• "El alma tenías"  
  • "Acuarela"  
  • "Underwood girls"  
  • "Don de la materia"
  • "Vocación"
  • "Cuartilla"
  • "La forma de querer tú"  
  • "¿Porqué tienes nombre tú,"  
  • "Mis ojos ven en el árbol"  
  • "Si tú no tuvieras nombre"  
  • "Qué alegría, vivir" (Comtexto)
  • "Cuando tú me elegiste"
  • "Para vivir no quiero"
  • "El Contemplado"  
  • "El defensor - Ars legendi"
  • "Educar para leer y leer para educar"





  • El alma tenías

    El alma tenías
    tan clara y abierta,
    que yo nunca pude
    entrarme en tu alma.
    Busqué los atajos
    angostos, los pasos
    altos y difíciles....
    A tu alma se iba
    por caminos anchos.
    Preparé alta escala
    - soñaba altos muros
    guardándote el alma -
    pero el alma tuya
    estaba sin guarda
    de tapial ni cerca.
    Te busqué la puerta
    estrecha del alma,
    pero no tenía,
    de franca que era,
    entradas tu alma.
    ¿En dónde empezaba?
    ¿Acababa, en dónde?
    Me quedé por siempre
    sentado en las vagas
    lindes de tu alma.

    Presagios (1923)







    Primera edición de La voz a tí debida







    Impression: soleil levant de Claude Monet (fragmento).
    Acuarela

    Con el cielo gris
    la copla
    triste de Sevilla
    se afina, se afina.
    En agua sin sol
    sombras de naranjos
    entierran azahares.
    Arriba,
    en las altas miras
    esperan las niñas
    los barcos de oro.
    Abajo
    aguardan los mozos
    que se abran cancelas
    a patios sin fondo.
    Sin rubor se quedan,
    pálidas, las torres.
    Desde las orillas
    las desesperadas
    luces suicidas
    al río se lanzan.
    Cadáveres lentos
    rosa, verde, azul
    azul, verde, rosa
    se los lleva el agua.

    Seguro azar (1929)



        La poesía como juego

    El primer libro de Pedro Salinas, Presagios, aparece en 1923. Como el Cántico de Guillén, no parece en realidad un libro primero; quiero decir que tras de ambos volúmenes es lógico suponer una serie de composiciones que sus autores destruyeron - o que al menos dejaron inéditas. La edad de Salinas (32 años) y la de Guillén (35 años) al publicar sus primeros volúmenes nos autoriza a pensarIo así, como también la voz poética, mas bien madura que juvenil. Cierto que Presagios, a diferencia de lo que ocurre en Cántico desde su primera edición, ofrece poemas de tono diferente, que acaso pudiéramos reducir a tres grupos: 1.°) poemas de tono prosaico y realista? como "Un viejo chulo la dijo"; 2.°) poemas de cierta riqueza expresiva, un tanto gongorina? como "Agua en la noche, serpiente indecisa", y 3.°) poemas de tono intelectual e ingenioso, como "Cuanto rato te he mirado". Este último será el tono de preferencia que adopte Salinas en sus libros ulteriores, aunque la emoción, que al principio era perceptible en él, vaya soterrándose poco a poco.
    Si en ese libro primero Salinas parecía mas bien un poeta sencillo y directo, en ocasiones deliberadamente prosaico, en los siguientes se desvía de lo que tal vez era su camino verdadero, acaso por influencia de Guillén (Salinas fue el admirador mas incondicional que tuvo la poesía de Guillén), para convertirse en un poeta ingenioso de tendencias cosmopolitas, llegando, si no a desconocer enteramente la naturaleza poética propia, casi hasta malograrla. El ingenio, que Salinas pudo creer justificado en poesía gracias a Góngora, sera constante en sus libros, desde los títulos (Seguro azar, Fabula y signo) y los temas hasta el tratamiento expresivo de éstos. Como ejemplo recuérdese una composición de Seguro azar (1929) titulada "Far West": el viento que agita el pelo de Mabel la caballista lo esta viendo el poeta en la pantalla cinematográfica, pero no sopla ahí, sino allá, al otro lado del mar,
    en una tarde distante;
    no es el viento: es el retrato
    de un viento que se murió.
    El análisis de dicho juego ingenioso puede repetirse en la mayoría de los poemas de Salinas, los que de preferencia parecen atender, antes que a captar una realidad poética culta, al juego susodicho; o mejor: en el juego susodicho diríamos que consiste para Salinas la creación poética.
    Esa predilección se relaciona con la actitud que ya hemos recordado como frecuente entre los poetas españoles de la generación de 1925, al menos en sus comienzos: la de tomar el arte por juego. Y aunque Salinas, ni por su edad, ni por su posición en la vida, era de los mas indicados para adoptarla, sin embargo la adoptó. Que llegó muy adentro del animo del poeta podemos comprobarlo en otro aspecto que se relaciona con la creencia de que el arte es un juego: la "modernidad", la "novedad", de la materia poética y de los accesorios que emplea en sus versos: ascensores, teléfonos, trasatlánticos, aviones, cinematógrafo, deportes, etc.



    Luis Cernuda, Poesía española contemporánea...págs 170...



    Máquina de escribir "Underwood".

    Salinas y la ciencia

    Si la poesía de Guillén esta sometida al rigor de la estrofa y es poesía discontinua en figuras, nada mas irreducible a estrofas que el fluir poético-poemático de Pedro Salinas. Un fluir en el que la misma corriente poética se ha convertido en forma poemática, y una forma, por lo tanto, del hacer y en el hacer mismo. Para designar a esta peculiaridad ultima de la palabra de Salinas, Gracia Lorca invento un término - a mi juicio, acertado - y decía que sus poesías eran mas bien prosías. De acuerdo con esta ingeniosa apreciación lorquiana, no se trataría, precisamente, de prosa rítmica, sino de todo lo contrario: un ritmo prosificado a través de su generosa ampliación discursiva. Por otra parte, con el término prosías no se alude a ningún prosaísmo de contenido, sino a la constitución formal del poema en si mismo. Una vez hechas estas precisiones, podemos añadir que, en sus primeros libros - sobre todo en Seguro azar y Fabula y signo Salinas va a partir siempre de una intuición temática, si una anécdota desde el punto de vista de la imaginación formal, para amplificarla en seguida. echando mano de muy distintos tipos de reacciones sensuales, intelectuales y hasta anímicas. Y lo que sus poemas tienen de explicación poética de la realidad lo pierden en potenciación íntima de ella y sobre todo en conversión de las propias vivencias en situacionales extremas.
    Juan Ramón Jiménez, a través de su emanación, y Jorge Guillén a través de su virtuosismo o absolutismo poemático, son poetas de situaciones extremas, contemplativas o existenciales, (El otoñado o Salvación de la primavera). Porque, como ya hemos visto, en el caso de Juan Ramón se trata excepciona]mente de una "vida poética íntegra, y en el caso de Guillén de los momentos excepcionales de una vida humana, potenciados artísticamente hasta el limite. Pero, en ambos casos, el poeta no se contenta sino con el "más" de realidad - y de realidad de este mundo - que puede llegar a fundar con su palabra.
    También Pedro Salinas es un poeta de este mundo y de sus realidades relativas (en vez de absolutas). Una realidad que ha perdido sus antiguos misterios transcendentales, aunque no del todo, puesto que van a seguir propuestos como simples enigmas a la mirada. Ya hemos visto que la actividad contemplativa de Juan Ramón podía tener y de hecho tenía ciertas pretensiones metafísicas, volviéndose en cambio de espaldas, por así decir]o, a los trozos o aspectos de realidad descubiertos por las ciencias positivas. Ahora, en Salinas, va a suceder todo lo contrario: su palabra fluyente y explicativa ha renunciado a toda pretensión metafísica y va a tener en cambio muy en cuenta los descubrimientos de las otras ciencias - puras o aplicadas - que no son la ciencia primera.








    Underwood girls


    Quietas, dormidas están,
    las treinta redondas blancas.
    Entre todas
    sostienen el mundo.
    Míralas aquí en su sueño,
    como nubes,
    redondas, blancas y dentro
    destinos de trueno y rayo,
    destinos de lluvia lenta,
    de nieve, de viento, signos.
    Despiértalas,
    con contactos saltarines
    de dedos rápidos, leves,
    como a músicas antiguas.
    Ellas suenan otra música:
    fantasías de metal
    valses duros, al dictado.

    Que se alcen desde siglos
    todas iguales, distintas
    como las olas del mar
    y una gran alma secreta.

    Que se crean que es la carta,
    la fórmula como siempre.
    Tú alócate
    bien los dedos, y las
    raptas y las lanzas,
    a las treinta, eternas ninfas
    contra el gran mundo vacío,
    blanco en blanco.
    Por fin a la hazaña pura,
    sin palabras sin sentido,
    ese, zeda, jota, i...

    Fábula y signo (1931)

       

    El fluir mismo de su palabra proviene- - creo yo - de la palabra contemplativa y la forma poemática abierta de Juan Ramón, pero su motivación temática es radicalmente distinta. Mientras Juan Ramón sigue siendo un poeta de mariana azul y de crepúsculo, o de "estación total" y "animal de fondo", Salinas, por lo menos en su primera época. va a ser el poeta de los adelantos técnicos y de las nuevas vivencias humanas vinculadas a ellos
    Mas allá o mas acá de los descubrimientos de las ciencias y de las innovaciones de la técnica, la imaginación del poeta puede y debe seguir resolviendo sus puras formas artísticas en el lenguaje. Si la admiración, que según el viejo Aristóteles era la madre del saber filosófico, se ha convertido en simple curiosidad, madre de las ciencias particulares, Pedro Salinas, en el arranque de su voz poética, es tan curioso como cualquier científico. Pero, en seguida, su curiosidad mas o menos satisfecha necesita convertirse en aumento de realidad a través de una exigencia de forma. Como en toda poesía auténtica, en la suya no se trata tan solo de sustituir una realidad por sus imágenes, sino de alcanzar o fundar un grado de realidad más plena. Ni siquiera ante la ciencia puede prescindir el poeta de su palabra imaginativa como fundante de realidad, pero a su repertorio de imágenes tendrá que incorporar las que le proporciona el resultado de la actividad científica en si misma. La ciencia, como ya he escrito en otras ocasiones, parte del espíritu para llegar a la materia, y la poesía - como el arte - hace todo lo contrario, por eso puede partir de la nueva materia a que ha llegado la ciencia y convertirla, otra vez, en espíritu. La actitud poética empieza a fluir paralelamente a la científica, sin oponerse a ella a través de vanas lamentaciones, sino completándola imaginativamente. Cuantos mas misterios resuelve la ciencia o la imaginación científica, en su búsqueda de la verdad, mas enigmas nuevos propone para su solución por la imaginación poética. Y la realidad sigue aumentando.
    Si de la Belleza transcendente de Juan Ramón como plenitud de lo real, hemos pasado a las realidades existenciales de Guillén, ahora, en Salinas, se va a estrechar un poco mas el horizonte poético y se va a tratar de nuestras relaciones mas superficiales con las mas recientes realidades del mundo. Por lo menos, en la primera época de su poesía, a la que podemos llamar - de acuerdo con la curiosidad objetiva de su mirada - su época, o palabra, de ida.
    La novedad de esta poesía no esta principalmente en la forma o en la palabra misma, sino en su temática externa y en la manera de acercarse a ella. Desde sus situaciones existenciales, Guillén era ya un poeta de la vida moderna, pero no en tanto que moderna, sino, por así decirlo, en tanto que contemporánea suya. Un poeta de la realidad que vive en el siglo xx tiene que cantar también, tal como es, la realidad de ese siglo xx. Pero, aunque la incorpore a su verso, Guillén no acentúa lo que de recién inventada tiene esa realidad en muchos de sus objetos o criaturas. Al contrario, quiere contar con éstos exactamente lo mismo que con otros que nos llegan de mas lejos, o que nos llegan de siempre. A Salinas le interesa la vida moderna en tanto que moderna~ reducida a casos o ejemplos concretos a través de todos sus inventos y facilidades técnicas. En este sentido, es un poeta mas de la civilización industrialista, que intenta establecer sus nuevos mitos. Un poeta del radiador y de la calefacción central en el poema titulado: Radiador y fogata, en el que el calor del radiador le hace añorar con mas fuerza el fuego visible de la hoguera viva:

    Se te ve, calor, se te ve.
    Se te ve lo rojo, el salto,
    la contorsión, el ay, ay.
    Se te ve el alma, la llama


    Luis Felipe Vivanco, ibidem, págs: 109 - 112









    Detalle de Sorolla: Desnudo de mujer.
    Don de la materia


    Entre la tiniebla densa
    el mundo era negro: nada.
    Cuando de un brusco tirón
    - forma recta, curva forma -
    le saca a vivir la llama.
    Cristal, roble, iluminados,
    ¡qué alegría de ser tienen,
    en luz, en líneas, ser
    en brillo y veta vivientes!
    Cuando la llama se apaga,
    fugitivas realidades,
    esa forma, aquel color,
    se escapan. 
    ¿Viven aquí o en la duda?
    Sube lenta una nostalgia
    no de luna, no de amor,
    no de infinito. Nostalgia
    de un jarrón sobre una mesa.
    ¿Están?
    Yo busco por donde estaban.
    Desbrozadora de sombras
    tantea la mano. A oscuras
    vagas huellas, sigue el ansia.
    De pronto, como una llama
    sube una alegría altísima
    de lo negro: la luz del tacto.
    Llegó al mundo de lo cierto.
    Toca el cristal, frío, duro,
    toca la madera, áspera.
    ¡Están!
    La sorda vida perfecta,
    sin color, se me confirma,
    segura, sin luz, la siento:
    realidad profunda, masa.

    Seguro azar 1929



        Razón de amor

    La corriente amorosa de La voz a ti debida se escapa de su cauce e inunda también la primera parte de Razón de amor (1936). En este nuevo libro de Salinas, la forma poemática continúa fluyendo, pero el puro entusiasmo se ha cargado de conciencia reflexiva. La dicción suelta y optimista ha perdido sus dejos de locura latente. Razón de amor es un libro dividido en dos partes desiguales: en la primera, continúa el metro corto y la frasé encabalgada, pero en los ocho poemas largos de la segunda predomina el endecasílabo enterizo y podemos considerarlos como un antecedente de los poemas, todavía mas extensos que va a reunir en 1949, bajo el titulo del primero de ellos: Todo mas claro. "Todo quiere ser cuerpo", nos dice en el poema "Salvación por el cuerpo" que abre la segunda parte de Razón de amor. Y en seguida

    Querer vivir es anhelar la carne
    donde se vive y por la que se muere.

    Ademas del cuerpo propio, el cuerpo amado. Y los dos cuerpos juntos llegan a crear el "cuerpo del amor, último y cierto / el cuerpo, ya, del alma". A través de esta copiosa exaltación de la realidad corporal como realidad última, nos encontramos aciertos sueltos de orden distinto:

    la gacela
    esta en bodas recientes con su cuerpo...

    Un cuerpo es el destino de otro cuerpo...

    Con el empleo del endecasílabo, la palabra se ha vuelto mas retórica, porque los versos han perdido su vibración o suficiencia de entidad viviente, se suceden demasiado homogéneos y equivalentes unos a otros, en vez de seguir siendo criaturas únicas, irrepetibles. (La homogeneidad no es lo mismo que la monotonía: Antonio Machado, por ejemplo, es poeta monótono, pero nunca homogéneo en el verso.) Y la belleza funcional ha sustituido casi por completo a la belleza formal, mas honda y verdadera.
    El anhelo de la carne por ser carne persiste en todos los poemas de esta segunda parte, hasta llegar al poema final, titulado: "La felicidad inminente", donde la meterótica saliniana adquiere - en sentido contrario a la de Unamuno - su precisión última:

    Los elegidos para ser felices
    somos tan sólo carne
    donde la dicha libra su combate.


    Luis Felipe Vivanco - Introducción a la poesís contemporánea española, Guadarrama, Madrid, 1974, págs: 135-143


    Vocación


    Abrir los ojos. Y ver
    sin falta ni sobra, a colmo
    en la luz clara del día
    perfecto el mundo, completo.
    Secretas medidas rigen
    gracias sueltas, abandonos
    fingidos, la nube aquella,
    el pájaro volador,
    la fuente, el tiemblo del chopo.
    Está bien, mayo, sazón.
    Todo en el fiel. Pero yo...
    Tú, de sobra. A mirar,
    y nada más que a mirar
    la belleza rematada
    que ya no te necesita.

    Cerrar los ojos. Y ver
    incompleto, tembloroso,
    de será o de no será,
    - masas torpes, planos sordos -
    sin luz, sin gracia, sin orden
    un mundo sin acabar,
    necesitado, llamándome
    a mí, o a tí, o a cualquiera
    que ponga lo que le falta,
    que le de la perfección.

    En aquella tarde clara,
    en aquel mundo sin tacha,
    escogí
    el otro.
    Cerré los ojos

    Seguro azar1924-1928

       
    La visión de Salinas

    El poema Vocación es clave para entender la poesía de Padro Salinas. En él se contiene el sentido que el poeta quiere dar a su obra. Se encuentra en el segundo de sus libros Seguro azar y permanecerá hasta el final de su poesía. No sólo Salinas define la perspectiva que quiere dar a su poesía sino que la enfrenta a la actitud que adoptará su gran amigo Jorge Guillén. Para éste todo consiste en "abrir los ojos". Parece que cada uno de ellos se han repartido el mundo. Salinas escoge lo de dentro: "cerré los ojos" , Guillén lo de fuera: "abrir los ojos". Salinas prefiere cerrar los ojos. Pero entiéndase el proceso del poeta del modo siguiente: Salinas cerraba los ojos después de haber mirado bien y profundamente y poder mirar depués con el pensamiento por dentro a fin de comprender mejor. ¿Será fiel Salinas a esta mirada interior? Uno de sus últimos libros Todo más claro (1949) contiene un largo poema que se titula también "La vocación". La vocación del poeta no se dirige al futuro sino al pasado en este último poema. Su vacación es la poesía, lo dicho y lo hecho, el pasado como dirá de Jorge Manrique en su libro Jorge Manrique, o tradición y originalidad . En el primer poema "Vocación" Salinas insiste en señalar que la poesía exige un trabajo sobre las cosas En el segundo se habla de labor lo que quiere decir "esfuerzo" y "dolor". Hay que cerrar los ojos para ver mejor las cosas. Mientras que Guillén desea la presencia de las cosas. Salinas, no. Sólo está dispuesto a admitirlas llegado el momento propicio, el instante adecuado. Será la amada la que dé sentido a la presencia de las cosas. Las cosas existen, Salinas sabe de su presencia pero solamente cobrarán significación con la presencia de ella.
    Beso será. Parecen otras cosas
    Parecen tardes vagas, sin destino,
    errantes por el tiempo: y nos esperan.




    Cuartilla


    Invierno, mundo en blanco.
    Mármoles, nieves, plumas,
    blancos llueven, erigen
    blancura, a blanco juegan.
    Ligerísimas,
    escurridizas, altas,
    las columnas sostienen
    techos de nubes blancas.
    Bandas
    de palomas dudosas
    entre blancos, arriba
    y abajo, vacilantes
    aplazan
    la suma de sus alas.
    ¿Vencer, quién vencerá?
    Los copos
    inician algaradas.
    Sin ruido choques, nieves,
    armiños encontrados.
    Pero el viento desata
    deserciones, huidas.
    Y la que vence es
    rosa, azul, sol, el alba:
    punta de acero, pluma
    contra lo blanco, en blanco,
    inicial, tú, palabra.

    Seguro azar (1924-1928)





    La forma de querer tú



    La forma de querer tú
    es dejarme que te quiera.
    El sí con que te me rindes
    es el silencio. Tus besos
    son ofrecerme los labios
    para que los bese yo.
    Jamás palabras, abrazos,
    me dirán que tú existías,
    que me quisiste: jamás.
    Me lo dicen hojas blancas,
    mapas, augurios, teléfonos;
    tú, no.
    Y estoy abrazado a ti
    sin preguntarte, de miedo
    a que no sea verdad
    que tú vives y me quieres.
    Y estoy abrazado a ti
    sin mirar y sin tocarte.
    No vaya a ser que descubra
    con preguntas, con caricias,
    esa soledad inmensa
    de quererte sólo yo.




    Mis ojos ven en el árbol

    Mis ojos ven en el árbol
    el fruto redondo y fresco.
    Mis manos se van certeras
    a cogerlo. Pero tú,
    pero tú, mano de ciego,
    ¿ qué estás haciendo?
    La mano da vueltas, vueltas
    por el aire; si se posa
    sobre cosa material,
    huye tras palpo suave
    sin llegar nunca a cogerla.
    Siempre abierta. Es que no sabe
    cerrarse, es que tiene
    ambiciones más profundas
    que las de los ojos, tiene
    ambiciones de esa bola
    imperfecta de este mundo,
    buen fruto para una mano
    de ciego, ambición de luz,
    eterna ambición de asir
    lo inasidero.
    Cuando se cansa de inútiles
    devaneos, tristemente,
    se va en busca de su hermana
    y se entrecruzan las manos
    del ciego.
    Y sólo así se están quietas,
    enclavijadas,
    asidas ansia con ansia
    y deseo con deseo.
    Mano de ciego no es ciega:
    una voluntad la manda,
    no los ojos de su dueño.

    Presagios 1924







    ¿Porqué tienes nombre tú,


    ¿Por qué tienes nombre tú,
    día, miércoles?
    ¿Por qué tienes nombre tú,
    tiempo, otoño?
    Alegría, pena, siempre
    ¿por qué tenéis nombre: amor?

    Si tú no tuvieras nombre,
    yo no sabría qué era
    ni cómo, ni cuándo. Nada.

    ¿Sabe el mar cómo se llama,
    que es el mar? ¿Saben los vientos
    sus apellidos, del Sur
    y del Norte, por encima
    del puro soplo que son?

    Si tú no tuvieras nombre,
    todo sería primero,
    inicial, todo inventado
    por mí,
    intacto hasta el beso mío.
    Gozo, amor: delicia lenta
    de gozar, de amar, sin nombre.

    Nombre: ¡qué puñal clavado
    en medio de un pecho cándido
    que sería nuestro siempre
    si no fuese por su nombre!







    El beso de Gustav Klimt.
    Si tú no tuvieras nombre

    Si tú no tuvieras nombre,
    yo no sabría qué era,
    ni cómo, ni cuándo. Nada.

    ¿Sabe el mar cómo se llama,
    que es el mar? ¿Saben los vientos
    sus apellidos, del Sur
    y del Norte, por encima
    del puro soplo que son?

    Si tú no tuvieras nombre,
    todo sería primero,
    inicial, todo inventado
    por mí,
    intacto hasta el beso mío.
    Gozo, amor: delicia lenta
    de gozar, de amar, sin nombre.

    Nombre, ¡qué puñal clavado
    en medio de un pecho cándido
    que sería nuestro siempre
    si no fuese por su nombre!

    La voz a tí debida. 1933








    Primera edición de Razón da amor










    Máscaras de Grau Salas.
    Qué alegría, vivir

    Qué alegría, vivir
    sintiéndose vivido.
    Rendirse
    a la gran certidumbre, oscuramente,
    de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
    me está viviendo.
    Que cuando los espejos, los espías
    - azogues, almas cortas - , aseguran
    que estoy aquí, yo, inmóvil,
    con los ojos cerrados y los labios,
    negándome al amor
    de la luz, de la flor y de los nombres,
    la verdad trasvisible es que camino
    sin mis pasos, con otros,
    allá lejos, y allí
    estoy besando flores, luces, hablo.
    Que hay otro ser por el que miro el mundo
    porque me está queriendo con sus ojos.
    Que hay otra voz con la que digo cosas
    no sospechadas por mi gran silencio;
    y es que también me quiere con su voz.
    La vida - ¡ qué transporte ya ! -, ignorancia
    de lo que son mis actos, que ella hace,
    en que ella vive, doble, suya y mía.
    Y cuando ella me hable
    de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
    recordaré
    estrellas que no vi, que ella miraba,
    y nieve que nevaba allá en su cielo.
    Con la extraña delicia de acordarse
    de haber tocado lo que no toqué
    sino con esas manos que no alcanzo
    a coger con las mías, tan distantes.
    Y todo enajenado podrá el cuerpo
    descansar, quieto, muerto ya. Morirse
    en la alta confianza
    de que este vivir mío no era sólo
    mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
    otro ser por detrás de la no muerte.

    La voz a tí debida. 1933

    Comtexto
        El juego del amor

    Por eso, al cambiar el rumbo la poesía hacia 1930, dejando atrás el juego para exhibir al contrario una determinada intensidad, buscando el poeta aquellos temas o situaciones que más la favorecían (así pasa Alberti, por ejemplo, de Cal y canto a Sobre los ángeles), Salinas, en un viraje brusco, pretende seguir la corriente, y escribe primero La voz a ti debida (1934), luego Razón de amor (1936). La voz a ti debida despertó entre los lectores una admiración que ningún otro libro anterior de Salinas había conseguido despertar; en cuanto a Razón de amor, publicado poco antes de la guerra civil, apenas tuvo espacio para que respecto de él se formara una opinión. Ambos libros son un poema de amor, pero de lo que antes indiqué como rasgos principales en la poesía de Salinas, puede deducir el lector una contradicción nueva en el poeta: ¿dónde es más él, en Seguro azar y Fabula y signo o en La voz a ti debida y Razón de amor? Para mí no hay duda: el amor que es tema de esos dos libros, me parece otro juego; y si no juego, afectación: deseo de mostrarse tan humano como el que más. En favor de mi parecer hay esto: la aparición entre los versos de ambos volúmenes de otras frases ingeniosas, de otros rasgos de ingenio, que desentonan hondamente con la voz nueva del poeta. Voz que persiste, con la misma contradicción íntima, en los volúmenes que luego publica: Error de calculo (1938), El contemplado (1947), sin aludir a algunos que sólo aparecieron en versión inglesa. Poesía junta (1942) reúne la obra poética de Salinas; Todo mas claro (1949) sería la ultima colección de versos que publicó en vida, dejando, sin duda, bastantes inéditos, además de las composiciones dispersas que aparecieron en revistas.
    Dichos libros, mas que colecciones de poemas, parecen largos monólogos poéticos cortados por la división en fragmentos que el poeta les da. A esa apariencia de monólogo contribuye también el tipo de versificación que Salinas emplea siempre: un verso de medida variable, predominando el de arte menor, con asonante irregular, aunque a veces sin rima. Su versificación, que tiene por base al romance, no queda fuera de aquel momento de transición, inmediatamente anterior a la generación de 1925, a que ya he aludido. Nunca cayó en el formalismo poético de Guillén; es mas bien de los poetas que crean su forma propia, según las exigencias de sus temas y de su expresión. A veces hay en él, extrañamente, cierta tendencia a la reminiscencia folklórica, como, por ~ejemplo, el uso de la seguidilla (véase la mitad segunda de la composición "El poema", del libro Todo mas claro. Su expresión fluctua en alguna ocasión, asomando a ella unas veces el recuerdo de Jiménez y otras el de Guillén; como ejemplo de lo primero, entre otros que pudiéramos citar, puede verse el fragmento "Perdóname por andar así buscando", de La voz a ti debida, y de lo segundo, también entre otros que es posible mencionar, el poema "En ansias inflamada", de Todo mas claro.
    Entre los poetas de la generación de 1925 es Salinas uno de aquellos cuya obra parece mas difícil de apreciar en su valor justo; frente a la indiferencia de unos no pesa bastante la admiración algo convencional de otros, y acaso sea necesario dejar que pase tiempo antes de decidir acerca de la aportación hecha por Salinas a nuestra lírica contemporánea. Sin embargo, con recelo inevitable a lo que de aventurado haya en esta opinión, quisiera decir que Presagios me parece lo mas importante de su labor; muestra ahí cualidades poéticas espontáneas en su temperamento, cualidades que sus libros siguientes dejarán a un lado, sin duda por creerlas el autor inferiores a las otras artificiales que luego ha de adquirir y cultivar. El hecho de que yo leyera Presagios siendo muy joven, y quizá menos acostumbrado al examen objetivo de mi lectura, no creo que tenga parte en la simpatía por dicho libro; su relectura ulterior me ha confirmado en la creencia de que es el libro de mas valor entre los de Salinas. Y también uno de los mas valiosos en la generación de 1925.

    Luis Cernuda - Estudios sobre la poesía española contemporánea, Guadarrama, Madrid, 1972, págs:173-176









    Los amantes de Pablo Ruiz Picasso.

    Cuando tú me elegiste

    Cuando tú me elegiste
    - el amor eligió -
    salí del gran anónimo
    de todos, de la nada.
    Hasta entonces
    nunca era yo más alto
    que las sierras del mundo.
    Nunca bajé más hondo
    de las profundidades
    máximas señaladas
    en las cartas marinas.
    Y mi alegría estaba
    triste, como lo están
    esos relojes chicos,
    sin brazo en que ceñirse
    y sin cuerda, parados.
    Pero al decirme: "tú"
    -a mi, si, a mi, entre todos -,
    más alto ya que estrellas
    o corales estuve.
    Y mi gozo
    se ech6 a rodar, prendido
    a tu ser, en tu pulso.
    Posesión tú me dabas
    de mi, al dárteme tú.
    Vivi, vivo. ¿Hasta cuándo?
    Sé que te volverás
    atrás. Cuando te vayas
    retornaré a ese sordo
    mundo, sin diferencias,
    del gramo, de la gota,
    en el agua, en el peso.
    Uno más seré yo
    al tenerte de menos.
    Y perderé mi nombre,
    mi edad, mis señas, todo
    perdido en mí, de mí.
    Vuelto al osario inmenso
    de los que no se han muerto
    y ya no tienen nada
    que morirse en la vida.

    La voz a tí debida. 1933


        El tema amoroso

    La poesía de Salinas ha tenido excelentes comentadores. Aparte Julián Marías, ya aludido, habría que recordar los trabajos de Spitzer, de Angel del Río, de Eugenio Frutos, de Margot Arce, de Dámaso Alonso, de Jorge Guillén, de Guillermo de Torre, de Ricardo Gullón, de Ventura Doreste, de Carmen Bravo y de otros muchos. La mayoría de estos críticos ha destacado la importancia de la temática amorosa en la poesía de Salinas, que alcanza su cima en La voz ŕ ti debida, publicado en 1933, con titulo tomado de la égloga III de Garcilaso, y en Razón de amor - aparecido en 1933 -, que es como una continuación y coronamiento del anterior. Ambos libros ofrecen casi las mismas características, aunque el primero posee una unidad mas perfecta y redonda; por algo lo subtitulo el autor Poema, dando a entender que se trataba, en efecto, de un solo poema de amor.
    Tratemos de apuntar algunas de esas notas. En primer lugar, esta poesía no canta al amor abstractamente ni a la amada abstracta y lejana, sino a una amada concreta, temporal. No sabemos su nombre, pero existe tan avasalladoramente para el poeta, invade tan plena e impetuosamente su vida - vida del cuerpo y del alma - , que todos los objetos de su ámbito cotidiano, - todas las realidades de su mundo, aparecen transfiguradas, vividas de nuevo, virginalmente ahora, por el amante. Cierto que la amada concreta es idealizada por Salinas, pero no en su belleza o en su misterio, como ocurre en los poetas románticos, sino en su capacidad de crear, de reinventar el mundo y sus maravillas. Como en la poesía de Guillén, la vida es de nuevo, gracias a la amada, fabula y prodigio. Y sus dones existen porque la amada los inventa, o al menos los dota de un nuevo fulgor, al tocarlos con sus mágicos dedos, con su presencia única‹pero, nótese, dentro de su natural cotidianidad, sin ninguna especie de romántica fantasía en la evocación de su andar y su actuar -, "La vida es lo que tu tocas», dice Salinas en el primer poema de La voz a ti debida. Y también:

    Con la punta de tus dedos
    pulsas el mundo, le arrancas
    auroras, triunfos, colores,
    alegrías: es tu música.

    Y en otro poema:

    Las ciudades, los puertos
    flotaban sobre el mundo
    sin sitio todavía:
    esperaban que tu
    les dijeses: "Aquí",


    José Luis Cano. La poesía de la generación del 27, Guadarrama, Madrid, págs: 53-54.






    Máscaras de Grau Sala.
    Para vivir no quiero

    Para vivir no quiero
    islas, palacios, torres
    ¡Qué alegría más alta:
    vivir en los pronombres!

    Quítate ya los trajes,
    las señas, los retratos ;
    yo no te quiero así,
    disfrazada de otra,
    hija siempre de algo.
    Te quiero pura, libre,
    irreductible
    : tú.
    Sé que cuando te llame
    entre todas las gentes
    del mundo,
    sólo tú serás tú.

    Y cuando me preguntes
    quién es el que te llama,
    el que te quiere suya,
    enterraré los nombres,
    los rótulos
    , la historia.
    Iré rompiendo todo
    lo que encima me echaron
    desde antes de nacer.

    Y vuelto ya al anónimo
    eterno del desnudo,
    de la piedra, del mundo,
    te diré:
    "Yo te quiero, soy yo".

    La voz a tí debida (1933)



       
    La voz a ti debida

    En 1933, cuando aparece La voz a ti debida, la posibilidad misma de la poesía amorosa ha recibido una modificación esencial. En vez de seguir siendo expresión inmediata de estados de alma va a ser fundación de realidades amorosas objetivas por la palabra. "Mientras exista una mujer hermosa", nos dijo Bécquer, "habrá poesía". Y en los dos versos anteriores: «Mientras sentirse puedan en un beso / dos almas confundidas.~ Se trata de una profesión de fe romántica, en aparente contradicción con la teoría poética, ya posromántica, que expone en las Cartas literarias a una mujer, y según la cual - "cuando siento, no escribo", dice textualmente - una cosa es el sentimiento natural y otra el sentimiento artístico a través de la memoria viva o imaginación. En la misma rima, Bécquer sostiene que la existencia de la poesía es independiente de la de los poetas: "Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía." Es decir, la poesía es un atributo de las cosas naturales v no de las palabras en el poema. Pero desde el famoso "principio poético", enunciado por Edgar Poe en 1844 y recogido por Baudelaire, los simbolistas, primero, y después otros muchos hasta llegar a la "poesía pura", van a sostener todo lo contrario: que la poesía esta en el poema, o en la nueva realidad fundada por la palabra.
    El romanticismo, sin embargo, con todo su naturalismo psicológico a cuestas resulta difícil de extinguir. Concretamente en España, y en los comienzos del siglo, la sentimentalidad amorosa o erótica mas ramplona se incorpora al lenguaje modernista más facilón y formulario. Otro erotismo de mas baja estofa, lindando muchas veces con la pornografía florece en otros géneros literarios, principalmente la novela corta. Es el erotismo que dignifican con su estilo, en tres momentos sucesivos, Valle-Inclán, Miró y Ramón Gómez de la Serna, un erotismo tan de época que le van a pagar tributo novelistas tan poco o nada aptos para estos menesteres como Baroja y Unamuno.
    Precisamente Unamuno es el autor de un libro importante de poesía amorosa, Teresa, que se publica en 1924, es decir, tres años antes del centenario de Góngora y nueve antes que el libro de Salinas. No cabe, como en seguida veremos, dos libros mas opuestos. Unamuno, en Teresa, esta a la búsqueda siempre de lo que podríamos llamar la posibilidad de agotamiento de los viejos tópicos; Salinas, firme en su empeño de descubrimiento y establecimiento de otros tópicos nuevos. Y sin embargo, coinciden ambos en la presentación de su pareja amorosa a cuerpo limpio, o de los dos amantes en tanto que amantes, como realidad aislada y suficiente en si misma. Una realidad existencial única - dedos en uno - que suprime a los demás al quedar, plenamente instalada en la autonomía de relaciones de su mundo propio. El resto del mundo tiene que terminar en ellos para que empiece otra vez con vigor renovado.


    Luis Felipe Vivanco, Introducción... Guadarrama, Madrid, 1974, págs: 124-125



    El Contemplado

    Tema

    De mirarte tanto tanto,
    del horizonte a la arena,
    despacio,
    del caracol al celaje

    brillo a brillo, pasmo a pasmo,
    te he dado nombre: los ojos
    te lo encontraron, mirándote.
    Por las noches
    soñando que te miraba,
    al abrigo de los párpados
    maduró, sin yo saberlo,
    este nombre tan redondo
    que hoy me descendió a los labios.
    Y lo dicen asombrados
    de lo tarde que lo dicen.
    ¡Si era fatal el llamórtelo!
    ¡Si antes de la voz, ya estaba
    en el silencio tan claro!
    ¡Si tú has sido para mí,
    desde el día
    que mis ojos te estrenaron,
    el Contemplado, el constante
    Contemplado !

    El Contemplado (1946)







       
    El contemplado

    La contemplación [del mar] con sus elementos intelectuales repliega el alma del poeta sobre si misma y de este repliegue surge un conocimiento que se evidencia como luz de propia conciencia. Aparecen así simbologías que se intercambian, de vida interior a confidente, y viceversa. De esta amalgama de lo «sensitivo» y lo "intelectivo" brota la verdad final en pos de la cual iba el poeta con magnética ansiedad: la verdad poética [éste es el sentido final de El contemplado]. El poema se compone en su totalidad de catorce variaciones con un poema introductorio que es el tema. Cada variación lleva a su vez un subtitulo que le sirve a modo de epígrafe temático. Las catorce variaciones son catorce visiones diferentes del mar, catorce tonalidades diferentes que en su conjunto constituyen un todo de delicada estructuración sinfónica. En el coloquio continuado, los protagonistas son, desde luego, el poeta que habla y contempla y el mar que escucha y es contemplado. Mas el mar no esta solo. El cielo, ese otro eterno compañero, esta ahí, dando y recibiendo en perpetua colaboración. La fusión de los dos no tiene solución de continuidad como que el uno refleja la faz de] otro. El azul del uno es el azul del otro, y entre los dos: nubes, espuma, celajes, aire, luz sonidos, arena, playa, islas... Estos últimos constituyen los materiales plásticos del poema, que se organizan en cada caso en un sistema de metáforas que dan tono y unidad a cada una de las variaciones.La contemplación [del mar] con sus elementos intelectuales repliega el alma del poeta sobre si misma y de este repliegue surge un conocimiento que se evidencia como luz de propia conciencia. Aparecen así simbologías que se intercambian, de vida interior a confidente, y viceversa. De esta amalgama de lo «sensitivo» y lo "intelectivo" brota la verdad final en pos de la cual iba el poeta con magnética ansiedad: la verdad poética [éste es el sentido final de El contemplado]. El poema se compone en su totalidad de catorce variaciones con un poema introductorio que es el tema. Cada variación lleva a su vez un subtitulo que le sirve a modo de epígrafe temático. Las catorce variaciones son catorce visiones diferentes del mar, catorce tonalidades diferentes que en su conjunto constituyen un todo de delicada estructuración sinfónica. En el coloquio continuado, los protagonistas son, desde luego, el poeta que habla y contempla y el mar que escucha y es contemplado. Mas el mar no esta solo. El cielo, ese otro eterno compañero, esta ahí, dando y recibiendo en perpetua colaboración. La fusión de los dos no tiene solución de continuidad como que el uno refleja la faz de] otro. El azul del uno es el azul del otro, y entre los dos: nubes, espuma, celajes, aire, luz sonidos, arena, playa, islas... Estos últimos constituyen los materiales plásticos del poema, que se organizan en cada caso en un sistema de metáforas que dan tono y unidad a cada una de las variaciones.
    En esta pareja indispensable de cielo y mar hay una intrusa que viene a dar la lección definitiva de armonía, y es la luz. La luz con su henchido sentido de polivalencias señala el camino a los ojos del cuerpo, a los de la imaginación y a la conciencia misma. La visión ultima de mayor sabiduría la da la luz en su momento máximo de esplendor. La luz hace posible el eterno perpetuarse del milagro poético. Así la pareja cielo y mar se ha convertido en magnifica trilogía. Y el poeta situado ante la grandiosa trinidad cósmica contempla lo que es uno v vario al mismo tiempo.
    El poeta ha plasmado su verdad intuida en una serie de planos que estructuran el conjunto articulado de El contemplado. Observamos en primer término el plano de la realidad sensible con su evidente despliegue de materiales cósmicos, nubes, espumas, ondas y playas. Un segundo plano, el de la realidad metafórica que transforma los materiales del primer plano en el mundo mágico de una realidad poética atemporal e inefable. Un tercer plano, el de la realidad interior del hombre, manifestado en una serie de correspondencias entre el mar y la conciencia. Finalmente, un cuarto plano en el cual se da expresión a una tendencia estimativa de las nociones captadas con sentidos de orden anagógico y puramente espiritual. [...]
    El mar es superior a nosotros, superior al poeta por su "eternidad", y gracias a su "eternidad" se convierte en el dios de una religión. A él acudirá siempre el poeta para que su mirada se impregne de eternidad. El mar, ademas, es la síntesis de todo lo que constituye una religión. El mar es "dador" generoso, distribuidor de "dadivas". Al mar nos acercamos pobres y retornamos con nuestra mirada preñada de ganancias: "Cuando vuelve, vuelve toda / encendida de regalos". [Por el mar llegamos a una jerarquización de valores.] También el mar es salvación, como que el sentido ultimo de toda, religión es la salvación. El ultimo poema, "Salvación por la luz", es una honda invocación para que de su mirada brote nuestra salvación para la eternidad. Mas, ante todo, El contemplado es una mística. A él hay que llegar con deseos enamorados de mirada perpetua. El místico es un enajenado y así el poeta en estado de arrobamiento queda poseido por una super-mirada que es superior a su propia voluntad. Esa super-mirada es la mirada de todos los hombres anteriores al poeta que miran el mar con "querencia muy antigua." En toda religión existen, ademas, las relaciones de criatura a creador, de individuo a divinidad. El medio mas seguro de acercamiento es la confidencia con la propia divinidad. Y El contemplado no es después de todo mas que una prolongada confidencia entre el poeta y el mar.
    El contemplado es, pues, una religión. Es al mismo tiempo dios, dogma, guía, jerarquización de valores y salvación, el poeta es criatura, sus confidencias con el mar, confidencias de criatura con la divinidad y su mística la mística de la religión de El contemplado. Mística contemplativa cargada de arrobamientos, de miradas perpetuas y de esotérico lenguaje.
    En esta pareja indispensable de cielo y mar hay una intrusa que viene a dar la lección definitiva de armonía, y es la luz. La luz con su henchido sentido de polivalencias señala el camino a los ojos del cuerpo, a los de la imaginación y a la conciencia misma. La visión ultima de mayor sabiduría la da la luz en su momento máximo de esplendor. La luz hace posible el eterno perpetuarse del milagro poético. Así la pareja cielo y mar se ha convertido en magnifica trilogía. Y el poeta situado ante la grandiosa trinidad cósmica contempla lo que es uno v vario al mismo tiempo.
    El poeta ha plasmado su verdad intuida en una serie de planos que estructuran el conjunto articulado de El contemplado. Observamos en primer término el plano de la realidad sensible con su evidente despliegue de materiales cósmicos, nubes, espumas, ondas y playas. Un segundo plano, el de la realidad metafórica que transforma los materiales del primer plano en el mundo mágico de una realidad poética atemporal e inefable. Un tercer plano, el de la realidad interior del hombre, manifestado en una serie de correspondencias entre el mar y la conciencia. Finalmente, un cuarto plano en el cual se da expresión a una tendencia estimativa de las nociones captadas con sentidos de orden anagógico y puramente espiritual. [...]

    El mar es superior a nosotros, superior al poeta por su "eternidad", y gracias a su "eternidad" se convierte en el dios de una religión. A él acudirá siempre el poeta para que su mirada se impregne de eternidad. El mar, ademas, es la síntesis de todo lo que constituye una religión. El mar es "dador" generoso, distribuidor de "dadivas". Al mar nos acercamos pobres y retornamos con nuestra mirada preñada de ganancias: "Cuando vuelve, vuelve toda / encendida de regalos". [Por el mar llegamos a una jerarquización de valores.] También el mar es salvación, como que el sentido ultimo de toda, religión es la salvación. El ultimo poema, "Salvación por la luz", es una honda invocación para que de su mirada brote nuestra salvación para la eternidad. Mas, ante todo, El contemplado es una mística. A él hay que llegar con deseos enamorados de mirada perpetua. El místico es un enajenado y así el poeta en estado de arrobamiento queda poseido por una super-mirada que es superior a su propia voluntad. Esa super-mirada es la mirada de todos los hombres anteriores al poeta que miran el mar con "querencia muy antigua." En toda religión existen, ademas, las relaciones de criatura a creador, de individuo a divinidad. El medio mas seguro de acercamiento es la confidencia con la propia divinidad. Y El contemplado no es después de todo mas que una prolongada confidencia entre el poeta y el mar.
    El contemplado es, pues, una religión. Es al mismo tiempo dios, dogma, guía, jerarquización de valores y salvación, el poeta es criatura, sus confidencias con el mar, confidencias de criatura con la divinidad y su mística la mística de la religión de El contemplado. Mística contemplativa cargada de arrobamientos, de miradas perpetuas y de esotérico lenguaje.


    Gustavo Correa, "El contemplado", en Hispania, XXXV (1952), recogido en Andrew P. Debicki, ed., Pedro Salinas, Taurus (El Escritor y la Crítica), Madrid, 1976, pp. 144-151 (144-145, 147-151).


    El defensor - Ars legendi


    Acepción de la palabra Arte es un libro que ofrece un conjunto de reglas o preceptos para aprender a hacer bien alguna cosa. Al final de la Edad Media, las congojas que sentían los humanos ante la idea de la muerte, originó gran número de Artes de morir. En un Ars moriendi se hallaban los avisos para morirse como es debido, esto es‹o esto era‹, con las cuentas del alma bien ajusta das, de modo que la pesadumbre de los pecados terrenales no cerrara las puertas de la salvación. En nuestros días se multiplican los Artes de leer. Ese de la velocidad, recién tratado, no es más que uno de tantos. Hay un Ars legendi para casi todo el género posible de lecturas. Un «Arte de leer novelas»; un "Arte de leer poesías"; otro, más modesto (o más ambicioso, quién sabe), «Arte de leer el periódico diario». Mortimer Adler, profesor de la Universidad de Chicago, y personalidad de mucha cuenta en el mundo intelectual americano, escribí& hace unos años su "Arte de leer un libro". Y a poco I. A. Ri chards, el justamente famoso profesor y crítico de Har vard, sacó su "Arte de leer una página". Tentador sería el seguir angostando más el tema con la imaginación y después de pasar por un "Arte de leer un renglón", dar por fin en el "Arte de leer una palabra". Porque, ¿cuánto, y cuán regalada y provechosamente no podría discurrir cualquiera de los dos mentados críticos, u otro de equi valente altura, por ejemplo sobre la voz amor, y sus variantes sin pausa, ya levísimas, ya abismáticas, según la escribiera un Ovidio, un Dante, un Bocaccio, un San Juan de la Cruz, un Racine, un Byron, un Kierkegaard, un Bertrand Russell? Tanto se van abrumando ciertas palabras de carga significante y de sutilezas de efecto, que yo agradecería una pequeña biblioteca de trataditos sobre las palabras más importantes de nuestro humano len guaje.



    La copiosidad de Artes de leer, el rango intelectual de los autores de ciertos de ecos tratados - tratados que van de la charlatanería, en los peores casos, a la dignidad y decoro intelectual, en los mejores -, da seña de lo viva mente 1~presente, de lo acucioso, que es el gran problema del hombre frente a los libros. Pero el camino de estas Artes sigue confinado a la técnica del leer, adiestra en ciertas habilidades superficiales, y acaso dañinas, como la aceleración, o deseables y ventajosas, como algunas de las propuestas por los profesores Adler y Richards. Padece la obra del doctor Adler de un origen mecani cista, que se delata, por ejemplo, en la seguridad y con fianza con que se brindan y detallan las reglas, en su presentación en cuadros sinópticos, en un tratamiento de la lectura peligrosamente analítico y disectivo. Por ejemplo, el doctor Adler habla de tres distintas maneras de leer un libro, la estructural, la interpretativa y la crí tica, cada una con sus correspondientes listas de reglas.




    Estos tres tipos de lectura debe hacerlos el aprendiz sucesivamente, situándose primero en la actitud del análisis estructural, luego en la interpretativa o sintética, y por último en la crítica evaluativa. Por sabio que pueda ser el consejo ¿las facultades encargadas de la lectura se resignarán a entrar en juego, a la orden, interviniendo cada una en el momento preceptuado y retirándose a una discreta vacación cuando así lo prescriban las reglas? ¿Será posible a un lector filtrar sus facultades y repar tirse de tal suerte en tres lecturas, que en la primera deje pasar a su ánimo sólo lo estructural de la obra, mientras tiene cerrado su juicio para la interpretación y la crítica, que estarán detrás haciendo cola, en espera de que les llegue su vez, en las lecturas segunda y ter cera? Si en el leer se pone la capacidad espiritual entera del lector, usándola a toda presión, lo natural es que la lectura avance llevada a la vez por la triple fuerza de la percepción de lo estructural, de la interpretación y de la crítica, simultáneamente, como corresponde a la unidad de la vida mental. No sé qué sucedería al auriga de un carro, con tiro de tres caballos, si se propusiera que ahora anduviese sólo el de la diestra, reservando las energías de los otros dos para ulteriores avances. Las facultades que intervienen en la lectura nos mueven, nos impulsan no sólo por la virtud separada v propia de cada cual sino por su concurrencia en el esfuerzo; inten sificado y fecundo en su resultado precisamente por la armoniosa colaboración de las energías todas. Aunque el señor Adler previene contra el peligro de un exceso en la consideración puramente intelectual de la lectura, su Art~ se queda al margen de la prevención y sufre de exacerbado intelectualismo. Frases hay como ésta: "La aclaración de este punto requeriría una formulación ex plícita de todas las reglas para leer las obras de litera tura de imaginación". ¡Si no se requiriera más que la «formulación explícita! podríamos darnos por contentos! Lo que se me aparece como más dif~cil de encontrar son las reglas mismas, y todavía más ardua la prueba de su existencia, y por consiguiente la oportunidad y discreción de echarse en su busca.
    Pero el libro de Adler tiene, entre sus buenos puntos, uno de sobresaliente importancia. Después de haberse extendido en esa parte de técnica de la lectura, de busca y sistematización de mecanismos, recursos y artilugios mentales, esto es, después de apuntarse entre los defen sores de un programa de soluciones técnicas, marcada mente racionalista, de pronto, en la tercera parte de su volumen, sin abjurar de su credo de antes, ingresa en una fe nueva. "Lo que se lee es de la misma importancia del cómo se lee". Hombre versado en letras clásicas el Profesor Adler no ha podido por menos de aprender en su trato con griegos y latinos, Agustines y Spinozas, esa lección que va quedando, como áurea arenilla, precio v recompensa final de toda suma de lectura: el sentido de la selección.


    El Defensor - Ars legendi...




    Educar para leer y leer para educar



    Creer, hoy día, en alguna manera de educación que no sea la atlética, los entrenamientos deportivos que, según dicen, son de resultado seguro, es cosa deslucida, y que no se lleva en los círculos intelectuales elegantes. Allí, la moneda de más curso es la agudeza del ingenio, con su punta de desprecio ante todo lo que huela a educación. Y la única salida que los propios educadores tienen de hacerse perdonar que lo son es burlarse, ellos también de serlo.
    A esta situación no se ha llegado sin porqué. Maestros y maestrillos, y sobre todo los maestros profesionales de los maestros, han cogido por su cuenta a la noble, her mosa figura de la educación, la han sometido a tales mal tratos, deformaciones, embadurnos y pintarrajos, y han sobrepuesto a su habla natural una jerga técnica, tan có micamente esotérica, que hoy ya no se la ve sino como espantajo y adefesio, que da risa o ganas de huirla. Y, sin embargo, la educación, conforme los que más entienden de estas cosas, es un hecho natural, una realidad que se impone al hombre, antes de que éste la convierta en un sistema reflexivo. Y ya que inevitable, parece convenible que sea lo mejor que pueda. La solución del gran drama de la lectura está, para mí, en la enseñanza de la lectura. En la formación del lector.
    ¿Por quién, y desde cuándo? Por la escuela y desde que se entra en contacto con las letras; en cuanto se em pieza a enseñar las letras. Al precepto del dómine forzu do, «la letra con sangre entra», sustitúyase el del pedago go inteligente: «la letra con letra entra~. Porque si se repasan esos remedios que hemos venido examinando, saltará a la vista que todos convienen en su propósito de enseñar a leer a la gente. Pero ¿a quién? A los mayores, a las personas hechas y derechas, a los que ya saben leer. ¡ Estupenda situación y asombroso embolismo ! Sabios, letrados, profesores universitarios, almas filantrópicas, em peñándose en enseñar lo ya enseñado, lo primero que la escuela tiene obligación de enseñar: ¡el arte de la lectu ra ! O estamos todos poseídos de mental desbarato al andar así por el mundo ofreciendo a diestro y siniestro lo que ya todos tienen, o estamos todos diciendo, al par que nos lo callamos, una verdad como un templo: en las escuelas ya no se enseña a leer. Y que luego, cuando esos párvulos salen de su parvulez y Ya están bien cre ciditos y con los huesos duros, lo único que se nos ocu rre es ofrecerles los tres o cuatro mejores libros del mes o los cien y pico mejores de todos los tiempos. O acaso brindarles un libro sobre cómo leer, donde, con las mejo res intenciones del mundo, se aspira a que un hombre de treinta años aprenda de memoria, en un par de vigi lias, lo que sólo se puede aprender debidamente a fuerza de años de práctica y escolaridad, y en muchas veces y en muchos libros.





    No hay más tratamiento serio y radical que la restauración del aprendizaje del bien leer en la escuela. El cual se logra, no por misteriosas y complicadas reglas técnicas, sino poniendo al escolar en contacto con los mejores profesores de lectura: los buenos libros. El maestro, en esto de la lectura, ha de ser fiel y convencido mediador entre el estudiante y el texto. Porque todo escrito lleva su secreto consigo, dentro de él, no fuera como algunos creen, y sólo se la encuentra adentrándose en él y no andando por las ramas. Se aprende a leer leyendo buenas lecturas, inteligentemente dirigido en ellas, avanzando gradualmente por la difícil escala. Y al final de ella se alcanza a la posesión de una inteligencia formada, de un gusto propio, de una conciencia de lector, personal y li bre, que es el único órgano adecuado de selección atinada, en el mundo de los libros, y en el otro. Estos dos proble mas, artificialmente separados, el qué se lee, y el cómo se lee, van siempre resueltos juntamente en una buena edu cación. Se leen los clásicos, para cada edad el suyo; los mejores libros, señalados no por Fulano o Mengano acor de con su capricho, sino por la tradición culta del mun do, con las variantes propias de cada país. Y se leen de licadamente aclarados, diariamente vividos, en la clase, año tras año, de suerte que el cómo leer se aprende sin saber cómo, al igual que el andar o el respirar, por natu ral ejercicio de la función. No de otro modo aprendieron a leer los grandes lectores de la humanidad, los Bacon, los Erasmos, cuyos maestros de lectura no fueron, por cierto, manuales facilitones, que quieren enseñar todo a la carrera, de una sentada, sino en despaciosa lectura tras lenta lectura, en muchas sentadas, en toda la vida. Esta forma de enseñanza integral del leer podrá ser difícil hoy, dado el bajo nivel a que han llevado los educadores de los educadores a tantos pobres maestros, pero a ella hay que aspirar, cueste lo que cueste, so pena de catás trofes que ya se anuncian. Un maestro de letras como el famoso profesor de Cambridge Sir Arthur Quiller Couch expresó su fe en ella con palabras muy mejores que las mías: "Creo que el Humanismo debía ser no decorativo adorno adquirido ya tarde en el proceso de la educación, sino más bien una cualidad que puede y debe condicionar toda la enseñanza, desde la primera lección de cartilla; su sello hay que empezar~ a imprimirlo con la primera lección de la escuela primaria".
    Esa educación presidida por una cualidad es la que adiestrará al hombre a distinguir de cualidades: arma mento el único para vencer al monstruo enemigo, al te rrible espantajo de la confusión cuantitativa.


    Educar para leer y leer para educar


    El defensor, Alianza Editorial, Madrid, 1970.
    Libro fundamental para todos aquellos
    que quieren aprender a leer y enseñar a leer -




    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac