Rosalia [Indice]
[Edad Media] [Renacimiento] [Barroco] [Siglo XVIII]
[Siglo XIX] [Siglo XX (1)] [Siglo XX (2)] [Hispanoamericana] [Diccionarios]
[Comentarios] [Libros] [Juegos] [Comics] [Recursos ]
[Español para extranjeros] [Cajón de sastre] [Enlaces] [Música] [Cine]
[Tablón] [ Cantautores] [Romanticismo] [Modernismo] [Realismo]



CANTARES GALLEGOS


NEGRA


         Cando penso que te fuches,
         negra sombra que me asombras,
         dos meus cabezales
         tornas facéndome mofa.

         Cando maxino que es ida,
         no mesmo sol te me amostras,
         i eres a estrela que brila,
         i eres o vento que zoa.

         Si cantan, es ti que cantas,
         si choran, es ti que choras,
         i es o marmurio do río
         i es a noite i es a aurora.
         En todo estás e ti es todo,
         pra min i en min mesma moras,
         nin me abandonarás nunca,
         sombra que sempre me asombras.

SOMBRA


         Cuando pienso que te fuiste,
         negra sombra que me asombras,
         a los pies de mis cabezales,
         tornas haciéndome mofa.

         Cuando imagino que te has ido,
         en el mismo sol te me muestras,
         y eres la estrella que brilla,
         y eres el viento que zumba.

         Si cantan, eres tú que cantas,
         si lloran, eres tú que lloras,
         y eres el murmullo del río
         y eres la noche y eres la aurora.

         En todo estás y tú eres todo,
         para mí y en m misma moras,
         ni me abandonarás nunca,
         sombra que siempre me asombras.





























Campanas de Bastabales

Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.

I
Cando vos oio tocar,
campaniñas, campaniñas,
sin querer torno a chorar.
Cando de lonxe vos oio
penso que por min chamades
e das entrañas me doio.
Dóiome de dór ferida,
que antes tiña vida enteira
e hoxe teño media vida.
só media me deixaron
os que de aló me trouxeron,
os que de aló me roubaron.
Non me roubaron, traidores,
¡ai!, uns amores toliños,
¡ai!, uns toliños amores.
Que os amores xa fuxiron,
as soidades viñeron...
de pena me consumiron.

II
Aló pola mañanciña
subo enriba dos outeiros
lixeiriña, lixeiriña.
Como unha craba lixeira,
para oir das campaniñas
a batalada primeira.
A primeira da alborada
que me traen os airiños
por me ver máis consolada.
Por me ver menos chorosa,
nas suas alas ma traen
rebuldeira e queixumbrosa.
Queixumbrosa e retembrando
por antre verde espesura,
por antre verde arborado.
E pola verde pradeira,
por riba da veiga llana,
rebuldeira e rebuldeira.

III
Paseniño, paseniño
vou pola tarde calada
de Bastabales camiño.
Camiño do meu contento;
i en tanto o sol non se esconde
nunha pedriña me sento.
E sentada estou mirando
como a lua vai saíndo,
como o sol se vai deitando.
Cal se deita, cal se esconde
mentras tanto corre a lua
sin saberse para donde.
Para donde vai tan soia
sin que aos tristes que a miramos
nin nos fale nin nos oia.
Que si oira e nos falara,
moitas cousas lle dixera,
moitas cousas lle contara.

IV
Cada estrela, o seu diamante;
cada nube, branca pruma;
triste a lúa marcha diante.
Diante marcha crarexando
veigas, prados, montes, ríos,
onde o día vai faltando.
Falta o día e noite escura
baixa, baixa, pouco a pouco,
por montañas de verdura.
De verdor e de follaxe,
salpicada de fontiñas
baixo a sombra do ramaxe.
Do ramaxe donde cantan
paxariños piadores,
que ca aurora se levantan.
Que ca noite se adormecen
para que canten os grilos
que cas sombras aparecen.

V
Corre o vento, o río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camiño da miña casa.
Miña casa, meu abrigo,
vanse todos, eu me quedo
sin compaña nin amigo.
Eu me quedo contemprando
as laradas das casiñas
por quen vivo sospirando.
..............................
Ven a noite..., morre o día,
as campanas tocan lonxe
o tocar do Ave María.
Elas tocan pra que rece;
eu non rezo que os saloucos
afogándome parece
que por mín tén que rezar.
Campanas de bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.


Cantares gallegos(1863)

Campanas de Bastabales,
cuando os oigo tocar,
me muero de añoranzas.

I
Cuando os oigo tocar,
campanitas, campanitas,
sin querer vuelvo a llorar.
Cuando de lejos os oigo
pienso que por mí llamáis
y de las entrañas me duelo.
Me duelo de dolor herida,
que antes tenía vida entera
y hoy tengo media vida.
Sólo media me dejaron
los que de allá me trajeron,
los que de allá me robaron.
No me robaron, traidores,
¡ay!, unos amores locos,
¡ay!, unos locos amores.
Que los amores ya huyeron,
las soledades vinieron...
de pena me consumieron.

II
Allá por la mañanita
subo sobre los oteros
ligerita, ligerita.
Como una cabra ligera
para oir de las campanas
la campanada primera.
La primera de la alborada
que me traen los aires
por verme más consolada.
Por verme menos llorosa,
en sus alas me la traen
retozona y quejumbrosa.
Quejumbrosa y temblando
entre la verde espesura,
entre la verde arboleda.
Y por la verde pradera,
sobre la vega llana,
juguetona y juguetona.

III
Despacito, despacito
voy por la tarde callada
de Bastabales camino.
Camino de mi contento;
y en tanto el sol no se esconde
en una piedrita me siento.
y sentada estoy mirando
como la luna va saliendo,
como el sol se va poniendo.
Cual se acuesta, cual se esconde
mientras tanto corre la luna
sin saberse para dónde.
Para dónde va tan sola
sin que a los tristes que la miramos
ni nos hable ni nos oiga
Que si oyera y nos hablara
muchas cosas le dijera,
muchas cosas le contara.

IV
Cada estrella, su diamante;
cada nube, blanca pluma;
triste la luna marcha delante.
Delante marcha clareando
vegas, prados, montes ríos,
donde el día va faltando
Falta el día y noche oscura
baja, baja, poco a poco,
por montañas de verdor.
De verdor y de follaje,
salpicada de fuentecillas
bajo la sombra del ramaje.
Del ramaje donde cantan
pajarillos piadores,
que con la aurora se levantan.
Que con la noche se adormecen
para que canten los grillos
que con las sombras aparecen.

V
Corre el viento, el río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camino de mi casa.
Mi casa, mi abrigo,
se van todos, yo me quedo
sin compañía ni amigo.
Yo me quedo contemplando
las llamas del hogar en las casitas
por las que vivo suspirando.
................................
Viene la noche..., muere el día,
las campanas tocan lejos
las notas del Ave María.
Ellas tocan para que rece;
yo no rezo que los sollozos
ahogándome parece
que por mi tienen que rezar.
Campanas de Bastabales
cando vos oio tocar,
me muero de añoranzas.






Follas novas - Aunque Rosalía de Castro escribe el Prólogo de Follas novas el 30 de marzo de 1880 cabe suponer que los poemas que contiene el libro fueron escritos entre 1870 y 1871, según confirma la propia autora en el Prólogo. Hay dos direcciones en Follas novas una es la poesía intimista y por otro lado el sentido social de su poesía. Todo gira en torno a la adversidad y el dolor. tanto de la autora como de los demás, de los otros. Véanse diversos ejemplos en la antología.

De aquellas que cantan a las palomas y a las flores.

De aquellas que cantan a las palomas y a las flores
todos dicen que tienen alma de mujer;
pues yo que no las canto, Virgen de la Paloma,
¡Ay!, ¿de qué la tendré?



Daquelas que cantan ás pombas i ás frores
todos din que teñen alma de muller;
pois eu que non as canto, Virxe da Paloma,
¡Ai!, ¿de qué a teréi?





Sobre un cuadro de Dalí: "Les montres molles".
Bien sé que no hay nada


Bien sé que no hay nada
nuevo debajo del cielo,
que antes otros pensaron
las cosas que ahora yo pienso.
Y bien, ¿para qué escribo?
Y bien, porque así somos,
relojes que repetimos
eternamente lo mismo.



Ben sei que non hai nada
novo embaixo do ceo,
que antes outros pensaron
as cousas que hora eu penso.
E ben, ¿para qué escribo?
E ben, porque así semos,
relox que repetimos
eternamente o mesmo.








Tal como las nubes


Tal como las nubes
que lleva el viento,
y ahora ensombrecen, y ahora alegran
los espacios inmensos del cielo,
así las ideas
locas que yo tengo,
las imágenes de múltiples formas
de extrañas hechuras, de colores inciertos,
ahora ensombrecen,
ahora aclaran,
el fondo sin fondo de mi pensamiento.



Tal coma as nubes
que leva o vento,
i agora asombran, i agora alegran
os espacios inmensos do ceo,
así as ideas
loucas que eu teño,
as imaxes de múltiples formas
de estranas feituras, de cores incertos,
agora asombran,
agora acraran,
o fondo sin fondo do meu pensamento.











Diréis de estos versos, y es verdad,


Diréis de estos versos, y es verdad,
que tienen extraña insólita armonía,
que en ellos las ideas brillan pálidas
cual chispas errantes
que estallan por instantes
que desparecen en seguida,
que semejan la hojarasca incierta
que se agita al fondo de los huertos,
y al susurro monótono de los pinos
de la orillamar bravía.
Os diré tan sólo que mis cantares
salen así confusos del alma mía,
como sale de los profundos robledales,
al comenzar del día,
rumor que no se sabe
si es retozar de las brisas,
si son besos de las flores,
si agrestes, misteriosas armonías
que en este mundo triste
el camino del cielo buscan perdidas.



Diredes de estes versos, i é verdade,
que tén estrana insólita armonía,
que neles as ideas brilan pálidas
cal errantes muxicas
que estalan por istantes
que desaparecen xiña,
que se asomellan á parruma incerta
que voltexa no fondo das curtiñas,
i ao susurro monótono dos pinos
da beiramar bravía.
Diréivos tan só que os meus cantares
así sán en confuso da alma miña,
como sai das profundas carballeiras,
ó comenzar do día,
romor que que non se sabe
si é rebuldar das brisas,
si son beixos das frores,
si agrestes, misteriosas armonías
que neste mundo triste
o camiño do ceo buscan perdidas.


¡Hojas nuevas!, me da risa.


¡Hojas nuevas!, me da risa
ese nombre que lleváis
cual si a una negra bien negra
blanca le oyese llamar.
No Hojas nuevas, ramillete
de aliagas y zarzas sois,
yertas como mis penas,
fieras como mi dolor.
Sin olor ni lozanía,
bravas dañáis y herís...
¡Si en la gándara brotáis,
cómo no vais a ser así!



                  ¡Follas novas!, risa dame
                  ese nome que levás
                  cal si a unha moura ben moura
                  branca lle oíse chamar.
                  Non Follas novas, ramallo
                  de silvas e toxos sós,
                  hirtas coma as miñas penas,
                  feras, coma a miña dor.
                  Sin olido nin frescura,
                  bravas magoás e ferís...
                  ¡Si na gándara brotades,
                  cómo non serés así!



Edición en gallego de "Follas novas".
Algunos dicen ¡mi tierra!.

Algunos dicen ¡mi tierra!
dicen otros ¡mi cariño!
y este, ¡mis recuerdos!
y aquel, ¡mis amigos!
Todos suspiran, todos,
por algún bien perdido.
Yo sólo no digo nada,
yo sólo nunca suspiro,
que mi cuerpo de tierra
y mi cansado espíritu,
donde quiera que yo vaya
...............va conmigo


Algúns din ¡miña terra!
din outros ¡meu cariño!
i este, ¡miñas lembranzas!
i aquel, ¡ou meus amigos!
Todos sospiran, todos,
por algún ben perdido.
Eu só non digo nada,
eu só nunca sospiro,
que o meu corpo de terra
i o meu cansado esprito,
adondequer que eu vaia
...............vai comigo.


¿Qué pasa a mi alrededor?


¿Qué pasa a mi alrededor?
¿Qué me pasa que yo no sé?
Tengo miedo de una cosa
que vive y que no se ve.
Tengo miedo a la desgracia traidora
que viene, y que nunca se sabe dónde viene.



¿Qué pasa ó redor de min?
¿Qué me pasa que eu non sei?
Teño medo dunha cousa
que vive e que non se ve.
Teño medo á desgracia traidora
que ven, e que nunca se sabe ónde ven.


Adiós

Adiós

¡Adiós!, montes y prados, iglesias y campanas
¡Adiós!, Sar y Sarela, cubiertos de enramada
¡Adiós!, Vidán alegre, molinos y hondonadas
Conxo, el del claustro triste y las soledades plácidas
San Lorenzo, el escondido, cual un nido entre las ramas
Belvís, para mí siempre el de los profundos recuerdos
Santo Domingo, donde cuanto quise descansa
vidas de mi vida, pedazos de mis entrañas.
Y vosotras también, sombrías paredes solitarias
que me visteis llorar sola y desventurada.
¡Adiós!, sombras queridas; ¡Adiós!, sombras odiadas;
otra vez los vaivenes de la fortuna
para lejos me arrastran.
Cuando vuelva, si vuelvo, todo estará donde estaba;
los mismos montes negros y las mismas alboradas,
del Sar y del Sarela, mirándose en las aguas;
los mismos verdes campos, las mismas torres pardas
de la catedral severa, mirando las lontananzas;
pero los que ahora dejo, tal como la fuente mansa, o en el verdor de la vida, sin tempestades ni lágrimas,
¡cuánto, cuando yo vuelva, víctimas de la mudanza,
habrá de prisa avanzado en la senda de la desgracia!
Y yo..., pero yo ¡nada temo en el mundo
que ya la muerte me tarda!


Adiós

¡Adiós!, montes e prados, igrexas e campanas,
¡adiós!, Sar e Sarela, cubertos de enramada,
¡adiós!, Vidán alegre, muiños e hondanadas,
Conxo, o do craustro triste i as soedades prácidas,
San Lourenzo, o escondido, cal un niño antre as ramas,
Belvís, para min sempre o das fondas lembranzas,
Santo Domingo, en onde canto eu quixen descansa,
vidas da miña vida, anacos das entrañas.
E vós tamén, sombrisas paredes solitarias
que me viches chorare soia e desventurada.
¡Adiós!, sombras queridas; ¡Adiós!, sombras odiadas;
outra vez os vaivéns da fertuna
para lonxe me arrastran.
Cando volver, se volvo, todo estará onde estaba;
os mesmos montes negros i as mesmas alboradas,
do Sar e do Sarela, mirándose nas auguas;
os mesmos verdes campos, e as mesmas torres pardas,
da catedral severa, ollando as lontananzas;
mais os que agora deixo, tal coma a fonte mansa,
ou no verdor da vida, sin tempestás nin bágoas,
¡c´nto, cando eu tornare, vítimas da mudanza,
terán depresa andando na senda da disgracia!
i eu... mais eu, ¡nada temo no mundo,
que a morte me tarda!

Follas novas (1880)


A través del follaje perenne


A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...
pues no sé decir ya si le quiero,
que en el rudo vaivén que sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi pecho.










Fotografía de Xaquin Lorenzo: "Vaso con flores".
¡Otra vez! Tras la lucha que rinde


¡Otra vez! Tras la lucha que rinde
y la incertidumbre amarga
del viajero que errante no sabe
dónde dormirá mañana,
en sus lares primitivos
halla un breve descanso mi alma.
Algo tiene este blando reposo
de sombrío y de halagüeño,
cual lo tiene en la noche callada
de un ser amado el recuerdo,
que de negras traiciones y dichas
inmensas, nos habla a un tiempo.
Ya no lloro..., y no obstante, agobiado
y afligido mi espíritu, apenas
de su cárcel estrecha y sombría
osa dejar las tinieblas
para bañarse en las ondas
de luz que el espacio llenan.
Cual si en suelo extranjero me hallase
tímida y hosca, contemplo
desde lejos los bosques y alturas
y los floridos senderos,
donde en cada rincón me aguardaba
la esperanza sonriendo.











Oigo el toque sonoro que entonces


Oigo el toque sonoro que entonces
a mi lecho a llamarme venía
con sus ecos, que el alba anunciaba;
mientras cual dulce caricia
un rayo de sol dorado
alumbraba mi estancia tranquila.
Puro el aire, la luz sonrosada,
¡qué despertar tan dichoso!
Yo veía entre nubes de incienso
visiones con alas de oro
que llevaban la venda celeste
de la fe sobre sus ojos...
Ese sol es el mismo, mas ellas
no acuden a mi conjuro;
y a través del espacio y las nubes,
y del agua en los limbos confusos,
y del aire en la azul transparencia,
¡ay!, ya en vano las llamo y las busco.
Blanca y desierta la vía
entre los frondosos setos
y los bosques y arroyos que bordan
sus orillas, con grato misterio
atraerme parece y brindarme
a que siga su linea sin término.
Bajemos, pues, que el camino
antiguo nos saldrá al paso,
aunque triste, escabroso y desierto,
y cual nosotros cambiado,
lleno aún de las blancas fantasmas
que en otro tiempo adoramos.













Tras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota,


Tras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota,
caigo en la senda amiga, donde una fuente brota
siempre serena y pura;
y con mirada incierta, busco por la llanura
no sé qué sombra vana o qué esperanza muerta,
no sé qué flor tardía de virginal frescura
que no crece en la vía arenosa y desierta.
De la oscura Trabanca tras la espesa arboleda,
gallardamente arranca al pie de la vereda
La Torre y sus contornos cubiertos de follaje,
prestando a la mirada descanso en su ramaje
cuando de la ancha vega, por vivo sol bañada,
que las pupilas ciegas,
atraviesa el espacio, gozosa y deslumbrada.
Como un eco perdido, como un amigo acento
que suena cariñoso,
el familiar chirrido del carro perezoso
corre en las alas del viento, y llega hasta mi oído
cual en aquellos días hermosos y brillantes
en que las ansias mías eran quejas amantes,
eran dorados sueños y santas alegrías.
Ruge la Presa lejos..., y de las aves nido
Fondons cerca descansa;
la cándida abubilla bebe en el agua mansa,
donde un tiempo he creído de la esperanza hermosa
beber el néctar sano, y hoy bebiera anhelosa
las aguas del olvido, que es de la muerte hermano;
donde de los vencejos que vuelan en la altura
la sombra se refleja,
y en cuya linfa pura, blanco el nenúfar brilla
por entre la verdura de la frondosa orilla.














¡Cuán hermosa es tu vega! ¡Oh, Padrón!!


¡Cuán hermosa es tu vega! ¡Oh, Padrón! ¡Oh, Iria Flavia!
Mas el calor, la vida juvenil y la savia
que extraje de tu seno,
como el sediento niño el dulce jugo extrae
del pecho blanco y lleno,
de mi existencia obscura en el torrente amargo
pasaron, cual barridas por la inconstancia ciega,
una visión de armiño, una ilusión querida,
un suspiro de amor.
De tus suaves rumores la acorde consonancia,
ya para el alma yerta, tornóse bronca y dura
a impulsos del dolor;
secáronse tus flores de virginal fragancia,
perdió su azul tu cielo, el campo su frescura,
el alba su candor.
La nieve de los años, de la tristeza el hielo
constante, al alma niegan toda ilusión amada,
todo dulce consuelo.
Sólo los desengaños preñados de temores
y de la duda el frío,
avivan los dolores que siente el pecho mío;
y ahondando mi herida,
destierran del cielo, donde las fuentes brotan
eternas de la vida.
todo dulce consuelo.
Sólo los desengaños preñados de temores
y de la duda el frío,
avivan los dolores que siente el pecho mío;
y ahondando mi herida,
destierran del cielo, donde las fuentes brotan
eternas de la vida.





¡Oh, tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella


¡Oh, tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella
viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella,
del Sar cabe la orilla,
al acabarme, siento la sed devoradora
y jamás apagada que ahoga el sentimiento,
y el hambre de justicia, que abate y anonada
cuando nuestros clamores los arrebata el viento
de tempestad airada.
Ya en vano el tibio rayo de la naciente aurora
tras del Miranda altivo,
valles y cumbres dora con su esplendor vivo;
en vano llega mayo de sol y aromas lleno,
con su frente de niño de rosas coronada,
y con su luz serena:
en mi pecho ve juntos el odio y el cariño,
mezcla de gloria y pena,
mi sien por la corona del mártir agobiada
y para siempre frío y agotado mi seno.



Ya que de la esperanza para la vida mía


Ya que de la esperanza para la vida mía
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada obscura, desmantelada y fría
.............tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
.............la blanca luz del día.
Contenta el negro nido busca el ave agorera,
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,
.............y mi alma en su desierto.







Los unos altísimos,


Los unos altísimos,
los otros menores,
con su eterno verdor y frescura,
que inspira a las almas
agrestes canciones,
mientras gime al chocar con las aguas
la brisa marina, de aromas salobres,
van en ondas subiendo hacia el cielo
los pinos del monte.
De la altura la bruma desciende
y envuelve las copas
perfumadas, sonoras y altivas
de aquellos gigantes
que el Castro coronan;
brilla en tanto a sus pies el arroyo
que alumbra risueña
la luz de la aurora,
y los cuervos sacuden sus alas,
lanzando graznidos
y huyendo la sombra.
El viajero, rendido y cansado,
que ve del camino la linea escabrosa
que aún le resta que andar, anhelara,
deteniéndose al pie de la loma,
de repente quedar convertido
en pájaro o fuente,
en árbol o en roca.


Era apacible el día


Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!
Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
ue no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
-Mas... es verdad- ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.
Una luciernaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.



Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, absimado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!
¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.
Sigue tocando a muerto -y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.
Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.
Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.
De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»






Fotografía de Xaquin Lorenzo: "Bodegón".
Dicen que no hablan las plantas,


Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
- Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
- Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?






Adivínase el dulce y perfumado


Adivínase el dulce y perfumado
calor primaveral;
los gérmenes se agitan en la tierra
con inquietud en su amoroso afán,
y cruzan por los aires, silenciosos,
átomos que se besan al pasar.
Hierve la sangre juvenil, se exalta
lleno de aliento el corazón, y audaz
el loco pensamiento sueña y cree
que el hombre es, cual los dioses, inmortal.
No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.
¡Pero qué aprisa en este mundo triste
todas las cosas van!
¡Que las domina el vértigo creyérase!
La que ayer fue capullo, es rosa ya,
y pronto agostará rosas y plantas
el calor estival.




     Lagos, cascadas, torrentes, veigas froridas, valles, montañas, ceos azues e serenos como os de Italia, horizontes nubrados e melancónicos anque sempre hermosos como os tan alabados da Suiza, ribeiras apacibres e sereniñas, cabos tempestuosos que aterran e adimiran pola súa xigantesca e xorda cólera.... mares imensos... ¿Que direi mais? Non hai pruma que poida enumerar tanto encanto reunido. A terra cuberta en tódalas estacións de herbiñas e de frores, os montes cheios de pinos, de robres e salgueiros, os lixeiros ventos que pasan, as fontes i os torrentes derramándose fervedores e cristaíños, vran e inverno, xa polos risoños campos xa en profundas e sombrisas hondanadas... Galicia é sempre un xardín donde se respiran aromas puros, frescura e poesía... E a pesar desto chega a tanto a fatuidade dos iñorantes, a tanto a indina preocupación que contra a nosa terra esiste, que inda os mesmos que poideron contemprar tanta hermosura (xa non falamos dos que se bulran de nós sin que xamais nos haian visto nin aínda de lonxe, que son os máis), inda os que penetraron en Galicia e gozaron das delicias que ofrece, atrevéronse a decir que Galicia era... ¡¡un cortello inmundo!!... ¡I estos eran quisais fillos... daquelas terras abrasadas de onde hastra os paxariños foxen!... ¿Que diremos a esto? Nada máis sinón que taes fatuidades respecto do noso país teñen algunha comparanza cas dos franceses ó falar das súas eternas vitorias ganadas ós españoles. España nunca, nunca os venceu; polo contrario, sempre saleu vencida, derrotada, homillada; e o máis triste desto é que «val» antre eles tan infame mentira, así como «val» pra a seca Castilla, pra a deserta Mancha e pra tódalas demais provincias de España -ningunha comparada en verdadeira belleza de paisaxe coa nosa- que Galicia é o rincón máis despreciable da terra. Ben din que todo neste mundo está compensado, e ven así a sofrir España dunha nación veciña que sempre a ofendeu, a misma inxusticia que ela, inda máis culpabre, comete cunha provincia homillada de quen nunca se acorda, como non sea pra homillala inda máis. Moito sinto as inxusticias con que nos favorecen os franceses, pro neste momento casi lles estou agradecida, pois que me proporcionan un medio de facerlle máis palpabre a España a inxusticia que ela á súa vez conosco comete.
     Foi este o móvil principal que me impeleu a pubricar este libro que, máis que nadie, conozo que necesita a indulxencia de todos. Sin gramática nin regras de ningunha clas, o lector topará moitas veces faltas de ortografía, xiros que disoarán os oídos dun purista; pro ó menos, e pra disculpar en algo estes defectos, puxen o maior coidado en reprodusir o verdadeiro esprito do noso pobo, e penso que o conseguín en algo... si ben dunha maneira débil e froxa. ¡Queira o ceo que outro máis afertunado que eu poida describir cos seus cores verdadeiros os cuadros encantadores que por aquí se atopan, inda no rincón máis escondido e olvidado, pra que así, ó menos en fama xa que non en proveito, gane e se vexa co respeto e adimiración merecidas esta infortunada Galicia!

Prólogo a CANTARES GALLEGOS
Candente está la atmósfera;


Candente está la atmósfera;
explora el zorro la desierta vía;
insalubre se torna
del limpio arroyo el agua cristalina,
y el pino aguarda inmóvil
los besos inconstantes de la brisa.

Imponente silencio
agobia la campiña;
sólo el zumbido del insecto se oye
en las extensas y húmedas umbrías,
monótono y constante
como el sordo estertor de la agonía.

Bien pudiera llamarse, en el estío,
la hora del mediodía,
noche en que al hombre, de luchar cansado,
más que nunca le irritan
de la materia la imponente fuerza
y del alma las ansias infinitas.

Volved, ¡oh, noches del invierno frío,
nuestras viejas amantes de otros días!
Tornad con vuestros hielos y crudezas
a refrescar la sangre enardecida
por el estío insoportable y triste...
¡Triste... lleno de pámpanos y espigas!

Frío y calor, otoño o primavera,
¿dónde..., dónde se encuentra la alegría?
Hermosas son las estaciones todas
para el mortal que en sí guarda la dicha;
mas para el alma desolada y huérfana
no hay estación risueña ni propicia.





Del rumor cadencioso de la onda




Fuente de porcelana (Sargadelos). Real Fábrica de Sargadelos, años 1850-1862.





Un manso río, una vereda estrecha,




Casa Museo de Rosalía de Castro- Iria Flavia.







Moría el sol, y las marchitas hojas


Moría el sol, y las marchitas hojas
de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros
sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.
Ya era el otoño caprichoso y bello.
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.
Extinguióse la luz: llegó la noche
como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

En las orillas del Sar (1884)






dibujo de musas
Hecho con / Made with Mac