EN CONSTRUCCIÓN.


ROMANCES
  • "Don Juan Fermín de Plateros"  
  • "Si fueran puertas del mar"  
  • "Joseph-Hillo, Joseph-Hillo"  
  • "Con los estribos muy cortos"
  • "Dame la jaca alazana"  
  • "Madre: cóseme esa hopa"  
  • "¡República federal!"
  • "Con sus dos perras podencas" 
  • "Diligencia de Carmona"
  • "Giralda, madre de artistas"
  • "Por las bañadas crujías"
  • "Besando la carretera"
  • " --------"
  • "--------"
  • " --------"
  • " --------"
  • " --------"
  • "-----------"


  • Don Juan Fermín de Plateros



    Don Juan Fermín de Plateros
    baja la sierra en su jaca,
    dos luceros en los ojos
    y una zozobra en el alma.
    Una garrocha en el hombro,
    cuatro herraduras de plata
    y en la sombra del caballo
    una acollarada galga.
    No contesta a la perdiz
    que tartamudea en las matas,
    ni al arroyo que se ríe
    sobre las chinas lavadas.
    Don Juan Fermín de Plateros
    cesa en esta cabalgada,
    que del mundo se retira
    cuando se apee de su jaca.
    Ni a Bailén de guerrillero,
    ni a la plaza a quebrar cañas,
    ni a la fuente a robar besos
    de colmeneruelas mansas.
    Ni a derribar toros bravos,
    ni a reñir en las posadas
    entre una jarra de vino
    y una mesonera en jarras;
    que en la curva de su vida
    puso un punto. Voz le llama.
    De esquila voz. De suave
    divina esquila afilada,
    que tañe entre sus pecados
    en la torre de su alma.


    Si fueran puertas del mar



    Si fueran puertas del mar
    tus limones dorados
    las guardara un dragón
    como el que mató San Yago,
    que en el agua fuera pez
    y la tierra fuera macho,
    con mis dientes cortaría
    tus dos limones dorados.

    Mi corazón a tus pies
    y mi vida entre tus manos;
    cuchillo mi pensamiento,
    volcán de besos mis labios,
    nadaría en el verde-mar
    de tu camisa de raso;
    en una aurora alhelí
    de tus hombros, y en el lazo
    de tus piernas, tus dorados
    serían la llave
    jardín de tus encantos.

    Aunque te guarde un dragón
    como el que mató San Yago ... !

    Plaza de piedra de Ronda,
    la de los toreros machos:
    pide tu balconería balconaría
    una Carmen cada palco;
    un Romero cada toro,
    un Maestrante Maestrante a caballo
    y dos bandidos que pidan
    la llave con sus retacos.
    Plaza de piedra de Ronda,
    la de los toreros machos.

    Joseph-Hillo, Joseph-Hillo



    Joseph-Hillo, Joseph-Hillo
    el de la peineta grana,
    que a marquesas enamoras
    y en los cosos toros matas.
    De veludillo de oro
    la calzona, verde faja,
    chaquetilla de caireles
    y medias anaranjadas.
    Sobre el charol del zapato
    dos mariposas de plata.

    Joseph-Hillo, Joseph-Hillo,
    no vayas más a la plaza,
    que anoche durmió tu dueña
    un sueño de abracadabra.
    Negro toro. Negro toro.
    Una Muerte en cada asta,
    una Pena en cada gota
    de su sangre atormentada.

    Joseph- Hillo, Joseph-Hillo,
    no vayas hoy a la plaza,
    ni en la calesa te subas,
    ni te relíes en la capa
    que alfombra fue del chapín
    de la Duquesa de Alba.

    Negro toro. Negro toro.
    Una Muerte en cada asta,
    una Pena en cada gota
    de su sangre atormentada.

    Una viuda, de luto,
    en cada palco lloraba.



    Con los estribos muy cortos



    Con los estribos muy cortos
    y las cinchas apretadas,
    a todo el palo las picas
    y las crines en la barba,
    tres mil caballos tendidos
    apenas la arena rayan.
    Garrochistas de la Ysla
    los de las overas jacas,
    yegüerizos de Xerez
    los de las corvas navajas;
    caballistas los de Utrera
    los de la marisma llana.
    Ni Bailén tiene campiña,
    ni los Dragones corazas,
    ni Doupont es general,
    ni Castaños tropas manda.
    ¡;Viva Don Miguel Cherif
    y Don José de Sanabria!
    (Tres mil caballos tendidos
    apenas la arena rayan).


    Pañuelos rojos al viento
    y en los dientes la navaja.
    Virgen de Consolación,
    de los camperos la dama,
    Virgen de la cara negra
    con sol y sal amasada,
    libre y sola en la llanura
    tú nunca serás esclava.


    Dame la jaca alazana



    Dame la jaca alazana
    y el trabuco de mi abuelo;
    el que tiene el guardamonte
    filigranado de acero;
    al campo de tiro hoy,
    al campo como los buenos,
    camino de Cádiz voy
    hasta dar con los de Riego.
    Cádiz, tacita de plata,
    las cadenas se rompieron.



    Madre: cóseme esa hopa



    Madre: cóseme esa hopa,
    que sea con tus mismas manos.
    Hoy salgo para Valencia,
    mañana para el cadalso.
    Que no te tiemble la aguja
    que nosotros no temblamos.



    ¡República federal!



    ¡República federal!
    ¡Con su gorro y su bandera,
    su león amaestrado
    detrás, con la boca abierta!
    Tan azul, tan escondida,
    que ni el mismo mar la encuentra.
    ¡Muera el general Pavía!
    ¡Viva Málaga la bella!
    La cara llena de besos,
    las manos blancas de vendas,
    los mozos, con los cortados
    dedos de la mano diestra,
    van cantando por las calles
    porque no van a la guerra.

    Sus campos llenos de abrojos,
    sus pies llenos de cadenas.
    Muerta de pena a la patria
    seis generales la llevan.

    El león se tiró al mar,
    a la mar de Cartagena.



    Con sus dos perras podencas



    Con sus dos perras podencas
    y su hurona en el cestillo,
    su pusca de siete cuartas,
    su cuerno y su capotillo,
    sus ceñideras de paño
    y su mixtero en el cinto,
    el furtivo cazador
    caza por Sierra de Armijo.

    No tires a la perdiz
    que tiene en el cardo el nido,
    tírale a aquellos conejos
    que se están comiendo el trigo;
    azúzale las podencas
    a la liebre en el lentisco,
    y a la paloma no mates
    que tiene de rubí el pico.

    Ten en cuenta, cazador,
    que civiles he sentido;
    de sus inquietos caballos
    he 'sentido los relinchos.
    Tira la escopeta al monte
    y esconde bien el castillo,
    silba a las perras que vengan
    y siéntate en el camino.


    Diligencia de Carmona



    I
    Diligencia de Carmona,
    la que por la vega pasas
    caminito de Sevilla
    con siete mulas castañas,
    cruza pronto los palmares,
    no hagas alto en las posadas,
    mira que tus huellas huellan
    siete ladrones de fama.
    Diligencia de Carmona,
    la de las mulas castañas.

    II
    Remolino en el camino.
    Siete bandoleros bajan
    de los alcores del Viso
    con sus hembras a las ancas.
    Catites, rojos pañuelos,
    patillas de boca de hacha.
    Ellas, navaja en la liga;
    ellos, la faca en la faja;
    ellas la Arabia en los ojos,
    ellos el alma a la espalda.
    Por los alcores del Viso.
    siete bandoleros bajan.

    III
    Siete caballos caretos;
    siete retacos de plata;
    siete chupas de caireles,
    Siete mantas jerezanas.
    Siete pensamientos puestos
    en siete locuras blancas.
    Tragabuches, Juan Repiso,
    Satanás y Mala-Facha
    José Candio y el Cencerro
    y el capitán Luis de Vargas,
    de aquellos más naturales
    de la vega de Granada.
    Siete caballos caretos
    los Siete Niños llevaban.

    IV
    Echa vino, montañés,
    que lo paga Luis de Vargas,
    el que a los pobres socorre
    y a los ricos avasalla.
    Ve y dile a los milicianos
    que la posta está robada
    y vamos con nuestras novias
    hacia Écija la llana.
    Echa vino, montañés,
    que lo paga Luis de Vargas.


    Giralda, madre de artistas



    I
    Giralda, madre de artistas,
    molde de fundir toreros,
    dile al giraldillo tuyo
    que se vista un traje negro.

    Malhaya sea Perdigón,
    el torillo traicionero.

    Negras gualdrapas llevaban
    los ocho caballos negros;
    negros son sus atalajes
    y negros son sus plumeros.
    De negro los mayorales
    y en la fusta un lazo negro.

    II
    Mocitas las de la algaida;
    mocitos los pintureros;
    negros pañuelos de talle
    y una cinta en el sombrero.
    Dos viudas con claveles
    negros, en el negro pelo.

    Negra faja y corbatín negro,
    con un lazo negro,
    sobre el oro de la manga,
    la chupa de los toreros.

    Ocho caballos llevaba
    el coche del Espartero.



    Por las bañadas crujías



    Por las bañadas crujías
    del Palacio del obispo,
    Doña Mari-Dolorida
    lleva su dolor zurcido.
    Cera su cara morena,
    temblor bajo su corpiño,
    mariposas sus pestañas,
    azogue en el abanico.
    Tres paños de vellorí
    sobre la falda en tres picos;
    en cada pico un mancebo,
    cada mancebo un Cupido
    -pajes que en andas la llevan
    por las faldas del vestido -
    Chapines de cordobán
    se asoman al velludillo
    de la orla recamada
    de azabachescos caprichos,
    y el cuello de caniquí
    sobre sus hombros. dormido
    - alas abiertas, perladas
    neblí de su pecho herido
    por el anatema in capite
    de su amante más querido-.
    Vuela su mano, el mitón
    - negro y pinto pajarillo -
    prende en su pico rosado
    de uñas, el verde anillo
    - periquito rey de pájaros -,
    en el dedo del obispo.
    y con mieles calentadas
    entre dos corales vivos,
    Doña Mari-Dolorida
    besa llorosa el anillo.



    Besando la carretera



    I
    Besando la carretera
    hay una ventita blanca
    y una mocita que cose
    a la sombra de una parra.
    Posta del camino viejo
    que a Madrid lleva las cartas
    con seis mudas de caballos:
    diligencia acelerada.
    Sierra Morena, la sierra
    morena de las Españas,
    que mora tiene las cumbres
    porque mora tiene el alma.

    II
    Migueletes, Migueletes,
    la pólvora está mojada.
    Esa piedra no da chispas;
    esa carabina es mala.
    Si sale Diego Corrientes
    en mitad de aquellas jaras,
    tendrá su pólvora seca
    y su gente preparada.
    Pólvora negra, reseca,
    de bandolero de raza.

    III
    Y el caballero maltrecho,
    en su boca una mordaza,
    las manos, tras los faldones
    de su levita, amarradas,
    sangraba por una herida
    en la noche moteada.
    Heridas que cura el viento
    cuando se las hace el alma,
    entra una mano que cura
    y unos que la abrasan.
    Convalecía el caballero
    a la sombra de la parra.

    IV
    Córdoba de los sultanes,
    Córdoba mora y cristiana,
    ya vieron tus arrabales
    pasar a la mula blanca
    y ala hija del ventero
    con velos de desposada.
    A su lado el caballero
    con sus heridas curadas.





    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac