Primera parte
Salón en el Castillo de la Aljafería. Puerta en el fondo y a la izquierda del actor. A la derecha una ventana.
Escena I
LEONOR, DON LOPE, RUIZ, que salen por la puerta del fondo.
LOPE
Podéis entrar, pero temo
que en este momento el conde...
LEONOR
Quiero verle.
LOPE
Le veréis,
si no hay causa que lo estorbe.
LEONOR
¡A todo trance, es preciso!
Está la vida de un hombre
en grave riesgo, y espero
que me ayudaréis, don Lope.
LOPE
¿Me conocéis? En tal caso...
LEONOR
¿Y quién, señor, no os conoce,
siendo, como sois, tan bueno,
y tan piadoso y tan noble?
LOPE
Tal vez el conde pudiera...
si dijeseis vuestro nombre...
LEONOR
A él solo.
LOPE
Como gustéis.
LEONOR
¿Están aquí las prisiones?
LOPE
Aquí. Desde esa ventana
se ve, señora, la torre,
donde entre cadenas gimen
los que a su rey son traidores.
LEONOR
¡Ah! ¡Gracias!
(Dirigiéndose rápidamente a la ventana.)
LOPE
Voy a serviros.
(Preciso es tener de bronce
el corazón para... Y temo
que su esperanza no logre.)
(Vase por la izquierda.)
Escena II
LEONOR, RUIZ.
LEONOR
Ruiz, trajiste...
RUIZ
Aquí está ya,
señora; por un jarope
que no vale seis cornados...
LEONOR
El precio nada te importe.
Toma esta cadena, tú.
RUIZ
¡Judío al fin!
LEONOR
No te enojes.
RUIZ
Diez maravedís de plata
me llevó el Iscariote.
LEONOR
Vete, Ruiz.
RUIZ
¿Os quedáis
sola aquí? No, que me ahorquen
primero...
LEONOR
Quiero estar sola.
RUIZ
Si os empeñáis... Buenas noches.
Escena III
LEONOR.
LEONOR
Esa es la torre; allí está,
y maldiciendo su suerte
espera triste la muerte
que no está lejos quizá.
¡Esas murallas sombrías,
esas rejas y esas puertas
al féretro sólo abiertas,
verán tus últimos días!
¿Por qué tan ciega le amé?
¡Infeliz! ¿Por qué, Dios mío,
con amante desvarío
mi vida le consagré?
Mi amor te perdió, mi amor...
Yo mi cariño maldigo,
pero moriré contigo
con veneno abrasador.
¡Si me quisiera escuchar
el conde!... Si yo lograra
librarte así, ¿qué importara?...
Sí, voy tu vida a salvar.
A salvarte... No te asombre
si hoy olvido mi desdén.
VOZ
(Dentro.)
Hagan bien para hacer bien
por el alma de este hombre.
LEONOR
Ese lúgubre clamor...
¿O tal vez lo escuché mal?
No, no... ¡Ya la hora fatal
ha llegado Trovador!
¡Manrique! Partamos ya,
no perdamos un instante.
VOZ
(Dentro.)
¡Ay!
LEONOR
Esa voz penetrante...
¡Si no fuera tiempo ya!
(Al querer partir se oye tocar un laúd: un momento después canta dentro MANRIQUE.)
VOZ [de MANRIQUE]
Despacio viene la muerte,
que está sorda a mi clamor:
para quien morir desea,
despacio viene por Dios.
¡Ay! Adiós, Leonor,
Leonor.
LEONOR
Él es; ¡y desea morir
cuando su vida es mi vida!
¡Si así me viera afligida
por él al cielo pedir!
VOZ [de MANRIQUE] (Dentro.)
No llores si a saber llegas
que me matan por traidor,
que el amarte es mi delito,
y en el amar no hay baldón.
¡Ay! Adiós, Leonor,
Leonor.
LEONOR
¡Que no llore yo, cruel!
No sabe cuánto le quiero.
¡Que no llore, cuando muero
en mi juventud por él!
Si a esa reja te asomaras
y a Leonor vieras aquí,
tuvieras piedad de mí
y de mi amor no dudaras.
Aquí te buscan mis ojos
a la luz de las estrellas,
y oigo a par de tus querellas
el rumor de los cerrojos.
Y oigo en tu labio mi nombre
con mil suspiros también.
VOZ (Dentro.)
Hagan bien para hacer bien
por el alma de este hombre.
LEONOR
¡No! No morirás; ¡yo haré
por salvarte! Del tirano
feroz, la sangrienta mano
con mi llanto bañaré.
¿Temes? Leonor te responde
de su cariño y virtud.
Calma tu amante inquietud...,
que nunca seré del conde.
Escena IV
LEONOR, DON LOPE.
LOPE
¿Señora?
LEONOR
¡Decid! ¿Consiente
en verme?
LOPE
Ni aun yo he podido
hablarle.
LEONOR
¡No habéis querido!
LOPE
¡Cómo! Un hidalgo no miente.
Mas, lo juro por mi fe:
veréis a don Nuño.
LEONOR
¿Cuándo?
LOPE
Está en su cámara hablando
con don Guillén de Sesé.
LEONOR
¡Don Guillén! ¿Dónde está, dónde?
LOPE
¿Le conocéis?
LEONOR
Sí. (¡Qué escucho!)
LOPE
Sois dichosa: él puede mucho
en el ánimo del conde.
¿Queréis hablarle?
LEONOR
¡No, no!
Primero... (El cielo me valga.)
LOPE
Esperad hasta que salga.
LEONOR
(¿Quién más desventuras vio?)
LOPE
Mirad: ahí vienen. Podéis
afuera esperar en tanto;
y escudada con el manto...
LEONOR
¡Venid, venid! No tardéis.
(Vanse por el fondo: después salen por la izquierda DON NUÑO y DON GUILLÉN.)
Escena V
DON NUÑO, DON GUILLÉN.
NUÑO
¿Visteis, don Guillén, al reo?
GUILLÉN
Dispuesto a morir está.
NUÑO
Llegue ese momento ya:
cúmplase al fin mi deseo.
GUILLÉN
Si mereciera piedad,
tal vez...
NUÑO
¿Qué vais a decir?
Para ayudarle a morir,
a un religioso avisad,
y despachaos con presteza.
GUILLÉN
¡El hijo de una gitana!
NUÑO
Cierto; diligencia es vana.
GUILLÉN
Mas ¿no dais cuenta a su alteza?
NUÑO
¿Para qué? Ocupado está
en la guerra de Valencia.
GUILLÉN
Si no aprueba la sentencia...
NUÑO
Yo sé que la aprobará.
Para aterrar la traición
puso en mi mano la ley:
mientras aquí no esté el rey,
yo soy el rey de Aragón.
Mas... ¿vuestra hermana!
GUILLÉN
Yo mismo
nada de su suerte sé;
pero encontrarla sabré
aunque la oculte el abismo.
Entonces su torpe amor
lavará con sangre impura.
Sólo así el honor se cura,
y es muy sagrado el honor.
NUÑO
No; tanto rigor no es bien
emplear.
GUILLÉN
Mi ilustre cuna.
NUÑO
Si algo apreciáis al de Luna,
no la ofendáis, don Guillén.
GUILLÉN
¿Tenéis algo que mandar?
NUÑO
Dejadme solo un instante.
Escena VI
DON NUÑO. Después DON LOPE.
NUÑO
Leonor, al fin en tu amante
tu desdén voy a vengar.
Al fin en su sangre impura
a saciar voy mi rencor;
también yo puedo, Leonor,
gozarme en tu desventura.
Fatal tu hermosura ha sido
para mí, pero fatal
también será a mi rival,
a ese rival tan querido.
Tú lo quisiste; por él
mi ternura despreciaste...
¿Por qué, Leonor, no me amaste?
Ya no fuera tan cruel.
Ángel hermoso de amor,
yo como a un Dios te adoraba,
y tus caricias gozaba
un oscuro Trovador.
Harto la suerte envidié
de un rival afortunado;
harto tiempo despreciado
su ventura contemplé.
¡Ah! Perdonarle quisiera...
No soy tan perverso yo.
Pero es mi rival... No, no...
Es necesario que muera.
LOPE
Vuestras órdenes, señor,
se han cumplido; el reo espera
su sentencia.
NUÑO
¡Y bien! Que muera,
pues a su rey fue traidor.
¿A qué aguardáis?
LOPE
Si así os plugo...
NUÑO
¿No fue perjuro a la ley
y rebelde con su rey?
Pues bien, ¿qué espera el verdugo?
Esta noche ha de morir.
LOPE
¿Esta noche? ¡Pobre mozo!
NUÑO
Junto al mismo calabozo.
LOPE
(Hace que se va y vuelve.)
Voy al instante. Es decir...
NUÑO
La bruja...
LOPE
Con él está
en su misma prisión.
NUÑO
Bien.
LOPE
¿Pero ha de morir?
NUÑO
También.
LOPE
¿De qué muerte morirá?
NUÑO
Como su madre, en la hoguera.
LOPE
¡Por último confesó
que a vuestro hermano mató!
Maldiga Dios la hechicera.
NUÑO
Molesto, don Lope, estáis...
Idos ya.
LOPE
Si os incomodo...
NUÑO
Quiero estar solo.
LOPE
Con todo...
(¡Mal templado está!)
NUÑO
¿No os vais?
LOPE
(Hace que se va y vuelve.)
Perdonad; se me olvidaba
con la maldita hechicera.
NUÑO
¡Don Lope!
LOPE
Señor, ahí fuera
una dama os aguardaba.
NUÑO
Y ¿qué objeto aquí la trae?
¿Dice quién es?
LOPE
Encubierta
llegó, señor, a la puerta
que al campo de Toro cae.
NUÑO
Que entre, pues; vos, despejad.
LOPE
El conde, señora, espera.
NUÑO
Vos os podéis quedar fuera,
y hasta que os llame aguardad.
Escena VII
DON NUÑO, LEONOR.
LEONOR
¿Me conocéis? (Descubriéndose.)
NUÑO
¡Desgraciada!
¿Qué buscáis, Leonor, aquí?
LEONOR
¿Me conocéis, conde?
NUÑO
Sí;
por mi mal, desventurada,
por mi mal te conocí.
¿A qué vinisteis, Leonor?
LEONOR
¿Conde, dudarlo queréis?
NUÑO
¡Todavía el Trovador!...
LEONOR
Sé que todo lo podéis,
y que peligra mi amor.
Duélaos, don Nuño, mi mal.
NUÑO
¡A eso vinisteis, ingrata,
a implorar por un rival!
¡Por un rival! ¡Insensata!
Mal conoces al de Artal.
No; cuando en mis manos veo
la venganza apetecida,
cuando su sangre deseo...
Imposible...
LEONOR
No lo creo.
NUÑO
Sí, creedlo por mi vida.
Largo tiempo también yo
aborrecido imploré
a quien mis ruegos no oyó,
y de mi afán se burló;
no penséis que lo olvidé.
LEONOR
¡Ah! Conde, conde, piedad. (Arrodillándose.)
NUÑO
¿Vos la tuvisteis de mí?
LEONOR
Por todo un Dios.
NUÑO
Apartad.
LEONOR
No, no me muevo de aquí.
NUÑO
Pronto, Leonor, acabad.
LEONOR
Bien sabéis cuánto le amé;
mi pasión no se os esconde...
NUÑO ¡Leonor!
LEONOR
¿Qué he dicho? No sé,
no sé lo que he dicho, conde;
¿queréis?... Le aborreceré.
¡Aborrecerle! ¡Dios mío!
Y aun amaros a vos, sí,
amaros con desvarío
os prometo... ¡Amor impío,
digno de vos y de mí!
NUÑO
Es tarde, es tarde, Leonor,
¿y yo perdonar pudiera
a tu infame seductor,
al hijo de una hechicera?
LEONOR
¿No os apiada mi dolor?
NUÑO
¡Apiadarme! Más y más
me irrita, Leonor, tu lloro,
que por él vertiendo estás;
no lo negaré, aún te adoro,
¿mas perdonarle? Jamás.
Esta noche, en el momento...
Nada de piedad.
LEONOR
(Con ternura.)
¡Cruel!
¡Cuando en amarte consiento!
NUÑO
¿Qué me importa tu tormento,
si es por él, sólo por él?
LEONOR
Por él, don Nuño, es verdad;
por él con loca impiedad
el altar he profanado.
¡Y yo, insensata, le he amado
con tan ciega liviandad!
NUÑO
Un hombre oscuro...
LEONOR
Sí, sí,
nunca mereció mi amor.
NUÑO
Un soldado, un Trovador...
LEONOR
Yo nunca os aborrecí.
NUÑO
¿Qué quieres de mí, Leonor?
¿Por qué mi pasión enciendes,
que ya entibiándose va?
Di que engañarme pretendes,
dime de que de un Dios dependes,
y amarme no puedes ya.
LEONOR
¿Qué importa, conde? ¿No fui
mil y mil veces perjura?
¿Qué importa, si ya vendí
de un amante la ternura,
que a Dios olvide por ti?
NUÑO
¿Me lo juras?
LEONOR
Partiremos
lejos, lejos de Aragón,
y felices viviremos,
y siempre nos amaremos
con acendrada pasión.
NUÑO
¡Leonor... delicia inmortal!
LEONOR
Y tú en premio a mi ternura...
NUÑO
Cuanto quieras.
LEONOR
¡Oh ventura!
NUÑO
Corre, dile que el de Artal
su libertad le asegura;
pero que huya de Aragón;
que no vuelva, ¡lo has oído!
LEONOR
Sí, sí...
NUÑO
Dile que atrevido
no persista en su traición;
que tu amor ponga en olvido.
LEONOR
Sí... Lo diré... (¡Dios eterno!
tu nombre bendeciré.)
NUÑO
Mirad, que os observaré.
LEONOR
(Ya no me aterra el infierno,
pues que su vida salvé.)
FIN DE LA PRIMERA PARTE
Segunda parte
Calabozo oscuro con una ventana con reja, a la izquierda, y una puerta en el lado opuesto. Otra puerta grande al fondo. Al levantarse el telón, AZUCENA estará recostada en un escaño, y MANRIQUE sentado en el lado opuesto.
Escena I
MANRIQUE, AZUCENA.
MANRIQUE
¿No dormís? (Acercándose a AZUCENA.)
AZUCENA
¡No, hijo mío!
Quisiera; mas no puedo: de mis ojos
huye el sueño.
MANRIQUE
¡Tembláis!
AZUCENA
¿Qué?
MANRIQUE
¿Tenéis frío?
AZUCENA
No; pero di: ¿quién causa tus enojos?
¡Suspirabas! ¿Por qué? Si son tus penas
con ser tuyas no más, las penas mías;
¿por qué en silencio tu dolor refrenas
y esa angustia mortal no me confías?
¿No soy tu madre yo?
MANRIQUE
De este profundo
pesar, ya nada a libertarme alcanza.
AZUCENA
¡Espera!
MANRIQUE
Inútil es; no hay en el mundo
ya para mí consuelo ni esperanza.
AZUCENA
¡Te comprendo! Es verdad, ya no es posible
huir de aquí; mas si a matarme vienen,
tú me defenderás.
MANRIQUE
(¡Tormento horrible!)
AZUCENA
Es tu deber, Manrique; ¡eres mi hijo!
Tú consentir no puedes...
¡Mas ¡ay! que en vano y sin razón te aflijo!
Nunca hará tu valor, ya aprisionado
entre fuertes paredes,
que llegue el sol hasta mi cuerpo helado.
Y vendrán, no lo dudes:
¡me quitaran sin compasión la vida!
MANRIQUE
¡Mataros! ¿Y por qué?
AZUCENA
Ya ésta es mi suerte.
MANRIQUE
¡Por vengarse de mí! ¡Madre querida!
¡Y yo la causa soy de vuestra muerte!
AZUCENA
¡Calla! Ven... ¡Ruido siento!
MANRIQUE
¡No!... Nadie.
AZUCENA
¡Tiemblo toda!... ¡Oh! Si me amas,
¡mátame! ¡Líbrame de ese tormento
horrible de las llamas!
MANRIQUE
Mas, no tendrán valor...
AZUCENA
¿No lo tuvieron
cuando a mi pobre madre condenaron,
y arrastrando al cadalso la trajeron,
y sin piedad la vida le quitaron?
¡Debe de ser horrible ese suplicio!
¡Oh! ¡La hoguera! ¡La hoguera! A cada instante
viéndola estoy allí, siempre delante,
y me miro llevar, y en vano ruego,
y víctima arrastrada al sacrificio,
siento en mis carnes penetrar el fuego.
(Pausa.)
Siempre en mi corazón está presente
ese recuerdo del infausto día
en que sufrió la muerte, la inocente,
la tierna madre mía.
El traje desgarrado,
ocultas las facciones
bajo el largo cabello enmarañado,
al lugar del suplicio caminaba
entre la turba vil de los sayones.
Yo, postrada en el suelo,
mi rostro desgarraba
sangre y venganza demandando al cielo.
Escuché que mi madre me llamaba
y a abrazarla corrí; pero la fiera
impiedad, me atajó, de sus verdugos,
y fue arrojada en la fatal hoguera.
Aquel grito feroz, desesperado
que la arrancó el dolor, ¡ay!, todavía
aquí en mi corazón, está encerrado.
¡Cuánta su horrible intensidad sería!
MANRIQUE
¡Callad, por Dios! ¡Me atormentáis!
AZUCENA
¡Escucha!
Entonces, los verdugos implacables,
al ver su presa con la muerte en lucha,
su triunfo celebraban
y con risa feroz la contemplaban.
¿Sabes por qué? Flotaban sus cabellos;
las llamas, devorándola, subían
hasta cebarse en ellos...
¡Y de esto los verdugos se reían!
MANRIQUE
¿No podéis olvidar esas memorias?
Descansad un momento.
AZUCENA
¡No, imposible!
Si descansar pudiera...
¡Mas si en tanto me llevan a ese horrible
espantoso suplicio de la hoguera!
MANRIQUE
¡No, madre! No vendrán.
AZUCENA
¿Si me lo ofreces...?
MANRIQUE
Sí, podéis reposar.
AZUCENA
Me abate el sueño;
siento el cansancio que me postra a veces;
mas de esa imagen el airado ceño...
Y ¿por qué? ¡Sí, que vengan!
MANRIQUE
(¡Qué martirio!)
AZUCENA
Vendrán y quebrantando esos cerrojos,
la luz del sol contemplarán tus ojos.
¿Cómo puedo olvidarlo en mi delirio?
Este día feliz, será el postrero...
¿Pero se sabe aquí cuándo es de día?
¡No importa! A cualquier hora: sí, yo quiero
respirar. ¡Ay, me ahogo!
MANRIQUE
¡Madre mía!
AZUCENA
Saldremos, sí; no tiembles; en mi mano
están tu vida y libertad; las puertas
de esta cárcel tristísima, al liviano
impulso de mi voz, serán abiertas.
MANRIQUE
(¡Delira!)
AZUCENA
¿Por qué labra
tu abatimiento en mí? ¿Por qué no el gozo,
si una sola palabra
puede abrir nuestro oscuro calabozo?
MANRIQUE
Bien, bien: pero dormid.
AZUCENA
Si el conde llega,
tú me despertarás: ten esperanza.
(¡Ay! ¡Pobre madre, que su amor me ciega!
Perdona si renuncio a tu venganza.)
(Recostándose.)
MANRIQUE
¡Duerme, duerme, madre mía,
mientras yo te guardo el sueño,
y un hado más halagüeño
durmiendo, allá te sonría!
Al menos, ¡ay!, mientras dura
tu sueño, no acongojado
veré tu rostro bañado
con lágrimas de amargura.
Escena II
MANRIQUE, LEONOR, AZUCENA.
LEONOR
¡Manrique!
MANRIQUE
¡No es ilusión!
¿Eres tú?
LEONOR
Yo, sí... yo soy;
a tu lado al fin estoy,
para calmar tu aflicción.
MANRIQUE
Si tú sola mi delirio
puedes, hermosa, calmar;
ven, Leonor, a consolar
amorosa mi martirio.
LEONOR
No pierdas tiempo, por Dios.
MANRIQUE
Siéntate a mi lado, ven.
¿Debes tú morir también?
Muramos juntos los dos.
LEONOR
No, que en libertad estás.
MANRIQUE
¿En libertad?
LEONOR
Sí, ya el conde...
MANRIQUE
¿Don Nuño, Leonor? Responde,
responde... ¡Cielo! ¡Esto más!
¡Tú a implorar por mi perdón
del tirano a los pies fuiste!...
Quizá también le vendiste
mi amor y tu corazón.
No quiero la libertad
a tanta costa comprada.
LEONOR
Tu vida...
MANRIQUE
¿Qué importa? Nada...
quítamela, por piedad;
clava en mi pecho un puñal
antes que verte perjura,
llena de amor y ternura
en los brazos de un rival.
¡La vida! ¿Es algo la vida?
Un doble martirio, un yugo...
Llama, que venga el verdugo
con el hacha enrojecida.
LEONOR
¿Qué debí hacer? Si supieras
lo que he sufrido por ti
no me insultaras así,
y a más me compadecieras.
Pero, huye, vete, por Dios,
y bástete ya saber
que suya no puedo ser.
MANRIQUE
Pues bien, partamos los dos,
mi madre también vendrá.
LEONOR
Tú solamente.
MANRIQUE
No, no.
LEONOR
Pronto, vete.
MANRIQUE
¡Sólo yo!
LEONOR
Que nos observan quizá.
MANRIQUE
¿Qué importa? ¡Aquí moriré,
moriremos, madre mía!
Tú sola no fuiste impía
de un hijo tierno a la fe.
LEONOR
¡Manrique!
MANRIQUE
Ya no hay amor
en el mundo, no hay virtud.
LEONOR
¿Qué te dice mi inquietud?
MANRIQUE
Tarde conocí mi error...
LEONOR
¡Si vieras cuál se estremece
mi corazón! ¿Por qué, di,
obstinarte? Hazlo por mí,
por lo que tu amor padece
Sí, este momento quizá...
¿No ves cuál tiemblo? Quisiera
ocultarlo si pudiera;
pero no, no es tiempo ya.
Bien sé que voy tu aflicción
a aumentar; pero ya es hora
de que sepas cuál te adora
la que acusas sin razón.
Aborréceme, es mi suerte;
maldíceme si te agrada,
mas toca mi frente helada
con el hielo de la muerte.
Tócala, y si hay en tu seno
un resto de compasión,
alivia mi corazón,
que abrasa un voraz veneno.
MANRIQUE
Un veneno... ¿y es verdad?
Y yo ingrato la ofendí
cuando muriendo por mí...
un veneno...
LEONOR
Por piedad,
ven aquí por compasión
a consolar mi agonía.
¿No sabes que te quería
con todo mi corazón?
MANRIQUE
Me matas.
LEONOR
Manrique; aquí,
aquí me siento abrasar.
¡Ay!, ¡ay! Quisiera llorar,v
y no hay lágrimas en mí.
¡Ay juventud malograda
por tiranos perseguida!
¡Perder tan pronto una vida
para amarte consagrada!
(Se ve brillar un momento el resplandor de una luz en la ventana.)
Mira, Manrique, esa luz...
Vienen a buscarte ya;
¡no te apartes, ven acá,
por el que murió en la cruz!
MANRIQUE
Que vengan... ya entregaré
mi cuello sin resistir;
lo quiero, anhelo morir...
Muy pronto te seguiré.
LEONOR
¡Ay! acércate...
MANRIQUE
¡Amor mío!...
LEONOR
Me muero, me muero ya
sin remedio; ¿dónde está
tu mano?
MANRIQUE
¡Qué horrible frío!
LEONOR
Para siempre... ya...
MANRIQUE
¡Leonor!
LEONOR
¡Adiós!... ¡adi... ós!
(Expira. Momento de pausa.)
MANRIQUE
¡La he perdido!
¡Ese lúgubre gemido!...
es el último de amor.
Silencio, silencio; ya
viene el verdugo por mí...
Allí está el cadalso, allí,
y Leonor aquí está.
Corta es la distancia, vamos,
que ya el suplicio me espera.
(Tropieza con AZUCENA.)
¿Quién estaba aquí? ¿Quién era?
AZUCENA
(Entre sueños.)
¿Es hora de que partamos?
MANRIQUE
¿A morir? Dispuesto estoy...
Mas no, esperad un instante;
a contemplar su semblante,
a adorarla otra vez voy.
Aquí está... dadme el laúd;
en trova triste y llorosa,
en endecha lastimosa
os cantaré su virtud.
Una corona de flores
dadme también; en su frente
será aureola luciente,
será diadema de amores.
Dadme, veréisla brillar
en su frente hermosa y pura;
mas llorad su desventura
como a mí me veis llorar.
¡Qué funesto resplandor!
¿Tan pronto vienen por mí?
El verdugo es aquél... sí;
tiene el rostro de traidor.
Escena III
Dichos. DON NUÑO, DON LOPE. Soldados con luces.
NUÑO
¿Leonor?
MANRIQUE
¿Quién la llama? ¿Por qué vienen
a apartarla de mí? La desdichada
ya a nadie puede amar. Si yo pudiera
ocultarla a sus ojos.
(La cubre con su ferreruelo, que tendrá al lado.)
NUÑO
¿Leonor?
MANRIQUE
Calla...
No turbes el silencio de la muerte.
NUÑO
¿Dónde está Leonor?
MANRIQUE
¿Dónde? Aquí estaba.
¿Venís a arrebatármela en la tumba?
NUÑO
¿Ha muerto?
MANRIQUE
Sí... ya ha muerto.
(Descubriendo el rostro pálido de LEONOR.)
NUÑO
¡Me engañaba!
MANRIQUE
Ya no palpita el corazón; sus ojos
ha cerrado la muerte despiadada.
Apartad esas luces; mi amargura
piadosos respetad... no me acordaba...
(A DON NUÑO.)
Sí, ¡tú eres el verdugo! Acaso buscas
una víctima... ven... ya preparada
para la muerte está.
NUÑO
Llevadle al punto,
llevadle, digo, y su cabeza caiga.
(Varios soldados rodean a MANRIQUE.)
MANRIQUE
Muy pronto, sí...
NUÑO
Marchad...
MANRIQUE
(Reparando en AZUCENA.)
¡Qué miro! Vamos...
No le digas, por Dios, a la cuitada
que va su hijo a morir... ¡Madre infelice!
Hasta la tumba... Adiós... (Al salir.)
Escena IV
Los mismos menos MANRIQUE.
AZUCENA
(Incorporándose.)
¿Quién me llamaba?
Él era, él era; ¡ingrato! Se ha marchado
sin llevarme también.
NUÑO
¡Desventurada!
Conoce al fin tu suerte.
AZUCENA
¡El hijo mío!
NUÑO
Ven a verle morir.
AZUCENA
¿Qué dices? ¡Calla!
¡Morir! ¡morir!... No, madre, ya no puedo;
perdóname, le quiero con el alma.
Esperad, esperad...
NUÑO
Llevadla.
AZUCENA
¡Conde!
NUÑO
Que le mire expirar.
AZUCENA
Una palabra,
un secreto terrible; haz que suspendan
el suplicio un momento.
NUÑO
No, llevadla.
(La toma por una mano y la arrastra hacia la ventana.)
Ven, mujer infernal... goza en tu triunfo.
Mira el verdugo, y en su mano el hacha
que va pronto a caer...
(Se oye un golpe que figura ser el de la cuchillada.)
AZUCENA
¡Ay! ¡esa sangre!
NUÑO
Alumbrad a la víctima, alumbradla.
AZUCENA
¡Sí, sí... luces... él es... tu hermano, imbécil!
NUÑO
¡Mi hermano, maldición!...
(La arroja al suelo, empujándola con furor.)
AZUCENA
(Con amargura.)
Ya estás vengada.
FIN DEL DRAMA
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