• "Mar redondo, desvelado" 
  • "Crines de la noche"
  • "Doble foco de luz uniformado" 
  • "¡Qué bien sobre el mar tus brazos"
  • "Esquinas de la tarde se perdían" 
  • "Mi falda de tres volantes" 
  • "Mis años compañeros" 
  • "Llevabas" 
  • "Quisiera que en lugar" 
  • "Cuando el tiempo" 
  • "La tarde tiene sueño" 
  • "Noches sobre la playa" 
  • "Mis amigos de entonces" 
  • "Plaza de San Bernardo con sus laureles viejos" 
  • "Esta música amiga que ahora escucho" 
  • "Hermano: tú compartes mi silencio" 
  • "Aprende" 
  • "Cuando veo mi imagen reflejada" 
  • "Cuando mi boca sea una recta de niebla" 
  • "Soy feliz" 
  • "Tú en el alto balcón de tu silencio" 
  • "En un claro soneto sobre el mar suspendido" 
  • "Destino" 
  • "Todos los días" 


  • Sobre la superficie

    Sobre la superficie
    del mar encandilado
    de las seis de la tarde,
    saltan algunos peces
    que dejan sobre el agua,
    al caer, una onda.
    Así, a trechos, bordado
    el mar por esta aguja
    parece que sonríe:
    sonrisas que se ensanchan
    y cierran lentamente;
    sonreír de la orilla,
    encaje de la falda
    azul y transparente

    Versos y estampas (1927)





    El viento trae todo el rumor

    El viento trae todo el rumor
    por el camino arriba.
    Tú subes con el viento
    dentro de mí,
    en mi ensueño,
    lejos y cerca,
    distinto y el mismo.
    Yo te espero
    esta tarde
    -claridad dormida-,
    y el viento trae
    todo el rumor,
    el mismo y distinto.

    Versos y estampas (1927)





    Agua clara del estanque

    Agua clara del estanque.
    Era un espejo del chopo
    y alfombra verde del cielo
    con reflejos de los árboles.
    ¡Oh, si yo hubiera podido
    entrar con los pies descalzos
    y ser el viento en el agua
    y hacer agitar el chopo!

    Versos y estampas (1927)





    No te acerques al estanque

    No te acerques al estanque:
    antes me he mirado en él
    y vi su fondo a través
    de mi sombra. No te acerques
    al estanque:
    tendrás el pecho hondo y frío
    y tembloroso del agua.

    Versos y estampas (1927)





    Mis pies descalzos, de plata

    Mis pies descalzos, de plata.
    La orilla muerta del mar
    en la playa,
    sobre el sudario de arena
    mojada.
    La noche viuda, enlutada,
    Se cubre toda de lágrimas.
    La luna, mis pies descalzos
    De plata, dentro del agua.

    Versos y estampas (1927)





    Las horas son iguales

    Las horas son iguales
    que aquéllas de mi ausencia:
    lentas, precisas, mudas,
    en orden de asiladas.
    En estas mismas horas
    tu presencia dejaba un tranquilo
    descanso sobre mi fantasía.
    Las agujas atienden
    el mandato del péndulo
    y hacen su telaraña
    de números romanos.
    Tu presencia lejana
    deja sobre mi frente
    la mano que despierta
    mi sueño, poco a poco.

    Poemas de la isla (1930)






    Yo no quisiera pensarlo

    Yo no quisiera pensarlo,
    pero lo llevo prendido
    del alto mar de mi frente:
    telón de cinematógrafo
    para mi anhelo perdido.
    Yo no quisiera pensarlo.
    Reflejo de toda luz
    y eco de toda palabra,
    dibujo del pensamiento:
    yo no quisiera pensarlo.

    Poemas de la isla (1930)






    Altas ventanas abiertas

    Altas ventanas abiertas
    dejaron sombras de luces
    disparadas en la arena.
    El camino estaba quieto,
    muerto del blanco preciso
    con doce heridas de invierno.
    En las ramas de los pinos
    el pensamiento giraba
    las brisas de los olivos.
    Una vez cerca. El espacio
    vacío, libre, perdido
    a lo largo de los brazos.
    y qué lejos el momento,
    cuatro paredes baratas
    imágenes del espejo.
    Ni tú ni yo. Las ventanas
    altas, abiertas, desnudas,
    suicidas de madrugada.

    Poemas de la isla (1930)






    No quiero mirar la orilla

    No quiero mirar la orilla,
    no quiero mirar el mar,
    que me voy quedando sola
    con las dos manos vacías.
    Amigo, con tu pañuelo
    has despertado mi olvido
    y te llevas en sus bordes
    la flor blanca de mis sienes.
    No quiero mi traje azul,
    ni mi delantal de encajes,
    que ya me han dejado sola
    con los pies dentro del agua.
    Amigo, con tu recuerdo
    se riza el aire del mar:
    estela sobre las olas,
    peregrino pensamiento.

    Poemas de la isla (1930)






    ¡Cómo temblaban mis labios

    ¡Cómo temblaban mis labios
    al despertarme mi sueño!
    ¡Qué parado mi deseo!
    Mi pensamiento, qué libre
    por los caminos del viento.
    Cuando cerraba los ojos,
    el día los iba abriendo;
    yo recogiendo mi imagen,
    él desdoblando su anhelo.
    ¡Cómo temblaban mis labios
    a la sombra de mi sueño!

    Poemas de la isla (1930)






    Qué repetido deseo

    Qué repetido deseo,
    todo igual y siempre el mismo,
    distinto y otro, inconsciente,
    confundido y tan preciso,
    se me va quedando dentro
    escondido y dueño solo,
    perdido y presente siempre.
    Altas noches, muros largos,
    patios de la madrugada.
    y mi deseo rodando,
    -número de circo - libre.
    Una y otra vez, alerta
    dando la voz en mis sienes,
    centinela de mi pecho,
    fiel compañero constante.
    Qué repetido deseo
    tan inseguro y tan firme,
    ignorada certidumbre.
    Distancia, viento y espacio.

    Poemas de la isla (1930)






    Tu nombre ya me lo han dicho

    Tu nombre ya me lo han dicho
    pero yo no te conozco,
    ni te vi nunca la cara
    ni sé el color de tus ojos.
    Pero tu nombre ¡qué claro
    lo voy diciendo en el fondo,
    con sus siete letras firmes
    de tres sílabas, sonoro!
    Enamorada ya estoy
    aunque yo no te conozco,
    ni te vi nunca la cara,
    ni sé el color de tus ojos.

    Tu nombre ya me lo han dicho
    con siete letras en corro.

    Poemas de la isla (1930)






    Mar redondo, desvelado

    Mar redondo, desvelado,
    sortija blanca,
    novio enamorado.
    Desde el balcón,
    por la orilla,
    rizando va mi canción.
    Mar de siete colores,
    curva salada,
    cinturón de novia enamorada.
    En mi ventana
    se ha prendido el encaje
    de la mañana.
    Mar abierto, encandilado,
    verde collar,
    novio enamorado.
    Desde el balcón,
    por la orilla,
    rodando mi corazón.

    Poemas de la isla (1930)






    Crines de la noche

    Crines de la noche,
    caballo perdido de la madrugada.
    Cristales desnudos,
    piel estremecida,
    transparencia larga.
    ¡Qué escondido sueño por orillas blancas
    y violento y mudo
    galopar del alba!
    Estanques dormidos,
    caderas flexibles de la noche intacta.
    Cansado desvelo
    viento desvelado
    humedad cansada.
    ¡Qué escondido sueño bajo orillas blancas
    y qué lento, inmóvil
    galopar del alba!
    Te quería
    por tu palabra inútil,
    fuerte muchacho atlético,
    como un mundo desnudo
    y trazado
    de nervios.
    Yo te miraba, absuelto
    de aquella gritería desbandada
    de gargantas y vientos,
    cuando tú hubieras sido
    vencedor de mi acero
    y de aquella muchacha despeinada
    en su inútil esfuerzo
    y sólo fuiste proa
    valiente
    de tu pecho.

    Poemas de la isla (1930)






    Doble foco de luz uniformado

    Doble foco de luz uniformado,
    abanico de azules varillajes.
    Los esmaltes se miran en las sombras
    sobre la cinta rápida de acero.
    En el aire se parten las estrellas
    divididas en miles de alfileres.
    Imagen del cristal. Volante -disco
    como un reloj sin cuerda entre las manos.
    Viento en la frente viva. Maravilla
    de estremecido respirar atento.
    Y en la magia cautiva de las venas
    la vibración segura de los límites.

    Poemas de la isla (1930)






    ¡Qué bien sobre el mar tus brazos

    ¡Qué bien sobre el mar tus brazos
    morenos, fuertes, seguros
    como dos remos, salados!
    Brillantes de sol y agua
    desde lo alto se afirman
    agujas de la mañana.
    O bien sobre el mar se tienden,
    pez azul bajo las olas,
    doblando la espuma verde.
    ¡Que eres de mar, no de tierra,
    remero de tus dos brazos
    salados, color de arena!

    Poemas de la isla (1930)






    Esquinas de la tarde se perdían

    Esquinas de la tarde se perdían
    por la línea segura de tus brazos.
    Firme perfil del aire, tú llevabas
    enemigo seguro frente a frente.
    Yo era implacable juez desde la proa
    afilada y valiente de tu ritmo,
    y la curva constante de tu brazo
    repetida y distinta, cada vez
    más segura y presente en su dominio,
    me cruzaba de impulsos la mirada.
    Yo iba segura allí, frente a tus brazos
    perseguidos de sol y de reflejos.
    Desprendidas esquinas de la tarde
    me marcaban la voz de tu presencia.

    Poemas de la isla (1930)






    Mi falda de tres volantes

    Mi falda de tres volantes
    y mi blusa desprendida,
    qué bien me adornan andares
    y brazos del aire libre.
    ¡Cómo se ondea mi falda
    desde el volante primero
    perseguida curva eléctrica
    hasta la rodilla firme!
    Y mi blusa desprendida
    viento y calma, sol y sombra,
    cómo juega y se persigue
    desde el hombro a la cintura.
    ¡Ay qué me gusta mirarte
    espejito biselado,
    cristales de las esquinas,
    gafas de los estudiantes!
    ¡Qué bien me veo pasar
    remolino de las brisas
    pequeña y grande, confusa
    huella blanca en el asfalto!

    Poemas de la isla (1930)






    Mis años compañeros

    Mis años compañeros,
    años míos, inciertos,
    niños desordenados,
    al salir del colegio...
    Ya son dos y son tres,
    compás del mismo tiempo,
    maravilla segura
    de inagotable anhelo...
    Mi corazón latió
    veintitrés balanceos.
    Mi corazón amigo,
    buen profesor pequeño.
    Y hoy no sé qué me pasa...
    Y hoy no sé lo que tengo...
    ¿Es uno más, amigo?
    ¿Uno más... o uno menos?

    Poemas de la isla (1930)






    Llevabas

    Llevabas
    en los pies arena blanca
    de una playa desconocida.
    Por eso
    cuando a mí llegaste
    no sentí tus pisadas.
    Llevabas
    en la voz desnuda
    un compás de espera.
    Por eso
    cuando me hablaste
    no pude medir tu voz.
    Llevabas
    en las manos abiertas
    espuma blanca de aquel mar.
    Por eso
    de tu bienvenida
    no pude conservar la huella.
    Todo tú
    venías en mi busca
    y no pude reconocerte.
    ¡Arena blanca, compás de espera, espuma blanca!
    ¡Inquieto sueño de la verde orilla,
    rizado de preguntas...!

    Poemas de la isla (1930)






    Quisiera que en lugar

    Quisiera que en lugar
    de este Abril y este Mayo
    y de este sol que nace
    con el aire temprano,
    fuera otra vez, de nuevo,
    aquel Marzo incompleto.
    No tenía principio
    ni fin. Era mitad,
    centro predestinado,
    eje de un solo sueño.
    ¡Ay, yo hubiese querido
    que como rueda libre
    del recuerdo, este Marzo
    girara! Yo lo tengo
    prendido entre mis sienes
    Pero así no lo quiero.
    ¡Haber sido una vez
    círculo de este anhelo!
    ¡Girar constantemente
    por el mismo momento!
    Y ahora dieciocho
    y veintisiete luego,
    y en esas nueve fechas
    girar con mi desvelo.
    Pero este Abril lejano
    y este Mayo en silencio.

    Marzo incompleto (1947)






    Cuando el tiempo

    Cuando el tiempo
    no tenga ya memoria
    y todo lo pasado
    sólo exista en la luz
    de mi recuerdo intacto.
    Cuando tu vida ya sea otra
    y ese rumbo
    del que hoy irás en busca
    sea ya tu destino.
    Cuando tú y yo,
    salvadas las distancias,
    la inevitable ausencia
    que tu palabra puso a nuestro alcance,
    volvamos a encontrarnos
    frente a frente,
    yo buscaré detrás de tu mirada
    la imagen de mi imagen,
    y todo
    lo que ahora he perdido
    lo volveré a encontrar.

    Marzo incompleto (1947)






    La tarde tiene sueño

    La tarde tiene sueño
    y se acuesta en las copas de los árboles.
    Se le apagan los ojos
    de mirar a la calle
    donde el día ha colgado sus horas
    incansable.
    La tarde tiene sueño
    y se duerme mecida por los árboles.
    El viento se la lleva
    oscilando su sueño en el aire.

    Marzo incompleto (1947)






    Quisiera tener sujeta

    Quisiera tener sujeta
    la naranja de la tarde
    así entre las manos, fresca,
    sin la piel rubia y brillante,
    tirabuzón de la luna
    peinado por mi cuchillo.
    Qué sabor a fruta nueva
    ha de tener en los bordes
    el mar, la arena y el aire.
    ¡Qué deseo de partir
    en dos mitades la tarde!
    Cuando la noche se asome
    a su ventanal de cobre
    se tragará la naranja.
    ¡Ay, niña desconsolada!

    Marzo incompleto (1947)






    Noches sobre la playa

    Noches sobre la playa: rumor de orilla fresca.
    Blanco batir de remos que la sombra sorprende ...
    Sobre la barra grande los hachones de pesca,
    y un cuerpo perezoso que en la tierra se tiende.

    En lo alto de la Isleta el faro gira y gira.
    Un denso olor a algas... Venus, la Osa Mayor...
    Rasguea una guitarra. Una mujer suspira
    La brisa trae aromas de madreselva en flor.

    Y en las noches de luna, sentados en la acera,
    al ritmo melodioso de una antigua habanera
    lánguida y cadenciosa con su aire dulzón,

    evocar las figuras de la memoria mía
    (los padres, el hermano, Dolores y María)
    envuelta entre los pliegues de un viejo pañolón.

    Medida del tiempo (1989)






    Mis amigos de entonces

    "La palabra del alma
    es la memoria"

    LUIS ROSALES

    Mis amigos de entonces,
    aquellos que leíais mis versos
    y escuchabais mi música:
    Luis, Jorge, Rafael,
    Manuel, Gustavo...
    ¡y tantos otros ya perdidos!
    Enrique, Pedro, Juan,
    Emilio, Federico...
    ¿por qué este hueco entre las dos mitades?
    Vosotros ayudasteis
    a la blandura del que fue mi nido.
    Yo me formé al calor
    que con vuestras palabras me envolvía.
    Me hicisteis importante.
    Con vuestro ejemplo,
    me inventé una ambición
    y tuve
    vuelos insospechados de gaviota.
    Gaviota, sí,
    porque fue el mar mi espejo
    y reflejó mi infancia, mis septiembres...
    ¡Amigos que de mí hicisteis nombre!
    A la mitad vertiente de mi vida hoyos llamo.

    Medida del tiempo (1989)






    Plaza de San Bernardo con sus laureles viejos

    Plaza de San Bernardo con sus laureles viejos
    y sus casas terreras y aquélla de la cruz...
    Aceras empolvadas sembradas de reflejos
    y las fachadas blancas impregnadas de luz.
    ¡Tendedme vuestras manos!
    Yo me sentí nacer,
    para luego rozar de los cimientos
    la certera caricia.
    Pero de pronto,
    un día me cubrió lo indefendible,
    algo sin cuerpo, sin olor, sin música...
    y me sentí empujada,
    cubierta de ceniza, borrada con olvido.
    ¿Dónde estabais vosotros, compañeros,
    vuestras letras de molde, vuestro ingenio,
    vuestra defensa
    contra el desconocido ataque? ¡Oh, amigos!
    Enrique, Pedro, Juan,
    Emilio, Federico...
    nombres
    que no responderán mi voz.
    Manuel, Gustavo,
    lejos...
    Luis, Jorge, Rafael...
    Que aunque el afán
    vientos nos dé para encontramos,
    ignoro en qué ciudad
    y si llegará el día
    en que vuelva a sentirme descubierta.

    Medida del tiempo (1989)






    Esta música amiga que ahora escucho

    Esta música amiga que ahora escucho
    y este reló que suena acompasado,
    me devuelven la ausencia de unos años
    que el recuerdo conserva en la memoria.
    ¡La casa y la cancela! Los helechos
    que colgaban de verde las ventanas:
    el papel que cubría las paredes
    con medallones y guirnaldas de oro...
    En el piano tocaban unas manos
    las notas que hoy escucho, repetidas.
    Y el viejo reló daba, igual, la hora,
    bajo el techo seguro de mi casa.
    Tu voz, madre, colmaba nuestras vidas.
    Me gustaba apoyarme en tu regazo,
    sobre tu blusa pálida, de encajes,
    porque era blando y suave, como el nido.
    Entre todos mis sueños, tú, elegida.
    Año tras año, madre, te he seguido.
    Conozco cada huella de tus pasos
    y cada luz que asoma a tu mirada.
    Hoy ya no eres la madre. Me has nacido
    como un hijo con el cual Dios premiara
    mi estéril inquietud agonizante.

    Medida del tiempo (1989)






    Hermano: tú compartes mi silencio

    Hermano: tú compartes mi silencio.
    Yo, en esta vida indiferente y ciega:
    tú, en ese mundo misterioso y mudo...
    Mi silencio te es fiel. Tu noble imagen
    acompaña mis horas, por mis años,
    con esa claridad que fue tu vida,
    envuelta en tu sonrisa generosa.
    Nuestras voces se unieron, infinitas,
    en nuestras musicales expansiones.
    Y hoy quisiera encontrar en el vacío,
    el eco evocador de tu garganta.
    Estuviste a mi lado, compañero,
    desde mi soledad a mi aventura.
    Siempre tu nombre fue, para los tuyos,
    imagen de intocables perfecciones.
    Tu retrato está hoy junto a mi sueño.
    Tus ojos miran, llenos de ti mismo:
    tu sonrisa se ofrece, limpiamente.
    Cada noche te miro y me pregunto,
    hermano que dejaste nuestra casa,
    por qué no acepto tu implacable ausencia...

    Medida del tiempo (1989)






    Aprende

    Aprende
    del madero quemado,
    de la hoja amarilla del árbol,
    de la sed de la tierra,
    de las arrugas del anciano.
    Aprende
    del quiebro del silencio,
    de la sombra de la soledad,
    de la mano extendida,
    de la boca sin besos.
    Aprende de la mujer estéril,
    de la casa vacía,
    del recuero inútil.

    Sí, corazón,
    aprende y
    deja de sufrir.

    Medida del tiempo (1989)






    Cuando veo mi imagen reflejada

    Cuando veo mi imagen reflejada
    en la luna impasible del espejo,
    siento cómo me duele su reflejo
    tan fiel a mi verdad enajenada.

    Esta forma que late y se rebela,
    tiempo fue de amor y fue de vida;
    y aun hoy, que huellas saben de su huida,
    queda una voz para su luz en vela.
    Pero un día vendrá el irremediable
    que a este espejo me asome, ya acabada.
    Y la raíz de fuego insobornable

    que crece en mi interior, aún no saciada,
    conmoverá la cárcel indomable
    con su llanto de ruina abandonada.

    Medida del tiempo (1989)






    Cuando mi boca sea una recta de niebla


    "Puedo escribir los versos
    más tristes esta noche..."


    PABLO NERUDA
    Cuando mi boca sea una recta de niebla
    y en mis labios se formen pétalos de geranio.
    Cuando mi lengua duerma en su túnel de ausencia
    y mis dientes se junten en cárcel infinita.

    Cuando todo sea hielo, nada, pasado, muerte,
    soledad sin alcance, lejanía, renuncia,
    no volverá la torpe canción de mi palabra
    a enturbiar los fecundos surcos de tu camino.

    Acaso alguna vez te preguntes: "¿Cómo era?
    ¿Qué vibración tenía su empecinado acento?
    ¿Aquel que me alegraba o entristecía? ¿Aquellos
    que a veces me encendían o que me exacerbaban?"

    Pero la tibia tierra con semillas y hormigas
    habrá volcado el peso de su humedad oscura
    sobre las cuatro tablas que sujeten mi cuerpo.

    y al fin habrá callado mi boca, y mis palabras
    atropelladas, torpes, no herirán tus oídos.

    y aunque tus duros puños golpeen tercamente
    la losa que haya puesto la piedad en mi tumba,
    no podrás despertar de su sueño implacable
    a esta voz que hoy deseas sin ecos en tu oído.

    Medida del tiempo (1989)






    Soy feliz

    Soy feliz.
    Se lo digo a mi espejo;
    a este pasar del tiempo
    que acaricia mi piel y mis cabellos.
    Soy feliz.
    Se lo digo a mi cuerpo
    que aún conserva
    su sombra de árbol sano.
    Soy feliz.
    Con el paisaje,
    con la luz,
    los hijos
    que de otras mujeres
    me son dado besar y contemplar.
    Soy feliz.
    Con la cuartilla blanca ante mis ojos,
    en la que volcaré mis silencios.
    Soy feliz.
    Pero qué gran mentira
    si os hiciera creer que esa huella,
    esta sombra
    esta luz,
    aquel paisaje,
    estos hijos que nunca me nacieron
    y la cuartilla blanca,
    sudario
    que aguardaría mi renuncia,
    son la felicidad
    que ahora grito.

    Medida del tiempo (1989)






    Tú en el alto balcón de tu silencio

    Tú en el alto balcón de tu silencio,
    yo en la barca sin rumbo de mi daño,
    los dos perdidos por igual camino,
    tú esperando mi voz y yo esperando.

    Esclavo tú del horizonte inútil,
    encadenada yo de mi pasado.
    Ni silueta de nave en tu pupila,
    ni brújula y timón para mis brazos.

    En pie en el alto barandal marino
    tú aguardarías mi llegada en vano.
    yo habría de llegar sobre la espuma
    en el amanecer de un día blanco.

    Pero el alto balcón de tu silencio
    olvidó la señal para mi barco.
    Y me perdí en la niebla de tu encuentro
    -como un pájaro ciego-, por los años.

    Medida del tiempo (1989)






    En un claro soneto sobre el mar suspendido



    SONETO A RAFAEL ALBERTI

    En un claro soneto sobre el mar suspendido
    donde tu gran deseo navega marinero,
    con tu pluma has trazado un inmenso velero
    que hace tiempo llevaba mi corazón prendido.

    Con el afán de mares y de marinería
    evocas la visión de las islas, viajeras.
    Y en un supremo esfuerzo bordado de quimeras
    las anclas en el verde cristal de Andalucía.

    He pensado en tus playas, las de arena más suave
    Desplegaré mi anhelo en las ondas rizadas
    para formar la vela que dirija la nave.

    Y si un día a tu orilla llega mi gran navío
    yo te prometo en nombre de las Afortunadas
    nombrarte capitán del gran velero mío.

    Medida del tiempo (1989)






    Destino

    Destino,
    ¿qué nombre es el tuyo,
    cruel y despiadado,
    que te enfrentas, altivo,
    a la humanidad?
    Destino,
    que nos niegas el pan y la sal,
    que desafías a nuestras vidas,
    a nuestros horizontes,
    al latido de nuestras venas.
    Destino implacable,
    inconmovible,
    dura piedra
    contra la que nos estrellamos,
    pobres seres indefensos,
    con las ilusiones
    colgando de nuestras heridasŠ
    Destino inhumano
    que nos marcas ferozmente.
    Toro asesino
    que nos ensartas en tus astas
    como peleles, indefensos.
    ¿Qué nombre es el tuyo,
    granítico,
    cimiento indestructible
    que barres nuestros latidos,
    nuestras arterias?
    Ignoto destino;
    a ti te son adjudicadas
    todas las culpas,
    todos los latigazos que recibimos
    los esclavos de este mundo.
    ¡Ah, Destino enemigo,
    rival indefendible,
    adversario tenaz!
    Te quisiera de frente,
    cara a cara,
    mis puños en tu pecho
    de atleta presuntuoso
    y golpearte
    con mi eterna pregunta:
    ¿por qué?
    ¿Por qué esta herida
    sangrante y desvelada,
    vacía de respuesta?
    ¡Oh, Destino!
    Y una y otra vez
    lanzar mis puños
    contra tu inexpugnable fortaleza,
    hasta sentir tu sangre, ¡sangre mía!,
    caliente fuego
    de mi mortal miseria.

    Medida del tiempo (1989)






    Todos los días

    Todos los días
    llama a mi puerta el desconsueloŠ
    Estoy vacía y su eco resuena
    por todos los rincones de mi vida.
    Se estremece mi sangre
    que es un hilo de hielo
    al faltarme el calor de tu presencia.
    No comprendo el idioma del paisaje;
    qué quiere decir "sol",
    "cielo azul"
    "aire".
    No comprendo mi ritmo,
    ni mi esencia,
    ni por qué sigo andando,
    respirando,
    contemplando a la gente,
    a los perros que pasan,
    a los pájaros
    que mi balcón visitan diariamente.
    Ni por qué la mirada,
    mis ojos,
    abarcan el entorno que me envuelve.
    Ya no comprendo nada.
    El mundo se me ha vuelto
    un compañero extraño
    que camina a mi lado
    y no conozco.
    ¿Qué quiere decir "vida"?
    Ya no encuentro
    aquel sabor que un tiempo me dejara.
    Las palmas de mis manos
    se cierran sin calor,
    desconsoladas.
    Que eran tuyos tu casa y tu paisaje;
    que está en ellos la huella de tus pasos,
    el hueco de tu cuerpoŠ
    Y está la casa llena
    de tu recuerdoŠ

    Medida del tiempo (1989)







    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac