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El trovador


Jornada V Primera parte
  • "Escena I"
  • "Escena II"
  • "Escena III"
  • "Escena IV"
  • "Escena V"
  • "EscenaVI"
  • "Escena VII"

  • Segunda parte
  • "Escena I"
  • "Escena II"
  • "Escena III"
  • "Escena IV"


  •     Primera parte

        Salón en el Castillo de la Aljafería. Puerta en el fondo y a la izquierda del actor. A la derecha una ventana.

    Escena I


      LEONOR, DON LOPE, RUIZ, que salen por la puerta del fondo.

      LOPE
    Podéis entrar, pero temo
    que en este momento el conde...

    LEONOR
    Quiero verle.

    LOPE
                          Le veréis,
    si no hay causa que lo estorbe.

    LEONOR
    ¡A todo trance, es preciso!
    Está la vida de un hombre
    en grave riesgo, y espero
    que me ayudaréis, don Lope.

    LOPE
    ¿Me conocéis? En tal caso...

    LEONOR
    ¿Y quién, señor, no os conoce,
    siendo, como sois, tan bueno,
    y tan piadoso y tan noble?

    LOPE
    Tal vez el conde pudiera...
    si dijeseis vuestro nombre...

    LEONOR
    A él solo.

    LOPE
                    Como gustéis.

    LEONOR
    ¿Están aquí las prisiones?

    LOPE
    Aquí. Desde esa ventana
    se ve, señora, la torre,
    donde entre cadenas gimen
    los que a su rey son traidores.

    LEONOR
    ¡Ah! ¡Gracias!
    (Dirigiéndose rápidamente a la ventana.)

    LOPE
                              Voy a serviros.
    (Preciso es tener de bronce
    el corazón para... Y temo
    que su esperanza no logre.)
     (Vase por la izquierda.)

     

    Escena II


    LEONOR, RUIZ.

      LEONOR
    Ruiz, trajiste...

    RUIZ
                             Aquí está ya,
    señora; por un jarope
    que no vale seis cornados...

    LEONOR
    El precio nada te importe.
    Toma esta cadena, tú.

    RUIZ
    ¡Judío al fin!

    LEONOR
                          No te enojes.

    RUIZ
    Diez maravedís de plata
    me llevó el Iscariote.

    LEONOR
    Vete, Ruiz.

    RUIZ
                       ¿Os quedáis
    sola aquí? No, que me ahorquen
    primero...

    LEONOR
                      Quiero estar sola.

    RUIZ
    Si os empeñáis... Buenas noches.

     

    Escena III


    LEONOR.

      LEONOR
    Esa es la torre; allí está,
    y maldiciendo su suerte
    espera triste la muerte
    que no está lejos quizá.
    ¡Esas murallas sombrías,
    esas rejas y esas puertas
    al féretro sólo abiertas,
    verán tus últimos días!
    ¿Por qué tan ciega le amé?
    ¡Infeliz! ¿Por qué, Dios mío,
    con amante desvarío
    mi vida le consagré?
    Mi amor te perdió, mi amor...
    Yo mi cariño maldigo,
    pero moriré contigo
    con veneno abrasador.
    ¡Si me quisiera escuchar
    el conde!... Si yo lograra
    librarte así, ¿qué importara?...
    Sí, voy tu vida a salvar.
    A salvarte... No te asombre
    si hoy olvido mi desdén.

    VOZ
    (Dentro.)
    Hagan bien para hacer bien
    por el alma de este hombre.

    LEONOR
    Ese lúgubre clamor...
    ¿O tal vez lo escuché mal?
    No, no... ¡Ya la hora fatal
    ha llegado Trovador!
    ¡Manrique! Partamos ya,
    no perdamos un instante.

    VOZ
    (Dentro.)
    ¡Ay!

    LEONOR
             Esa voz penetrante...
    ¡Si no fuera tiempo ya!
     (Al querer partir se oye tocar un laúd: un momento después canta dentro MANRIQUE.)

      VOZ [de MANRIQUE]
    Despacio viene la muerte,
    que está sorda a mi clamor:
    para quien morir desea,
    despacio viene por Dios.
     ¡Ay! Adiós, Leonor,
     Leonor.


    LEONOR
    Él es; ¡y desea morir
    cuando su vida es mi vida!
    ¡Si así me viera afligida
    por él al cielo pedir!

    VOZ [de MANRIQUE] (Dentro.)
    No llores si a saber llegas
    que me matan por traidor,
    que el amarte es mi delito,
    y en el amar no hay baldón.
    ¡Ay! Adiós, Leonor,
    Leonor
    .

    LEONOR
    ¡Que no llore yo, cruel!
    No sabe cuánto le quiero.
    ¡Que no llore, cuando muero
    en mi juventud por él!
    Si a esa reja te asomaras
    y a Leonor vieras aquí,
    tuvieras piedad de mí
    y de mi amor no dudaras.
    Aquí te buscan mis ojos
    a la luz de las estrellas,
    y oigo a par de tus querellas
    el rumor de los cerrojos.
    Y oigo en tu labio mi nombre
    con mil suspiros también.

    VOZ (Dentro.)
    Hagan bien para hacer bien
    por el alma de este hombre.

    LEONOR
    ¡No! No morirás; ¡yo haré
    por salvarte! Del tirano
    feroz, la sangrienta mano
    con mi llanto bañaré.
    ¿Temes? Leonor te responde
    de su cariño y virtud.
    Calma tu amante inquietud...,
    que nunca seré del conde.

     

    Escena IV


    LEONOR, DON LOPE.

      LOPE
    ¿Señora?

    LEONOR
                   ¡Decid! ¿Consiente
    en verme?

    LOPE
                      Ni aun yo he podido
    hablarle.

    LEONOR
                   ¡No habéis querido!

    LOPE
    ¡Cómo! Un hidalgo no miente.
    Mas, lo juro por mi fe:
    veréis a don Nuño.

    LEONOR
                                   ¿Cuándo?

    LOPE
    Está en su cámara hablando
    con don Guillén de Sesé.

    LEONOR
    ¡Don Guillén! ¿Dónde está, dónde?

    LOPE
    ¿Le conocéis?

    LEONOR
                            Sí. (¡Qué escucho!)

    LOPE
    Sois dichosa: él puede mucho
    en el ánimo del conde.
    ¿Queréis hablarle?

    LEONOR
                                  ¡No, no!
    Primero... (El cielo me valga.)

    LOPE
    Esperad hasta que salga.

    LEONOR
    (¿Quién más desventuras vio?)

    LOPE
    Mirad: ahí vienen. Podéis
    afuera esperar en tanto;
    y escudada con el manto...

    LEONOR
    ¡Venid, venid! No tardéis.
     (Vanse por el fondo: después salen por la izquierda DON NUÑO y DON GUILLÉN.)

     

    Escena V


    DON NUÑO, DON GUILLÉN.

      NUÑO
    ¿Visteis, don Guillén, al reo?

    GUILLÉN
    Dispuesto a morir está.

    NUÑO
    Llegue ese momento ya:
    cúmplase al fin mi deseo.

    GUILLÉN
    Si mereciera piedad,
    tal vez...

    NUÑO
                   ¿Qué vais a decir?
    Para ayudarle a morir,
    a un religioso avisad,
    y despachaos con presteza.

    GUILLÉN
    ¡El hijo de una gitana!

    NUÑO
    Cierto; diligencia es vana.

    GUILLÉN
    Mas ¿no dais cuenta a su alteza?

    NUÑO
    ¿Para qué? Ocupado está
    en la guerra de Valencia.

    GUILLÉN
    Si no aprueba la sentencia...

    NUÑO
    Yo sé que la aprobará.
    Para aterrar la traición
    puso en mi mano la ley:
    mientras aquí no esté el rey,
    yo soy el rey de Aragón.
    Mas... ¿vuestra hermana!

    GUILLÉN
                                             Yo mismo
    nada de su suerte sé;
    pero encontrarla sabré
    aunque la oculte el abismo.
    Entonces su torpe amor
    lavará con sangre impura.
    Sólo así el honor se cura,
    y es muy sagrado el honor.

    NUÑO
    No; tanto rigor no es bien
    emplear.

    GUILLÉN
                  Mi ilustre cuna.

    NUÑO
    Si algo apreciáis al de Luna,
    no la ofendáis, don Guillén.

    GUILLÉN
    ¿Tenéis algo que mandar?

    NUÑO
    Dejadme solo un instante.

     

    Escena VI


      DON NUÑO. Después DON LOPE.

      NUÑO
    Leonor, al fin en tu amante
    tu desdén voy a vengar.
    Al fin en su sangre impura
    a saciar voy mi rencor;
    también yo puedo, Leonor,
    gozarme en tu desventura.
    Fatal tu hermosura ha sido
    para mí, pero fatal
    también será a mi rival,
    a ese rival tan querido.
    Tú lo quisiste; por él
    mi ternura despreciaste...
    ¿Por qué, Leonor, no me amaste?
    Ya no fuera tan cruel.
    Ángel hermoso de amor,
    yo como a un Dios te adoraba,
    y tus caricias gozaba
    un oscuro Trovador.
    Harto la suerte envidié
    de un rival afortunado;
    harto tiempo despreciado
    su ventura contemplé.
    ¡Ah! Perdonarle quisiera...
    No soy tan perverso yo.
    Pero es mi rival... No, no...
    Es necesario que muera.

    LOPE
    Vuestras órdenes, señor,
    se han cumplido; el reo espera
    su sentencia.

    NUÑO
                         ¡Y bien! Que muera,
    pues a su rey fue traidor.
    ¿A qué aguardáis?

    LOPE
                                   Si así os plugo...

    NUÑO
    ¿No fue perjuro a la ley
    y rebelde con su rey?
    Pues bien, ¿qué espera el verdugo?
    Esta noche ha de morir.

    LOPE
    ¿Esta noche? ¡Pobre mozo!

    NUÑO
    Junto al mismo calabozo.

    LOPE
    (Hace que se va y vuelve.)
    Voy al instante. Es decir...

    NUÑO
    La bruja...

    LOPE
                   Con él está
    en su misma prisión.

    NUÑO
                                       Bien.

    LOPE
    ¿Pero ha de morir?

    NUÑO
                                    También.

    LOPE
    ¿De qué muerte morirá?

    NUÑO
    Como su madre, en la hoguera.

    LOPE
    ¡Por último confesó
    que a vuestro hermano mató!
    Maldiga Dios la hechicera.

    NUÑO
    Molesto, don Lope, estáis...
    Idos ya.

    LOPE
                  Si os incomodo...

    NUÑO
    Quiero estar solo.

    LOPE
                                  Con todo...
    (¡Mal templado está!)

    NUÑO
                                        ¿No os vais?

    LOPE
    (Hace que se va y vuelve.)
    Perdonad; se me olvidaba
    con la maldita hechicera.

    NUÑO
    ¡Don Lope!

    LOPE
                        Señor, ahí fuera
    una dama os aguardaba.

    NUÑO
    Y ¿qué objeto aquí la trae?
    ¿Dice quién es?

    LOPE
                              Encubierta
    llegó, señor, a la puerta
    que al campo de Toro cae.

    NUÑO
    Que entre, pues; vos, despejad.

    LOPE
    El conde, señora, espera.

    NUÑO
    Vos os podéis quedar fuera,
    y hasta que os llame aguardad.

     

    Escena VII


    DON NUÑO, LEONOR.

      LEONOR
    ¿Me conocéis? (Descubriéndose.)

    NUÑO
                            ¡Desgraciada!
    ¿Qué buscáis, Leonor, aquí?

    LEONOR
    ¿Me conocéis, conde?

    NUÑO
                                        Sí;
    por mi mal, desventurada,
    por mi mal te conocí.
    ¿A qué vinisteis, Leonor?

    LEONOR
    ¿Conde, dudarlo queréis?

    NUÑO
    ¡Todavía el Trovador!...

    LEONOR
    Sé que todo lo podéis,
    y que peligra mi amor.
    Duélaos, don Nuño, mi mal.

    NUÑO
    ¡A eso vinisteis, ingrata,
    a implorar por un rival!
    ¡Por un rival! ¡Insensata!
    Mal conoces al de Artal.
    No; cuando en mis manos veo
    la venganza apetecida,
    cuando su sangre deseo...
    Imposible...

    LEONOR
                         No lo creo.

    NUÑO
    Sí, creedlo por mi vida.
    Largo tiempo también yo
    aborrecido imploré
    a quien mis ruegos no oyó,
    y de mi afán se burló;
    no penséis que lo olvidé.

    LEONOR
    ¡Ah! Conde, conde, piedad. (Arrodillándose.)

    NUÑO
    ¿Vos la tuvisteis de mí?

    LEONOR
    Por todo un Dios.

    NUÑO
                                  Apartad.

    LEONOR
    No, no me muevo de aquí.

    NUÑO
    Pronto, Leonor, acabad.

    LEONOR
    Bien sabéis cuánto le amé;
    mi pasión no se os esconde...
    NUÑO ¡Leonor!

    LEONOR
    ¿Qué he dicho? No sé,
    no sé lo que he dicho, conde;
    ¿queréis?... Le aborreceré.
    ¡Aborrecerle! ¡Dios mío!
    Y aun amaros a vos, sí,
    amaros con desvarío
    os prometo... ¡Amor impío,
    digno de vos y de mí!

    NUÑO
    Es tarde, es tarde, Leonor,
    ¿y yo perdonar pudiera
    a tu infame seductor,
    al hijo de una hechicera?

    LEONOR
    ¿No os apiada mi dolor?

    NUÑO
    ¡Apiadarme! Más y más
    me irrita, Leonor, tu lloro,
    que por él vertiendo estás;
    no lo negaré, aún te adoro,
    ¿mas perdonarle? Jamás.
    Esta noche, en el momento...
    Nada de piedad.

    LEONOR
    (Con ternura.)
    ¡Cruel!
    ¡Cuando en amarte consiento!

    NUÑO
    ¿Qué me importa tu tormento,
    si es por él, sólo por él?

    LEONOR
    Por él, don Nuño, es verdad;
    por él con loca impiedad
    el altar he profanado.
    ¡Y yo, insensata, le he amado
    con tan ciega liviandad!

    NUÑO
    Un hombre oscuro...

    LEONOR
                                       Sí, sí,
    nunca mereció mi amor.

    NUÑO
    Un soldado, un Trovador...

    LEONOR
    Yo nunca os aborrecí.

    NUÑO
    ¿Qué quieres de mí, Leonor?
    ¿Por qué mi pasión enciendes,
    que ya entibiándose va?
    Di que engañarme pretendes,
    dime de que de un Dios dependes,
    y amarme no puedes ya.

    LEONOR
    ¿Qué importa, conde? ¿No fui
    mil y mil veces perjura?
    ¿Qué importa, si ya vendí
    de un amante la ternura,
    que a Dios olvide por ti?

    NUÑO
    ¿Me lo juras?

    LEONOR
                            Partiremos
    lejos, lejos de Aragón,
    y felices viviremos,
    y siempre nos amaremos
    con acendrada pasión.

    NUÑO
    ¡Leonor... delicia inmortal!

    LEONOR
    Y tú en premio a mi ternura...

    NUÑO
    Cuanto quieras.

    LEONOR
                              ¡Oh ventura!

    NUÑO
    Corre, dile que el de Artal
    su libertad le asegura;
    pero que huya de Aragón;
    que no vuelva, ¡lo has oído!

    LEONOR
    Sí, sí...

    NUÑO
                Dile que atrevido
    no persista en su traición;
    que tu amor ponga en olvido.

    LEONOR
    Sí... Lo diré... (¡Dios eterno!
    tu nombre bendeciré.)

    NUÑO
    Mirad, que os observaré.

    LEONOR
    (Ya no me aterra el infierno,
    pues que su vida salvé.)

      FIN DE LA PRIMERA PARTE

        Segunda parte

        Calabozo oscuro con una ventana con reja, a la izquierda, y una puerta en el lado opuesto. Otra puerta grande al fondo. Al levantarse el telón, AZUCENA estará recostada en un escaño, y MANRIQUE sentado en el lado opuesto.
    Escena I


    MANRIQUE, AZUCENA.

      MANRIQUE
    ¿No dormís? (Acercándose a AZUCENA.)

    AZUCENA  
                        ¡No, hijo mío!
    Quisiera; mas no puedo: de mis ojos
    huye el sueño.

    MANRIQUE
                            ¡Tembláis!

    AZUCENA
                                              ¿Qué?

    MANRIQUE
                                                        ¿Tenéis frío?

    AZUCENA
    No; pero di: ¿quién causa tus enojos?
    ¡Suspirabas! ¿Por qué? Si son tus penas
    con ser tuyas no más, las penas mías;
    ¿por qué en silencio tu dolor refrenas
    y esa angustia mortal no me confías?
    ¿No soy tu madre yo?

    MANRIQUE
                                         De este profundo
    pesar, ya nada a libertarme alcanza.

    AZUCENA
    ¡Espera!

    MANRIQUE
                   Inútil es; no hay en el mundo
    ya para mí consuelo ni esperanza.

    AZUCENA
    ¡Te comprendo! Es verdad, ya no es posible
    huir de aquí; mas si a matarme vienen,
    tú me defenderás.

    MANRIQUE
                                 (¡Tormento horrible!)

    AZUCENA
    Es tu deber, Manrique; ¡eres mi hijo!
    Tú consentir no puedes...
    ¡Mas ¡ay! que en vano y sin razón te aflijo!
    Nunca hará tu valor, ya aprisionado
    entre fuertes paredes,
    que llegue el sol hasta mi cuerpo helado.
    Y vendrán, no lo dudes:
    ¡me quitaran sin compasión la vida!

    MANRIQUE
    ¡Mataros! ¿Y por qué?

    AZUCENA
                                          Ya ésta es mi suerte.

    MANRIQUE
    ¡Por vengarse de mí! ¡Madre querida!
    ¡Y yo la causa soy de vuestra muerte!

    AZUCENA
    ¡Calla! Ven... ¡Ruido siento!

    MANRIQUE
    ¡No!... Nadie.

    AZUCENA
                           ¡Tiemblo toda!... ¡Oh! Si me amas,
    ¡mátame! ¡Líbrame de ese tormento
    horrible de las llamas!

    MANRIQUE
    Mas, no tendrán valor...

    AZUCENA
                                            ¿No lo tuvieron
    cuando a mi pobre madre condenaron,
    y arrastrando al cadalso la trajeron,
    y sin piedad la vida le quitaron?
    ¡Debe de ser horrible ese suplicio!
    ¡Oh! ¡La hoguera! ¡La hoguera! A cada instante
    viéndola estoy allí, siempre delante,
    y me miro llevar, y en vano ruego,
    y víctima arrastrada al sacrificio,
    siento en mis carnes penetrar el fuego.

      (Pausa.)

      Siempre en mi corazón está presente
    ese recuerdo del infausto día
    en que sufrió la muerte, la inocente,
    la tierna madre mía.
    El traje desgarrado,
    ocultas las facciones
    bajo el largo cabello enmarañado,
    al lugar del suplicio caminaba
    entre la turba vil de los sayones.
    Yo, postrada en el suelo,
    mi rostro desgarraba
    sangre y venganza demandando al cielo.
    Escuché que mi madre me llamaba
    y a abrazarla corrí; pero la fiera
    impiedad, me atajó, de sus verdugos,
    y fue arrojada en la fatal hoguera.
    Aquel grito feroz, desesperado
    que la arrancó el dolor, ¡ay!, todavía
    aquí en mi corazón, está encerrado.
    ¡Cuánta su horrible intensidad sería!

    MANRIQUE
    ¡Callad, por Dios! ¡Me atormentáis!

    AZUCENA
                                                            ¡Escucha!
    Entonces, los verdugos implacables,
    al ver su presa con la muerte en lucha,
    su triunfo celebraban
    y con risa feroz la contemplaban.
    ¿Sabes por qué? Flotaban sus cabellos;
    las llamas, devorándola, subían
    hasta cebarse en ellos...
    ¡Y de esto los verdugos se reían!

    MANRIQUE
    ¿No podéis olvidar esas memorias?
    Descansad un momento.

    AZUCENA
                                            ¡No, imposible!
    Si descansar pudiera...
    ¡Mas si en tanto me llevan a ese horrible
    espantoso suplicio de la hoguera!

    MANRIQUE
    ¡No, madre! No vendrán.

    AZUCENA
                                             ¿Si me lo ofreces...?

    MANRIQUE
    Sí, podéis reposar.

    AZUCENA
                                  Me abate el sueño;
    siento el cansancio que me postra a veces;
    mas de esa imagen el airado ceño...
    Y ¿por qué? ¡Sí, que vengan!

    MANRIQUE
                                                      (¡Qué martirio!)

    AZUCENA
    Vendrán y quebrantando esos cerrojos,
    la luz del sol contemplarán tus ojos.
    ¿Cómo puedo olvidarlo en mi delirio?
    Este día feliz, será el postrero...
    ¿Pero se sabe aquí cuándo es de día?
    ¡No importa! A cualquier hora: sí, yo quiero
    respirar. ¡Ay, me ahogo!

    MANRIQUE
                                              ¡Madre mía!

    AZUCENA
    Saldremos, sí; no tiembles; en mi mano
    están tu vida y libertad; las puertas
    de esta cárcel tristísima, al liviano
    impulso de mi voz, serán abiertas.

    MANRIQUE
    (¡Delira!)

    AZUCENA
                    ¿Por qué labra
    tu abatimiento en mí? ¿Por qué no el gozo,
    si una sola palabra
    puede abrir nuestro oscuro calabozo?

    MANRIQUE
    Bien, bien: pero dormid.

    AZUCENA
                                             Si el conde llega,
    tú me despertarás: ten esperanza.
    (¡Ay! ¡Pobre madre, que su amor me ciega!
    Perdona si renuncio a tu venganza.)
    (Recostándose.)

    MANRIQUE
    ¡Duerme, duerme, madre mía,
    mientras yo te guardo el sueño,
    y un hado más halagüeño
    durmiendo, allá te sonría!
    Al menos, ¡ay!, mientras dura
    tu sueño, no acongojado
    veré tu rostro bañado
    con lágrimas de amargura.

     

    Escena II


      MANRIQUE, LEONOR, AZUCENA.

      LEONOR
    ¡Manrique!

    MANRIQUE
                        ¡No es ilusión!
    ¿Eres tú?

    LEONOR
    Yo, sí... yo soy;
    a tu lado al fin estoy,
    para calmar tu aflicción.

    MANRIQUE
    Si tú sola mi delirio
    puedes, hermosa, calmar;
    ven, Leonor, a consolar
    amorosa mi martirio.

    LEONOR
    No pierdas tiempo, por Dios.

    MANRIQUE
    Siéntate a mi lado, ven.
    ¿Debes tú morir también?
    Muramos juntos los dos.

    LEONOR
    No, que en libertad estás.

    MANRIQUE
    ¿En libertad?

    LEONOR
                           Sí, ya el conde...

    MANRIQUE
    ¿Don Nuño, Leonor? Responde,
    responde... ¡Cielo! ¡Esto más!
    ¡Tú a implorar por mi perdón
    del tirano a los pies fuiste!...
    Quizá también le vendiste
    mi amor y tu corazón.
    No quiero la libertad
    a tanta costa comprada.

    LEONOR
    Tu vida...

    MANRIQUE
                     ¿Qué importa? Nada...
    quítamela, por piedad;
    clava en mi pecho un puñal
    antes que verte perjura,
    llena de amor y ternura
    en los brazos de un rival.
    ¡La vida! ¿Es algo la vida?
    Un doble martirio, un yugo...
    Llama, que venga el verdugo
    con el hacha enrojecida.

    LEONOR
    ¿Qué debí hacer? Si supieras
    lo que he sufrido por ti
    no me insultaras así,
    y a más me compadecieras.
    Pero, huye, vete, por Dios,
    y bástete ya saber
    que suya no puedo ser.

    MANRIQUE
    Pues bien, partamos los dos,
    mi madre también vendrá.

    LEONOR
    Tú solamente.

    MANRIQUE
                             No, no.

    LEONOR
    Pronto, vete.

    MANRIQUE
                          ¡Sólo yo!

    LEONOR
    Que nos observan quizá.

    MANRIQUE
    ¿Qué importa? ¡Aquí moriré,
    moriremos, madre mía!
    Tú sola no fuiste impía
    de un hijo tierno a la fe.

    LEONOR
    ¡Manrique!

    MANRIQUE
                       Ya no hay amor
    en el mundo, no hay virtud.

    LEONOR
    ¿Qué te dice mi inquietud?

    MANRIQUE
    Tarde conocí mi error...

    LEONOR
    ¡Si vieras cuál se estremece
    mi corazón! ¿Por qué, di,
    obstinarte? Hazlo por mí,
    por lo que tu amor padece
    Sí, este momento quizá...
    ¿No ves cuál tiemblo? Quisiera
    ocultarlo si pudiera;
    pero no, no es tiempo ya.
    Bien sé que voy tu aflicción
    a aumentar; pero ya es hora
    de que sepas cuál te adora
    la que acusas sin razón.
    Aborréceme, es mi suerte;
    maldíceme si te agrada,
    mas toca mi frente helada
    con el hielo de la muerte.
    Tócala, y si hay en tu seno
    un resto de compasión,
    alivia mi corazón,
    que abrasa un voraz veneno.

    MANRIQUE
    Un veneno... ¿y es verdad?
    Y yo ingrato la ofendí
    cuando muriendo por mí...
    un veneno...

    LEONOR
                          Por piedad,
    ven aquí por compasión
    a consolar mi agonía.
    ¿No sabes que te quería
    con todo mi corazón?

    MANRIQUE
    Me matas.

    LEONOR
                      Manrique; aquí,
    aquí me siento abrasar.
    ¡Ay!, ¡ay! Quisiera llorar,v y no hay lágrimas en mí.
    ¡Ay juventud malograda
    por tiranos perseguida!
    ¡Perder tan pronto una vida
    para amarte consagrada!
     (Se ve brillar un momento el resplandor de una luz en la ventana.)
     Mira, Manrique, esa luz...
    Vienen a buscarte ya;
    ¡no te apartes, ven acá,
    por el que murió en la cruz!

    MANRIQUE
    Que vengan... ya entregaré
    mi cuello sin resistir;
    lo quiero, anhelo morir...
    Muy pronto te seguiré.

    LEONOR
    ¡Ay! acércate...

    MANRIQUE
                             ¡Amor mío!...

    LEONOR
    Me muero, me muero ya
    sin remedio; ¿dónde está
    tu mano?

    MANRIQUE
                    ¡Qué horrible frío!

    LEONOR
    Para siempre... ya...

    MANRIQUE
                                      ¡Leonor!

    LEONOR
    ¡Adiós!... ¡adi... ós!
     (Expira. Momento de pausa.)

      MANRIQUE
                                     ¡La he perdido!
    ¡Ese lúgubre gemido!...
    es el último de amor.
    Silencio, silencio; ya
    viene el verdugo por mí...
    Allí está el cadalso, allí,
    y Leonor aquí está.
    Corta es la distancia, vamos,
    que ya el suplicio me espera.
    (Tropieza con AZUCENA.)
    ¿Quién estaba aquí? ¿Quién era?

    AZUCENA
    (Entre sueños.)
    ¿Es hora de que partamos?

    MANRIQUE
    ¿A morir? Dispuesto estoy...
    Mas no, esperad un instante;
    a contemplar su semblante,
    a adorarla otra vez voy.
    Aquí está... dadme el laúd;
    en trova triste y llorosa,
    en endecha lastimosa
    os cantaré su virtud.
    Una corona de flores
    dadme también; en su frente
    será aureola luciente,
    será diadema de amores.
    Dadme, veréisla brillar
    en su frente hermosa y pura;
    mas llorad su desventura
    como a mí me veis llorar.
    ¡Qué funesto resplandor!
    ¿Tan pronto vienen por mí?
    El verdugo es aquél... sí;
    tiene el rostro de traidor.

     

    Escena III


      Dichos. DON NUÑO, DON LOPE. Soldados con luces.

      NUÑO
    ¿Leonor?

    MANRIQUE
                    ¿Quién la llama? ¿Por qué vienen
    a apartarla de mí? La desdichada
    ya a nadie puede amar. Si yo pudiera
    ocultarla a sus ojos.
    (La cubre con su ferreruelo, que tendrá al lado.)

    NUÑO
                                      ¿Leonor?

    MANRIQUE
                                                      Calla...
    No turbes el silencio de la muerte.

    NUÑO
    ¿Dónde está Leonor?

    MANRIQUE
                                       ¿Dónde? Aquí estaba.
    ¿Venís a arrebatármela en la tumba?

    NUÑO
    ¿Ha muerto?

    MANRIQUE
                          Sí... ya ha muerto.
    (Descubriendo el rostro pálido de LEONOR.)

    NUÑO
                                                       ¡Me engañaba!

    MANRIQUE
    Ya no palpita el corazón; sus ojos
    ha cerrado la muerte despiadada.
    Apartad esas luces; mi amargura
    piadosos respetad... no me acordaba...

    (A DON NUÑO.)
    Sí, ¡tú eres el verdugo! Acaso buscas
    una víctima... ven... ya preparada
    para la muerte está.

    NUÑO
                                    Llevadle al punto,
    llevadle, digo, y su cabeza caiga.
     (Varios soldados rodean a MANRIQUE.)

      MANRIQUE
    Muy pronto, sí...

    NUÑO
                                Marchad...

    MANRIQUE
    (Reparando en AZUCENA.)
    ¡Qué miro! Vamos...
    No le digas, por Dios, a la cuitada
    que va su hijo a morir... ¡Madre infelice!
    Hasta la tumba... Adiós... (Al salir.)

     

    Escena IV


      Los mismos menos MANRIQUE.

      AZUCENA
    (Incorporándose.)
    ¿Quién me llamaba?
    Él era, él era; ¡ingrato! Se ha marchado
    sin llevarme también.

    NUÑO
                                        ¡Desventurada!
    Conoce al fin tu suerte.

    AZUCENA
                                          ¡El hijo mío!

    NUÑO
    Ven a verle morir.

    AZUCENA  
                                 ¿Qué dices? ¡Calla!
    ¡Morir! ¡morir!... No, madre, ya no puedo;
    perdóname, le quiero con el alma.
    Esperad, esperad...

    NUÑO
                                    Llevadla.

    AZUCENA
                                                   ¡Conde!

    NUÑO
    Que le mire expirar.

    AZUCENA   
                                    Una palabra,
    un secreto terrible; haz que suspendan
    el suplicio un momento.

    NUÑO
                                            No, llevadla.
    (La toma por una mano y la arrastra hacia la ventana.)
    Ven, mujer infernal... goza en tu triunfo.
    Mira el verdugo, y en su mano el hacha
    que va pronto a caer...
     (Se oye un golpe que figura ser el de la cuchillada.)

      AZUCENA
                                         ¡Ay! ¡esa sangre!

    NUÑO
    Alumbrad a la víctima, alumbradla.

    AZUCENA
    ¡Sí, sí... luces... él es... tu hermano, imbécil!

    NUÑO
    ¡Mi hermano, maldición!...
    (La arroja al suelo, empujándola con furor.)

    AZUCENA
    (Con amargura.)
    Ya estás vengada.

      FIN DEL DRAMA
     


    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac