EN CONSTRUCCIÓN.




  • "Voy ausentándome de mí" 
  • "Llamando al hijo"
  • Pero, mi niño es tan débil..." 
  • "El pájaro ruiseñor"
  • "Ofrecimiento" 
  • "Adolescentes" 
  • "Ausencia del amante" 
  • "Canto fúnebre por mi época"
  • "Conformidad" 
  • "Lluvia en mayo" 
  • "Declaro que se ha muerto" 
  • "Encuentro" 
  • "Es mía y no mía la muerte" 
  • "Hombre con violín" 



  • Escuela

    Entre los atlas y los pupitres, qué firmes y gráciles son las niñas. Se confunden con las líneas azules, con los marecitos, como cabelleras, de las cartas geográficas.
    Cada vez que decían una letra, ondulaba el coro. Yo señalaba la rosa de la a, el lirio fresco de la ele...
    ¿De qué isla, de qué árbol, de qué fuente crece este chorro de luceros que son los niños ?

    JÚBILOS, 1934




    Yo no te pregunto

    Yo no te pregunto
    Yo no te pregunto adónde me llevas
    Ni por qué.
    Ni para qué.
    ¿Quieres caminar ?, pues yo te sigo.

    BROCAL, 1927





    Amante.


    Es igual que reír dentro de una campana:
    sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.
    Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
    y yo te transparento: soy tú para la vida.

    No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
    No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
    esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
    cuando clama la voz en desiertos de llanto.

    Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
    y el amor se consuela prodigando su alma.
    Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
    y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.

    Solamente tú y yo (una mujer al fondo
    de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
    vamos considerando que la vida..., la vida
    puede ser el amor, cuando el amor embriaga ;
    es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
    es, segura, la luz, porque tenemos ojos.
    Pero reír, cantar, estremecernos libres
    de desear y ser mucho más que la vida...?
    No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
    y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.

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    Primer amor.


    Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia!
    Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
    sin haberlo soñado, sin que nunca
    un ligero esperar prometiera la dicha.
    Esta dicha de fuego que vacía tu testa ,
    que te empuja de espaldas,
    te derriba a un abismo
    que no tiene medida ni fondo.
    Abismo y solo abismo
    de ti hasta la muerte!
    Tus brazos!
    Son tus brazos los mismos de otros días,
    y tiemblan y se cierran en torno de su cuerpo.
    Tu pecho, el que suspira, ajeno, estremecido
    de cosas que tú ignoras,
    de mundos que lo mueven...
    Oh pecho de tu cuerpo, tan firme y tan sensible
    que un vaho lo pone turbio
    y un beso lo traspasa!
    Si nunca nadie dijo que así se amaba tanto!
    Podías tú esperar que ardieran tus cabellos,
    que toda cuanta eres cayeras como lumbre
    en un grito sin cifra ,
    desde una cordillera gritada por la aurora?

    Ceniza tú algún día? Ceniza esta locura
    que estrenas con la vida recién brotada al mundo?
    Tú no te acabas nunca, tú no te apagas nunca!
    Aquí tenéis la lumbre, la que lo coge todo
    para quemar el cielo subiéndole la tierra.

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    Canción al hijo primero.

    Hijo de la tierra,
    te arrojó el Jardín.
    Aunque veas sombras
    no quieras lucir.
    Tu madre era bella,
    la secan los vientos.
    Tu madre era tierna,
    se quema en el yermo.
    Tu madre mordía
    la flor del manzano,
    cuando el hombre puso
    tu vida en su mano.
    Tu madre sembraba
    contigo el centeno,
    cuando tú bebías
    la leche en su cuenco.
    Hijo de la ira
    de Dios implacable.
    No podrá salvarte
    del odio tu madre.
    No duermas, vigila.
    No duermas, despierta.
    Te amenaza fría

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    la heredad desierta.
    Te persiguen ojos
    sin dulce descanso.
    Te aborrece eterna
    del Creador la mano.
    Las gacelas corren:
    correrás tú más.
    Los leones saltan:
    tú debes saltar.
    Los arroyos huyen:
    tú tienes que huir.
    Aunque yo lo quiera,
    ¡no puedes dormir!
    No duermas, escucha.
    No duermas, acecha.
    Silbarán las aves
    sobre ramas ebrias
    para hacerte leve
    esta oscura tierra.
    Escúchame, hijo:
    no duermas, no duermas...
    Por todos los siglos,
    ¡no duermas,
                no duermas!





    Canto al hombre

    Cuando eres, como ahora, hermoso y fuerte,
    yo te amo.
    Cuando el viento se doblega para ti,
    cuando a la tierra tú la rindes, yo te amo.
    Yo te amo por osado,
    y te amo por heróico, por audaz y porque ofreces
    tu hermosura y tu valor. Por derramado.
    Firme tú sobre las nubes, navegando los espacios.
    Duro tú sobre las aguas, descollante tu estatura
    en lo azul del océano... Hombre joven que lo afrontas
    cual un elemento más, siendo tú el lazo
    de elementos de creación. Yo así te amo.
    Desde lejos y despacio, torpemente en el comienzo,
    tu andadura cada siglo acelerando...
    así has llegado.
    Y ya domas a los mares y a los cielos; los cabalgas
    como potros tan salvajes como fuiste. A los astros
    los asedias sin temor. Igual que un astro, que otro astro
    participas del secreto compartido, constelando
    como ellos mi cenit. Hombre, te amo.
    Yo te amo y te contemplo, yo te admiro y yo te exalto.
    E ignorando cómo cantan los arcángeles, te canto.
    Mientras seas como eres, una luz entre las sombras,
    una luz sobre los bosques, un clamor desde los labios;
    mientras cantes y sonrías, esperanza de otro tú
    ya menos agrio,
    hombre joven, hombre fuerte, hombre hermoso,
    yo te amo.
    Aunque guardas en tus ojos viejas piedras del basalto
    que formaba las murallas de Proverbios y del Cántico,
    ya despierta tu mirada a la ternura
    enajenados resplandores fugitivos de piedad por lo creado.
    Como un hacha cortas tú, y eres tan blando
    que te rayan las plegarias y el amor.
    Eres compacto
    y flexible, quebradizo, vulnerable...
    ¿De qué rayo fulminose lo divino contra ti?
    No te ha abrasado ni la cólera de Dios, ni su contacto.
    Sobrepasas a tu propia lava impura, en sobresalto
    de promesas y derrotas... Ajeno y amplio
    como tierra y como el mar, como el espacio.
    Pero, hermoso; pero, audaz. Loco de siembras
    que, no estrellas sino mundos, vas hincando.
    Empujaste las cavernas, destrozaste las pirámides,
    desecaste los diluvios, apagaste los volcanes,

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    arrancan dando del planeta a los bienaventurados.
    ¡No volvías la cabeza de oro puro a lo pasado!
    Por cruel y por ardiente, yo te amo.
    ¿Quién no aleja para ti lo que has huido;
    quién no llora por tu amor lo que has matado?
    Nunca yo que te contemplo; nunca yo
    que me he entregado
    a la sangre y al gemir de tantos duelos
    como pueblan tu yacer y tus contactos.
    Ahora, no. Que te liberas y me llevas por el aire,
    confiando
    en tu propia inteligencia, en tu arrebato.
    ¡Ah, los vuelos que gobiernas con sonrisa
    y dócil mundo
    de instrumentos que tú mismo has inventado!
    Y te sirven, como sirven los esclavos.
    No desciendas, no me abatas. Hombre amado,
    te sostengo y me sostiene un interminable rapto.
    No eres rojo ni eres negro. Eres blanco,
    el fúlgido centellear de intactos arcos.
    ¡Atrévete con el Bien, sujétalo con tus brazos!
    Hermoso varón que tanto presentía
    y que he soñado.
    Porque eres mi mejor yo, he ahí por qué te amo.
    No te quiero cuando débil, sometido, acobardado.
    Aunque torvo si acometes, más te busco despiadado
    que humillando la cerviz como un toro sin sus mandos.
    Que eres viejo, bien lo sé. Sé que debajo
    de esta túnica de piel que te envuelve,
    estás cansado de los siglos de rodar
    para ver de Dios el brazo
    que fulmina y que fulmina... Y, ¿no es cansancio
    contemplar cómo te hundes en mi vientre,
    deslizando tu niñez y tu vigor entre mis flancos
    para luego desgajármelos despacio...?
    ¡Ah, si halláramos la brisa, si encontráramos el látigo
    que flagela y que consuma a los más enamorados!
    ¡Por todo lo que venciste van tus piernas
    de cobre forjando ajorcas para sujetar tu paso,
    criatura que apretaría eternamente entre mis brazos!
    Más allá de la vida y de la muerte,
    Hombre, te amo.



    Adolescencia

    En el Alba de su vida el deseo
    le surgió en su boca la sonrisa
    por hallarse ante el amor.
    Era niña que vivía hasta en sueños
    su ardor, y la sangre palpitaba
    al hallarse con su amor.
    Sin el Alba ni en la Tarde
    ella un día preguntó:
    Si posible era guardar
    aquel su primer amor.

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    Voy ausentándome de mí

    Voy ausentándome de mí.
    Poco a poco, el lastre de ensueño cede
    su sitio a la realidad doble
    que es mi vida en transcurso.
    ¡otro ser dentro de mi carne
    fragua su carne, su piel,
    su corazón diminuto, mi estrella!

    Asisto a la escisión silenciosa
    con pasmo anhelante, con gozo
    nuevo de verme en otros ojos míos,
    de mis ojos hechos,
    de mi sangre coloreados,
    ¡ay!, de toda cuanta soy.

    Día por día el latido
    es golpe que me recuerda, urgente,
    valor que no tengo,
    heroísmo que nunca soñé.

    Y temo por el que estoy creando
    en convenido misterio
    dentro de mi soledad sin orillas
    cerca de mi corazón, su estrella.

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    Llamando al hijo

    Cuando tu me llamas
    todos los pájaros cantan;
    la mar y sus caracolas
    al corazon lo levantan.
    Cuando tú me llamas
    el cuerpo se sobresalta:
    que es un romero sin sed
    y no necesita el agua.
    Cuando tú no me llamas
    la vida se me desgana.
    Se convierte en un erial
    que ya no produce nada.

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    Pero, mi niño es tan débil...

    Le dije a la luz: no quiero
    que la noche me persiga.
    Y la luz me contestó:
    lo imposible, no lo pidas.

    Quiero que todos me vean
    porque estoy desconsolada;
    el amor que era mi vida,
    la noche siempre lo apaga.

    Ya no vendrá por la noche,
    sólo brillará en el día.
    Es un amor tan pequeño
    que necesita alegría.

    Yo puedo quererle siempre,
    si hace sol o no lo hace.
    Pero, es un amor tan débil
    que necesita alumbrarse.

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    El pájaro ruiseñor

    A mi me canta en el pecho
    un pajaro ruiseñor.
    A ti te canta en la boca
    el beso que te doy yo.
    Cuántas aves se reúnen
    para hacerse una canción!
    Abro la mano y espero
    que se pose el ruiseñor.
    Cierras la boca y en ella
    se mete mi corazón.
    Cuidalo como yo cuido
    en mi pecho al ruiseñor.

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    Ofrecimiento

    Acércate.
    Junto a la noche te espero.

    Nádame.
    Fuentes profundas y frías
    avivan mi corriente.

    Mira qué puras son mis charcas.
    ¡Qué gozo el de mi yelo!

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    Adolescentes

    Sobre la eterna piedra del mundo tan compacto
    la traza débil, fresca, de tu desnudo cuerpo.
    Todo es muy duro y agrio, se rebela enemigo,
    y te alzas tan joven y segura, tan tierna...

    No es verdad que las flores luchen siempre calladas.
    Ellas gritan su olor y se mueren temprano,
    cuando tú, que eres más, sufres doble que ellas
    y además mueres tarde, porque ya te marchitas.

    Iluminada gracia, 1951




    Ausencia del amante

    He vuelto por el camino sin yerba.
    Voy al río en busca de mi sombra.
    Qué soledad sellada de luna fría.
    Qué soledad de agua sin sirenas rojas.
    Qué soledad de pinos ácidos, errantes...
    Voy a recoger mis ojos
    abandonados en la orilla.

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    Canto fúnebre por mi época

    A Vicente Aleixandre

    Yo misma reclamando a los arcángeles,
    ¿qué soy más que una voz descompasada?
    La tierra suma tierras sin raíces,
    oscuros vendavales de tormentas...
    Los cuerpos van sin alma, son tan sólo
    los pozos del instinto desatado.
    ¡Qué triste mi yantar de pan sombrío,
    mi oscuro acontecer por el trascielo!
    Ni lloro ni sonrío, que la risa,
    el llanto, son de vivos, y no soy
    ni viva ni tan muerta que no sepa
    que me puedo morir dentro de poco.

    Hablar de lo celeste imaginado.
    Latir los estertores de la dicha.
    Sentirme delirar, acongojada
    por tanto goce limpio en el amor.
    ¿Acaso todo ello no es posible,
    temiendo, como temo, que la vida
    se acabe para mí sin prolongarla
    en vida de la eterna persistencia?
    ¡Oh carnes de dolor, hombres funestos;
    mujeres de placer, viejos sin lumbre;
    criaturas del descuido irresponsable!
    Penando por vosotros yo arrebato
    mis pulsos en amarga calentura.

    A nadie importa nadie. Que asesinos
    de otros que serían matadores
    componen la corteza de la tierra.
    Delatan lenguas frías sus venganzas,
    y un pueblo universal ulula odios
    encima de la sangre derramada.
    ¿Qué puedo yo crear; quién hace lirios,
    de no ser Dios potente, de este cieno?
    ¿Quién puede remediar mi incertidumbre,
    de no ser Dios eterno, en esta charca?

    ¡Soñar mis sueños yo, aquellos sueños
    de esbeltos palmerales levantinos;
    beber brisas salobres, yo, sedienta,
    oyendo sollozar por los alcores!

    ¡Mis años de ilusión, mi fuerza ardiente
    librada de mi cuerpo dominado;
    mis sueños del amor que nunca llega
    colmando aquel soñar de tanto espíritu!

    ¿Qué hacemos ahora aquí, quién nos requiere
    si no es para colmar nuestro fracaso?
    ¡Oh tristes del llorar, sumad mi queja
    al negro de la noche sin orillas!

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    Muy largo es el dormir sin esperanzas.
    Muy largo y muy profundo, despertarse.
    Y busco entre vosotros, los ajenos,
    la calma de inefables beatitudes.
    ‹Hay hombres que no quieren ser el eco
    de tales resonancias dolorosas.
    Mujeres sin dolor, cuerpos de sexo
    que empapan su animal perseverancia‹.

    ¿Quién dijo que la voz del que clamara
    podría desnudar indiferencias?
    ¡Que clama mi dolor por lo que sufren,
    y estoy sola en amor por cuantos lloran!

    ¡Decir mis sueños yo, la más doliente
    que puso en este mundo sus pisadas!
    Contaros que en el sueño de mis ojos
    anidan las augustas majestades
    de almas sin temblor, sin una sombra,
    cubiertas por la flor de mis canciones!
    Dormir y no saber; dormirme toda
    y nunca despertar de mi distancia...
    ¿Qué puedo yo ofrecer, qué luna dulce
    habría de alumbrar por mis palabras?
    Volvedme a mis fronteras, nieblas frías;
    volvedme a mi no ser; al gran seguro.

    Están sin luz las sendas; los atajos
    bañándose en la sangre derrochada.
    En dientes sin blancor gimen pedazos
    de carnes en agraz. Balan su ira
    los castos y en temor, que nada impiden.
    Transcurre todo así; bilis y sangre
    debajo de los puentes lujuriosos.
    Codicias y ruindad, grandes altezas
    imperan bien aquí, donde yo clamo.
    ¡Abridme como res que todos matan,
    sacad mi sangre entera, destruidme,
    que quiero deshacerme entre vosotros!

    ¿Soñar mis sueños ya..., decir mis sueños
    en este mismo idioma de lamento?
    ¡No voz del mundo y mía; voz humana
    que entiendan y desprecien los humanos!

    Celeste y misterioso oído mío,
    augusta majestad que me responde:
    ¿en qué pozo de luz, en qué caverna
    de minas sin hollar puedo decirte
    la enorme angustia mía, mi ternura,
    inútiles las dos? ¡Cómo las siento
    secándome la fe de mi destino!




    Conformidad.

    ¡Cuánto, Señor, te debo por todos los momentos
    en que pudiste hacerme sufrir y no lo hiciste!
    Las horas del dolor suman tiempos tan lentos
    que más que por la edad se enveceje por triste.

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    Lluvia en mayo

    ¡Cuán hermosa tú, la desvelada!
    Te lleva y te moldea dulce viento
    encima de jardines y de estatuas.
    Tu cuerpo es el de Venus en la orilla
    eternamente mar dentro del alba.

    Acude siempre a mí, séme propicia.
    La fiesta de las hojas en sus ramas
    te rinden los esbeltos soñadores
    que en movibles racimos se levantan.

    No tengo ni una flor... Sólo mi tronco
    aloja por frutal una campana.
    Lluvia que contemplo, melancólica:
    no crezcas para mí. Vivo inundada.

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    Declaro que se ha muerto

    Declaro que se ha muerto y que su tumba
    está dentro de mí; soy su mortaja.
    A nadie se enteró porque su tránsito
    descanso fue de locas esperanzas.

    Rodean el contorno de esta fosa
    - caliente está la vid que escala muros -
    los pámpanos más tiernos y jugosos
    que arrancan del silencio su tumulto.

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    Encuentro

    ¡Gloria de tu hallazgo!
    Bautismo inicial de la primavera
    en oleaje de pájaros.

    Se movieron las selvas inefables.
    Se deshizo el otoño de sus plumas
    cubriendo inviernos cándidos.

    Venías tú, gentil criatura,
    desnudando los ríos a tu paso.

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    Es mía y no mía la muerte

    Es mía y no mía la muerte.
    Es la muerte de los que nacieron conmigo
    y cansados de ver morir o de matar,
    van muriéndose en cuerpos que se resisten
    a dejar de ser vivos.
    La muerte va dentro, sin espasmos funerales,
    grandiosa a fuerza de copiosidad.
    Se fue quedando la risa triste
    en su fanales de labios...
    El bosque de los que no resistieron morir,
    pulula en torno mío.
    ¡Es un bosque que canta en cien leguas
    sus salmos de eternidad!
    Me he dormido en el umbral de la luz y no hallo
    más sombra que mi adhesión a la Sombra.

    ¡Nadie puede levantar a los muertos!
    ¡Con tal velocidad se deshacen!
    Un muerto es un charco muy pronto:
    un pequeño y odioso charco oscuro,
    que no recuerda a nada vivo...
    No se comprende, viéndole,
    que los pies hayan sido otra cosa
    que hueso con líquido miserable escondido,
    capaz de llevar a los otros charcos a lugares
    donde la oquedad del cráneo se llenara
    de lúgubres resonancias.
    ¿Qué vino reconocería su siembra
    en el vino mefítico ----que es un muerto
    hecho este charco de ausencias?

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    Hombre con violín

    Esos hombres del violín llevan su voz en el brazo
    como la vena firme de una canción muchacha.
    Van celándola dulces, con los ojos cerrados,
    todos brasa y suspiro del ensueño que llueve
    diminuto rocío de aprisionadas flores
    en los cuerpos fragrantes de sus violines músicos,
    aun con hojas y aromas del encendido bosque.

    Un violín es la voz de una fuente con viento
    a la que brizan ásperos y dulcísimos soplos.
    Lo sabe quien lo pulsa, y flotan sus cabellos
    como yerba que sube por el tronco de un árbol,
    mientras la mano empuja hacia el cielo las cuerdas
    y la otra recorre con el arco un zodíaco.

    En rubio; huele a nardo en la noche con luna,
    y de jazmines siembra la abandonada tarde.
    Tan delgado y ligero como fueron las ninfas,
    sinuoso y con algas, como verde sirena.
    Es la voz que prefiere la Primavera fría.
    Y al Otoño le cuenta que se fueron las aves.
    Los cipreses la exhalan. El calor de los vuelos
    en los violines junta con las plumas los nidos.

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    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac