Juan Ramon [ Indice ]
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  • "Cuando yo era niño Diós"
  • "Vino primero pura"  
  • "Viento negro, luna blanca"  
  • "En el balcón, un momento"  
  • "El viaje definitivo"
  • "Rimas" 
  • "La estrella del pastor"  
  • "Verde verderol"
  • "Adolescencia"
  • Alamo blanco" 
  • "Cénit"
  • "Con las rosas"
  • Desnudos" 
  • "El mar lejano"
  • "El otoñado"
  • "El recuerdo"
  • Eternidad" 
  • "Luna Grande"
  • Primavera" 
  • "Retorno fugaz"
  • "Siesta de la tormenta"
  • "Mi sitio"



  •  








    Cuando yo era niño diós


    CUANDO yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo,
    una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
    Cada casa era palacio y catedral cada templo;
    estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
    y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
    alegres como las nubes, como los vientos, ligeros,
    creyendo que el horizonte era la raya del término.
    Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
    después del primer faltar, me pareció un cementerio.
    Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
    y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
    Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
    con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
    que, bajo el tórrido sol y por la calle de Enmedio,
    iba tirando doblada del niñodiós y su perro:
    el niño todo metido en hondo ensimismamiento ,
    el perro considerándolo con aprobación y esmero.
    ¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodiós huyendo?
    ¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
    ¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
    ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
    morir siendo el niñodiós en mi Moguer, este pueblo!

    Nubes (1896-1902)





    Poética y evolución

    El proceso evolutivo de su obra está marcado por una fuerte tendencia a la interiorización y por una búsqueda incansable y casi enfermiza de la expresión desnuda, hacia una poesía pura que sea capaz de dar forma a sus inquietudes y experiencias íntimas.
    Los tres primeros versos (léase atentamente el poema adjunto) se refieren a sus poemas adolescentes en los cuales elogia la sencillez y la inocencia (primera estrofa), o quizá, como otros críticos han señalado, a la ingenuidad de la Poesía simplemente sentida, sin que haya llegado aun la necesidad de la expresión literaria. Después con el Modernismo, los elementos ornamentales (se fue vistiendo de no sé qué ropajes... llegó a ser una reina fastuosa de tesoros...) que llegan a su Poesía, merecen la desaprobación y el desprecio del autor (¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!). Cuando va depurándose, despojada de adornos de nuevo comienza a entusiasmarle. (Mas se fue desnudando.. Creí de nuevo en ella). Es la segunda etapa, que se analiza como una vuelta a la sencillez primitiva. Por último, en una tercera etapa, la depuración es total (y se quitó /a túnica/y apareció desnuda toda), y entonces el poeta considera que ha logrado su meta:

    ¡Oh, pasión de mi vida poesía,
    desnuda para siempre!


    Juan Ramón sentía un deseo tal de perfección que nunca quedaba totalmente satisfecho al terminar un poema; "soy un metamorfoseador sucesivo y destinado", decía el mismo. Ello le lleva a corregir sin cesar sus versos, a revisar y transformar los libros ya publicados. Cuando preparaba una edición compiladora de su Obra, dividida por géneros, realizó diversos cambios en muchos de sus poemas. Antonio Sánchez Romeralo ha llevado a cabo una edición antologizadora de la poesía juanramoniana siguiendo los proyectos del propio autor: Leyenda (desde 1896 hasta 1956). En ella aparecen ya las nuevas versiones de los distintos poemas recogidos. Los cambios realizados responden a ese afán de depuración y sencillez que hemos señalado como una característica de la poesía madura de este escritor.

    Introducción a ala Literatura española a través de los textos. El Siglo XX hasta la generación del 27. A. Barroso... Ediciones Istmo. Madrid. 1986, págs:243 - 244.


    Vino primero pura

    Vino, primero, pura,
    vestida de inocencia.
    Y la amé como un niño.
    Luego se fue vistiendo
    de no sé qué ropajes.
    Y la fui odiando, sin saberlo.
    Llegó a ser una reina.
    fastuosa de tesoros...
    ¡Qué iracundia de yel, y sin sentido!
    ...Mas se fue desnudando.
    Y yo le sonreía.
    Se quedó con la túnica
    de su inocencia antigua.
    Creí de nuevo en ella.
    Y se quitó la túnica.
    y apareció desnuda toda...
    ¡Oh pasión de mi vida, poesía
    desnuda, mía para siempre!.

    Eternidades (1918)






     

    Viento negro, luna blanca

    Viento negro, luna blanca.
    Noche de Todos los Santos.
    Frío. Las campanas todas
    de la tierra están doblando.

    El cielo, duro. Y su fondo
    da un azul iluminado
    de abajo, al romanticismo
    de los secos campanarios.

    Faroles flores coronas
    - ¡campanas que están doblando!-
    ... viento largo, luna grande
    Noche de Todos los Santos.

    . . . Yo voy muerto por la luz
    agria de las calles; llamo
    con todo el cuerpo a la vida;
    quiero que me quieran; hablo

    a todos los que me han hecho
    mudo, y hablo sollozando,
    roja en amor esta sangre
    desdeñosa de mis labios.
    ¡Y quiero ser otro y quiero
    tener corazón, y brazos
    infinitos, y sonrisas
    inmensas para los llantos
    aquellos que dieron lágrimas
    por mi culpa!

    ... Pero ¿acaso
    puede hablar de sus rosales
    un corazón sepulcrado?

    -¡Corazón estás bien muerto!
    ¡Mañana es tu aniversario!-

    Sentimentalismo, frío.
    La ciudad está doblando.
    Luna blanca, viento negro.
    Noche de Todos los Santos.

    Jardines lejanos (1904)








     








    En el balcón, un momento

    En el balcón, un momento
    nos quedamos los dos solos;
    desde la dulce mañana
    de aquel día, éramos novios.

    El paisaje soñoliento
    dormía sus vagos tonos
    bajo el cielo gris y rosa
    del crepúsculo de otoño.

    Le dije que iba a besarla;
    la pobre bajó los ojos
    y me ofreció sus mejillas
    como quien pierde un tesoro.

    Las hojas muertas caían
    en el jardín silencioso,
    y en el aire fresco erraba
    un perfume de heliotropos.

    No se atrevía a mirarme;
    le dije que éramos novios,
    y las lágrimas rodaron
    de sus ojos melancólicos.

    Rimas (1902)






     









    EL VIAJE DEFINITIVO

    ... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
    cantando;
    y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
    y con su pozo blanco.
    Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
    y tocarán, como esta tarde están tocando,
    las campanas del campanario.
    Se morirán aquellos que me amaron
    y el pueblo se hará nuevo cada año;
    y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
    mi espíritu errara nostáljico...
    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
    verde, sin pozo blanco,
    sin cielo azul y plácido...
    Y se quedarán los pájaros cantando.

    Poemas Agrestes (1910-1911)




     









    Rimas

    Aquella tarde, al decirle
    que me alejaba del pueblo,
    me miró triste, muy triste,
    vagamente sonriendo.

    Me dijo: ¿Por qué te vas?
    Le dije: Porque el silencio
    de estos valles me amortaja
    como si estuviera muerto.

    --¿Por qué te vas?-- He sentido
    que quiere gritar mi pecho,
    y en estos valles callados
    voy a gritar y no puedo.

    Y me dijo: ¿A dónde vas?
    Y le dije: A donde el cielo
    esté más alto y no brillen
    sobre mí tantos luceros.

    La pobre hundió su mirada
    allá en los valles desiertos
    y se quedó muda y triste,
    vagamente sonriendo.

    Rimas (1902)




     
    La estrella del pastor


    Cállate, por Dios, que tú
    no vas a saber decírmelo;
    deja que abran todos mis
    sueños y todos mis lirios.

    Mi corazón oye bien
    la letra de tu cariñoSť
    el agua lo va contando
    entre las flores del río;

    lo va soñando la niebla,
    lo están llorando los pinos,
    y la luna rosa y el
    corazón de tu molinoSť

    No apagues, por Dios, la luz
    que arde dentro de mí mismoSť
    Cállate, por Dios, que tú
    no vas a saber decírmeloSť






     








    Verde Verderol

    Verde verderol
    ¡endulza la puesta del sol!

    Palacio de encanto,
    el pinar tardío
    arrulla con llanto
    la huida del río.
    Allí el nido umbrío
    tiene el verderol.

    Verde verderol
    ¡endulza la puesta del sol!

    La última brisa
    es suspiradora,
    el sol rojo irisa
    al pino que llora.
    ¡Vaga y lenta hora
    nuestra, verderol!


    Verde verderol
    ¡endulza la puesta del sol!

    Soledad y calma,
    silencio y grandeza.
    La choza del alma
    se recoje y reza.
    De pronto ¡belleza!
    canta el verderol.

    Verde verderol
    ¡endulza la puesta del sol!

    Su canto enajena
    (¿se ha parado el viento?)
    el campo se llena
    de su sentimiento.
    Malva es el lamento,
    verde el verderol.

    Verde verderol
    ¡endulza la puesta del sol!





     








    Adolescencia


    En el balcón, un instante
    nos quedamos los dos solos.
    Desde la dulce mañana
    de aquel día, éramos novios.
    - El paisaje soñoliento
    dormía sus vagos tonos,
    bajo el cielo gris y rosa
    del crepúsculo de otoño. -
    Le dije que iba a besarla;
    bajó, serena, los ojos
    y me ofreció sus mejillas,
    como quien pierde un tesoro.
    - Caían las hojas muertas,
    en el jardín silencioso,
    y en el aire erraba aún
    un perfume de heliotropos. -
     
    No se atrevía a mirarme;
    le dije que éramos novios,
    ...y las lágrimas rodaron
    de sus ojos melancólicos.

    Primeras Poesías (1898-1902)




     
    Alamo blanco


    Arriba canta el pájaro
    y abajo canta el agua.
    (Arriba y abajo,
    se me abre el alma).

    ¡Entre dos melodías,
    la columna de plata!
    Hoja, pájaro, estrella;
    baja flor, raíz, agua.
    ¡Entre dos conmociones,
    la columna de plata!
    (¡Y tú, tronco ideal,
    entre mi alma y mi alma!)

    Mece a la estrella el trino,
    la onda a la flor baja.
    (Abajo y arriba,

    Canción (1936)





     
    Cénit


    Yo no seré yo, muerte,
    hasta que tú te unas con mi vida
    y me completes así todo;
    hasta que mi mitad de luz se cierre
    con mi mitad de sombra
    - y sea yo equilibrio eterno
    en la mente del mundo:
    unas veces, mi medio yo, radiante;
    otras, mi otro medio yo, en olvido -.

    Yo no seré yo, muerte,
    hasta que tú, en tu turno, vistas
    de huesos pálidos mi alma.

    La muerte (1918-1924)





     






    Con las rosas


    No, esta dulce tarde
    no puedo quedarme;
    esta tarde libre
    tengo que irme al aire.

    Al aire que ríe
    abriendo los árboles,
    amores a miles,
    profundo, ondeante.

    Me esperan las rosas
    bañando su carne.
    ¡No me claves fines;
    no quiero quedarme!

    Canción (1936)





     
    Desnudos


    Por el mar vendrán
    las flores del alba
    (olas, olas llenas
    de azucenas blancas),
    el gallo alzará
    su clarín de plata.

    (¡Hoy! te diré yo
    tocándote el alma)

    ¡O, bajo los pinos,
    tu desnudez malva,
    tus pies en la tierna
    yerba con escarcha,
    tus cabellos verdes
    de estrellas mojadas!

    (...Y tú me dirás
    huyendo: Mañana)


    Levantará el gallo
    su clarín de llama,
    y la aurora plena,
    cantando entre granas,
    prenderá sus fuegos
    en las ramas blandas.

    (¡Hoy! te diré yo
    tocándote el alma)

    ¡O, en el sol nacido,
    tus sienes doradas,
    los ojos inmensos
    de tu cara maga,
    evitando azules
    mis negras miradas!

    (...Y tú me dirás
    huyendo: Mañana)

    Canción (1936)





     






    El mar lejano


    La fuente trueca su cantata.
    Se mueven todos los caminos...
    Mar de la aurora, mar de plata,
    ¡qué nuevo estás entre los pinos!

    Viento del sur ¿vienes sonoro
    de granas? Ciegan los caminos...
    Mar de la siesta, mar de oro,
    ¡qué loco estás sobre los pinos!

    Dice el verdón no sé qué cosa.
    Mi alma se va por los caminos...
    Mar de la tarde, mar de rosa,
    ¡qué dulce estás bajo los pinos!

    Canción (1936)





     






    El otoñado


    Estoy completo de naturaleza,
    en plena tarde de áurea madurez,
    alto viento en lo verde traspasado.
    Rico fruto recóndito, contengo
    lo grande elemental en mí (la tierra,
    el fuego, el agua, el aire), el infinito.

    Chorreo luz: doro el lugar oscuro,
    trasmito olor: la sombra huele a dios,
    emano son: lo amplio es honda música,
    filtro sabor: la mole bebe mi alma,
    deleito el tacto de la soledad.

    Soy tesoro supremo, desasido,
    con densa redondez de limpio iris,
    del seno de la acción.  Y lo soy todo.
    Lo todo que es el colmo de la nada,
    el todo que se basta y que es servido
    de lo que todavía es ambición.

    La estación total (1936)





     






    El recuerdo


    Como médanos de oro,
    que vienen y que van
    en el mar de la luz,
                             son los recuerdos.

    El viento se los lleva,
    y donde están están,
    y están donde estuvieron
    y donde habrán de estar...
                             (Médanos de oro).
    Lo llenan todo, mar
    total de oro insondable,
    con todo el viento en él...
                             (Son los recuerdos).

    Canción (1936)





     






    Eternidad


    Eternidad, belleza
    sola, ¡si yo pudiese,
    en tu corazón único, cantarte
    igual que tú me cantas en el mío
    las tardes claras de alegría en paz!

    ¡Si en tus éstasis últimos,
    tú me sintieras dentro
    embriagándote toda,
    como me embriagas todo tú!

    ¡Si yo fuese, inefable,
    como tú en mi instantánea primavera,
    olor, frescura, música, revuelo
    en la infinita primavera pura
    de tu interior totalidad sin fin!

    Canción (1936)





     
    Luna grande


    La puerta está abierta,
    el grillo cantando.
    ¿Andas tú desnuda
    por el campo?

    Como un agua eterna,
    por todo entra y sale.
    ¿Andas tú desnuda
    por el aire?

    La albahaca no duerme,
    la hormiga trabaja.
    ¿Andas tú desnuda
    por la casa?

    Canción (1936)





     


    Primavera


    Abril, sin tu asistencia clara, fuera
    invierno de caídos esplendores;
    mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
    tú siempre exaltarás la primavera.

    Eres la primavera verdadera;
    rosa de los caminos interiores,
    brisa de los secretos corredores,
    lumbre de la recóndita ladera.

    ¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
    abrazados los dos, sea tu risa
    el surtidor de nuestra sola fuente!

    Mi corazón recojerá tu rosa,
    sobre mis ojos se echará tu brisa,
    tu luz se dormirá sobre mi frente...

    Soneto





     






    Retorno fugaz


    ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
    - ¡Oh corazón falaz, mente indecisa! -
    ¿Era como el pasaje de la brisa?
    ¿Como la huida de la primavera?

    Tan leve, tan voluble, tan lijera
    cual estival villano... ¡Sí! Imprecisa
    como sonrisa que se pierde en risa...
    ¡Vana en el aire, igual que una bandera!

    ¡Bandera, sonreír, vilano, alada
    primavera de junio, brisa pura...
    ¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste!

    Todo tu cambiar trocóse en nada
    - ¡memoria, ciega abeja de amargura! -
    ¡No sé cómo eras, yo qué sé qué fuiste!

    Soneto





     
    Siesta de la tormenta


    Murió, como un niño, el hijo
    de tu loco corazón
    y mi loco corazón.

    (¡Ay nuestro amor!)

    No sé si ríes o lloras
    mirando muerto tu amor,
    mirando muerto mi amor.

    (¡Ay nuestro amor!)

    Yo siento como si muertos
    estuviéramos tú y yo,
    estuviéramos los dos.

      Canción (1936)





     


    Mi sitio


    Tarde última y serena,
    corta como una vida,
    fin de todo lo amado
    ¡yo quiero ser eterno!

    (Atravesando hojas,
    el sol ya cobre viene
    a herirme el corazón.
    ¡Yo quiero ser eterno!)

    Belleza que yo he visto
    ¡no te borres ya nunca!
    Porque seas eterna
    ¡yo quiero ser eterno!

     Canción (1936)








    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac