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Para comprender el estado de la ciencia en la etapa que nos ocupa - aledaños de la generación del 27 - es preciso remontarse a modo de introducción hasta mediados del siglo XIX.
Dos hechos sobresalen en la segunda mitad del siglo XIX:
a - La creación de la Facultad de Ciencia de la Universidad de Madrid.
b - La creación de la Real Academia de Ciencia Exactas, Físicas y Naturales.
Aunque al principio no llegan a grandes resultados hacen que se hable de la ciencia y que puedan aparecer jóvenes atraídos por ella.
Así pues a finales de siglo irán apareciendo un buen número de científicos entre los que cabe destacar Eduardo Hinojosa, Jaime Ferrán, Santiago Ramón y Cajal, Leonardo Torres Quevedo, Eduardo Torroja, José Echegaray, García de Galdeano, Julio Rey Pastor.
1. La Junta para la Ampliación de Estudios..
La crisis de 1898, y sus repercusiones internas manifestadas en los que ha dado en llamarse el espíritu del 98 sobre la decadencia de España, la notable influencia entre los círculos ilustrados del cambio de siglo de la Institución Libre de Enseñanza, a la que pertenecían, colaboraban o se sentían a ella vinculados buena parte de los científicos más relevantes de la España del momento, y el discurso regeneracionista de amplios sectores de la política y la sociedad española de aquellos años hicieron que del discurso sobre los males de la patria derivara una mayor atención de los poderes públicos hacia las cuestiones de la instrucción pública y del calamitoso estado de la Ciencia en España.
A principios de siglo XX se iba a realizar el mayor y mejor intento que jamás de había realizado en España para promocionar y promover la actividad científica en todos los órdenes del saber. Este ingente esfuerzo supuso alzar la ciencia española a la altura de la ciencia mundial en aquellos comienzos de siglo. La creación de la JUNTA PARA LA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS fue el instrumento ideal y adecuado.
Dos fueron las necesidades históricas que hicieron necesario y posible la aparición de tal instrumento:
a - la necesidad de contar con científicos y técnicos que dirigieran la industrialización naciente.
b - La lucha contra el antiguo pensamiento dogmático a fin de racionalizar la aparición de un liberalismo que permitiera la existencia de un desarrollo industrial-capitalista.
Con la aparición de la Junta para la Ampliación de Estudios la ciencia española cambia de rumbo. Se abandona el carácter de controversia que había tenido en los siglos anteriores y dotándola de procedimientos propios. Se tendía pues a sustituir el trabajo individual, cada sabios en su gabinete cual torre de marfil, por el trabajo científico en grupos dotados de laboratorios y bibliotecas, sin olvidar la estrechas relaciones con otros centros científicos de Europa. En el país se estaba pasando de unas estructuras feudales y agrícolas a otras liberales e industriales. Se pasaba del predominio de una clase social campesina a otra industrial y obrera con conciencia de clase. Este será el contexto en el que La Institución Libre de Enseñanza dará el empujón definitivo para la creación de La Junta, como también había hecho lo mismo con la creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes (28 abril 1900), antes dirección general dependiente del Ministerio de Fomento.
Alfonso XIII firma el decreto por el que se crea La Junta el 13 de Enero de 1907. Al preámbulo pertenecen los siguientes párrafos:
En el primero habla de la conveniencia de salir fuera de las fronteras para aprender lo que se hace fuera y, también del interés de aprender de los demás países -
"El pueblo que se aísla, se estaciona y se descompone. Por eso, todos 108 países civilizados toman parte en el movimiento de relación científica internacional, Incluyendo en el número de los que en ella han entrado no sólo los pequeños estados europeos, sino las naciones que parecen apartadas de la vida moderna, como China, y aun la misma Turquía, cuya colonia de estudiantes en Alemania es cuatro veces mayor que la española, la antepenúltima de todas las europeas, ya que 8610 son Inferiores a ella, en número, las de Portugal y Montenegro. Y, sin embargo, no falta entre nosotros gloriosa tradición en esta materia. La comunicación con 108 moros y judíos y la mantenida en plena Edad Media con Francia, Italia y Oriente, la venida de 108 monjes de Cluny, la visita de las Universidades de Bolonia, París, Montpellier y Tolosa, los premios y estímulos ofrecidos a los clérigos por los cabildos para ir a estudiar al extranjero y la fundación de Colegio de San Clemente en Bolonia son testimonio de la relación que en tiempos remotos mantuvimos con la cultura universal".
Añade en otro párrafo significativo la necesidad de ir a otros países y dentro de otras culturas a fin de que la ciencia eche raíces en nuestro suelo -
"No olvida, el ministro que suscribe, que necesitan los pensionados, a su regreso, un campo de trabajo y una atmósfera favorables e que no se amortigüen poco a poco sus nuevas energías y donde pueda exigirse de ellos el esfuerzo y la cooperación en la obra colectiva a que el país tiene derecho. Para esto es conveniente facilitarles, hasta donde sea posible, el Ingreso al profesorado en los diversos órdenes de la enseñanza, previas garantías de competencia y vocación; contar con ellos para.formar y nutrir pequeños centros de actividad investigadora y trabajo Intenso, donde se cultiven desinteresadamente la ciencia y el arte, y utilizar su experiencia y sus entusiasmos para influir sobre la educación.y sobre la vida de nuestra Juventud. escolar".
En el texto del real decreto aparece también la finalidad de la Junta:
1- El servicio de ampliación de estudios dentro y fuera de España.
2- La delegaciones en congresos científicos.
3- El servicio de información extranjera y relaciones internacionales en materia de enseñanza.
4- El fomento de los trabajos de investigación científica.
5- La protección de las instituciones educativas en la Enseñanza Secundaria y Superior.
Lo más importante de todo esto está no en el hecho de que se creara la Junta con el patrocinio real y de los mejores espíritus de la época sino que desde el comienzo se nota que todo va en serio, es decir, que era algo más que un Decreto del Boletín Oficial.
Los hombres que presidían aquella fundación se habían forjado en el trabajo y en el estudio: Ramón y Cajal, Castillejo, Echegaray, Hinojosa, Menéndez y Pelayo, Menéndez Pidal, Sorolla, Torres Quevedo...
2. Las realizaciones de la JAE..
Una primera respuesta concreta vino de la mano de la creación en 1900 del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y, por lo que respecta a la Ciencia, la fundación en 1907 de la JUNTA, que marcó sin duda un antes y un después en la historia de la Ciencia española.
Desde un principio la JUNTA tuvo que lidiar con las reticencias del conservadurismo español, tanto desde el Gobierno como desde la Universidad. A los pocos días de su constitución, el 25 de enero de 1907, los liberales fueron sustituidos en el Gobierno por los conservadores, bajo la presidencia de Maura, haciéndose cargo del Ministerio de Instrucción Pública Faustino Rodríguez San Pedro, quien a lo largo de los tres años de su mandato resultó un freno para el desarrollo y consolidación de la JUNTA, a pesar de las dificultades de orden político con las que se enfrentó durante los primeros años de su vida, que volvieron a hacerse presentes durante la dictadura de Primo de Rivera, y de orden presupuestario a lo largo de toda su existencia la JAE se constituyó, a pesar de todo ello, en el pilar esencial del despertar de la Ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX.
Con una estructura burocrático-administrativa bastante sencilla, la JUNTA fue capaz de optimizar unos recursos económicos escasos. Dos fueron los ámbitos en los que la acción de la JAE resultó fundamental. El primero de ellos, el impulso y gestión de las estancias en el extranjero de los profesores y jóvenes científicos españoles, con el fin de completar su formación académica y científica, a través de una política de pensiones - el equivalente a las becas actuales - que permitieron la toma de contacto con las líneas de investigación puntera de la ciencia internacional y, a la vez, establecer contacto con las instituciones científicas extranjeras. Hasta tal punto fue importante la política de pensiones que la JAE llegó a ser conocida como Junta de Pensiones. A lo largo de su vida la JAE recibió más de 9.000 solicitudes de pensiones, de las que se concedieron alrededor de 2.000. El otro gran cometido de la Junta fue la creación de instituciones científicas que permitieran dar continuidad a la formación adquirida en el extranjero por los pensionados y rentabilizar la misma mediante la fundación de Institutos de Investigación que hicieran realidad el despegue de la Ciencia en España, uno de los principales fines para los que fue concebida la JAE. Dos fueron las grandes instituciones creadas por la JAE: el Centro de Estudios Históricos y el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales.

2. 1. Centro de Estudios Históricos (CEH).
El Centro de Estudios Históricos (CEH) agrupó en su seno las hoy denominadas Ciencias Sociales y Humanidades, mediante la creación de distintas secciones, entre las que destacaron la sección de Filología dirigida por Menéndez Pidal y las relacionadas con la Historia a cargo de Eduardo de Hinojosa, hasta su enfermedad y muerte en 1919, sustituido en 1921 por Rafael Altamira hasta que en octubre de 1923 presentó su dimisión como vocal, por sus numerosos compromisos internacionales, Claudio Sánchez Albornoz, responsable desde 1924 de la sección de Historia del Derecho, Américo Castro o Pedro Bosch Gimpera y en estudios árabes con Miguel Asín Palacios. La filología española alcanzó a través de la actividad del CEH un relevante nivel, los trabajos publicados en la Revista de Filología Española y en los Anejos de la Revista de Filología Española, en especial los estudios sobre la época medieval alcanzaron resonancia internacional, dando lugar alrededor de la figura de Menéndez Pidal a una competente escuela filológica entre los que destacaron Dámaso Alonso, Rafael Lapesa o Antonio Tovar. En el caso de la historiografía los planteamientos del CEH estuvieron articulados por la incorporación del historicismo alemán, dominante en el panorama historiográfico continental, y del positivismo francés o escuela metódica francesa, también Altamira comenzó a introducir la historiografía anglosajona y a llamar la atención sobre la importancia de la Sociología como disciplina necesaria para el análisis historiográfico. Además de los citados destacaron entre otros Ramón Carande, Jesús Pabón, Diego Angulo, Manuel de Terán.

2. 2. Instituto Nacional de Ciencias Físicas y Naturales.
Al Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales quedaron incorporadas algunas de las instituciones científicas más relevantes de la frágil estructura científica de la época, como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Museo de Antropología, el Jardín Botánico de Madrid, la Estación Biológica de Santander y el Laboratorio de Investigaciones Biológicas dirigido por Ramón y Cajal, posteriormente convertido en Instituto Cajal. A lo largo de sus años de actividad la JAE creó, dependientes del Instituto Nacional de Ciencias, el Laboratorio de Investigaciones Físicas, la Estación Alpina de Biología de Guadarrama, la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, el Laboratorio y Seminario Matemático, la Misión Biológica de Galicia y los laboratorios de Química, Fisiología, Anatomía Microscópica, Histología, Bacteriología y Serología de la Residencia de Estudiantes. Asimismo la JAE impulsó la Asociación de Laboratorios, en el que destacó la colaboración con el Laboratorio de Automática dirigido por Leonardo Torres Quevedo.

2. 3. Ciencias biomédicas.
En el campo de las ciencias biomédicas, la figura de Ramón y Cajal fue el aglutinante de toda una generación de científicos que alrededor del Laboratorio de Investigaciones Biológicas, por el dirigido, y los laboratorios creados por la JAE en la Residencia de Estudiantes, consolidaron la base científica precedente y abrieron el camino de toda una serie de programas de investigación entre los que descollaron la neurología, la histología y la fisiología, con especial atención al estudio del sistema nervioso. Cajal era uno de los grandes científicos internacionales del primer tercio del siglo XX, su prestigio hizo que la revista Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas (Travaux du Laboratoire de Recherches Biologiques) fuese de referencia obligada en la ciencia internacional. La formación adquirida en el extranjero de los pensionados encontró continuidad en las líneas de investigación abiertas en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas y en los laboratorios de la Residencia de Estudiantes. La figura de Cajal atrajo a numerosos científicos extranjeros a trabajar en el Laboratorio o a colaborar en el mismo a través de cursos y conferencias. Ramón y Cajal estuvo acompañado de científicos de primera fila como Nicolás Achúcarro, histólogo y neurólogo, que tras su regreso a España desde los EE.UU., organizó y dirigió hasta su prematura muerte en 1918, el Laboratorio de Histopatología del Sistema Nervioso en 1912, incorporándose posteriormente como una Sección al Instituto de Investigaciones Biológicas. Por el que pasaron entre otros Pío del Río Hortega, que tras la muerte de Achúcarro fue nombrado su director hasta 1920, fecha en la que fue nombrado jefe del Laboratorio de Histología Normal y Patológica de la Residencia de Estudiantes, Felipe Jiménez de Asúa, Gonzalo Rodríguez Lafora, quien en 1916 ocupó la dirección del recién creado Laboratorio de Fisiología y Anatomía de los Centros Nerviosos. En 1916 se creó el Laboratorio de Fisiología, bajo la dirección de Juan Negrín, bajo su dirección iniciaron su actividad científica entre otros Severo Ochoa, Francisco Grande Covián o José María García-Valdecasas.

2. 4. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
No menos importante fue la acción del Museo Nacional de Ciencias Naturales , dirigido desde 1901 por Ignacio Bolívar. Bolívar fue la gran figura de la biología española del primer tercio del siglo XX, vocal de la Junta desde su fundación pasó a presidirla desde 1935 a la muerte de Cajal. Bajo su dirección el Museo de Ciencias Naturales abandonó su lánguida existencia decimonónica y, en estrecha colaboración con la JAE, relanzó los estudios biológicos en España. Entomólogo de prestigio internacional, participó junto con Augusto González Linares en la creación de la Estación de Biología Marítima de Santander, creada el 14 de mayo de 1886, y en 1906 del Laboratorio de Biología de Palma de Mallorca, y de la Estación alpina de Biología de Guadarrama en 1910, fue asimismo director del Jardín Botánico entre 1921 y 1930, impulsando su renovación y modernización, favoreció la creación en 1914 del Instituto Español de Oceanografía, al que fueron adscritos los Laboratorios de Biología Marina, bajo la dirección de Odón de Buen. Durante su gestión se relanzaron las investigaciones y trabajos de Zoología, Geología y Botánica, e impulsó la reanudación de las publicaciones científicas del Museo, interrumpidas desde la desaparición en 1804 de los Anales de Historia Natural, con la publicación desde 1912 de los Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, compuestos de tres series dedicadas a Zoología, Botánica y Geología, además de las series de zoología Genera Mammalium y Fauna Ibérica y la revista de entomología Eos.
Una de las principales actividades del Museo fueron las expediciones científicas, con el fin de ampliar las colecciones de zoología, su clasificación y estudio sistemático. En el campo de la zoología destacaron además de Bolívar, José Fernández Nonídez, que a pesar de su traslado a Estados Unidos mantuvo un estrecho contacto con las actividades de la JAE y del Museo, a través de cursos y conferencias. Fue junto con Antonio de Zulueta uno de los introductores de la genética en España y de la difusión de la obra de Mendel. También destacaron Enrique Rioja Lo-Bianco, especialista en Anélidos, Luis Lozano Rey, en peces, Manuel Martínez de la Escalera, especialista en coleópteros, Ricardo García Mercet, entomólogo, Angel Cabrera Latorre, especialista en mamíferos, o Cándido Bolívar y Pieltain, hijo de Ignacio Bolívar, especialista en coleópteros, jefe de la Sección de Entomología del Museo. Mención especial merece Antonio de Zulueta, director del Laboratorio de Biología del Museo, y principal representante e introductor de la genética en España, disciplina en la alcanzó renombre internacional con sus investigaciones sobre el Phytodecta variabilis y la Drosophila melanogaster, ocupó en 1933 la primera cátedra de Genética en la Universidad de Madrid. Asimismo, desde el Museo de Ciencias Naturales, se impulsó la creación de los primeros Parques Nacionales en 1916 y de la Junta de Parques Nacionales, en los que tuvieron una participación relevante Ignacio Bolívar, Eduardo Hernández-Pacheco, director de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas del Museo, y Angel Cabrera.

2. 5. Campo de la Física y Química
En el campo de la física y la química la actividad de la JAE fue esencial para el desarrollo de ambas disciplinas en España, con la creación del Laboratorio de Investigaciones Físicas, dirigido por Blas Cabrera, y trasformado posteriormente en el Instituto Nacional de Física y Química. Fue otra de las grandes instituciones científicas de la ciencia española del primer tercio del siglo XX, junto con el Instituto Cajal, el Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Centro de Estudios Históricos. La Física y la Química en España al iniciarse el siglo XX se encontraban en una situación de enorme postración, caracterizada por la escasez, cuando no lisa y llanamente ausencia, de laboratorios, el desconocimiento de los nuevos derroteros de la física, el carácter anticuado y desfasado de las escasas publicaciones y manuales universitarios existentes. La fundación en 1903 de la Sociedad Española de Física y Química, bajo la presidencia de José Echegaray, trataba de aunar los escasos esfuerzos para salir de tan deplorable situación, mediante el fomento de la investigación en física y química, favoreciendo la publicación de los trabajos de la reducida comunidad de científicos españoles, a través de la creación de la revista Anales de la Sociedad Española de Física y Química, que se sumaba a la escasa nómina de publicaciones hispanas en estas materias, entre las que destacaba la Revista de los Progresos de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, aparecida en 1850 y transformada en 1905 en la Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
La creación de la JAE fue decisiva para el despertar de las ciencias físico-químicas en España. La política de becas al extranjero permitió establecer los primeros contactos firmes con los centros internacionales de la Física. En 1910 Manuel Martínez-Risco viajó a Amsterdam para ampliar sus estudios con Pieter Zeeman, en 1912 Blas Cabrera se trasladó a Zurich, donde se encontraba ya Enrique Moles, para trabajar con Pierre Weiss en el campo de los magnetones y de la magnetoquímica de los compuestos férricos, en los que Cabrera llegó a destacar internacionalmente. Tras la Gran Guerra, los viajes de físicos y químicos españoles, como Miguel Angel Catalán, Arturo Duperier y Julio Palacios, permitieron estrechar los contactos con algunos de los centros más importantes de la física mundial. Las estancias en el extranjero permitieron que una reducida nómina de físicos y químicos españoles, que constituían la flor y nata de dichas disciplinas en España, se pusieran en contacto con las nuevas corrientes y problemas de la física internacional.
La creación del Laboratorio de Investigaciones Físicas de la JAE en 1910, fue decisiva en el desarrollo de la física y química españolas, su actividad obtuvo un claro espaldarazo con la inauguración el 6 de febrero de 1932 del Instituto Nacional de Física y Química, bajo la dirección de Cabrera, merced a la financiación de la Fundación Rockefeller. En los años treinta estaba organizado en seis Secciones: Electricidad y Magnetismo, dirigida por Blas Cabrera; Rayos Roentgen, dirigida por Julio Palacios; Espectroscopia, dirigida por Miguel Angel Catalán; Química-Física, dirigida por Enrique Moles; Química orgánica, dirigida por Antonio Madinaveitia, y la de Electroquímica, dirigida por Julio Guzmán. Las investigaciones de Blas Cabrera sobre magnetismo y los de Miguel Angel Catalán sobre espectrografía, fueron las aportaciones más destacadas de la Física española del momento, alcanzando resonancia internacional.

2. 6. Institut d'Estudis Catalans.
No podemos en este breve repaso sobre la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX dejar de hacer mención al Institut dŽEstudis Catalans , fundado en junio de 1907, en coincidencia con la creación de la JAE, bajo el impulso de Enric Prat de la Riba desde la presidencia de la Diputación de Barcelona. Expresión del renacimiento cultural catalán acaecido a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y que encontró en el catalanismo político la vía de su expresión política. En ese ambiente de reivindicación catalanista se celebró en 1902 el Primer Congreso Universitario Catalán, que reclamó mayores márgenes de autonomía para hacer realidad una universidad catalana frente al marcado carácter centralista de la Universidad española derivado del Plan Moyano de 1857. El Institut dŽEstudis Catalans nació inicialmente con una clara vocación de articular e impulsar los estudios sobre Arte, Literatura e Historia en plena concordancia con los presupuestos del catalanismo cultural y político. Pronto amplio su campo de actividades, ambicionando transformarse en la gran institución defensora de la cultura catalana e impulsora de la investigación científica en Cataluña. Para ello se creo en 1911 la Secció de Ciàncies del Institut, que publicó la revista Arxius del Institut De Ciàncies y la Secció de Filología. En aquellos años existía en Barcelona otra relevante institución científica con la que el Institut mantuvo estrechas relaciones, el Laboratorio Microbiológico Municipal. Fundado en 1886-1887 y dirigido por el médico y bacteriólogo Jaume Ferran i Clua, cuyas investigaciones dieron como resultado una polémica vacuna contra el cólera, hasta su sustitución en 1905 por Ramón Turró. Las estrechas relaciones entre Turró y August Pi i Sunyer, catedrático de fisiología en la Universidad de Sevilla e impulsor de la Sección de Ciencias del Institut, del que ambos formaron parte, junto con Eugeni dŽOrs y Esteban Terradas entre otros, favoreció la colaboración entre ambas instituciones. En 1912 Turró y Pi i Sunyer fundaron, como filial del Institut, la Societat de Biología de Barcelona, que editó la revista Traballs de la Societat de Biología. Un año después, en 1913, la Sección de Ciencias apoyo la propuesta de Eduard Fontserà, director de la Sección Meteorológica y Sísmica del Observatorio Fabra, de crear la Estación Aerológica de Barcelona. La constitución en 1914 de la Mancomunitat de Catalunya representó, hasta su disolución por la dictadura de Primo de Rivera en 1925, un importante apoyo para la ciencia en Cataluña, a través del respaldo financiero al Institut dŽEstudis Catalans y al Institut dŽElectricitat i Mecànica Aplicades. A instancias de Pi i Sunyer, desde 1916 catedrático de Fisiología de la Universidad de Barcelona financió la aparición en 1920 del Institut de Fisiología. En 1934 el Institut dŽEstudis Catalans en colaboración con la Universidad Autónoma de Barcelona fundaron el Seminari dŽEstudis Físics-Matemàtics, que a partir de 1935 se denominó Centre dŽEstudis Matemàtics. Las relaciones del Institut dŽEstudis Catalans con la JAE fueron bastante estrechas, favorecidas por las vinculaciones de Pi i Sunyer, Terradas o el propio Turró con la JAE, facilitando la concesión de pensiones a universitarios catalanes y a miembros del Institut.
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