En construcción

 
  • "AQUÍ VINO Y SE FUE"  
  • "COMO TÚ..." (Comtexto)
  • "COMO AQUELLA NUBE BLANCA"  
  • "Con las piedras sagradas"  
  • "PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS,
    DE VELÁZQUEZ"
     
  • "Nadie fue ayer" (Comtexto)
  • "VENCIDOS"  
  • "ROMERO SÓLO" (Comtexto);
  • "¡QUÉ LÁSTIMA!"  
  • "DROP A STAR"  
  • "ESPAÑOL"  
  • "Un poema es un testamento"  
  • "Reparto"  
  • "El llanto es nuestro" (Comtexto)
  • "El hacha"  
  • "¿QUÉ QUIEREN ESOS HOMBRES?"  
  • "VIII. QUIERO... SUEÑO"  
  • "SE TODOS LOS CUENTOS" (Comtexto)
  • "CREDO"  
  • "ELEGÍA"  
  • "ORACIÓN"  



  • AQUÍ VINO Y SE FUE

       

    Y dexas, Pastor santo,
    tu grey en este valle hondo... escuro...

    Fray Luis de León

    Aquí vino...
    y se fue
    Vino, nos marcó nuestra tarea
    y se fue.

    Tal vez detrás de aquella nube
    hay alguien que trabaja
    lo mismo que nosotros,
    y tal vez
    las estrellas
    no son mas que ventanas encendidas
    de una fábrica
    donde Dios tiene que repartir
    una labor también.

    Aquí vino
    y se fue

    Vino, lleno nuestra caja de caudales
    con millones de siglos y de siglos.
    nos dejó unas herramientas...
    y se fue.

    Él, que lo sabe todo,
    sabe que estando solos
    sin Dioses que nos miren
    trabajamos mejor.

    Detrás de ti no hay nadie. Nadie,
    ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.

    Pero tuyo es el tiempo. El tiempo y esa gubia
    con que Dios comenzó la creación.

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)


    COMO TÚ...

       

      Así es mi vida,
    piedra,
    como tú. Como tú,
    piedra pequeña;
    como tú,
    piedra ligera;
    como tú,
    canto que ruedas
    por las calzadas
    y por las veredas;
    como tú,
    guijarro humilde de las carreteras;
    como tú,
    que en días de tormenta
    te hundes
    en el cieno de la tierra
    y luego
    centelleas 
    bajo los cascos
    y bajo las ruedas;
    como tú, que no has servido
    para ser ni piedra
    de una lonja,
    ni piedra de una audiencia,
    ni piedra de un palacio,
    ni piedra de una iglesia;
    como tú,
    piedra aventurera;
    como tú,
    que tal vez estás hecha
    sólo para una honda,
    piedra pequeña
    y
    ligera...

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)

    Comtexto
    Interpretación de Paco Ibañez


    COMO AQUELLA NUBE BLANCA

       
    Ayer estaba mi amor
    como aquella nube blanca
    que va tan sola en el cielo
    y tan alta,
    como aquella
    que ahora pasa
    junto a la luna
    de plata.
    Nube
    blanca,
    que vas tan sola en el cielo
    y tan alta,
    junto a la luna
    de plata,
    vendrás a parar
    mañana,
    igual que mi amor,
    en agua,
    en agua del mar
    amarga.
    Mi amor tiene el ritornelo
    del agua, que, sin cesar,
    en nubes sube hasta el cielo
    y en lluvia baja hasta el mar.
    El agua, aquel ritornelo,
    de mi amor, que, sin cesar,
    en sueños sube hasta el cielo
    y en llanto baja hasta el mar.

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)


    Con las piedras sagradas

       
    Con las piedras sagradas
    de los templos caídos
    grava menuda hicieron
    los martillos
    largos
    de los picapedreros analíticos.
    Después,
    sobre esta grava, se ha vertido
    el asfalto negro y viscoso
    de los pesimismos.
    Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña,
    se han abierto calzadas y caminos
    por donde el cascabel de la esperanza
    acelera su ritmo.

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)


    PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS,
    DE VELÁZQUEZ

       

    Bacía, Yelmo, Halo.
    Este es el orden, Sancho.


    De aquí no se va nadie.
    Mientras esta cabeza rota
    del Niño de Vallecas exista,
    de aquí no se va nadie. Nadie.
    Ni el místico ni el suicida.
    Antes hay que deshacer este entuerto,
    antes hay que resolver este enigma.
    Y hay que resolverlo entre todos,
    y hay que resolverlo sin cobardía,
    sin huir
    con unas alas de percalina
    o haciendo un agujero
    en la tarima.
    De aquí no se va nadie. Nadie.
    Ni el místico ni el suicida.
    Y es inútil,
    inútil toda huida
    (ni por abajo
    ni por arriba).
    Se vuelve siempre. Siempre.
    Hasta que un día (¡un buen día!)
    el yelmo de Mambrino
    - halo ya, no yelmo ni bacía -
    se acomode a las sienes de Sancho
    y a las tuyas y a las mías
    como pintiparado,
    como hecho a la medida.
    Entonces nos iremos todos
    por las bambalinasbambalinas-.
    Tú, y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,
    y el místico, y el suicida.

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)


    Nadie fue ayer

       

    Nadie fue ayer ni va hoy,
    ni irá mañana
    hacia Dios
    por este mismo camino
    que yo voy.
    Para cada hombre guarda
    un rayo nuevo de luz el sol...
    y un camino virgen
    Dios.

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)

    Comtexto


    VENCIDOS

       
    Por la manchega llanura
    se vuelve a ver la figura
    de Don Quijote pasar.
    Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
    y va ocioso el caballero, peto y sin espaldar -,
    va cargado de amargura,
    que allá encontró sepultura
    su amoroso batallar.
    Va cargado de amargura,
    que allá "quedó su ventura"
    en la playa de Barcino, frente al mar.
    Por la manchega llanura
    se vuelve a ver la figura
    de Don Quijote pasar.
    Va cargado de amargura,
    va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.
    ¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
    en horas de desaliento así te miro pasar!
    ¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
    y llévame a tu lugar;
    hazme un sitio en tu montura,
    caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
    que yo también voy cargado
    de amargura
    y no puedo batallar!
    Ponme a la grupa contigo,
    caballero del honor,
    ponme a la grupa contigo,
    y llévame a ser contigo
    pastor.
    Por la manchega llanura
    se vuelve a ver la figura
    de Don Quijote pasar...

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)

    Comtexto
    Interpretación de Joan Manuel Serrat


    ROMERO SÓLO

       

        Ser en la vida romero,
    romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
    Ser en la vida romero,
    sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
    Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
    Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
    pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
    ligero, siempre ligero.
    Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
    ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
    para que nunca recemos
    como el sacristán los rezos,
    ni como el cómico viejo
    digamos los versos.
    La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
    decía el príncipe Hamlet, viendo
    cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
    un sepulturero.
    No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
    Para enterrar a los muertos
    como debemos
    cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
    Un día todos sabemos
    hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
    la hizo Sancho el escudero
    y el villano Pedro Crespo.
    Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
    Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
    ligero, siempre ligero.
              Sensibles a todo viento
              y bajo todos los cielos,
              poetas, nunca cantemos
              la vida de un mismo pueblo
              ni la flor de un solo huerto.
              Que sean todos los pueblos
              y todos los huertos nuestros.

    Versos y oraciones del caminante (1920-1929)

    Comtexto
    Recita León Felipe


    ¡QUÉ LÁSTIMA!

       

    ¡Qué lástima
    que yo no pueda cantar a la usanza
    de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
    ¡Qué lástima
    que yo no pueda entonar con una voz engolada-
    esas brillantes romanzas
    a las glorias de la patria!
    ¡Qué lástima
      que yo no tenga una patria!
    Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
    desde una tierra a otra tierra, desde una raza
    a otra raza,
    como pasan
    esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
    ¡Qué lástima
    que yo no tenga comarca,
    patria chica, tierra provinciana!
    Debí nacer en la entraña
    de la estepa castellana
    y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
    pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
    y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
    Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
    y ninguna de estas tierras me levanta
    ni me exalta
    para poder cantar siempre en la misma tonada
    al mismo río que pasa
    rodando las mismas aguas,
    al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
    ¡Qué lástima
    que yo no tenga una casa!
    Una casa solariega y blasonada,
    una casa
    en que guardara,
    a más de otras cosas raras,
    un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
    (que me contaran
    viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
    y el retrato de un mi abuelo que ganara
    una batalla.
    ¡Qué lástima
    que yo no tenga un abuelo que ganara
    una batalla,
    retratado con una mano cruzada
    en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
    Y, ¡qué lástima
      que yo no tenga siquiera una espada!
    Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
    ni una tierra provinciana,
    ni una casa
    solariega y blasonada,
    ni el retrato de un mi abuelo que ganara
    una batalla,
    ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
    ¡Qué voy a cantar si soy un paria
    que apenas tiene una capa!
    Sin embargo...
    en esta tierra de España
    y en un pueblo de la Alcarria
    hay una casa
    en la que estoy de posada
    y donde tengo, prestadas,
    una mesa de pino y una silla de paja.
    Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
    en una sala
    muy amplia
    y muy blanca
    que está en la parte más baja
    y más fresca de la casa.
    Tiene una luz muy clara
    esta sala
    tan amplia
    y tan blanca...
    Una luz muy clara
    que entra por una ventana
    que da a una calle muy ancha.
    Y a la luz de esta ventana
    vengo todas las mañanas.
    Aquí me siento sobre mi silla de paja
    y venzo las horas largas
    leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
    la gente a través de la ventana.
    Cosas de poca importancia
    parecen un libro y el cristal de una ventana
    en un pueblo de la Alcarria,
    y, sin embargo, le basta
    para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
    Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
    cuando pasan
    ese pastor que va detrás de las cabras
    con una enorme cayada,
    esa mujer agobiada
    con una carga
    de leña en la espalda,
    esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
    y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
    ¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
    siempre y se queda a los cristales pegada
    como si fuera una estampa.
    ¡Qué gracia
    tiene su cara
    en el cristal aplastada
    con la barbilla sumida y la naricilla chata!
    Yo me río mucho mirándola
    y la digo que es una niña muy guapa...
    Ella entonces me llama
    ¡tonto!, y se marcha.
    ¡Pobre niña! Ya no pasa
    por esta calle tan ancha
    caminando hacia la escuela de muy mala gana,
    ni se para
    en mi ventana,
    ni se queda a los cristales pegada
    como si fuera una estampa.
    Que un día se puso mala,
    muy mala,
    y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
    Y en una tarde muy clara,
    por esta calle tan ancha,
    al través de la ventana,
    vi cómo se la llevaban
    en una caja
    muy blanca...
    En una caja
    muy blanca
    que tenía un cristalito en la tapa.
    Por aquel cristal se la veía la cara
    lo mismo que cuando estaba
    pegadita al cristal de mi ventana...
    Al cristal de esta ventana
    que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
    tan blanca.
    Todo el ritmo de la vida pasa
    por el cristal de mi ventana...
    ¡Y la muerte también pasa!
    ¡Qué lástima
    que no pudiendo cantar otras hazañas,
    porque no tengo una patria,
    ni una tierra provinciana,
    ni una casa
    solariega y blasonada,
    ni el retrato de un mi abuelo que ganara
    una batalla,
    ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
    y soy un paria
    que apenas tiene una capa...
    venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

    Versos y oraciones del caminante (1929-1929)


    DROP A STAR

       

        ¿Dónde está la estrella de los Nacimientos?
    La tierra, encabritada, se ha parado en el viento.
    Y no ven los ojos de los marineros.
    Aquel pez - ¡seguidle! -
    se lleva, danzando,
    la estrella polar.
    El mundo es una slot machine,
    con una ranura en la frente del cielo,
    sobre la cabecera del mar.
    (Se ha parado la máquina,
    se ha acabado la cuerda.)
    El mundo es algo que funciona
    como el piano mecánico de un bar.
    (Se ha acabado la cuerda,
    se ha parado la máquina...)
                                                         Marinero,
    tú tienes una estrella en el bolsillo...
                                  ¡Drop a star!
    Enciende con tu mano la nueva música del mundo,
    la canción marinera del mañana,
    el himno venidero de los hombres...
                                  ¡Drop a star!
    Echa a andar otra vez este barco varado, marinero.
    Tú tienes una estrella en el bolsillo....
    una estrella nueva de palacio, de fósforo y de imán.

    Drop a star (1933)


    ESPAÑOL

       

    Español del éxodo de ayer
    y español del éxodo de hoy:
    te salvarás como hombre,
    pero no como español.
    No tienes patria ni tribu. Si puedes,
    hunde tus raíces y tus sueños
    en la lluvia ecuménica del sol.
    Y yérguete... ¡Yérguete!
    Que tal vez el hombre de este tiempo...
    es el hombre movible de la luz,
    del éxodo y del viento.

    Español del éxodo y del llanto (1939)


    UN POEMA ES UN TESTAMENTO

       
    Un poema es un testamento sin compromisos con nadie y donde no hay disputas ni con el canónigo ni con el regidor. Donde no hay política. A la hora de la muerte, no hay política. Ni polémica tampoco. Polémica, ¿contra quién? Como no sea contra Dios... Porque delante del poeta no están más que el misterio, la Tragedia y Dios. Detrás quedan los obispos y los comisarios. Y para tener polémica con ellos tendrían que dar un paso hacia adelante y tirar la mitra y los galones. El poeta va descubierto y sin adjetivos. Es el hombre desnudo que habla y pregunta en la montaña, sin que le espere ya nadie en la ciudad. Habla siempre dentro del círculo de la muerte y lo que dice, lo dice como si fuese la última palabra que tuviera que pronunciar. La muerte está tumbada a sus pies cuando escribe, esperando a que concluya. Y cuando ya no tenga nada que decir, nada que confesar, la muerte se pondrá de pie y le dirá, cogiéndole del brazo: ¡Vámonos!

    Sus últimas palabras serán éstas:

                                   Me voy.
    Os dejo mi silla
    y me voy.
    No hay bastantes zapatos para todos
    y me voy a los surcos.
    Me encontraréis mañana
    en la avena
    y en la rumia del buey
    dando vuelta a la ronda.
    Seguidme la pista, detectives,
    dadme la pista como Hamlet al César.
    Anotad:
    El poeta murió.
    El poeta fue enterrado,
    el poeta se transformó en estiércol,
    el estiércol abonó la avena,
    la avena se la comió el buey,
    el buey fue sacrificado,
    con su piel labraron el cuero,
    del cuero salieron los zapatos...
    Y con estos zapatos en que se ha convertido el poeta
    ¿hasta cuándo - yo pregunto, detectives -
    hasta cuándo seguirá negociando
    el traficante de calzado?

    ¿Por qué no hay ya zapatos para todos?
    Este poema es una vieja canción de amor que han matado los hombres y que el poeta quiere recrearla con su vida. Nunca se recrea nada con menos. Es un grito cristiano que los obispos han clavado en la moda inacabable de la liturgia eclesiástica para que la asesine la rutina. Y el líder político que la lleva en su programa también, la ha lanzado al viento como una amenaza para que la estrangule el rencor. Ahora está muerta y no tiene eficacia ni en el norte ni en el sur. Las tribunas proletarias y los púlpitos no son más que guillotinas del amor. Del amor que el poeta salva día tras día de la rueda mecánica de las oratorias y de la bocina de las propagandas. El poeta va recreando con su angustia viva, las esencias vírgenes que matan sin cesar el político y el eclesiástico esos hombres que piensan que ganan todas las batallas y dejan siempre seco y muerto el problema primario de la justicia del hombre.
         Cuando todas las demagogias han manchado de baba las grandes verdades del mundo y nadie se atreve ya a tocarlas, el poeta tiene que limpiarlas con su sangre para seguir diciendo: aquí todavía la verdad. ¿Por qué no hay ya zapatos para todos? Las biblias las hacen y las renuevan los poetas; los obispos las deshacen y las secan; y los políticos las desprecian porque piensan que la parábola no es una herramienta dialéctica.

    Español del éxodo y del llanto (1939)


    Reparto

       

    La España de las harcas no tuvo nunca poetas. De Franco han sido y siguen siendo los arzobispos, pero no los poetas. En este reparto injusto, desigual y forzoso, del lado de las harcas cayeron los arzobispos y del lado del éxodo, los poetas. Lo cual no es poca cosa. La vida de los pueblos, aún en los menesteres más humildes, funciona porque hay unos hombres allá en la Colina, que observan los signos estelares, sostienen el fuego prometéico y cantan unas canciones que hacen crecer las espigas.
    Sin el hombre de la Colina, no se puede organizar una patria. Porque este hombre es tan necesario como el hombre del Capitolio y no vale menos que el hombre de la Bolsa. Sin esta vieja casta prometéica que arrastra una larga cauda herética y sagrada y lleva sobre la frente una cresta luminosa y maldita, no podrá existir ningún pueblo.
    Sin el poeta no podrá existir España. Que lo oigan las harcas victoriosas, que lo oiga Franco:

    Tuya es la hacienda,
    la casa,
    el caballo
    y la pistola.
    Mía es la voz antigua de la tierra.
    Tú te quedas con todo
    y me dejas desnudo y errante por el mundo...
    mas yo te dejo mudo... ¡Mudo!
    ¿Y cómo vas a recoger el trigo
    y a alimentar el fuego
    si yo me llevo la canción?

    Español del éxodo y del llanto (1939)


    El llanto es nuestro

       

    Español del éxodo y del llanto, escúchame sereno:
    En nuestro éxodo no hay orgullo como en el hebreo. Aquí no viene el hombre elegido, sino el hombre. El hombre solo, sin tribu, sin obispo y sin espada. En nuestro éxodo no hay saudade tampoco, como en el celta. No dejamos a la espalda ni la casa ni el archivo ni el campanario. Ni el mito de un rey que ha de volver. Detrás y delante de nosotros se abre el mundo. Hostil, pero se abre. Y en medio de este mundo, como en el centro de un círculo, el español solo, perfilado en el viento. Solo. Con su Arca; con el Arca sagrada. Cada uno con su Arca. Y dentro de esta Arca, en llanto y la Justicia derribado. ¡La Justicia! La única Justicia que aún queda en el mundo (las últimas palabras de Don Quijote, el testamento de Don Quijote, la esencia de España). Si estas palabras se pierden, si esta última semilla de la dignidad del hombre no germina más, el mundo se tornará en un páramo. Pero para que no se pierdan estas palabras ni se pudra en la tierra la semilla de la justicia humana, hemos aprendido a llorar con lágrimas que no habían conocido los hombres.

    Españoles:
    el llanto es nuestro
    y la tragedia también,
    como el agua y el trueno de las nubes.
    Se ha muerto un pueblo
    pero no se ha muerto el hombre.
    Porque aún existe el llanto,
    el hombre está aquí de pie,
    de pie y con su congoja al hombro,
    con su congoja antigua, original y eterna,
    con su tesoro infinito
    para comprar el misterio del mundo,
    el silencio de los dioses
    y el reino de la luz.
    Toda la luz de la Tierra
    la verá un día el hombre
    por la ventana de una lágrima...
    Españoles,
    españoles del éxodo y del llanto:
    levantad la cabeza
    y no me miréis con ceño,
    porque yo no soy el que canta la destrucción
    sino la esperanza.

    Español del éxodo y del llanto (1939)

    Comtexto


    El hacha

       

    Elegía española

    Dedicatoria

    A los Caballeros del Hacha,
    A los Cruzados del Rencor y del Polvo...
    A todos los españoles del mundo.

    ... Los muertos vuelven,
    vuelven siempre por sus lágrimas
    (el muchacho que se fue tras los antílopes regresará también).
    nuestras lágrimas son monedas cotizables;
    guardadlas todas ¡todas!
    para las grandes transacciones.
    Hay estrellas lejanas
    ¡y yo sé lo que cuestan!


    I

    ¡Oh, este dolor,
    este dolor de no tener ya lágrimas;
    este dolor
    de no tener ya llanto
    para regar el polvo!
    ¡Oh, este llanto de España,
    que ya no es más que arruga y sequedad...
    mueca,
    enjuta congoja de la tierra,
    bajo un cielo sin lluvias,
    hipo de cigüeñal
    sobre un pozo vacío,
    mecanismo, sin lágrimas, del llanto!
    ¡Oh, esta mueca española,
    esta mueca dramática y grotesca!
    Llanto seco del polvo
    y por el polvo;
    por el polvo de todas las cosas acabadas de España;
    por el polvo de todos los muertos
    y de todas las ruinas de España,
    por el polvo de una casta
    perdida ya en la Historia para siempre!

      Llanto seco del polvo
    y por el polvo. Por el polvo
    de una casa sin muros,
    de una tribu sin sangre,
    de unas cuencas sin lágrimas,
    de unos surcos sin agua...
    Llanto seco del polvo
    por el polvo que no se juntará ya más,
    ni para construir un adobe
    ni para levantar una esperanza.
    ¡Oh, polvo amarillo y maldito
    que nos trajo el rencor y el orgullo
    de siglos
    y siglos
    y siglos...!
    Porque este polvo no es de hoy,
    ni nos vino de fuera:
    somos todos desierto y africanos.

      Nadie tiene aquí lágrimas.
    Y ¿para qué hemos de vivir nosotros
    si no tenemos lágrimas?
    Y ¿para qué hemos de llorar ya más
    si nuestro llanto no aglutina?
    - ni en los clanes rojos
    ni en las harcas blancas -.
    En esta tierra
    el llanto no aglutina;
    ni el llanto ni la sangre.
    Y ¿para qué sirve la sangre derramada
    si no junta los labios de la casta?
    Disolvente es la sangre en esta tierra
    lo mismo que las lágrimas,
    y ha clavado banderas
    plurales y enemigas
    en todos los aleros.
    Los ídolos domésticos
    hablaron vanidad.

      Tierra arenosa sin riego,
    carne estrujada sin llanto,
    polvo rebelde de rocas rencorosas
    y lavas enemigas,
    átomos amarillos y estériles
    del yermo,
    aristas vengativas,
    arenal de la envidia...
    esperad ahí secos y olvidados
    hasta que se desborde el mar.

    II

    ¿Por qué habéis dicho todos
    que en España hay dos bandos,
    si aquí no hay más que polvo?
    En España no hay bandos,
    en esta tierra no hay bandos,
    en esta tierra maldita no hay bandos.
    No hay más que un hacha amarilla
    que ha afilado el rencor.
    Un hacha que cae siempre,
    siempre,
    siempre,
    implacable y sin descanso
    sobre cualquier humilde ligazón:
    sobre dos plegarias que se funden,
    sobre dos herramientas que se enlazan,
    sobre dos manos que se estrechan.
    La consigna es el corte,
    el corte.
    el corte,
    el corte hasta llegar al polvo,
    hasta llegar al átomo.
    Aquí no hay bandos,
    aquí no hay bandos,
    ni rojos
    ni blancos
    ni egregios
    ni plebeyos...
    Aquí no hay más que átomos,
    átomos que se muerden.

    España,
    en esta casa tuya no hay bandos.
    Aquí no hay más que polvo,
    polvo y un hacha antigua,
    indestructible y destructora
    que se volvió y se vuelve
    contra tu misma carne
    cuando te cercan los raposos.
    Vuelan sobre tus torres y tus campos
    todos los gavilanes enemigos
    y tu hijo blande el hacha
    sobre su propio hermano.
    Tu enemigo es tu sangre
    y el barro de tu choza.
    ¡Qué viejo veneno lleva el río
    y el viento,
    y el pan de tu meseta,
    que empozoña la sangre,
    alimenta la envidia,
    da ley al fratricidio
    y asesina el honor y la esperanza!
    La voz de tus entrañas
    y el grito de tus montes
    es lo que dice el hacha:
    "Este es el mundo del desgaje,
    de la desmembración y la discordia,
    de las separaciones enemigas,
    de las dicotomías incesables,
    el mundo del hachazo... ¡mi mundo!
    dejadme trabajar".
    Y el hacha cae ciega,
    incansable y vengativa
    sobre todo lo que se congrega
    y se prolonga:
    sobre la gavilla
    y el manojo,
    sobre la espiga
    y el racimo,
    sobre la flor
    y la raíz,
    sobre el grano
    y la simiente,
    y sobre el polvo mismo
    del grano y la simiente.
    Aquí el hacha es la ley
    y la unidad el átomo,
    el átomo amarillo y rencoroso.
    Y el hacha es la que triunfa.

    III

    Hay un tirano que sujeta
    y otro tirano que desata...
    y entre los dos tu predio, libertad.
    ¡Libertad, libertad,
    hazaña prometéica,
    en tensión angustiosa y sostenida
    de equilibrio y amor!
    ¡Libertad española!
    a tu derecha tienes
    los grillos y la sombra
    y a tu izquierda la arena
    donde el amor no liga.
    Se es esclavo del hacha
    lo mismo que del cepo...
    Y el desierto es también un calabozo;
    el desierto amarillo
    donde el átomo roto
    no se pone de pie.
    De aquí nadie se escapa. Nadie.
    Por que dime tú, amigo cordelero,
    ¿hay quién trence una escala
    con la arena y el polvo?
    Español,
    más pudo tu envidia
    que tu honor,
    y más cuidaste el hacha
    que la espada.
    Tuya es el hacha, tuya.
    Más tuya que tu sombra.
    Contigo la llevaste a la Conquista
    y contigo ha vivido
    en todos los exilios.
    Yo la he visto en América
    - en México y en Lima -,
    Se la diste a tu esposa
    ya tu esclava...
    y es la eterna maldición de tu simiente.
    Tuya es el hacha, el hacha:
    la que partió el Imperio
    y la nación,
    la que partió los reinos,
    la que parte la ciudad
    y el municipio,
    la que parte la grey
    y la familia,
    la que asesina al padre
    - Alvargonzález,
    Alvargonzález, habla -,
    Bajo su filo se ha hecho polvo
    el Arca,
    la casta,
    y la roca sagrada de los muertos;
    el coro,
    el diálogo
    y el himno;
    el poema,
    la espada
    y el oficio;
    la lágrima,
    la gota
    de sangre,
    y la gota
    de alegría...
    Y todo se hará polvo,
    todo,
    todo,
    todo...
    Polvo con el que nadie,
    nadie,
    construirá jamás
    ni un ladrillo
    ni una ilusión.

    IV

    España no eres tú,
    el de las harcas blancas,
    ni tú,
    el de los clanes rojos.
    España es el hacha.
    Y el hacha es la que gana.
    Esta vez pierden todos, caballero.
    (- Me esconderé en el portalón
    detrás de la columna
    y apostaré después
    cuando la bola haya salido).
    Esta vez pierden todos, caballero:
    el que se esconde
    y el que huye;
    los jugadores de ventaja,
    el tramposo,
    el garitero
    y el matón...
    Y el hacha es la que gana.
    Cobraremos todos en arena,
    todos, hasta los muertos,
    que esperan bajo tierra
    la gloria y el rosal.
    Esta vez pierden todos.
    Obispos buhoneros,
    volved las baratijas a su sitio:
    los ídolos al polvo
    y la esperanza al mar. 
    Hemos bajado el último escalón...
    el que acaba en la cripta.
    Mirad ahora hacia arriba
    por el pozo viscoso de la Historia.
    Allá,
    en el disco apagado de la noche,
    ni una voz
    ni una estrella.
    Nadie nos llama
    ni nos guía,
    y mientras nuestra sangre se desborda
    el mundo juega al bridge
    y el Gran Juez a los dados.
    Fuimos un espectáculo anteayer,
    pero hoy ya el circo está vacío.
    La negra pantomima
    fratricida de España,
    la vio Tubal-Caín,
    es vieja como el mundo,
    como el odio y la envidia...
    y hoy la enciende y la apaga
    un empresario inglés.
    Sin embargo, vosotros
    podéis aun arroparos, si hace frío,
    en una manta proletaria
    o en un manto señorial.
    Y apedrearme, si queréis,
    maldecirme y gritar:
    ¡Muera ese falso augur
    que ve mejor la grupa de la noche
    que la frente de la mañana!...
    Pero aquí en nuestras manos
    sólo hay polvo y rencor.


    V

    - ¡Eh, tú, Diego Carrión!,
    ¿qué insignia es ésa
    que llevas en el pecho?
    - El haz de flechas señorial.
    -¿Y tú, Pero Vermúez?
    - La estrella redentora y proletaria.
    Españoles,
    dejémonos de burlas.
    No es ésta ya la hora de la farsa.
    Vámonos poco a poco,
    que en los nidos de antaño
    no hay pájaros hogaño.
    Yo fui loco
    y ya estoy cuerdo.
    Nadie tiene aquí lágrimas,
    pero tampoco risas.
    Aquí no hay lágrimas
    ni risas...
    Aquí no hay más que polvo
    ¡Quitaos esas máscaras!
    Nuestro símbolo es éste: el hacha.
    Marcaos todos en la carne del costado
    con un hierro encendido,
    que os llegue hasta los huesos
    el hacha destructora...
    Todos,
    Diego Carrión,
    Pero Vermúez,
    todos.
    Y vamos a dormir,
    a descansar en el polvo,
    aquí,
    en el polvo y para siempre.
    No somos más que polvo.
    Tú y yo y España
    no somos más que polvo
    polvo,
    polvo,
    polvo...
    Nuestra es el hacha,
    el hacha y el desierto,
    el desierto amarillo
    donde descanse el hacha,
    cuando no quede ya
    ni una raíz
    ni un pájaro
    ni un recuerdo
    ni un nombre...
    España,
    ¿por qué has de ser tú madre de traidores
    y engendrar siempre polvo rencoroso?
    Si tu destino es éste,
    ¡que te derribe y te deshaga el hacha!

     VI

    EL LLANTO... EL MAR.

    Y aquéllos... ¿los del norte?
    La elegía de la zorra
    que la cante la zorra,
    el buitre
    la del buitre,
    y el cobarde
    la suya.
    Cada raza y cada pueblo
    con su lepra y con su llanto.
    Yo lloro solamente las hazañas
    del rencor
    y del polvo...
    y la gloria
    del hacha.
     Luego,
    mañana ...
    ¡para todos el mar!
    Habrá llanto de sobra para el hombre
    y agua amarga
    para las dunas calcinadas...

    Español del éxodo y del llanto (1939)

    ¿QUÉ QUIEREN ESOS HOMBRES?

       
    Quieren
    que la sangre del mundo
    se mueva sólo en diátole,
    y vivir con un ojo nada más.
    Quieren
    que el péndulo en su curva
    se pare siempre a la mitad
    y oscile sólo a la derecha.
    Porque tiene mareas,
    quieren asesinar al mar.
    Quieren
    que los relojes de la casa
    funcionen sin tic-tac.
    Quieren
    que sólo se oiga el tic
    siempre el tic, y que no se oiga el tac.

    Español del éxodo y del llanto (1939)
    Comtexto


    VIII. QUIERO... SUEÑO

       

    No me contéis más cuentos,
    que vengo de muy lejos
    y sé todos los cuentos.
    No me contéis más cuentos.
    Contad
    y recontadme este sueño.
    Romped,
    rompedme los espejos.
    Deshacedme los estanques,
    los lazos,
    los anillos,
    los cercos,
    las redes,
    las trampas
    y todos los caminos paralelos.
    Que no quiero,
    que no quiero,
    que no quiero,
    que no quiero que me arrullen con cuentos,
    Que no quiero,
    Que no quiero,
    Que no quiero,
    Que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos,
    que no quiero,
    que no quiero,
    que no quiero,
    que no quiero que me entierren con cuentos,
    que no quiero,
    que no quiero,
    que no quiero,
    que no quiero verme clavado en el tiempo,
    que no quiero verme en el agua,
    que no quiero verme en la tierra tampoco,
    que no quiero, a su ovillo, como un hilo de barba sujeto.
    Quiero verme en el viento,
    quiero verme en el viento,
    quiero verme en el viento,
    quiero verme en el viento...
    quiero... ¡quiero!... sueño... ¡sueño!
    Soy gusano que sueña... y sueño
    verme un día volando en el viento.

    Llamadme publicano (1950)


    SE TODOS LOS CUENTOS

       

    Yo no sé muchas cosas, es verdad
    Digo tan sólo lo que he visto.
    Y he visto:
    que la cuna del hombre la mecen con cuentos...
    Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...
    Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos...
    Que los huesos del hombre los entierran con cuentos...
    Y que el miedo del hombre
    ha inventado todos los cuentos.
    Yo no sé muchas cosas es verdad.
    Pero me han dormido con todos los cuentos...
    Y sé todos los cuentos.

    Llamadme publicano (1950)


    CREDO

       

    Aquí estoy...
    En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando
            a que me llamen...
    Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita
            y condenada
    y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro
            y me ha dicho severo:
    No, no es la hora todavía... hay que esperar...
    Y aquí estoy esperando...
    con el mismo traje viejo de ayer,
    haciendo recuentos y memoria,
    haciendo examen de conciencia,
    escudriñando agudamente mi vida...
    ¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... Todo lo perdí.
    Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda...
    Y mi esperanza se levanta para decir acongojada:
    Otra vez lo haré mejor, Señor,
    porque... ¿no es cierto que volvemos a nacer?
    ¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?
    Creo que Dios nos da siempre otra vida,
    otras vidas nuevas,
    otros cuerpos con otras herramientas,
    con otros instrumentos... Otras cajas sonoras
    donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor
    para ir corrigiendo lentamente,
    muy lentamente, a través de los siglos,
    nuestros viejos pecados,
    nuestros tercos pecados...
    para ir eliminando poco a poco
    el veneno original de nuestra sangre
    que viene de muy lejos.
    Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo.
    Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio...
            ¡pero está!
    Creo que tenemos muchas vidas,
    que todas son purgatorios sucesivos,
    y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos,
    constituyen el infierno, el infierno purificador,
    al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos.
    Ni el infierno... ni el fuego y el dolor son eternos.
    Sólo la Luz brilla sin tregua,
    diamantina,
    infinita,
    misericordiosa,
    perdurable por los siglos de los siglos...
    Ahí está siempre con sus divinos atributos.
    Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla...
    estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.

    Cuatro poemas, con epígrafe y colofón (1958)


    ELEGÍA

       

    A la memoria de Héctor Marqués,
    capitán de la Marina mercante española,
    que murió en alta mar y lo enterraron en Nueva York.


    Marineros,
    ¿por qué le dais a la tierra lo que no es suyo
    y se lo quitáis al mar?
    ¿Por qué le habéis enterrado, marineros,
    si era un soldado del mar?
    Su frente encendida, un faro;
    ojos azules, carne de iodo y de sal.
    Murió allá arriba, en el puente,
    en su trinchera, como un soldado del mar;
    con la rosa de los vientos en la mano
    deshojando la estrella de navegar.

      ¿Por qué le habéis enterrado, marineros?
    ¡Y en una tierra sin conchas! ¡¡En la playa negra!! ... Allá,
    en la ribera siniestra
    del otro mar;
    ¡Nueva York!
    - piedra, cemento y hierro en tempestad -.
    Donde el ojo ciclópeo del gran faro
    que busca a los ahogados no puede llegar;
    donde se acaban las torres y los puentes;
    donde no se ve ya
    la espuma altiva de los rascacielos;
    en los escombros de las calles sórdidas
    que rompen en el último arrabal;
    donde se vuelve la culebra sombría de los elevados
    a meterse otra vez en la ciudad...
    Allí, la arcilla opaca de los cementerios, marineros,
    allí habéis enterrado al capitán.
    ¿Por qué le habéis enterrado, marineros,
    por qué le habéis enterrado,
    si murió como el mejor capitán,
    y su alma - viento, espuma y cabrilleo -
    está ahí, entre la noche y el mar...?

    León Felipe


    ORACIÓN

       

    Señor, yo te amo
    porque juegas limpio;
    sin trampas - sin milagros -;
    porque dejas que salga,
    paso a paso,
    sin trucos - sin utopías -,
    carta a carta,
    sin cambios,
    tu formidable
    solitario.

    León Felipe



    dibujo de musas
    Hecho con / Made with Mac