Antología Machado

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  • "Recuerdo infantil"  (Comtexto)
  • "Yo voy soñando caminos"  (Comtexto)
  • "Anoche cuando dormía"  
  • "Es una tarde cenicienta y mustia"  (Comtexto)
  • "En el entierro de un amigo"  (Comtexto)
  • "Retrato"  (Comtexto)
  • "Colinas plateadas"  
  • "A un olmo seco"  (Comtexto)
  • "El limonero lánguido suspende"  
  • "Caminos"  (Comtexto)
  • "Palacio, buen amigo"  (Comtexto)
  • "En estos campos de la tierra mía"  (Comtexto)
  • "La saeta" 
  • "Allá, en las tierras altas"(Comtexto) 
  • "Del pasado efímero"  
  • "Llanto de las virtudes"  
  • "Mis poetas"  (Comtexto)
  • "Orillas del Duero" (Comtexto)
  • "Me dijo un alba de la primavera"  
  • "Parabolas"
  • Esta luz de Sevilla" (Comtexto)
  • He andado muchos caminos" (Comtexto)



  •  


    Prólogo a "Soledades"

    Las composiciones de este primer Iibro, publicado en enero de 1903, fueron escritas entre 1899 y 1902. Por aquellos años, Rubén Darío, combatido hasta el escarnio por la crítica al uso, era el ídolo de una selecta minoría. Yo también admiraba al autor de Prosas profanas, el maestro incomparable de la forma y de la sensación, que más tarde nos reveló la hondura de su alma en Cantos de Vida y esperanza. Pero yo pretendí - y reparad en que no me jacto de éxitos, sino de propósitos - seguir camino bien distinto. Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu; lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta animada al contacto del mundo. Y aun pensaba que el hombre puede sorprender algunas palabras de un íntimo monólogo, distinguiendo la voz viva de los ecos inertes; que puede también, mirando hacia dentro, vislumbrar las ideas cordiales, los universales del sentimiento. No fue mi libro la realización sistemática de este propósito; mas tal era mi estética de entonces.
    Esta obra fue refundida en 1907, con adición de nuevas composiciones que no añadían nada sustancial a las primeras, en Soledades, galerías y otros poemas. Ambos volúmenes constituyen en realidad un solo libro.

    (1917.)
     
    Recuerdo infantil


    Una tarde parda y fría
    de invierno. Los colegiales
    estudian. Monotonía
    de lluvia tras los cristales.

    Es la clase. En un cartel
    se representa a Caín
    fugitivo, y muerto Abel
    junto a una mancha carmín.

    Con timbre sonoro y hueco
    truena el maestro, un anciano
    mal vestido, enjuto y seco,
    que lleva un libro en la mano.

    Y todo un coro infantil
    va cantando la lección:
    mil veces ciento, cien mil,
    mil veces mil, un millón.

    Una tarde parda y fría
    de invierno. Los colegiales
    estudian. Monotonía
    de la lluvia en los cristales.

    Soledades. Galerías y otros poemas


    Comtexto


     









     
    Yo voy soñando caminos


    Yo voy soñando caminos
    de la tarde. ¡Las colinas
    doradas, los verdes pinos,
    las polvorientas encinas!...
    ¿Adónde el camino irá?
    Yo voy cantando, viajero
    a lo largo del sendero...
    - la tarde cayendo está-.
    "En el corazón tenía
    "la espina de una pasión;
    "logré arrancármela un día:
    "ya no siento el corazón".

    Y todo el campo un momento
    se queda, mudo y sombrío,
    meditando. Suena el viento
    en los álamosdel río.

    La tarde más se oscurece;
    y el camino que serpea
    y débilmente blanquea
    se enturbia y desaparece.

    Mi cantar vuelve a plañir:
    "Aguda espina dorada,
    "quién te pudiera sentir
    "en el corazón clavada".

    Soledades. Galerías y otros poemas


    Comtexto


     






    ( Niña dormida - Ángeles Santos © )


    Y era el demonio de mi sueño, el ángel
    más hermoso. Brillaban
    como aceros los ojos victoriosos,
    y las sangrientas llamas
    de su antorcha alumbraron
    la honda cripta del alma.
    - ¿Vendrás conmigo? - No, jamás; las tumbas
    y los muertos me espantan.
    Pero la férrea mano
    mi diestra atenazaba.
    - Vendrás conmigo... Y avancé en mi sueño,
    cegado por la roja luminaria.
    Y en la cripta sentí sonar cadenas,
    y rebullir de fieras enjauladas.
     
    Anoche cuando dormía


    Anoche cuando dormía
    soñé ¡bendita ilusión!
    que una fontanafluía
    dentro de mi corazón.
    Dí: ¿por qué acequia escondida,
    agua, vienes hasta mí,
    manantial de nueva vida
    en donde nunca bebí?

    Anoche cuando dormía
    soñé ¡bendita ilusión!
    que una colmena tenía
    dentro de mi corazón;
    y las doradas abejas
    iban fabricando en él,
    con las amarguras viejas,
    blanca cera y dulce miel.

    Anoche cuando dormía
    soñé ¡bendita ilusión!
    que un ardiente sol lucía
    dentro de mi corazón.
    Era ardiente porque daba
    calores de rojo hogar,
    y era sol porque alumbraba
    y porque hacía llorar.

    Anoche cuando dormía
    soñé ¡bendita ilusión!
    que era Dios lo que tenía
    dentro de mi corazón.

    Soledades. Galerías y otros poemas


     









     
    Es una tarde cenicienta y mustia


    Es una tarde cenicienta y mustia,
    destartalada, como el alma mía;
    y es esta vieja angustia
    que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
    ni vagamente comprender siquiera;
    pero recuerdo y, recordando, digo:
    Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.


    Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
    tú eres nostalgia de la vida buena
    y soledad de corazón sombrío,
    de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
    huella ni olfato y yerra
    por los caminos, sin camino, como
    el niño que en la noche de una fiesta
    İse pierde entre el gentío
    y el aire polvoriento y las candelas
    chispeantes, atónito, y asombra
    su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
    guitarrista lunático, poeta,
    y pobre hombre en sueños,
    siempre buscando a Dios entre la niebla.

    Soledades. Galerías y otros poemas


    Comtexto


     

    "Sentido de Soledades" -

    A veces, las composiciones de Soledades contienen tan sólo la descripción de un paisaje (una plaza, un jardín, un atardecer). Pero las palabras con que el poeta nos acerca a su mundo exterior están impregnadas de las sensaciones que pueblan su intimidad. La descripción aparentemente escueta, sin anécdota y muchas veces sin reflexión concluyente alguna, se transforma en un mosaico de impresiones que, unidas por el acierto rítmico en el oído del lector, evocan una realidad subyacente a la que los ojos ven a primera vista. Las palabras no sólo nombran la fuente, el árbol, la torre o la cig¸eña, sino que al nombrar nos muestran esas imágenes desde un ángulo desconocido hasta entonces. Obsérvese que por los mismos anos las nuevas corrientes de la pintura europea realizaban la misma operación en las dos dimensiones del cuadro: pronto el cubismo y otras vanguardias llevarían al extremo ese descubrimiento de las mil caras diferentes que tiene cada objeto. En la poesía de Machado, el impresionismo no es nunca distorsionante, sino armónico, siempre pendiente de que la comunicación con el lector se produzca por el procedimiento de crear sensaciones, sin exigirle un análisis frío, sino seduciéndolo con "la palabra quebrada y temblorosa":

    ¡Oh, tarde luminosa!
    El aire está encantado.
    La blanca cig¸eña
    dormita volando,
    y las golondrinas se cruzan, tendidas
    las alas agudas al viento dorado,
    y en la tarde risueña se alejan
    volando, soñando...
    (¡"Oh tarde luminosa"!)

    Esa descripción del paisaje encantado)) nos muestra sobre todo el costado simbólico de la realidad, es decir, el significado oculto que el mundo tiene cuando lo observan los ojos escrutadores del artista y cuando el artista logra transmitirlo. El mundo, así, no es sólo un cruce de anécdotas y objetos, sino un entramado de deseos y temores, de recuerdos y esperanzas. Deseos, muchas veces, imposibles (el amor), temores obsesivos (la muerte), recuerdos de imágenes que parecen estar fuera de la propia experiencia (un mundo ideal, armonioso: un paraíso) y esperanzas amenazadas, tímidas, aunque constantes (de que ese mundo se haga realidad).

     
    En el entierro de un amigo


    Tierra le dieron una tarde horrible
    del mes de julio, bajo el sol de fuego.

    A un paso de la abierta sepultura,
    había rosas de podridos pétalos,
    entre geranios de áspera fragancia
    y roja flor. El cielo
    puro y azul. Corría
    un aire fuerte y seco.

    De los gruesos cordeles suspendido,
    pesadamente, descender hicieron
    el ataúd al fondo de la fosa
    los dos sepultureros...

    Y al reposar sonó con recio golpe,
    solemne, en el silencio.

    Un golpe de ataúd en tierra es algo
    perfectamente serio.

    Sobre la negra caja se rompían
    los pesados terrones polvorientos...

    El aire se llevaba
    de la honda fosa el blanquecino aliento.

    - Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
    larga paz a tus huesos...

    Definitivamente,
    duerme un sueño tranquilo y verdadero.

    Soledades. Galerías y otros poemas


    Comtexto

     


    Con frecuencia, los poemas descriptivos, aparentemente enumeradores de detalles paisajísticos, acaban en una reflexión o con un apunte personal que da a toda la composición un sentido inesperado: véase el poema "La casa tan querida", que acaba: "Mal vestido y triste, / voy caminando por la calle vieja". Todo este primer libro está orientado y como imantado hacia una cuestión fundamental en la obra de Machado y en la de muchos otros poetas simbolistas y posteriores: la sensación del paso del tiempo. En Juan de Mairena encontramos lo que tantas veces repitió: "poesía es palabra en el tiempo" o, también "diálogo del hombre con el tiempo". Pero esas afirmaciones no deben entenderse exclusivamente referidas al tiempo histórico, como si Machado quisiera decir que la poesía es la palabra puesta a disposición de "su tiempo", de los acontecimientos externos junto a los que se produce.
    Esa es una interpretación muy restrictiva a la que se aferraron los críticos y poetas sociales. El poeta de Soledades habla de esa sensación que todos hemos tenido alguna vez - incluso sin saber expresarla - y que consiste en ver cómo el tiempo pasa irremediablemente y cómo todas nuestras vivencias, incluso las que quisiéramos que fueran permanentes - y quizás sobre todo ésas - , transcurren hacia su aniquilamiento. Es como si el flujo de los instantes rozara al pasar las cuerdas más sensibles del poeta y le hiciera cantar para lamentarlo o sólo para dar confirmación de ese hecho universal y particularísimo:

    Está la plaza sombría;
    muere el día.
    Suenan lejos las campanas.

    Versos así, tan sencillos, constituyen la puesta en práctica de una teoría sumamente ambiciosa: "La lírica -dice Machado -, sin renunciar a su pretensión a lo intemporal, debe darnos la sensación estética del fluir del tiempo, es precisamente el flujo del tiempo uno de los motivos líricos que la poesía trata de salvar del tiempo".
    Pero en Soledades encontramos también poemas menos orientados hacia ese latido íntimo de la existencia y más apoyados en la idea ingeniosa o en la anécdota circunstancial.



    [pags. - 31-35 Introducción. Poesía - Antonio Machado - © Bruño - ed. © Pedro Provencio.]

     
    Portada de la edición de"Campos de Castilla". 1917 -

    Es la obra más famosa de Antonio Machado. Se trata de una posía más descriptiva y épica, con grandes preocupaciones por la historia contemporánea de Castilla. Se halla dentro de la línea intelectual de la generación del 98. En el prólogo dice el propio poeta:Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mí sagrada - allí me casé; allí perdí a mi esposa, a quien adoraba - orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano. Ya era, además, muy otra mi ideología...Y pensé que la misión del poeta era inventar nuevos poemas de lo eterno humano, historias animadas que, siendo suyas, viviesen, no obstante, por sí mismas. Me pareció el romance la suprema espresión de la poesía y quise escribir un nuevo Romancero...
    Muchas composiciones encontraréis ajenas a estos propósitos que os declaro. A una preocupación patriótica responden muchas de ellas; otras al simple amor a la Naturaleza, que en mí supera infinitamente al del Arte. Por último, algunas rimas revelan las muchas horas de mi vida gastadas - alguien dirá: perdidas - en meditar sobre los enigmas del hombre y del mundo.



     
    Retrato


    Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
    y un huerto claro donde madura el limonero;
    mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
    mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
    Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
    - ya conocéis mi torpe aliño indumentario -,
    mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
    y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
    Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
    pero mi verso brota de manantial sereno;
    y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
    soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
    Adoro la hermosura, y en la moderna estética
    corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
    mas no amo los afeites de la actual cosmética,
    ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
    İİDesdeño las romanzas de los tenores huecos
    y el coro de los grillos que cantan a la luna.
    A distinguir me paro las voces de los ecos,
    y escucho solamente, entre las voces, una.
    ¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
    mi verso, como deja el capitán su espada:
    famosa por la mano viril que la blandiera,
    no por el docto oficio del forjador preciada.
    Converso con el hombre que siempre va conmigo
    - quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
    mi soliloquio es plática con ese buen amigo
    que me enseñó el secreto de la filantropía.
    Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
    A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
    el traje que me cubre y la mansión que habito,
    el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
    Y cuando llegue el día del último viaje,
    y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
    me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
    casi desnudo, como los hijos de la mar.

    Campos de Castilla (1907 - 1917)


    Comtexto


     







     
    Colinas plateadas


    ¡Colinas plateadas,
    grises alcores, cárdenas roquedas
    por donde traza el Duero
    su curva de ballesta
    en torno a Soria, oscuros encinares,
    ariscos pedregales, calvas sierras,
    caminos blancos y álamos del río,
    tardes de Soria, mística y guerrera,
    hoy siento por vosotros, en el fondo
    del corazón, tristeza,
    tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
    donde parece que las rocas sueñan,
    conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
    grises alcores, cárdenas roquedas. . . !

    Campos de Castilla(1907 - 1917)


     










     
    A un olmo seco


    Al olmo viejo, hendido por el rayo
    y en su mitad podrido,
    con las lluvias de abril y el sol de mayo,
    algunas hojas verde le han salido.
    ¡El olmo centenario en la colina
    que lame el Duero! Un musgo amarillento
    le mancha la corteza blanquecina
    al tronco carcomido y polvoriento.
    No será, cual los alamos cantores
    que guardan el camino y la ribera,
    habitado de pardos ruiseñores.
    Ejército de hormigas en hilera
    va trepando por él, y en sus entrañas
    urden sus telas grises las arañas.
    Antes que te derribe, olmo del Duero,
    con su hacha el leñador, y el carpintero
    te convierta en melena de campana,
    lanza de carro o yugo de carreta;
    antes que, rojo en el hogar, mañana
    ardas, de alguna mísera caseta
    al borde de un camino;
    antes que te descuaje un torbellino
    y tronche el soplo de las sierras blancas;
    antes que el río hacia la mar te empuje,
    por valles y barrancas,
    olmo, quiero anotar en mi cartera
    la gracia de tu rama verdecida.
    Mi corazón espera
    también hacia la luz y hacia la vida,
    otro milagro de la primavera.

    Campos de Castilla (1907 - 1917)


    Comtexto



     

    Antonio Machado (1835-1939) . Sevilla. Se traslada a Madrid a los ocho años y estudia en la Intitución Libre de Enseñaza. En 1900 consul en París donde conoce a Rubén Darío. Catedrático de francés en Soria. Conoce a Beatriz y se casa con ella en 1909. Muere su mujer tres años después. Tralado a Baeza. Regresa algunos años más tarde a Castilla donde se enamora de Pilar Valderrama ("Guiomar"). En 1936 se une a la Alianza Republicana. Al final de la guerra civil se exilia en Colliure donde muere en 1939.
    Machado se inicia en la poesía de la mano del Modernismo con su obra Soledades que el poeta nicaragüense invitó a publicar. Es un poemario que vuelve a aparecer en 1907 con el título Soledades, Galareías y otros poemas. Es un libro lleno de sentimientos y emociones. Los temas que le intersan entonces son: el tiempo, la muerte, la soledad, Dios. En este libro son modernistas el ritmo, la rima y simbolista: el sueño, la tarde, el crepúsculo, la fuente, el agua. Campos de Castilla Libro heterogéneo ya que no fue proyectado sino como compendio de diversos poemas. Deja la línea intimista y se ocupa de las tierras de Castilla y Andalucía. Temáticamente se puede dividir en cuatro apartados. 1- Soria va má de lo pueramente paisajístico para llegar a la crítica social. Se puede distinguir una España del pasado:mística y guerrera y una España de presente miserable y desencantada. Coincide en esta visión con la de Unamuno y Azorín. Baeza Aparece Castilla como recuerdo sublimado y Andaluccí como la tierra de los latifundios, los caciques y el señorito. Intensa crítica social contra la España ignorante, inmovilista...Proverbios y cantares Muy breves meditaciones sobre el hombre y el mundo. Elogios Homenage a diversos escritores, amigos, etc. Antonio Machado escribió también bellas páginas en prosa en su libro "De un cancionero apócrifo" que consta de Nuevas canciones (1925) y Juan de Mairena 1936 Los dos personajes que crea - Abel Martín y Juan de Mairena exponen las preocupaciones filosóficas, existenciales, poéticas u amorosas... En colaboración con su hermano Manuel escibió siete obras de teatro. Hay que mencionar: La Lola se va a los puertos (1929) y La duquesa de Benamejí.. (1932).

     
    El limonero lánguido suspende

    El limonero lánguido suspende
    una pálida rama polvorienta
    sobre el encanto de la fuente limpia,
    y allá en el fondo suenan
    los frutos de oro...
    Es una tarde clara
    casi de primavera,
    tibia tarde de marzo
    que el hálito de abril cercano lleva;
    y estoy solo, en el patio silencioso,
    buscando una ilusión cándida y vieja:
    alguna sombra sobre el blanco muro,
    algún recuerdo, en el pretil de piedra
    de la fuente dormido, o, en el aire,
    algún vagar de túnica ligera.
    En el ambiente de la tarde flota
    ese aroma de ausencia,
    que dice al alma luminosa: nunca,
    y al corazón: espera.
    Ese aroma que evoca los fantasmas
    de las fragancias vírgenes y muertas.
    Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
    casi de primavera,
    tarde sin flores, cuando me traías
    el buen perfume de la hierbabuena,
    y de la buena albahaca,
    que tenía mi madre en macetas.
    Que tú me viste hundir mis manos
    en el agua serena,
    para alcanzar los frutos encantados
    que hoy en e lfondo de la fuente suenan.
    Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
    casi de primavera.

    Soledades. Galerías y otros poemas


     

    Prólogo a Campos de Castilla

    En un tercer volumen publiqué mi segundo libro, Campos de Castilla (1912). Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mí sagrada - allí me casé, allí perdí a mi esposa, a quien adoraba -, orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano. Ya era, además, muy otra mi ideología. Somos víctimas - pensaba yo - de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece. øQué hacer, entonces? Tejer el hilo que nos dan, soñar nuestro sueño, vivir; sólo así podremos obrar el milagro de la generación. Un hombre atento a si mismo y procurando auscultarse ahoga la única voz que podría escuchar: la suya; pero le aturden los ruidos extraños. øSeremos, pues, meros espectadores del mundo? Pero nuestros ojos están cargados de razón y la razón analiza y disuelve. Pronto veremos el teatro en ruinas, y, al cabo, nuestra sola sombra proyectada en la escena. Y pensé que la misión del poeta era inventar nuevos poemas de lo eterno humano, historias animadas que, siendo suyas, viviesen, no obstante, por sí mismas. Me pareció el romance la suprema expresión de la poesía y quise escribir un nuevo Romancero. A este propósito responde La tierra de Alvar González. Muy lejos estaba yo de pretender resucitar el género en su sentido tradicional. La confección de nuevos romances viejos - caballerescos o moriscos - no fue nunca de mi agrado, y toda simulación de arcaísmo me parece ridícula. Cierto que yo aprendí a leer en el Romancero general que compiló mi buen tío don Agustín Durán; pero mis romances no emanan de las heroicas gestas, sino del pueblo que las compuso y de la tierra donde se cantaron; mis romances miran a lo elemental humano, al campo de Castilla y al Libro Primero de Moisés, llamado Génesis.
    Muchas composiciones encontraréis ajenas a estos propósitos que os declaro. A una preocupación patriótica responden muchas de ellas; otras, al simple amor de la Naturaleza, que en mí supera infinitamente al del arte. Por último, algunas rimas revelan las muchas horas de mi vida gastadas - alguien dirá: perdidas - en meditar sobre los enigmas del hombre y del mundo.

    (1917)
     
    Caminos


    De la ciudad moruna
    tras las murallas viejas,
    yo contemplo la tarde silenciosa,
    a solas con mi sombra y con mi pena.

    El río va corriendo,
    entre sombrías huertas
    y grises olivares,
    por los alegres campos de Baeza

    Tienen las vides pámpanos dorados
    sobre las rojas cepas.
    Guadalquivir, como un alfanje roto
    y disperso, reluce y espejea.

    Lejos, los montes duermen
    envueltos en la niebla,
    niebla de otoño, maternal; descansan
    las rudas moles de su ser de piedra
    en esta tibia tarde de noviembre,
    tarde piadosa, cárdena y violeta.

    El viento ha sacudido
    los mustios olmos de la carretera,
    levantando en rosados torbellinos
    el polvo de la tierra.
    La luna está subiendo
    amoratada, jadeante y llena.

    Los caminitos blancos
    se cruzan y se alejan,
    buscando los dispersos caseríos
    del valle y de la sierra.
    Caminos de los campos...
    ¡Ay, ya, no puedo caminar con ella!

    En noviembre de 1913.

    Campos de Castilla (1907 - 1917)


    Comtexto


     









     
    Palacio, buen amigo



    A JOSÉ MARÍA PALACIO

    Palacio, buen amigo,
    ¿está la primavera
    vistiendo ya las ramas de los chopos
    del río y los caminos? En la estepa
    del alto Duero, Primavera tarda,
    ¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...

    ¿Tienen los viejos olmos
    algunas hojas nuevas?

    Aún las acacias estarán desnudas
    y nevados los montes de las sierras.

    ¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
    allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

    ¿Hay zarzas florecidas
    entre las grises peñas,
    y blancas margaritas
    entre la fina hierba?

    Por esos campanarios
    ya habrán ido llegando las cig¸eñas.

    Habrá trigales verdes,
    y mulas pardas en las sementeras,
    y labriegos que siembran los tardíos
    con las lluvias de abril. Ya las abejas
    libarán del tomillo y el romero.

    ¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

    Furtivos cazadores, los reclamos
    de la perdiz bajo las capas luengas,
    no faltarán. Palacio, buen amigo,

    ¿tienen ya ruiseñores las riberas?

    Con los primeros lirios
    y las primeras rosas de las huertas,
    en una tarde azul, sube al Espino,
    al alto Espino donde está su tierra...

    Baeza, 29 de abril de 1913

    Campos de Castilla (1907 - 1917)




    Comtexto

     










    ...en una carta de Antonio Machado a Miguel de Unamuno

    Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de 2. enseñanza y apenas sabe leer un 30 por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta. La profesión de jugador de monte se considera muy honrosa. Es infinitamente más levítica que el Burgo de Osma y no hay un átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía. Se habla de política -todo el mundo es conservador- y se discute con pasión cuando la audiencia de Jaén viene a celebrar algún juicio por jurados. Una población rural encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones lamentables que equivalen al suicidio.
    La muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una criatura angelical segada por la muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor, está la piedad. Yo hubiese preferido mil veces morirme a verla morir, hubiera dado mil vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento mío. Algo inmortal hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. Tal vez por esto viniera Dios al mundo. Pensando en esto, me consuelo algo. Tengo a veces esperanza. Una fe negativa es también absurda. Sin embargo, el golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella, pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa. En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente en que la he de recobrar. Paciencia, y humildad.


     
    En estos campos de la tierra mía


    En estos campos de la tierra mía,
    y extranjero en los campos de mi tierra
    - yo tuve patria donde corre el Duero
    por entre grises peñas,
    y fantasmas de viejos encinares,
    allá en Castilla, mística y guerrera,
    Castilla la gentil, humilde y brava,
    Castilla del desdén y de la fuerza - ,
    en estos campos de mi Andalucía,
    ¡oh tierra en que nací!, cantar quisiera.

    Tengo recuerdos de mi infancia, tengo
    imágenes de luz y de palmeras,
    y en una gloria de oro,
    de lueñes campanarios con cig¸eñas,
    de ciudades con calles sin mujeres
    bajo un cielo de añil, plazas desiertas
    donde crecen naranjos encendidos
    con sus frutas redondas y bermejas;
    y en un huerto sombrío, el limonero
    de ramas polvorientas
    y pálidos limones amarillos,
    que el agua clara de la fuente espeja,
    un aroma de nardos y claveles
    y un fuerte olor de albahaca y hierbabuena,
    imágenes de grises olivares
    bajo un tórrido sol que aturde y ciega,
    y azules y dispersas serranías
    con arreboles de una tarde inmensa;
    mas falta el hilo que el recuerdo anuda
    al corazón, el ancla en su ribera,
    o estas memorias no son alma. Tienen,
    en sus abigarradas vestimentas,
    señal de ser despojos del recuerdo,
    la carga bruta que el recuerdo lleva.

    Un día tornarán, con luz del fondo ungidos,
    los cuerpos virginales a la orilla vieja. Lora del Río. 4 de abril de 1913

    Campos de Castilla (1907 - 1917)


    Comtexto


     










    [ "El Cristo de los Gitanos" - Paso de Semana Santa]


     
    La Saeta


    ¿Quién me presta una escalera,
    para subir al madero,
    para quitarle los clavos
    a Jesús el Nazareno?
    Saeta Popular

    ¡Oh, la saeta, el cantar
    al Cristo de los gitanos,
    siempre con sangre en las manos,
    siempre por desenclavar> ¡Cantar del pueblo andaluz,
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz!
    ¡Cantar de la tierra mía
    que echa flores
    al jesús de la agonía,
    y es la fe de mis mayores!
    ¡Oh, no eres tú mi cantar!
    ¡No puedo cantar ni quiero
    a ese Jesús del madero,
    sino al que anduvo en el mar!

    Campos de Castilla (1907 - 1917)


     










    [ "Monte Moncayo al comienzo de la primavera"]

     
    Allá, en las tierras altas


    Allá, en las tierras altas,
    por donde traza el Duero
    su curva de ballesta
    en torno a Soria, entre plomizos cerros
    y manchas de raídos encinares,
    mi corazón está vagando, en sueños...

    ¿No ves, Leonor, los álamos del río
    con sus ramajes yertos?
    Mira el Moncayo azul y blanco; dame
    tu mano y paseemos.
    Por estos campos de la tierra mía,
    bordados de olivares polvorientos,
    voy caminando solo,
    triste, cansado, pensativo y viejo.


    Comtexto

    Campos de Castilla (1907 - 1917)


     




    "Nuestro patriotismo y la marcha de Cádiz".

    Acaso el golpe recibido [la pérdida de las colonias en 1898] nos pondrá en contacto con nuestra conciencia. Por lo pronto, nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce. Sabemos ya que no se puede vivir del esfuerzo, ni de la virtud, ni de la fortuna de nuestros abuelos [...]. Somos los hijos de una tierra pobre e ignorante, de una tierra donde todo está por hacer. He aquí lo que sabemos. [...] Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano no hay patria, ni siquiera región, sino una tierra estéril, que tanto puede ser nuestra como de los buitres o de las águilas que sobre ella se ciernen. [...] No sois patriotas pensando que algún día sabréis morir para defender esos pelados cascotes; lo seréis acudiendo con el árbol o con la semilla, con la reja del arado o con el pico del minero a esos parajes sombríos y desolados donde la patria está por hacer [Antonio Machado - La Prensa de Soria al 2 de Mayo de 1808, Soria, 2 mayo 1908].










    Del pasado efímero

    Este hombre del casino provinciano,
    que vio a Carancha recibir un día,
    tiene mustia la tez, el pelo cano,
    ojos velados por melancolía;
    bajo el bigote gris, labios de hastío,
    y una triste expresión, que no es tristeza,
    sino algo más y menos: el vacío
    del mundo en la oquedad de su cabeza.
    Aun luce de corinto terciopelo
    chaqueta y pantalón abotinado,
    y un cordobés color de caramelo,
    pulido y torneado.
    Tres veces heredó; tres ha perdido
    al monte montesu caudal: dos ha enviudado.
    Sólo se anima ante el azar prohibido,
    sobre el verde tapete reclinado,
    o al evocar la tarde de un torero,
    la suerte de un tahur, o si alguien cuenta
    la hazaña de un gallardo bandolero,
    o la proeza de un matón, sangrienta.
    Bosteza de política banales
    dicterios al gobierno reaccionario,
    y augura que vendrán los liberales,
    cual torna la cigüeña al campanario.
    Un poco labrador, del cielo aguarda
    y al cielo teme; alguna vez suspira,
    pensando en su olivar, y al cielo mira
    con ojo inquieto, si la lluvia tarda.
    Lo demás, taciturno, hipocondríaco,
    prisionero en la Arcadia del presente,
    le aburre; sólo el humo del tabaco
    simula algunas sombras en su frente.
    Este hombre no es de ayer ni es de mañana
    sino de nunca; de la cepa hispana
    no es el fruto maduro ni podrido,
    es una fruta vana
    de aquella España que pasó y no ha sido,
    esa que hoy tiene la cabeza cana.

    Campos de Castilla (1907 - 1917)







         
     










    [ Fragmento del cuadro "Los Traperos" de J. G. Solana]

     
    Llanto de las virtudes



    LLANTO DE LAS VIRTUDES Y
    COPLAS POR LA MUERTE DE DON GUIDO

    Al fin, una pulmonía
    mató a don Guido, y están
    las campanas todo el día
    doblando por él: ¡din-dan!

    Murió don Guido, un señor
    de mozo muy jaranero,
    muy galán y algo torero;
    de viejo, gran rezador.

    Dicen que tuvo un serrallo
    este señor de Sevilla;
    que era diestro
    en manejar el caballo
    y un maestro
    en refrescar manzanilla.

    Cuando mermó su riqueza,
    era su monomanía
    pensar que pensar debía
    en asentar la cabeza.

    Y asentóla
    de una manera española,
    que fue casarse con una
    doncella de gran fortuna;
    y repintar sus blasones,
    hablar de las tradiciones
    de su casa,
    escándalos y amoríos
    poner tasa,
    sordina a sus desvaríos.

      Gran pagano,
    se hizo hermano
    de una santa cofradía;
    el Jueves Santo salía,
    llevando un cirio en la mano
    - ¡aquel trueno! - ,
    vestido de nazareno.
    Hoy nos dice la campana
    que han de llevarse mañana
    al buen don Guido, muy serio,
    camino del cementerio.

    Buen don Guido, ya eres ido
    y para siempre jamás...
    Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
    Yo pregunto: ¿Qué llevaste
    al mundo donde hoy estás?

    ¿Tu amor a los alamares
    y a las sedas y a los oros,
    y a la sangre de los toros
    y al humo de los altares?

    Buen don Guido y equipaje,
    ¡buen viaje!...
    El acá
    y el allá,
    caballero,
    se ve en tu rostro marchito,
    lo infinito:
    cero, cero.

    ¡Oh las enjutas mejillas,
    amarillas,
    y los párpados de cera,
    y la fina calavera
    en la almohada del lecho!
    ¡Oh fin de una aristocracia!
    La barba canosa y lacia
    sobre el pecho;
    metido en tosco sayal,
    las yertas manos en cruz,
    ¡tan formal!
    el caballero andaluz.

    Soledades. Galerías y otros poemas


     










    [ Fragmento de manuscrito medieval - Copista ]

     
    Mis poetas



    El primero es Gonzalo de Berceo llamado,
    Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,
    que yendo en romería acaeció en un prado,
    y a quien los sabios pintan copiando un pergamino.

    Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María,
    y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria,
    y dijo: Mi dictado non es de juglaría;
    escrito lo tenemos; es verdadera historia.

    Su verso es dulce y grave; monótonas hileras
    de chopos invernales en donde nada brilla;
    renglones como surcos en pardas sementeras,
    y lejos, las montañas azules de Castilla.

    Šl nos cuenta el repaire del romeo cansado;
    leyendo en santorales y libros de oración,
    copiando historias viejas, nos dice su dictado,
    mientras le sale afuera la luz del corazón.


    Campos de Castilla (1907 - 1917)


    Comtexto



     










     
    Orillas del Duero

    ¡Primavera soriana, primavera
    humilde, como el sueño de un bendito,
    de un pobre caminante que durmiera
    de cansancio en un páramo infinito!

    ¡Campillo amarillento,
    como tosco sayal de campesina,
    pradera de velludo polvoriento
    donde pace la escuálida merina!

    ¡Aquellos diminutos pegujales
    de tierra dura y fría,
    donde apuntan centenos y trigales
    que el pan moreno nos darán un día!

    Y otra vez roca y roca, pedregales
    desnudos y pelados serrijones,
    la tierra de las águilas caudales,
    malezas y jarales,
    hierbas monteses, zarzas y cambrones.

    ¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!
    ¡Castilla, tus decrépitas- ciudades!

    ¡La agria melancolía
    que puebla tus sombrías soledades!

      ¡Castilla varonil, adusta tierra
    Castilla del desdén contra la suerte,
    Castilla del dolor y de la guerra,
    tierra inmortal, Castilla de la muerte!

    Era una tarde, cuando el campo huía
    del sol, y en el asombro del planeta,
    como un globo morado aparecía
    la hermosa luna, amada del poeta.

    En el cárdeno cielo violeta
    alguna clara estrella fulguraba.
    El aire ensombrecido
    oreaba mis sienes, y acercaba
    el murmullo del agua hasta mi oído.

    Entre cerros de plomo y de ceniza
    manchados de roídos encinares,
    y entre calvas roquedas de caliza,
    iba a embestir los ocho tajamares
    del puente el padre río
    que surca de Castilla el yermo frío.

    ¡Oh Duero, tu agua corre
    y correrá mientras las nieves blancas
    de enero el sol de mayo
    haga fluir por hoces y barrancas,
    mientras tengan las sierras su turbante
    de nieve y de tormenta,
    y brille el olifante
    del sol, tras de la nube cenicienta.

    ¿Y el viejo romancero
    fue el sueño de un juglar junto a tu orilla?
    ¿Acaso como tu y por siempre, Duero,
    irá corriendo hacia la mar Castilla?


    Campos de Castilla (1907 - 1917)




     




    [ Foto de la boda de Antonio Machado y Leonor - 30 de Julio 1909 ]
     
    Me dijo un alba de la primavera

    Me dijo un alba de la primavera:
    Yo florecí en tu corazón sombrío
    ha muchos años, caminante viejo
    que no cortas las flores del camino.

    Tu corazó n de sombra, ¿acaso guarda
    el viejo aroma de mis viejos lirios?
    ¿Perfuman aún mis rosas la alba frente
    del hada de tu sueño adamantino?

    Respondí a la mañana:
    Sólo tienen cristal los sueños míos.
    Yo no conozco el hada de mis sueños;
    ni sé si está mi corazón florido.

    Pero si aguardas la mañana pura
    que ha de romper el vaso cristalino,
    quizás el hada te dará tus rosas,
    mi corazón tus lirios.


    Campos de Castilla (1907 - 1917)






     





    Mairena y la cultura popular

    Mairena tenía una idea del folklore que no era la de los folkloristas de nuestros días. Para él no era el folklore un estudio de las reminiscencias de viejas culturas, de elementos muertos que arrastra inconscientemente el alma del pueblo en su lengua, en sus prácticas, en sus costumbres, etc. Mairena vivía en una gran población andaluza, compuesta de una burguesía algo beocia, de una aristocracia demasiado rural y de un pueblo inteligente, fino, sensible, de artesanos que saben su oficio y para quienes el hacer bien las cosas es, como para el artista, mucho más importante que el hacerlas. Cuando alguien se lamentaba del poco arraigo y escaso ambiente que tenía allí la Universidad, Mairena, que había estudiado en ella y le guardaba respeto y cariño, solía decir: "Mucho me temo que la causa de eso sea más profunda de lo que se cree. Es muy posible que, entre nosotros, el saber universitario no pueda competir con el folklore, con el saber popular. El pueblo sabe más y, sobre todo, mejor que nosotros. El hombre que sabe hacer algo de un modo perfecto - un zapato, un sombrero, una guitarra, un ladrillo - no es nunca un trabajador inconsciente, que ajusta su labor a viejas fórmulas y recetas, sino un artista que pone toda su alma en cada momento de su trabajo. A este hombre no es fácil engañarle con cosas mal sabidas o hechas a desgana." Pensaba Mairena que el folklore era cultura viva y creadora de un pueblo de quien había mucho que aprender, para poder luego enseñar bien a las clases adineradas.
    (Del capítulo XII.)

     
    Parabolas



    Era un niño que soñaba
    un caballo de cartón.
    Abrió los ojos el niño
    y el caballito no vio.
    Con un caballito blanco
    el niño volvió a soñar;
    y por la crin lo cogía...
    ¡Ahora no te escaparás!
    Apenas lo hubo cogido,
    el niño se despertó.
    Tenía el puño cerrado.
    ¡El caballito voló!
    Quedóse el niño muy serio
    pensando que no es verdad
    un caballito soñado.
    Y ya no volvió a soñar.
    Pero el niño se hizo mozo
    y el mozo tuvo un amor,
    y a su amada le decía:
    ¿Tú eres de verdad o no?
    Cuando el mozo se hizo viejo
    pensaba: Todo es soñar,
    el caballito soñado
    y el caballo de verdad.
    Y cuando vino la muerte,
    el viejo a su corazón
    preguntaba: ¿Tú eres sueño?
    ¡Quién sabe si despertó!


    Campos de Castilla (1907 - 1917)


     








     
    Esta luz de Sevilla


    Esta luz de Sevilla... Es el palacio
    donde nací, con su rumor de fuente.
    Mi padre, en su despacho. - La alta frente,
    la breve mosca, y el bigote lacio -.
    Mi padre, aán joven. Lee, escribe, hojea
    sus libros y medita. Se levanta;
    va hacia la puerta del jardín. Pasea.
    A veces habla solo, a veces canta.
    Sus grandes ojos de mirar inquieto
    o ahora vagar parecen, sin objeto
    donde puedan posar, en el vacío.
    Ya escapan de su ayer a su mañana;
    ya miran en el tiempo, padre mío!,
    piadosamente mi cabeza cana.


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    (La ermita de San Saturio y el río Duero)

     
    He andado muchos caminos


    He andado muchos caminos,
    he abierto muchas veredas;
    he navegado en cien mares,
    y atracado en cien riberas.
    En todas partes he visto
    caravanas de tristeza,
    soberbios y melancólicos
    borrachos de sombra negra,
    y pedantones al paño
    que miran, callan y piensan
    que saben, porque no beben
    el vino de las tabernas.
    Mala gente que camina
    y va apestando la tierra...
    Y en todas partes he visto
    gentes que danzan o juegan,
    cuando pueden, y laboran
    sus cuatro palmos de tierra.
    Nunca, si llegan a un sitio,
    preguntan adónde llegan.
    Cuando caminan, cabalgan
    a lomos de mula vieja,
    y no conocen la prisa
    ni aun en los días de fiesta.
    Donde hay vino, beben vino,
    donde no hay vino, agua fresca.
    Son buenas gentes que viven,
    laboran, pasan y sueñan,
    y en un día como tantos,
    descansan bajo la tierra.

    Soledades. Galerías y otros poemas


    Comtexto




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    Hecho con / Made with Mac