Sumario
  • "1. El tiempo"  
  • "2. El lenguaje y el nombrar" 
  • "3. El tu"  

  • 0. Introducción

    1. El tiempo


    El dilema que plantea Salinas en su tratamiento del tema del tiempo hay que situarlo entre la duración de la realidad y la necesidad que siente el poeta de fijar el presente.
    Para llegar a comprender la esencia del tiempo es preciso que esté iluminado por el amor. Su vivencia del tiempo se aclara mediante la vivencia del amor. Así existe un tiempo que equivale a vivir la vida en el amor. Entonces ésta se prolonga y amplía por el milagro del amor:
            Cada beso perfecto aparta el tiempo,
            le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve. (Razón de amor)
    El tiempo ensanchado de este modo nos permite llegar al tiempo "antes del tiempo" , al que existía antes de naces, que es el verdadero tiempo.
            No, el pasado era nuestro:
            no tenía ni nombre.
            Podíamos llamarlo
            a nuestro gusto: estrella,
            colibrí, teorema,
            en vez de así, "pasado";
            quitarle su veneno...       (La voz a ti debida)
    El pasado es un tiempo sin memoria y que los amantes pueden moldear a su antojo a fin de que deja de ser pasado y sea presente constante. El afán supremo del poeta consiste en conseguir un tiempo puro: equivale al ansia constante de repetirse, en reiterar lo mismo a fin de permanecer y perpetuarse:
            ¡Que afán de que mañana
            sea
            nada más que llenar
            otra vez al tenderte
            ese hueco que deja
            hoy exacto en la arena
            tu cuerpo!...     (Fábula y signo)

    2. El lenguaje y el nombrar


    Salinas es quizás el poeta moderno que más ha sentido la necesidad de reflexionar sobre el problema del lenguaje, sobre el problema del nombrar. ¿Puede provenir esa preocupación de su profesión universitaria? De todos modos recorre toda su obra desde Presagios hasta El contemplado pasando por Razón de amor y La voz a tí debida.
            el que todos te llaman,
            esa palabra usada
            que se dicen las gentes,
            si se besan o se quieren,
            porque ya se lo han dicho
            otros que se besaron.     (Razón de amor)
    Frente a ese modo de nombrar las cosas, el nombrar común y cotidiano, la palabra mil veces repetida en las mismas ocasiones, el poeta tiene que buscar otros nombre. Y, sin embargo, a pesar de la capacidad asombrosa del lenguaje no siempre es posible la palabra única, exclusiva. Las palabras manidas y usadas, desgastadas por el empleo colectivo pueden llegar a nacer de nuevo por obra del poeta.
            ¿Por qué tienes nombre tú
            día, miércoles?
            ¿Por que tienes nombre tú,
            tiempo, otoño?
            Alegría, pena, siempre
            ¿por qué tenéis nombre: amor?      (La voz a ti debida)
    Queda así sorprendido el mismo poeta - rebuscador de nombres virginales e inusuales - al comprobar que un mismo nombre puede encerrar muchas realidades. De ahí que Salinas desee volver al tiempo en que nada existía ni los nombres y en que las cosas no tenían nombre para poder darles uno. Recuérdese el comienzo de Cien años de soledad : "El mundo era ten reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Para que la realidad sea mi propia realidad tendría que nombrarla yo (es decir, darle el primer nombre yo). Las cosas con nombre me alejan de las cosas y de la realidad. terrible dilema que consiste en tener que nombrar las cosas y no tener la posibilidad de poder poner nombre a las cosas:
            Nombre, ¡qué puñal clavado
            en medio de un pecho cándido
            que sería nuestro siempre
            si no fuese por su nombre!      (La voz a ti debida)


    3. El tu


    ¿Quién el tú? El otro equivale a su apariencia. La amada se esconde detrás de una falsa apariencia. El espejo y el agua (símbolos de la apariencia en Salinas) nos remiten la imagen de la amada. Pero el amante sólo puede acceder a la amada a través de esa apariencia pues si ésta no existiera la amada permanecería inaccesible. ¿¿Donde hallar pues el verdadero rostro de la amada y del amor? Hay pues una dualidad que no deja de atormentar al poeta: la que refleja el espejo y la que se corresponde con la imagen real de la amada. Salinas quiere como Alicia (Lewis Carroll) acceder a lo que hay más allá del espejo.
    ¡Cuánto rato te he mirado
    sin mirarte a tí, en la imagen
    exacta e inaccesible
    que te traiciona el espejo!
    "Bésame", dices. Te beso,
    y mientras te beso pienso
    en los fríos que serán
    tus labios en el espejo.
    "Toda el alma para tí",
    murmuras, pero en el pecho
    siento un vacio que sólo
    me lo llenará ese alma
    que no me das.
    El alma que se recata
    con disfraz de claridades
    en tu forma del espejo. (Presagios)
    La amada es dúplice (dos amadas): aquella que es para los demás (la no verdadera) y la que es para él (la verdadera pues llega con el amor):
    Quítate a los trajes,
    las señas, los retratos;
    yo no te quiero así,
    disfrazada de otra,
    hija siempre de algo.
    Te quiero pura, libra,
    irreductible: tú (La Voz a tí debida)
    El poeta se entretiene a veces pintando como es ella para los otros, como para resaltar después como realmente es para él, su amante -
    ¡Qué alegre!, dicen todos.
    Y es que entonces estás
    queriendo ser tú otra. (La voz a tí debida)
    Para llegar a la amada auténtica el poeta necesita despojarla de todo lo que la embadurna por fuera, de toda anécdota.
    Ansia
    de irse dejando atrás
    anécdotas, vestidos y caricias, (La voz a tí debida)
    Dejando de lado la apariencia el espejo refleja la realidad transformada por el amor- "como un espejo ardiendo" -.
    Y al verte en el amor
    que yo te tiendo siempre
    como un espejo ardiendo,
    tu reconocerás
    un rostro serio, grave,
    una desconocida
    alta, pálida y triste,
    que es mi amada. Y me quiere
    por detrás de la risa. (La voz a tí debida)
    Sólo es amor puede transformar la imagen que tenemos de la amada. Desaparece la falsa apariencia y brilla la amada esencial y verdadera.




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