILLO
    ¡Amazonas valerosas,
    noble escuadrón de guerreros,
    mueran estos enemigos!
    Esa casa de frontero
    es donde vive la Zaina,
    y de esa casa salieron
    los motores del agravio
    tanto mío como vuestro.

    CANILLEJAS
    ¡Matemos la casa!

    ZURDILLO
    No;
    matemos los que están dentro.

    TODOS
    ¡Mueran todos!

    ZURDILLO
    Aspacito,
    y que llegue a cada puerco
    su San Martín. Ahora es bien
    que todos tomen sus puestos.
    Póngase la infantería
     (Los muchachos al foro.) 
    a este lado y con esfuerzo
    gritará, si el enemigo
    quisiera a traición cogernos.
     (Los hombres a una punta del tablado.) 
    Los caballos sois vosotros;
    se pondrán aquí impidiendo
    que se escape el enemigo,
    si se consigue vencerlo.
    Los cañones de metralla
     (Las mujeres en medio.)
      sois vosotras, pues es cierto
    que mayor estrago hacéis
    que hace un ejército entero;
    el centro ocupar debéis,
    pues de todos sois el centro.
     (A los muchachos.) 
    Si os desbarata el contrario,
    al Hospicio a recogeros.
      (A los hombres.) 
    Si os rompe, idos a parar
    a Sierra Morena luego,
    y si a vosotras os daña,
    curaos y buen provecho.

    MANDINGA
      (A la ventana.) 
    ¿Qué queréis en Lavapiés?

    ZURDILLO
    Lavar con sangre los nuestros.

    PERDULARIO
     (A la ventana.) 
    ¿Cuántos venís?

    CANILLEJAS
    Los que estamos;
    y sobran muchos al cuento.

    MANDINGA
    ¡Hay en Lavapiés mucha honra!

    ZURDILLO
    Algunos no dicen eso.

    PERDULARIO
    ¡Presto lo veréis!

    CANILLEJAS
    Mejor
    los hespitales lo vieron.

    MANDINGA
    Pues esperad.

     (Vase.) 
    ZURDILLO
    Ya esperamos.

    PERDULARIO
    ¡Ya lo veréis!

     (Vase.) 
    CANILLEJAS
    Lo veremos.

    ZURDILLO
    Ea, amigos, ya llegó
    el fiero lance tremendo:
    Matar o morir es fuerza.

    CANILLEJAS
    Pues el matar escogemos.

    PELUNDRIS
    Pero no te ablandes tú.

    ZURDILLO
    ¡Yo ablandarme! ¡Bueno es eso!
    No me vencerán demonio
    ni mundo.

    CANILLEJAS
    Mas puede hacerlo
    el otro enemigo.

    ZURDILLO
    No,
    que yo a ese contrario venzo.

    (Salen por la puerta LOS DE LAVAPIÉS, embisten a LOS DEL BARQUILLO; CANILLEJAS va siempre siguiendo al TÍO MANDINGA como acechándole, y cuando queda solo le da en la cabeza un golpe; cae en el suelo y el ZURDILLO le va a matar; sale la ZAINA y le detiene.)

      LOS DE LAVAPIÉS
    ¡Viva Lavapiés!

    LOS DEL BARQUILLO
    ¡Que viva
    el Barquillo siempre!

    MANDINGA
    ¡Ay, cielos,
    que me han muerto!

    ZURDILLO
    Así tendré
    de los enemigos menos.

    CANILLEJAS
     (Embistiéndole y deteniéndose.) 
    ¡Acábale tú!

    ZURDILLO
    Allá voy.

    ZAINA
    No le mates.

    ZURDILLO
    Ya me tengo.

    CANILLEJAS
    Que es tu enemigo.

    ZURDILLO
    ¡Bien dices!

    ZAINA
    Que es mi sangre.
    ZURDILLO
    Ya lo veo.

    CANILLEJAS
    Derrámala.

    ZURDILLO
    Será justo.

    ZAINA
    No hagas tal.

    ZURDILLO
    Será bien hecho.

    CANILLEJAS
    Yo, tu amigo, te lo pido.

    ZAINA
    Yo, tu esposa, te lo ruego.

    CANILLEJAS
    Es tu mayor enemigo.

    ZURDILLO
    ¡Es verdad, porque es mi suegro!

    ZAINA
    ¡Mira que aqueste es mi padre!

    ZURDILLO
    ¡Si no es mentira, es muy cierto!

    CANILLEJAS
    Mátale.

    ZAINA
    Perdonalé.

    LOS DOS
    Resuélvete.

    ZURDILLO
    Ya resuelvo.

    MANDINGA
    ¿Ha llegado ya mi hora?

    ZURDILLO
    No, que aún no se matan cerdos.

    MANDINGA
    Pues di, ¿qué he de hacer?

    ZURDILLO
    Vivir
    hasta que te caigas muerto.

    CANILLEJAS
    ¿Eres mi amigo?

    ZURDILLO
    Sí soy.

    ZAINA
    ¿Eres mi esposo?

    ZURDILLO
    Es muy cierto.

    CANILLEJAS
    Pues haz lo que digo.

    ZURDILLO
    Voy.

    ZAINA
    Pues haz lo que pido.

    ZURDILLO
    Vuelvo.

    CANILLEJAS
    Obra como vencedor.

    ZAINA
    Obra como caballero.

    ZURDILLO
    ¡Eso puede más que todo!
    Álzate, suegro, del suelo
    y vete, para que veas
    que los generosos pechos
    lidiamos porque lidiamos,
    mas no nos aborrecemos,
    aunque son crueles contrarios
    siempre los suegros y nueros.

    CANILLEJAS
    ¿Le dejas ir?

    ZURDILLO
    Que se vaya.

    ZAINA
    ¿Conque se va libre?

    ZURDILLO
    Y suelto;
    pero en los demás sabré
    despicar mi enojo fiero,
    porque pueda mi venganza
    dar que admirar a los tiempos.

     (Vanse con CANILLEJAS.) 
    VOCES
      (Dentro.) 
    ¡A ellos, que huyen!

     (Salen huyendo LOS DE LAVAPIÉS.)
      TODOS
    ¡Corramos,
    que nos zurran el coleto!

    MANDINGA
    ¿Cómo huís?

    PERDULARIO
    Corriendo bien.

    MANDINGA
    ¿Y a dónde vais?

    TODOS
    ¡A escondernos!

    MANDINGA
    Es locura.

    PERDULARIO
    Más locura
    será morir sin provecho.

    MANDINGA
    Pues, ¿qué hemos de hacer?

    PERDULARIO
    No hay más
    arbitrio que el que roguemos
    a la Zaina de que clame
    por todos, pues es muy cierto
    conseguirá del Zurdillo
    el perdón que pretendemos.

    TODOS
    ¡Zaina!...

    ZAINA
    Zainos sois vosotros.

    TODOS
    ¡Piedad!...

    ZAINA
    ¡Ah, que os entiendo!

    TODOS
    ¡De Lavapiés!

    ZAINA
    Sólo él
    me vence, no vuestros ruegos.
    Retiraos todos; que sola
    llegar al Zurdillo quiero
    y sola ganar el lauro
    de la victoria que espero.

    MANDINGA
    Tu madre es el Lavapiés,
    mira por su honor y el nuestro.

    (Éntranse en la casa. Sale el ZURDILLO y los suyos.)
      ZURDILLO
    Todo Lavapiés, amigos,
    se lleve a sangre y fuego;
    que yo el primero...

    ZAINA
    Zurdillo,
    ¿es posible que tu aliento
    quiera a Lavapiés quemar,
    estando yo en él? ¡Ay, cielos!

    ZURDILLO
    Conque a mi casa te vengas,
    quedarás libre delriesgo.

    ZAINA
    ¿Yo desampararle? ¿Yo?
    ¿Pues cómo me dices eso?

    ZURDILLO
    ¿Y yo dejar mi venganza?
    ¿Cómo propones tal yerro?

    ZAINA
    ¡Mira que he de ser tu esposa,
    y si prosigues sangriento
    tu venganza y me achicharras,
    no podré llegar a serlo!

    ZURDILLO
    Si te sucede ese chasco,
    tú tienes la culpa, puesto
    que si piensas en casarte
    estás ya perdiendo tiempo.

    ZAINA
    ¿No hay remedio?

    ZURDILLO
    Mi venganza.

    ZAINA
    ¿Y no hay otro?

    ZURDILLO
    No le encuentro.

    ZAINA
    Puesto que voy a morir
    dame, pues será el postrero,
    un abrazo; y muera yo,
    ya que tienes gusto en ello.

    ZURDILLO
    ¡Cielos, que la Zaina llora!
    ¡Maldito sea mi genio,
    que en llorando una mujer
    al instante hago pucheros!

    ZAINA
    Pues no he de volver a verte,
    adiós, Zurdillo, y los cielos
    te guarden. ¿Por qué me envías
    a morir?

    ZURDILLO
    Mientes en eso;
    que si yo te lo mandara
    no te irías por lo mesmo,
    que hay muy pocas que obedezcan
    del marido los preceptos.

    ZAINA
    ¿Conque así me dejas ir?

    ZURDILLO
    Quédate, que yo te ofrezco
    serás el dueño absoluto
    de todo cuanto yo tengo.

    ZAINA
    ¿Y a Lavapiés le perdonas?

    ZURDILLO
    ¿Perdonar? No hablemos de eso:
    ¿han de quedar sin venganza
    las patadas que me dieron?

    ZAINA
    Sin que llegues a vengarte,
    basta para desempeño
    que te pudiste vengar.

    ZURDILLO
    ¡No, que mucho me dolieron!

    ZAINA
    Adiós otra vez, que voy
    a morir.

    ZURDILLO
    ¡Yo me enternezco!
    ¡Ah, mujeres, lo que ablandan
    vuestros llantos zalameros!
    ¿Qué quieres, Zaina, de mí,
    que cumplírtelo te ofrezco?

    ZAINA
    Sólo que viva triunfante
    Lavapiés.

    ZURDILLO
    Yo lo concedo.

    ZAINA
    Pues toma en premio mis brazos.

    CANILLEJAS
    Ya se ha rematado el cuento.

    ZAINA
    ¡Lavapiés viva! Y salid
    todos libres y contentos.

    (Salen todos.)
      TODOS
    A tus plantas...

    ZURDILLO
    Suspended,
    que quiero sepáis primero
    que sólo con que me deis
    a la Zaina por mi dueño
    y quede paz asentada
    entre los dos barrios nuestros,
    está todo concluido.

    TODOS
    Gustosos lo concedemos.

    ZURDILLO
    Pues mientras la tonadilla
    logra indulto de los yerros,
    vámonos cantando todos,
    diciendo por más festejo...

    TODOS
    «Al pasar por un convento,
    hallé la puerta cerrada.
    Que tira que tira, que sala que sala.
    Yo tiré de un cordelito
    y respondió una campana.
    Que tira que tira, que sala que sala,
    que aferra velacho, que caza la gavia».

    FIN

    Donde las dan las toman o Los zapateros y el renegado
    Sainete nuevo para quince personas

    PERSONAJES

    D. Celedonio.
    Pepa.
    D. Gil. Teresa.
    El Maestro Zapatero.
    Manuela.
    Renegado.
    Oficiales
    Lombriz, tuno.
    Manolo.
    Una Petimetra.
    Zapatero primero.
    Un Paje.
    Zapatero segundo.
    Dos Majas.
    Zapatero tercero.

    El teatro representa la tienda de un ZAPATERO con los OFICIALES trabajando, que serán MANOLO, y los ZAPATEROS 1.º, 2.º, 3.º, 4.º, 5.º, 6.º, 7.º, y el MAESTRO en una mesa cortando.

    MAESTRO - (Solo.) Canta alegre la jota, Manolo.
    El que quiera vivir con descanso,
    y sin trampas, celos, ni camorras,
    que no beba, ni juegue, ni fume,
    ni se case con mujer hermosa.

    TODOS A la jota de los cañamares,
    no te quiero que me das pesares:
    a la jota jotita del prado,
    rebusque la viña quien la ha vendimiado.

    MAESTRO Eso me gusta, muchachos,
    que esté la gente contenta,
    y que trabaje.

    ZAPATERO 1.º Eso sí,
    hasta el punto que anochezca;
    porque yo al menos tomo
    en ese punto la puerta,
    que en algo ha de conocerse
    cuando hay bulla, y cuanto ha gresca.

    MANOLO Y más esta noche, que,
    según dicen malas lenguas,
    en casa del Renegado
    hay función.

    ZAPATERO 1.º ¿Quién lo dijera,
    que habiendo ya tantos años
    que trabaja en esta tienda
    con nosotros, ni a la boda
    convidara, ni a la fiesta
    a los compañeros?

    MAESTRO Callen,
    que no es hombre de vergüenza
    quien se trate más con él;
    y ya verán cuando vuelva
    a trabajar, el sonrojo
    y repulsa que le espera.

    ZAPATERO 1.º ¿Y por qué?
    MANOLO Tiene razón
    el Maestro; y la silla
    en que él se sentaba, no
    ha de estar entre las nuestras
    o se ha de quemar. (Tírala.)

    ZAPATERO 2.º Pues, hombre,
    ¿qué infamia tan manifiesta
    ha hecho para todo eso?

    MANOLO Casarse con una buena
    moza, sin tener bastante
    caudal para mantenerla.

    ZAPATERO 2.º Eso no es infamia, que es
    necedad.
    MANOLO Sí; pero esas
    necedades vienen luego
    a ser infamias, por fuerza
    y necesidad en unos,
    y en otros por conveniencia.
    ZAPATERO 1.º ¿Y qué serio que lo dices,
    hombre, como si no fueras
    también casado, y expuesto
    a cualquiera contingencia?

    MANOLO La misma tiene el que guarda
    una joya en la gaveta,
    que no a todas partes puede
    llevarla en la faltriquera.
    Es cierto puede haber quien
    al dueño coja las vueltas,
    y le prive de la joya;
    pero hay grande diferencia
    de que ladrón se la hurte,
    o que su dueño la venda.

    ZAPATERO 3.º Viva Manolo: pardiez
    que para Abogado eras
    pintiparado.

    ZAPATERO 1.º Y es cierto,
    que sobre todo argumenta
    como si hubiese estudiado.

    MANOLO No conozco bien las letras,
    pero conozco a cada uno
    de la pata que cojea.
    Y si queréis divertiros, (Al MAESTRO.)
    en cualesquiera materia,
    idme echando antecedentes,
    sacaré las consecuencias.

    (Se levanta y mira adentro.)

    ZAPATERO 1.º Tu mujer viene muy guapa
    hoy que no es día de fiesta.
    ¿Qué consecuencia se sigue?

    (Se levanta.)

    MANOLO Una mala y otro buena.
    No saber por qué, es la mala;
    y el venirme a buscar ella,
    es señal que no se atreve
    a lucir sin mi licencia.

    (Se sienta. Sale TERESA.)
    TERESA Dios guarde a ustedes, señores.

    MAESTRO A Dios, Señora Teresa:
    siéntese usted aquí.

    TERESA No puedo,
    que vengo un poco de priesa.

    MANOLO Mientes, que vienes por todo
    aquel tiempo que yo quiera.

    TERESA Eso sí.
    MANOLO Pues si eso sí,
    siéntate, y estáte queda.

    TERESA Despacha, y oye un recado,
    que las amigas me esperan.

    Manolo ¡Amigas! ¡malo! y ¿adónde?

    (Trabajando sin mirar.)

    TERESA En la lonja de la iglesia
    del Carmen.

    MANOLO ¿Con que en la lonja
    están? ¿y por qué no entran
    a rezar?

    TERESA Porque no es hora.

    MANOLO ¿Pues a qué hora se reza?

    TERESA Dale.

    MANOLO Y ¿adónde es hora de ir
    a estas horas tan compuesta?

    TERESA A visita, porque ha enviado
    por nosotras la Jusepa.

    MANOLO ¿Y quién es esa Señora?
    porque a ti te libre de ella
    el Señor, y a mí de entrambas,
    como del dolor de muelas.

    TERESA La novia del Renegado,
    que tiene baile y merienda
    esta noche.

    MANOLO ¿Quién lo paga?

    TERESA Toma, eso no es de mi cuenta.

    ZAPATERO 1.º Su Amo lo pagará todo.

    TERESA Mejor.

    MANOLO Mejor: ¿que no tengas
    un Amo tú así?

    TERESA ¡Ojalá!
    y que mal que me estuviera:
    a entrambos los ha vestido
    muy bien de pies a cabeza.
    ¿Y qué sé yo? no seas machaca:
    vengo a preguntar si velas,
    para dejarte la llave,
    que ya tienes ropa fuera
    por si te quieres vestir
    para ir allá.

    MANOLO Están muy puercas
    las calles, no tengo coche,
    y me emporcaré las medias.

    TERESA Vamos, Manolo, habla en forma.

    MANOLO Pues toma a casa la vuelta,
    y déjate de visitas.

    MAESTRO Dice muy bien; porque es mengua
    vaya la mujer adonde
    de convidar no se acuerdan
    al marido.

    TERESA Eso no importa:
    a las más de las sesenta
    amas, a quien yo serví
    nueve años, que fui doncella,
    las convidaban sin que
    los maridos lo supieran.

    MANOLO ¿Y ellas iban?

    TERESA Iban... mucho.

    MANOLO Pues tú irás poco, Teresa.

    (Sale el RENEGADO de Oficial de Zapatero, muy majo, con un cairel, capa y vestido nuevo, chupetín de galones, y con gesto de intención disimulada, y LOMBRIZ de tuno.)

    RENEGADO Señor Maestro, buenas tardes.

    LOMBRIZ Téngalas usted muy buenas.

    RENEGADO A Dios, compañeros.

    (Nadie hace caso.)

    MAESTRO Rubio,
    mira que llevar es fuerza
    esta noche los zapatos
    azules a la Marquesa.

    ZAPATERO 3.º Solo falta guarnecerlos.

    MAESTRO Y tú acaba las chinelas
    para el Abogado, Pepe.

    ZAPATERO 1.º Mañana: que tenga paciencia.

    RENEGADO Buenas noches, Caballeros.

    LOMBRIZ Vaya, que es la gente atenta.

    (Canta MANOLO.)

    MANOLO A la jota de los presumidos,
    que se casan, y quedan perdidos:
    a la jota de los alentados,
    que se casan, y quedan ganados.

    TODOS A la jota del río Jarama,
    con qué fuerza crece la retama. (dos veces)

    RENEGADO Parece que somos sordos.
    ¿Amigos?

    MANOLO Doña Teresa,
    a casa, que es tarde.

    TERESA ¿Y qué no vienes tú?

    MANOLO Allá me espera,
    que pronto voy.

    TERESA Pues cuidado
    no tardes, en dar la vuelta.

    LOMBRIZ Teresita, hasta la noche:
    verá usted que castañuelas,
    o que postizas, que pueden
    servir de espabiladeras,
    con cordones de color
    de hojaldre y sus borlas negras,
    que ya verá usted.

    MANOLO ¿Qué es esto?

    LOMBRIZ Es una palabra suelta
    al paso.

    MAESTRO Algunas se cogen
    al paso de esa manera.

    MANOLO ¿Qué era eso, digo? (Recio.)

    TERESA No es nada:
    hombre, de todo recelas. (Vase.)

    MANOLO A tu camino: y usted,
    Señor Lombriz, no se meta
    con las mujeres casadas
    otra vez.

    RENEGADO No seas fachenda,
    Manolo, que mi cuñado
    es hombre seguro.

    MANOLO Deja.

    LOMBRIZ Aunque fuera tu mujer
    oro molido, estuviera
    tan segurita conmigo...

    MANOLO Como el agua en una cesta.

    RENEGADO Maestro, ¿qué tiene esta gente,
    que está conmigo tan seria?

    MAESTRO Qué sé yo: vete a tu casa,
    y no me los entretengas,
    que estamos todos de prisa.

    RENEGADO Me ha gustado la respuesta,
    y apenas han levantado
    para verme las cabezas.

    MAESTRO Hacen bien.
    RENEGADO ¿Por qué hacen bien?
    MAESTRO Déjame, y no me revuelvas
    los humores.

    RENEGADO ¡Ola! ¡ola!
    que estas son palabras recias.
    Vuélvete a casa, Lombriz,
    a disponer las cosuelas
    que faltan; y por si acaso
    va aquel hombre, estar alerta.

    LOMBRIZ Ya estoy en todo: por mí
    cuidado alguno no tengas:
    mas siento dejarte solo,
    que está de mal humor esta
    gente.

    RENEGADO Así la quiero yo.

    LOMBRIZ Mira, hombre, que no te pierdas.

    RENEGADO No lo temas, que bien sé
    las calles y callejuelas
    del Lugar, gracias a Dios.

    LOMBRIZ No digo eso.

    RENEGADO ¡Qué postema
    eres, cuñado! Ea, agur.

    LOMBRIZ Si has menester una tercia
    del acitrón de Albacete,
    aquí está en la faltriquera.

    RENEGADO Dale.

    LOMBRIZ Pues a Dios, y más
    que te echan las tripas fuera. (Vase.)

    RENEGADO Con que, vaya, ¿qué tenemos?

    ZAPATERO 2.º Tenemos mucha vergüenza
    todos, para tolerar
    compañeros, que consientan
    cortejar a su mujer,
    y que se case con ella
    por el interés.

    RENEGADO ¡Qué más!

    ZAPATERO 1.º Que sabemos, que antes era
    la queridita de su Amo.

    RENEGADO Si es la muchacha una perla,
    y lo merece, ¿por qué
    no había su Amo de quererla?

    MANOLO Y también después sabemos,
    que las visitas frecuenta,
    y que algunas tardes hay
    fonda, paseo, o comedia,
    que es señal de que aún la quiere.

    RENEGADO Y es cosa natural esa,
    que el que se case, no es
    razón para aborrecerla.

    ZAPATERO 1.º Seis días ha que te casaste,
    y siete ha que te paseas
    y no trabajas; pues esto
    algo es.

    RENEGADO Sobra de moneda,
    o tener que atender en
    mi casa a otras dependencias.

    MAESTRO Lo que alabo es la frescura.

    RENEGADO Si tengo una mujer bella,
    bien vestida, y bien calzada,
    y en el bolsillo pesetas,
    ¿no he de estar contento?

    TODOS Lindo.
    MAESTRO Ya me falta la paciencia.

    MANOLO Tome usted la que a él le sobra,
    y quedan ambas completas.

    ZAPATERO 1.º ¿Y tu mal genio, que dio
    motivo a que te pusieran
    por mal nombre el Renegado,
    qué se hizo?

    RENEGADO Como es jalea
    el matrimonio, endulzó
    el agrio de mi soberbia;
    y este bronce, con el fuego
    de amor, se convirtió en cera;
    de modo, que soy más suave
    en mi casa que una seda;
    y a veces por divertirse
    me devana mi parienta.

    MAESTRO Muchachos, vamos a echarle
    a patadas de la tienda.

    (Levántanse todos.)

    ZAPATERO 1.º Mejor con los tirapiés
    fuera darle unas baquetas.

    RENEGADO Poco a poco, que sin duda
    es mala correspondencia,
    cuando vengo a convidaros
    para la función primera
    que hago después de marido.

    TODOS Nosotros...

    RENEGADO Ustedes vengan,
    que aunque sea función de pobre,
    espero será completa.

    MAESTRO No me convides, porque
    ya sabes la pasión ciega
    que te he tenido; y te expones
    a un chasco, como yo vea
    algo que no sea decente,
    o que mí me lo parezca.

    RENEGADO Desde luego para todo
    le concedo a usted licencia,
    si al ver mi esposa, también (Zalamero.)
    no le rinde las potencias,
    y el corazón por los ojos
    no le tributa en ofrenda,
    sin poder dejar de amarla,
    aunque a sus plantas fallezca.

    MAESTRO ¿Qué estilo es ese?

    MANOLO El que aprende
    de ver y de hacer comedias.

    ZAPATERO 1.º ¿Tan linda es?

    RENEGADO No es ponderable:
    por Dios que vengáis a verla,
    y así no os admiraréis
    de que yo valor no tenga
    para disgustarla, aunque
    conmigo haga lo que quiera.

    MANOLO ¿Y el Amo, qué tal? (Burlándose de él.)
    RENEGADO Un Ángel:
    ¡qué benignidad! ¡qué bellas
    entrañas! ¡y qué intención
    tan clara, tan noble y recta!

    ZAPATERO 1.º ¿A que estás enamorado
    también de él?

    RENEGADO Y mucho.

    MANOLO Arrea, Manolo.

    MAESTRO Vamos allá
    toda la familia entera:
    recoged aquesos trastos:
    poneos la ropa de fiestas,
    y veamos en lo que funda
    este hombre tantas simplezas,
    que quizá habrá desengaño
    allí que a tiempo le venga.

    RENEGADO Ustedes sí que verán
    que desengañados quedan.

    ZAPATERO 1.º ¿Cómo se llama la Novia?

    RENEGADO Pepa.

    ZAPATERO 1.º Pues viva la Pepa.

    TODOS Viva.

    MANOLO Y el Amo también.

    RENEGADO Como quien más me interesa.

    MANOLO Pues vivan Pepa y el Amo.

    TODOS Vivan el Amo y la Pepa.

    (Vanse llevando los trastos por la izquierda, y el RENEGADO por la derecha. Múdase el Teatro en casa pobre, y algún banco, e iluminaciones de candiles. LOMBRIZ va poniendo algunos en los bastidores. Salen MANUELA y algunas otras de mujeres ordinarias y compuestas; PEPA muy guapa, y D. CELEDONIO y D. GIL de petimetres.)

    CELEDONIO No pongas ya más candiles,
    hombre.

    LOMBRIZ Si quiere completa
    la iluminación mi hermano.

    GIL Haciendo lo más, yo hiciera
    lo menos, D. Celedonio,
    que en cualesquiera almoneda
    hay cornucopias baratas.

    PEPA Cabal: vámonos sentando
    hasta que la gente venga
    para bailar.

    TODOS Lo que tardan.

    GIL Oyes, ¿cuál es la Teresa
    que dijistes buena moza?
    (Aparte a D. CELEDONIO.)

    CELEDONIO No es aun ninguna de estas:
    ya vendrá.

    PEPA Sentaos, amigas,
    cada una donde quiera:
    yo al lado de mi Amo, que
    le debo más que si fuera
    mi padre.

    UNA No se parece
    a los que yo serví.

    OTRA Deja
    que haya Amo como el señor.

    MANUELA Si por ellos solos fuera,
    los más son buenos: las Amas
    son las malas, que las celan
    como demonios; y en viendo
    que a una criada celebran
    um habilidad, a Dios,
    levantan una quimera
    sobre un alfiler mal puesto,
    y a rempujones la echan.

    PEPA No es así mi Ama: es verdad,
    que aunque mi Amo no quiera,
    como es por bien, no ha tenido
    motivo para sospechas.
    GIL Mi amigo D. Celedonio
    quiere con mucha pureza
    a las mozas.

    PEPA Ya se ve:
    ¿qué quieres aquí tú, bestia? (A LOMBRIZ.)

    LOMBRIZ Me gusta estar junto a ti.

    CELEDONIO Pues vete un rato allá fuera,
    y déjanos hablar.

    LOMBRIZ Luego.

    CELEDONIO Aquí está ya la Teresa.

    (Sale TERESA.)

    TERESA(4) Jesús, mujer, que por poco
    vengo.

    MANUELA ¿Te ha dado licencia
    por fin tu marido?

    TERESA Sí.

    PEPA ¿Y él no viene?

    TERESA En casa queda
    aguardando a los demás,
    porque ha de venir entera
    la cuadrilla.

    CELEDONIO D. Gil.

    GIL Ya:
    vamos, niña, esta silleta
    está para usted guardada.

    TERESA ¿Y esta otra? (Siéntase.)

    GIL Para quien pena
    por usted, y la quería
    aun antes de conocerla. (Siéntase.)

    TERESA Lo estimo como papel
    de estraza para soletas. (Se levanta.)

    CELEDONIO No sea usted tan esquiva.

    PEPA Vamos, niña, no seas terca,
    y déjate servir.

    TERESA Vaya:
    si mi marido me viera
    junto a un hombre, me esperaban
    famosas carnestolendas.

    GIL ¿Qué es espantadizo?

    TERESA Mucho.

    GIL Pues yo tengo una receta
    para los espantos.

    LOMBRIZ Y él
    otra para las postemas,
    que al instante que la aplica,
    se ablandan o se revientan.

    GIL Mire usted.

    TERESA ¡Qué hombre tan plomo!
    hazme ahí un lugar, Manuela.

    GIL Y a mí otro.

    LOMBRIZ A fe, que el chico
    es bravo perro de presa.

    (Salen MANOLO, y los demás pasan con seriedad, y se asientan.)

    MANOLO Muchachos, todos conmigo,
    seriedad y reverencia.

    MAESTRO Señores, muy buenas noches.

    MANOLO Téngalas usted muy buenas.

    ZAPATERO 2.º Sea enhorabuena mil veces.

    TODOS Sea mil veces norabuena.

    MANOLO Y que se gocen ustedes
    por los años que desean.

    PEPA Amén.

    CELEDONIO ¿Quién son todos estos?

    GIL ¡Qué gente tan macarena!

    LOMBRIZ Compañeros de mi hermano.

    MAESTRO Yo he celebrado la buena
    elección de mi oficial,
    y mande usted en que pueda
    servirla.

    CELEDONIO ¿Usted es el Maestro?

    MAESTRO Para lo que usted me quiera
    mandar: ¿y usted, Caballero?

    PEPA Mi Amo.

    TODOS Que viva la Pepa.

    MAESTRO Muchachos, chito.

    ZAPATERO 1.º Esto es
    aplaudir la compañera.

    CELEDONIO ¿Dónde estará el Renegado?

    MANOLO Renegando de su estrella,
    como renegara yo
    si en su pellejo me viera.

    CELEDONIO ¿Y por qué?

    MAESTRO Calla, Manolo.

    GIL ¿Está tu marido entre esta
    cuadrilla? (Aparte a TERESA.)

    TERESA Sí: ¿Manolito?

    MANOLO ¿Qué cosa te ocurre nueva?

    TERESA Nada: que el Señor pregunta
    por ti.

    MANOLO Estoy a su obediencia:
    ¿Qué manda usted?

    GIL Nada.

    MANOLO ¿Nada? pues habló algo con ella.

    GIL Preguntaba...

    MANOLO Pues pregunte,
    que yo le daré respuesta.

    LOMBRIZ Poca bulla, Caballeros:
    aquí hay bandurria, vihuela
    y tiple: vamos bailando,
    porque el tiempo no se pierda.

    PEPA ¿Dónde estará mi marido?

    CELEDONIO Déjale que se divierta,
    mujer, y no seas celosa,
    una vez que a la hora de esta,
    gracias a Dios, él tampoco
    ha mostrado es flaqueza.

    GIL Dice bien.

    LOMBRIZ Vaya de broma,
    y que venga cuando venga.

    PEPA ¿Bailará usted?
    CELEDONIO ¿Por qué no?
    Vamos, Señora Teresa,
    como mi compañero.

    TERESA Estoy
    coja de la pata izquierda.

    GIL ¿Y no más?
    MANOLO Ni aun eso: baila
    conmigo, para que vean
    que alguna vez es virtud
    en vosotras la cojera.

    MAESTRO Pues también yo he de caldearme
    ya que la casa se quema.

    LOMBRIZ Y yo, que quiero quitar
    la flor a mis castañuelas.

    MANOLO Echa la voz, Monifacio.

    MAESTRO Que canten, y ande la rueda.

    (Cantan y bailan los apuntados, y sale el RENEGADO con la PETIMETRA, que vendrá tapada con mantilla negra; y acabada la seguidilla, dice:)

    RENEGADO Prosiga la diversión;
    y aunque yo venga, hagan cuenta
    que no entró nadie: madama,
    aquí no hay sino pobreza;
    pero hay buena voluntad.
    Descanse usted un rato, mientras
    le da la gana de bailar.
    (Por señas dice que no.)
    ¿No le gusta a usted? Pues ea,
    mejor que mejor, con eso
    hay más tiempo de parleta.

    PEPA Hombre, ¿qué es eso?

    RENEGADO Mujer,
    en eso tú no te metas:
    ahí tienes tu Amo; y yo tengo
    aquí mi Ama.

    MANOLO No hay respuesta,
    que están pata.

    CELEDONIO Poco a poco,
    que eso es una desvergüenza;
    y yo no consentiré
    un desaire de la Pepa
    por un ojo de la cara.

    MAESTRO ¿En qué parará esta idea?
    (Al ZAPATERO 1.º)

    ZAPATERO 1.º Aquí hay segunda intención,
    que ha de ser útil y nueva.

    PEPA ¡Ay de mí, qué presto empiezo (Gritando.)
    a ser desgraciada!

    CELEDONIO Deja
    la cuchillada a mi cargo:
    verás tú, si no se enmienda,
    qué pronto que va a presidio.

    RENEGADO Para que usted dé la queja,
    y se haga el proceso hay tiempo.
    Prosiga ahora la fiesta,
    que es lo que importa. Usted no haga
    caso de estas frioleras,
    madama. (Siéntase.)

    MANOLO Oyes, ¿es bonita?

    RENEGADO No hay en Madrid mejor hembra.
    ¿No es verdad, señora? Pues;
    (Dice que sí por señas.)
    mira cómo lo confiesa.

    TERESA Y dice que sí la tonta.

    MANOLO Basta que lo diga ella.

    GIL Eso es chanza.

    RENEGADO No por cierto.

    Manolo Lo que yo alabo es la buena
    mujer que serena está.

    CELEDONIO Yo sé que no lo estuviera
    ni dos horas, a no ser
    por lo que yo estimo a esta.

    RENEGADO Chito, que es mujer casada,
    y su estimación se arriesga.

    CELEDONIO Estimación, ¿y se viene
    contigo como una oveja?

    RENEGADO No es con mal fin.

    CELEDONIO Pero basta
    para que escándalo sea:
    y tú, bribón...

    PEPA Pobrecita de mí, ¡qué vida me espera!
    CELEDONIO Vivo yo: ¡un hombre casado
    ya con la mujer ajena
    trata!

    RENEGADO ¿Y usted es soltero? (Serio.)

    CELEDONIO Mira, no me reconvengas,
    porque ya estoy sofocado.

    RENEGADO Pues beba usted agua fresca,
    mi Amo, porque el tabardillo
    no está aún en toda su fuerza.

    MANOLO Dale, que aquí estamos todos. (Aparte a él.)

    CELEDONIO Mira si al punto la llevas
    de donde la traes.

    RENEGADO Usted
    puede hacer la diligencia
    por mí.

    PEPA No faltaba más.
    (En medio con viveza.)

    CELEDONIO No te aflijas, ni lo temas,
    que no te dejara a ti
    yo ahora por una Reina.

    PETIMETRA Pues la dejarás por mí: (Descúbrese.)
    vivir en su casa quieta
    con su marido, o en ti
    se cumplirá la sentencia
    que impusiste a los que tratan
    con las mujeres ajenas.

    CELEDONIO Hija, pues, cómo...

    PEPA Señora,
    que mi Amo no me corteja,
    (De rodillas y llorando.)
    sino por amor de Dios
    procura mis conveniencias.

    PETIMETRA Yo lo haré por él: levanta,
    que de ti no tengo queja.

    CELEDONIO Yo la debiera tener
    de que así sola te vengas...

    PETIMETRA Antes que lo digas, oye
    satisfacción y respuesta:
    muchacho.

    (Sale el PAJE.)

    PAJE ¿Qué manda usted?

    PETIMETRA Dile a Domingo que encienda
    el hacha, y vamos de aquí,
    porque libres se diviertan
    los novios y sus amigos.

    CELEDONIO Hombre, si celoso eras,
    ¿por qué no me lo dijiste,
    y no evitaste esta pena
    a mi mujer?

    RENEGADO Su merced
    quizá estaba mal impuesta,
    y más celosa que yo.
    Yo sé que la chica es buena:
    pero ambos agradecidos:
    usted aquí con frecuencia
    siempre muy galán; y yo
    feo por naturaleza,
    y honrado: la vecindad
    siempre acechando a las puertas:
    los compañeros picados...

    MANOLO Ahí encaja un etcétera
    mejor que en un pedimento,
    que es clara la consecuencia.

    CELEDONIO Atrevido eres.

    RENEGADO Señor,
    dice una antigua conseja,
    que donde las dan, las toman:
    la cosa iba algo espesa:
    soy algo corto de genio,
    y busqué quien os dijera
    con claridad, que cada uno
    quiere su honrita completa.

    CELEDONIO Ese es el pago...

    MAESTRO Si usted
    quiere que el chico le vuelva
    lo que gastó, su Maestro
    sacará la cara.

    GIL Ea,
    Señores, acabe en paz.

    PEPA Señora, ¿va usted contenta?

    PETIMETRA Como una noche de truenos.

    PEPA A Dios, Señor.

    CELEDONIO A Dios, Pepa.

    PETIMETRA Atado te he de tener
    como a los perros de presa.

    (Vase con su Parienta y D. GIL.)

    TODOS Eres hombre de valor.

    LOMBRIZ Te has portado; pero cuenta,
    que mi hermana...

    TODOS Eres hombre de valor.

    LOMBRIZ Te has portado; pero cuenta,
    que mi hermana...

    RENEGADO Si otra vez
    este caso me recuerdas,
    te echo de casa, y te rompo
    en seis trozos la cabeza,
    que una cosa es remediar
    las cosas, y otra creerlas.
    Pepita, dame los brazos,
    y sáquese la merienda,
    verás con tu Renegado
    qué vida tienes tan bella.

    MANOLO ¿Qué divertido estará
    su amo con la parienta
    ahora?

    PEPA Vamos adentro,
    mis queridas compañeras.

    TODOS Dando el último perdón
    todos a las faltas nuestras.

    FIN

    El petimetre
    PERSONAJES
        DON SOPLADO.
    DOÑA PLÁCIDA,   su hija.
    DON ZOILO,   abate.
    TARARIRA,   criado de DON SOPLADO.
    DON MÓNICO.
    DON MODESTO.
    UN LACAYO DEL MISMO.
    DON SIMPLICIO,   barba.
    JUANA,   criada de DOÑA VERÓNICA.
    DOÑA VERÓNICA,   mujer de DON SIMPLICIO.
    UN MAJO.
    DOÑA TECLA,   su hija.
    UN PELUQUERO.

    El teatro representa la cámara de un caballero soltero, con unos taburetes, un tocador, una mesa con algunos libros y multitud de frasquitos, cajas, etc.
      Salen TARARIRA y el LACAYO, uno con el vestido y un cepillo, y otro con las ligas, peinador, etc., que colocan sobre alguna otra mesa o silla.

      TARARIRA
    Dejemos eso, que ya
    parece que se levanta
    el amo.

    LACAYO
    Y aun sale aquí,
    si el oído no me engaña.

    (Sale DON SOPLADO en bata, despeinado o con cofia, esperezándose.)

      DON SOPLADO
    ¿Ha venido el peluquero?

    TARARIRA
    Más ha de dos horas largas
    que espera en el tocador.

    DON SOPLADO
    ¿Qué tal está la mañana?

    TARARIRA
    Como de otoño, y aun hoy
    está mucho más templada,
    porque hay tal cual nubecilla.

    DON SOPLADO
    ¿Y qué hora es?

    TARARIRA
    Las diez dadas.

    DON SOPLADO
    Oh, pues siendo tan temprano,
    hasta la hora de que salga
    quizá saldrá el sol. Prevenme
    el otro vestido de aguas
    y galones.

    TARARIRA
    ¿Y si llueve?

    DON SOPLADO
    ¿Qué quieres que yo le haga?
    Estando en el entretiempo,
    ¿he de llevar paño o lana
    y que se rían de mí?

    LACAYO
    Otros le llevan.

    DON SOPLADO
    Gentualla
    que sólo tiene un vestido
    o personas chabacanas,
    que los dogmas del buen gusto.
    no consultan o no alcanzan.

    (Sale el PELUQUERO.)

      PELUQUERO
    Señor, ¿vamos despachando?

    DON SOPLADO
    Estoy pronto, aunque hoy es vana
    vuestra queja, que no es tarde.
    Tararira, las toallas.

    TARARIRA
    Aquí están. ¿De cuál manteca?

    DON SOPLADO
    Ninguna; trae la pomada
    de jazmines.

    TARARIRA
    Está todo.

    DON SOPLADO
    Sólo ese libro me alcanza,
    diré entretanto el oficio.
    Este quede aquí y tú saca
    el vestido que te dije.

    TARARIRA
    Mientras se peina esta dama
    (Aparte.
    bien puedo almorzar, oír misa
    con sermón y no hacer falta.
     (Vase.

    DON SOPLADO
    Ro, ro, ro, ro, ro. Mirad
    (Como que reza entre dientes.
    que ayer dicen que llevaba
    tres pelos más en un lado
    y un canto de real de plata
    más levantado ese bucle.
    Ro, ro, ro, ro, ro. Con gracia
    este tupé como ayer;
    bien.

    PELUQUERO
    ¿Lo aprobó alguna dama?

    DON SOPLADO
    Me dijo la marquesita,
    y que no es mujer de chanzas,
    que no había visto en su vida
    cosa más bien acabada.
    Ro, ro, ro, ro, ro. ¿Peinaste
    ayer a doña Lisarda?

    PELUQUERO
    No, señor; sólo la puse
    la gran cofia.

    DON SOPLADO
    ¿Estaba mala?

    PELUQUERO
    Yo no sé.

    DON SOPLADO
    Ro, ro, ro, ro.
    Una cosa de importancia
    tenía que preguntar
    y no hay forma de acordarla.
    Ro, ro, ro, ro. Justamente,
    ya me acuerdo. ¿Doña Laura,
    por qué os dejó?

    PELUQUERO
    La dejé
    yo, porque no me pagaba.

    DON SOPLADO
    Pues ¿cómo?

    PELUQUERO
    Me hizo dejar
    tres o cuatro parroquianas,
    ofreciéndome millones
    porque no la hiciese faltas
    y después en año y medio
    no la pude sacar blanca;
    y aún me tiene por allá
    cincuenta pesos.

    DON SOPLADO
    Más alta
    la atadura, porque vean
    que son esmalte de Francia
    los broches del corbatín
    y se distinga la holanda
    que vuelve del cabezón.
    (Sale TARARIRA.)

      TARARIRA
    Esperando en la antesala
    don Mónico y don Modesto
    están, con don Zoilo Maza,
    que ha tres días que llegó
    de París.

    DON SOPLADO
    ¡Fineza rara
    es verme, sin aguardar
    que a cumplimentarle vaya!
    (Salen los tres con TARARIRA. Se levanta y se abrazan.)

      DON ZOILO
    ¡Señor don Soplado!
    DON SOPLADO
    ¡Amigos!
    Señor don Zoilo, no alcanza
    mi cariño qué razón
    hay para que desairada
    dejéis a mi urbanidad,
    anticipándoos con tanta
    brevedad. ¿Creéis que ignoro
    los ritos de la crianza
    y venís a reprenderla
    antes de poder culparla?

    DON ZOILO
    Al contrario; porque veáis
    que vivo en la confianza
    de nuestra antigua amistad,
    no he querido que os cansarais
    en ir, estando yo fuera.

    DON SOPLADO
    ¡Eh! Los asuntos de tabla
    creed que no los ignoro.

    DON MODESTO
    No es una ciencia muy alta
    la de las visitas; pero
    sí creo que es la más ardua
    y difícil.

    DON MÓNICO
    Añadid
    a eso lo delicada.

    DON SOPLADO
    Es más de lo que parece.

    DON MÓNICO
    Ya sé; el hombre que alcanza
    a manejar en la corte
    las etiquetas con gracia
    sabe cuanto hay que saber.

    DON ZOILO
    Es la ciencia más abstracta
    al juicio de los humanos.

    DON MODESTO
    Y en la razón tan fundada,
    que ningún hombre de juicio
    penetra sus pataratas.

    DON SOPLADO
    Sillas para estos señores,
    Tararira.

    DON ZOILO
    ¡Cosa rara
    es por cierto el apellido!

    DON MODESTO
    No tal; no es la más hidalga
    en la corte su familia,
    pero es la más dilatada.

    DON SOPLADO
    ¡Todo lo habéis de notar!
    Así se le ha puesto en casa,
    por lo alegre que está siempre.

    TARARIRA
    Y porque a mi amo le agrada
    este nombre más que cuantos
    en el Calendario estampan.

    PELUQUERO
    Por Dios, señor, que ya es tarde.

    DON ZOILO
    Nuestra visita embaraza
    y más que estabais rezando.

    LOS TRES
    Adiós.

    DON SOPLADO
    No; que para nada
    me podéis dar sujeción
    vos, siendo de confianza,
    y el rezo ya está acabado.
     (Tira el libro sobre la mesa.

    PELUQUERO
    ¡Y con qué devoción! ¡Vaya,
    que edificará a cualquiera!

    DON SOPLADO
    Y cuando no se acabara,
    esto se hace el día que uno
    se está por demás en casa
    un rato. Vaya, los polvos;
    y tú puedes traerme agua
    para lavarme.
     (Siéntanse.

    TARARIRA
    Está bien.
     (Vase.

    DON MÓNICO
    Ausencia ha sido bien larga
    la que habéis hecho, don Zoilo.

    DON ZOILO
    Diez años y medio.

    DON MÓNICO
    ¡Qué ansia
    tendríais de volver!

    DON ZOILO
    Por cierto
    que en mi vida lo pensara
    si hubieran mis asistencias
    alcanzado a la bizarra
    ostentación que es forzosa
    en un extranjero que anda,
    con privilegios de noble,
    corriendo cortes extrañas.
    (Sale TARARIRA.)

      TARARIRA
    Aquí está el agua, señor.

    DON MODESTO
    Poco os debía la patria,
    señor don Zoilo.

    DON ZOILO
    Tan poco,
    que sólo pudo, en la rara
    melancolía que tuve
    desde que me vi en España,
    aliviarme la amistad
    de los finos camaradas.

    DON MODESTO
    ¿Tan bien os han parecido
    otras cortes?

    DON ZOILO
    Cosa extraña
    es que vos lo preguntéis,
    habiendo corrido tantas.

    DON MODESTO
    Confieso hallé en cada una
    muchas cosas que ilustraran
    mi entendimiento, mas no
    que me apagasen la llama
    del amor al patrio suelo.

    DON ZOILO
    Pues yo traía ya echada
    la cuenta de no pararme
    en Madrid ni una semana;
    pero en estos cuatro días
    he observado que se halla
    digno tal cual de que yo
    le habite. Está adelantada,
    en lo que cabe, la gente.
    Ayer comí en una casa
    y estuvo aquello mediano:
    no hubo las extravagancias
    de la sopa guarnecida,
    ni lo de pichón por barba.
    Había un lindo trinchero
    de menestra, otro de pasta,
    un fricasé, una compota
    y una o dos pollas asadas,
    que para quince de mesa
    es comida muy sobrada.
    Ya la amanece el buen gusto
    en el mueblaje; las casas
    se adornan de cornucopias,
    en vez de petos y lanzas,
    y ya ven los españoles
    que el papel y las indianas,
    para vestir las paredes,
    les hacen muchas ventajas
    a los cuadros de Velázquez,
    Cano, Ribera, que llaman
    el Españoleto, y otros
    pintorcillos de esta laya.
    Parece se ha propagado
    el cultivo hasta las caras.
    Aquel bruto desaliño
    del cabello y de la barba,
    que hacía nuestra nación
    tan terrible a las contrarias,
    ya dócil a beneficios
    del jabón y las pomadas,
    por donde quiera que vamos
    van diciendo nuestras fachas
    que somos gente de paz;
    ya nadie al vernos se espanta,
    pues yace oculto de miedo
    el duelo o la patarata
    de aquel honor que fundaron
    en ser las doncellas castas,
    muy religiosas las viudas,
    recogidas las casadas,
    los ancianos venerables,
    los niños de cera blanda,
    los hombres ingenuos y
    muy hombres de su palabra.
    Que porque me dijo mientes...,
    porque me sopló la dama...
    u otras tales bagatelas,
    ¿he de andar a cuchilladas?
    ¡Hubo entre nuestros antiguos
    gentiles extravagancias!

    DON MODESTO
    Gentiles serían; pero
    ahora no son muy cristianas.

    DON SOPLADO
        Aunque no hubiera en Madrid
    otra cosa que esta masa
     (Lavándose.
    para lavarse las manos,
    debía ser celebrada
    nuestra edad.

    DON MODESTO
    No es en los hombres
    mucho primor manos blandas.

    DON SOPLADO
    Antes sí, que si se ofrece
    bailar una contradanza,
    es feliz preservativo
    de ofender la de una dama.

    DON MÓNICO
    ¡Perfecta frase!

    DON SOPLADO
    Las ligas.

    TARARIRA
    Extienda usted bien la pata,
    las apretaré a conciencia.

    DON SOPLADO
    Pues ya que de eso te encargas,
    hazlo con juicio y esmero,
    y mas que otra cosa no hagas
    bien en tu vida, porque
    no puede haber mayor tacha
    en un hombre de honor, ni
    puede hacer mayor infamia,
    que profanar un estrado
    con las medias arrugadas.

    DON MODESTO
    Extraño vuestro concepto,
    pero más la tolerancia
    del martirio que sufrís.
    TARARIRA
    Pues no es cosa tan extraña
    el dar unas ligaduras
    a quien el sentido falta.

    DON SOPLADO
    A título de bufón,
    dice cuanto le da gana.
    El vestido.

    TARARIRA
    Ya está aquí.

    DON ZOILO
    Muy marcial está y es grata
    la horma, señor don Soplado.

    TARARIRA
    Y eso que hoy no está apretada
    la cotilla.

    DON SOPLADO
    Pero ved
    qué pecho, qué airosa manga.

    DON ZOILO
    El calzón es algo estrecho.

    TARARIRA
        ¡La conciencia sí que es ancha!
     (Aparte.

    DON MÓNICO
    Aquí lleváis una mota.

    DON SOPLADO
    ¿Mota yo? Si no mirara
    a los señores... ¡Yo mota!
    ¡Voto a!... ¡Una mota!... ¡Ahí es nada
    el defecto! ¿De qué sirve
    a un hombre lo que trabaja
    por mantener su opinión,
    si en manos de esta canalla
    va un hombre siempre vendido?

    DON MODESTO
    ¡En una mota repara
    (Aparte.
    por afuera y por adentro
    estará lleno de manchas!

    DON SOPLADO
    El reloj.

    TARARIRA
    Ahí va con todos
    sus cascabeles.

    DON SOPLADO
    Las cajas.

    TARARIRA
    Dos, tres, cuatro, cinco...

    DON SOPLADO
    Espera,
    y los frasquitos alcanza;
    iré mojando pañuelos,
    no me vea en la desgracia
    del otro día.

    TRES AMIGOS
    ¿Qué fue?

    DON SOPLADO
    Varios pañuelos llevaba,
    rociados de las mejores
    y más exquisitas aguas,
    y se le antojó el olor
    de clavel a cierta dama;
    pidiómele y yo, que acaso
    entonces no le llevaba,
    discurrid cuál quedaría,
    sorprendido, hecho una estatua,
    corrido. Estos son los lances
    en que los hombres atrasan
    sus carreras, y es un caso
    que en las historias no se halla;
    por eso ahora siempre voy
    hecho una botica.

    DON MODESTO
    Vaya,
    que si así prosigues, pronto
    en ti mismo habrás de usarla.

    DON MÓNICO
    En todo sois primoroso.
     (A DON SOPLADO.) 
    Don Modesto, esta enseñanza
    habíais de tomar.

    DON ZOLIO
    ¿Os dura
    todavía aquella avara
    propensión hacia los libros?

    DON MODESTO
    Y siempre con más constancia.
    Ésas son las diversiones
    sin riesgo.

    DON MÓNICO
    Vos, con tan rara
    manía, os volveréis loco.

    DON SOPLADO
    Y sin alguna sustancia
    ni especial utilidad.
    Ved qué diferencia se halla
    de vos a mí y qué distinto
    concepto tienen las damas
    de los dos: vos, estudiando,
    ignoráis cómo agradarlas;
    yo, con sólo presentarme, las agrado y me idolatran,
    de modo que unas con otras
    por mis obsequios se arañan.

    DON MODESTO
    Dichosos sois. ¡Ay de quien,
    con la estrella más contraria,
    vive inclinado a quien nunca
    se enternece de sus ansias!

    DON SOPLADO
    Vos tenéis la culpa, pues
    os inclináis a beatas,
    que tienen el dar la mano
    a un hombre por grave falta
    de su recato, por culpa
    asomarse a una ventana
    sin celosía. ¿Visitas
    cuando madre no está en casa?
    ¡Jesús, y qué liviandad!
    Eso es ser galán de marras.
    Amigo, marcialitate;
    menos amor y más maulas;
    menos conceptos, más bulla;
    menos decoro, más labia,
    o meterte luego fraile,
    porque dudo que halléis dama
    tan boba, tan doña Elvira
    y de tan poca crianza,
    que por quereros de veras
    ponga en opinión la fama
    del buen gusto.

    DON MODESTO
    ¿Y qué es buen gusto?

    DON ZOILO
    Yo os lo diré: una fantasma
    que como a los racionales
    entes les anima el alma,
    a los entes petimetres
    anima invisible para
    que se esfuercen a salir
    de las jerarquías bajas
    de su especie, hasta ocupar
    la sublime, y se señalan
    estos felices sujetos
    ya en la hechura de las cajas
    que llevan, ya en los relojes,
    ya en la conducción gallarda
    del aire, de la figura,
    ya en la guarnición extraña
    y colores del vestido;
    y finalmente, en la gracia
    inconcusa con que se hacen
    preferir de las muchachas.

    DON SOPLADO
    Eso es lo cierto; vos nunca
    me disputaréis la palma.
    El espadín.

    DON MODESTO
    Mucho siento
    tengamos tan encontradas
    opiniones; pero, amigos,
    esa es una faramalla
    de ociosidad peligrosa;
    y quien las mira con casta
    intención evitar debe,
    con razón cuerda y cristiana,
    el riesgo de que le engañen
    y el delito de engañarlas.

    DON SOPLADO
    Quien tenga dinero suelto
     (Mirándose al espejo.
    dele medio real de plata
    por la plática.

    DON MÓNICO
    ¿Y a dónde
    vais desde aquí?

    DON SOPLADO
    Si tocaran
    por ahí a misa, la oyera
    primero; si no, haré varias
    visitas hasta la una,
    que entonces, aunque sea larga,
    en el Buen Suceso, como
    hay concurrencia tan varia,
    está un hombre divertido.

    DON MÓNICO
    Vamos todos de reata
    a presentar al amigo
    a las hijas y madama
    de don Simplicio.

    DON SOPLADO
    Es verdad;
    y, amigo, hay una que canta
    grandemente.

    DON ZOILO
    ¡Grandemente!...
     (Burlándose.
    Al que viene de la Italia
    hecho a oír aquellas orquestras,
    que en la menor serenata
    hay cuatrocientos violines,
    ciento y dos trompas de caza,
    cien oboes y ochenta bajos,
    ¿qué efecto queréis que le haga
    una mujer?

    DON MODESTO
    Ser mujer
    española la que canta.

    TODOS
    Vamos allá.

    DON SOPLADO
    Tararira,
    ponte al instante la capa
    y llévalas esas flores.
    (Vanse.

    TARARIRA
    Harase como lo manda;
    pero antes es menester
    lavarme también la cara
    y rociar todos los trapos
    Vamos adentro, Panarra,
    me ayudarás a vestir.

    LACAYO
    Yo me voy ahora a la plaza
    por los postres.

    TARARIRA
    Es preciso
    componernos, que en la casa
    del tamborilero todos
    saben danzar la pavana.

    (Vanse, y cayendo otro telón de salón, que desfigure la primera escena, sale DOÑA TECLA, de petimetra.)

      DOÑA TECLA
    Milagro es que me han dejado
    sola este rato siquiera
    para estudiar la tonada.
    Voy ahora a ver qué tal suena
    en el clave, porque aquí
    sale mi padre, no sea
    venga con alguna de
    sus muchas impertinencias.

    (Vase y sale DON SIMPLICIO, en bata y gorro, los zapatos en chancleta, una media negra puesta y cosiendo la otra.)

      DON SIMPLICIO
    Más que la de San Francisco
    es larga la tal carrera,
    y el punto está en que ha tres horas
    que el punto final no llega.
    Mas ya he perdido la aguja;
    voto a la..., que no hay paciencia
    para sufrir tanto y eso
    que yo la tengo tremenda.
    ¡Juana!

     (Sale DOÑA VERÓNICA, cosiendo una cinta a una venera.)

      DOÑA VERÓNICA
    ¿Qué quieres a Juana?


    DON SIMPLICIO Que me componga esta media,
    que ya me canso.

    DOÑA VERÓNICA
    No puede,
    que está ocupada allá fuera
    con aquel mozo paisano
    que suele venir a verla
    y rabiará si la llaman.

    DON SIMPLICIO
    Pues, mujer, dame cualquiera
    aguja y proseguiré.

    DOÑA VERÓNICA
    Por milagro hallé yo ésta.

    DON SIMPLICIO
    ¿Y qué es lo que estás cosiendo?

    DOÑA VERÓNICA
    Una cinta a una venera
    de un amigo.

    DON SIMPLICIO
    ¡Qué bonita!
     (Acercándose.
    ¡Hola! Esta parece nueva.

    DOÑA VERÓNICA
    ¡Qué lerdo eres! Más de cien
    veces se la has visto puesta.

    DON SIMPLICIO
    Soy hombre de vista gorda:
    no riñas por eso. ¡Tecla!

    (Sale DOÑA TECLA, embelesada, leyendo un papel de seguidillas.)

      DOÑA TECLA
        Es en glorias pasadas
     (Leyendo.
    el pensamiento
    unas veces verdugo
    y otras consuelo.
    Y en las futuras,
    a veces esperanza,
    y a veces duda.

    DON SIMPLICIO
    ¡Tómate, qué embelesada
    sale estotra en su leyenda!
    Tecla, ¿no oyes que te llamo?
    (Recio.

    DOÑA TECLA
    No lo oigo. ¿Qué nos vocea
    usted? Y será todo ello
    al cabo una friolera.

    DON SIMPLICIO
    ¡El agrado que tú gastas
    con tu padre es cosa bella!
    Cóseme esta carrerita.

    DOÑA TECLA
    ¡Tómate! ¿Y para eso eran
    las voces? Estoy ahora
    divertida en estas nuevas
    seguidillas y no puedo.

    DON SIMPLICIO
    ¡Es razón que me hace fuerza!
    Dame aguja y yo lo haré.

    DOÑA TECLA
    Con mucho gusto, a tenerla;
    pero ni aun sé dónde para
    la almohadilla.

     (Sale DOÑA PLÁCIDA con un legajo de comedias en la mano.)

      DOÑA PLÁCIDA
    ¿Qué comedia
    de éstas, madre, es la mejor?

    DOÑA VERÓNICA
    A ver qué títulos. Ésta,
    que tiene gran travesura
    de lances y toda ella
    es un arte de requiebros.
    Ahí verás qué estratagemas
    se aprenden para engañar
    a un viejo padre que vela
    el caro honor de sus hijas,
    y luego, a pesar de rejas
    y llaves, con qué primor
    a sus padres se la pegan.

    DON SIMPLICIO
    No se le escapará nada,
    que la muchacha no es lerda.
        Es capaz de traer al
    retortero dos docenas.
    Plácida, dame una aguja
    para coser esta media.

    DOÑA PLÁCIDA
    ¡Ay, padre, mal viene usted!
    ¿Yo aguja? Desde la feria
    pasada, que a don Pepito
    le puse una escarapela
    en el sombrero, no sé
    ni si las hay en la tienda.

    DON SIMPLICIO
    Este es el diablo, que quiere
    que yo pierda la paciencia;
    pues no ha de ser, aunque salga
    hoy a la calle en calcetas.

    DOÑA TECLA
    Oyes, Plácida, repara
     (Aparte.
    qué dada está a la tarea
    madre.

    DOÑA PLÁCIDA
    ¡Tómate! ¡No es cosa!
    Todo su talento emplea
    en rizar aquella cinta.

    DOÑA TECLA
    ¡Bien le merece la pena!

    DOÑA VERÓNICA
    ¡Si voy yo a las habladoras!...

    DOÑA PLÁCIDA
    Señora, son cosas nuestras.

    DON SIMPLICIO
    Déjalas que hablen, mujer.
        Chicas, ¿tengo yo otras medias?

    DOÑA TECLA
    Mire usted si la criada
    las tiene acaso compuestas.
    ¡Juana!

      (Sale la CRIADA.)

      CRIADA
    ¡Qué Juana, señores!
    ¡No estamos con mala flema
    y nadie ha oído misa en casa!

    DON SIMPLICIO
    ¿Pues qué? ¿Es hoy día de fiesta?

    DOÑA VERÓNICA
    Despacha y ve tú primero,
    que sobrado tiempo queda.

    DOÑA TECLA
    A la una aquí en la parroquia
    hay misa, pero es eterna.
     (Llaman.

    CRIADA
    Voy a echarme la basquiña
    y a ver quién llama a la puerta.
    (Vase.
     (Sale TARARIRA.)

      TARARIRA
    Señoras, bésoos los pies.
    A traer esta primavera
    vengo de parte de mi amo.

    DOÑA VERÓNICA
    Señor Tararira, ¿era
    hora de vernos?

    TARARIRA
    Pues ¿cuándo
    Tararira no está en esta
    casa, si no en realidad,
    in mente?

    DOÑA TECLA
    Grandes fachendas
    tiene vuestro amo.
    (Salen los cuatro caballeros y DON SOPLADO delante.)

      DON SOPLADO
    ¡Dichoso
    quien a tan buen tiempo llega
    que oyó en tus labios su nombre!
    ¡Y dirán que el leer comedias
     (Aparte.
    no es útil! Este concepto
    a fe si viene a la letra.

    LOS CUATRO
    Señoras, a vuestros pies.

    LAS DAMAS
    Señores, a la obediencia.

    DOÑA VERÓNICA
    Tecla fue la que os nombró.

    DOÑA TECLA
    Pues no la creáis fineza,
    que nos tenéis enfadadas.

    DOÑA VERÓNICA
    Muy tonta eres en dar quejas
    a nadie, que el que quisiere
    venir ahí tiene la puerta,
    pero nunca echamos menos
    al que no viene.

    DON MODESTO
      (Aparte.
    Embustera,
    que a todos dice lo propio,
    y es envidia manifiesta
    a aquellas casas adonde
    son norias las escaleras,
    y arcaduces los galanes,
    que unos salen y otros entran.

    DON SOPLADO
    Señoras, ustedes digan
    lo que gusten; pero vean
    si es suficiente disculpa
    de tardar hoy la asistencia
    a este amigo, que ayer vino
    de París.

    DON ZOILO
    Con buena estrella,
    pues no bien pisé del puerto
    las suspiradas arenas,
    cuando mi dicha al alcázar
    de las tres gracias me lleva.

    DOÑA VERÓNICA
    Vos seáis muy bien venido,
    que ya habéis dado la muestra
    de vuestro mérito.

    LAS DOS NIÑAS
    Ved
    si hay en qué serviros pueda
    esta casa.

    TARARIRA
    Esto se llama
    mueble nuevo.

    DON MÓNICO
    Aunque no es ésta
    mi casa, con el favor
    que sus dueños me dispensan,
    en ella y en mi posada
    podéis mandar.

    DON SIMPLICIO
    Mis ofertas,
    caballero, valen poco
    en esta casa, pues de ella
    sólo sé que soy el dueño
    cuando el casero me llega
    a pedir el alquiler;
    pero al fin, propia o ajena,
    la ofrezco, sub conditione
    que mi mujer lo consienta.

    DON SOPLADO
    ¿Qué hacéis, señor don Simplicio?
    DON SIMPLICIO
    En coser esta carrera
    me divertía y perdí
    la aguja.

    DOÑA VERÓNICA
    Pues tomad ésta...

    DON SIMPLICIO
    Dios te lo pague.

    DOÑA VERÓNICA
    Que yo
    ya acabé esta friolera.

    DON MÓNICO
    Ya conozco esa alhajita.
    ¿Y a dónde está el dueño de ella?

    DOÑA VERÓNICA
    Fuera de Madrid.

    DON MÓNICO
    ¿Pues cómo
    ha conseguido licencia?

    DOÑA PLÁCIDA
    Ha de volver esta tarde
    y salió a las ocho y media
    esta mañana.

    DOÑA VERÓNICA
    Si no,
    seguro está que saliera.

    DOÑA TECLA
    Madre, mire usted que es tarde.

    DOÑA VERÓNICA
    De recibiros de priesa
    y en esta pieza de paso,
    por hoy la disculpa sea
    el que no hemos oído misa.

    DON SOPLADO
    ¡Jesús, y qué arco de iglesia!
    Del mismo color estamos
    los tres; pero a bien que cerca
    la tenemos a la una.

    DOÑA PLÁCIDA
    Apenas tiempo nos queda
    de ponernos las basquiñas.

    DON SOPLADO
    Veréis cómo se remedian
    tan grandes inconvenientes.
     (Vase.

    DOÑA PLÁCIDA
    Venga usté aquí, Juan enreda,
    ¿qué va usté a hacer?

    DON SOPLADO
    Al instante
     (Dentro.
    voy allá con la respuesta.

    DON SIMPLICIO
    El tal don Soplado es
    muchacho de gran viveza.

    (Sale la CRIADA, de mantilla, con el MAJO y tocan dentro.)

      CRIADA
    Señores, el primer toque;
    no hay que descuidarse.

    DOÑA PLÁCIDA
    ¡Ah, perra!
    ¡Qué bravamente has pelado
    la pava!

    CRIADA
    Su horita y media;
    desquítense luego ustedes.

    MAJO
    Vaya, dos horas de arenga,
    verás qué breve te dejo.

    CRIADA
    Vaya, hijo, no te enfurezcas,
    que esto está acabado.

    DOÑA VERÓNICA
    Digo,
     (Al MAJO.) 
    venga usted con su vihuela
    esta noche, que ser puede
    que algunas amigas vengan
    y se baile un rato.

    MAJO
    Bien,
    se hará como usté lo ordena.
    Vamos, chica. ¡Brava loca
    es tu ama!

    CRIADA
    Se la lleva
    el diablo cuando a las hijas
    o a mí alguno nos festeja.

    MAJO
    ¡Mujer extraña!

    CRIADA
    No tal,
    que hay otras muchas como ella.

    (Vanse los dos, y sale DON SOPLADO con tres basquiñas y tres mantillas.)

      DON SOPLADO
    Caballeros, cada uno
    le sirva de camarera
    a una señora y así
    despacharemos apriesa.

    DON MÓNICO
    Venga aquí la de madama.

    DOÑA VERÓNICA
    Esta es.

    DON ZOILO
    Ya que me franquea
    la suerte casualidad
    tan feliz, delito fuera
    no lograrla.

    DOÑA TECLA
    Me conformo,
    que aquí no somos de aquellas
    que lo mismo que apetecen,
    fingen que lo menosprecian.

    DON SIMPLICIO
    ¿Qué basquiña llevas, hija?

    DOÑA VERÓNICA
    ¿Qué, necesitas tú verla?
    ¡Afuera, que hace calor!
    Los parientes, una legua.

    DOÑA PLÁCIDA
    ¿Qué milagro es que os dignáis
     (A DON MÓNICO.
    hacer tan grande fineza
    conmigo? Ved que mi madre
    quizá formará una queja
    de este obsequio, que tan mal
    en servirme a mí se emplea.

    DON SOPLADO
    Señorita, un hombre solo
    para tantas incumbencias
    es poco y es fuerza que obre
    en algunas con tibieza.

    DOÑA VERÓNICA
    Don Soplado, una palabra:
    ¡bravamente se aprovechan
    los instantes!

    DON SOPLADO
    ¿Ignoráis
    que a Dios hemos de dar cuenta
    de los instantes ociosos?

    DON MODESTO
    ¡Y qué bien que los emplea!

    DOÑA VERÓNICA
    ¿Qué sujeto es este abate?
    ¿De aquellos que se adocenan
    en la estimación?

    DON SOPLADO
    Señora,
    vos le hacéis una tremenda
    injusticia. Este sujeto
    ha ido a estudiar las ciencias
    a las cortes. Trae secretos
    para disimular pecas
    del rostro, limpiar blondinas,
    quitar manchas, lavar medias
    y otros grandes intereses
    de la nación.

    DON MÓNICO
     (Quieto.
    La pulsera,
    que se le ha caído a madama.

    DON SOPLADO
    Perdonad la inadvertencia.

    TARARIRA
        Don Modesto, ¿cómo ahora,
    sobre llevarse la prenda,
    no se tiran los galanes?

    DON MODESTO
    La culpa tienen aquellas
    que han puesto en tan bajo precio
    los favores, que cualquiera
    puede haberlos, y las cosas
    se estiman conforme cuestan.

    DOÑA TECLA
    Señor abate, mil gracias.

    DON ZOILO
    Mandad cuanto se os ofrezca
    que, aunque soy abate, no
    soy inclinado a la iglesia.
    (Tocan dentro.)

      DON SIMPLICIO
    Hijas, el segundo toque.

    DOÑA VERÓNICA
    ¿Quién la mantilla me echa?

    DOÑA TECLA
    ¿Quién me tira esta basquiña?

    DOÑA PLÁCIDA
    ¿Quién un rosario me presta,
    que no sé dónde está el mío?

    DON SOPLADO
    Ahora un libro cualquiera
    es más moda que el rosario.

    DOÑA PLÁCIDA
    No tengo.

    DON ZOILO
    Para una urgencia
    la Guía de forasteros
    basta.
     (Dásela.

    DOÑA VERÓNICA
     (A DON SIMPLICIO.) 
    Tú en casa te quedas
    y, si tarda la criada,
    echa al puchero la especia
    y di a quien venga que espere,
    que a la misa de una y media
    o de las dos puedes ir.

    DON SIMPLICIO
    Voy a ponerme las medias
    y a obedecerte.

    TARARIRA
    ¿Podrá
    ser verdad esta comedia?

    DON MODESTO
     (Aparte.) 
    Yo no lo sé. Lo que es cierto
    que va la critica a tientas;
    el cogido calle y diga
    el que no: ¡ande la rueda!
    (Vanse los petimetres agarrados de las manos de las damas; detrás, burlándose, DON MODESTO y TARARIRA; DON SIMPLICIO por el otro lado, y se da fin.)


     

    El Rastro por la mañana  

    Caerá el telón al fin de jornada, y al levantarse aparecerá la calle de cajones de fruteras cerrados, y en uno abierto, de tocino, estará, de maja cobradora, sentada en un banquillo o silla chica, la señora LADVENANA, y JUAN MANUEL, de mozo, con mandil; habrá tocino y salchichas imitadas, etcétera. La señora POLONIA estará con tren de callos; la señora JUANA, de verdulera, con abundancia; la NICOLASA se paseará con un canastillo de buñuelos sobre un paño blanco; la señora MAYORA estará sentada de panadera con serón a un lado, y tendrá pan y alguna rosca; ESPEJO detrás, a la puerta de su tienda prendería, y mesita de aguardiente delante. Se verá la cruz del Rastro como va señalada, y junto a ella estará CARRETERO con prendas de hierro y algunas baratijas por el suelo; el chico se paseará de aguador.

      CORO
    «Pues el sol placentero
    ya nos anuncia el día,
    para que cuantos lleguen
    nuestros afanes sirvan,
    comerciantes del Rastro,
    muy buenos días.

    MAYORA
    ¡Mis ricos panes
     (Sola.)  llevad, galanes;
    vamos, mocitas,
    a mis rosquitas!

    POLONIA
    ¡Qué regalada,
    qué resalada.
    qué calentita
    que está mi ollita!
     (Esto en tono de pregón representando la orquesta.

    JUANA
    ¡A mis repollos!

    NICOLASA
    ¡Qué ricos bollos!

    ESPEJO
    ¡Al aguardiente!

    CARRETERO
    ¡Al hierro viejo!

    LADVENANA
    ¡Tocino añejo,
    lomo y salchichas!

    CORO
    ¡Comerciantes del Rastro,
    muy buenos días!».

     (Salen, de compradores, mozos de asistencia, con tres o cuatro esportillos cada uno, CHINICA y CAMPANO, y CALLEJO, de librea, con capa correspondiente y esportillo grande, y detrás de él PEPITO, de asturiano recién venido, con los brazos cruzados y cantando el mismo aire.)

      PEPE
    «Pues ya llegú la hora
    de cultivar la viña,
    vusotrus con el pesu,
    nusotrus con la sisa,
    ¡compañerus del Rastru,
    muy buenos días!

    TODOS
    ¡Comerciantes del Rastro,
    muy buenos días!».

    CHINICA
    Adiós, Turibio.

    CALLEJO
    Adiós, Juan.

    CHINICA
    ¿Hállaste, por Dios, tan vieju
    que necesitas pajuncio?

    CALLEJO
    No, a fe mía, que aun me atrevu
    a llevantar a custilla
    en vilo el palaciu nuevu.

    CHINICA
    ¿Es tu pariente el rapaz?

    CALLEJO
    A lu cerca u a lu llejus
    el pariente, sí es pariente;
    peru comu ha tantu tiempu
    ya que faltu, non sé en qué
    gradus está el parentescu.
    Ayer me le ha remitidu
    en una carta dun Tellu
    Gil, nuestru beneficiadu;
    y dice que el rapazuelu
    es cosa propria, y le envía
    para que se vaya haciendu
    hombre y persona a mi ladu.
    CAMPANO
    Persona y hombre es lo mesmu.

    CHINICA
    Non tal; dice bien Turibio,
    que a veces en muchus cientus
    de hombres no hay una ducena
    de presonas de provechu.

    CAMPANO
    ¡El diablo es este Juanín!

    CALLEJO
    ¡Oh! Juan siempre fue discretu
    y, si él se hubiera apricado,
    ya tuviera por lo menus
    algún beneficio simpre.

    CHINICA
    Y ¿yo para que le quieru?
    ¿Puede haber un beneficio
    más simpre que el que yo tengu
    cun la compra y sin maldita
    ubrigación? Yu non rezu,
    non me rompu la mullera

    en estudiar, non confiesu,
    digo misa, nin predicu,
    y cobru siempre que quieru
    por mi manu llas primicias,
    dejandu aparte llus diezmus.

    CALLEJO
    Dice bien.

    CAMPANO
    Decir sí dice.

    CALLEJO
    Pur lo propiu te encomiendu
    el rapaz.

    CHINICA
    Llevanta el morru,
    hombre, que nun te le vemus.
    ¿Tienes madre?

    PEPE
    Sí.

    CALLEJO
    Señor
    se dice, con gran respetu,
    cuando son mayores en
    edad, saber y gubiernu.

    PEPE
    Siñor, sí que tengu madre.

    CHINICA
    ¿Y padre?

    PEPE
    También le tengu,
    según dicen, en la tierra;
    mas yo nun le he visto el pelu.
    CAMPANO
    Estará sirviendo fuera.

    CHINICA
    ¿Qué añus tienes?

    PEPE
    Non me acuerdu;
    quien bien lo sabe es el cura
    y púsolo en un prucesu
    que traigo en el hato.

    CHINICA
    Bien.
    A ver, hombre: da un paseo.

    CALLEJO
    Nun va mal.

    CHINICA
    La pranta es buena
    y puede ser con el tiempu,
    si se aprica, un buen lacayu;
    pero es menester primeiru
    que sepa cumprar baratu
    y caru, ¿estás?

    CALLEJO
    Ya lu entiendu;
    baratu para él y caru
    para el amu; por lu mesmu
    quiero que ande en pos de ti.

    CHINICA
    Yo a enseñarle bien me atrevu
    y doite al diabro, Turibiu,
    si malditu interés quieru;
    ¿pero cuánto me has de dar
    cada mes?

    CALLEJO
    Nos cumpundremus.
    ¿Has tumadu el chiculate?

    CHINICA
    Ainda non.

    CAMPANO
    Aquí le hay buenu.

    CALLEJO
    Vaya, en amor y compaña.

    ESPEJO
    Y qué rico que le tengo
    de Caracas.

    CALLEJO
    Juan, ¿qué quieres?

    CHINICA
    Champurradu.

    ESPEJO
    ¿Cuánto echo?

    CALLEJO
    You pagu, señor Jusepe;
    refresquen todos sin miedu.

     (Se ponen a beber juntos el rosolí; y sale por un lado MERINO, de suizo, con calzones al brazo, un sombrero sobre el suyo y cajas de botones, polvos, cabo de sebo, etcétera; y por el otro, con un taleguito chico, de paje muy peinado, CODINA, y de capa.)

      MERINO
    Alon de butones forte,
    le cerrote pur el pelos

    del tupé, le bon chapó;
    e le culot de pelleco.

    CODINA
    Deme usté un cuarteroncito
    de tocino que sea bueno,
    mitad magro, mitad gordo,
    y sin cortezas ni huesos,
    y despácheme prestito.

    LADVENANA
    Manolo, destroza un cerdo
    para dar dos pares de onzas
    de pringue a este caballero.

    JUAN MANUEL
    Ahí va un cuarterón pesado.

    CODINA
    Éste es rancio y está puerco.

    LADVENANA
    Por puerco se vende.

    CODINA
    Si
    no le hay mejor, no le llevo.

    LADVENANA
    Ni tampoco es menester,
    que con la mitad del sebo
    que trae en el tupé tiene
    para cocer un puchero
    con ocho libras de nabos
    y otras ocho de carnero.

    CODINA
    ¡Gentecilla!

    JUANA
    Comprador,
    venga usted acá, que yo tengo
    ricas coles.

    CODINA
    Yo no soy
    comprador.

    LADVENANA
    ¿Qué estás diciendo,
    mujer? ¿No ves que es usía?

    MERINO
    Vosté ¿quisierra un sombrero
    a la gran moda?

    CODINA
    ¿Qué vale?

    MERINO
    Vale un pese durro e medio.

    CODINA
    Es grande.

    MERINO
    E bien; habrá un otro
    que le truvará pequeño.
    (Sale MARIANA, y detrás EUSEBIO.)

      MARIANA
    Tía Pepa, salud y gracia.
    Venga una libra de fresco
    y otra de salchicha, digo...

    LADVENANA
    ¿Pues para qué le tenemos
    sino para las amigas?
    Aunque sea atrevimiento,
    parece que aquel usía
    le viene a usté haciendo gestos.

    MARIANA
    Sí, señora.

    LADVENANA
    No es malo el frontis.

    MARIANA
    Es tal cual; lo que yo siento
    es que no me hable, verá
    usted qué función tenemos.

    LADVENANA
    Él allí está al esportillo.

    MARIANA
    Póngome en forma y paseo...

    EUSEBIO
    Buena mañana.

    MARIANA
    A la ley.

    EUSEBIO
    ¿No toma usté en este tiempo
    café con leche?

    MARIANA
    Mal mixto
    hacen lo blanco y lo negro.

    EUSEBIO
    ¿Y chocolate?

    MARIANA
    Soy yo
    muy ordinaria para eso.

    EUSEBIO
    Pues, si usted quiere almorzar,
    a bien que cerca tenemos
    hostería y allí habrá
    o perdices o conejos.

    MARIANA
    ¿A usted le parece que
    hago yo a pluma y a pelo?

    EUSEBIO
    Vaya: ¿manteca?

    MARIANA
    Me mancho.

    EUSEBIO
    Habrá masas...

    MARIANA
    Dan asiento.

    EUSEBIO
    Habrá chuletas.

    MARIANA
    ¡Chulada!

    EUSEBIO
    Y también habrá buñuelos
    de jeringuilla.

    MARIANA
    ¿Qué más
    jeringa que un majadero?

    EUSEBIO
    ¿Pues yo qué he de hacer? Ahora,
    si usted gusta de un puchero
    de callos, en confianza.
    Ya ve usted con el aseo
    que los tiene aquella moza.

    MARIANA
    Me da vergüenza comerlos
    en la calle.

    EUSEBIO
    Para todo
    en este mundo hay remedio;
    espéreme usted un poquito,
    que yo dispondré bien presto
    algún paraje decente
    donde vamos a comerlos.

    MARIANA
    Pues no me haga esperar mucho,
    que soy muy pronta de genio.

    LADVENANA
    ¿Qué tal? ¿Pegó?

    MARIANA
    ¿A mí pegar?
    Es él muy poco sujeto.

    EUSEBIO
    A los pies de usted, señora.

    POLONIA
    ¿Dónde está, que no la veo,
    esa señora?

    EUSEBIO
    A usted digo.

    POLONIA
    Adelante con el cuento.

    EUSEBIO
    Pues, hija...

    POLONIA
    Diga usted, padre.

    EUSEBIO
    Yo me hallo en un empeño
    con una dama...

    POLONIA
    ¿Oye usted?
     (Se levanta.) 
    ¿Tengo yo edad ni pergeño
    de desempeñar angustias
    de damas y caballeros?
    Pues yo sé que, si levanto
    el cucharón, va, ya hirviendo,
    a su cabeza un cuartillo
    de caldo de fundamento.
     (Se sienta.

    EUSEBIO
    Oiga usted; lo que quisiera
    es, porque a una dama tengo
    convidada, que pusiese
    usted la mesa allá dentro,
    en una sala decente,
    donde servir, con aseo
    y tenedores de plata,
    un plato de callos; esto
    pagando lo que sea justo,
    y encima... no reñiremos.

    POLONIA
    ¿Usté ha visto esta fachada?

    EUSEBIO
    Sí he visto, que no soy ciego.

    POLONIA
    ¿Y es esto botillería?
    Para tener aposentos
    reservados, a la fonda.
    Pero, por fin, más ha hecho
    usté en pedir el favor
    que yo haré en servirle. Pedro,
     (Se levanta.
    toma la capa y al punto
    ve a buscar un tapicero
    que venga a colgar el Rastro
    de damascos y de espejos,
    arañas y canapés;
    que viene don Gerineldos
    a comer callos con doña
    Dulcinea, y vuelve presto,
    que están en ayunas y es
    el aire muy flatulento.

    EUSEBIO
    ¡Eh! No haga burla.

    POLONIA
    ¿Quién, yo?
    ¡Bonita soy yo para eso!

    NICOLASA
    Dígale usté a esa señora
    que, si gusta de buñuelos
    con almíbar, a la vuelta
    vivo yo y la serviremos.

    EUSEBIO
    ¡Porquería!

    NICOLASA
    ¿Porquería?

    EUSEBIO
    ¡Que a mí me suceda esto!

    JUANA
    ¿Come esa señora nabos?

    POLONIA
    Ése sí que es buen armuerzo;
    dale nabos al usía.

    EUSEBIO
    Aquí no hay otro remedio
    que embozarme y esperar
    a la otra esquina el encuentro
    segunda vez.
    (Salen SIMÓN, GALVÁN y CALLEJO, de soldados, con sacos y gorras; el primero con talego y los segundos con espuerta grande.)

      SIMÓN
    No hay oficio
    peor que el de los rancheros.
    Vamos a ver si hay cabezas
    y algún despojo, que luego
    volveremos por verdura.

    POLONIA
    ¡Ele! ¿Digo?

    SIMÓN
    Ya volvemos;
    deja buscar el condumio,
    que mientras van a cocerlo
    unos, otros cuidarán
    de no faltar a comerlo.
     (Vanse.) 

    CALLEJO
    ¿Se debe algu, tío Jusepe?

    ESPEJO
    No, señores; buen provecho.

    CHINICA
    Sígueme, muchachu, y vamus
    pur lla carne llo primeru
    ;
    ¿cuántas llevas tú a tu casa?

    CALLEJO
    Doce libras de buen pesu
    y el amu paga catorce;
    es verdad que ni un dineiru
    más le siso en todo el día.

    CHINICA
    Finalmente, tres rialejus
    y diez maises; ni es poco
    ni es muchu. Yo, amigo, tengu
    catorce casas de compra,
    que entre quien más y quien menus
    consumen cincuenta libras,
    sacu para mi pucheiru
    una de tutal; repartu,
    mala con güena, y el huesu
    hoy acá, mañana allá;
    y solamente descuentu
    tres onzas a cada casa
    o un cuarterón, y con estu,
    comprar el pan en la praza
    de nueve o de nueve y media,
    el ochavu de los nabus,
    dus cuartus en lus cunejus,
    medio real en los pichones,
    uno los días que mercu
    llas
    perdices y gallinas,
    capaduras de lus sesus,
    el hígadu
    y las verduras
    y el cuartitu de lus huevus,
    sin hacer agravio a nadie,
    subre pocu más u menus,
    va un hombre, gracias a Dios,
    juntandu cuatru cuartejus
    y nun
    cobra los salarios
    de lus amus hasta luegu
    que va un hombre a ver lla tierra
    y lla mujer con el tiempu,
    a facer el matrimonio
    y fundar un heredeiru.

    CAMPANO
    Nun sey cómu lo facéis,
    ¡doite al diabro si yo puedu
    ,
    cun doce casas que sirvo,
    sisar máis de rial y media
    al día y lus dos cuartitus
    del aguardiente que almuerzu!

    CALLEJO
    Esu es pocu.

    CHINICA
    Este nun sabe
    su oficio. Vamus, Lurenzu.

    CALLEJO
    ¿Viste?

    PEPE
    Sí, señor tíu.

    CHINICA
    Pues cuenta con aprenderlu,
    que dóite o diabru la maula
    si encuentras mijor mayestro.

    CALLEJO
    Oyes, cuenta que en tu vida
    has de hacer tuertu u derechu
    negociu
    que non te paguen.

    PEPE
    Esu ya me lu dijerun
    en lla
    tierra.

    CALLEJO
    Pues cuidadu.

    CHINICA
    El rapaz, a fe, no es lerdu.
     (Vanse.

    ESPEJO
    Mientras entro yo a almorzar,
    cuídeme usted de este puesto,
    y perdone.

    CARRETERO
    Bien; al fin
    hoy de balde beberemos.
    (Sale PONCE, de majo.)

      PONCE
    ¿Qué haces aquí de plantón?
    No estás tú aquí sin misterio.

    EUSEBIO
    No a fe; mira, Nicolás,
    qué moza de fundamento
    hay allí junto al cajón

    del tocino. PONCE
    Ya la veo;
    ¿y qué tal la tocinera?

    EUSEBIO
    Aire tiene.

    PONCE
    Fue algún tiempo
    mi ama, y la pobrecilla
    está rabiando de celos
    por esta mondonguerilla
    que me anda quitando el sueño
    ahora.

    EUSEBIO
    ¡Valiente púa!

     

    PONCE
    ¿Quieres que nos acerquemos?

    EUSEBIO
    Vamos; pero no por ella,
    sino porque allí estaremos
    a la par. ¡Fuego de Dios!:
    ¡qué gracia tiene y qué cuerpo
    la panaderilla!

    PONCE
    Cuenta,
    y antes de hablarla te advierto
    que la panadera es tuna
    y más tuno el panadero.

    EUSEBIO
    Más tuno soy yo que entrambos.

    PONCE
    Andar y disimulemos.
    (Se ponen PONCE detrás de la POLONIA y EUSEBIO delante de la MAYORA, y sale, de basquiña y mantilla humilde, con su taleguito, la señora IGNACIA, y tropieza con MARIANA, que habrá andado comprando por allí y paseándose.)

    MARIANA
    ¡Jesús, qué tarde te sacan,
    mujer!

    IGNACIA
    A la hora que puedo,
    amiga, y no es porque no
    madrugo con el sol mesmo
    a encender lumbre y a dar
    a mi marido su almuerzo,
    antes que vaya al trabajo.

    MARIANA
    Pues el mío se va en pelo
    al amanecer y yo
    me levanto cuando quiero
    y cuando quiero entro y salgo.

    IGNACIA
    Pues yo ni salgo ni entro
    sino cuando me es preciso,
    como ahora, por aquello
    que es necesario comprar
    para el diario puchero.

    MARIANA
    Tu marido es albañil
    muy usía y muy severo;
    podía venir el mío
    a andarme con regodeos
    del almuercito temprano,
    la olla diaria, el remiendo
    en la ropa, la cenica
    y todo muy a su tiempo.
    Que lo gane, si lo quiere,
    en otro mejor empleo;
    que un jornal de cinco reales
    no da para todo eso.

    IGNACIA
    ¿No? ¿Pues cómo lo da en casa
    y, gracias a Dios, tenemos
    una cama en que dormir
    y un vestido que ponernos?

    MARIANA
    ¿Con el jornal?

    IGNACIA
    Sí, con sólo
    su jornal y mi gobierno
    se hace el milagro.

    MARIANA
    ¿Y a mí
    te vienes con ese ejemplo?
    ¿No sabes que tu marido
    y el mío son compañeros,
    y con su jornal apenas
    para tres días tenemos
    que comer, muy poco y malo?
    Y eso que yo me ingenio
    tal cual y de aquí o de allí
    siempre alguna cosa llevo;
    que tú, como eres tan pava,
    ni aun tienes maña para eso.

    IGNACIA
    Ni quiero tenerla.

    MARIANA
    Pues
    hacer con poco dinero
    lo que otras hacen con mucho
    es imposible, no siendo
    de tres modos.

    IGNACIA
    ¿De qué modos?

    MARIANA
    Yo te lo diré bien presto.
    Son: hacer moneda falsa,
    hurtar o tener cortejo.

    IGNACIA
    Cuatro son, y te has dejado
    el mejor en el tintero.

    MARIANA
    ¿Y cuál es?

    IGNACIA
    Buscar a Dios;
    que él es tan buen despensero
    de su pan, que cada día
    le da por un padrenuestro.
    Él te guarde.

    EUSEBIO
    ¿Qué? ¿Va usted
    picada?

    IGNACIA
    Pierda el recelo,
    que el modo de no picarse
    las cosas es tomar viento.
     (Vase.

    EUSEBIO
    ¡Zape!

    MARIANA
    ¿Qué? ¿Tampoco pega?
    ¡Qué lástima que le tengo!

    EUSEBIO
    Pero ¿no da usted limosna?

    MARIANA
    No; mas le daré un consejo:
    ¿sabe usted dónde es la puerta
    de Foncarral?

    EUSEBIO
    Bien me acuerdo,

    MARIANA
    Pues allí, antes de salir,
    encontrará el Saladero;
    diga usted que le preparen...
    y de aquí a un mes hablaremos.
     (Vase.) 

    EUSEBIO
    Vuélvome a la panadera,
    que es mejor que todo esto.

    PONCE
    ¡Qué bravamente que huele!

    POLONIA
    Mire usted que eso está puerco
    y se manchará la capa.

    PONCE
    Más que ella vale el consuelo
    del olfato, ¡tales manos
    lo guisaron y cocieron!

    POLONIA
    Usted deje en paz los callos
    y váyase a los torreznos.

    PONCE
    Aquello acabó.

    POLONIA
    Esto no,
    ni tampoco empezaremos.

    MAYORA
    ¿Quiere usted hacerme el favor
    de quitarse de ahí en medio?

    EUSEBIO
    ¿Estorbo?

    MAYORA
    ¡Y mucho que estorba!

    EUSEBIO
    ¿Es duro ese pan o tierno?

    MAYORA
    Duro y muy duro.

    EUSEBIO
    ¿Y a cómo
    se vende?

    MAYORA
    No tiene precio,
    ni se vende.

    EUSEBIO
    Pues, ¿qué hace
    usted que no quita el puesto?

    MAYORA
    Aguardar a quien distinga
    el pan blanco del moreno,
    para servirle con él;
    pero no para venderlo
    a los que cuántos más panes
    prueban están más hambrientos.
    ¡Salud y a un lado! ¡Muchachas,
    al rico pan!

    EUSEBIO
    Con todo esto,
    de aquí a un rato he de volver;
    quizá correrá otro viento.
    (Al entrarse sale la señora FIGUERAS, de suiza, con una maquinita de esas con un pajarito que sube el agua, etc., y se detiene EUSEBIO.)

      FIGUERAS
    «Done furbe y mai constante,
     (Canta.
    imparate l'angelino,
    que la sera e dil matino
    non manca di laborar.

    Tin, tin, tin; tan, tan.
    Tin, tin, tin; tan, tan».
     (Dando con un hierrecillo en los vasos de la maquinita.

    EUSEBIO
    Mejor es esto que todo.
    ¿Es canario o es jilguero?

    FIGUERAS
    Siñor, está un pajarito
    che a una voche de los cielos,
    e il poverino ha un afano
    per mañere chi é contento:
    le volete
    ?

    EUSEBIO
    No; si fuera
    pájara, yo desde luego
    le ajustara.

    FIGUERAS
    O che cativo
    gusto havete, cavaliero!
    La femina no a la voce
    piace vole, nel pensiero;
    con pi, pi, pi, fa la presa
    y poi dispare nel vento
    .

    MERINO
    ¿Vosté quierre polvos fino
    o de culot de pelleco
    pur montar?


    EUSEBIO
    Yo sólo uso
    de calzón de terciopelo.

    MERINO
    Servitor.

    EUSEBIO
    ¿Es vuestra esposa?

    MERINO
    ¡Oh, no, siñor! Mi non tengo
    moquer: ellas son muy grandes
    maletas y grande peso
    por los viaques al soldado;
    si quierre ser granadero
    de mi compañía, allon;
    ya la tomara bien presto,
    mi capitán.

    FIGUERAS
    O parola
    pazza non fa mi comercio!
    Si volete l'angelino,
    prendalo per il suo prezo
    .

    EUSEBIO
    ¿Cuánto vale con repisa
    y todo?

    FIGUERAS
    O! Non intendo.
    Adío
    .

    EUSEBIO
    Sei maritata?

    FIGUERAS
    Siñor, sí; con un sargento
    que ha un bastone tanto groso
    per far tremar il suo aspeto.


    EUSEBIO
    Ahora no está aquí.

    FIGUERAS
    Yo vado
    a cercarle por lo steso;
    dicono del italiano:
    tuto parola; ma vedo
    spañoli piu locuachi
    e piu fachendiste. Adeso
    .
     (Se retira.

    EUSEBIO
    ¿Qué dice?

    MERINO
    ¿Osté; no lo entiende
    o osté no quiere entenderlo?

    EUSEBIO
    No lo he entendido, de veras.

    MERINO
    Pues si osté quierre entenderlo,
    vusté busque otro interpréte.

    EUSEBIO
    ¿Ha sido malo?

    MERINO
    Muy bueno;
    ell dis que osté habla mucho
    y tiene poco dinero.
    Servitor, monsieur. ¡Butones
    y cerrote pur el pelos!


    EUSEBIO
    Todos me burlan, y estoy
    divertido con todo eso.
    (Salen CHINICA y PEPE.) 

    CHINICA
    Chicu, andas ves pur dos llibras
    allí de tucinu frescu,
    ahí llevas una peseta;
    vale treinta cuartus, luegu
    han de volverte otros cuatru.
    ¿Entiéndeslo?

    PEPE
    Bien lo entiendu.

    CHINICA
    Vamus a cumprar verduras
    mientras tanto.

    LADVENANA
    Caballero;
     (A PONCE.
    en dejándole a usted libre
    esa moza, yo le tengo
    que decir una palabra.

    POLONIA
    Pues lleve el diantre su pelo
    de usted y el suyo; yo, ¿acaso
    soy la que aquí le entretengo?

    LADVENANA
    Yo bien sé lo que me digo.

    POLONIA
    Para afeitar a los cerdos
    tengo yo mejores mozos.

    PONCE
    Poquito a poco con eso;
    que todavía hay quien chille
    si un hombre levanta el dedo.

    POLONIA
    ¡Tal será ella!

    LADVENANA
    ¡Mejor que ella!
     (Llega.
    Y si piensa que la tiemblo
    porque es su majo soldado,
    miente; porque ésta, a lo menos,
    no es ropa de munición.

    POLONIA
    ¿Sabe lo que está diciendo
    la envidiosa, mala lengua?
    Ya se ve que le requiero
    al soldado y me da gana
    de estimallo y de querello,
    que la que gusta de tropa
    tiene honrados pensamientos;
    y no como ella, que sólo
    trata con cuatro gatuelos.

    LADVENANA
    ¡Poco a poco, y mire que
    si me enfado!...
    (Vuelven a salir los soldados, y SIMÓN delante.)

      SIMÓN
    ¿Qué ha sido esto?

    PONCE
    Nada, cosas de mujeres.
    Mande usted, señor sargento.
     (Se aparta.

    SIMÓN
    ¿Qué decía la señora?

    POLONIA
    No necesitas saberlo;
    que ya está bien respondida.

    SIMÓN
    Pues, a vender a su puesto.

    LADVENANA
    Por no dar que decir...

    SIMÓN
    Vamos.
     (A PONCE.) 
    ¡Pícaro yo te prometo
    que me la has de pagar!

    PONCE
    ¡Sobre
    que la callera me ha muerto!

    POLONIA
    Tardecillo es.

    SIMÓN
    No ha podido
    hoy despacharse más presto,
    y a las diez entro de guardia;
    id comprando, compañeros,
    lo que falta.

    GALVÁN
    Este Julián
    tiene fortuna en extremo:
    come, galantea, casca
    y encima le dan dinero.

    POLONIA
    ¿Necesitas algo?

    SIMÓN
    No.

    POLONIA
    Dímelo, sin cumplimiento.

    SIMÓN
    Entre soldados y mozas,
    ¿quién ha visto ese comercio?
    Lo que es menester, que pases
    esta tarde por el cuerpo
    de guardia, para que alumbre
    tu vista aquel hemisferio
    y des consuelo a este triste;
    que el día que no te veo
    me descalicho.

    POLONIA
    ¿De veras?

    SIMÓN
    ¿Has visto tú algún requiebro
    de soldado ser mentira?

    POLONIA
    Sí; pero tienen un cierto
    no sé qué, que se conoce
    que mienten y los creemos.

    SIMÓN
    ¿Conque irás?

    POLONIA
    Iré a la hora
    y daré cuatro paseos
     (Hablan.

    SIMÓN
    ¡Que viva!

    PEPE
    Aquí está el tucinu
    y llus cuatru cuartus vueltus
    .

    CHINICA
    Muy bien; y ¿qué es lo que aguardas?

    PEPE
    Llus siete cuartus y mediu
    que sisei de un cuarterón
    en cada libra; lu mesmu
    que dice que suele hacer
    en lla carne mi mayestru.

    CHINICA
    Esu se hace con llus amus,
    mais non entre compañeirus
    .

    PEPE
    Vusté es mi amu pur presente.

    CHINICA
    ¡Deshairéte, pur San Diegu,
    llus morrus!


    PEPE
    ¡A mí, tíu!

    NICOLASA
    ¡Deje al muchacho, gallego!

    PEPE
    ¡Oh, mía madre!

    NICOLASA
    ¡Pobrecito!
    Ea, calla: toma un buñuelo.

    PEPE
    Peru ella, ¿cuántu ha de darme
    pur tumarlo e mais cumerlu?

    NICOLASA
    Una pedrada.

    PEPE
    ¡A mí, tíu!
    (Sale CALLEJO.)

      CALLEJO
    Muchachu, ¿qué ha sidu estu?

    CHINICA
    Que ya sisa máis que you.

    CALLEJO
    ¡Oh, subrinu verdadeiru
    de tu tíu, tú serás
    la honra de nuestro gremiu!

    CHINICA
    Ahora digu que non es
    habilidad ni talentu
    en nusotrus el sisar,
    sino influjo del terreno.

    CARRETERO
    ¡Ladrón!

    ESPEJO
    Más ladrón es él.

    CARRETERO
    ¿Cómo? ¿Yo ladrón y vendo
    cerraduras y candados
    flamantes por hierro viejo?

    ESPEJO
    Porque los hurta de noche.

    CARRETERO
    Él es quien roba y engaña
    siempre con ropa de enfermos
    contagiosos.

    ESPEJO
    Es mentira;
    págueme cuartillo y medio
    de rosolí que ha chiflado
    y vuelva más de dos pesos
    que había en el cajón.

    CARRETERO
    Él miente.

    SIMÓN
    Poco a poco, ¿qué ha sido esto?

    ESPEJO
    Haberme robado mientras
    se quedó guardando el puesto,
    porque yo entraba a almorzar.

    SIMÓN
    Vuélvale usted su dinero.

    CARRETERO
    Señor soldado, que miente.

    ESPEJO
    ¡Yo te diré a ver si miento!
    Ténganle ustedes en tanto
    que con el alcalde vuelvo.

    PONCE
    Poco a poco, que es más hombre
    de bien que nadie el herrero.

    CHINICA
    ¿Nadie más hombre de bien
    que el tío Jusepe? Niegu.

    PONCE
    ¡Si alzo la mano!

    CHINICA
    Turibiu,
    ten ahí mientras you le estrello.

    SIMÓN
    ¿Qué va que agarro una cuerda
    y de reata los llevo
    al cuartel por vagamundos?

    TODOS
    ¿A quién? ¿A mí?

    SIMÓN
    A todos ellos,
    y si no, ¡amigos, al arma!

    POLONIA
    Déjalo, no alborotemos,
    que ellos se pondrán en paz.

    SIMÓN
    Agradezcan a tus ruegos.
    ¡Ea!: cuidado, y cada uno
    a cuidar vaya su puesto.

    ESPEJO
     (Aparte a él.
    Mire usted, señor soldado,
    si usted quiere al rey y al reino
    hacer un grande servicio
    y formar un regimiento
    de los que aquí están de más
    y los que venden de menos,
    véngase usted disfrazado;
    yo se los iré diciendo.

    SIMÓNv Otro día.

    PONCE
    No le crea;
    que es muy malo ese prendero.

    CHINICA
    Su mistela y aguardiente
    es bien pura, pur lu menus.

    SIMÓN
    Cada cual a su negocio,
    que todos vamos al nuestro;
    y pues no es posible dar
    mejor fin a este argumento
    que cortarle, por cortado.
    Cántese juguete nuevo.

    TODOS
    Y sustituyan sus voces
    más dulces sus instrumentos

     

    El fandango del candil
    Sainete nuevo para veinte y tres personas
    Calle, con una casa, puerta y rejas usuales.
    Salen la PUGITOS, MODORRO, APOLINAIRA, y MEDIO CULO, siguiendo a CONCHITAS, de guardapiés y mantilla.
    CONCHITAS
    La calle del Lavapiés
    es esta, vamos, muchachas,
    que si yo mal no me engaño,
    aquella ha de ser la casa.

    PUGITOS
    ¡La gente que hay a la puerta!
    (Voces de los que están a la puerta.)
    JULIANA, TÍA MARI-SANCHA, FRAZQUILLO.

    PUGITOS
    ¿Qué apuestas que
    quedamos arreboladas,
    y sin visita nosotras?

    CONCHITAS
    ¿Por qué?

    PUGITOS
    ¿No ves la canalla
    que porfía por entrar?

    CONCHITAS
    Es que son bailes de fama
    los de casa de mi prima:
    lo menos tienen guitarra,
    violín, bandurria, y toda
    llena de asientos la sala:
    y no es como en otras partes
    que convidan con fanfarria
    a los fandangos, y luego
    son cuatro descamisadas,
    y dos pares de piejosos,
    que nenguno tiene gracia
    pa tocar un estrumento.

    MEDIO CULO
    Pues pide licencia, y llama
    a la puerta.

    CONCHITAS
    ¿Yo licencia?
    en jamás gasté palabras
    ociosas. Vamos a un lado,
    no se les manchen las capas,
    que vengo untada de aceite.

    PONCHO
    Despacio, señora guapa,
    que antes estamos nosotros,
    y no hemos logrado nada.

    CUCHARA
    Si a nadie quieren abrir,
    ¿de qué sirve esa pujanza?

    CONCHITAS
    ¿No quieren abrir a nadie?
    eso será a la gentualla.
    Déjenme llamar, verán
    qué pronto las hago cabran.

    ELLOS
    Poco a poco.

    CONCHITAS
    Pues a un lado.
    Poneivos detrás, muchachas;
    y venid.

    TODAS
    Ya te seguimos.

    (Salen DOÑA JUANA, y DOÑA LEONOR, y DON JORGE, de Petimetres.)

    DOÑA JUANA
    ¿Con que tú de buena gana
    vieras algún fandanguillo
    de candilejo?

    DOÑA LEONOR
    Me bailan
    las piernas sólo de oír
    las bandurrias destempladas,
    y las voces de becerro
    con que estas gentuzas cantan.

    DOÑA JUANA
    Tampoco para mí hay rato
    como verlos dar zancadas,
    y a ellas como sin escuela
    en un concurso se plantan
    con desenfado a saltar,
    y salga allí lo que salga;
    cuando a nosotras nos cuesta
    más estudios, y más plata,
    saber bailar, que a los hombres
    el graduarse en Salamanca.

    DON JORGE
    A mí, como que son gente
    sin vergüenza, no me espanta.

    DOÑA LEONOR
    Pues bien puede usted mirar,
    si hay baile en alguna casa
    conocida, porque a mí
    me han asaltado unas ansias
    terribles de ver bailar.

    DON JORGE
    Allí hay una; más la entrada
    nos será dificultosa.

    DOÑA JUANA
    Vamos, no sea usted machaca;
    ya hemos dicho que queremos
    ver por un rato esta zambra.

    DON JORGE
    Eso es exponerse...

    DOÑA JUANA
    ¿A qué?

    DON JORGE
    A que la mala crianza
    de esa gente nos desaire,
    y suceda una desgracia,
    porque yo soy un demonio
    en viéndome con espada.

    DOÑA JUANA
    Pues envaine usted.

    DOÑA LEONOR
    Todo esto
    es gastar pólvora en salvas.
    Si en estos hombres es raro
    el que es bueno para nada:
    si hubieras dicho al Cadete
    tú que nos acompañara,
    ya estuviéramos servidas.

    DON JORGE
    Proponer las circunstancias
    agravantes de las cosas,
    no es, señoras, repugnarlas:
    vamos, que yo también sé
    hacer respetar mis barbas;
    y espero que abran la puerta
    sin más que saber quién llama.

    DOÑA JUANA
    Agarre usted de la mano,
    y cuide usted de mi hermana,
    y también el sobrinito.

    (Voces.) JULIANA, TÍA MARI-SANCHA, FRAZQUILLO.

    CONCHITAS
    No hay que empujar,
    o comienzo a manotadas.

    TODOS
    Poco a poco.

    DON JORGE
    Dios me saque
    con bien de empresa tan ardua.
    (Salen el ABATE, y el SEÑORITO.)

    ABATE
    Señorito, mire usted
    qué lindo par de muchachas
    van con ese petimetre.

    SEÑORITO
    ¡Qué se me da a mí, que vayan!
    Ayo mío, este paseo
    no me divierte, y me cansa.
    Vámonos hacia el Retiro,
    que hay flores, hacia la plaza,
    que hay fruta; o a ver las calles,
    donde la procesión anda.

    ABATE
    Hombre, esas son niñerías;
    y a usted ya la edad le basta
    para pensar cosas grandes,
    como cortejar madamas,
    conocer el vario mundo,
    y entrar con todos en danza.

    SEÑORITO
    ¿Y si lo sabe mi madre?

    ABATE
    Por ahora está ocupada
    en rezar sus oraciones:
    y bien sabe a quien encarga
    su hijo: venga usted conmigo,
    que no le daré crianza
    opuesta a la de los que
    más en Madrid se señalan.

    SEÑORITO
    Si a mí esto no me divierte.

    ABATE
    Ahí veréis vuestra ignorancia:
    y es menester por lo mismo,
    que la diestra vigilancia
    del Ayo, a quien os confían,
    la venza con la enseñanza
    de lo bueno, y de lo malo;
    porque no digáis mañana
    que no os enseñé de todo.

    SEÑORITO
    Yo haré lo que usted me manda.
    El diantre del hombre, en viendo (Aparte.)
    mujeres, no hay quien le haga
    andar: parece a los machos,
    que por los mesones pasan,
    que dicen que se detienen
    porque huelen la cebada.

    ABATE
    ¿Qué gruñe?

    SEÑORITO
    Voy estudiando
    la lección para mañana.

    ABATE
    Eso importa menos, ahora
    vaya estudiando en las caras
    que se encuentran, lo difícil
    de encontrar la semejanza
    en unas mismas especies
    de un mismo modo criadas.

    SEÑORITO
    ¿Y eso qué es? ¿Filosofía?

    ABATE
    Y de las más delicadas.

    DON JORGE
    Dejen ustedes llegar
    a la puerta estas madamas.

    CONCHITAS
    Luego que entremos nosotras,
    quedará desocupada;
    y pueden entrar en vez.

    DON JORGE
    No sean desvergonzadas.

    DOÑA JUANA y DOÑA LEONOR
    No sea usté así.

    CONCHITAS
    Mate Usía
    (Dale un bofetón a JUANA.)
    esa chinche con la pata,
    no se le ensucie la mano.

    DON JORGE
    Si a que es mujer no mirara...

    DOÑA JUANA
    ¿Quiere usted callar, Don Jorge?
    llame usted por la ventana,
    y responderán más breve.

    DON JORGE
    ¿Que quieran unas madamas
    como ustedes en el corro
    entrar con estas canalla?

    DOÑA LEONOR
    En mí es antojo.

    DOÑA JUANA
    Y en mí
    es más que purísima gana.

    (Sale MARCOS de majillo con la TOMASA, y detrás DON SEBASTIÁN de capa, a la larga, y ella cada instante vuelve la cabeza: por otro lado la CULEBRA, y MANOLO, de majos.)

    MANOLO
    ¿Con que hay un rato de broma
    en casa de Mari-Sancha?

    CULEBRA
    ¡Toma si le habrá! a la ley.
    Mira, mira si hay parada
    poquita gente a la puerta,
    y gente de circunstancias.

    MANOLO
    ¿Y qué hemos de entrar un rato?

    CULEBRA
    ¿Se había de quedar sin cartas
    el mejor jugador? ¡toma!

    DOÑA JUANA
    Llame usted a esa ventana
    con brío, o tome una piedra.

    DON JORGE
    Si se hacen sordos y callan.

    MARCOS
    Vuelve en cuando en cuando tú,
    que eres más disimulada,
    la cabeza, no sea caso
    se pierda entre gente tanta
    el señor D. Sebastián.

    TOMASA
    Siguiendo viene a la larga,
    y si se pierde, mía tú
    qué Mayorazgo.

    MARCOS
    ¡Qué entrañas
    tienes tan duras, mujer!
    ¿pues no vale más la gracia
    con que el pobre Caballero
    a cualquier parte que vayas,
    va por si te se ofrece algo,
    o si acaso te da gana
    de beber, o merendar?
    Y con otra circunstancia,
    que no es de aquellos que hacen
    de los San Benitos gala:
    siempre cuenta lo primero
    conmigo, y no me regala
    menos que a ti. Estos son hombres,
    que al fin a un hombre agasajan
    tanto como a su mujer,
    y le hacen acompañarla;
    porque todo el mundo sepa
    que en esto no cabe trampa.
    Bien puedes agasajarle,
    que no hallarás otra ganga.

    TOMASA
    Pues ves, y dile que quiero
    entrar en alguna casa
    de estas a bailar.

    MARCOS
    Mujer,
    ¿y si por eso se enfada
    el señor D. Sebastián?
    yo con esas embajadas
    no voy, que me da vergüenza.

    TOMASA
    Pues yo se lo diré en plata.
    ¿D. Sebastián?

    DON SEBASTIÁN
    Calla, chica;
    que la más gente que pasa,
    es conocida: y no gusto
    que nadie me dé matraca.

    MARCOS
    Ya se lo digo yo; pero
    no hay forma de sujetarla.

    TOMASA
    ¡Y no pudiera cualquiera
    tener que yo le llamara
    a muchísima de la honra!

    DON SEBASTIÁN
    ¿Quién te lo niega, Tomasa?
    sí, hija mía; y yo el primero.
    ¿Qué es lo que quieres? ¿naranjas?
    ¿o bollos de fantasía?

    TOMASA
    Entrar a ver donde bailan,
    y dar cuatro vueltas.

    DON SEBASTIÁN
    Eso,
    es una cosa arriesgada;
    porque luego hay mil camorras,
    y un hombre no gana nada,
    si le conocen.

    TOMASA
    No entrar:
    aguárdeme usté a que salga
    en un portal, o en la calle:
    y si de esperar se cansa,
    mudarse; que a bien que yo
    no le tiro de la capa.

    MARCOS
    Mujer, ten prudencia.

    TOMASA
    Mira
    que ahora no estoy para chanzas.

    DON SEBASTIÁN
    No merezco yo ese trato.

    MARCOS
    ¿Ve usted lo que esta mañana
    le dije yo a usted? si no hay
    otro medio de dejarla
    salir con todos sus gustos,
    si ha de haber paz en la casa.
    Vamos dónde tú quisieres.

    (Voces.) FRAZQUILLO, TÍA MARI-SANCHA. (Sale MARI-SANCHA a la reja.)

    MARI-SANCHA
    ¿Qué bulla es esta? si sale
    mi marido con la tranca,
    yo sé que habrá más de cuatro
    cabezas descalabradas.

    DON JORGE
    Señora, venga usté a abrir;
    que ha rato que estas dos damas
    esperan.

    MARI-SANCHA
    ¡Ola! ¿y de parte
    de quién vienen convidadas?
    alabo yo la llaneza.

    CONCHITAS
    Dile a tu marido cabra,
    que estamos aquí nosotras.

    MARI-SANCHA
    Ya estaba desesperada
    de esperaros.

    MANOLO
    Diga usted,
    que está aquí el de la guitarra.

    MARI-SANCHA
    Ahora bajarán a abrir.
    (Vase cerrando.)

    MARCOS
    No hay sino empujar de gana
    cuando abran, y entrarse todos.

    DON SEBASTIÁN
    Estar un rato, y a casa.
    TOMASA No nos venga usted con prisa:
    yo haré lo que me dé la gana.

    MANOLO
    Ya ha abierto: vamos, chica.
    (Abren, y dan voces alternadas.)

    VOCES
    ¿Frazco? ¿Tía Mari-Sancha?
    Aguarde usted... tenga modo...
    Ay mi mantilla... ay mi capa...

    ABATE
    Señorito, venga usted,
    que allí parece que se arma
    fiesta, y nos divertiremos.

    SEÑORITO
    ¿Y si nos dan de puñadas?

    ABATE
    ¿Qué han de dar,
    viendo que un hombre
    de mi carácter les habla?
    vamos.

    SEÑORITO
    Vaya usted delante.

    ABATE
    ¿A qué es toda esa algazara?
    aguarden a que pasemos
    las gentes de circunstancias;
    y luego entrará la plebe,
    si cupiere. Aquí a mi espalda,
    y empujar.

    SEÑORITO
    ¡Ay, que me pisan!

    ABATE
    No hay que reparar en nada.

    VOCES
    Voto a bríos... no hay que empujar.

    DON JORGE
    Que hay aquí una embarazada.

    DOÑA JUANA
    Haga usted lugar, D. Jorge.

    VOCES
    Ay mi basquiña... ay mi capa...

    (Forcejeando, y gritando con los versos antecedentes se van entrando. Casa pobre, con bancos, sillas rotas, etc. FRAZQUILLO, y JULIÁN, cada uno con candil en la mano, y MARI-SANCHA muy maja.)

    MARI-SANCHA
    ¿Qué hacéis ahí con esas luces?
    despacharos a colgarlas.

    JULIÁN
    Tenla, que voy a poner
    una soga atravesada,
    porque la iluminación
    esté más proporcionada.

    MARI-SANCHA
    Es imposible que quepan:
    y eso que es grande la sala.
    (Sale MARCOS.)

    MARCOS
    ¡Jesús, mujer, cuánta gente!

    MARI-SANCHA
    Déjalos entrar.

    (Salen todos, y se acomodan de tropel: algunas en el suelo; MARCOS sobre un canto debajo de un candil; y DON SEBASTIÁN en pie.)

    TODOS
    Deo gracias.

    MARI-SANCHA
    A Dios sean dadas. Señores,
    yo quisiera que la sala
    fuera un palacio, y que hubiera
    bancos o sillas de paja
    para todos; pero en fin,
    la buena voluntad basta.
    (Sale el ABATE y el SEÑORITO.)

    SEÑORITO
    Por usted...

    TODOS
    ¿Qué ha sido eso?

    SEÑORITO
    ¡Ay mi madre de mi alma!

    ABATE
    No hay que dar cuidado: esto es
    que le han dado una pedrada
    en el ojo. Haga usted gusto
    de sacarle un poco de agua.
    JULIÁN
    Vaso no hay, mas si usted gusta,
    le sacaré la tinaja,
    que llena está a prevención,
    por si a alguien le da gana
    de refrescar.

    ABATE
    En bailando,
    se acabó; que eso no es nada.

    MARI-SANCHA
    Vamos, ¿quién toca?

    PONCHO
    Aquí están
    el violín, y la guitarra.

    MARI-SANCHA
    Luego vendrá la bandurria,
    que por estar convidada
    en otra parte primero,
    no ha venido.

    CONCHITAS
    Pues, muchacha,
    como dijo el otro, alguna
    debe ser desvergonzada
    primero: vamos bailando.

    PONCHO
    Vamos, templad esas gaitas,
    mientras enciendo un cigarro,
    y echamos dos bocanadas.

    DOÑA JUANA
    Esto es un gusto.

    DON JORGE
    En mi vida
    gusté de la gente baja.

    MARI-SANCHA
    A la mitad no conozco.

    JULIÁN
    ¡Y qué! cuando en una casa
    hay semejantes funciones,
    se debe dar puerta franca!
    (Le caen chispas encendiendo PONCHO el cigarro.)
    No mira usted que me abrasa.

    PONCHO
    Pues quitarse de debajo,
    que aquí maldita la falta
    hace usté, aunque no viniera.

    MARCOS
    ¿Qué va, que va usté en volandas
    de un puntapié a suplicar
    al sol que le preste un ascua
    para encender el cigarro?

    PONCHO
    Manuela, tenme esa capa,
    verás que presto le quito
    la costumbre de echar plantas.

    DON SEBASTIÁN
    Suplico a usted, Caballero;
    que el señor ha hablado en chanza.

    PONCHO
    Y si no, que hable de veras.

    JULIÁN
    Caballeros, a mi casa
    se viene a lo que se viene:
    más bulla, y menos palabras.

    DON SEBASTIÁN
    Es posible...

    MARCOS
    Ya usted sabe
    que no soy de los que aguantan;
    y ninguno como usted,
    que ha tres años que nos trata
    a aquella y a mí con toda
    la posible confianza,
    pero eso de echarme a mí
    chispas encima... ¡caramba!
    no saben ellos quién es
    el Majillo de Aravaca.

    JULIÁN
    Pues vaya, señor Majillo,
    se acabó.

    MARCOS
    Si usted lo manda,
    se acabó; que en este mundo
    no hay ningún hombre que haga
    más presto un gusto a un amigo.

    CONCHITAS
    Vamos bailando, muchachas.

    (Bailan seguidillas las majas; DON SEBASTIÁN se sienta en la piedra que estaba MARCOS, llegan a encender cigarros, le caen chispas, se las quita y calla.)

    TOMASA
    ¿Bailo yo? ¿D. Sebastián?

    DON SEBASTIÁN
    Lo que tú quieras.

    TOMASA
    Pues vaya,
    salga usté a bailar conmigo.

    DON SEBASTIÁN
    Hija, por todas las santas
    Virginias y Viudas, que
    no me expongas a que hagan
    burla de mí.

    TOMASA
    De sobra hay
    buenos mozos en la sala;
    no se altere usted por eso.

    MARI-SANCHA
    ¿Qué hace la gente parada?

    PUGITOS
    Nosotras ya hemos bailado.

    CONCHITAS
    Que salgan esas madamas
    de agüecador, y veremos
    respingar a las campanas.

    DON JORGE
    ¿Y esto ha de aguantarse?

    DOÑA JUANA
    ¡Toma,
    y qué de poco se espanta
    el amigo!

    MODORRO
    Salga Usía,
    señora.

    DOÑA LEONOR
    De buena gana.

    DON JORGE
    Yo doblaré las mantillas.

    MARI-SANCHA
    También sabemos doblarlas
    por acá.

    DOÑA LEONOR
    Vamos, D. Jorge.

    ABATE
    Señorito, a esa madama
    que es linda.

    DOÑA JUANA
    ¿Y no baila usted?

    ABATE
    La gente condecorada,
    a veces por el puntillo...

    DOÑA JUANA
    Pues acaso en una casa
    de satisfacción, como esta,
    qué reparo...

    ABATE
    Basta, basta,
    que hombres como yo, con menos
    sones que les toquen, bailan.

    PUGITOS
    Chicas; a tomar escuela,
    por si se ofrece mañana
    un baile de fundamento.

    MODORRO
    El demonio eres tú, calla,
    no seas provocativa.

    CONCHITAS
    Di tú que digan palabra,
    verán que presto me limpio
    los mocos con sus enaguas.

    JULIÁN
    ¿Quiere Usía bailar menuete?

    ABATE
    Mi señorito lo baila
    de primor.

    TODOS
    Pues bailen uno,
    después seguirá la zambra.

    DOÑA JUANA
    Yo haré lo que ustedes manden.

    JULIÁN
    Pues toca el violín, Cuchara.

    CUCHARA
    No poner nombres a naide.
    Mira tú cómo acompañas.
    (Bailan DOÑA JUANA y el SEÑORITO, y entretanto dicen las majas.)

    PUGITOS
    ¡Qué lástima que la tierra
    se coma esta filigrana!

    MEDIO-CULO
    ¡Has visto tal sosería,
    mujer!

    CONCHITAS
    Son muy resaladas
    todas estas Petimetras.

    PUGITOS
    ¿Y se sabe a qué hora acaba
    de dar vueltas alrededor
    de la pieza sin substancia?

    JULIÁN
    Perdone usted, caballero,
    (Encendiendo un cigarro.)
    que le he quemado la capa.

    DON SEBASTIÁN
    No importa. ¡Qué no fuera esa
    la postrera bocanada! (Aparte.)

    TODOS
    Vitor, vitor.

    MARI-SANCHA
    Sin pararse,
    las seguidillas, madamas.

    CHICA
    También yo bailo.

    CONCHITAS
    Mocosa,
    aguárdate, noramala;
    ¿qué te quieres comparar
    con las mujeres casadas?

    CHICA
    Ya se ve; que para eso v estoy dentro de mi casa,
    y bailaré cuando quiera.

    CONCHITAS
    Mira si un poco me enfadas,
    y te doy un puntillón.

    MARI-SANCHA
    ¿Y por qué tú has de cascarla?
    Mira si vas pos la puerta,
    cantando la nininana,
    al son de cuatro sopapos.

    ABATE
    Mientras esotras se arañan,
    vamos bailando nosotros.

    DON JORGE
    Toque usted esa guitarra.

    JULIÁN
    Vamos callando, que no
    quiero riñas en mi casa.

    MARI-SANCHA
    Pues hombre, si me provoca.

    CONCHITAS
    Si es una desvergonzada.
    (Se ponen a bailar; y antes de acabar, dice MARCOS sus dos versos, da vuelta a la soga, caen los candiles, y andan a oscuras en confusión.)

    MARCOS
    Yo me voy a columpiar
    de esta soga, mientras danzan.

    DON SEBASTIÁN
    Anda con Dios, me han echado
    a perder toda la capa.

    DOÑA JUANA y DOÑA LEONOR
    ¿Don Jorge?

    SEÑORITO
    ¿Ayo?

    ABATE
    ¿Señorito?

    TOMASA
    ¿Don Sebastián?

    UNOS
    ¿Mari-Sancha?

    OTROS
    ¿Quién saca una luz?

    OTROS
    Despacio.

    OTROS
    Mi mantilla.

    OTROS
    Mari-Sancha.

    OTROS
    ¡Ay mis bucles!

    TODOS
    Luz, luz.

    JULIÁN
    ¿No mira usted cómo anda?

    MARCOS
    Mujer...

    DON SEBASTIÁN
    Miente quien lo dice.

    JULIÁN
    Mujer, ¿hay pajuela en casa?
    (Coge un candil.)

    MARI-SANCHA
    ¿Por qué no vas a pedirla
    a las vecinas prestada?

    JULIÁN
    Voy. (Vase.)

    SEÑORITO
    Ayo, que me han pisado.

    DON JORGE
    Lleven esas manos bajas,
    y no despeñen a nadie.

    TODOS
    ¿No hay quien unas luces traiga?
    (Sale JULIÁN.)

    JULIÁN
    Ya están aquí.
    (Salen el ALCALDE y ESCRIBANO de Justicia.)

    ESCRIBANO
    La Justicia.
    ¿Qué desorden tan extraña
    es la que aquí está pasando?

    MARCOS
    Este cabo tiene traza
    de haber sido en algún tiempo
    Alguacil.

    MARI-SANCHA
    Señor, esto no es nada
    más que estar aquí bailando
    las gentes en paz y gracia
    de Dios; y sin saber cómo,
    apagarse a un tiempo entrambas

    luces. ALCALDE
    Vayan al cuartel
    por ahora; y después salga
    cada uno cuando pudiere.

    DON SEBASTIÁN
    Mire usted que hay gente honrada
    en la cuadrilla: y supuesto
    que no hay cosa extraordinaria,
    es razón que se le atienda.

    ESCRIBANO
    Con tal que todos se vayan
    a la calle, me conformo.

    TODOS
    Todos os damos palabra.

    ALCALDE
    Pero de salir delante
    de mí.

    TODOS
    De muy buena gana.

    ESCRIBANO
    Pues de ese modo, acabose.

    DON SEBASTIÁN
    También el Sainete acaba.

    TODOS
    Suplicando al Auditorio
    el perdón de nuestras faltas.

    FIN

     

    Una señora, BEATA, o falsa devota.


    LA SEÑORITA, su hija.
    EL AMO DE CASA.
    LA CRIADA.
    EL PAJE.
    EL BARBERO.
    UN MAJO.
    MAESTRO DE MÚSICA.
    MAESTRO DE BAILE.
    UN PETIMETRE.
    UN VECINO, Abogado.

    La escena se representa en una casa particular de Madrid. El teatro representa sala de casa particular, adornada con sillas, una mesa decente, y en ella un salterio y un violín: habrá una guitarra igualmente en una silla, etc. (Sale la CRIADA limpiando, y cantando lo que quisiere. Antes de acabar sale el MAESTRO de salterio.)

    MAESTRO
    Eso me gusta, querida,
    que está la gente contenta.

    CRIADA
    Señor Maestro de salterio,
    me tiene usted a su obediencia.

    MAESTRO
    ¿Y la señorita?

    CRIADA
    Está
    consultando a la toaleta,
    si hoy amanece más linda
    que estaba ayer, o más fea.

    MAESTRO
    Vaya usté a avisarla.

    CRIADA
    Antes
    quisiera que usté me diera
    una lección a hurtadillas.

    MAESTRO v ¡De salterio!

    CRIADA
    ¿Pues qué piensa
    que no adelantará más
    que mi ama si quisiera?
    Vaya, hágalo usté, que yo
    le daré un par de pesetas
    cada mes de mi salario.

    MAESTRO
    ¿Y a ti de qué te aprovecha
    aprender esos primores
    de dama?

    CRIADA
    Soy Alcarreña,
    que estamos en posesión
    de pasar desde doncellas
    de las casas a señoras;
    y aunque esto no me suceda,
    al paje le gusta mucho
    la música, no desdeña
    mis ojeadillas... No quiero...
    vaya, que me da vergüenza.

    MAESTRO
    Ya, y no tienes malas manos
    para manejar las cuerdas.

    CRIADA
    ¿Quiere usté oír un minuete,
    que yo me he sacado a fuerza
    de estudiar cuando mis amas
    en casa sola me dejan?

    MAESTRO
    A ver, hija.

    CRIADA
    Si me yerro
    avise usté.

    MAESTRO
    Vamos, perla.

    (Toca el minué en pie, estando el salterio sobre la mesa, y el MAESTRO detrás; a la mediación sale el BARBERO que los oye, llega, y la da un golpe en las espaldas enfadado.)

    BARBERO
    Señorita.

    CRIADA
    ¡Ola! ¿Quién tiene
    conmigo tanta llaneza?

    BARBERO
    Quien puede...

    CRIADA
    ¿Cómo?

    BARBERO
    Hacer falta,
    si acaso el amo me espera
    para afeitarse.
    CRIADA
    A buen tiempo;
    y ha ya más de hora y media
    que salió el amo.

    BARBERO
    Mejor.

    MAESTRO
    Me ha gustado usté, Manuela:
    repita, y cuente con un
    Maestro que la desea
    servir.

    CRIADA
    Cuente usté igualmente
    para cuanto se le ofrezca
    conmigo.

    MAESTRO
    Bien.

    BARBERO
    Manolita.

    CRIADA
    ¿Qué cosa?

    BARBERO
    Con la licencia
    del señor, oiga usté a parte;
    haremos acá otra cuenta.
    (Se apartan.)

    CRIADA
    Vaya.

    BARBERO
    ¿Será cosa de
    dar a usté la enhorabuena? (Quedo.)
    CRIADA
    Sí señor, se fue enfadado:
    (Disimulando.)
    y que como usté le vuelva
    a hacer otra falta, irá
    rodando por la escalera.

    BARBERO
    Que no es eso.

    CRIADA
    Será esotro.
    A ver qué tal toco esta
    contradanza.
    (Se vuelve al MAESTRO.)

    BARBERO
    De los hombres
    de bien es tener prudencia: (Aparte.)
    el amo está en la oficina:
    el ama se irá a la Iglesia
    desde las once a la una:
    el pajuncio irá con ella:
    la niña con los Maestros
    divertida... cuando sea
    tiempo y razón volveré
    callandito por la puerta
    de la cocina; y supuesto
    que la gente que solfea
    la gusta, procuraremos
    que no quede descontenta. (Vase.)

    CRIADA
    ¿Va bien? (Al MAESTRO.)

    MAESTRO
    Toque usté con brío.
    (Sale el PAJE.)
    PAJE
    Maldita sea la escofieta,
    y quien es paje en Madrid
    sin siete pares de piernas,
    uno para cada día
    de la semana.
    (Dentro la SEÑORITA: Manuela.)

    CRIADA
    Que llama la Señorita.

    PAJE
    A ti es.

    CRIADA
    Ve a entretenerla
    un rato, mientras que yo
    disfruto de las finezas
    del señor Maestro.

    PAJE
    ¿Cómo?

    MAESTRO
    Enseñándola la fuerza,
    de los pianos y los fortes.

    PAJE
    No gusto yo de que tengan
    altos y bajos las mozas:
    ve a hacerme la cazuela
    de sopas de gato que
    de la orden, o la regla
    de esta casa para almuerzo,
    y de músicas te dejas,
    que no debes cantar cuando
    mis tripas te clamorean.

    CRIADA
    Haz lo que mando.

    PAJE
    ¡Ola!
    ¿A mí me vienes con esas?
    Yo te quitaré la gana
    de música y cuchufletas.

    MAESTRO
    Con efecto, el pajecito
    parece que se interesa
    con usté.

    CRIADA
    Hasta ahora no hay
    en el caso cosa cierta;
    pero si no hallo otra cosa
    cargará con la prebenda.

    MAESTRO
    Vamos, mi vida, que tocas
    de pasmo.
    (Sale la SEÑORITA.)

    SEÑORITA
    Sea enhorabuena,
    (Con ironía.)
    señor Maestro.

    MAESTRO
    Señora,
    pareciéndome que era
    aún temprano, me detuvo
    la afición de la doncella.

    SEÑORITA
    Buena afición, que es graciosa.

    MAESTRO
    Digo la afición que muestra
    a la música.

    SEÑORITA
    Ya, ya.

    CRIADA
    Si usted otra cosa piensa,
    (Humilde.)
    señora...

    SEÑORITA
    Lo que pienso
    es en que eres una puerca,
    (Irritada.)
    holgazana y presumida.
    ¿Quién te ha dado la insolencia
    de llegar a mi salterio,
    quizá con las manos llenas
    de?...

    CRIADA
    ¿De qué? Poquito a poco,
    que si algo se las pega
    será la roña y los piojos
    (Resuelta.)
    que saco de la cabeza
    de usía, cuando la peino.

    SEÑORITA
    Eres una bachillera.
    ¿Piojos yo?

    CRIADA
    Pocos: ayer
    sólo hubo quince docenas;
    ¡pero qué colas! ni los
    Monagos de las Salesas.

    SEÑORITA
    Pícara, desvergonzada,
    como agarre una silleta...

    CRIADA
    Se guardará usté.

    SEÑORITA
    Veremos...
    (Con ademán.)
    (Sale la BEATA con manto, basquiñas de lana, rosario gordo, etc. y el PAJE.)

    BEATA
    Jesús, Jesús, ¿quién altera
    la paz de casa?

    SEÑORITA
    Esta infame:
    madre, y si usté no la echa,
    me iré yo.

    BEATA
    ¡Qué bien decía
    al Padre en las Baronesas:
    que no hay punto en que no esté
    tentando a las almas buenas
    nuestro común adversario!
    ¡Mi hija, que es una sierva
    del Señor, que solamente
    en sus diversiones piensa
    de músicas, de visitas,
    y de saraos, que apenas
    la dejan lugar al día
    de hacer labor: la doncella,
    que aunque tiene en el coser
    y en el aplanchar torpeza,
    en dejándola que salga
    al balcón a hacer dos muecas
    al Barberillo de enfrente,
    y que los días de fiesta
    salga por tarde y mañana
    al prado y a la comedia,
    es dócil como una malva;
    por la insugestión perversa
    de patillas (Dios nos libre)
    (Se santigua.)
    tienen las almas inquietas!
    Pues no me inquietará a mí,
    aunque se me caiga a cuestas
    la casa, o la pongan fuego.
    Niño, vamos a la Iglesia
    a oír doce o trece Misas,
    porque el Señor nos defienda
    de nuestros tres enemigos;
    y acá vosotras paciencia,
    hijas mías, que el Señor
    también la tuvo; y en esta
    vida mortal, es precisa.
    Que tengáis puesta la mesa
    a tiempo, porque esta tarde
    tengo que ir a la Novena
    temprano: vendré a la una,
    y a las dos ya estaré fuera
    de casa. Señor Maestro,
    cuide usté de que no prenda
    el fuego de la discordia
    en sus almas.

    SEÑORITA
    Usté crea.

    MAESTRO
    Señora...

    BEATA
    Y como que creo
    en cuanto la fe me enseña.
    Vamos, que es tarde.
    (Mira el reloj.)

    PAJE
    A dormir
    un par de horas a la Iglesia.
    (Vanse los dos.)

    SEÑORITA
    ¡Qué cosas tiene mi madre!

    CRIADA
    No hay en el mundo más bella
    señora.

    SEÑORITA
    Porque no riñe;
    pues yo te aseguro perra...

    MAESTRO
    Vamos, señorita.

    CRIADA
    Agur,
    que voy a hacer mis haciendas.
    (Vase.)

    MAESTRO
    ¿Vamos a dar lección?

    SEÑORITA
    No
    como yo a segunda mesa
    (Con enfado.)
    jamás.

    MAESTRO
    Tal vez yo también
    he comido a la que deja
    el Maestro de bailar.

    SEÑORITA
    Un hombre es que no me peta.

    MAESTRO
    Tampoco a mí la Criada.

    SEÑORITA
    Hoy no he de dar cuando venga
    la lección.

    MAESTRO
    Ni yo tampoco
    daré otra a la Manuela.

    SEÑORITA
    ¿Sí?

    MAESTRO
    Lo juro.

    SEÑORITA
    Pues toquemos,
    y queden las paces hechas.
    (Toca la SEÑORITA lo que quisiere, y sale el PETIMETRE escuchando.)

    MAESTRO
    ¿Quién está ahí? pase adelante.

    SEÑORITA
    ¿Quién es?
    (Sale el PETIMETRE.)

    PETIMETRE
    Quien queréis que sea,
    sino quien absorto al dulce
    eco de vuestras cadencias,
    ni bien vivo, ni bien muero
    ni bien sale, ni bien entra.

    MAESTRO
    Viva.

    SEÑORITA
    Tome usté asiento.

    MAESTRO
    Parece que usté se eleva.

    PETIMETRE
    Un instrumento acordado
    que acompaña la voz tierna
    de una dama, que a los ojos
    y el corazón lisonjea,
    ¡ay amigo cuánto excede
    al completo de una orquesta!

    MAESTRO
    Yo lo creo. Si usted canta
    más por hoy, no vuelvo a verla.
    (Al oído.)

    SEÑORITA
    No, Maestro mío.

    PETIMETRE
    Silencio.

    SEÑORITA
    Yo estimaré que le tengan

    ustedes porque me ha dado
    (Desdeñosa.)
    de repente la jaqueca.

    PETIMETRE
    ¿Y no canta usted más?

    MAESTRO
    No.

    PETIMETRE
    Yo se lo pregunto a esta
    dama.

    SEÑORITA
    Responde, porque
    sabe que siempre me empieza
    la jaqueca por la boca,
    y se me anuda la lengua.

    PETIMETRE
    ¡Raro síntoma!

    MAESTRO
    No mucho,
    que así lo trae Avicena.

    PETIMETRE
    No lo leí.
    (Sale BAILARÍN.)

    BAILARÍN
    ¡Qué función
    esta noche nos espera!
    repasemos la Alemanda,
    señorita.

    MAESTRO
    Está indispuesta.

    BAILARÍN
    ¿De qué?

    SEÑORITA
    Tengo un sabañón.
    ¡Ay!

    BAILARÍN
    ¿A dónde?

    PETIMETRE
    En la cabeza, v que no se puede tener.

    MAESTRO
    Calle usté.

    SEÑORITA
    Harto me pesa.
    ¿Quiere usté ver cómo le hago
    bailar, y que nos divierta?
    (Aparte al MAESTRO.)

    MAESTRO
    Sí, sí.

    SEÑORITA
    Quería repasar
    el baile inglés.

    PETIMETRE
    ¡Qué rareza
    de dolor, a qué hora vino!

    SEÑORITA
    Ahora si usté le quisiera
    bailar solo, estando yo
    a las mudanzas atenta,
    como le sé, era lo propio.

    BAILARÍN
    Pronto estoy a cuánto quiera
    usté.

    MAESTRO
    Pues yo tocaré
    quedo, porque no le ofenda
    a madama.

    BAILARÍN
    Me conformo.


    SEÑORITA
    ¡Válgame Dios, qué babiecas
    son los hombres! ¡Y qué poco (Aparte.)
    el engañarlos nos cuesta!
    (Aquí el MAESTRO DE BAILE divierte con algunas diferencias del Inglés.)

    TODOS
    Viva.

    PETIMETRE
    ¿Qué tal os sentís?

    MAESTRO
    Tal cual.
    (La pulsa.)

    SEÑORITA
    Don Blas, si tuviera
    usté acaso un pomito
    de agua del Carmen, o Reina,
    (Al PETIMETRE.)
    me pondría mucha mejor,
    porque ya tengo experiencias.

    PETIMETRE
    Uno tengo, pero es de oro.

    SEÑORITA
    ¿Implica eso?

    MAESTRO
    Antes esfuerza
    la virtud espiritosa
    y aromática.

    SEÑORITA Pues venga,
    que yo os le volveré luego
    que tenga buena cabeza.
    (Sale la CRIADA acelerada.)

    CRIADA
    Señorita, si usté quiere
    váyase a las otras piezas
    con los señores, que viene
    una visita molesta
    de cumplimiento a esperar
    a mi amo.

    SEÑORITA
    Vengan, vengan
    ustedes a lo más lejos
    de la casa.

    CRIADA
    Breve, que entran.

    PETIMETRE
    A Dios, mona mía.
    (Al pasar, y vanse los cuatro.)

    CRIADA
    A Dios,
    mono de las covachuelas.
    Se la pegué: porque quiero
    estar yo con convivencia
    aquí de tertulia, con
    el dueño de mis potencias...
    Adelante, Sebastián. (Llega.)
    (Sale MAJO.)

    MAJO
    Manuela de las Manuelas,
    envido.
    (La mano.)

    CRIADA
    Quiero, y va el resto.

    MAJO
    Te quiero, y mas que lo pierda
    todito yo, como gane
    la gracia de mi morena.

    CRIADA
    Siéntate, y dime algo bueno,
    que me muero de tristeza.
    (Se sientan.)

    MAJO
    ¿Qué te puedo yo decir,
    si a vista de la elocuencia
    de tus ojos me aturrullo?

    CRIADA
    Que te apunte la vihuela,
    que allí está.

    MAJO
    ¿Lo mandas tú?

    CRIADA
    ¿Yo basta?

    MAJO
    Sobra, perla
    (Se levanta.)
    oriental: y está templada.
    (La trae.)

    CRIADA
    Mejor.

    MAJO
    Saber sólo resta.
    ¿Qué te pide el gusto?

    CRIADA
    Unas
    seguidillas.

    MAJO
    ¿Majas, serias,
    o cómo?

    CRIADA
    De... ya me entiendes.

    MAJO
    Pues entiéndeme, tú estás.
    (Canta el MAJO, y al acabar vuelve el BARBERO, y se suspende enfadado, etc.)

    BARBERO
    ¿Vino ya el amo?... por vida
    del diablo... ¿habrá alma de...
    como esta mujer? (¡ah perra!)

    CRIADA
    Aún
    no vino: luego venga,
    avisará el Paje.

    BARBERO
    Bien.
    Sí, deje usted que yo vuelva.
    (Se sientan.)

    MAJO
    Si volverá usté.

    BARBERO
    O no.

    CRIADA
    Pártase la diferencia,
    hablemos acá nosotros,
    y él que toque la vihuela
    allá.
    (Se la ponen al lado.)

    BARBERO
    ¿Yo?

    MAJO
    ¿Pues quién? escoja,
    o la guitarra, o la puerta.

    BARBERO
    Si como uno en estos lances
    (Aparte.)
    trae navajas y tijeras.
    Trajera trabucos... pero
    a bien que la escalfadera
    está hirviendo. Señor Majo,
    (Se levanta.)
    ya pasa de desvergüenza...

    MAJO
    ¿Por dónde pasa?
    (Dentro el AMO.)

    AMO
    ¿Muchacho?

    CRIADA
    Que sube por la escalera...

    BARBERO
    ¿El amo?

    CRIADA
    Escóndanse ustedes
    ya voy, señor: no me pierdan.
    (Vase.)

    MAJO
    En todo caso la moza
    es lo primero.

    BARBERO
    A la letra.

    LOS DOS
    Venga esa mano, que afirme
    sino las paces, las treguas.
    (Se entran.)
    (Sale el AMO de capa de grana, peluca blonda, cargado de legajos, y detrás la CRIADA.)

    AMO
    ¿Qué hacías?

    CRIADA
    Señor, estaba
    haciendo una diligencia.

    AMO
    ¿Dónde vas?

    CRIADA
    A la cocina,
    que el guisado se me pega. (Vase.)

    AMO
    ¡Válgate Dios por negocios!
    ¡cómo traigo esta cabeza
    de órdenes, de recursos,
    de expedientes y de cuentas!
    ¡Y qué oficina! ¡qué casos
    suelen ofrecerse en ella
    tan gordos! Allí no hay
    más hombre que yo. Mi mesa
    es un golfo de papeles,
    a dónde sólo las velas
    de mi grande entendimiento
    resistirían las fuerzas
    de vientos tan encontrados,
    dirigidas por la recta
    brújula de mi discurso,
    y el timón de mis potencias.
    ¡Vean aquí qué papelones!
    ¡Qué gravedad de materias!
    Y no es porque yo lo diga,
    pero cualquier providencia
    la pongo lo mismo que
    por debajo de la pierna.
    Hoy he tenido un papel,
    y le he puesto una respuesta
    a un Ministro, que el demonio
    me lleve como la entienda.
    Dejadme un rato, enemigos
    mortales de mi cabeza.
    (Deja los papeles.)
    (Salen riñendo los MAESTROS, y el PETIMETRE con espadas.)

    SEÑORITA
    Señores Maestros, por Dios
    les pido que se contengan.

    AMO
    ¿Qué es esto?

    MAESTROS
    Le he de matar.

    AMO
    Ved que estáis en mi presencia.

    PETIMETRE
    Agradezca a eso.

    AMO
    Mujer,
    ola muchacho, Manuela...
    (Salen por el otro lado el BARBERO, y MAJO riñendo a puñadas.)

    BARBERO
    Salga si es hombre a la calle
    el gallina.

    AMO
    ¡Otra pendencia!

    MAJO
    No he menester yo salir
    para quitarle las muelas
    a un Barbero.

    AMO
    ¿Qué alboroto
    es este? ¿Está sorda, o muerta
    mi mujer?
    (Sale la BEATA de espacio.)

    BEATA
    Ya lo he rezado
    todo, sino las cuarenta
    Horas, las tres Letanías,
    los Laudes y las Completas.

    AMO
    ¿De dónde vienes mujer?

    BEATA
    ¿De oír siete Misas? ¿Qué piensas,
    que soy como tú que vas
    poco al Templo?

    AMO
    Más valiera
    que cuidaras de tu casa,
    de tu hija y familia.

    BEATA
    Ellas
    se cuidan, y cuando vuelvo
    siempre las hallo contentas.

    AMO
    Ello lo dirá: sepamos
    al fin qué ha sido esta gresca.

    HOMBRES
    Es una infamia.
    (Sale ABOGADO.)

    ABOGADO
    Vecino
    mío, si usté no remedia
    los negocios de su casa,
    es preciso que se pierda.

    AMO
    ¿Lo oyes?

    BEATA
    Sí. Ya te conozco,
    patillas, pues ni por esas
    me has de alterar.

    AMO
    ¿Y patillas?

    BEATA
    No nos rompas la cabeza,
    (Fuerte.)
    hombre, que yo no me meto
    contigo. ¡Se dará bestia
    más feroz!... Pero ¡ay Dios mío!
    poned un freno a mi lengua:
    y ojalá que esta no fuese
    la menor de mis flaquezas.
    AMO
    Calla, gazmoña. Señores,
    ya me falta la paciencia;
    ¿qué es esto?

    ABOGADO
    Yo lo diré
    a mi costa, pues apenas
    sus algazaras hacer
    un pedimento me dejan,
    ni estudiar un pleito: y como
    hago a bulto las defensas,
    me tocan el bulto en todos
    los Tribunales y Audiencias.
    Su mujer de usted no para
    en casa.

    BEATA
    Voy a la Iglesia.
    AMO
    No es grata la devoción
    que a la obligación desprecia.

    ABOGADO
    La niña es escandalosa.

    SEÑORITA
    ¿Yo con quién?

    ABOGADO
    Con la caterva
    de Maestros y cortejos.

    BEATA
    Cómo infame...
    (A la SEÑORITA.)

    AMO
    El labio sella,
    que ella no tiene la culpa.

    BEATA
    Pues di; ¿quién puede tenerla?

    AMO
    Yo que me fío de ti,
    y tú que te fías de ella.

    ABOGADO
    La Criada siempre trae
    dos, o tres majos a vueltas,
    y con el Paje en camorras
    y cuchicheos alterna.

    BEATA
    ¡Quién lo diría!

    AMO
    En sabiendo
    tus abandonos, cualquiera...

    BEATA
    ¡Cómo está el mundo, Dios mío!
    ¡Ah, quién tan dichosa fuera
    que hoy enviudara, y mañana
    se encerrase en una celda!

    AMO
    Sin enviudar, yo te ofrezco
    que logres lo que deseas.
    Caballeros, punto en boca,
    y todos por la escalera
    abajo para jamás
    volver a subir por ella.

    HOMBRES
    La causa fue...

    AMO
    Mi mujer.

    CRIADA
    El motivo fue...

    AMO
    La mesma.

    SEÑORITA
    Todo consistió...

    AMO
    En tu madre,
    que es una mujer de aquellas,
    que en rezando por costumbre,
    sin fervor ni reverencia,
    les parece que ya son
    canonizables. Pero esta
    no es conversación de ahora.
    ¿Cuál de estos muebles, Manuela,
    se casa contigo?

    CRIADA
    Este.
    (Por el MAJO.)

    AMO
    ¿Tienes con qué mantenerla?

    MAJO
    Sí señor.

    AMO
    Pues buen provecho;
    y los demás todos fuera.

    BAILARÍN
    La señorita me dijo...

    AMO
    Sería una ligereza.

    MAESTRO
    Yo...

    AMO
    La solfa de mi casa
    desde hoy yo he de componerla.

    PETIMETRE
    Yo, señor, aquí venía
    con el fin...

    AMO
    Cuando usted tenga
    más juicio puede volver
    a decirme lo que piensa.

    BEATA
    Terrible estás.

    ABOGADO
    No está tal,
    cuando no agarra una buena
    estaca...

    AMO
    Y le parto a usted
    por en medio de la cabeza
    por mal vecino; que nunca
    avisan las contingencias
    a tiempo que se remedien
    y después las cacarean.

    TODOS
    Escuchad.

    AMO
    No me obliguéis
    a que agarre una escopeta
    y mate a todos. Después
    de cuatro horas y media
    (Se pasea furioso.)
    de oficina, me faltaba
    este expediente.

    BARBERO
    ¿Se afeita
    usted?

    AMO
    Yo te afeitaré
    a ti, picarón, espera.

    BEATA
    Sosiégate, hijo.
    (Llorando.)

    SEÑORITA
    El modo
    mejor es tomar la puerta
    todos.
    (Llorando.)

    LOS TRES HOMBRES
    Vamos quedito.

    BEATA
    El señor nos dé paciencia,
    hija, calla que rezando
    puede ser que te diviertas.

    AMO
    ¿Se fueron ya?

    BEATA
    Sí.

    AMO
    A comer;
    que en durmiendo yo la siesta
    hablaremos.

    BEATA
    ¡Qué has de hablar?

    SEÑORITA
    ¡Ay qué tarde nos espera,
    madre!

    AMO
    Sin que se moleste
    en ir desde aquí a la Iglesia
    a oír sermón, le tendremos
    en casa; siendo su tema
    que la exterior devoción,
    o extraordinaria frecuencia
    de los templos por costumbre,
    no es empleo que dispensa
    las obligaciones que
    cada uno en su estado tenga.
    Primer punto. Y el segundo
    las tres que tiene tan serias
    una madre de familia.

    BEATA
    ¿Y cuáles son?

    AMO
    La obediencia
    al marido: la crianza
    de los hijos: y la rienda
    de los criados, que ajustan
    el ejemplo y la prudencia.



    FIN

     

    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac